
Por Ján Bronis. Publicado en la página СТАЛИН - НАШЕ ЗНАМЯ! / STALIN - our Banner! (¡STALIN - NUESTRO ESTANDARTE!)
Recordando aquel 23 al 25 de octubre de 1941.
Cuando la Alemania de Adolf Hitler invadió la URSS, en 1941 el Ejército Rojo y las milicias de la población de Odesa opusieron una feroz resistencia a la invasión. Mantuvieron el asedio a la ciudad durante 73 días. El Comité Estatal de Defensa decidió honrar a Odesa nombrándola “Ciudad Heroica”. Fue de hecho, la primera ciudad soviética en ser ocupada por tropas alemanas, aunque también por sus aliados rumanos. Las represalias posteriores a la ocupación, podemos llamarlas como una orgía de sangre.
El 22 de octubre de 1941, el edificio donde antes estaba la NKVD de la calle Marazlievskaya, en el que, tras la ocupación de la ciudad, se habían instalado la comandancia militar rumana y el cuartel general de la 10.ª División de Infantería rumana, se produjo una tremenda explosión de una mina teledirigida, colocada allí por los zapadores del Ejército Rojo antes incluso de que la ciudad se rindiera. Como consecuencia de la potente explosión, el edificio se derrumbó parcialmente.
Bajo los escombros murieron 67 personas, entre ellas 16 oficiales, entre los que se encontraba el comandante rumano de la ciudad, el general Ion Glogožanu. La responsabilidad de la explosión se atribuyó a los judíos y a los comunistas.
El grupo de operaciones alemán «D», que llegó a Odesa, llevó a cabo una operación para exterminar a unos 5.000 rehenes, de todas las etnias que habitaban la ciudad incluidos judíos. A lo largo de toda la calle Marazlievska, los ocupantes irrumpían en los pisos de los habitantes de Odesa, disparaba a quemarropa allí mismo, o ahorcaban a todos los residentes que encontraban, sin excepción. Se llevaron a cabo redadas en las calles y mercados de la ciudad, así como en los suburbios. A las personas que aún no sabían nada del atentado, las fusilaban allí mismo, junto a las paredes de las casas o las vallas.
En Bolshói Fontán fueron capturados y fusilados unos cien hombres. En Slobodka, en las inmediaciones del mercado, se ahorcó a unas doscientas personas. En Moldavanka, Blizhni y Dalni Melnitsy, se ejecutó a 251 residentes, y en la avenida Aleksandrovskaya se ahorcó a unos cuatrocientos ciudadanos. Las columnas de rehenes capturados eran conducidas hacia la carretera de Lustdorf, en la zona de los ya mencionados depósitos de artillería, donde eran fusilados o quemados vivos. Tras la guerra, se encontraron más de 22.000 cadáveres en fosas comunes.
El 23 de octubre de 1941 se emitió una orden, en la que se ordenaba a todos los judíos, bajo amenaza de ser fusilados en el acto, que se presentaran el 24 de octubre en el pueblo de Dalnik. En la tarde del 24 de octubre, unos 5.000 judíos fueron reunidos en el puesto fronterizo de Dalnik. Las primeras 50 personas fueron conducidas hasta la zanja antitanque y fusiladas personalmente por el comandante del 10.º batallón de ametralladoras, el teniente coronel Nicolae Delianu. Para acelerar el proceso de exterminio, los judíos fueron conducidos a cuatro barracones, en los que se habían practicado aberturas para ametralladoras y cuyo suelo había sido rociado previamente con gasolina. Las personas que se encontraban en dos de los barracones fueron fusiladas con ametralladoras ese mismo día, y los barracones fueron incendiados. Al día siguiente fueron fusilados los detenidos que se encontraban en los dos barracones restantes, y uno de ellos fue bombardeado con granadas.
