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10 de septiembre de 2023

Todos nos acordamos que este 11 de Septiembre, más cerca que tarde, se abrirán las grandes alamedas.

Por Esteban Zúñiga.

"YO VI. BUITRES LANZANDO BOMBAS SOBRE LA MONEDA MANCILLANDO LA ILUSIÓN DE UN PUEBLO, ENSANGRENTANDO LAS ALAMEDAS...".

50º ANIVERSARIO DEL GOLPE DE ESTADO MILITAR POR PARTE DE UNOS GENERALES TRAIDORES CHILENOS.

"Los generales alzados le exigen la renuncia. Le ofrecen un avión para que se vaya de Chile. Le advierten que el palacio presidencial será bombardeado por tierra y aire. Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias. Los militares se han apoderado de todo el país. Allende se pone un casco y prepara su fusil. Resuena el estruendo de las primeras bombas. El presidente habla por radio, por última vez: -Yo no voy a renunciar..." 

(Eduardo Galeano. "La trampa").

Hoy se cumplen cincuenta años del golpe de Estado militar por parte de traidores militares chilenos que rompiendo con la Constitución chilena, el Estado de Derecho y la democracia con la que se habían dotado los ciudadanos chilenos, asaltarían el Palacio de la Moneda, sede del Gobierno de la República, y en el que encontraría allí la muerte el Presidente de la República y de la Unidad Popular chilena, SALVADOR ALLENDE GOSSENS.

Aquel golpe ha permanecido como una alerta a los pueblos. Alerta sobre la cara real del imperialismo. Los EEUU prepararon y apoyaron el golpe militar, así se escribe directamente en todas las publicaciones sin la más ligera turbación.

Que un pueblo quiera ser libre de tutelas y colonialismo, está siendo atacado en el mismo Chile. Allí los poderes que apoyaron el golpe siguen aún mancillando el intento del pueblo chileno por desarrollar el socialismo. 

Porque saben que se abrirán las grandes alamedas, tarde o temprano, las palabras de Salvador Allende son de futuro, ante ese estorbo del imperialismo que impide avanzar a los seres humanos.

Su última declaración:

Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. 

La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. 

Mis palabras no tienen amargura sino decepción y serán ellas el castigo moral para quienes han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, también se ha autodenominado Director General de Carabineros. 

Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡no voy a renunciar!

Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza, de que la semilla que entregaramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. 

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. 

La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra de que aceptaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. 

En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo sobre todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que una sociedad capitalista le da a unos pocos.

Me dirijo a la juventud, aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente, en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las líneas férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de pro[inaudible].

Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será callada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal [inaudible] los trabajadores.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. 

Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! 

¡Viva el pueblo! 

¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.


De los muchos poemas y textos escritos sobre este horroroso y luctuoso golpe de Estado militar, hoy compartimos unos versos de la escritora, traductora y periodista chileno-australiana SILVIA CUEVAS-MORALES.

Nacida en Santiago de Chile, el 9 de junio de 1962, once años antes de este trágico golpe contra la democracia chilena acaecido el 11 de septiembre de 1973. Y que dos años después, tras una dolorosa espera, su padre, un sindicalista del sector ferroviario, conseguiría obtener el permiso para poder emigrar y fijar su residencia en la ciudad australiana de Melbourne.

Silvia Cuevas-Morales siempre se consideraría una desterrada y una apátrida.


"Yo vi.
Buitres lanzando bombas sobre la Moneda
mancillando la ilusión del pueblo
ensangrentando las alamedas.

Yo vi.
Títeres disfrazados de falsas primaveras
apostados en los tejados
disparando sobre el pueblo que corría por las aceras.

Yo vi.
A mi padre pedaleando en una bicicleta rota
camino a casa con el corazón destrozado
como el de sus compañeros en la derrota.

Yo vi.
A mi madre en lágrimas cosiendo a escondidas
para seguir manteniéndonos
con algunas de sus clientas
exiliadas
desaparecidas.

Yo escuché.
Las ráfagas de madrugada
las botas del enemigo que en cada puerta acechaban
mientras las casas de los traidores
emergían abanderadas.

Yo vi.
Mi hogar desaparecer en cuatro maletas desvencijadas
mis amigas
mis libros
mi infancia
todo se esfumaba mientras mi país se desangraba.

Yo vi.
Aquella enorme nave que surcaría los cielos
los ojos llorosos
los pañuelos que se agitaban en el viento
y jamás volví a pisar lo que fue mi pueblo.

Yo vi.
Y aunque quedara ciega
jamás se borrará el recuerdo
del horror que ese día
hizo su nido en mi pecho."


("11 de septiembre de 1973". Del blog personal de Silvia Cuevas-Morales).


27 de septiembre de 2022

Relato de "Tati" Allende Busi, de los últimos momentos de su padre Salvador Allende. Acto celebrado en la Pza. de la Revolución en La Habana

 

Beatriz Allende habla en el homenaje póstumo a su padre en La Habana el 28 de septiembre de 1973 (FOTO archivo del diario L'Unita)

Por Estéban Zúñiga

BEATRIZ "TATI" ALLENDE BUSI.
RELATO DE LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE SU PADRE SALVADOR ALLENDE CON VIDA, EN EL ACTO DE HOMENAJE EN HONOR A SALVADOR ALLENDE, CELEBRADO EN LA PLAZA DE LA REVOLUCIÓN, DE LA HABANA.
 
28 de septiembre de 1973.
 
"Tu decisión de defender el proceso con firmeza y con honor hasta el precio de tu propia vida, que todos te saben capaz de cumplir, arrastrarán a tu lado todas las fuerzas capaces de combatir y todos los hombres y mujeres y dignos de Chile. Tu valor, tu serenidad y tu audacia en esta hora histórica de tu patria y, sobre todo, tu jefatura firme, resuelta y heroicamente ejercida constituyen la clave de la situación." (Carta de Fidel Castro a Salvador Allende. La Habana, 29 de julio de 1973).
 
Poco más de dos semanas después del golpe de Estado militar ocurrido en la República de Chile que bañaría de sangre y fuego la tierra chilena y en el que trágicamente encontraría la muerte el Presidente Salvador Allende, cuando se encontraba asediado en el Palacio de la Moneda, sede de la Presidencia chilena, llegaba a La Habana Beatriz Allende Bussi, una de las hijas de Salvador Allende y comúnmente conocida como "Tati", que había sido acogida y amparada por la Revolución cubana.
 
