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3 de septiembre de 2026

La situación de obreros españoles en Noviembre de 1917


Compartimos la imagen que ilustra el texto original aparecido en “España Revolucionaria”, que corresponde a la parada de la guardia roja de Petrogrado en el mes de mayo de 1917.


Por Esteban Zúñiga


DISTINTAS EXPERENCIAS EN ESPAÑA, DURANTE LOS DÍAS DE LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE DE OCTUBRE DE 1917 EN RUSIA.


“Esta primera victoria NO ES AÚN LA VICTORIA DEFINITIVA, y nuestra Revolución de Octubre la ha conseguido con dolores y dificultades sin precedentes, con inauditos sufrimientos, con una serie de graves desaciertos y errores nuestros.

¡Hubiera sido demasiado desear que un pueblo atrasado triunfase sin desaciertos y sin errores, sobre las guerras imperialistas de los países más poderosos y avanzados del globo! No tememos reconocer nuestros errores y los examinaremos serenamente para aprender a corregirlos.

Pero los hechos son elocuentes: por primera vez en siglos y milenios, la promesa de “responder” a la guerra entre esclavistas con la revolución de los esclavos, CONTRA todo género de esclavistas SE HA CUMPLIDO HASTA EL FIN... y se cumple contra viento y marea.

Nosotros hemos empezado la obra.

Poco importa saber cuándo, en qué plazo y en qué nación culminarán los proletarios esta obra. Lo esencial es que se ha roto el hielo, que se ha abierto el camino, que se ha indicado la dirección.”

(V. I. Lenin. “Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre”, 14 de octubre de 1921. Fuente: V. I. Lenin. Obras Completas. Tomo 44 (Junio de 1921 – marzo de 1922). Página 156. Editorial Progreso. Moscú, 1987).


En el periódico quincenal “ESPAÑA REPUBLICANA” -del 15 de agosto de 1967- editado en México por exiliados comunistas españoles, dedicaría algunas de sus páginas para festejar el 50º Aniversario de la Revolución de Octubre de 1917, liderada por Lenin y por los bolcheviques. En concreto bajo el prisma de recordar lo que estaba ocurriendo, durante aquellos días, en distintas poblaciones españoles.

Así compartiría las experiencias de tres residentes en la Unión Soviética, ya entrados en años, y militantes comunistas y del movimiento obrero que residían en, Asturias, Fernando Rodríguez, en Reinosa, José Prieto, y en Buñol, Julio Tarín.

Recuerdos publicados originalmente en el “Noticiero”, editado, en Moscú, por la Organización del Partido Comunista de España en la URSS, y el histórico Centro Español de Moscú.


“ESPAÑA REPUBLICANA”.

EN AQUELLOS DÍAS DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE.
(Fuente: “España Republicana”. Portavoz del movimiento antifranquista. Año XXIX, Núm. 639 – Páginas 11 y 12. La Habana, 15 de agosto de 1967).

EN ASTURIAS.
Por FERNANDO RODRÍGUEZ.

El año 1917 trabajaba yo en una de las empresas mineras más importantes de Asturias, la Duro-Felguera. Recuerdo que todos los días, en las lampisterías y en las “chabolas” donde nos cambiábamos de ropa para entrar en la mina, cientos de mineros comentábamos alborozados las victorias de la revolución rusa, reflejadas en los despachos que transmitían las agencias extranjeras y publicaban los periódicos matutinos de Asturias.

En los años que siguieron hasta el 21, el entusiasmo era indescriptible en España, sobre todo entre los medios obreros e intelectuales progresivos. Las masas trabajadoras, acogían con ardor desbordante, y en sus organizaciones de clase. Por doquier se creaban nuevos sindicatos y se ponían en pie los que habían sido quebrantados, como consecuencia de la huelga revolucionaria de agosto de 1917. A este despertar del proletariado, contribuyó sobremanera el triunfo de la revolución de Rusia.

Todos los que recuerdan aquella época, convendrán conmigo, en que las elecciones a concejales que tuvieron lugar en los primeros meses del año 1919 en toda España, como las de diputados del mismo año, si lograron llevar a muchos ayuntamientos, sobre todo en las provincias industriales, una mayor representación de los trabajadores, eso tenía por origen la influencia que ejercía en nuestro país la Gran Revolución de Octubre.

Y este acontecimiento histórico, que repercutió de Norte a Sur en toda España, coadyuvó asimismo a que los miembros del Comité de la Huelga Revolucionaria de agosto de 1917, salieran libertados del Penal de Cartagena, donde estaban cumpliendo condena, para ocupar los escaños del Parlamento como diputados elegidos por el pueblo.

Presionada por los trabajadores, que luchaban en toda España, la monarquía se vio obligadas a decretar, el 3 de abril de 1919, la jornada de ocho horas.

Ese mismo año, se constituyó el Comité Nacional de Partidarios de la III.ª Internacional integrado por prestigiosas personalidades del movimiento obrero. Y el 15 de abril de 1920, se fundó el Partido Comunista marcando un período nuevo en la historia del movimiento obrero español.

Los años 19 y 20 fueron durísimos para Rusia. El hambre y la sequía hacían estragos en todo el país. En Asturias fueron muy pocos los que no contribuyeran con todo entusiasmo, a las subscripciones astures para aminorar en lo posible, la tragedia que atormentaba entonces a nuestros hermanos rusos.

Recuerdo que por esta época apareció en los cines de España una película asquerosa antisoviética, “La cartilla infamante”, financiada por la Entente y cuya protagonista era Pola Negri.

Cuando apareció en los cines de La Felguera (Asturias) tuvieron que retirarla de las pantallas, porque el público no estaba dispuesto a tolerar que se injuriara a un pueblo que estaba haciendo la más grande revolución de la historia. Aunque en La Felguera eran en esa época, fuertes, las influencias anarquistas, el pueblo entero se sumó a la protesta de los obreros, pese a que algunos textos de la cinta habían sido extraídos del libro “Setenta días en Rusia, lo que yo pienso”, del anarcosindicalista Ángel Pestaña.

Ayer y hoy los obreros, campesinos y todas las fuerzas progresivas de España, fueron y siguen siendo amigos leales del pueblo ruso.

Comprendieron muy pronto que la Gran Revolución Socialista de Octubre era el primer eslabón, que saltaba hecha añicos, la cadena que aún oprime a una parte considerable de la humanidad. Nuestro pueblo se solidarizó enseguida con esta revolución, con el batallar de los trabajadores soviéticos por el socialismo.

EN REINOSA.
Por JOSÉ PRIETO.

“Tierra y Libertad”, “Solidaridad Obrera” y otros periódicos anarquistas, registraron en sus columnas, como un gran acontecimiento social, el triunfo de los obreros y campesinos rusos. “El Socialista” saludaba con entusiasmo la victoria de la clase obrera rusa. Algunos periódicos liberales insertaban también en sus páginas el triunfo de la Revolución de Octubre.