Mientras tanto, a los judíos que no formaban parte del primer grupo, que ya había llegado a Dalnik, se les comunicó que estaban indultados. Los enviaron a diversas comandancias y comisarías para su registro, donde los retuvieron durante distintos periodos de tiempo. Cuando finalmente los dejaron en libertad, se encontraron con que sus casas estaban ocupadas y sus bienes saqueados. De este modo, ya durante la primera semana de presencia rumana en Odesa, la ciudad perdió alrededor del 10 por ciento de sus habitantes. El censo realizado por la administración rumana a finales de 1941 reveló que en Odesa había unos 60.000 judíos. En esta cifra se incluía también a aquellas personas que tuvieran tan solo un antepasado judío, ya fuera por línea paterna o materna. Los judíos estaban obligados a llevar una insignia distintiva especial en el pecho: un hexágono amarillo sobre fondo negro.
La administración rumana tomó medidas para apoderarse de los bienes de las futuras víctimas. A mediados de noviembre se emitió una orden por la que se obligaba a las personas de origen judío a declarar voluntariamente, al registrarse ante el Mando Militar o ante los funcionarios de policía, todos los objetos de valor, piedras preciosas y metales que tuvieran en su poder. El fin de la presencia judía en Odesa se produjo el 7 de noviembre de 1941, cuando se promulgó una orden que obligaba a todos los hombres judíos de entre 18 y 50 años a presentarse en la cárcel municipal. A partir de ese día, toda la población judía de la ciudad fue enviada en grupos a diversos campos de concentración instalados por los rumanos en zonas rurales, sobre todo en el pueblo de Bogdanovka. Más tarde se estableció un gueto en la propia Odesa. A mediados de diciembre se habían reunido en Bogdanovka unos 55.000 judíos.
El 15 de enero de 1942, todos ellos fueron fusilados por un destacamento de la Einsatzgruppe de las SS, soldados rumanos, policías ucranianos y colonos alemanes locales...
Un mes después se organizó una marcha de la muerte de 10.000 judíos hacia tres campos de concentración en Golta. En enero de 1942, entre 35.000 y 40.000 de los judíos que quedaban en Odesa fueron trasladados al gueto, creado el 10 de enero de 1942 en Slobodka. Los deportados se encontraban en condiciones de increíble hacinamiento, no había alojamiento suficiente para todos y la gente pasaba el invierno a la intemperie, lo que provocó una mortalidad masiva por hipotermia. Desde el gueto fueron deportados a campos de concentración rurales. Para el 20 de febrero de 1942, los 19.582 judíos que quedaban fueron deportados al distrito de Berezovsk, en la región de Odesa. Los transportaban en vagones sin calefacción; muchos perecieron durante el trayecto. En Berezovka se formaban grupos que partían a pie hacia Sirotskoe, Domanyovka, Bogdanovka, Goltu y otros campos de concentración. Muchas personas, sin llegar a su destino, morían de hambre y de frío por el camino.
La escolta, formada por soldados rumanos y colonos alemanes, llevaba a cabo fusilamientos masivos de judíos durante el trayecto. A los 18 meses, prácticamente todos los prisioneros de Golta habían fallecido. Los judíos que fueron enviados a trabajar a los pueblos se encontraban en mejor situación, aproximadamente la mitad de ellos sobrevivió a la ocupación. Unos 600 habitantes de Odesa que se encontraban en estos guetos sobrevivieron hasta la liberación. Varios cientos de judíos que se ocultaban en la propia Odesa también sobrevivieron. En total, durante la ocupación, fueron asesinados o fallecieron por las condiciones de vida en la ciudad 82.000 habitantes, y 78.000 personas fueron deportadas a trabajos forzados en Alemania.
¿Qué hicieron los rumanos aliados con los nazis?
Ambicionaban, sobre todo, el territorio conquistado. La monarquía de Carol II había pasado de ser antibelicista a colaboracionista nazi. Primero fue neutral, decisión que la dejó aislada del continente cuando las tropas victoriosas de Adolf Hitler se apoderaron de Francia y de parte del oeste europeo. Francia siempre fue un espejo en el que se miró Rumania.
