6 de agosto de 2026

LAS HAZAÑAS DE LOS CHEKISTAS NO HA SIDO RECONOCIDAS, 2ª Parte

Emblema del NKVD

Por Nestor Guadaño. Enlaces consultados del portal ВКП(б)-ЛИНИЯ СТАЛИНА,PCUS (b)-LA LÍNEA DE STALIN, a partir de entrevistas y artículos.


Algunas de sus más increíbles hazañas.

Al comienzo de la guerra, el Comité Estatal de Defensa (GKO) encargó al NKVD que desplegara sus actividades de inteligencia, sabotaje y combate en la retaguardia nazi. Estos objetivos concretos se asignaron al principio, a la Brigada Separada de Fusileros Motorizados de Propósito Especial del NKVD (OMSBON). Se constituyó totalmente el 2 de octubre de 1941, a partir de cinco destacamentos de tropas, de un grupo especial de militantes comunistas dentro de las fuerzas del Comisariado, dependiendo directamente del 2.º Departamento Especial, transformado el 18 de enero de 1942 en la 4.ª Dirección (de sabotaje) del NKVD de la URSS. Desde el principio, su comandante fue el teniente general de la Seguridad del Estado, Pavel Sudoplatov, subcomandante Naum Isaakovich Eitingon.

La brigada estaba compuesta principalmente por agentes de la Cheká —alumnos de las escuelas superiores fronterizas, y de la milicia contra el crimen central del NKVD—, deportistas distinguidos, internacionalistas, comunistas de diferentes países, duchos en el combate, agrupados en los llamados internacionalistas.

Para entender lo que tenían de "especial" estas brigadas, voy a detallar su composición.

La 1ª Brigada, cuyo comandante fue el Coronel M. F. Orlov. Quedó completamente preparada el 3 de agosto de 1941. Tenía 4 batallones (1º Escuela NKVD, 2º Comintern, 3º y 4º Deportistas y Juventud Trabajadora).

La 2ª Brigada, comandante Mayor S. V. Ivanov. Tenía 3 batallones (Todos de voluntarios, estudiantes moscovitas, milicia y bomberos).

Pero además cada brigada de fusileros motorizados contaba con un pelotón de comandancia, otro de reconocimiento, dos compañías de ametralladoras y zapadores, una sección de comunicaciones y radio. Poco a poco fueron integrándose una compañía de transporte motorizado, un destacamento médico avanzado, y en la base moscovita diferentes subdivisiones de soporte material y de apoyo logístico.

El 5 de Octubre de 1943, fueron creadas de las dos brigadas, 2 batallones de paracaidistas 

minadores, directamente enviados a la retaguardia nazi, para el sabotaje y aniquilamiento: 

1.650 especialistas.

Entre ellos los «spanski» españoles, como bien conocía Pavel. Estuvo en la península como

Consejero de Inteligencia. Los primeros voluntarios españoles llegaron en julio de 1941, formándose una compañía completa, la famosa 4ª, mandada por el capitán Peregrin Perez Galarza, que ante el golpe de estado militar fascista, fue comisario político del 14º Cuerpo del Ejército Republicano, formado por guerrilleros, y después jefe de la 75 división del ejército.

En la 4ª, de unos 125 españoles, había 6 mujeres. Fueron agrupándose a su alrededor, revolucionarios y exiliados de diversas nacionalidades, que constituyeron un batallón cercano a los mil hombres, de los cuales muchos habían participado en las Brigadas Internacionales.

De la importancia de que se le dio a los españoles, 22 de ellos fueron honrados con el título máximo de Héroes de la Unión Soviética.

Además incorporaron deportistas destacados del «Dínamo» y otras asociaciones deportivas, y estudiantes del Instituto Estatal de Educación Física de Moscú.

La dotación total durante la Gran Guerra Patria superó los 10.500 miembros, siendo condecorados en total unos 6.000.. La OMSBON contó con un cuartel general, dos regimientos de fusileros, motocicletas y servicios médicos, y una sección de aviación. Incluso tenía un periódico propio, "Victoria para los nuestros".


La Batalla por Moscú

Durante esta batalla, la OMSBON, se integró en la 2.ª División de Infantería Motorizada de Misión Especial de las tropas del NKVD, siendo directamente enviada al frente. Sus misiones sobre todo fueron infiltrarse en la retaguardia enemiga.

A la brigada se le asignaron las siguientes misiones: llevar a cabo operaciones de reconocimiento contra Alemania y sus aliados, organizar la guerra de guerrillas, crear una red de agentes en los territorios bajo ocupación alemana y dirigir operaciones especiales de contrainteligencia con los servicios de espionaje nazi, con el objetivo de desinformar al enemigo.

El 7 de noviembre de 1941, el batallón combinado del OMSBON participó en el legendario desfile de la Plaza Roja de Moscú. Al frente del batallón marchaban el comandante de la 2.ª Brigada de Infantería Motorizada de Misión Especial, S. V. Ivanov, y el comisario S. T. Stéjov.

Entre noviembre y diciembre de 1941, el destacamento combinado (especial) del OMSBON del NKVD (denominado en las órdenes del Frente Occidental «Destacamento de tropas de ingeniería del NKVD») colocó barreras de minadas tanto frente a las trincheras como de acceso a Moscú, llevó a cabo operaciones de voladuras de puentes, y preparativos por si fuesen necesario del metro, del Kremlin, y edificios gubernamentales, del entonces Frente Occidental.

A mediados de noviembre, cuando Stalin y su gobierno decidieron que el GKO (Consejo Central de Defensa) no abandonaba la capital, la OMSBON desplegó todas sus fuerzas en la vigilancia de los accesos principales, plazas, centros industriales, de comunicaciones y ferroviarios. 

Además de reforzar los efectivos de combate del Oeste y Noroeste de la batalla. Participaron en la creación de las líneas defensivas más expuestas, construyendo puntos de tiro y barricadas en los dos sectores del frente. En la propia capital, cuyo eje era la calle Gorki desde la estación de tren de Belorusski hasta el Kremlin. Con el agravamiento de la situación cerca de Moscú, junto con las unidades de ingeniería del Ejército Rojo, bajo fuego enemigo, los zapadores de la OMSBON crearon una línea de campos minados en la zona de Klin-Yajroma-Rogachev-Dmitrov y en otros lugares. La OMSBON ayudó a ganar tiempo operativo, y a detener al enemigo en la zona de acción de los ejércitos nazis 16º, 30º y otros.

En la entrada del estadio «Dínamo» de Moscú se conserva una placa conmemorativa en la que están grabadas las siguientes líneas:

«Aquí, en el estadio «Dínamo», en los días difíciles de la Gran Guerra Patria, el 27 de junio de 1941, se formaron a partir de deportistas voluntarios los primeros destacamentos de la Brigada Independiente de Infantería Motorizada de Misión Especial (OMSBON), que lucharon heroicamente en los frentes y en la retaguardia del enemigo…».