A mediados de 1917 llegué yo a Reinosa, que en esta época era una pequeña ciudad. La mayoría de la población era campesina. Había una fábrica de harinas y diversos talleres artesanos. No existían organizaciones obreras.

Y llegó el 7 de Noviembre. El triunfo de la revolución rusa, imantó la atención de los obreros y campesinos españoles, fue también para mí una revelación. Y aunque abrazaba ideas anarco-sindicalistas, consideraba el triunfo de la Revolución de Octubre de gran importancia para todos los trabajadores del mundo.

Así fue por entonces comprendido por la gran masa de los militantes de la CNT, que vio en la Revolución de Octubre su propia revolución, como quedó patentizado en el Congreso de la Comedia, celebrado en Madrid en 1919.

La Sociedad Española de Construcción Naval, comenzó por entonces a construir una gran fábrica de industria pesada en Reinosa. Una avalancha de trabajadores irrumpió en la ciudad. A comienzos de 1918, un grupo de entusiastas de la revolución rusa nos propusimos organizar a los centenares y centenares de obreros que habían penetrado en la vida de la ciudad.

Se nombró una comisión organizadora de la que fui designado presidente, recogimos algún dinero, redactamos una especie de manifiesto convocando a todos los trabajadores a una reunión para constituir el Sindicato Obrero de Reinosa.

Con asistencia numerosa se celebró la reunión constituyente del sindicato, del que fui nombrado presidente. Al principio de 1919, el sindicato era una importante fuerza social. Reunía en sus filas a cerca de 3.000 trabajadores.

Llegó el Primero de Mayo de 1918.

En la vida de este pequeño medio montañés, nunca se había celebrado la fiesta de los trabajadores. Por primera vez en Reinosa, desfilaron por la ciudad, en manifestación y bajo las banderas del Sindicato Obrero, millares de trabajadores.

El paro en las empresas industriales fue absoluto. Se celebró un gran mitin en el paseo de Cupido, en el que se tomaron las resoluciones siguientes:

¡Reconocimiento del sindicato, jornada de ocho horas!
¡Fuera las manos de la Rusia Soviética!

La imponente manifestación desfiló por las principales calles de Reinosa con pancartas que decían: “¡Vivan los Soviets!”, “Fuera las manos de la Rusia Soviética!”. Recuerdo un detalle ocurrido durante el desfile. Iba yo a la cabeza de la manifestación y se me acercó un obrero para decirme que habiendo leído en una pancarta ”¡Viva los Soviets!” quería saber qué eran realmente los soviets. Yo que tenía una idea vaga y confusa de lo que significaban, quedé sin saber qué contestar. Y como no decirle nada hubiera sido peor, contesté:
- Los Soviets son la revolución…
Y mi interlocutor contestó:
- Pues, ¡Vivan los Soviets!

El sindicato editaba un semanario titulado: “Democracia Social”, en cuyo primer número, el célebre poeta Luis de Tapia, que se hallaba pasando una temporada en Reinosa, escribió unas copias alusivas a la Revolución Rusa, glosando el histórico acontecimiento.

Las autoridades locales y la dirección de la Constructor Naval, que se daban cuenta de lo que significaba la organización sindical, presionaron sobre el jefe de los laboratorios donde yo trabajaba y éste me despidió del trabajo alegando “que con mis ideas estaba comprometiendo sus intereses”. Mi pensamiento fue dirigir mis pasos hacia otros lugares en busca de trabajo, pero la mayoría de los obreros, indignados, se oponían a que yo abandonase Reinosa. Les disuadí, haciéndoles ver que eso era precisamente lo que buscaba la patronal: provocar una huelga para machacar la joven organización.

Los obreros no estaban dispuestos a que yo saliera de Reinosa y surgió entre algunos la idea de que abriese un cafetín económico, que ellos me ayudarían a salir adelante. Todo menos someterse a la decisión arbitraria del patrón y de las autoridades, que pretendían eliminar al presidente del Sindicato Obrero. No me seducía mucho esta perspectiva, pero como tampoco quería abandonar Reinosa, acepté.

Se encontró una planta baja que no tendría ocho metros cuadrados y comenzaron albañiles, carpinteros y pintores a preparar el local, y el establecimiento quedó listo en una semana.

Empezamos a barajar nombres para el cafetín y por último decidimos que se llamase “El Soviets”. Y así apareció en la fachada de la planta baja un gran rótulo en pintura roja: “El Soviets, café económico”.

Aquello desencadenó aún más la rabia de los enemigos.
- Es una provocación -decían.
Pero “El Soviets” permaneció intocable hasta últimos de 1920, en que por haberse perdido la huelga general fui expulsado de Reinosa por las autoridades.

EN BUÑOL.
Por JULIO TARIN.

Al saber por la prensa que en Rusia habían triunfado los bolcheviques, nosotros, los jóvenes de Buñol, desplegamos una gran labor de defensa de la Revolución y, aunque en aquel tiempo no sabíamos concretamente quiénes eran los bolcheviques, para identificarnos con ella bastaba que hubiesen derrocado al poder de la burguesía, de los terratenientes.

“Las Provincias” y “El Diario de Valencia”, que eran rabiosamente monárquicos, daban la noticia muy escueta. “El Mercantil Valenciano”, más amplia, porque era de tendencia mercantilista, como dice su título. “El Pueblo”, periódico republicano fundado por Blasco Ibáñez y dirigido por Félix Azzati, informaba en primera plana y con grandes titulares sobre la revolución en Rusia y decía quiénes eran los bolcheviques: los comunistas del partido de Lenin. “La Traca”, un semanario gráfico, arremetía contra el poder de los curas y la autocracia zarista.

La clase obrera de Valencia, en general, se felicitaba por el gran triunfo de los trabajadores de Rusia. La UGT y nosotros, los jóvenes, pegábamos pasquines en los sitios visibles, hecho a multicopista, que decían: “¡Ayudemos y defendamos la Revolución Rusa!”. En la prensa de izquierda decíamos: “Si la burguesía reaccionaria pretende ayudar al zarismo, la clase obrera de Valencia contestará con la huelga general indefinida”.

Nadie en Valencia y su región movió un dedo para ayudar a la contrarrevolución. La CNT también se puso de parte de la revolución en principio, pero no tardó mucho tiempo en criticar la dictadura del proletariado, pues para esta corriente lo mismo daba la dictadura de la clase obrera que la tiranía de la burguesía.

Después del triunfo de la Revolución de Octubre, empezamos por nuestra parte la propaganda, que a partir de 1919 estuvo facilitada por la Internacional Comunista.