Sus socios nazis saquearon de todos los territorios ocupados cuanto podían. Tras el pacto de no agresión de 1939 entre nazis y soviéticos, éstos se anexionaron Besarabia y Bukovina, Hungría se apoderó de Transilvania, y Bulgaria hizo suya Dobrudja.
Carol II tuvo que abdicar, se veía impotente ante el avance del fascismo en su propio país. Y dejó la corona en manos de su joven hijo, Miguel I, quien nombró un gobierno pro alemán y al frente de ese gobierno a un personaje siniestro de esta historia, Ion Antonescu, que, al terminar la guerra, terminó fusilado en los cerros de un descampado, atado a un poste. Pero antes, realizó insólitos crímenes contra la humanidad.
Antonescu creó un “Estado legionario”, entronizó a un movimiento fascista llamado “Guardia de Hierro”, que tuvo su homónimo en Argentina, y acaso lo conserve todavía, y encaró la toma de todas las empresas en manos extranjeras. Por cierto, lo hizo a su modo. Ni bien anunciada las hostilidades contra Gran Bretaña, los hombres de Guardia de Hierro entraron en las instalaciones de las empresas petroleras británicas, y asesinaron a golpes de maza a todos los trabajadores de nacionalidad inglesa.
De inmediato empezó también la persecución y matanza de ciudadanos judíos, pues en Rumanía había un numeroso grupo de personas que profesaban esa religión.
El 25 de septiembre de 1940, la Guardia de Hierro descubrió la tumba de su fundador, Corneliu Zelea Codreanu, que había sido ejecutado por el rey Carol II en 1937. Desataron entonces una masacre en la cárcel de Jilava, donde estaban presos funcionarios del régimen anterior, y asesinaron a 64 detenidos. Enemigos declarados del rey Miguel I, iniciaron una rebelión llamada “Revolución Legionaria” que se enfrentó a las órdenes dadas al ejército rumano para mantener la seguridad de las calles, atacando a los judíos. En Bucarest fueron asaltados negocios y sinagogas, como un remedo de la “Noche de los Cristales” de Berlín, en noviembre de 1938. Muchos judíos fueron asesinados en las calles y un grupo fue llevado a un matadero, colgando a muchos, de los ganchos reservados a los animales, asesinados junto a un cartel que decía: “Carne kosher”. El hecho, conocido como el “Matadero de Bucarest”, costó la vida a 125 judíos y la quema de 1.200 negocios.
La “Revolución Legionaria” terminó aplastada por los tanques del ejército rumano, y Antonescu robusteció la monarquía, pero no dejó de lado su obsesión. En la cárcel de Jilava, 693 ciudadanos judíos fueron encerrados, torturados y matados en las mazmorras, y en el patio de la prisión. Tal fue la ferocidad de la matanza, que provocó una enérgica queja enviada a Berlín del nazi Manfred von Killinger, lo que es decir mucho.
Todo cambió, particularmente, cuando los nazis invadieron la Unión Soviética. Los antes aliados soviéticos eran ahora enemigos. Y los amigos de los amigos eran enemigos de los antes amigos.
La aviación soviética bombardeó la ciudad de Iasi, en Moldavia, y los rumanos culparon a una supuesta “quinta columna judía” a la que acusaron de conspirar en secreto con Stalin, por lo que, el 27 de junio de 1941, a seis días de la invasión alemana a la URSS, 1.500 judíos fueron linchados, o matados a garrotazos en las calles de Iasi.
Y al día siguiente, otros 1.400 ciudadanos judíos fueron encerrados en vagones herméticos y dejados morir por asfixia, la misma suerte que corrieron días después otros 1.200 judíos. Sólo la Cruz Roja logró frenar la matanza días más tarde, cuando ya los judíos moldavos muertos a manos rumanas llegaban a 13.226.