Como un derecho y por vocación, acudieron aquí destacados deportistas del país, representantes de diversas disciplinas: corredores de atletismo, lanzadores de disco, luchadores, boxeadores, esquiadores, alpinistas, remeros… La preparación de los esquiadores se llevó a cabo mucho antes del inicio de la Gran Guerra Patria. En la Oficina Federal de Seguridad de Rusia (UFSB) de la región de Cheliábinsk se conserva un documento en el que se menciona la realización, en febrero de 1941, de una travesía de esquí de una semana por la ruta Cheliábinsk-Sverdlovsk por parte de empleados de la dirección de la NKVD, bajo los auspicios de la sociedad «Dínamo».

Los esquiadores se «bautizaron» en los combates durante la defensa de Moscú. A principios de diciembre, se encomendó a un destacamento de fusileros, bajo el mando del teniente Pavel Klochkov —uno de los mejores esquiadores de «Dínamo» de la época anterior a la guerra—, la misión de acercarse sigilosamente por la noche, esquiando, a las posiciones enemigas e iniciar un combate para distraer al enemigo del ataque principal que se estaba preparando.

Tras acercarse sigilosamente a las posiciones de los fascistas, los combatientes lanzaron granadas contra las trincheras y los búnkeres del enemigo, destruyeron los puestos de fuego y acribillaron con sus fusiles automáticos a decenas de fascistas que huían presos del pánico. Al amanecer, Krjukovo había sido completamente liberado, con lo que se eliminó uno de los principales nodos defensivos de los fascistas.

Según ha informado el servicio de prensa de la dirección regional del FSB de Rusia, el 18 de enero de 1942, cuatro destacamentos del NKVD llegaron al acuartelamiento de la 328.ª División de Infantería. Los combatientes del NKVD gozaban de una excelente forma física, estaban bien armados y dominaban las técnicas de combate cuerpo a cuerpo. El 22 de enero, el destacamento del teniente primero Kiril Lazniuk, compuesto por 27 esquiadores de la Cheká, recibió la orden de cruzar la línea del frente y expulsar a los alemanes de la localidad de Judnovo, de gran importancia estratégica. El punto de apoyo ocupado por los combatientes del comandante Lazniuk, debía mantenerse hasta la llegada de las fuerzas principales de la 328.ª División.

Durante la noche del 22 de enero, el destacamento realizó una marcha forzada de 30 kilómetros y se acercó al pueblo. Los esquiadores enviados en misión de reconocimiento descubrieron que, en lugar de una sección, en Judnovo pernoctaban 400 soldados alemanes con cañones y morteros, así como cuatro tanques, por lo que decidieron atacar al enemigo. Se contaba con el factor sorpresa y con la llegada rápida de refuerzos.

Los esquiadores, ataviados con camuflajes blancos, se acercaron silenciosamente a las afueras del pueblo, neutralizaron sin hacer ruido a los centinelas y ocuparon sus posiciones. A medianoche del 23 de enero, los esquiadores comenzaron a disparar simultáneamente contra las casas en las que pernoctaban los nazis. En los primeros minutos del combate, el soldado Zájarov lanzó granadas contra la cabaña donde se encontraban los oficiales enemigos.

Los alemanes salían corriendo de las casas presos del pánico, y quedaban atrapados en el fuego cruzado. Un grupo independiente del sargento de la Seguridad del Estado Egortsev, impidió que los tanquistas se acercaran a los vehículos. El suboficial Boichenko, el fusilero Moskalenko y el sargento Egortsev destruyeron los tanques con granadas.

El punto de inflexión de la batalla se produjo cuando, desde el pueblo de Maklákovo, entró en Judnovo una columna blindada alemana, mientras que los regimientos de la 328.ª División se retrasaban en el camino. Los esquiadores quedaron acorralados en un doble cerco. Tras los primeros disparos de los vehículos blindados enemigos, el teniente primero Lazniuk recibió dos heridas, una de ellas en la cabeza.

El sargento Egortsev asumió el mando y ordenó a sus camaradas heridos, Krugliakov y Anufriev, sacaran del campo de batalla al comandante, que había perdido el conocimiento. Los esquiadores que quedaban en combate resistieron durante varias horas, ocupando una posición defensiva circular en un granero a las afueras de Judnovo.

La batalla se prolongó hasta la mañana y terminó cuando los alemanes derribaron la construcción de madera con fuego de mortero, bajo cuyos escombros perecieron los restos del destacamento. Cuando los nazis se acercaron a las ruinas del cobertizo, el explorador Lázar Papernik hizo estallar su última granada, volándose a sí mismo y a una decena de alemanes.

De los 27 combatientes soviéticos, sobrevivieron el teniente primero Lazniuk, dos soldados que le acompañaban, y los esquiadores Korolkov y Perlin. Los combatientes supervivientes, continuaron luchando en el destacamento combinado de esquiadores del teniente Krivtsov. Prácticamente todos los agentes de la Cheká perecieron, pero lograron aniquilar a 100 soldados nazis. La llegada de refuerzos alemanes impidió la derrota total del enemigo.

En el invierno de 1941-1942, los alemanes quedaron atrapados en las nieves de las afueras de Moscú. Las tropas nazis llegaron casi hasta la capital soviética, pero la feroz resistencia de los combatientes del Ejército Rojo, las defensas creadas por la población moscovita y la firme decisión de no retroceder, frustraron los planes de Hitler de derrotar rápidamente a la URSS. En un gran extensión de bosques intransitables y llanuras nevadas, demostraron su eficacia los batallones de esquiadores del Ejército Rojo, a los que se denominaba «caballería de nieve».

En un informe de combate dirigido al Estado Mayor del Frente Occidental, el comandante del 16.º Ejército, el teniente general Rokossovski, y el miembro del Consejo Militar Lobachev escribieron:

«La misión encomendada por el mando al destacamento del teniente primero K. Lazniuk se ha cumplido. Los héroes chekistas contuvieron a los fascistas cerca de la aldea de Judnovo hasta la llegada de las fuerzas principales del 16.º Ejército. Esto permitió que, gracias a la acción conjunta de las unidades del 10.º y el 16.º Ejército, se derrotara a un importante grupo de tropas hitlerianas en Sujinichi. Los esquiadores de la Cheká realizaron una hazaña inmortal, y son merecedores de una alta condecoración».

Por el valor y el heroísmo demostrados, los 22 combatientes fallecidos de la OMSBON, fueron condecorados a título póstumo con la Orden de Lenin. El suboficial político Lazar Papernik, que se inmoló con una granada junto con los fascistas que lo rodeaban, fue galardonado con el título de Héroe de la Unión Soviética (a título póstumo).