Las organizaciones de jóvenes socialistas de Madrid, Valencia, Vizcaya y Andalucía, ante un acontecimiento de tal magnitud, consideramos llegada ya la hora de crear Las Juventudes Comunistas, y en este sentido, por encima de todos los obstáculos y trabas, muchos rompimos con el tradicional reformismo de la II.ª Internacional. No sin antes discutir cuál debía ser el nuevo derrotero a seguir, y al no poder conseguir por unanimidad transformar la Juventud Socialista en comunista, optamos por separarnos, por crear las Juventudes comunistas.

En Buñol, ya a principios de 1919, un grupo de unos diez o doce jóvenes rompimos con la Juventud Socialista, y constituimos la Juventud Comunista. Entonces lanzamos un manifiesto escrito a mano (pues no teníamos multicopista) llamando a los obreros a seguir el ejemplo del proletariado ruso.

Por habernos separado de la Juventud Socialista no fuimos invitados a su V.º Congreso, que se celebró en diciembre de 1919. Pero nuestra influencia por aquel entonces crecía rápidamente. Cuando se creó la Internacional Comunista, en Buñol ya teníamos unos setenta militantes. Una gran actividad desarrolló en Buñol, Joaquín Masmano, quien luego, en 1936, fue fusilado por los fascistas en Canarias. Con él colaboraron Ramírez, Pérez, Manzano y otros, entre ellos yo.

Buñol, para aquel entonces, tenía ya una tradición revolucionaria. En 1917 comenzó a construirse en Buñol una gran fábrica de cemento, en la cual, al empezar su explotación, trabajaban unos dos mil obreros. Ya por el año 1918, el Sindicato de esta empresa estaba dirigido por hombres decididos, con Joaquín Masmano a la cabeza. La primera reivindicación que se consigue es la jornada de 8 horas, que en España no se logró hasta el decreto del rey de 1919, y un aumento de sueldo de 2 pesetas a 2,25 los peones.

Este sindicato de Buñol no estaba dirigido ni por socialistas ni por anarquistas (en Buñol no había de estos últimos). Se llamaba Sindicatos de Oficios Varios y lo dirigíamos nosotros.

Cuando en 1919, al crearse la Internacional Comunista, se funda en España las Juventudes Comunistas, los primeros comunistas estábamos dotados de gran combatividad, aunque padecíamos de sectarismo, por la falta de preparación teórica, lo que nos lleva a distanciarnos de las masas obreras.

Nuestra inexperiencia y falta de preparación teórica, frenaban el crecimiento de nuestra influencia dentro de los sindicatos nacionalmente constituidos, la UGT y la CNT.

Más tarde ya, formamos un centro de cultura, donde teníamos obras de Lenin: “Qué hacer”, “Dos tácticas de la socialdemocracia”, “Un paso adelante, dos atrás”, “El imperialismo, fase superior del capitalismo” y muchos más. También contribuyeron a esclarecer las lagunas que teníamos sobre la Revolución de Octubre los libros “Diez días que estremecieron al mundo” de John Reed, “La Senda Roja” de Álvarez del Vayo, “Un notario español en Rusia” de Diego Hidalgo, y otros.”

14 de agosto de 2026

Con motivo del 90.º aniversario del inicio de la lucha por la libertad en España



Recogido por Cilly Keller y Reinhardt Silbermann. Hamburg – Moscú. Julio 2026. Traducción de Wolf Hoffmann.

El apoyo de la Unión Soviética a la República Española, 1936-1939.

En 1939, Dolores Ibarruri —«La Pasionaria»—, a quien todos conocemos, pronunció las siguientes palabras sobre la ayuda soviética a la República Española:

«¡No estamos solos!»

«Hay un gran pueblo al que adulan los sapos más repugnantes con su saliva pegajosa. Esa escoria intenta menospreciar la generosa ayuda de este pueblo. Esa escoria intenta menospreciar la generosa ayuda de este pueblo, intenta hacer creer que no nos ayuda o que esa ayuda nos sale muy cara, esa generosa ayuda que recibimos de los pueblos soviéticos en los trágicos días de noviembre de 1936 en Madrid... Demos las gracias como es debido a esfuerzos de los obreros y campesinos de la Unión Soviética, que, de manera noble y generosa, desafían todos los peligros del mar y las trampas de los barcos piratas, y no vacilan en dirigir hacia nuestros puertos sus buques de suministros cargados de mantequilla y azúcar, y de todo aquello que es vital para el triunfo».

El 18 de julio de 1936 comenzó el golpe militar fascista en España. Los amotinados contaron con el apoyo manifiesto de los Estados fascistas.

Tan solo nueve días después, el 27 de julio de 1936, se había creado, bajo el mando de Hermann Göring, un grupo de trabajo especial para organizar la ayuda militar a Franco. El 16 de noviembre de 1936, los alemanes habían creado la «Legión Cóndor», especialmente destinada a la lucha en la península, con 100 aviones y hasta 5.000 efectivos.

El 26 de noviembre de 1936 se sumaron 7.000 hombres más. Además, IG Farben suministró a la Legión Cóndor la bomba incendiaria de varilla de termita «Elektron» B1E, que se utilizó en el ataque aéreo contra Guernica (el 26 de abril de 1937) y otras ciudades vascas. 

La Legión Cóndor intervino en todas las batallas importantes a partir de 1937, como en Bilbao, Brunete, Teruel, y en el frente del Ebro. También participó en la masacre de Málaga, en la que perdieron la vida unas 10 000 personas.

Durante la Guerra Civil Española, la Legión Cóndor no tuvo ningún problema de abastecimiento de productos petrolíferos: Royal Dutch Shell, Texas Oil Company y Standard Oil Company se encargaban de los suministros.

Sin esta intervención, el golpe militar habría fracasado ya en los primeros días.

Cuando estalló el motín, el Gobierno de la República Española estaba convencido de que las «democracias occidentales», Inglaterra, Estados Unidos y, sobre todo, Francia, le prestarían la ayuda necesaria para restablecer la legalidad y el orden republicanos.

Pero no fue así. El Gobierno francés, bajo la presión del Gobierno conservador de Inglaterra y de los círculos reaccionarios franceses, se negó a vender aviones y otras armas a la República Española, e incluso prohibió la exportación del material bélico que ya había sido pagado, y estaba listo para su envío a España.

En los primeros cuatro meses, sólo se pudieron adquirir en Francia 12 cazas «Devoitine» y 6 bombarderos «Potez» —todos ellos sin armamento—. Ambos modelos estaban muy obsoletos. Sin embargo, el «socialista» y primer ministro francés León Blum, se negó a enviar equipamiento militar para estos tipos de aviones.

Al mismo tiempo, Blum ofreció a los gobiernos de los Estados europeos, incluida la Unión Soviética, la firma de un acuerdo que les obligaría a abstenerse de prestar cualquier tipo de ayuda militar a ambas partes.