La matanza de población hebrea no disminuyó, pues 19 mil judíos fueron encerrados en nueve bodegas de pólvora del puerto, siendo allí ametrallados, y luego los edificios fueron incendiados. Los que quedaron heridos, o quienes no habían sido alcanzados por las balas, murieron quemados. Unos pocos, que sobrevivieron, fueron llevados a la gran prisión de Odesa.
Odesa, ciudad heroica y.... martir.
El ejército rumano invadió la ciudad ucraniana de Odesa el 16 de octubre de 1941: de inmediato, 8.000 habitantes fueron acusados de comunistas, llevándoles a las playas donde fueron asesinados y arrojados al mar. La matanza estuvo a cargo del Einsatzkommand 11b alemán y una agrupación del servicio secreto Rumano al mando del coronel Ioan Lissievici.
Los Einsatzkommand eran grupos móviles de asesinos de las SS, la Gestapo y la Wehrmacht, encargados de asesinar a comunistas, comisarios, gitanos, homosexuales y colaboradores del NKVD soviético, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos. Se les adjudica a los Einsatzkommand millones de ejecuciones en el este europeo, fuerza de choque en el intento de exterminio total de los grupos contrarios al régimen nazi.
Luego de ocupar Odesa y de asesinar a aquellas 8.000 personas, hubo un breve remanso de inactividad para los invasores, que llegaban después de un asedio de 73 días. Pero el 22 de octubre, cuando voló el edificio de la calle Marazlievskaya, los periódicos rumanos y alemanes culparon a los judíos y a los comunistas. Antonescu ordenó fusilar a doscientos comunistas por cada oficial muerto, y a otros 100 por cada soldado víctima de la explosión. La represalia que siguió fue terrible como antes relatamos.
Tras la matanza de Odesa, los rumanos siguieron con su política de eliminar a la población judía ahora en Transnitria, una provincia que había anexado a su territorio. A fines de 1941 y principios de 1942, la población judía de Transnitria y de las regiones históricas de Besarabia y Bukovina, había desaparecido casi por completo del mapa de Europa. Se calcula que las matanzas primero, las marchas de la muerte luego, las deportaciones y las epidemias, mataron a 300 mil personas.
La increíble resistencia del guerrilla soviética en Odesa.
Desde principios de julio hasta mediados de octubre de 1941, las unidades del Ejército Independiente de la Costa y las subunidades de la Flota del Mar Negro defendieron heroicamente Odesa, pero cada vez era más evidente que, tarde o temprano, tendrían que abandonar la ciudad en manos del enemigo. Sin embargo, la retirada de nuestras unidades regulares no tenía por qué significar el fin de la resistencia frente a los invasores alemanes y rumanos. Con este fin, gracias a los esfuerzos de los órganos de seguridad del Estado y del Comité Regional de Odesa, se crearon en la ciudad grupos clandestinos y unidades de guerrilleros.
Durante este periodo, las unidades de inteligencia, combate y sabotaje entrenadas por la NKVD fueron las que actuaron con mayor eficacia. En concreto en Odesa, se creó la organización clandestina dirigida por el capitán de la Seguridad del Estado V. A. Molodtsov.
El 19 de julio de 1941, el teniente de la Seguridad del Estado —lo que equivalía al rango de capitán del ejército— Molodtsov, al frente de un grupo de inteligencia y sabotaje formado por diez personas, al que se le había asignado el nombre en clave «Fuerte», llegó a Odesa. Ahora se llamaba Pavel Vladímirovich Badaev. El grupo tenía la misión de crear una red clandestina, y una base partisana en las catacumbas de Odesa y, en caso de que las tropas soviéticas se retiraran de la ciudad, permanecer en ella e iniciar operaciones de reconocimiento y sabotaje.
