17 de octubre de 2018

La esencia del trotskismo y sus manifestaciones en el comunismo de hoy (I)




ÍNDICE DEL TRABAJO COMPLETO:

Introducción

 I) Lassalle y los populistas rusos, como antecedentes 

II) Historia de las controversias entre bolchevismo y trotskismo
1º) Sobre el programa y el tipo de partido
2º) Sobre el carácter de la revolución rusa, sus fuerzas motrices y la táctica para conducirla a la victoria
3º) La defensa del Partido en el período contrarrevolucionario
4º) El imperialismo: la primera guerra mundial y la táctica revolucionaria
5º) El imperialismo y las perspectivas de la revolución proletaria mundial
6º) Febrero de 1917 y el paso a la segunda etapa de la revolución rusa
7º) La defensa del Poder soviético y el apoyo a la inminente revolución proletaria en Europa
8º) El paso de la guerra civil a la construcción pacífica    20
9º) Los primeros éxitos de la NEP y el reflujo de la revolución en Europa
10º) La muerte de Lenin y la discusión sobre su legado político
11º) El debate sobre si era posible edificar el socialismo en la URSS
12º) El error común del trotskismo y de la socialdemocracia
13º) El trotskismo se convierte en una autoridad política para las fuerzas contrarrevolucionarias
14º) El trotskismo se convierte en el centro dirigente de los intentos de derrocamiento violento del gobierno soviético

III) Contenido, concepción del mundo y posición de clase del trotskismo 
  
ANEXO 1: Crítica de las “Tesis fundamentales” de Trotski sobre la “revolución permanente” 

ANEXO 2: Bettelheim y el trotskismo     

La esencia del trotskismo y sus manifestaciones en el comunismo de hoy

Introducción

Cuando han transcurrido cien años desde la Revolución de Octubre, es importante preguntar: ¿cómo está influyendo actualmente el trotskismo -o, mejor, sus fundamentos ideológicos- en el desarrollo de la lucha de clases y en la organización de las masas obreras para tal lucha? Para responder a esta pregunta, debemos delimitar los rasgos característicos del trotskismo, indagar su presencia en el comunismo actual y valorar su papel.

Tanto los defensores como los detractores de Trotski reconocen que el pensamiento y la actividad de éste tuvieron importancia en determinada etapa de la historia de la Revolución de Octubre, sobre todo entre 1917 y 1927, e incluso hasta finales de los años 30. El trotskismo se hundió con la Segunda Guerra Mundial, resucitó al tomar la Unión Soviética un camino antiestalinista a partir de los años cincuenta y fue finalmente rehabilitado por los enterradores de ésta en los noventa.

En el momento presente, las organizaciones se declaran trotskistas de manera más o menos abierta tienen una relevancia política nada desdeñable en relación con las masas que participan en la lucha de clases. Destacan, en este sentido, los partidos políticos Anticapitalistas (antigua Liga Comunista Revolucionaria) que, en orden de representación, es la tercera fracción de la tercera fuerza electoral de España, esto es, de Podemos; así como Izquierda Revolucionaria, el nuevo nombre de la organización que publica el periódico “El Militante”, que dirige desde hace años el Sindicato de Estudiantes y que ha impulsado “Ganemos CCOO”.

Es evidente que hoy los trotskistas organizados tienen una mayor influencia entre las masas que los partidarios del marxismo-leninismo. Es una realidad opuesta a la de mediados del siglo XX, cuando su peso político era insignificante en comparación con el que habían ganado los partidos comunistas desde la Revolución de Octubre hasta la victoria sobre el nazi-fascismo en la Segunda Guerra Mundial y la creación de todo un campo de países socialistas.

Y esa ventaja actual del trotskismo organizado, más o menos ortodoxo, sobre el marxismo-leninismo es aun mayor si le sumamos la masa de activistas e intelectuales que comparten alguna de las tesis centrales de aquella corriente: la oposición a la política soviética de tiempos de Stalin, la “teoría de la revolución permanente”, la oposición a todos los Estados existentes (ya sean imperialistas, socialistas, soberanos o sometidos) o el fraccionalismo en la organización de la clase obrera.