Veintisiete Estados europeos, entre ellos la Unión Soviética, se adhirieron a este acuerdo. Sin embargo, al adherirse a este Acuerdo de No Intervención, la Unión Soviética planteó dos condiciones categóricas:

1º. Portugal también debía adherirse a este acuerdo.

2º. Debía cesarse de inmediato, la ayuda que algunos Estados prestaban a los amotinados.

Estas condiciones siguieron marcando la línea de lucha de la diplomacia soviética en favor de la causa de la República Española, incluso cuando se constituyó en Londres el Comité de No Intervención, con la participación de todos los países signatarios. 

Los representantes soviéticos en el Comité de Londres, desenmascararon incansablemente el verdadero carácter, y los motivos ocultos de la hipócrita «política de no intervención», cuyos organizadores defendían de palabra la neutralidad, pero que, en realidad, ayudaban a los intervencionistas fascistas.

Tres de los Estados signatarios, no hicieron ningún esfuerzo por cumplir los principios acordados. Se trataba de Portugal, Alemania (que ya a finales de julio de 1936, había suministrado dieciocho aviones de transporte) e Italia (que hasta finales de julio de 1936, había suministrado veintiún bombarderos, que posteriormente atacaron Madrid).

En las reuniones del Comité de Londres de octubre de 1936, la delegación soviética declaró, tras múltiples intentos infructuosos de este órgano por impulsar alguna medida contra la creciente intervención italo-alemana, que la Unión Soviética sólo veía una salida a la situación creada, a saber, devolver al Gobierno de España el derecho a adquirir armas fuera del país.

Cuando la intervención militar abierta de los Estados fascistas llevó a la República al borde del abismo, y el Gobierno español se vio obligado a solicitar ayuda militar a la Unión Soviética, la URSS prestó ese apoyo al pueblo español.


La ayuda humanitaria de la Unión Soviética a la España republicana.

Ya el 2 de agosto de 1936, se celebraron en numerosas ciudades de la Unión Soviética manifestaciones de solidaridad con el pueblo español.

Los trabajadores decidieron por unanimidad recaudar dinero, ropa y alimentos para un fondo de ayuda en beneficio de la República Española.

El 18 de septiembre, el barco «Nevá», capitaneado por el comandante Kore-Nevski, zarpó del puerto de Odesa. Llevaba una carga de alimentos. Ocho días después, el barco llegó al puerto de Alicante. Cuando se izó en el mástil de trinquete, la bandera de la República Española, resonaron a lo largo de todo el paseo marítimo gritos de bienvenida de «¡Viva Rusia!». Los trabajadores portuarios españoles, descargaron rápidamente el barco para que los productos llegaran cuanto antes a las zonas donde se necesitaban con urgencia.

El 26 de septiembre de 1936, el presidente del Consejo de Ministros de la República Española, Largo Caballero, recibió al embajador plenipotenciario de la URSS en España, Marcel Rosenberg, y le pidió que transmitiera su más sincero agradecimiento a los trabajadores de la URSS, por la ayuda desinteresada que habían prestado a las mujeres y los niños de España.

Otra faceta de la ayuda humanitaria de la Unión Soviética, consistió en acoger con gran solicitud, a niños españoles para ponerlos a salvo de los peligros que acechaban en su país.

El comandante de la Fuerza Aérea de la República Española, Ignacio Hidalgo Cisneros, escribió: 

«En aquellos días nos enteramos de la oferta de la Unión Soviética, de acoger a un número ilimitado de niños españoles. Conny (la esposa de Cisneros, nota del autor) y yo, decidimos aprovechar esta oferta y enviar a Luli (su hija, nota del autor) a la Unión Soviética.

La gran distancia nos asustaba un poco, pero estábamos seguros de que allí la cuidarían muy bien, y de que podría continuar su educación en condiciones totalmente normales.

Poco después, Luli y Charito, una niña de su misma edad —hija del teniente de aviación Bruno, a quien los fascistas habían asesinado en los primeros días de la guerra—, embarcaron en el puerto de Alicante en un barco soviético que se dirigía a Odesa».

En la primavera de 1937 llegó el primer barco de vapor, con jóvenes españoles de entre 3 y 16 años procedentes de Asturias. Se construyeron para ellos hogares infantiles, entre otros lugares, en la localidad de Ivanovo. En noviembre de 1938 había 2.848 niños españoles en la Unión Soviética. En internados especiales se les impartía clase en su lengua materna. Todos los niños españoles recibieron educación escolar y formación profesional, y una gran parte de ellos completó estudios universitarios.

Entre los niños de Ivanovo se encontraba también la hija de Dolores Ibarruri: Amaya. Permaneció en este hogar infantil desde septiembre de 1935 hasta diciembre de 1936. En 1941 se encontraba en Moscú y participó en la defensa de la capital soviética.


La ayuda militar de la Unión Soviética a la España republicana

Inmediatamente después de la reunión del Comité de No Intervención celebrada el 9 de septiembre de 1936 en Londres, la URSS comenzó a planificar la ayuda militar a la República, ya que el Gobierno soviético no se hacía ilusiones alguna respecto al golpe fascista, y a la injerencia de los fascistas alemanes e italianos, lo que se confirmó posteriormente.

Iván Mijaílovich Maiski (embajador soviético en Inglaterra entre 1932 y 1943, y representante ante la Sociedad de Naciones entre 1937 y 1939) entregó, en nombre de Moscú, al «Comité para la No Intervención» la declaración del Gobierno soviético, en la que se afirma:

«El acuerdo se ha convertido en una hoja de papel vacía y hecha trizas. Ha dejado de existir. Dado que el Gobierno de la Unión Soviética no desea dejar a las personas en una situación que, por la fuerza de las circunstancias, sirva a una causa injusta, sólo ve una salida a la situación surgida: devolver al Gobierno de España el derecho y la posibilidad de adquirir armas fuera de España, con los mismos derechos y posibilidades de los que actualmente disfrutan todos los gobiernos del mundo. Y que los participantes en el acuerdo tengan libertad para decidir si compran armas para España o no venden nada».

El 29 de septiembre, se presentó al comisario del Pueblo para Asuntos Militares y Navales, Kliment Efrémovich Voroshilov, un plan, así como la decisión sobre la prestación de ayuda militar activa a la España republicana.

Por el momento, por motivos de seguridad, solo se enviaron armas de fabricación extranjera. Aquellas que aún se encontraban en los almacenes del Ejército Rojo de Trabajadores y Campesinos.

A finales de septiembre de 1936, zarpó de Feodósia el primer buque cargado de armas, en el buque cisterna español «Campeche». Su carga consistía en seis obuses ingleses y 6.000 cartuchos correspondientes, 240 lanzagranadas alemanes con 100.000 granadas, 550 ametralladoras de gran calibre, 21.347 fusiles y 16,5 millones de cartuchos.