El 5 de agosto, la línea del frente se acercó mucho a Odesa. Mientras el 4.º Ejército rumano, con el apoyo de unidades alemanas, atacaba la ciudad, en las catacumbas se estaban creando bases partisanas. El destacamento de Molodtsov se instaló a una profundidad de entre 25 y 30 metros bajo las aldeas de los alrededores de las cuevas de Kuyalnik. Allí se habilitaron locales para el cuartel general, almacenes de provisiones para aproximadamente medio año, arsenales —con 7 ametralladoras, 60 fusiles, 200 granadas y hasta una tonelada de toluol—, y equipos de radio para comunicarse con Moscú.
En la noche del 5 de octubre de 1941, dos grupos (el destacamento de Molodtsov y el grupo del teniente de la Seguridad del Estado V. A. Kuznetsov), celebraron una reunión del Partido y del Komsomol antes de descender a las catacumbas para establecer una base. En realidad, tal y como atestigua el voluminoso expediente que se conservaba en el archivo del KGB de Odesa, hubo una ruidosa cena con abundante alcohol que terminó en una pelea entre los destacamentos de Moscú y de Odesa.
Al día siguiente, los agentes de la Cheká descendieron a las extensas catacumbas de Odesa, bajo el mando de Molodtsov (alias operativo «Pável Badaev»), creándose tres destacamentos partisanos. El primer grupo, bajo el mando del ingeniero de minas de Odesa y miembro del partido Afanasi Klimenko, compuesto por 33 combatientes voluntarios de la población local, debía permanecer constantemente en las catacumbas subterráneas de las afueras, y realizar periódicamente incursiones de combate en la superficie.
El segundo destacamento, también dirigido por un militante del partido, el antiguo presidente del consejo rural Antón Fedoróvich (alias operativo «Piotr Boiko»), estaba formado por varios grupos de combate y su infiltración en la ciudad. Su misión consistía en actuar directamente en la propia Odesa. Los combatientes de ambos destacamentos habían sido provistos con antelación de armas personales, y en la ciudad se habían habilitado almacenes secretos con armamento y explosivos en pisos clandestinos. Para garantizar el sustento del destacamento de Klimenko, se preparó una base especial en las catacumbas, donde se almacenaban diversos alimentos, suficientes para una estancia subterránea de entre 5 y 6 meses de entre 40 y 50 personas. Allí también se almacenaron 60 fusiles, 7 ametralladoras, unas 200 granadas, 40 000 cartuchos, 80 kg de explosivos, una estación de radio y una gran cantidad de ropa de abrigo.
El tercer destacamento, compuesto por 19 agentes de la Cheká, constituía el núcleo de la red de inteligencia y formaba un grupo de combate autónomo. Se instaló en una base independiente, provisionándole con abundantes insumos y equipamiento para medio año, calculados para dos docenas de personas. Nadie imaginaba que la ocupación se prolongaría tanto tiempo.
Cuando, el 16 de octubre, las tropas enemigas entraron en la ciudad, los miembros de la resistencia de Badaev iniciaron operaciones de reconocimiento y sabotaje.
Las catacumbas de los alrededores de Odesa, situadas en las proximidades de las localidades de Nerubaiskoe, Kuyalniki y Usatovo, formaban un único laberinto con gran cantidad de pasadizos internos y cientos de salidas al exterior, cuya distancia entre sí, a lo largo de los pasadizos de comunicación, alcanzaba los 15 km.
Era un lugar elegido para el acuartelamiento del destacamento partisano y la residencia idóneo, ya que la existencia de un gran número de salidas permitía establecer, sin ser detectados por la vigilancia exterior del enemigo, una comunicación regular con el grupo partisano que actuaba en la propia ciudad, y con los agentes allí destinados, así como para llevar a cabo actos de sabotaje en la línea ferroviaria y en las instalaciones industriales. Además, las catacumbas constituían un buen refugio en caso de enfrentamiento armado entre los partisanos y las unidades de represión del enemigo.