Las garras se extienden

A partir de 1942, la tarea principal de la brigada pasó a ser la preparación de unidades para actuar en la retaguardia profunda del enemigo. A principios de ese otoño, se habían infiltrado 58 de estas unidades en la retaguardia enemiga. Por regla general, estas se convertían posteriormente en grandes unidades guerrilleras. Durante la guerra se formaron 212 destacamentos y grupos con un total de 7.316 combatientes (los destacamentos «Ganadores» al mando del mismo D. N. Medvedev, y «Caminantes» al mando de E. I. Mirkovski, la brigada partisana «Inalcanzables» bajo el mando de M. S. Prudnikov, entre otros).

Entre 1941 y 1944, las brigadas entrenaron y enviaron más de 200 grupos operativos a la retaguardia enemiga.

Esta labor tan intensa y extensa, no ha tenido el reconocimiento de los historiadores y las autoridades rusas, puesto que fueron fundamentales en la Gran Guerra Patria. Desarrollaron primordialmente el movimiento guerrillero soviético en todo el territorio temporalmente ocupado de la RSFS de Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Lituania. Sobre la base de muchos de estos grupos, se crearon grandes destacamentos y formaciones partisanas. Los ejemplos más destacados tuvieron lugar en las batallas por Kiev, Stalingrado, Leningrado, Riga, Moscú, Tula y otras ciudades.

A finales de octubre de 1941, los fascistas se acercaron mucho a Tula y ocuparon Yasnaya Polyana y la localidad de Kosaya Gora. No había grandes formaciones del Ejército Rojo cerca de Tula. Las fuerzas disponibles eran: el 732.º Regimiento Independiente de Artillería Antiaérea, y el 156.º regimiento de la 69.ª brigada de las tropas del NKVD para la protección de importantes empresas industriales. Esta brigada, estaba formada por batallones de combate y destacamentos de la milicia popular, toda ella a partir del regimiento obrero de milicianos voluntarios de Tula, más un batallón de la milicianos locales, que asumieron el peso principal de los ataques enemigos durante los primeros días de la defensa de la ciudad. Los nazis no pasaron de Tula, fue una de las grandes proezas del Ejército Rojo.

En Leningrado, toda la milicia local se incorporó a las zonas de defensa, constituyendo un batallón en otoño de 1941. En el libro del reconocido especialista en la historia de la Gran Guerra Patria, G. A. Kumanev, se recogen numerosos ejemplos de la participación miliciana en las acciones bélicas. Mencionaremos algunos hechos relacionados con la «joven» milicia de las repúblicas bálticas, que acababan de incorporarse a la Unión Soviética.

El comandante de la milicia del distrito de Tukums, pasó a ser Comandante del Regimiento de Cazadores Voluntarios Rojos Letones, que «...comenzó a cumplir importantes misiones de combate, llevando a cabo acciones activas contra las tropas hitlerianas que avanzaban, y las bandas de nacionalistas burgueses».

El 1.º Batallón del Regimiento Miliciano Obrero de Narva, formado en agosto de 1941, estaba compuesto casi en su totalidad por militantes comunistas y agentes de la milicia.

En los combates por Tallin, junto con las tropas regulares, las unidades de la milicia «repelieron heroicamente los ataques de las tropas de élite de las divisiones nazis de infantería 254, 61, 217 y 291». El Batallón de la Milicia Estonia, casi todos bolcheviques, asombró por su capacidad al enemigo abrumadoramente más numeroso, resistiendo hasta el último miliciano.



Stalingrado

A principios de 1942, el comité regional del partido y el comité municipal de defensa crearon una división nueva en Stalingrado. Más tarde, ésta fue una de las primeras unidades en enfrentarse en un combate desigual, contra las tropas alemanas que habían irrumpido en la ciudad.

Los plazos para la formación de la división y su composición quedaron determinados por una resolución especial del Comité Estatal de Defensa (GKO). Las unidades de la 10.ª División de Infantería de las tropas del NKVD, al mando del coronel Alexandr Andrévich Saráev, llegaron a Stalingrado en enero de 1942. El mayor Vasíli Ivánovich Zaitsev fue nombrado Comandante del Estado Mayor de la división. El núcleo de la división lo formaban combatientes y mandos de las tropas fronterizas, entre ellos habitantes de los Urales y de Siberia procedentes de Sverdlovsk, Irkutsk y Novosibirsk, pero el núcleo principal de los regimientos 269 y 270, lo constituían los habitantes de Stalingrado, enviados de las organizaciones del Partido y del Komsomol de la ciudad. Tres mil habitantes de Stalingrado lucharon en las filas de la legendaria división.

La división, junto con las milicias populares, recibió en el verano de 1942 el primer ataque del enemigo, que avanzaba hacia el Volga. Además de las unidades de la 10.ª División de las tropas del NKVD, durante la batalla de Stalingrado también se encontraban en la ciudad agentes de la milicia criminal y la Contrainteligencia. En más de una ocasión tuvieron que participar en operaciones de reconocimiento, y salir a capturar a paracaidistas enemigos, espías y saboteadores.

Por el cumplimiento ejemplar de las misiones de combate encomendadas por el mando soviético en la defensa de las orillas del Volga, el 2 de diciembre de 1942, la 10.ª División de las Fuerzas del NKVD, fue condecorada con la Orden de Lenin. Cientos de sus combatientes, comandantes y responsables políticos fueron galardonados con distinciones gubernamentales. Veinte milicianos de la división recibieron el título de Héroe de la Unión Soviética. Nueve de ellos no llegaron a ver el Día de la Victoria, y cinco de ellos fueron condecoradas con las Órdenes de la Gloria en sus tres grados.

Posteriormente, los soldados de la división enriquecieron las tradiciones bélicas, construidas de la ciudad heroica a orillas del Volga, en las batallas del Arco de Kursk, durante el cruce del Vístula, y en los combates por Breslavl.

En total, gracias a la actuación de las brigadas, se descarrilaron 1.415 trenes enemigos que transportaban efectivos, material militar, municiones y combustible, así como 5 trenes blindados.

Durante la Gran Guerra Patria, los combatientes del NKVD de OMSBON participaron en la Batalla de Moscú en 1941-1942, llevando a cabo misiones de combate tras las líneas enemigas en los bosques de la región de Smolensk, la región de Briansk, en la tierra de Kaluga, en territorio de los Estados Bálticos, Bielorrusia y Ucrania. En 1943, los francotiradores de la brigada escalaron el Elbrus, izaron la bandera alemana desde su cima y izaron la Bandera Roja. En la fase final de la guerra, destacamentos y grupos de combatientes del NKVD de OMSBON operaron en el territorio de Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Yugoslavia y Alemania.

Se destruyeron además, 1.232 locomotoras de vapor, 13.181 vagones, plataformas y cisternas, 2.323 vehículos, tractores y motocicletas, se volaron 92,2 km de vías férreas, destruyéndose 335 puentes ferroviarios y de carretera. El tráfico ferroviario se interrumpió más de 450 veces.

Se destruyeron 145 tanques y vehículos blindados, y se derribaron 51 aviones. Se inutilizaron unos 700 km de cable de líneas telefónicas y telegráficas, incluidos hasta 240 km de cable que conectaban el mando del Frente Oriental alemán con el cuartel general de Hitler.