La carga de los buques que le seguían, el «Komsomol» y el «Viejo Bolchevique», resultó más complicada, ya que transportaban armamento de grandes dimensiones. 

El «Komsomol» llevaba a bordo 50 tanques T-26, y el «Viejo Bolchevique», diez cazabombarderos, desmontados en 120 cajas. Asimismo, se enviaron los primeros dieciséis cazas, desmontados en piezas sueltas y embalados en cajas. El segundo lote, compuesto por catorce bombarderos, estuvo listo el 6 de octubre.

Junto con los aviones, también embarcaron los pilotos. En total se enviaron a España quince pilotos, quince copilotos, diez operadores de radio, cinco mecánicos de motores, quince técnicos aeronáuticos, un maestro de armamento, un técnico de armamento, un plegador de paracaídas, y treinta y uno de personal para el montaje.

Los envíos de material técnico de combate y armas desde la Unión Soviética, se realizaron de acuerdo con las peticiones del Gobierno republicano, que se dirigieron al Gobierno soviético a lo largo de todo el período bélico.

A principios de 1937, se registraron numerosas solicitudes. Por ejemplo, en la carta del presidente del Consejo de Ministros español y ministro de Defensa, Francisco Largo Caballero, dirigida al presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS, Viacheslav Mijaílovich Mólotov, de diciembre de 1936, se entrega una «lista de pedidos prioritarios»:

I.º 60 cazas I-15, con todo el equipamiento y todas las piezas de recambio necesarias, 20 motores de repuesto M 25, y 30 motores de arranque más cinco millones de cartuchos. 

Solicitamos asimismo 60 pilotos, 60 técnicos, 25 especialistas en equipamiento, dos ingenieros aeronáuticos, dos ingenieros de armamento, 15 técnicos para reparaciones, con el equipamiento necesario, y cinco conductores experimentados.

II.º 40 cazabombarderos, con todas las piezas de recambio y el equipamiento, 20 motores de repuesto M 100 y 30 motores de arranque, 1.500 bombas de 100 kilos, 500 bombas de 50 kilos y 1,5 millones de cartuchos. 

Para el funcionamiento de estos aviones, solicitamos 40 pilotos, 40 artilleros, 40 navegantes, 40 técnicos, 20 mecánicos, 15 especialistas en radiocomunicaciones, un ingeniero aeronáutico y un ingeniero especialista en armamento.

III.º 30 aviones de caza DE-6, con todas las piezas de recambio y equipamiento, 10 motores de repuesto y 15 motores de arranque, 2 millones de cartuchos, 10.000 bombas de 10 kilos, 2.500 bombas de 25 kilos, 2.000 bombas incendiarias de 50 kilos. 

Para los aviones, 30 pilotos, 30 artilleros, 30 técnicos, 30 especialistas en armamento, un ingeniero de armamento, un técnico aeronáutico y diez mecánicos.

IV.º 16 bombarderos pesados, con motores y todas las piezas de recambio, así como una tripulación completa de pilotos y artilleros para vuelos nocturnos, además de especialistas en armamento».

En total, se realizaron seis envíos de armas, junto con la tecnología y el personal correspondiente.

La bibliografía recoge un total de 71 viajes marítimos.

La última, la sexta serie, tuvo lugar entre el 15 de diciembre de 1938 y el 15 de febrero de 1939.

Este envío se preparó y se despachó desde el puerto de Murmansk con destino a Francia. Sin embargo, debido a la evolución de la situación política, ya no pudo llegar a la República Española. El 13 de junio de 1938, de forma inesperada, a raíz de las tenaces objeciones de Chamberlain, se suspendieron los transportes ferroviarios y por carretera desde Francia hacia España. 

La frontera permaneció cerrada durante unos seis meses. En dos ocasiones, el ministro de Asuntos Exteriores, Julio Álvarez del Vayo, viajó a París e instó al primer ministro y ministro de Defensa, Édouard Daladier, a que abriera la frontera de los Pirineos.

El 11 de noviembre de 1938, antes de la batalla de Cataluña, el jefe del Gobierno español, Juan Negrín, escribió a Stalin una carta en la que le rogaba encarecidamente que enviara armas a gran escala, lo antes posible, para poder terminar la guerra con victoria. 

A finales de noviembre, Ignacio Hidalgo Cisneros fue enviado urgentemente a Moscú con una carta de Negrín. Cisneros recuerda: 

«... al llegar a Moscú, ese mismo día visité al ministro de Defensa soviético, el mariscal Voroshilov, y le entregué la carta de Negrín... Me sentí muy avergonzado cuando empezaron a examinar las cifras de nuestro pedido.

Me parecieron astronómicas e irreales. Sin embargo, observé con asombro y alegría que Stalin se mostró muy favorable ante esas cifras. Solo Voroshilov bromeó: «¿El camarada Cisneros quiere dejarnos sin armas?». 

Y, al mismo tiempo, su rostro expresaba benevolencia. El debate sobre las listas concluyó con su pleno respaldo. Apenas podía creer lo que estaba pasando, no podía creer que todo se hubiera resuelto con tanta facilidad».

Y todo esto teniendo en cuenta que estas entregas se hicieron a expensas de la URSS, que en diciembre de 1938 concedió a España otro préstamo de unos 100 millones de dólares.

Cisneros recuerda: 

«Las armas iban cargadas en siete barcos soviéticos que habían atracado en puertos franceses. Los dos primeros barcos llegaron a Burdeos cuando nuestro ejército aún tenía tiempo suficiente para utilizar el material suministrado. Pero el Gobierno francés ideó diversos pretextos para retrasar su transporte a través de Francia. Cuando las armas llegaron por fin a Cataluña, ya era demasiado tarde. No teníamos aeródromos donde se pudiera llevar a cabo el montaje de los aviones, ni territorios para defendernos.

Si el Gobierno de Francia hubiera permitido, inmediatamente tras la llegada de los buques soviéticos, el traslado de las armas a la República, el destino de Cataluña podría haber sido otro. Si hubiéramos podido disponer de ese armamento, habríamos tenido la posibilidad de resistir unos meses más. Y, teniendo en cuenta la situación que se estaba desarrollando en Europa, ello habría supuesto el fracaso de la funesta materialización de los planes fascistas».

Tras la Conferencia de Múnich, todos los analistas militares de París pronosticaron la victoria de Franco. El 6 de diciembre de 1938, Alemania y Francia firmaron una declaración de amistad.

El representante temporal de la URSS en España, S. G. Martschenkov, comunicó en un telegrama del 3 de febrero de 1939 al Comisariado del Pueblo para Asuntos Exteriores de la URSS, que una parte significativa de las armas suministradas, había caído en manos de los franquistas, y que no recomendaba realizar más envíos.