La unidad se dividía en una sección subterránea y otra terrestre. En las catacumbas se encontraba el puesto de mando de Badaev, donde estaban el jefe de la sección subterránea, Afanasi Klimenko, así como su adjunto, Yakov Vasin —que antes de la guerra había sido agente de la policía judicial de Odesa—, y la mayoría de los combatientes, que a menudo realizaban incursiones de combate en la superficie.
La unidad terrestre, denominada «urbana», estaba formada por cinco o seis grupos de reconocimiento, cada uno con entre seis y diez miembros, y disponía de sus propios pisos clandestinos.
Uno de esos grupos estaba dirigido por Nikolái Ivánovich Milan, quien, junto con su hermano Piotr, regentaba una peluquería que resultaba un lugar ideal para las reuniones clandestinas. Por cierto, durante los años de la guerra civil, Nikolái sirvió en la Cheká de Odesa y, en 1920, se infiltró en una organización de la Guardia Blanca haciéndose pasar por un oficial serbio. Al frente del destacamento estaba Piotr Ivanovich Boiko, que regentaba un taller de cerrajería. Bajo ese apellido se ocultaba el antiguo presidente del consejo rural de Nerubay, Antón Bronislavóvich Fedoróvich. Al igual que Milan, se le consideraba un antiguo agente de la Cheká, ya que a principios de los años veinte había servido como ayudante del comisionado en el departamento especial de la Cheká de Odesa.
En la red clandestina de Odesa, dirigida por Badaev, se incorporaron también funcionarios locales de los organismos de seguridad del Estado, tanto en activo como retirados. En el grupo de enlaces del comandante del destacamento se incluyó a Tamara Mezhigúrskaya, agente operativa de la 4.ª sección de la Dirección de Odesa, Piotr Bolonin, agente operativo de la sección de transporte de la NKVD de la estación de Gayvoronskaya, que se incorporó al servicio ferroviario. También formaban parte de la red los agentes de la Cheká Nikolái Shevchenko, jefe de una de las diez unidades del destacamento terrestre encargado de llevar a cabo «misiones especiales», y Pavel Shevchenko, encargado de mantener el contacto con los grupos clandestinos.
El contacto con las catacumbas lo mantenía la denominada «decena juvenil» del destacamento terrestre, formada por adolescentes de entre 16 y 17 años encabezados por Yákob Gordienko. En total, desde el inicio de la actividad clandestina en la residencia y los destacamentos de Molodtsov, hubieron entre 75 y 80 personas.
En aquella época operaban en la ciudad otros grupos partisanos y existía también una red paralela de la Cheká, pero, aun así, la fuerza principal la constituía el grupo de Molodtsov-Badaev.
La Siguranță (contrainteligencia rumana) sabía que en la Odesa ocupada seguía existiendo un potente foco de resistencia. En uno de sus documentos sobre la lucha contra el movimiento partisano se afirmaba: «El Gobierno soviético ha organizado y abastecido adecuadamente las acciones de los partisanos en los territorios perdidos. Los partisanos constituyen un ejército invisible de los comunistas en estos territorios y actúan con toda tenacidad, recurriendo a los métodos más sofisticados para cumplir las misiones para las que han sido enviados. En general, toda la población, unos de forma consciente y otros de forma inconsciente, colabora con las acciones de los partisanos».
En la primera quincena de noviembre de 1941, por orden de Molodtsov, los partisanos volaron la vía férrea entre las estaciones de Dachnaya y 2.ª Zastava. Como consecuencia, el tráfico ferroviario quedó interrumpido durante un día. A continuación, se voló la comandancia municipal, bajo cuyos escombros murieron unos 140 oficiales enemigos, entre ellos dos generales. Poco después se produjo la explosión de la presa del distrito de Jajibey y de varios almacenes militares. El 17 de noviembre, el grupo de Kuznetsov, en las inmediaciones de la estación de Zastava, hizo descarrilar un tren militar que transportaba municiones y efectivos del enemigo. De entre los escombros del tren destrozado, los rumanos sacaron unos 250 cadáveres de sus soldados y oficiales.