Se llevaron a cabo más de 400 actos de sabotaje adicionales, que tuvo como resultado, la voladura de 344 empresas industriales y almacenes nazis. Asimismo, se produjeron 1.084 enfrentamientos bélicos con el enemigo y se aniquilaron 122 guarniciones, comisarías de gendarmería y policía, comandancias de colaboradores y cuarteles generales de ejércitos nazis.

En combate directo, se aniquilaron 136.130 soldados y oficiales del enemigo. Se eliminaron 87 altos oficiales de los ocupantes, 2.045 agentes fascistas y colaboradores del enemigo. Se capturaron como botín 45 cañones, morteros y ametralladoras, más de 850 fusiles y metralletas, 21 tanques, piezas de artillería autopropulsadas y tractores, más de 100 motocicletas y bicicletas.


Apéndice.


* Una noche Félix Dzerzhinski caminaba a su casa. Era otoño. Lloviznaba, había niebla. Una multitud se reunió cerca de una vieja casa en ruinas. Dzerzhinski se acercó y escuchó las conversaciones.



«¿Qué pasó?» Preguntó.

«Un niño, sin hogar, o algo así», dijo una mujer con un abrigo de piel de oveja, «cayó en el sótano, sí, aparentemente, y cayó enfermo de tifus. Yace inconsciente, pero es imposible socorrerlo. Las ventanas son altas y la puerta está bloqueada».

Dzerzhinski se fue y regresó un cuarto de hora después con una docena de hombres del Ejército Rojo. Golpearon el yeso, desmantelaron parte de la pared, ladrillo por ladrillo y entraron al sótano. Dzerzhinski entró primero.

El niño fue encontrado en la esquina más alejada. Félix Edmúndovich encendió un fósforo y se arrodilló junto al niño. «Las ratas lo mordieron», dijo con voz apagada, «también su brazo y hombro». «Cayó enfermo, aparentemente perdió el conocimiento, y las ratas se abalanzaron sobre él».

«¡¡¡Alúmbrame, lo sacaré!!!» Levantó al niño en sus brazos y, tratando de no tropezar, lo llevó cuidadosamente a la brecha en la pared. Ya era de día. Todavía había una multitud fuera de la casa.

Dzerzhinski puso al niño en una camilla, el Ejército Rojo lo recogió y se lo llevó. Dzerzhinski los siguió.

Cuando la gente desapareció bajo la lluvia y la niebla, la mujer del abrigo de piel de oveja preguntó:

«¿Y quién es este que llevó al niño?» ese de la cara larga y cansada. Un marinero desconocido con una gorra respondió: «Este es Dzerzhinski. Presidente de la Cheká».

Y el presidente de la Cheká siguió a la camilla, limpiándose ocasionalmente la cara mojada por la lluvia, y tosiendo.

No fue a su casa esa noche. Directamente del hospital, donde el Ejército Rojo llevó al niño, regresó a su oficina y se sentó en su escritorio para trabajar.

Comprendió que el futuro de los niños abandonados tenía que solucionarse radicalmente. Y asumió la tarea de recoger, mantener y educarlos, a cargo del Estado Soviético, como una tarea de la Cheká.

Mientras en EE.UU vendían niños, en la URSS se crearon ya en los años 20 del siglo pasado, hace más de 100 años, las primeras casas de acogida y colonias de educación que recogieron a todos los niños y niñas que eran huérfanos o estaban solos, vagabundos, o delincuentes juveniles, con progresos pedagógicos que supusieron esa diferencia abismal entre el método socialista y los centros de internamiento capitalistas, auténticas cárceles de niños.


1 de agosto de 2026

LAS HAZAÑAS DE LOS CHEKISTAS NO HA SIDO RECONOCIDAS, 1ª Parte


Обелиск на площади Чекистов

Monumento dedicado en Stalingrado, a la 10ª División del NKVD.

Por Nestor Guadaño. Enlaces consultados del portal ВКП(б)-ЛИНИЯ СТАЛИНА, PCUS (b)-LA LÍNEA DE STALIN, a partir de entrevistas y artículos.


Apunto de ser disuelto el CMR (Comité Militar Revolucionario), a finales de1917, las tareas de seguridad y protección del nuevo estado, requerían de milicianos bolcheviques, para no quedar bajo la lupa y merced del nuevo Gobierno de coalición con los socialrrevolucionarios de izquierda. El máximo órgano de gobierno soviético, Sovnarkom, entendió que tenía que crear un nuevo tipo de organización de defensa de la Revolución Socialista.

Así nació la VChK (Cheká-Comisión Extraordinaria Panrusa para la Lucha contra la Contrarrevolución y el Sabotaje). 

En 1934, de la VChK, todas las competencias de Seguridad Interior mediante un decreto del Soviet Supremo de la URSS, pasan al Comisariado Popular de Asuntos Internos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (NKVD de la URSS), encargado de la lucha contra la delincuencia y el mantenimiento del orden público.


La espada de protección proletaria contra los enemigos de clase.

Difícilmente se encontrará en los medios de comunicación, tanto de ahora como de la época de la perestroika y de los años posteriores, un colectivo que haya sido objeto de tal difamación y calumnias como los agentes de las fuerzas de seguridad soviéticas. El ocultamiento a gran escala de su labor, sobre todo en los primeros años de la revolución, y especialmente su actuación durante la Gran Guerra Patria.

Pero la verdad objetiva, es que los órganos del NKVD (En ruso: НКВД, Народный Комисариат Внутренних Дел-Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), desempeñaron un papel decisivo en los días más tensos y cruciales de la contienda. Voluntarios, la mayoría miembros del Partido Bolchevique, ideológicamente avanzados, que entonces prestaban servicio en diferentes instancias del Comisariado.

La NKVD combinaba las funciones de la milicia popular ordinaria, formada por comunistas y simpatizantes, con otras competencias muy amplias de la seguridad del Estado. Sus labores de la defensa social de clase público, se unía a las específicas tareas semejantes a la investigación de delitos comunes, control de tráficos y servicios administrativos. Su labor es aún más importante si lo comparamos con otros países, pues gracias a la unidad de funciones, asumió las responsabilidades de:

  • Dirección de la milicia popular administrativa y preventiva.

  • Gestión de los campos de trabajo y correccionales. Centros de detención y deportación.

  • Guardias fronterizos y tropas fronterizas.

  • Brigadas de bomberos, control de transportes y expedición, y migraciones internas.

  • Servicios de inteligencia interior y contrainsurgencia.