El 27 de febrero de 1939, los dirigentes británicos reconocieron al régimen de Franco como el único y legítimo Gobierno nacional de España. A los británicos les siguieron otros países del mundo.

La URSS y México constituyeron una excepción.

La grave derrota que había sufrido la República Española, se reflejó de forma inmediata en el ámbito diplomático, en el equilibrio de fuerzas y otorgó al bando franquista una ventaja significativa, tanto en el ámbito militar como en el político.

De hecho, esto supuso el fin de la República. 176 voluntarios soviéticos descansan para siempre en suelo español


Más información en: 

www.spanishsky.dk/sowjetische-hilfe-spanische-republik


La descarga de un barco, los estibadores con sus cabezas cubiertas con una gorra de alquitrán, apilan las mercancías en los muelles del puerto de Amberes. Grabado de X.Mellery, para ilustrar la historia de Bélgica, por Camille Lemonnier, publicado en el To de Xavier Mellery

El Puerto de Hamburgo pasó a llamarse Puerto de Franco

Por Reinhardt Silbermann, traducido del ruso por Marina Svetlova. (31.7.2026)

En el periodo entre las dos guerras mundiales, Hamburgo fue el centro del comercio internacional armas.

Uno de los periódicos de los emigrados alemanes, publicado en París, llamaba al puerto de Hamburgo "el principal puerto de Franco".

Durante la Guerra Civil Española se enviaron desde Hamburgo los siguientes cargamentos:

- más de 124.000 (124.749) toneladas de material militar, entre ellas aviones, tanques, combustible y municiones.

- 1.078 vehículos.

- 16.746 soldados.

El 31 de julio de 1936, los pilotos de la legión «Condor» llegaron a la estación central de Hamburgo, haciéndose pasar por empleados de la agencia de viajes «Union», para partir hacia España.

Al frente de este grupo, se encontraba un hombre que más tarde se convertiría en el asesino de refugiados indefensos y de civiles de las ciudades de Madrid, Barcelona y Guernica: el primer teniente de las Fuerzas Aéreas, Hannes Trautloff.

(Posteriormente, este asesino hizo carrera en las fuerzas armadas de Alemania Occidental, y llegó a alcanzar el rango de teniente general.)

A última hora de la tarde, aquellos que más tarde se convertirían en verdugos en Guernica, llegaron al transatlántico de la línea marítima alemana con destino a África, llamado «Usaramo».

A través del Sindicato Internacional de Estibadores, el Gobierno republicano de Madrid fue informado de que el barco «Usaramo» estaba en ruta, dirigiéndose hacia allí con armamento y personal a bordo para prestar apoyo a Franco.

El crucero «Jaime I» recibió desde Madrid la orden de interceptar al «Usaramo». Sin embargo, llegó una hora más tarde y, para entonces, el buque alemán ya había entrado en la bahía de Cádiz, que estaba protegida por baterías costeras fascistas.

Bajo el título «El puerto de Franco en Hamburgo: honor y gloria para los marineros de Hamburgo», el 11 de julio de 1937 se publicó en el periódico de la diáspora «Deutsche Volkszeitung» un artículo sobre este transporte de armas.

Las empresas y compañías navieras de Hamburgo mencionadas en este artículo, que obtenían beneficios del transporte de armas, siguen operando en parte hasta la fecha y se consideran «respetados empresarios» de esta ciudad.

Entre ellas se encontraban la compañía naviera «Sloman», la OPDR (Oldenburg-Portugiesische Dampfschiffs-Reederei), «Lloyd» (hoy «Hapag-Lloyd»), «Wörmann», «Rode», «Norderwerft» (en este astillero se equipaban con cañones los barcos pesqueros de vapor), etc.

El artículo periodístico explica además que, además de los buques alemanes, también se fletaban buques extranjeros, por ejemplo, de Suecia y Dinamarca. En otros casos, navegaban bajo pabellón extranjero, por ejemplo, de Perú o Panamá.

Los marineros alemanes se negaron en parte, a hacerse a la mar en estos buques y dimitieron de su servicio.

Por la noche, la Gestapo detuvo por la fuerza a los marineros en sus hogares, y los llevó a bordo de un buque cargado de armas de la compañía naviera OPDR.

El Comité Proletario de Estibadores, supervisó las actividades de los nazis y descubrió que, entre enero y marzo de 1937, se habían cargado al menos 80 millones de cartuchos para fusiles y ametralladoras.

Dio la casualidad de que se oyó un estruendo de cajas en el muelle. Los estibadores dejaron caer «por accidente», al parecer, una caja apilable inofensiva. La caja se rompió, y su contenido quedó a la vista: en el muelle yacían... bombas y munición.

A menudo, los estibadores arrojaban por la borda cajas con armas, gritando «para Teddy» («Teddy» era el nombre en clave de Ernst Thälmann, participante en el levantamiento de Hamburgo).

Los transportistas y marineros de Hamburgo, así como la Federación Internacional de Transportistas, mantuvieron estrechos vínculos durante la Guerra Civil Española, que se fortalecieron, gracias a la participación de miembros de la antigua Unión Internacional Comunista de Marineros y Transportistas (ISH).

Ya a finales del verano de 1936, los estibadores de Hamburgo organizaron una acción de contrapropaganda, cuando desde el puerto de Hamburgo se cargaban envíos militares, camuflados como mercancías comerciales, para su envío a la España franquista.

Mediante pequeños folletos con lemas como: 

«¡No a las armas para Franco!», 

«¡Viva la lucha por la libertad del pueblo español!», 

«¡Abajo Hitler y Franco!», 

los estibadores hacían un llamamiento a la solidaridad con el pueblo español en los astilleros y los barcos, en los almacenes y en las empresas.

Las consignas con el mismo contenido, pintadas durante la noche en los talleres, y en los muelles del puerto, pudieron ser leídas por miles de estibadores al cambiar de turno.

Por todo el puerto había informantes de la Gestapo.

Pero los estibadores tenían su propio lenguaje secreto, que utilizaban cuando veían a los informantes en los muelles:

Se trataba del «Kesselkloppersprache» («Kesselkloppersprache» (bajo alemán), en alemán coloquial significaba «Kesselklopfersprache» (lengua de los caldereros), se trata de un dialecto alemán propio. Y una lengua jocosa, surgida a mediados del siglo XIX, y ampliamente utilizada por los estibadores en el puerto de Hamburgo, y en el barrio de San Pauli.

De los documentos de la Resistencia de Hamburgo:

«En los lugares de trabajo, crece constantemente la solidaridad con la lucha española por la libertad. En varias fábricas del norte de Alemania, se están recaudando fondos mediante donativos. Por ejemplo, tras la boda de uno de los trabajadores de la fábrica, se recauda una cantidad equivalente a la ayuda semanal para la alimentación. Sin embargo, en realidad estos fondos se destinan al fondo «Ayuda a la España republicana».