Aprovechando que en La Habana, ese 28 de septiembre de 1973 se había organizado la gran conmemoración y el XIII Aniversario de la creación de los Comités de Defensa de la Revolución, la dirigencia revolucionaria cubana optaría por la realización de un sentido homenaje a la figura de Salvador Allende; y en el que intervendría Beatriz "Tati", la más hija más cercana a Salvador Allende aunque políticamente se situaría más a izquierda con simpatías al marxista-leninista Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) chileno.
 
Ante miles y miles de cubanos que allí se habían congregado; ante las máximas autoridades revolucionarias de Cuba; y acompañada por un grupo de chilenos y chilenas que habían trabajado codo con codo con su padre durante el mandato de éste, Beatriz pronunciaría unas palabras a todos los presentes describiendo su propia experiencia en aquellas horas. 

 
Palabras marcadas por la emoción del momento y, sobre todo, por el recuerdo de aquel 11 de septiembre de 1973, cuando Beatriz "Tati" Allende, estando embarazada, que había estado junto a su padre hasta el último momento en el Palacio de la Moneda, sitiado por los militares golpistas, y que sólo abandonaría cuando su padre ordenaría que todas las mujeres presentes en el interior del palacio presidencial salieran de allí; orden que Beatriz "Tati" cumpliría, junto a su hermana Isabel que también estaba presente; en una despedida que sería la última visión de su padre. Momentos más tarde, Salvador Allende que había prometido que nunca se dejaría apresar humillar por los militares fascistas, se suicidaría.
 
BEATRIZ ALLENDE BUSSI.
EL DISCURSO DE "TATI" ALLENDE EN LA HABANA.
(Fuente: "EL SIGLO". Semanario Digital. El discurso de "Tati" Allende en La Habana. Septiembre 9, 10 y 11 de 2021).
 
"No vengo a pronunciar un discurso, vengo sencillamente a decirle a este pueblo solidario y fraterno cómo fueron las horas que vivimos en el Palacio de la Moneda en la mañana del día 11 de septiembre. Vengo a decirles a ustedes cuál fue la actitud, cuál fue la acción y cuál fue el pensamiento del compañero presidente Salvador Allende bajo el ataque de los militares traidores y fascistas.
 
El pueblo cubano, desde luego, conoce la realidad, pero en muchos otros países la campaña de mentiras levantadas por la Junta fascista y secundada por las agencias del imperialismo norteamericano pretende correr una cortina sobre los hechos que ocurrieron en La Moneda, trinchera de combate del presidente Allende.
 
Vengo a ratificarles que el presidente de Chile combatió hasta el final con el arma en la mano. Que defendió hasta el último aliento el mandato que su pueblo le había entregado, que era la causa de la revolución chilena, la causa del socialismo.
 
El presidente Salvador Allende cayó bajo las balas enemigas como un soldado de la revolución, sin claudicaciones de ningún tipo, con la absoluta confianza, con el optimismo de quien sabe que el pueblo de Chile se sobrepondría a cualquier revés y que lucharía sin tregua hasta conquistar la victoria definitiva.
 
El cayó con invariable confianza en la fuerza de su pueblo, con plena conciencia del significado histórico que habría de tener su actitud de defender con su vida la causa de los trabajadores y de los humildes de su patria.
 
Pero hay algo más: Cuba y Fidel estuvieron presentes en sus palabras y en su corazón en aquellos instantes difíciles. Fuimos testigos de su lealtad hasta la muerte, de los lazos de profundo afecto que lo ataban a este pueblo, a su revolución y a su Comandante en Jefe, Fidel Castro. Prácticamente todo el último mes que precedió al golpe del 11 de septiembre lo vivimos en guardia permanente. Apenas pasaba un día sin que surgieran rumores de alzamientos militares y de golpes de Estado.
 
Esa mañana del martes 11 recibimos noticias inquietantes y supimos que el presidente Allende muy temprano había marchado hacia Palacio. Hacia allá nos dirigimos aún sin conocer la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
 
Fue sólo en el trayecto hacia La Moneda, al tener que sortear en varias oportunidades las barreras de Carabineros, quienes en franca actitud hostil impedían el paso hacia la casa de Gobierno, lo que nos hizo comprende la gravedad de la situación.
 
Logramos llegar a La Moneda aproximadamente faltando diez minutos para las nueve. En su interior estaba la guardia normal de Carabineros, los cuales tenían a su cargo la protección de Palacio. No obstante, antes de entrar al edificio habíamos visto a carabineros de los alrededores en plan de rendición o de plegarse al golpe.
 
En La Moneda confirmamos de inmediato que se trataba de un golpe de Estado completo con la participación de las tres ramas de las Fuerzas Armadas y Carabineros.
 
Dentro del edificio el clima era de actividad combativa, apoyaban al presidente un grupo mayor que lo habitual de compañeros de seguridad personal, los cuales habían ocupado sus puestos de combate. Se habían distribuido el escaso armamento pesado. Además, se integró un grupo del Servicio de Investigaciones que siempre trabajó en coordinación con los compañeros de seguridad personal.
 
Se encontraban también un grupo de ministros, subsecretarios, ex ministros, técnicos, personal de prensa y radio. Estaban presentes médicos, enfermeros, personal de la planta administrativa de La Moneda, los que no quisieron abandonar el lugar, decidiéndose a combatir junto a Allende. Estaban, por último, sus colaboradores más cercanos. De todos éstos, once eran mujeres.
 
Al pasarle una de las numerosas llamadas telefónicas que se estaban recibiendo, lo vi por primer vez en ese día. Estaba sereno, escuchaba con tranquilidad las diferentes informaciones que se le entregaban y daba órdenes y respuestas que no admitían discusión.
 
Personalmente había recorrido ya, y recorrería en varias ocasiones más, los puestos de combate corrigiendo la posición de fuego de algunos compañeros.
 