Las necedades vertidas sobre ellos han sido muy utilizadas. Una descompuesta película contemporánea de sus miembros, irreal, muy casposa: el agente de la NKVD debía tener necesariamente un rostro regordete y reluciente, vestido con un uniforme nuevo y llevar lujosas botas cromadas. Si se queda en la retaguardia, se dedica a vigilar a presos inocentes, condenados sin falta en virtud del artículo 58, el «antisoviético». Y si se quedaba en la retaguardia del frente, no hacía más que redactar denuncias contra soldados y comandantes, o disparaban con ametralladoras, como unidades de barrera, provocando muertes sin sentido, de una multitud de reclutas desarmados e inocentes. Además, tenía que ser sin falta, un sádico, un depravado y un borracho.

La realidad fue bien distinta. La mayoría del pueblo soviético estimaba orgullosamente a los camaradas de los cuerpos chekistas, porque por su entrega, su fidelidad a la clase obrera, eran muy queridos. A diferencia del ejército, estuvieron mejor preparados para la guerra. y, ya a última hora de la noche del 21 de junio de 1941, las tropas internas y de los distritos fronterizos, —que por entonces formaban parte de la estructura de los órganos de asuntos internos— fueron puestos en estado de alerta. 

En vísperas de la Gran Guerra Patria, el Ministerio de Asuntos Internos de la URSS contaba, además de las tropas fronterizas, con tropas encargadas de la protección de las infraestructuras ferroviarias y de las empresas industriales de especial importancia, así como como tropas de escolta y de unidades operativas del Interior.

Al comienzo de la guerra, las tropas del NKVD estaban compuestas por 14 divisiones, 18 brigadas y 21 regimientos independientes de diversos destinos, de los cuales se encontraban en los distritos occidentales 7 divisiones, 2 brigadas y 11 regimientos operativos de las tropas internas, antes de la guerra, en los distritos especiales del Báltico, del Oeste y de Kiev. Meses antes se habían formado las divisiones motorizadas de infantería chekistas n.º 21, n.º 22 y n.º 23. Además, en la frontera occidental de la URSS, en los 8 distritos fronterizos, contaban con 49 destacamentos fronterizos y otras unidades.

Entonces, las tropas fronterizas del NKVD contaban con 167.600 milicianos, mientras que las tropas internas del NKVD —173.900—, entre los que se incluían:

* tropas de protección de las vías férreas: 63.700 efectivos.

* tropas operativas (sin contar de las academias militares): 27.300 efectivos.

* tropas de protección de instalaciones industriales de especial importancia: 29.300 efectivos.

El número de efectivos de las tropas de vigilancia ascendía a 38.300 personas.

Las tareas de las tropas fronterizas del NKVD consistían en la protección de la frontera estatal de la Unión Soviética, la lucha contra los saboteadores y la identificación de quienes infringían el régimen fronterizo.

La misión de las tropas operativas del NKVD era la lucha contra el bandolerismo: la detección, el bloqueo, la persecución y la aniquilación de las bandas.

Las tareas de las tropas ferroviarias del NKVD consistían tanto en la protección como en la defensa de las instalaciones, para lo cual disponían, en particular, de trenes blindados.

El servicio de las tropas del NKVD para la protección de instalaciones industriales de especial importancia, se llevaba a cabo con los mismos métodos que la protección de la frontera estatal.

La misión de las tropas de vigilancia del NKVD consistía en escoltar a los condenados, los prisioneros de guerra y los deportados, así como en vigilar los campos de prisioneros de guerra, las cárceles y las instalaciones en las que se utilizaba mano de obra de los condenados.

El 22 de junio de 1941, entraron en combate contra las tropas alemanas 47 unidades fronterizas terrestres y 6 marítimas, así como 9 comandancias fronterizas independientes del NKVD. Al comandante del puesto fronterizo, A. V. Lopatin, graduado de la 4.ª Escuela de Guardia Fronteriza y Tropas de la OGPU de Saratov (actualmente, Escuela Superior de Mando «Bandera Roja» del Ministerio del Interior de Rusia), se le concedió a título póstumo el título de Héroe de la Unión Soviética.

De los campos de trabajo para condenados por diferentes penas, tuvieron un papel significativo en la formación de las unidades del Ejército Rojo, especialmente durante el primer año de la Gran Guerra Patria. A petición de la dirección del NKVD, el Presidium del Consejo Supremo de la URSS aprobó en dos ocasiones, el 12 de julio y el 24 de noviembre de 1941, decretos de amnistía y liberación de presos. En virtud de estos dos decretos, hasta finales de 1941 se destinaron al Ejército Rojo alrededor de 420.000 amnistiados, lo que equivalió a 29 divisiones. En total, a lo largo de los años de la guerra, se incorporaron a las filas de las fuerzas armadas unos 975.000 amnistiados, con los que se completaron 67 divisiones.

Asimismo, durante la Gran Guerra Patria, se formaron grupos operativos especiales del NKVD para operar en las primeras líneas de frente. Comunistas de la Milicia Criminal y de la Contrainteligencia dentro del Ejército Rojo (SMERSH-Muerte a los espías), creados para localizar y detener a los traidores y a los «polizais» que se habían escondido entre los evacuados al este. Esta unificación fue esencial, pues coordinando ambos departamentos del SMERSH y la Milicia Criminal, los chekistas se centraron en la búsqueda de agentes nazis infiltrados, y más tarde en los territorios liberados del enemigo.

Además, durante la Gran Guerra Patria, la Milicia Criminal y la Contrainteligencia, además de sus funciones principales, se dedicaron activamente a la lucha contra las acciones de sabotaje, el vandalismo, el saqueo, el alarmismo y la deserción. Asimismo, muchos agentes de la Milicia Criminal y de la Contrainteligencia, formaron parte de las unidades de combate encargadas de aniquilar a los grupos de reconocimiento del enemigo, y de llevar a cabo acciones de sabotaje en la retaguardia enemiga.

Durante la Gran Guerra Patria, además de participar en las operaciones bélicas, una de las principales tareas de los agentes de la Contrainteligencia era controlar el abastecimiento del frente, y de la industria de defensa con los recursos necesarios.

En la defensa de Leningrado y el mantenimiento del orden público, participó la 41.ª Brigada Independiente de Tropas de Vigilancia del NKVD.

En la defensa de Stalingrado, participó activamente la 10.ª División de Infantería del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos.

Durante la Gran Guerra Patria, las tropas internas del NKVD llevaron a cabo 9.292 operaciones de lucha contra el bandolerismo, en las que murieron 47.451 bandidos y fueron capturados 99.732, sumando un total de 147.183 delincuentes neutralizados. Las tropas fronterizas liquidaron entre 1944 y 1945 a 828 bandas, con un total de unos 48.000 bandidos. Durante los años de la guerra, las tropas ferroviarias del NKVD protegieron unas 3.600 instalaciones ferroviarias de la URSS. Estas tropas escoltaron los trenes que transportaban a militares y cargas civiles de gran valor.

Desde la época de Jrushchov, se ha silenciado obstinadamente que las tropas fronterizas desempeñaron un papel fundamental en la defensa de la fortaleza de Brest, y que la inscripción inmortal en la pared de la ciudadela «¡Muero, pero no me rindo! ¡Adiós, patria!» fue escrita por un combatiente del 132.º batallón independiente de las fuerzas guardafronteras, del NKVD de la URSS.