La cuestión no se limita a la recaudación de fondos. A medida que los envíos de armas desde Hamburgo a España adquieren un carácter cada vez más masivo, se crea en el puerto un comité secreto de seguimiento y rendición de cuentas, formado por estibadores de Hamburgo, que organiza un «servicio de alerta» en el que participan diversas unidades del puerto. La información precisa sobre los buques que zarpan, cargados de armas y municiones, se da a conocer en repetidas ocasiones a la opinión pública...

En el transcurso de esta campaña, los marineros alemanes se niegan a transportar cargamentos de armas y municiones. Afirman que, en esta ruta, sus vidas corren un peligro constante . En el vapor «Henrika» y en otros buques, los marineros dimitieron por iniciativa propia, pues no deseaban transportar soldados, aviones y armas de Franco...»

A medida que llegaba la información, —por ejemplo, sobre los envíos secretos de armas en el puerto de Hamburgo— se transmitía rápidamente a España, a través de la emisora de radio libre alemana 29.8.

La señal de la emisora se captaba con claridad en Alemania, lo que queda confirmado por la correspondencia de los grupos sindicales clandestinos en Alemania, a través de las representaciones sindicales en el extranjero.

El sindicato comunista francés CGT, abrió en París una representación para la transmisión de noticias. A los mensajeros, se les encargaba entregar la información recopilada por activistas clandestinos, —por ejemplo, sobre el transporte de armas y tropas desde los aeródromos alemanes y desde el puerto de Hamburgo—, a través de la «frontera verde» hasta París.

Era de vital importancia que la información fuera actualizada, para que pudiera difundirse de inmediato en Alemania a través de emisoras de radio de onda corta.

A pesar de la amenaza de una pena de cinco años de prisión por sintonizar esta emisora, tenía una gran audiencia en Alemania.

Incluso tras el fin de la Guerra Civil española, la lucha antifascista continuó en el puerto de Hamburgo. Inmediatamente tras la liberación, en 1945, se fundó un sindicato socialista, cuyo número de afiliados creció rápidamente hasta alcanzar los 50.000 obreros.

Poco después, la administración militar británica lo prohibió. Más de 130 estibadores y marineros de Hamburgo fueron asesinados por los nazis.

17 de julio de 2026

EL CAMINO DEL INTERNACIONALISTA

Por Andréi Petrusha. Traducción y notas añadidas Nestor Guadaño

Alfonso García Martínez nació en 1915 en Segovia. Sus padres eran trabajadores del campo. Estudió en una escuela primaria gratuita. Tras la muerte de su padre en 1922, se vio obligado a trabajar como jornalero. Años después, se trasladó a la ciudad, trabajó como camarero en una cafetería, intentando estudiar en su tiempo libre. A mediados de los años 30 se afilió al sindicato de trabajadores de hostelería, participando en diversas huelgas. 

En diciembre de 1936 se afilió al Partido Comunista de España. Pocos meses después del inicio de la rebelión fascista, comenzó a combatir. Estuvo en el frente de Madrid hasta enero de 1937. Posteriormente, como parte de la primera promoción, fue enviado a una escuela especial de aviación en la URSS.

Alfonso García Martínez regresó a su patria como piloto de bombardero. Participó en combates aéreos contra los golpistas fascistas. En una de esas batallas no tuvo suerte. Pilotando un Tupolev SB-2 “Katiuska”, regresaba de una misión, cuando de repente, surgieron de entre las nubes seis cazas alemanes Me109 de la Legión Cóndor, nazi. Su radio fue destruida y su navegante cayó herido.  El piloto español no tenía ninguna posibilidad. Pero entonces, de entre las nubes, surgió un caza Polikarpov I-16 “Mosca”. Solo contra seis, se lanzó audazmente al ataque. Se movía de un caza enemigo a otro, manteniéndolos ocupados en combate y ahuyentando a los «buitres» con ráfagas de fuego desde el avión republicano. Consiguió derribar un «Messerschmitt». Los demás se centraron en él, lo que le dio al bombardero la oportunidad de escapar.

El aterrizaje de la aeronave dañada fue un fracaso. Alfonso se golpeó y perdió el conocimiento. Su memoria conservó la imagen, de que el avión de su salvador había sido derribado por un «Messerschmitt 109», en cuyo fuselaje aparecía dibujada una serpiente.

Cuando recuperó el conocimiento, lo primero que preguntó fue:

—¿Ha regresado el caza?

—No —le respondieron—. Ha fallecido...

—¿Quién es?

—Un piloto soviético, el capitán Guerásimov.

– ¡Y yo que decía siempre que quien me derribase a mí aún no había nacido!

Un compañero intento consolarlo:

– ¡Hombre, no te quejes! Porque si llevaba pintada una culebra, eso quiere decir que te has enfrentado con un as. Tú ya sabes que eso de pintarrajear bicharracos en los aparatos es un privilegio de marca entre los nazis.

Con muchas horas de vuelo, el joven piloto fue enviado de nuevo a la URSS, en agosto de 1938. Su grupo, en el que se encontraban los tenientes Sepúlveda, Orozco, Díaz, Llorente, Rómulo Negrín y el capitán Morquilla, fue para terminar el curso de la Escuela Superior de Oficiales de Aviación, cuando llegó la terrible noticia: «La República ha perdido la guerra,». 

Muchos comunistas y antifascistas españoles, que combatieron en la Guerra Nacional Revolucionaria española aprendieron de forma muy cruel, como actuaban los militares golpistas y reaccionarios. Cómo se ensañaban con la población civil, y el odio hacia los fascistas y nazis, hizo que la mayoría de pilotos no quisieran volver a un país con una dictadura filofascista.

Encontraron en la Unión Soviética, donde su sentido de la defensa de los valores republicanos, de libertad y democracia tenían vigencia. A la vez que defendían el País de los Soviets, fueron nutriéndose de la cultura revolucionaria construida por los trabajadores. Después de recibir los diplomas de oficiales pilotos de combate, profesionales, escogieron diversos destinos laborales. Con el tiempo también, defendieron los valores de la clase obrera y del comunismo.

Menos Negrín que marchó a México a reunirse con su familia, todos los pilotos permanecieron en la URSS. Alfonso solicitó la nacionalidad soviética y se puso de nombre de su valeroso salvador, Alexandr Ivánovich Guerásimov, incorporándose en la aviación civil como instructor y profesor de vuelo, viviendo en el pueblo de Sadovoye, en la región de Vorónezh..

En unos pocos años, estos españoles vieron que la historia se repetía cuando los nazis invadieron la URSS. Por su experiencia se alistaron en el Ejército Rojo, y tras muchas peticiones ingresaron. Muchos de ellos dieron sus vidas por proteger a la Unión Soviética.