Pronto se iniciaría el fuego de infantería, el ataque de los tanques y de la artillería golpista sobre el Palacio Presidencial. Nuestros compañeros respondían con sus armas. Supimos que desde temprano los militares golpistas conminaban repetidamente al presidente para que se rindiera, pero él rechazó siempre en forma tajante e inapelable todos los "ultimátum" que le hicieron los golpistas.
 
Jamás le observamos dudar un solo instante. Por el contrario, siempre reafirmaba su decisión de combatir hasta el final y de no entregarse a los militares traidores, a los que ya llamaba por sus nombres: fascistas.
 
También supe que desde por la mañana había recibido visitas y continuaría recibiendo llamadas de los partidos de la Unidad Popular y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, manifestándoles sus decisiones de combatir.
 
Le llamó por teléfono en varias ocasiones uno de los generales traidores llamado Baeza. 
 
Supe también que le habían ofrecido un avión, donde podía irse con su familia y colaboradores para el lugar donde él quisiera. El presidente les respondió que como generales traidores no podían conocer lo que era un hombre de honor, despidiéndoles, indignado, con tan fuertes palabras que no pudiéramos repetir aquí. El presidente tomaba medidas para librar un combate largo, se desplazaba continuamente de un lugar a otro. Pidió se revisaran lugares más seguros, para proteger a los combatientes de los futuros bombardeos aéreos. Se informaba de la cantidad de la alimentos y agua almacenada.
 
Impartió órdenes de que el grupo médico tuviese listo el pabellón quirúrgico para atender a los heridos. Designó a un compañero para que agrupara a las mujeres y llevarlas a un lugar seguro mientras se les convencía de que debían abandonar La Moneda.
 
Pidió que se quemara la documentación, incluso al personal, que pudiera comprometer a otros revolucionarios. Envió hacia el exterior a tres compañeros, dos de ellos mujeres, a cumplir una misión en favor de la futura resistencia.
 
Ya en aquellos momentos supimos, que los carabineros destinados a la protección de Palacio se habían plegado a la Junta fascista.
 
Pude después conversar un momento a solas con el presidente. Me dijo otra vez que iba a combatir hasta el final. Que para él estaba sumamente claro lo que iba a pasar, pero que tomaría las medidas para que el combate se librara de la mejor forma. Que iba a ser duro, en condiciones desventajosas. Sin embargo, agregó que era consciente de que ésa era la única actitud que le cabía como revolucionario, como presidente constitucional, defendiendo la autoridad que el pueblo le había entregado. Y al no rendirse ni entregarse jamás, dejaría en evidencia a todos los militares traidores y fascistas.
 
Manifestó su preocupación por las compañeras que estaban allí, por su hija Isabel. Que todos deberían salir del palacio y además preocuparnos de mamá, porque se estaba combatiendo en Tomás Moro y ella se encontraba allí.
 
Me dijo luego, que se sentía en cierto modo aliviado de que este momento hubiese llegado porque así las cosas quedaban definidas, y quedaba liberado de la incómoda situación que lo había mortificado en los últimos tiempos, en que mientras era el presidente de un Gobierno popular, por otro lado las Fuerzas Armadas, valiéndose de la llamada Ley de Control de Armas, venían reprimiendo a los obreros, allanando industrias y vejando a sus trabajadores. 
 
Esto ya me lo había dicho antes.
 
Su presencia de ánimo era extraordinaria, con gran disposición de combatir. En sus palabras se reflejaba la serena visión de los acontecimientos, y del rumbo que necesariamente habría que tomar la lucha revolucionaria.
 
Planteó que lo importante era la conducción política futura. Asegurar una dirección unitaria de todas las fuerzas revolucionarias, que los trabajadores iban a necesitar una conducción política unitaria. Que por eso él no deseaba allí sacrificios estériles e inútiles; que habría que esforzarse por lograr esa dirección política unitaria, que encabezara la resistencia que comenzaba ese días, y que para ella se necesitaría una acertada conducción política.
 
Prácticamente esto mismo les planteó a los ministros y colaboradores, a los cuales reunió en el Salón Toesca. Les reiteró una vez más su decisión de defender con su vida la autoridad presidencial. Agradeció la colaboración de ellos durante esos tres años, ordenando a los hombres que estuvieran armados a retomar un puesto de combate, y a los que estaban desarmados, que lo ayudaran, primero a convencer a las mujeres que debían abandonar La Moneda, y luego hacerlo ellos, porque no quería sacrificios inútiles, cuando lo importante iba a ser la organización y la dirección de la clase trabajadora. Allí fue la última ve que vi a uno de sus amigos y colaboradores más cercanos, el amigo de la revolución cubana, el compañero periodista Augusto Olivares, quien iba arma en mano a ocupar su posición de fuego.
 
Las mujeres y otros compañeros pasamos los últimos ratos cerca del pabellón quirúrgico y en el único pequeño local subterráneo, donde de almacenaba papel. El presidente llegó hasta allí con su casco militar verde olivo. Empuñaba un fusil automático AK que le había regalado el comandante Fidel con la leyenda: "A mi compañero de armas".
 
Se avecinaba el bombardeo aéreo. Los aviones pasaban haciendo vuelos rasantes. En forma enérgica nos ordenó, sin más dilación, que las compañeras deberían abandonar de inmediato el palacio. Se fue dirigiendo a cada una de nosotras en forma individual, explicándonos el por qué seríamos más útiles afuera y del compromiso revolucionario a cumplir.
 
Volvió a plantear que lo importante era la organización, la unidad y la conducción política de su pueblo. A mí me reprochó que estuviera ahí con este embarazo, que mi deber era irme junto a los compañeros de la embajada de Cuba. Me hizo saber que había sufrido como en carne propia las provocaciones y agresiones de que había sido víctima la representación diplomática cubana en los últimos meses. Que creía que ese día iban a ser provocadas, que podría haber combate. Y que por eso debería estar junto a ellos.
 
Personalmente nos condujo hacia la puerta de salida por la calle Morandé. Ahí tomo la decisión de pedir un alto al fuego y un jeep militar para que las compañeras pudieran salir sin problema. Minutos antes había barajado la posibilidad de que nos tomaran como rehenes para exigirle una vez más su rendición. Pero nos dijo que de ser capaces de hacer eso, no lo harían vacilar; que, al contrario, ésta sería una prueba más ante el pueblo chileno y el mundo entero hasta dónde llegaba la traición y el deshonor del fascismo y que esto sería para él un motivo más para combatir.
 