Una semana después del inicio de la guerra, el 29 de junio de 1941, Stalin se enteró de la caída de Minsk no por el Estado Mayor del Ejército Rojo, sino a través de informes de emisoras de radio extranjeras y, según consideran los investigadores actuales de la Segunda Guerra Mundial, la confianza del líder soviético en sus militares se vio gravemente sacudida.

Fue precisamente ese día cuando se publicó la famosa orden n.º 00100 del Estado Mayor del Mando Supremo, sobre la formación urgente de quince divisiones del frente de reserva, a partir de efectivos milicianos y profesionales del NKVD. En total durante toda la guerra, se formaron 109 divisiones y 33 brigadas, algunas de ellas integradas en el 70.ª Ejército. Organizadas como las divisiones del Ejército Rojo, disponían de batallones de artillería, antitanque e ingenieros.

Conformaban cada división entre 8.000 y 14.000 milicianos.

Cuatro de los seis ejércitos soviéticos que resistieron hasta la muerte cerca de Smolensk, estaban al mando de comandantes del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, mientras que la primera operación ofensiva exitosa del Ejército Rojo —la de Yelnia—, la llevó a cabo el 24.º Ejército del Frente de Reserva, bajo el mando del general Konstantín Rakutín, también procedente del Comisariado.

Por ello, el (GKO) Comité Estatal de Defensa encomendaba todo tipo de tareas a los miembros de los cuerpos de seguridad interior, llegando incluso a que el Comisariado tuviera que velar por la puntualidad en la entrega del correo y los paquetes a los soldados del Ejército Rojo en el frente, así como de sus cartas a casa.

Cuando, al comienzo de la guerra, la situación de las comunicaciones entre el Estado Mayor y los frentes se volvió sencillamente insostenible, el GKO traspasó esta cuestión al Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos y, al cabo de unos meses, el problema quedó resuelto. El NKVD garantizó una comunicación clara e ininterrumpida desde el Kremlin hasta cada una de las divisiones.

El principal pilar de la defensa de Leningrado en el otoño de 1941, fueron varias divisiones del NKVD, que junto con las unidades de la milicia popular, detuvieron al enemigo en las proximidades de la capital del norte.

Aún no se ha valorado en su justa medida la contribución de los agentes de seguridad interior en la defensa de Moscú. Iván Kozhin, que entre 1954 y 1962 fue ministro del Interior de la República Autónoma de la República de Ashan-Bashkiria, había dirigido en 1941 el departamento político de la Dirección Municipal de la Milicia de Moscú. Es bien conocida la situación de emergencia que se vivió en Moscú en octubre de aquel año: cundió el pánico, se produjeron saqueos en las tiendas y los desertores se abalanzaron sobre la ciudad. Pero, gracias a las medidas enérgicas adoptadas, las fuerzas de seguridad restablecieron rápidamente el orden en la capital. Iván Akímovich fue condecorado, merecidamente, con varias órdenes militares. Pero la medalla «Por la defensa de Moscú» le resultaba especialmente querida.

Las últimas unidades militares que lograron cortar el paso al enemigo en Stalingrado, Bakú y Grozni en 1942 también fueron formaciones del NKVD de la URSS. Desde mediados de la década de 1950, estas hazañas se ocultaron cuidadosamente, ya que el entonces jefe de Estado, Nikita Serguévich Jrushchov, fue uno de los principales responsables de la catastrófica derrota de las tropas soviéticas cerca de Járkov, y sabía perfectamente quién había salvado posteriormente la situación del frente en el Donbáss.

En aquellas terribles y sangrientas batallas en el sur del país, se destacó nuestro compatriota, Román Bábushkin, dentro de las divisiones que ralentizaron el avance sobre Stalingrado. Román llegó a ser coronel de la Milicia de las Fuerzas de Seguridad del Interior, por estas acciones y por su liderazgo en combate en la toma posterior de Kaliningrado, terminó la guerra con el título de Héroe de la Unión Soviética.

En total, de los órganos del NKVD de la URSS se formaron 29 divisiones de primera clase especial durante la guerra. Los agentes de la milicia bashkira eran los más preparados, tanto física como profesionalmente, y partieron hacia el frente, incorporándose primeramente a las unidades en formación, en Cheliábinsk y Sverdlovsk. Allí mismo, en otoño de 1942, se formó también el famoso 70.º Ejército Independiente de las tropas del NKVD, cuyo entrenamiento y heroísmo destacó en sus memorias incluso el mariscal Zhúkov, tan poco dado a los elogios.

La preparación militar de los agentes del Interior era superior a la del Ejército Rojo. Para ello, el Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos formaban en tácticas de combate con antelación, y a fondo. Los historiadores han calculado que, desde el 25 de noviembre de 1938 hasta el 21 de junio de 1941, aproximadamente la mitad de las órdenes del NKVD, se dedicaron al entrenamiento de sus milicianos comunistas de las tropas internas, los guardias fronterizos y otros miembros de su personal.

Tras el inicio de la guerra, el Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos de la URSS, emitió una directiva que exigía a los milicianos estar preparados en todo momento y en cualquier circunstancia, para llevar a cabo misiones de combate, ya fuera de forma autónoma o en colaboración con unidades del Ejército Rojo.

El 5 de julio de 1941, el Comandante de las fuerzas del Interior se dirigió a su propio comisariado, con la propuesta de iniciar el adiestramiento militar especial de todos los combatientes de la milicia popular y de los batallones de combate, propuesta que fue aceptada de inmediato.

Ya antes de la guerra, se habían incorporado unidades de francotiradores a la estructura de las tropas internas. ¡Y con qué calidad de especialistas, se formaron en las escuelas de francotiradores de la NKVD para el frente! Sus graduados fueron muy codiciados en el Ejército Rojo. Con el tiempo, estos especialistas se integraron en los llamados Ejércitos de Propósito Especial (Spetsnaz).

Por orden del comisario Lavrenti Beria, en agosto de 1942, los 50 mejores francotiradores de la NKVD, armados con rifles con miras ópticas y silenciadores, fueron trasladados urgentemente en avión a la zona de los pasos del Cáucaso. Estos combatientes, perfectamente equipados y camuflados, neutralizaron rápidamente a los oficiales que comandaban las unidades de cazadores de montaña de las divisiones «Edelweiss» y «Tiroleses». Poco después llegaron también unidades de élite de las tropas internas de la NKVD. Al haber perdido a una parte considerable de sus comandantes, y al toparse con una resistencia tenaz, las tropas fascistas detuvieron su avance hacia el Cáucaso.

Todo ello se llevó a cabo al margen de la tarea principal que tenían encomendada los órganos del NKVD durante la guerra, a saber: la protección de la retaguardia del ejército en acción, la eliminación de los agentes enemigos y sus cómplices, y el mantenimiento del orden en la zona cercana al frente.

