
Por Andréi Petrusha. Traducción y notas añadidas Nestor Guadaño
Alfonso García Martínez nació en 1915 en Segovia. Sus padres eran trabajadores del campo. Estudió en una escuela primaria gratuita. Tras la muerte de su padre en 1922, se vio obligado a trabajar como jornalero. Años después, se trasladó a la ciudad, trabajó como camarero en una cafetería, intentando estudiar en su tiempo libre. A mediados de los años 30 se afilió al sindicato de trabajadores de hostelería, participando en diversas huelgas.
En diciembre de 1936 se afilió al Partido Comunista de España. Pocos meses después del inicio de la rebelión fascista, comenzó a combatir. Estuvo en el frente de Madrid hasta enero de 1937. Posteriormente, como parte de la primera promoción, fue enviado a una escuela especial de aviación en la URSS.
Alfonso García Martínez regresó a su patria como piloto de bombardero. Participó en combates aéreos contra los golpistas fascistas. En una de esas batallas no tuvo suerte. Pilotando un Tupolev SB-2 “Katiuska”, regresaba de una misión, cuando de repente, surgieron de entre las nubes seis cazas alemanes Me109 de la Legión Cóndor, nazi. Su radio fue destruida y su navegante cayó herido. El piloto español no tenía ninguna posibilidad. Pero entonces, de entre las nubes, surgió un caza Polikarpov I-16 “Mosca”. Solo contra seis, se lanzó audazmente al ataque. Se movía de un caza enemigo a otro, manteniéndolos ocupados en combate y ahuyentando a los «buitres» con ráfagas de fuego desde el avión republicano. Consiguió derribar un «Messerschmitt». Los demás se centraron en él, lo que le dio al bombardero la oportunidad de escapar.
El aterrizaje de la aeronave dañada fue un fracaso. Alfonso se golpeó y perdió el conocimiento. Su memoria conservó la imagen, de que el avión de su salvador había sido derribado por un «Messerschmitt 109», en cuyo fuselaje aparecía dibujada una serpiente.
Cuando recuperó el conocimiento, lo primero que preguntó fue:
—¿Ha regresado el caza?
—No —le respondieron—. Ha fallecido...
—¿Quién es?
—Un piloto soviético, el capitán Guerásimov.
– ¡Y yo que decía siempre que quien me derribase a mí aún no había nacido!
Un compañero intento consolarlo:
– ¡Hombre, no te quejes! Porque si llevaba pintada una culebra, eso quiere decir que te has enfrentado con un as. Tú ya sabes que eso de pintarrajear bicharracos en los aparatos es un privilegio de marca entre los nazis.
Con muchas horas de vuelo, el joven piloto fue enviado de nuevo a la URSS, en agosto de 1938. Su grupo, en el que se encontraban los tenientes Sepúlveda, Orozco, Díaz, Llorente, Rómulo Negrín y el capitán Morquilla, fue para terminar el curso de la Escuela Superior de Oficiales de Aviación, cuando llegó la terrible noticia: «La República ha perdido la guerra,».
Muchos comunistas y antifascistas españoles, que combatieron en la Guerra Nacional Revolucionaria española aprendieron de forma muy cruel, como actuaban los militares golpistas y reaccionarios. Cómo se ensañaban con la población civil, y el odio hacia los fascistas y nazis, hizo que la mayoría de pilotos no quisieran volver a un país con una dictadura filofascista.
Encontraron en la Unión Soviética, donde su sentido de la defensa de los valores republicanos, de libertad y democracia tenían vigencia. A la vez que defendían el País de los Soviets, fueron nutriéndose de la cultura revolucionaria construida por los trabajadores. Después de recibir los diplomas de oficiales pilotos de combate, profesionales, escogieron diversos destinos laborales. Con el tiempo también, defendieron los valores de la clase obrera y del comunismo.
Menos Negrín que marchó a México a reunirse con su familia, todos los pilotos permanecieron en la URSS. Alfonso solicitó la nacionalidad soviética y se puso de nombre de su valeroso salvador, Alexandr Ivánovich Guerásimov, incorporándose en la aviación civil como instructor y profesor de vuelo, viviendo en el pueblo de Sadovoye, en la región de Vorónezh..
En unos pocos años, estos españoles vieron que la historia se repetía cuando los nazis invadieron la URSS. Por su experiencia se alistaron en el Ejército Rojo, y tras muchas peticiones ingresaron. Muchos de ellos dieron sus vidas por proteger a la Unión Soviética.
– ¡Dejádmelo a mí! ¡Ese es para mí! ¡Dejádmelo!. Gritaba Alfonso por la radio.
Unos segundos después, el caza alemán caía ardiendo como una antorcha. El español ganó el combate en una acción que puede calificarse de suicida, y fue eso lo que debió sorprender y paralizar al aguerrido piloto alemán, lo que provocó su derrota. Porque, por otro lado, aquello era una acción imprevisible tanto para un piloto alemán como para un piloto soviético.