En febrero de 1942 volvió al combate en el frente de Vorónezh, pilotando el cazabombardero de picado IL-2 (Sturmovík, avión de asalto), que los alemanes llamaban «la muerte negra». Allí fue donde, un día, con el avión en llamas, aterrizó a tres kilómetros de la línea de fuego, en territorio enemigo. Después de actuar en el frente central, participaría en las batallas de Stalingrado y de Oriol-Kursk, donde tuvo lugar una de las mayores batallas de blindados de las guerras modernas y que le sirvió para revivir un recuerdo que no le abandonó nunca. 

¿En aquella terrible batalla, qué habría visto Alfonso en aquel Messer para atacarlo con tanta saña, exponiéndose a ser abatido por la mayor capacidad de maniobra y rapidez del caza alemán? Esto es, sin duda, lo que se preguntaría el teniente Kémenski, cuando se lanzó a proteger a su camarada.


– ¡Dejádmelo a mí! ¡Ese es para mí! ¡Dejádmelo!. Gritaba Alfonso por la radio.

Unos segundos después, el caza alemán caía ardiendo como una antorcha. El español ganó el combate en una acción que puede calificarse de suicida, y fue eso lo que debió sorprender y paralizar al aguerrido piloto alemán, lo que provocó su derrota. Porque, por otro lado, aquello era una acción imprevisible tanto para un piloto alemán como para un piloto soviético.

– ¡Ya me las pagó!. Repetía Alfonso camino de la base, como si acabará de escapar de una pesadilla.

– Era el mismo, lo reconocí en seguida. Dijo a sus compañeros nada más tomar tierra.

El que se seguía desconcertado era el teniente Kémenski:

– Pero, ¿qué es eso de que era el mismo?. Preguntó el piloto soviético.

– El mismo que me derribó en España, hombre. El de la culebra. Os lo he contado mil veces.

Y Kémenski confirmó lo dicho por Alfonso.

– Es verdad que ese Messer llevaba una culebra pintada… se la vi perfectamente cuando entró en barrena.

Al frente de una escuadrilla de aviones de ataque Il-2, el teniente primero Guerásimov combatió en los cielos de Stalingrado y Járkov, en el saliente de Kursk y sobre Jítomir. En 1943, Alexandr Guerásimov se afilió al Partido Comunista de la Unión Soviética (bolchevique).

Así siguió ya como comandante de escuadrilla, y el 15 de noviembre de 1943, Guerásimov, al frente de la 208 Regimiento de Ataque Aéreo, participó en un combate contra una concentración de material militar y efectivos enemigos en la zona de Bila Tserkva. Allí salvó al joven piloto Amelin, en una situación similar a aquella en la que él mismo había sido salvado por Guerásimov en la lejana España.

En la operación de Korsun-Shevchenkivskyi, al mando de una escuadrilla de aviación de asalto, destruyó en vuelos rasantes a numerosos blindados alemanes y fuerzas de infantería fascista.

Posteriormente Alfonso García llamado“Serafimov” participaría en las batallas de Kiev, Lvov, Budapest y Cracovia. Efectuó su último combate en Praga.


Cumplió 105 misiones en España, más 119 en la URSS y alcanzó el grado de teniente coronel. Como as piloto soviético, en los combates había derribado en combate directo a 5 aviones, 50 aparatos destruidos en aeródromos, así como 4 convoyes fascistas y 80 tanques. Recibió siete altas condecoraciones, entre ellas la Orden de Alexander Nevski y dos Órdenes de la Guerra Patria, de primer y segundo grado, dos Órdenes de la Bandera Roja, y las medallas «Por el valor» y «Por la victoria sobre Alemania en la Gran Guerra Patria de 1941-1945». También fue condecorado por el Gobierno Checoslovaco, con la Cruz Chekoslovaka.

Con motivo de su actuación en la Gran Guerra Patria, en varias ocasiones fue motivo de protagonismo en los periódicos rusos, como el caso del periódico moscovita “Zashitnik Otechestva” (El Defensor de la Patria), en el que el día 18 de enero de 1943 se podía leer esto: “Pongamos en tensión todas nuestras fuerzas, utilicemos nuestra gran experiencia de combate y derrotemos por doquier al enemigo, como lo hacen los pilotos de asalto del capitán Alexandr Guerásimov”.

No fue esta la primera vez ni tampoco la última, en que los periódicos del frente y la prensa de Moscú citasen, para elogio y ejemplo, el nombre del capitán aviador Alexandr Seráfimov.

Según nos pudo informar Clara Rosen (interprete rusa para los pilotos españoles y esposa del también piloto de IL-2, Celestino Martínez), Alfonso Martínez “Seráfimov” fue una persona más bien introvertida en su carácter, hecho que contrasta enormemente con su actividad en combate. Obtuvo la notoria Orden de Alexander Nevski (la cual sólo se concedía a los Comandantes que actuaron en los frentes).

Alfonso después de la guerra trabajó en un Koljoz (granja colectiva) en Tula al sur de Moscú, y allí se caso con una campesina, teniendo 6 hijos. Hecho también curioso, pues teniendo en cuenta su valía y experiencia, además de su posición militar, podría haber optado por un puesto de instructor en una Academia Militar. En 1963 en Moscú en un acto de encuentro de pilotos combatientes se encontró con otros pilotos y con Clara Rosen. Posteriormente, falleció pero no podemos constatar la fecha exacta, ya que no regreso a España.

En la posguerra, Alexandr Ivánovich Guerásimov vivió y trabajó en empresas de la región de Vorónezh. Él y su esposa, María Efímovna, tuvieron seis hijos. Por su labor en la industria, ya había recibido una condecoración «en tiempos de paz»: la Orden «Insignia de Honor». Alexandr Ivánovich Guerásimov —García Martínez— falleció y fue enterrado en la ciudad de Lipetsk en 1989.

Según nos ha informado Evgueni Federiakin, uno de los historiadores de guerra que más ha seguido la increíble historia de Alfonso García Martínez, entrevistó a su nieta:

"Irina me ha contado que el piloto que lo salvó, Alexandr Guerásimov, sobrevivió a la batalla que el describió. Y García se reunió con él veinte años después de la guerra. Estaba buscando a sus familiares, los encontró, ¡y fue el propio Guerásimov quien acudió al encuentro! Es una historia increíble, digna de una película". Además, la nieta me dijo que hubo una película, de ficción, en la que García-Guerásimov es el modelo en el que se basa uno de los personajes. Pero no recuerda cómo se llama la película ni cuándo se estrenó.


Enlaces consultados:

- Alfonso García Martínez «Seráfimov», piloto en la guerra contra el fascismo, y luego contra el nazismo. 105 misiones en España, 115 en la URSS.