Literalmente, a los pocos meses del inicio de la guerra, los chekistas y los miembros de la milicia eliminaron casi por completo, a los grupos de saboteadores, que el enemigo había infiltrado en gran número en la retaguardia de nuestras tropas. Los alemanes no lograron crear ni el más mínimo atisbo de movimiento partisano pronazi. Los agentes alemanes fueron capturados a centenares.

Por otra parte, fueron precisamente voluntarios del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos, los verdaderos organizadores y directores del movimiento guerrillero clandestino en la retaguardia enemiga. La legendaria Brigada Independiente de Infantería Motorizada en Misión Especial —la OMSBON—, los llamados paracaidistas rojos, que actuaban en la retaguardia enemiga, también fue creación de la NKVD.

Entre los miembros de uno de los grupos de sabotaje paracaidista, para la labor guerrillera, miliciana del NKVD Zoya Kosmodemíanskaya, sobre la que la «opinión pública liberal» ha vertido en las últimas dos décadas no pocas calumnias, llegando incluso a afirmar que Zoya era supuestamente una persona con trastornos mentales y que, por eso, según dicen, no la enviaron de inmediato a la misión. La verdadera razón era otra. Zoya era una chica de la capital «demasiado» guapa y bien arreglada, y el mando temía seriamente que pudiera llamar la atención de los alemanes desde el primer momento.

Otro mito más: los antiguos prisioneros de guerra del Ejército Rojo, a quienes, según los estereotipos arraigados, se enviaba en masa a los campos de Kolimá o Vorkuta, donde eran objeto de vejaciones por parte de los pulcros agentes de la NKVD.

Según datos del NKVD, materiales de historiadores contemporáneos y de la asociación «Memorial» —a la que difícilmente se puede sospechar de simpatías hacia las fuerzas del orden soviéticas—, alrededor del 10 % de los prisioneros de guerra fueron objeto de represalias durante la guerra, entre otras cosas mediante su envío a batallones de asalto, y la mayoría de ellos se lo merecían plenamente. De lo contrario, ¿de dónde salían durante la guerra los seguidores de Vlasov, los policías, los jefes de aldea, los alcaldes, los llamados «jivi» —colaboradores voluntarios de la Wehrmacht— y otros cómplices de los fascistas?

Según documentos publicados recientemente, a 1 de enero de 1941 había 1.929.000 presos en los campos y colonias de la URSS. En los seis meses posteriores al inicio de la guerra, gracias a dos amnistías llevadas a cabo a propuesta del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos, se indultó a 420.000 personas. A los hombres aptos para el servicio militar se les envió al frente, a unidades regulares. En total, durante los tres primeros años de la guerra, se destinaron 975 mil antiguos presos a reforzar el Ejército Rojo.

También se liberó de las colonias a los condenados por delitos menores, a los discapacitados, a los ancianos, a los menores de edad, a las mujeres embarazadas y a las mujeres con hijos. No se liberaba a quienes estaban encarcelados por delitos contrarrevolucionarios. Por eso, series como «Shrafbat» distan mucho de ser objetivas.

El héroe nacional de nuestro país, Alexandr Matrósov, también era un exrecluso. Ya cuando se encontraba en la colonia infantil, ansiaba ir al frente y escribió sobre ello en una carta al comisario del pueblo de Defensa. Le creyeron y Sasha partió de Ufa hacia la escuela militar con unas referencias excelentes. En el ejército fue admitido en el Komsomol. Un hombre resentido con todo el mundo, difícilmente se habría sacrificado y habría realizado la hazaña, que inmortalizó su nombre para siempre.

O he aquí otro dato poco conocido: de entre el personal de seguridad militarizado de los campos y prisiones se destinaron 93.500 milicianos a las unidades de combate del Ejército Rojo, a quienes sustituyeron personas de más edad, trabajadores no aptos por motivos de salud para el servicio en el ejército en activo, así como combatientes y comandantes del Ejército Rojo liberados del cautiverio alemán. En total, de los Campos de Trabajo se enviaron al frente 117.000 efectivos chekistas, es decir, 10 divisiones de infantería completas. 

El control del régimen de pasaportes, el cumplimiento de las normas de empadronamiento o su baja, y la investigación de cualquier «peticionario sospechoso», se llevaban a cabo de forma rigurosa e implacable.

La extraordinaria labor realizada por los chekistas, contra los espías enviados desde Occidente, y sobre todo por parte del Reich alemán, tuvo una reputación mundial muy significativa sobre la eficacia de la Inteligencia Soviética. La captura de miles de agentes enemigos, el control y administración de redes enteras de agentes dobles, a menudo a expensas de tener que sacrificar información auténtica, para mejorar las operaciones de sus campañas de engaño. En los primeros 18 meses hasta septiembre de 1943, el NKVD convirtió a 80 agentes enemigos capturados, equipados con transmisores inalámbricos, en agentes soviéticos. Y hasta el final de las hostilidades, la justicia soviética ejecutó a 185 agentes dobles nazis con sus redes.

¡Y cuántos desertores, que se habían colado desde el frente hasta la retaguardia más profunda e intentaban ganarse la vida con robos y atracos, fueron capturados por nuestros milicianos! Esta es una historia aparte y muy dramática. Muy desconocida esta lucha en la retaguardia soviética, singularmente intensa. 

En las ciudades, los milicianos tuvieron la difícil misión de impedir la deserción y el saqueo, así como la detención e interrogatorio de los alarmistas y provocadores.

El 7 de noviembre de 1941, más de la mitad de la milicia se encontraban desplegada en el frente. Fueron sustituidos en parte por mujeres. Y solo con el paso del tiempo, fueron regresando a los cuerpos de seguridad los combatientes dados de baja. En 1943 la plantilla miliciana se había renovado en un 90 %, por agentes no aptos para el servicio militar. Por ejemplo, en la Stalingrado durante la contienda, las fuerzas femeninas constituyeron alrededor del 20 %. Las mujeres se familiarizaban con las tareas militares, aprendían a manejar las armas, se iniciaban en los fundamentos de los primeros auxilios y se formaban en las labores estrictas milicianas.

Solamente en Moscú, en pocos meses se incorporaron a las fuerzas milicianas 1.300 mujeres, que anteriormente habían trabajado en instituciones y organismos estatales. En vísperas de la Gran Guerra Patria, eran 138, y durante los años de la guerra aumentaron las cuatro mil. Muchas de ellas tuvieron puestos de mucha responsabilidad. Miles más trabajaban como agentes de barrio, cuerpos de vigilancia contrarrevolucionaria, que realizaron labores operativas en los servicios de investigación criminal, y lucharon contra los robos.