Así lo dejamos justo antes de iniciarse el bombardeo aéreo, combatiendo junto a un pequeño grupo de revolucionarios, donde también quedaba una compañera que se ocultó para combatir con ellos. Y ésta es, compañeros, la imagen que conservo del presidente; ésta es la imagen, queridos hermanos de Cuba, que quisiera hoy dejar en la mente y en el corazón de cada uno de ustedes.
 
Imagen que se levanta con orgullo revolucionario en esta plaza, donde hace sólo unos meses alzó su voz emocionada para traerles el mensaje solidario y agradecido de nuestra patria, de nuestros trabajadores, de sus niños, mujeres y ancianos.
 
En este acto solidario con Chile quisiera decirles lo que me pidió les trasmitiera a ustedes. 
 
Me lo confió en La Moneda bajo el combate: dile a Fidel, que yo cumpliré con mi deber. Dile, que hay que lograr la mejor conducción política unitaria para el pueblo de Chile. 
 
Señaló que se iniciaba ese día una larga resistencia, y que Cuba, y los revolucionarios tendrían que ayudarnos en ella.
 
Hoy, desde este territorio libre de América, podemos decirle al compañero presidente: 
 
tu pueblo no claudicará, 
tu pueblo no plegará la bandera de la revolución, 
la lucha a muerte contra el fascismo ha comenzado, 
terminará el día en que tengamos el Chile libre, soberano, socialista, 
por el que combatiste y entregaste tu vida.
 
Compañero presidente, ¡venceremos!".
 
 
 
Enlaces externos:
https://pousta.com/tati-allende-1/ 

11 de septiembre de 2022

GOLPE DE ESTADO EN LA REPÚBLICA DE CHILE. MUERTE TRÁGICA DE SALVADOR ALLENDE.

 Salvador Allende

Salvador Allende, elegido presidente de Chile en 1970 y derrocado en 1973.

 

Por Estéban Zúñiga

11 de septiembre de 1973.

"No lo creáis, cubría
su rostro la misma máscara.
La lealtad en la boca,
pero en la mano una bala.
 
Al fin, los mismos en Chile
que en España.
Ya se acabó. Mas la muerte,
la muerte no acaba nada.
 
¡Mirad! Han matado a un hombre.
Ciega la mano que mata.
Cayó ayer. Pero su sangre,
hoy, y ya mismo se levanta".
 
Roma, 13 de septiembre de 1973.
(Rafael Alberti. "Al Presidente de Chile, Salvador Allende". De su poemario, publicado en el añó 1980, "Fustigada Luz").
 
Hoy se cumplen cuarenta y nueve años, del golpe de Estado por parte de unos militares chilenos traidores que rompiendo con la Constitución, el Estado de Derecho y la democracia con la que se habían dotado los ciudadanos chilenos, asaltarían el Palacio de la Moneda, sede del Gobierno de la República de Chile, y en el que encontraría la muerte Presidente de la República y líder de la Unidad Popular chilena, SALVADOR ALLENDE GOSSENS.
 
“Empleados del Palacio de la Moneda sometidos por los militares”. Foto: AP
 
De toda la literatura existente sobre este luctuoso, trágico y gravísimo atentado criminal existe abundante literatura.
 
Hoy pretendemos que los textos salidos, por aquellos macabros asesinatos, giren sobre tres temas: los versos del poeta comunista español Rafael Alberti -que encabezan el texto- y las palabras lanzadas, por medio de la radio, de SALVADOR ALLENDE, desde el Palacio de la Moneda: asediada a sangre y fuego por los militares golpistas, al pueblo chileno y que mantenía la esperanza de que un día los hombres y mujeres chilenas recuperarían la libertad.
 
"¡Trabajadores de mi Patria! Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. 
¡Viva Chile!, ¡Viva el pueblo!, ¡Vivan los trabajadores!".
 
Y un tercer texto titulado "TRAMPA", del escritor uruguayo Eduardo Galeano, en que resaltaría, por un lado la dignidad de las palabras de Salvador Allende, dirigidas al pueblo chileno que estaba siendo agredido y asesinado por un grupo de generales traidores. Y por otro lado, pondría en valor que "el presidente Allende muerte en su sitio".
 
"MISIÓN CUMPLIDA. MONEDA TOMADA, PRESIDENTE MUERTO".
 
Liderado por el Vicealmirante de la Armada chilena, José Toribio Merino, y el Comandante de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh, el golpe militar había sido planificado para ponerlo en marcha para el día 11 de septiembre, pues ese día el ejército se encontraba en Santiago para celebrar el día de las "Glorias del Ejército". 
 
Anteriormente, el día 8 de septiembre los golpistas invitarían a unirse a la trama al Jefe del Ejército de Tierra general Augusto Pinochet, el cual no daría una respuesta concreta. Pero al día siguiente, con el fin de dar una salida a la grave crisis política existente, el presidente Salvador Allende informaría a los mandos militares que había decidido convocar un plebiscito nacional. Ese mismo día, los cabecillas del golpe contarían con el apoyo del General Augusto Pinochet.
 
En la madrugada del martes 11 de septiembre de 1973, los navíos de la Armada chilena que habían zarpado el día anterior para participar en unas maniobras navales con barcos estadounidenses, regresaría a su base en Valparaíso, para de inmediato y tras unos cañonazos, ocupar las calles cercanas al puerto, la lntendencia y los centros de comunicación de la ciudad. 
 
Eran las 6 de la mañana. Informado de la sublevación de la Armada, Salvador Allende se dirigiría, desde su domicilio hacia las 7:30 hs., al Palacio de La Moneda, sede del Gobierno chileno, que en aquellos momentos se encontraba custodiado por tanquetas del Cuerpo de Carabineros, que tras el posterior primer comunicado de la Junta Militar golpista se retirarían. Para cuarenta y cinco minutos más tarde iniciarse el ataque por tierra al Palacio de la Moneda.
 