A continuación, los agentes de la Cheká moderaron su actividad, pues las fuerzas de represión los buscaban concienzudamente. En los tres primeros meses de 1941, las tropas de Badaev llevaron a cabo seis operaciones de combate. La unidad terrestre recopilaba datos sobre el despliegue de las unidades militares rumanas y alemanas, y de las instalaciones militares y, a través de sus enlaces, transmitía esta información a las catacumbas, desde donde se enviaba diariamente —por lo general, a las once y media de la noche— por radio al Centro.
Gracias a ello, la aviación soviética de largo alcance logró asestar golpes precisos contra una columna motorizada rumana y concentraciones de material bélico, además de destruir los depósitos de combustible situados cerca de Pervomaisk. Tanto los servicios de contrainteligencia alemanes, como los rumanos persiguieron durante mucho tiempo a esta emisora de radio, conocida como «corresponsal-12».
En uno de los informes decía: «La costa, en la zona de la localidad de Dofinovka, está rodeada por una valla de alambre», informaba Molodtsov a principios de febrero de 1942. «En la costa, junto a la localidad de Sychavka, se han instalado 30 cañones de largo alcance; en esa misma localidad se han acuartelado 200 artilleros alemanes. En la ciudad de Odesa, en el jardín Dyukovsky, se han instalado 18 cañones de 12 pulgadas. La costa, desde Kuzanovka hasta Lyustdorf, está fortificada con 102 cañones pesados, 320 morteros y ametralladoras. A lo largo de este mismo tramo se están construyendo búnkeres y terraplenes. 3.000 soldados rumanos se dirigieron a pie durante varios días hacia la ciudad de Nikolaev. Debido a las heladas de 22 grados, muchos soldados se quedaron rezagados y murieron de frío. Las unidades alemanas que pasaban por allí no prestaron ayuda a los soldados rumanos».
Al mismo tiempo, los miembros de la resistencia de Badaev tenían otra función, aunque no menos importante: difundir entre la población los comunicados de Sovinformburo y folletos contra el régimen de ocupación... Los partisanos que operaban en las catacumbas distraían la atención de miles de soldados, oficiales y policías rumanos y alemanes, obligados a vigilar varios cientos de accesos a las catacumbas en un radio de 40 kilómetros, desde Arcadia hasta el distrito de Jajibey.
En las primeras etapas, el trabajo de Molodtsov iba bien. El destacamento de Fedorovich se comportaba de forma bastante pasiva, por lo que la información sobre la ubicación de las instalaciones militares y la situación en la Odesa ocupada procedía principalmente de la red personal de agentes de Molodtsov: la sargento de seguridad del Estado Tamara Mezhigurskaya, agente operativa de la Dirección Regional del UNKVD, las odesitas del destacamento de Klimenko —Tamara Shestakova y Galina Ivanova—, así como los residentes locales que permanecían en la ciudad: Yakov Gordienko, Piotr Prodyško, Ksenia Bulavina y Evgenia Gul.
En enero de 1942, los policías rumanos detuvieron a Piotr Boiko, y decidió a colaborar con la Siguranță, tras lo cual fue puesto en libertad. También capturaron por sus delaciones a Afanasi Klimenko, quien tras terribles torturas, decidió colaborar con los nazis. El 8 de febrero de 1942 Molodtsov salió de las catacumbas junto con Tamara Mezhigurskaya, y no regresó. Unos días más tarde, el agente de la Cheká Serguéi Vinográdov partió en su búsqueda y, a través de sus informadores, averiguó que el 9 de febrero Molodtsov, Mezhegurskaya, Yákob Gordienko y otros dos miembros de la resistencia habían sido detenidos por la Siguranță en el piso del antiguo comandante del grupo exterior, Fedorovich, Piotr Boiko, mientras que Shestakova había sido capturada en una emboscada organizada cerca de su casa.