El servicio de la milicia en la capital soviética resultó especialmente complicado. Las fuerzas del orden de Moscú se encargaban de los puestos de control en las autopistas que rodeaban la ciudad, supervisando todas las entradas y salidas. Tenían poco tiempo para dormir y descansar. Los milicianos, especialmente, contribuyeron enormemente a la defensa de Moscú frente a la aviación enemiga. En una sola noche, del 21 al 22 de julio de 1941, la capital fue atacada por 250 aviones alemanes, pero gracias a los esfuerzos conjuntos se repelió el ataque, y se derribaron 22 aviones enemigos. Por la defensa de Moscú frente a la aviación hitleriana, se expresó un agradecimiento especial a la milicia moscovita. Además, mediante un decreto especial del GKO, se distinguieron especialmente diversos milicianos que fueron condecorados con órdenes y medallas.

A medida que se recrudecía el conflicto bélico, la situación delictiva en el país también empeoraba. En 1942, el índice de criminalidad aumentó un 22 % con respecto a los niveles previos a la guerra. Y esta cifra siguió aumentando de forma constante. El primer descenso no se observó hasta mediados de 1945. Aprovechando la complicada situación, los desertores y los delincuentes se armaban y se agrupaban en numerosas bandas. Durante los meses de asedio en Moscú, los agentes de la NKVD incautaron más de 11.000 pistolas y metralletas. Según relatan los veteranos de la milicia criminal, en aquella época incluso los pequeños ladrones y estafadores, tradicionalmente desarmados, se hicieron con armas de fuego.

Por no hablar de las grandes bandas. A menudo contra ellas, se desarrollaron auténticas operaciones de combate. En 1942, en Tashkent actuaba una banda de un centenar de personas que había cometido al menos 100 delitos graves. Para su eliminación se envió una brigada de la NKVD, que llevó a cabo con éxito esa difícil tarea. Operaciones de este nivel se llevaron a cabo en 1943 en Novosibirsk y en 1944 en Kuibishev.

Los milicianos tuvieron que dedicar una gran cantidad de esfuerzos y tiempo, en el desarme de personas. que ocultaban muchas armas recogidas en los campos de batalla. Cuando los fascistas retrocedían poco a poco, la milicia registraba zona tras zona. En abril de 1944 se habían incautado oficialmente a la población 8.357 ametralladoras, 257.790 fusiles, 11.440 subfusiles, unos 56.000 revólveres y pistolas, y más de 160.000 granadas.

Durante muchos años, este arsenal se fue incrementando, y siguieron siendo recogidas para su almacenamiento y destrucción.

Las fuerzas totales del NKVD durante la Gran Guerra Patria llegaron a 53 divisiones y 28 brigadas, sin contar las tropas fronterizas. Aproximadamente una décima parte del número total de divisiones de fusileros del Ejército Rojo. Parte muy importante de ellas fueron utilizadas tras la guerra, en las detenciones de los desertores, nacionalistas y alemanes prófugos en Ucrania y las repúblicas bálticas, que duraron hasta principios de la década de 1950. 

He aquí sólo un episodio. En 1942, en el territorio de Iglinsk y los distritos vecinos de la República Autónoma de la República de Ashan-Bashkiria, desarrolló una intensa actividad una banda de desertores liderada por Piotr Vaider, que cometió cuatro atentados terroristas, ocho asesinatos y numerosos atracos a mano armada en escuelas, tiendas rurales, cooperativas y contra ciudadanos de a pie. En los enfrentamientos con los delincuentes murieron siete milicianos, hasta que, finalmente, en enero de 1946, la banda de salteadores fue neutralizada, y sus miembros y cómplices, detenidos. El cabecilla de la banda, Piotr Vaider, fue fusilado en abril de ese mismo año, en cumplimiento de la sentencia del tribunal militar del Distrito Militar del Sur de los Urales. Sus cómplices también recibieron su merecido.

Un aspecto muy importante de la labor de los chekistas, apoyados por las milicianas de las diferentes ciudades durante los años de la guerra, fue la recogida y amparo de los niños abandonados *. Los agentes se dedicaban con gran determinación a localizar estos niños desamparados, que habían perdido a sus padres, muertos tras los bombardeos, o fusilados o huidos, y que sin hogar vagaban entre escombros, campos y caminos, sin techo ni ayuda. Fueron alimentados y acogidos en colonias infantiles especiales, gestionadas por chekistas especializados.

Además, de entre las labores fundamentales de los comunistas salidos de las escuelas del Comisariado, muchos de ellos fueron destinados a todas las unidades militares soviéticas, durante toda la guerra, los Comisarios del Ejército Rojo.  Los comisarios llevaron a cabo una esencial trabajo de instrucción ideológica entre las tropas: desarrollaron las células del Partido en cada unidad, galvanizaron la moral de combate contra los fascistas, crearon grupos de música, de canto para divulgar las canciones populares y revolucionarias, organizaron conferencias, discutían la prensa diaria con los soldados y participaron en la organización de trenes de agitación, que llevaron películas y producciones teatrales al frente.

Hay también un hecho muy importante. Los principales productos industriales y alimenticios, estaban estrictamente racionados durante la guerra y se vendían con cartillas. Por ello, la tarea primordial de las unidades de intervención del NKVD contra el bandidaje interior, era en la lucha contra la especulación.

Junto a los héroes del frente y los trabajadores de la retaguardia, había surgido entonces una categoría de individuos completamente diferente: los saqueadores y especuladores. Pero los chekistas lucharon eficazmente contra ellos, reponiendo el presupuesto estatal, con el dinero y los bienes materiales incautados.

Resulta simbólico que el desfile de la Victoria celebrado en Moscú el 24 de junio de 1945, lo cerrara un batallón mixto de diversas unidades militares chekistas unidas a la división del NKVD «Dzerzhinski», quienes arrojaron a los pies del mausoleo de la Plaza Roja 200 estandartes y banderas enemigas. Los dzerzhinistas llevaban guantes —para no tocar con las manos las astas enemigas—, y las banderas extranjeras volaban hacia una plataforma especial de madera, para que no profanaran el empedrado. Tras el desfile, se quemaron los guantes y la plataforma.





Enlaces en ruso consultados:

  1. Подвиг воинов-чекистов во время Сталинградской битвы. М. С. Орлова (Las hazañas de los chekistas durante la batalla de Stalingrado. M. S. Orlova). 
  2. Подвиг 27 чекистов-лыжников (La hazaña de los 27 chekistas esquiadores). | Новости | 23 января 2026 (Agencia de Prensa Novosti. 23 de Enero de 2026).
  3. Dzerzhinski, Felix (1977). Избранные произведения (Selección de obras)Tomo I, 1897-1923. (3ª Edición). Политиздат (Politizdat - Editora de Publicaciones políticas).
  4. https://www.militaryarticle.vibrokatok.by/obozrevatel/2000-obozrevatel/13172-chekisty-v-velikoj-otechestvennoj-vojne
  5. Военные будни советской милиции, и За что отвечали в Великую Отечественную стражи порядка
  6. http://lib.sibli.ru/elib/0084432.pdf
  7. Советские правоохранительные органы в период ВОВ и послевоенный период | История и культура Евразии | Дзен