Horizontal

La última imágen del presidente Salvador Allende, con casco y una metralleta AK-47, mientras el palacio de La Moneda era bombardeado


A las 7:55 horas, por medio de Radio Corporación, Salvador Allende se dirigiría, por vez primera, a la población chilena:
 
"(...) yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones. Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva, de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido que es la expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia el profesionalismo de las Fuerzas Armadas. En estas circunstancias, tengo la certeza de que los soldados sabrán cumplir con su obligación. De todas maneras, el pueblo y los trabajadores, fundamentalmente, deben estar movilizados activamente, pero en sus sitios de trabajo, escuchando el llamado que puede hacerle y las instrucciones que les dé el compañero presidente de la República."
 
Sin embargo y haciendo oídos sordos a las llamadas a los soldados chilenos, quince minutos después, las radios de la oposición, y los cómplices de la trama golpista, transmitirían la primera proclama de las Fuerzas Armadas.
 
A las 9:20 horas, y a través de Radio Magallanes, la única radio que aún no había sido silenciada por los golpistas, se transmitiría el que sería el último mensaje del presidente Salvador Allende al país, anunciando que no abandonaría la Casa del Gobierno, manteniendo firmemente su decisión de "seguir defendiendo a Chile", además de tener claro cual sería su destino:
 
"Quizás sea ésa la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. 
La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares... .... el almirante Merino... más el señor Mendoza, general rastreo que sólo ayer manifestara su solidaridad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.
 
Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: Yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser sesgada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.
 
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
 
¡Trabajadores de mi Patria! Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. 
 
En este momento definitivo, el último en que yo puedo dirigirme a ustedes, espero que aprovechen la lección.
El capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, crearon el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición: la que les señalo Schneider y que reafirmara el Comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando, con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios...
 
Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalistas de unos pocos.
 
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente: en los atentados terroristas, volando puentes, cortando vías férreas, destruyendo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.
 
...Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, la seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombres digno que fue leal con la Patria.
 
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
 
¡Trabajadores de mi Patria! Tengo fe en Chile y en su destino. 
 
Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. 
 
¡Viva Chile!, ¡Viva el pueblo!, ¡Vivan los trabajadores!
 
Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición."
 
 
Su voz: https://www.youtube.com/watch?v=xZeEfXjTNu4&t=6s
 
Los militares golpistas lanzarían al presidente Salvador Allende un ultimátum: La Moneda debe ser abandonada antes de las 11:00 horas, pues de lo contrario será atacada "por tierra y aire", para seguidamente retirarse las tanquetas y el personal del Cuerpo d Carabineros que custodiaban el Palacio de la Moneda. Los militares golpista contactarían con Salvador Allende proponiéndole que le sacarían del país por avión hacia el exilio, a los que el presidente chileno respondería que nunca se iba a rendir.
 
Cerca del mediodía, a las 11:52 horas, aviones "Hawker Hunter" de la Fuerza Aérea chilena, después de sobrevolar el Palacio de La Moneda, lo atacarían durante quince minutos y lanzarían unas veinte bombas y cohetes que destruirían diversas dependencias de la sede del Gobierno, iniciándose un importante incendio. Una ataque aéreo que constituiría la acción más espectacular del golpe militar, destacando su precisión, puesto que las bombas destruirían las instalaciones del interior pero no afectarían a la fachada del Palacio, que sólo quedaría afectada por los disparos de rifle y metralleta de los soldados que rodeaban el recinto. 
 
 
Poco minutos después caía el Palacio de La Moneda y el presidente, Salvador Allende, sería encontrado muerto por arma de fuego en el salón principal.
 
Era el final trágico del camarada Salvador Allende y de la "Vía chilena al Socialismo".
 
En los primeros momentos existirían ciertas dudas respecto a como había muerto Salvador Allende: ¿Combatiendo en la defensa del Palacio de La Moneda? ¿Asesinado cuando ya estaba herido? ¿Suicidándose, antes que rendirse, con el AK-47 que le había regalado Fidel Castro?
 
Fuera cual fuera la causa, en su discurso de despedida, por Radio Magallanes, había afirmado: "Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo".
 
A continuación transcribimos la reflexión del escritor uruguayo Eduardo Galeano sobre estos acontecimientos:
 
"LA TRAMPA"
 
Por EDUARDO GALEANO.
 
"Por valija diplomática llegan los verdes billetes que financian huelgas y sabotajes y cataratas de mentiras. Los empresarios paralizan a Chile y le niegan alimentos. No hay más mercado que el mercado negro. Largas colas hace la gente en busca de un paquete de cigarrillos o un kilo de azúcar; conseguir carne y aceite requiere un milagro de la Virgen María Santísima.
 
La Democracia Cristiana y el diario "El Mercurio" dicen pestes del gobierno y exigen a gritos el cuartelazo redentor, que ya es hora de acabar con esta tiranía roja; les hacen eco otros diarios y revistas, y radios, y canales de televisión. Al gobierno le cuesta moverse; jueces y parlamentarios le ponen palos en las ruedas, mientras conspiran en los cuarteles los jefes militares que Allende cree leales.
 
En estos tiempos difíciles, los trabajadores están descubriendo los secretos de la economía. Están aprendiendo que no es imposible producir sin patronos, ni abastecer sin mercaderes. 
 
Pero la multitud obrera marcha sin armas, vacías las manos, por este camino de su libertad. Desde el horizonte vienen unos cuantos buques de guerra de los Estados Unidos, y se exhiben ante las costas chilenas. Y el golpe militar, tan anunciado, ocurre.
 
Le gusta la buena vida. Varias veces ha dicho que no tiene pasta de apóstol ni condiciones para mártir. Pero también ha dicho que vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no vale la pena vivir.
 
Los generales alzados le exigen la renuncia. Le ofrecen una avión para que se vaya de Chile. Le advierten que el palacio presidencial será bombardeado por tierra y aire. Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias. Los militares se han apoderado de todo el país. Allende se pone un casco y prepara su fusil. Resuena el estruendo de las primeras bombas. El presidente habla ahora por radio, por última vez:  "Yo no voy a renunciar..."
 