Molodtsov, fue especialmente torturado, no abrió la boca. Totalmente desfigurado fue fusilado en cumplimiento de la sentencia de un tribunal rumano el 3 de julio de 1942. A lo largo del verano fueron ejecutados Mezhiugurskaya, Gordienko, Bolonin, Vishnevsky, los hermanos Milan y muchos otros agentes de inteligencia. La organización en las catacumbas fue destruida, así como los agentes de la superficie.
Tras la llegada de las tropas soviéticas, basándose en el análisis de documentos rumanos incautados, el servicio de contrainteligencia SMERSH, identificó y detuvo a Antón Boiko-Fedorovich, Afanasi Klimenko y otros traidores a la patria. Todos ellos recibieron el castigo que merecían.
El 5 de noviembre de 1944 se firmó el Decreto del Presidium del Consejo Supremo de la URSS por el que se concedía el título de Héroe de la Unión Soviética a doce agentes de la Cheká, tanto vivos como fallecidos. Entre ellos figuraba Vladímir Alexándrovich Molodtsov, comandante del destacamento partisano y residente clandestino en Odesa (a título póstumo).
En 1949 se publicó la novela de Valentín Kataev «Por el poder de los Soviets», dedicada a la resistencia antifascista en Odesa durante los años de la Gran Guerra Patria. Uno de los protagonistas de la obra era el capitán Maksímov, enviado a las catacumbas por el Estado Mayor ucraniano del movimiento partisano. Pocos sabían por entonces que este capitán tenía un prototipo totalmente rea, Vladímir Alexándrovich Molodtsov.
El 23 de agosto de 1944 el reino de Rumania capituló ante el triunfante Ejército Rojo, después de un leve giro inútil hacia los aliados occidentales del rey Miguel I, que tenía entonces 23 años. El Tribunal Popular de Bucarest, creado en 1946 por el nuevo gobierno rumano bajo control aliado, juzgó y condenó a muerte al mariscal Antonescu, al gobernador de Transnitria, Gheorghe Alexianu y al comandante de la guarnición de Odesa, general Nicolae Macici por la “organización de la represión contra la población civil de Odesa en el otoño de 1941″. Antonescu y Alexianu fueron fusilados el 1 de junio de 1946 junto a Mihai Antonescu, primer ministro adjunto durante la guerra, y al general Constantin Vasiliu. El rey Miguel I conmutó la pena de muerte del general Macici, que murió en prisión en 1950. El rey fue obligado a abdicar en 1947 y Rumania se convirtió en república.
El terrible asesino, el inspirador y autor del holocausto en Rumania, el teniente coronel Nicolae Deleanu, se escabulló y mudó de chaqueta, se hizo comunista. Vivió en los ajetreados años de la república socialista rumana, falleciendo en 1970.
En 1969, la parte de las catacumbas en la que se alojaba el destacamento de Molodtsov se inauguró como Museo de la Gloria Partisana. Además del exótico laberinto de túneles excavados en la arenisca durante la extracción de material de construcción, se mostraba a los visitantes una impresionante exposición. El museo cuenta con una reconstrucción de la base subterránea: el cuartel general, las viviendas, los almacenes de municiones y de combustibles y lubricantes, la cocina y la sala dedicada a Lenin. Cerca se encuentra un pozo vertical que conectaba la base con la superficie; a través de él se transportaban alimentos y se transmitían mensajes de los agentes. Durante el régimen soviético, el museo recibía más de un millón de visitantes al año. En la actualidad, se siguen realizando visitas guiadas en ruso y ucraniano, aunque el número de visitantes ha disminuido considerablemente.
A las víctimas del Holocausto en Odesa, se erigió un monumento, obra del escultor Zurab Tsereteli, que puso el broche final al complejo del recuerdo, inaugurándose en el año 2004.
Enlaces adicionales:
- El holocausto de Odesa: los 73 días de asedio de las tropas nazis que desataron una orgía de sangre.
- Партизанская война в одесских катакомбах.