Resulta evidente que el mayor retroceso experimentado por el proletariado a lo largo de su historia ha coincidido con la mayor influencia sobre él por parte de los trotskistas. En el pasado aún reciente, éstos sostenían que la destrucción del “estalinismo”, es decir, de los partidos marxistas-leninistas, allanaría el camino a la revolución obrera internacional. Ahora que aquello prácticamente ha ocurrido y ellos pueden influir sobre las masas con la mayor libertad, siguen ocupados en atacar el “estalinismo” de los movimientos progresistas en vez de aprovechar su ventaja para conducir al proletariado a una revolución victoriosa. Lo que sí crece, entretanto, es el neoliberalismo, el militarismo y la reacción, mientras que las fuerzas obreras y democráticas permanecen generalmente a la defensiva, cuando no retroceden.

Claro que los partidos abiertamente trotskistas no son los únicos ni los principales responsables de la actual involución, inevitable desde el momento en que las fuerzas comunistas no consiguen salir de su crisis, aunque sea poco a poco. Y aquí es donde convendría centrar nuestra atención y examinar si la otrora capacidad de la teoría y la práctica marxista-leninista para llevar a la clase obrera a la victoria sobre la burguesía no está siendo contrarrestada por los errores de sus actuales partidarios. Para corregirlos, es necesario determinar en qué medida estos errores podrían tener una naturaleza trotskista, a pesar de que paradójicamente se cometan en el nombre de Lenin, de Stalin y de la lucha de éstos contra el trotskismo y el reformismo.

El presente artículo pretende contribuir a esclarecer esta cuestión, recordando algunas características importantes del trotskismo para poder valorar su similitud con las posiciones políticas que adoptan algunos marxistas-leninistas desde que empezó la crisis del movimiento comunista internacional a mediados del siglo XX hasta nuestros días. Hay que preguntarse si las posiciones que los comunistas están llevando a las masas sobre los sindicatos actuales, sobre Syriza y Podemos, sobre Siria y Venezuela, sobre los Estados que fueron o siguen siendo socialistas, etc., están en línea con lo que propugnaron Marx, Engels y Lenin, o más bien se desvían hacia lo que sostuvo Trotski.

Aprehender lo que significa el trotskismo no es tarea fácil. Sus partidarios pretenden que es sinónimo de marxismo. Pero éste último se convirtió en dirección hegemónica del movimiento obrero europeo a finales del siglo XIX y lo llevó a sus mayores éxitos hacia mediados del siglo XX, en tanto que el trotskismo nunca fue más que una corriente minoritaria entre el reformismo y el leninismo. También pretenden que el trotskismo convergió con el leninismo a partir de 1917. Sin embargo, la opinión muy mayoritaria de los contemporáneos de Trotski en las filas del bolchevismo no debió ser ésa cuando le dieron la espalda en cuantas divergencias tuvo frente a Lenin y, después del fallecimiento de éste, frente a la dirección del PC (b) de la URSS[1].

Trotski y una parte de sus seguidores reconocen que él estaba equivocado frente a Lenin en cuanto a cómo debía ser la organización del partido obrero[2], aunque sostienen que éste le acabó dando la razón en la cuestión de la “revolución permanente”, es decir, en la estrategia y la táctica de la revolución. En definitiva, según ellos, su equivocación sería más práctica que teórica. ¡Casi nada, si tenemos en cuenta que el imperativo central del marxismo es, no interpretar el mundo, sino transformarlo por medio de la práctica revolucionaria!

Pero mencionar estos dos aspectos tan generales no es suficiente para arrojar luz sobre los errores de Trotski, hoy compartidos quizás inconscientemente por muchos de sus detractores. Para ello, es necesario recordar con algo más de detalle la historia de las discrepancias entre los bolcheviques y los trotskistas.

El bolchevismo fue el baluarte del marxismo auténtico, revolucionario, después de fallecer Marx y Engels. Lo fue por su cohesión teórica con él y también porque lo acreditaron así sus éxitos prácticos que marcaron un antes y un después en la historia de toda la humanidad. Cuando Lenin empezó su actividad política, ya estaba plenamente identificado con el marxismo y en esta concepción del mundo se mantuvo el resto de su vida, luchando sin tregua por infundirla al conjunto del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR).

En cambio, Trotski despierta políticamente en un círculo de socialistas, defendiendo con vehemencia el populismo y atacando con sarcasmo al marxismo[3], en un momento en que el populismo ya había virado hacia la conciliación con el zarismo y había sido desenmascarado ante el movimiento obrero por Plejánov, Lenin y otros marxistas. Y, cuando unos pocos años después Trotski toma partido por el marxismo, se entusiasma pronto por la obra del dirigente socialista alemán no marxista, F. Lassalle[4]. Eran tiempos en que la socialdemocracia revolucionaria rusa se veía obligada a defender el marxismo ortodoxo para salvar al partido de la deriva revisionista que le estaban imprimiendo los jóvenes dirigentes “economistas”, seguidistas del movimiento obrero espontáneo. Alguno objetará que los orígenes de una personalidad no tienen por qué caracterizarla de por vida, que todo el mundo tiene derecho a equivocarse y a cambiar, etc., y todo esto es muy cierto. Pero también es necesario comprobar hasta qué punto, posteriormente, se produce esa rectificación y ese cambio. En el caso de Trotski, encontramos criterios persistentes que guardan una coherencia fundamental con los defectos del populismo y del lassalleanismo.

La vigente crisis del movimiento comunista ha resucitado lamentablemente esos criterios entre quienes pretenden reorganizarlo sobre la base ideológica del marxismo-leninismo. Después de decenios de revisionismo reformista, hay que recuperar el espíritu revolucionario y las intenciones que van en esta dirección son buenas. Pero no bastan, pues ya se sabe que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Es imprescindible que esas buenas intenciones se traduzcan además en una política consecuente con los principios del marxismo-leninismo. De lo contrario, resultarán una fraseología revolucionaria engañosa que descompone las fuerzas proletarias y fortalece a la burguesía.

  1. I) Lassalle y los populistas rusos, como antecedentes

            Lassalle fue un destacado dirigente de la lucha de la clase obrera alemana contra los capitalistas que la explotaban. Se dedicó tan intensamente a esta lucha que perdió de vista la perspectiva histórica y no comprendía la etapa de desarrollo en que se encontraba Alemania. Absolutizaba la lucha contra la burguesía y no advertía que ésta todavía había de desempeñar un papel progresivo frente al poder de los terratenientes. Así, pretendía alcanzar el socialismo directamente partiendo del Estado prusiano feudal, estableciendo una alianza con su hábil canciller Bismark y oponiéndose a la revolución burguesa. Como dice Marx, “sólo atacaba a la clase capitalista, y no a los dueños de tierras”[5].

Por este camino, borraba las diferencias económicas y políticas entre las diversas capas burguesas, particularmente entre la burguesía capitalista y la pequeña burguesía campesina. Según Lassalle, frente a la clase obrera “todas las demás clases no forman más que una masa reaccionaria”[6].

De este modo, defendía a la clase obrera de una manera reaccionaria, contra la democracia, aislándola de los aliados necesarios para llevarla a la victoria y condenándola a permanecer sometida a las clases poseedoras. Veremos más adelante cómo el trotskismo parte de esta misma abstracción defectuosa de la realidad.

Marx explicó las consecuencias prácticas desastrosas que tuvo este defecto teórico cuando Lassalle se dispuso a organizar al proletariado: “… desde un principio, como cualquiera que declare tener en su bolsillo una panacea para los sufrimientos de las masas, dio a su agitación un carácter religioso y sectario. En realidad, toda secta es religiosa. Además, como cualquier fundador de una secta, negaba toda conexión natural con el movimiento obrero anterior, tanto en Alemania como en el extranjero. Incurrió en el mismo error que Proudhon, y en lugar de buscar la base real de su agitación entre los elementos auténticos del movimiento de clase, intentó orientar el curso de éste siguiendo determinada receta dogmática. (…) Usted sabe por experiencia cuál es la contradicción entre el movimiento sectario y el movimiento de clase. Para la secta el sentido de su existencia y su problema de honor no es lo que tiene en común con el movimiento de clase, sino el peculiar talismán que lo distingue de él.”[7]

Veremos más adelante cómo, partiendo de idéntica premisa, el trotskismo acabó desempeñando un papel todavía más nocivo que el lassalleanismo. De momento, nos basta con constatar que la consecuencia práctica del error teórico de ambas escuelas es la incapacidad de organizar un partido que dirija a la clase obrera y a sus masas hasta su triunfo revolucionario, limitándose a construir sectas que entorpecen su desarrollo político.

El populismo ruso, en el que Trotski se inició, también albergaba la esperanza de soslayar el capitalismo para alcanzar directamente el socialismo, un deseo habitual en la intelectualidad pequeñoburguesa de los países en los que no se ha completado la revolución burguesa. Para justificar teóricamente esta conclusión, el populismo rechazaba el materialismo dialéctico y trataba de explicar la realidad desde el subjetivismo y el empirismo, razón por la que sus proyectos sociales sólo podían ser utópicos.

Esta concepción defectuosa se manifestará también en Trotski, al negar éste la necesidad de las revoluciones democrático-burguesas en los países atrasados, al narrar la historia de la Revolución de Octubre alrededor de las personalidades destacadas por ella y al ignorar las necesidades sociales de cada momento a la hora de formular sus propuestas prácticas.
A lo largo de su historia, el populismo ruso pasó de un extremo político al contrario: del anarquismo y el terrorismo individual a la colaboración cada vez más estrecha del partido socialista-revolucionario con las clases explotadoras. Esta trayectoria también recorrida por el trotskismo se explica por su incomprensión de las dificultades que atraviesa el desarrollo del movimiento revolucionario real, la desesperada huida hacia delante frente a ellas, el fracaso práctico de ésta y, entonces, la traición.

[1] El propio Trotski caracteriza así el resultado de la lucha de los oposicionistas que él lideraba dentro del partido bolchevique: “En el otoño [de 1926], la oposición sufrió un descalabro manifiesto en todas las células y organizaciones” (Mi vida, http://www.enxarxa.com/biblioteca/TROTSKY%20Mi%20Vida.pdf, p. 301)
[2] La teoría de la revolución permanente, Trotski, 1929.
[4] Idem, p. 40.
[5] Critica del Programa de Gotha, Marx.
[6] Idem.
[7] Carta de Marx a Schweitzer, de 13 de octubre de 1868

Elecciones municipales en Bélgica: avance del PTB en todas las grandes ciudades


Durante las elecciones municipales del 14 de octubre, el PTB (Partido del Trabajo de Bélgica), el único partido nacional de Bélgica, logró un gran avance en las ciudades más importantes de Flandes y siguió progresando en Bruselas y Valonia. Destacan los resultados de Bruselas, la capital de Europa, con un 11,6%; Amberes, la segunda ciudad portuaria de Europa, con un 8,7%; las dos ciudades más importantes de Valonia, Lieja, con un 16,3% y Charleroi, con un 15,7%; y Gante, la segunda ciudad más grande de Flandes, con un 7,1%.




“Hemos logrado nuestros objetivos en todo el país”, dijo Peter Mertens, presidente del PTB. “Por primera vez, hemos pasado de ser un fenómeno urbano basado esencialmente en Amberes y Lieja a lograr un gran avance en casi todas las ciudades medianas y grandes de Valonia, la región de Bruselas y Flandes. Hemos pasado de 50 a 156 representantes públicos.”

En Amberes, el PTB obtuvo el 8,7% de los votos, lo que se traduce en 4 concejales y 19 representantes en los consejos de distrito [la ciudad de Amberes está dividida en 9 distritos]. “La ciudad de Amberes fue la batalla más difícil”, afirma Peter Mertens. “La N-VA [Nueva Alianza Flamenca, del alcalde Bart De Wever] llevó a cabo la campaña más cara de la historia y mantuvo sus posiciones sorprendentemente bien. En este contexto, por supuesto, estamos satisfechos de aún haber logrado un progreso.»

Por primera vez, el PTB entra en el ayuntamiento de las capitales de provincia de Gante (3 representantes), Lovaina (1), Hasselt (2), y obtiene igualmente su primer escaño en seis de las principales ciudades de tamaño medio en Flandes. “Con el avance en estas ciudades, el PTB está en camino, en las elecciones federales y regionales de 2019, de obtener por primera vez en su historia, representantes en el norte del país en los parlamentos federal y flamenco”, señaló Peter Mertens. 

En la región de Bruselas, el PTB obtiene del 10 al 15% en los municipios más grandes, pasando de 2 concejales en dos municipios a 36 en siete municipios, logrando así una notable presencia local en la ciudad de Bruselas, Anderlecht, Molenbeek, Schaerbeek, Saint-Gilles, Forest e Ixelles.

En Valonia, el PTB obtiene más del 15% en Lieja (3º partido), Charleroi (2º partido) y La Louvière (2º partido), y en el cinturón rojo alrededor de Lieja, un resultado del 25% en Herstal y Seraing. El partido también obtuvo 3 representantes en las capitales de provincia Namur y Mons, y logra concejales por primera vez en Huy, Tournai y Verviers. En el conjunto de Valonia, el PTB pasa de 14 a 78 representantes.

Hemos logrado que se impongan temas como la vivienda social de calidad

 

“Durante la campaña electoral los partidos tradicionales discutieron largo y tendido de puestos y coaliciones. Por su parte, el PTB se focalizó en cuestiones de fondo”, dice Raoul Hedebouw, portavoz nacional del partido. “Hemos logrado que se hayan abordado temas que no habrían tenido eco de no ser por nosotros. La vivienda social de calidad. El transporte público urbano gratuito y su importancia ecológica. La gobernabilidad, exigiendo reducir a la mitad los salarios de los alcaldes de las grandes ciudades, porque los representantes públicos deben vivir como el pueblo y no en otro mundo.”

En general, los Verdes también han logrado buenos resultados, mientras que los socialdemócratas retroceden. Bajan significativamente en Flandes, mientras que, en Bruselas y Valonia, aunque el PS está en descenso, sigue siendo el partido más votado en muchas ciudades. En Flandes, la corriente general es de derechas, gracias a un fuerte partido nacionalista de derechas, la N-VA y a un creciente partido de extrema derecha, el Vlaams Belang. Juntos, la N-VA y el Vlaams Belang obtienen el 45% de los votos en la ciudad de Amberes. “En estos tiempos difíciles, nuestro progreso es motivo de optimismo. Creemos que es vital sembrar las semillas de la resistencia, ir a contracorriente en los barrios, en las empresas”, afirma Peter Mertens.

“Tenemos una importante responsabilidad como fuerza emergente de la izquierda. Una importante responsabilidad que se concretará primero en la lucha. Todos nuestros cargos públicos y nuestro partido estarán al servicio de las luchas locales y nacionales. Nuestro progreso electoral debe reflejarse en un aumento de la resistencia social. En tres años, casi 9.000 millones de euros han pasado de los salarios a los beneficios empresariales. Los trabajadores deben recuperar esta riqueza. Y las elecciones no son suficiente”, afirma Raoul Hedebouw.

“Me gustaría agradecer de todo corazón a nuestros 14.000 miembros el trabajo que han realizado en esta campaña. El PTB siguió creciendo durante la campaña. Nos hemos hecho más fuertes en miembros, en secciones y especialmente a nivel de ideas y activismo. Muchas gracias por todos vuestros esfuerzos”, concluyó Peter Mertens.

16 de octubre de 2018

La tragedia democrática en América Latina

Por Harold Cárdenas Lema, en La Joven Cuba.

Para EB White la democracia era la sospecha recurrente de que más de la mitad de las personas están en lo correcto, más de la mitad de las veces. El triunfo cercano de un candidato presidencial fascista y autoritario en Brasil, pone a prueba las palabras de White. Comparto aquí unos apuntes de madrugada sobre la construcción de los estados nacionales y la democracia en América Latina, acompañado de mi valoración sobre Brasil.
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Los orígenes de la crisis democrática en este continente quizás comenzaron desde 1808 con el colapso de la monarquía española. Robert Holden señala en Beyond mere war varios problemas vinculados a la legitimidad y autoridad en la formación de los estados latinoamericanos y su cariz. Explica cómo en nuestro continente, las expresiones de poder no están atadas a las instituciones y el estado sino a fuertes individuos y sus organizaciones. Donde gobiernos de rapiña debilitan las instituciones y el estado en general resulta incompetente.
Holden acierta en su descripción, pero falla al omitir la condición desventajosa en que dejó el colonialismo español a nuestras tierras, y las características particulares de la burocracia y rapiña española, en comparación con otras potencias de la época. Pero hay otro factor que podría ayudarnos a entender el estado institucional y democrático en la región.
La guerra es una variable en la formación de los estados nacionales que Charles Tilly hizo famosa. Su aforismo “la guerra hizo el Estado y el Estado hizo la guerra” describe el papel que jugaron ciertos conflictos bélicos en Europa para solidificar fronteras e instituciones. Si bien los estados de nuestro continente ya tienen varios siglos de violencia interna, esta ha sido más causa de desestabilización que mecanismo para alcanzar su solidez.
Miguel Centeno ofrece una explicación de qué hace a América Latina distinta. El poder estatal en el continente siempre fue superficial y muy disputado, esto hizo que los estados raramente se involucraran en grandes conflictos bélicos internacionales y terminaran así: débiles, subdesarrollados y generalmente incompetentes. La ausencia de instituciones políticas sofisticadas capaces de participar en las guerras internacionales, terminó siendo un problema mayor. Sin guerras no hubo construcción estatal eficaz.
Esta teoría fue disputada por Jorge Domínguez, quien argumenta que no es que nuestras naciones evitaran guerras internacionales desde su independencia, sino que la “paz” solo llegó a nuestros países a finales del siglo XIX. Como sea, no cabe dudas de que la formación de los estados y su desempeño ha sido trascendental en nuestras instituciones y nuestra relación con la democracia.
Que en menos de un siglo (1898-1994) Estados Unidos haya intervenido para cambiar exitosamente 41 gobiernos en América Latina (como refiere John Coatsworth), sin importar que fueran democráticamente electos o no, a razón de un gobierno intervenido cada 28 meses, no ayudó. Nuestras instituciones se hicieron aún más débiles, primó el escaso respeto a la ley y una limitada efectividad burocrática.
Las deficiencias en la formación de los estados latinoamericanos (junto a otras que no menciono para no alargar el texto) explican parte del pasado siglo y el presente de nuestras naciones. Entonces tenemos a Brasil, donde la mayoría de los votantes prefiere a un autócrata y no al representante del partido político que sacó a 28 millones de ciudadanos de la pobreza en solo una década. Los escándalos de corrupción del PT y el fantasma de Venezuela, han traído millones de votos de castigo. Votos suicidas.
Jair Bolsonaro es el único candidato con tendencias autoritarias en las elecciones de Brasil, y va ganando por mucho. Acostumbrados a políticos de derecha como Macri y Temer, muchos no perciben la diferencia radical en este militar de reserva. Los casos de corrupción y la exclusión de Lula en el proceso electoral no amenazan la frágil y manipulada democracia brasileña como hace Bolsonaro. La debilidad institucional que describimos anteriormente, sumada a un personaje que parece más dictador que político, en el país más grande de América del Sur, es la receta al desastre.
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El militar ha declarado abiertamente su respaldo a dictaduras militares y el potencial cierre del Congreso brasileño. Apoya el uso de la tortura y asesinatos extrajudiciales, sin reconocer un resultado electoral que no sea el de su victoria. Dice que la dictadura en su país debió haber asesinado a 30 000 personas, incluyendo al expresidente Fernando Henrique Cardoso, a quien llama corrupto junto a Lula. Anuncia que tratará el Movimiento sin Tierra como una organización terrorista. Y gana la mayoría de los votos.
Bolsonaro no respeta las reglas de una democracia que de por sí ya estaba en crisis, incita a la violencia y niega la legitimidad de sus rivales políticos. Tampoco parece respetar las libertades civiles de sus oponentes. Fallaría cualquier examen de democracia liberal y tendría menos en una democracia socialista. La intelectualidad occidental está nerviosa por lo que significa un Brasil autocrático en sus manos, pero las élites económicas celebran. Al día siguiente de la primera ronda electoral en su país, la bolsa de valores brasileña subió significativamente y el WSJ lo elogió como un populista conservador que “drenará el pantano” en Brasil.
Cuando las oligarquías tienen que elegir entre sus objetivos políticos y económicos a corto plazo, y la defensa de la democracia nacional a mediano y largo plazo, gana la primera opción
La percepción de que un presidente propenso al autoritarismo es bueno para la economía y preferible a una opción más progresista, tampoco es nueva. El mismo error ocurrió en la Italia de los años 20, la Alemania de los años 30 y en Estados Unidos hace dos años. Que la falta de visión política y compromiso nacional siga siendo un rasgo característico de las oligarquías, no debería sorprendernos, es su naturaleza. Pero que más de la mitad de las personas en un país vecino opten por el autoritarismo en lugar del civismo, es la tragedia democrática actual en América Latina.

Corea del Norte: Enfocada en la paz, celebran aniversario 65 de victoria en guerra de liberación

Por Al Mayadeen TV.

República Popular de Corea: La permanente necesidad del Socialismo






Por KCNA, Agencia de Noticias de Corea Popular.

 

«El socialismo es la ideología suprema progresista que refleja las necesidades intrínsecas del ser humano, y el sistema socialista es el régimen más avanzado que permite a las masas disfrutar plenamente una vida soberana y creativa», dice un artículo de Rodong Sinmun hoy.

«Es el sistema capitalista, no el sistema socialista, el que reprime el desarrollo social, la independencia y la creatividad de las masas populares, y es difícil proporcionar a la gente una digna vida soberana y creativa en la sociedad capitalista en la que las masas trabajadoras son tratadas como esclavas del capital», dice el artículo, y continúa:

“La práctica de que los ricos se hacen más ricos y los pobres se vuelven más pobres es un tumor maligno de la sociedad capitalista, y el capitalismo es una sociedad reaccionaria que corrompe al ser humano. La sociedad capitalista, apestada por todo tipo de flagelos sociales basados en la ley de la jungla, es una sociedad podrida y agonizante, que se ahoga en su lecho de muerte, ahora sin futuro.

La sociedad sana y llena de vida, animada por la vida creativa de las personas, la sociedad que promueve el desarrollo social y avanza constantemente hacia el futuro, es el socialismo.

Solo en el sistema socialista, las personas pueden disfrutar de una vida material saludable, una rica vida ideológica y cultural y una vida política independiente.

La historia ha demostrado que el socialismo tiene grandes ventajas inconmensurables sobre el capitalismo. Evitar esta circunstancia, distorsionar la verdad y calumniar al socialismo es solo una estúpida farsa realizada por quienes aspiran a revertir el curso de la historia.

Lo nuevo está destinado a la victoria y lo viejo a la ruina, es una ley inmutable del desarrollo histórico.

Por cuánto esfuerzo invierten los imperialistas en la difamación del socialismo, no podrán detener la marcha de la humanidad hacia el socialismo».

«¡No existen sanciones que puedan socavar la unidad ideológica de nuestro pueblo!».

Fuente original:

http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/10/15/republica-popular-de-corea-la-permanente-necesidad-del-socialismo/

14 de octubre de 2018

Trufanov, pintor del nuevo ser humano socialista.