Una gran nube negra se eleva desde el palacio en llamas. El presidente Allende muere en su sitio. Los militares matan a miles por todo Chile. El Registro Civil no anota las defunciones, porque no caben en los libros, pero el general Tomás Opazo Santander afirma que las víctimas no suman más que el 0,1 por 100 de la población, lo que no es un alto coste social, y el director de al CIA, William Colby, explica en Washsington que gracias a los fusilamientos Chile está evitando una guerra civil. La señora Pinochet declara que el llanto de las madres redimirá al país. Ocupa el poder, todo el poder, una Junta Militar de cuatro miembros, formados en la Escuela de las Américas en Panamá. Los encabeza el general Augusto Pinochet, profesor de Geopolítica. Suena música marcial sobre un fondo de explosiones y metralla; las radios emiten bandos y proclamas que prometen más sangres, mientras el precio del cobre se multiplica por tres, súbitamente, en el mercado mundial.
 
El poeta Miguel Neruda, moribundo, pide noticias del terror. De a ratos consigue dormir y dormido delira. La vigilia y el sueño son una única pesadilla. Desde que escuchó por radio las palabras de Salvador Allende, su digno adiós, el poeta ha entrado en agonía."

22 de septiembre de 2020

Neruda en España, 47 años después.

100 Frases de Pablo Neruda sobre el Amor, Reflexión y Felicidad - Lifeder


 

Por Arturo del Villar.

El parte oficial de defunción asegura que Pablo Neruda falleció a consecuencia de un cáncer de próstata, pero la realidad es que murió para acompañar al Chile asesinado por sus militares golpistas. El 1l de setiembre de 1973 entró en la historia el presidente Salvador Allende, al enfrentarse a los rebeldes armado con un fusil y protegido por un casco, a las puertas del Palacio de la Moneda. Era el fin del gobierno de Unidad Popular, y el de las libertades públicas en Chile. No pudo soportarlo su poeta nacional, que fallecía el día 23 en Santiago. Su casa fue asaltada por los fascistas y destruida, sin ningún respeto por el cadáver allí expuesto. En realidad fue preferible que muriese sin llegar a conocer los crímenes cometidos contra el pueblo por la dictadura militar derivada del golpe de Estado. 

Los españoles leímos con horror la noticia, porque imaginamos la triste suerte de los chilenos, a juzgar por lo que nosotros mismos estábamos sufriendo bajo otra criminal dictadura militar desde 1939. Y nos sentíamos en deuda con Neruda, porque compuso uno de los ejemplos más significativos de la mejor poesía épica escrita en el siglo XX, España en el corazón. Himno a las Glorias del Pueblo en la Guerra, impreso en noviembre de  1938 por el Comisariado del Ejército del Este. La llevó en el corazón junto a su patria chilena, hasta la muerte en aquellos terribles días de la rebelión militar contra el Gobierno legítimo de la Unidad Popular, así como otros militares traidores se habían sublevado en 1936 contra el Gobierno legítimo de la República Española. Se repetía la misma situación en otro país con otros liberticidas, pero con iguales resultados.

Fueron  muchas las demostraciones literarias de amor a España, vertidas en verso y prosa por uno de los más inspirados poetas del siglo XX en cualquier lengua. Sus obras estuvieron prohibidas en Chile durante muchos años, y él mismo tuvo que exiliarse en 1949 para salvar la vida, acusado de pertenecer al Partido Comunista, y desde luego también en la España dictatorial. Sin embargo, Chile y España siempre estuvieron presentes en su corazón y en su escritura, unas veces con júbilo y otras con angustia.  

Residencia agitada en España

Entró en España el 13 de mayo de 1934, por Barcelona, en donde había sido nombrado cónsul de su país. Pero tenía la intención de permutar ese destino por el de Madrid, en donde esperaba relacionarse con los poetas entonces más pujantes, los componentes del grupo del 27. Ya conocía a Federico García Lorca, con quien coincidió en Buenos Aires el año anterior, y mantenía comunicación epistolar con Rafael Alberti. Ellos dos hablaron a los compañeros del gran poeta chileno que deseaba publicar en España una edición ampliada de un poemario impreso en Santiago de Chile en 1933, Residencia en la Tierra, desconocido en nuestro país, dada la escasa difusión de la poesía.

   Coincidió su llegada con la acusación de plagiario lanzada en su tierra. En el número 2 de la revista Pro, fechado en setiembre de 1934, se comparaba el número 16 de sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, libro impreso en 1924, con el número 30 de El jardinero, de Rabindranath Tagore, según la traducción castellana de Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez, editada en 1917. La semejanza entre ambos poemas es palpable, por lo que Neruda se vio obligado a anunciar que el suyo era una paráfrasis del de Tagore, a partir de la quinta edición.

   Todo se debió a un exceso de celos literarios. La revista Pro estaba editada y sufragada por otro poeta chileno, Vicente Huidobro. Dado el carácter de ambos vates, el mundo entero resultaba demasiado pequeño para albergarlos juntos. Los dos querían ser el poeta nacional de su tierra. La acusación de plagio, al ser demostrable, amargó la vida de Neruda, y le hizo sospechar que la delación había partido de Juan Ramón, por ser cotraductor del poeta indio al castellano, sin hacer otras indagaciones.

   No era cierto, como ha explicado Volodia Teitelboim en la biografía de su amigo y correligionario político, titulada sencillamente Neruda. La biografía, impresa en Madrid para Merán en 2003: fue él quien descubrió la paridad entre los textos, y la comentó con otros amigos poetas. Al enterarse Huidobro aprovechó la coyuntura favorable que se le presentaba para atacar a su despreciado colega y paisano, provocando un escándalo literario con la peor de las intenciones.

Homenaje español a Neruda

   El asunto trascendió las fronteras chilenas y llegó a Madrid, probablemente por conducto de Huidobro, lo que motivó la ira de Neruda. Solicitó a su amigo Lorca que le organizase un homenaje como desagravio, en el que participara el mayor número de poetas españoles. Aceptó el encargo, que no estuvo exento de dificultades, y por fin consiguió reunir los nombres de dieciséis poetas, en su mayoría jóvenes, ya que ninguno de los maestros de entonces dio su firma. En abril de 1935 apareció un folleto de 16 páginas más las cubiertas, titulado Homenaje a Pablo Neruda, con la reproducción de sus “Tres cantos materiales”, desgajados del segundo volumen de Residencia en la Tierra, dispuesto ya para la imprenta, porque apareció en el mes de setiembre. Iban precedidos por una explicación halagadora, para satisfacer al poeta ofendido. No era exactamente lo que deseaba, pero se conformó con ello.