– ¡Ya me las pagó!. Repetía Alfonso camino de la base, como si acabará de escapar de una pesadilla.
– Era el mismo, lo reconocí en seguida. Dijo a sus compañeros nada más tomar tierra.
El que se seguía desconcertado era el teniente Kémenski:
– Pero, ¿qué es eso de que era el mismo?. Preguntó el piloto soviético.
– El mismo que me derribó en España, hombre. El de la culebra. Os lo he contado mil veces.
Y Kémenski confirmó lo dicho por Alfonso.
– Es verdad que ese Messer llevaba una culebra pintada… se la vi perfectamente cuando entró en barrena.
Al frente de una escuadrilla de aviones de ataque Il-2, el teniente primero Guerásimov combatió en los cielos de Stalingrado y Járkov, en el saliente de Kursk y sobre Jítomir. En 1943, Alexandr Guerásimov se afilió al Partido Comunista de la Unión Soviética (bolchevique).
Así siguió ya como comandante de escuadrilla, y el 15 de noviembre de 1943, Guerásimov, al frente de la 208 Regimiento de Ataque Aéreo, participó en un combate contra una concentración de material militar y efectivos enemigos en la zona de Bila Tserkva. Allí salvó al joven piloto Amelin, en una situación similar a aquella en la que él mismo había sido salvado por Guerásimov en la lejana España.
En la operación de Korsun-Shevchenkivskyi, al mando de una escuadrilla de aviación de asalto, destruyó en vuelos rasantes a numerosos blindados alemanes y fuerzas de infantería fascista.
Cumplió 105 misiones en España, más 119 en la URSS y alcanzó el grado de teniente coronel. Como as piloto soviético, en los combates había derribado en combate directo a 5 aviones, 50 aparatos destruidos en aeródromos, así como 4 convoyes fascistas y 80 tanques. Recibió siete altas condecoraciones, entre ellas la Orden de Alexander Nevski y dos Órdenes de la Guerra Patria, de primer y segundo grado, dos Órdenes de la Bandera Roja, y las medallas «Por el valor» y «Por la victoria sobre Alemania en la Gran Guerra Patria de 1941-1945». También fue condecorado por el Gobierno Checoslovaco, con la Cruz Chekoslovaka.
Con motivo de su actuación en la Gran Guerra Patria, en varias ocasiones fue motivo de protagonismo en los periódicos rusos, como el caso del periódico moscovita “Zashitnik Otechestva” (El Defensor de la Patria), en el que el día 18 de enero de 1943 se podía leer esto: “Pongamos en tensión todas nuestras fuerzas, utilicemos nuestra gran experiencia de combate y derrotemos por doquier al enemigo, como lo hacen los pilotos de asalto del capitán Alexandr Guerásimov”.
No fue esta la primera vez ni tampoco la última, en que los periódicos del frente y la prensa de Moscú citasen, para elogio y ejemplo, el nombre del capitán aviador Alexandr Seráfimov.
Según nos pudo informar Clara Rosen (interprete rusa para los pilotos españoles y esposa del también piloto de IL-2, Celestino Martínez), Alfonso Martínez “Seráfimov” fue una persona más bien introvertida en su carácter, hecho que contrasta enormemente con su actividad en combate. Obtuvo la notoria Orden de Alexander Nevski (la cual sólo se concedía a los Comandantes que actuaron en los frentes).
Alfonso después de la guerra trabajó en un Koljoz (granja colectiva) en Tula al sur de Moscú, y allí se caso con una campesina, teniendo 6 hijos. Hecho también curioso, pues teniendo en cuenta su valía y experiencia, además de su posición militar, podría haber optado por un puesto de instructor en una Academia Militar. En 1963 en Moscú en un acto de encuentro de pilotos combatientes se encontró con otros pilotos y con Clara Rosen. Posteriormente, falleció pero no podemos constatar la fecha exacta, ya que no regreso a España.
En la posguerra, Alexandr Ivánovich Guerásimov vivió y trabajó en empresas de la región de Vorónezh. Él y su esposa, María Efímovna, tuvieron seis hijos. Por su labor en la industria, ya había recibido una condecoración «en tiempos de paz»: la Orden «Insignia de Honor». Alexandr Ivánovich Guerásimov —García Martínez— falleció y fue enterrado en la ciudad de Lipetsk en 1989.
Según nos ha informado Evgueni Federiakin, uno de los historiadores de guerra que más ha seguido la increíble historia de Alfonso García Martínez, entrevistó a su nieta:
"Irina me ha contado que el piloto que lo salvó, Alexandr Guerásimov, sobrevivió a la batalla que el describió. Y García se reunió con él veinte años después de la guerra. Estaba buscando a sus familiares, los encontró, ¡y fue el propio Guerásimov quien acudió al encuentro! Es una historia increíble, digna de una película". Además, la nieta me dijo que hubo una película, de ficción, en la que García-Guerásimov es el modelo en el que se basa uno de los personajes. Pero no recuerda cómo se llama la película ni cuándo se estrenó.
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