Por Nestor Guadaño

Poco muy poco, se sabe de los coloridos senderos de la cultura soviética, en la escultura, pintura y arte en general.
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Cuando en la Europa Ventajista actual o en la dominada por los censores académicos del mercado de subastas e inversiones imperialistas, se hablaba de la pintura soviética como pintura "realista" de una otra forma se encasilla a los creadores soviéticos como un prejuicio despectivo Pero el fin no era despreciarlos, sino ocultarlos. Sus impresionantes legados , visualizadores de una sociedad viva, creativa, que se estaba construyendo a si misma, buscando nuevos caminos y realidades.
 
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Y la encarnación de toda esta vibrante marcha hacia nuevos parámetros pictóricos se refleja muy bien en Mijaíl Pavlovich Trufanov.
 
Hijo de obreros de la región de Kursk, vivió en Donesk, y aprendió en Odessa. Sufrió la agresión fascista nazi, como toda su facultad fue evacuado, y él amplió su conciencia de clase luchando en el Ejército Rojo. De 1941 a 1943 fue herido tres veces. Participó en las batallas de Kiev, del Arco de Kursk, y en la de Orel. En 1944, fue desmovilizado por sus heridas, con el rango de sargento mayor. Fue galardonado con las medallas "Por el valor", "Por mérito militar", "Por la victoria sobre Alemania".
 
Tras la segunda guerra mundial, empezó a desarrollar su propio estilo. Y al igual que Daineka, Sovolev y otros, en sus obras va mostrando los forjadores de la nueva sociedad. Cada uno desde diferentes aristas, cada cuadro recorriendo la sensibilidad de la lucha contra el pasado.
 
Tras terminar sus estudios en el Donbass, sus propios profesores fomentan su acrecentado genio pictórico, por las profundas heridas recibidas por el pueblo soviético.
 
 
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De hecho, en 1951 se gradúa en el Instituto de Pintura, Escultura y Arquitectura Iliá Repin de Leningrado, y su cuadro de graduación es "En el estado mayor de Kovpak". Retratando a guerrilleros soviéticos ucranianos en lucha contra los nazis en la Gran Guerra Patria. Estudia con los mejores profesores, Borís Fogel, Leoníd Ovsyannikov, Alexandr Zaitsev, Borís Ioganson.
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Sus cuadros de muy amplia temática, recorren la plástica de las obreras y obreros soviéticos. Su obra maestra "Retrato de un minero" esta expuesta hoy en el Museo Galería Estatal Tetriakov de Moscú.
 
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Pero si esta obra en occidente es desconocida, lo son aún más todas las demás que le dieron fama, honores, granjeándole en vida un gran reconocimiento,  teniendo por toda la Unión decenas de discípulos. Fue galardonado con diferentes méritos y medallas. En 1963 la más alta condecoración, La Medalla de Honor de la República Socialista Federativa de Rusia.
 
Городской пейзаж
 
Sus principales obras se encuentran en el Museo Estatal Ruso, la Galería Estatal Tretiakov.
 
La Nueva Imagen de los Obreros.
 
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De su fecunda conexión con la clase trabajadora, le incentiva a una nueva búsqueda de su propio lenguaje. Sus obras son impresionantes, es dificil permanecer distante ante su impronta artística.
 
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Imagen consultiva de cada creador bien trabajadora u obrero, encarnan a la vez unas voces colectivas. De koljosianas y fundidores, manufactureras del Donbáss con estibadores. Paisajes, marinas, autorretratos.
 
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Pero es su contacto con el proletariado soviético de quién aprende.  De jóven en el Donbass va adquiriendo su conciencia, de los duros días viéndoles extraer el carbón y agotados, felices ir a las clases de alfabetización. 

Muchachas alegres y orgullosas, que tras las "verstas" (distancia antigua rusa) que separaban los caseríos, bajo la nieve, construían con sus compañeros guarderías, casas de reposo, clubes de aficiones, etc.
 
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Construcción de una nueva sociedad, construcción de la clase obrera "para si". Así lo contemplo Mijaíl, y en cada retrato lo plasmó. Cada trozo de lienzo es una llamada de atención, es una epílogo iniciático para encontrar esa identidad renovadora.
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