   Los colaboradores pertenecían a las dos ideologías que iban a enfrentarse en la guerra provocada al año siguiente por la rebelión de los militares fascistas contra la República. Este hecho demuestra que la calidad lírica de Neruda era reconocida por escritores de todas las opiniones políticas. A la izquierda figuraban Lorca, asesinado al comienzo de la guerra por los sublevados, y Miguel Hernández, muerto a poco de terminada en una cárcel de la dictadura. Marcharon al exilio Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, León Felipe, Jorge Guillén, Pedro Salinas y Arturo Serrano Plaja, sin que pudiera acompañarlos Vicente Aleixandre debido a su enfermedad crónica.

   En el otro lado aceptaron la dictadura fascista los hermanos Juan y Leopoldo Panero, Gerardo Diego, José Antonio Muñoz Rojas, Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco, la ensalzaron y fueron muy bien recompensados por sus loas. Uno de ellos, Leopoldo Panero, llegó a componer un disparatado libro de pésimos versos contra Neruda.

   En el mes de octubre empezó a trotar la revista Caballo Verde para la Poesía, dirigida en Madrid por Neruda, de vida corta, porque solamente llegaron a distribuirse cuatro números. El siguiente era doble, y estaba compuesto a mediados de 1936, pero fue otra de las víctimas de los bombardeos fascistas sobre las capital de la República, convertida en Capital de la Gloria por su resistencia heroica al nazifascismo internacional.

El canto del mundo por España

   El conflicto armado en España movilizó a escritores de todo el mundo a favor del pueblo traicionado por quienes tenían la misión de defenderlo. En Santiago de Chile la editorial Panorama publicó, probablemente en 1937, porque carece de fecha, la antología Madre España. Homenaje de los poetas chilenos, en la que colaboraron Huidobro y Neruda, sin que esa coincidencia significara ninguna aproximación entre ellos. Los dos participaron también por separado en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en julio de 1937 en Valencia, Madrid, Barcelona y París.

   Entre los grandes poemarios motivados por la guerra española destaca el ya citado España en el corazón. Himno a las Glorias del Pueblo en la Guerra. Junto a elegías por los muertos y loas a los milicianos hay unas demoledoras sátiras contra los exgenerales sublevados, y una impresionante oda a Madrid por su resistencia heroica a los continuados bombardeos fascistas:

 

       Hace ya más de un año

que los enmascarados tocan tu humana orilla

y mueren al contacto de tu eléctrica sangre:

sacos de moros, sacos de traidores,

han rodado a tus pies de piedra: ni el humo ni la muerte

han conquistado tus muros ardiendo.

 

   Además del homenaje literario, en éste y en otros libros, es preciso recordar la decisiva actuación de Neruda llevada a cabo en Francia, para fletar un viejo barco, el ya histórico Winnipeg, en el que trasladar a Chile al mayor número de republicanos exiliados, para librarlos de los campos de concentración en que los encerraba la cobarde República Francesa.

Censurado en España

   Dada la terrible cárcel en que quedó convertida España bajo la dictadura militar, es muy lógico que las obras de Neruda estuvieran prohibidas y su nombre proscrito. Nos llegaban noticias confusas de sus publicaciones, unos libros en los que continuaba hablando de España y de los poetas españoles, como en su inmenso Canto general (1950), muestra de la mejor poesía épica del siglo XX en castellano, o en los cinco volúmenes del Memorial de Isla Negra (1964), su autobiografía lírica. Algunos ejemplares de sus ediciones hechas en Buenos Aires por cuenta de Losada entraban clandestinamente, porque la dictadura siempre fue un modelo de corrupción donde imperaba el soborno. Sin embargo, existía un distanciamiento pleno entre los poetas españoles y el chileno que seguía llevando a España en el corazón, impuesto por la política.

   El reencuentro tuvo lugar en 1957, aunque accidentadamente. La dictadura intentaba por entonces presentarse ante el mundo como un régimen liberal, en el que se estilaba una denominada democracia orgánica, bajo un régimen de autoridad. Parecía que la llegada de los turistas, con sus divisas tan necesarias, favorecía una ligera suavización de la censura. Cuando Neruda se hallaba en París recibió una invitación de la revista madrileña Cuadernos de Ágora, editada por Concha Lagos, para enviar alguna colaboración sin contenido político, eso era imprescindible, con la intención de reanudar un contacto interrumpido desde la derrota del Ejército leal.

Carta a los poetas españoles

   Respondió amistosamente, con una carta manuscrita en tres cuartillas, sin ninguna alusión política. Seguía estando vigente la censura previa de ediciones y espectáculos, impuesta en 1938 por los sublevados, de modo que la revista en donde se había impreso la carta fue sometida al censor, con el resultado de prohibir su inserción. Contravenir esa orden significaba, en el mejor de los casos, el secuestro del número además de una multa a la editorial,  y en el peor el cierre  de la editorial y la cárcel para su propietaria.

   Al resultar imposible difundir la carta en la revista, Concha Lagos decidió arriesgarse, con la complicidad de la imprenta, y acordó publicar un folleto de ocho páginas, sin pie de imprenta ni otro dato identificable, una precaución lógica para evitar represalias, con el facsímil de la carta. Años después mi amistad con Concha y Mario, su marido, me permitió conseguir un ejemplar, que es uno de los tesoros de mi biblioteca. La reproduzco exactamente, aunque alguna expresión puede parecer incorrecta:

 París 27 de setiembre 1957                                                          

Queridos poetas españoles, aquí me tienen muy cerca de la tierra española y lleno de sufrimientos por no verla y tocarla. Soy un desterrado especial, vivo soñando con España, con la grande y la mínima, la del mapa y la de las callejuelas, soñando con todo el amor que entre vosotros dejé, un desterrado que solo puede acercarse al aire que perdió. Cuantas veces, de noche, el avión que me conducía lejos, sobrevoló vuestra tierra, y yo, acongojado traté de descifrar las luces que como luciérnagas, brillaban allá abajo. Eran casas perdidas, pueblos sumergidos, montes oscuros, y talvez, rostros amados que no volveré a ver. Mi corazón, allá arriba, volando, sintió de nuevo la tierra magnética y se llenó de lágrimas.

   Poetas españoles, nos ha separado un frío cruel, y años pesados como siglos. Nosotros, poetas americanos, queremos renovar la fraternidad y la continuidad de nuestra paralela poesía.

   Hemos sido separados por errores propios y ajenos, por profundos dolores, por un silencio imposible. La poesía debe volver a unirnos. La poesía debe reconstruir los vínculos rotos, reestablecer la amistad y elevar universalmente nuestro canto.

   Tal es nuestra tarea. A ella me daré entre mis pueblos. Vosotros direis vuestra palabra. Y habremos dado así un primer paso que no por tardío será menos fecundo.

   Va en este papel mi afecto fraternal y mi confianza en la poesía y en el honor de los poetas.

Pablo Neruda

   Se define como un desterrado especial de España, porque lo usual es que el destierro afecte al nacido en esa tierra, y Neruda era chileno. En 1957 ya había sido revocada la orden de detención que el dictador González Videla hizo recaer sobre él en su país, de modo que era un ciudadano chileno con plenos derechos. Sin embargo, en la carta se considera un desterrado de España, como tantos exiliados españoles del éxodo y el llanto, por decirlo a la manera de León Felipe, errantes por el continente americano: a muchos los había guiado él mismo, en el Winnipeg, hacia la libertad en Chile.

España y Chile en el corazón

   Hacía 18 años que no pisaba pisar tierra española; solamente podía sobrevolarla en avión, porque se opuso a la sublevación de los militares monárquicos contra la República primero, y a la dictadura que fue su consecuencia después. Sus amigos españoles de aquellos años, los supervivientes del odio fascista, formaban la que se denominó España peregrina, excepto Aleixandre, recluido en su casa madrileña por enfermedad. Con los jóvenes no guardaba ninguna relación por imperativo de la censura.

   Conocía esa realidad, por lo que sin modificar sus sentimientos ni sus pensamientos, en la misiva fraternal ofreció una reconciliación a los poetas sometidos al horror de la dictadura fascista. No exceptuaba a nadie en la carta, pero quizá hubiera que excluir a los que había calificado de malditos e hijos de perra, como “silenciosos cómplices del verdugo”, en el poema “A Miguel Hernández, asesinado en los presidios de España”, del Canto general, en donde se nombra a Gerardo Diego y a Dámaso Alonso.

   Nos propuso renovar la fraternidad en el uso común de la palabra lírica. No le faltó, aunque de momento estuvo silenciada por la censura dictatorial. Se materializó poco después de su muerte, en 1975, cuando España empezaba a vislumbrar lo que era la libertad con la muerte por ancianidad del dictadorísimo. Entonces los poetas españoles pudimos dedicar un libro a su homenaje, titulado justamente Chile en el corazón, como reintegro apasionado de su España en el corazón, Coordinado por Aurora de Albornoz y Elena Andrés, se imprimió en Barcelona por cuenta de Edicions 62—Península, con 212 páginas; mi colaboración se encuentra en las 188 y siguientes. La reproduzco como homenaje al poeta y a su amigo Salvador Allende, mártir de la libertad, ejemplo para el mundo que desea vivir en democracia:

 

Vamos a llenar de palabras su casa vacía

Llovía en Isla Negra.

Chile se inundó entonces

de fulgor y agonía,

de pesares,

y una pequeña muerte dio un beso a los soberbios,

los pastores de sangre que comercian ceniza.

 

Llegó la noche entre tambores de asco;

más triste no vendrá,

más andrajosa,

con lazos extendidos para el miedo,

confundiendo la boca de los lobos.

Las piedras se pusieron amarillas.

 

Como la piedra.

Fue como la piedra,

visible por su fuerza,

subterránea,

redonda para andar por los caminos.

Sólo después de muerto le humillaron.

No quedó libro sobre libro,

nada,

quisieron dominar su voz viviente,

cortar la luna

repartirse el odio,

pero una catarata no se dobla:

querían dar un golpe a los espejos,

sombra al mundo,

silencio a la esperanza,

le cubrieron con túnicas de insultos,

pero un volcán embiste contra el tiempo.

 

Son los versos más tristes que la historia

puede escribir;

es la tristeza rancia

que se escapa del vientre de la tierra.

Ya la herida es de todos,

ya nos duele.

 

No se llamaba Pablo,

se llamaba

campo abierto a la lluvia,

continente,

mar cubierto de flores,

casa en ecos,

corazón disfrazado de herramienta,

vino absoluto,

cerradura rota,

canto errante,

pradera en el silencio

donde todas las fiestas son posibles.

 

No la canción desesperada,

nunca

dejó de ser el sol, la luz, el aire,

la materia absorbente de sus manos.

 

Nació para cantar

y está en el viento,

junto a los hombres libres que no entierran

su sangre con el trigo;

la confianza

se hizo piedra en su boca,

rito de oro,

doble raíz de América sin mengua.

 

Nació para cantar

y no ha callado;

no hay ola tan oscura que la oculte,

no se encarcela al día

ni a la sangre.

 

Nació para cantar,

para cantarnos,

dio fe del tractorista,

del minero,

del navegante que consume estrellas,

del indio sin estatuas,

del amante,

del liso oficinista y del obrero

que en su taller levanta otro planeta.

 

Nació para cantar

y está cantando,

porque se quema el humo,

no la piedra.

 

   Según confesó en la carta, el corazón de Neruda se llenaba de lágrimas al sobrevolar las tierras españolas que tanto amó y cantó. Los nuestros, colaboradores del homenaje, estaban llenos de horror, al conocer la actuación genocida de los militares chilenos golpistas, imitadores de los golpistas españoles en 1936. Fue nuestra respuesta a su carta, diferida por necesidad insuperable. Aquí moría el dictadorísimo asesino, y allí se imponía otro semejante con las mismas intenciones: exterminar a los defensores de las libertades públicas. Por eso llevamos siempre a Neruda en el corazón.

 

ARTURO DEL VILLAR       

PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO