14 de agosto de 2026

Con motivo del 90.º aniversario del inicio de la lucha por la libertad en España



Recogido por Cilly Keller y Reinhardt Silbermann. Hamburg – Moscú. Julio 2026. Traducción de Wolf Hoffmann.

El apoyo de la Unión Soviética a la República Española, 1936-1939.

En 1939, Dolores Ibarruri —«La Pasionaria»—, a quien todos conocemos, pronunció las siguientes palabras sobre la ayuda soviética a la República Española:

«¡No estamos solos!»

«Hay un gran pueblo al que adulan los sapos más repugnantes con su saliva pegajosa. Esa escoria intenta menospreciar la generosa ayuda de este pueblo. Esa escoria intenta menospreciar la generosa ayuda de este pueblo, intenta hacer creer que no nos ayuda o que esa ayuda nos sale muy cara, esa generosa ayuda que recibimos de los pueblos soviéticos en los trágicos días de noviembre de 1936 en Madrid... Demos las gracias como es debido a esfuerzos de los obreros y campesinos de la Unión Soviética, que, de manera noble y generosa, desafían todos los peligros del mar y las trampas de los barcos piratas, y no vacilan en dirigir hacia nuestros puertos sus buques de suministros cargados de mantequilla y azúcar, y de todo aquello que es vital para el triunfo».

El 18 de julio de 1936 comenzó el golpe militar fascista en España. Los amotinados contaron con el apoyo manifiesto de los Estados fascistas.

Tan solo nueve días después, el 27 de julio de 1936, se había creado, bajo el mando de Hermann Göring, un grupo de trabajo especial para organizar la ayuda militar a Franco. El 16 de noviembre de 1936, los alemanes habían creado la «Legión Cóndor», especialmente destinada a la lucha en la península, con 100 aviones y hasta 5.000 efectivos.

El 26 de noviembre de 1936 se sumaron 7.000 hombres más. Además, IG Farben suministró a la Legión Cóndor la bomba incendiaria de varilla de termita «Elektron» B1E, que se utilizó en el ataque aéreo contra Guernica (el 26 de abril de 1937) y otras ciudades vascas. 

La Legión Cóndor intervino en todas las batallas importantes a partir de 1937, como en Bilbao, Brunete, Teruel, y en el frente del Ebro. También participó en la masacre de Málaga, en la que perdieron la vida unas 10 000 personas.

Durante la Guerra Civil Española, la Legión Cóndor no tuvo ningún problema de abastecimiento de productos petrolíferos: Royal Dutch Shell, Texas Oil Company y Standard Oil Company se encargaban de los suministros.

Sin esta intervención, el golpe militar habría fracasado ya en los primeros días.

Cuando estalló el motín, el Gobierno de la República Española estaba convencido de que las «democracias occidentales», Inglaterra, Estados Unidos y, sobre todo, Francia, le prestarían la ayuda necesaria para restablecer la legalidad y el orden republicanos.

Pero no fue así. El Gobierno francés, bajo la presión del Gobierno conservador de Inglaterra y de los círculos reaccionarios franceses, se negó a vender aviones y otras armas a la República Española, e incluso prohibió la exportación del material bélico que ya había sido pagado, y estaba listo para su envío a España.

En los primeros cuatro meses, sólo se pudieron adquirir en Francia 12 cazas «Devoitine» y 6 bombarderos «Potez» —todos ellos sin armamento—. Ambos modelos estaban muy obsoletos. Sin embargo, el «socialista» y primer ministro francés León Blum, se negó a enviar equipamiento militar para estos tipos de aviones.

Al mismo tiempo, Blum ofreció a los gobiernos de los Estados europeos, incluida la Unión Soviética, la firma de un acuerdo que les obligaría a abstenerse de prestar cualquier tipo de ayuda militar a ambas partes.

Veintisiete Estados europeos, entre ellos la Unión Soviética, se adhirieron a este acuerdo. Sin embargo, al adherirse a este Acuerdo de No Intervención, la Unión Soviética planteó dos condiciones categóricas:

1º. Portugal también debía adherirse a este acuerdo.

2º. Debía cesarse de inmediato, la ayuda que algunos Estados prestaban a los amotinados.

Estas condiciones siguieron marcando la línea de lucha de la diplomacia soviética en favor de la causa de la República Española, incluso cuando se constituyó en Londres el Comité de No Intervención, con la participación de todos los países signatarios. 

Los representantes soviéticos en el Comité de Londres, desenmascararon incansablemente el verdadero carácter, y los motivos ocultos de la hipócrita «política de no intervención», cuyos organizadores defendían de palabra la neutralidad, pero que, en realidad, ayudaban a los intervencionistas fascistas.

Tres de los Estados signatarios, no hicieron ningún esfuerzo por cumplir los principios acordados. Se trataba de Portugal, Alemania (que ya a finales de julio de 1936, había suministrado dieciocho aviones de transporte) e Italia (que hasta finales de julio de 1936, había suministrado veintiún bombarderos, que posteriormente atacaron Madrid).

En las reuniones del Comité de Londres de octubre de 1936, la delegación soviética declaró, tras múltiples intentos infructuosos de este órgano por impulsar alguna medida contra la creciente intervención italo-alemana, que la Unión Soviética sólo veía una salida a la situación creada, a saber, devolver al Gobierno de España el derecho a adquirir armas fuera del país.

Cuando la intervención militar abierta de los Estados fascistas llevó a la República al borde del abismo, y el Gobierno español se vio obligado a solicitar ayuda militar a la Unión Soviética, la URSS prestó ese apoyo al pueblo español.


La ayuda humanitaria de la Unión Soviética a la España republicana.

Ya el 2 de agosto de 1936, se celebraron en numerosas ciudades de la Unión Soviética manifestaciones de solidaridad con el pueblo español.

Los trabajadores decidieron por unanimidad recaudar dinero, ropa y alimentos para un fondo de ayuda en beneficio de la República Española.

El 18 de septiembre, el barco «Nevá», capitaneado por el comandante Kore-Nevski, zarpó del puerto de Odesa. Llevaba una carga de alimentos. Ocho días después, el barco llegó al puerto de Alicante. Cuando se izó en el mástil de trinquete, la bandera de la República Española, resonaron a lo largo de todo el paseo marítimo gritos de bienvenida de «¡Viva Rusia!». Los trabajadores portuarios españoles, descargaron rápidamente el barco para que los productos llegaran cuanto antes a las zonas donde se necesitaban con urgencia.

El 26 de septiembre de 1936, el presidente del Consejo de Ministros de la República Española, Largo Caballero, recibió al embajador plenipotenciario de la URSS en España, Marcel Rosenberg, y le pidió que transmitiera su más sincero agradecimiento a los trabajadores de la URSS, por la ayuda desinteresada que habían prestado a las mujeres y los niños de España.

Otra faceta de la ayuda humanitaria de la Unión Soviética, consistió en acoger con gran solicitud, a niños españoles para ponerlos a salvo de los peligros que acechaban en su país.

El comandante de la Fuerza Aérea de la República Española, Ignacio Hidalgo Cisneros, escribió: 

«En aquellos días nos enteramos de la oferta de la Unión Soviética, de acoger a un número ilimitado de niños españoles. Conny (la esposa de Cisneros, nota del autor) y yo, decidimos aprovechar esta oferta y enviar a Luli (su hija, nota del autor) a la Unión Soviética.

La gran distancia nos asustaba un poco, pero estábamos seguros de que allí la cuidarían muy bien, y de que podría continuar su educación en condiciones totalmente normales.

Poco después, Luli y Charito, una niña de su misma edad —hija del teniente de aviación Bruno, a quien los fascistas habían asesinado en los primeros días de la guerra—, embarcaron en el puerto de Alicante en un barco soviético que se dirigía a Odesa».

En la primavera de 1937 llegó el primer barco de vapor, con jóvenes españoles de entre 3 y 16 años procedentes de Asturias. Se construyeron para ellos hogares infantiles, entre otros lugares, en la localidad de Ivanovo. En noviembre de 1938 había 2.848 niños españoles en la Unión Soviética. En internados especiales se les impartía clase en su lengua materna. Todos los niños españoles recibieron educación escolar y formación profesional, y una gran parte de ellos completó estudios universitarios.

Entre los niños de Ivanovo se encontraba también la hija de Dolores Ibarruri: Amaya. Permaneció en este hogar infantil desde septiembre de 1935 hasta diciembre de 1936. En 1941 se encontraba en Moscú y participó en la defensa de la capital soviética.


La ayuda militar de la Unión Soviética a la España republicana

Inmediatamente después de la reunión del Comité de No Intervención celebrada el 9 de septiembre de 1936 en Londres, la URSS comenzó a planificar la ayuda militar a la República, ya que el Gobierno soviético no se hacía ilusiones alguna respecto al golpe fascista, y a la injerencia de los fascistas alemanes e italianos, lo que se confirmó posteriormente.

Iván Mijaílovich Maiski (embajador soviético en Inglaterra entre 1932 y 1943, y representante ante la Sociedad de Naciones entre 1937 y 1939) entregó, en nombre de Moscú, al «Comité para la No Intervención» la declaración del Gobierno soviético, en la que se afirma:

«El acuerdo se ha convertido en una hoja de papel vacía y hecha trizas. Ha dejado de existir. Dado que el Gobierno de la Unión Soviética no desea dejar a las personas en una situación que, por la fuerza de las circunstancias, sirva a una causa injusta, sólo ve una salida a la situación surgida: devolver al Gobierno de España el derecho y la posibilidad de adquirir armas fuera de España, con los mismos derechos y posibilidades de los que actualmente disfrutan todos los gobiernos del mundo. Y que los participantes en el acuerdo tengan libertad para decidir si compran armas para España o no venden nada».

El 29 de septiembre, se presentó al comisario del Pueblo para Asuntos Militares y Navales, Kliment Efrémovich Voroshilov, un plan, así como la decisión sobre la prestación de ayuda militar activa a la España republicana.

Por el momento, por motivos de seguridad, solo se enviaron armas de fabricación extranjera. Aquellas que aún se encontraban en los almacenes del Ejército Rojo de Trabajadores y Campesinos.

A finales de septiembre de 1936, zarpó de Feodósia el primer buque cargado de armas, en el buque cisterna español «Campeche». Su carga consistía en seis obuses ingleses y 6.000 cartuchos correspondientes, 240 lanzagranadas alemanes con 100.000 granadas, 550 ametralladoras de gran calibre, 21.347 fusiles y 16,5 millones de cartuchos.

La carga de los buques que le seguían, el «Komsomol» y el «Viejo Bolchevique», resultó más complicada, ya que transportaban armamento de grandes dimensiones. 

El «Komsomol» llevaba a bordo 50 tanques T-26, y el «Viejo Bolchevique», diez cazabombarderos, desmontados en 120 cajas. Asimismo, se enviaron los primeros dieciséis cazas, desmontados en piezas sueltas y embalados en cajas. El segundo lote, compuesto por catorce bombarderos, estuvo listo el 6 de octubre.

Junto con los aviones, también embarcaron los pilotos. En total se enviaron a España quince pilotos, quince copilotos, diez operadores de radio, cinco mecánicos de motores, quince técnicos aeronáuticos, un maestro de armamento, un técnico de armamento, un plegador de paracaídas, y treinta y uno de personal para el montaje.

Los envíos de material técnico de combate y armas desde la Unión Soviética, se realizaron de acuerdo con las peticiones del Gobierno republicano, que se dirigieron al Gobierno soviético a lo largo de todo el período bélico.

A principios de 1937, se registraron numerosas solicitudes. Por ejemplo, en la carta del presidente del Consejo de Ministros español y ministro de Defensa, Francisco Largo Caballero, dirigida al presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS, Viacheslav Mijaílovich Mólotov, de diciembre de 1936, se entrega una «lista de pedidos prioritarios»:

I.º 60 cazas I-15, con todo el equipamiento y todas las piezas de recambio necesarias, 20 motores de repuesto M 25, y 30 motores de arranque más cinco millones de cartuchos. 

Solicitamos asimismo 60 pilotos, 60 técnicos, 25 especialistas en equipamiento, dos ingenieros aeronáuticos, dos ingenieros de armamento, 15 técnicos para reparaciones, con el equipamiento necesario, y cinco conductores experimentados.

II.º 40 cazabombarderos, con todas las piezas de recambio y el equipamiento, 20 motores de repuesto M 100 y 30 motores de arranque, 1.500 bombas de 100 kilos, 500 bombas de 50 kilos y 1,5 millones de cartuchos. 

Para el funcionamiento de estos aviones, solicitamos 40 pilotos, 40 artilleros, 40 navegantes, 40 técnicos, 20 mecánicos, 15 especialistas en radiocomunicaciones, un ingeniero aeronáutico y un ingeniero especialista en armamento.

III.º 30 aviones de caza DE-6, con todas las piezas de recambio y equipamiento, 10 motores de repuesto y 15 motores de arranque, 2 millones de cartuchos, 10.000 bombas de 10 kilos, 2.500 bombas de 25 kilos, 2.000 bombas incendiarias de 50 kilos. 

Para los aviones, 30 pilotos, 30 artilleros, 30 técnicos, 30 especialistas en armamento, un ingeniero de armamento, un técnico aeronáutico y diez mecánicos.

IV.º 16 bombarderos pesados, con motores y todas las piezas de recambio, así como una tripulación completa de pilotos y artilleros para vuelos nocturnos, además de especialistas en armamento».

En total, se realizaron seis envíos de armas, junto con la tecnología y el personal correspondiente.

La bibliografía recoge un total de 71 viajes marítimos.

La última, la sexta serie, tuvo lugar entre el 15 de diciembre de 1938 y el 15 de febrero de 1939.

Este envío se preparó y se despachó desde el puerto de Murmansk con destino a Francia. Sin embargo, debido a la evolución de la situación política, ya no pudo llegar a la República Española. El 13 de junio de 1938, de forma inesperada, a raíz de las tenaces objeciones de Chamberlain, se suspendieron los transportes ferroviarios y por carretera desde Francia hacia España. 

La frontera permaneció cerrada durante unos seis meses. En dos ocasiones, el ministro de Asuntos Exteriores, Julio Álvarez del Vayo, viajó a París e instó al primer ministro y ministro de Defensa, Édouard Daladier, a que abriera la frontera de los Pirineos.

El 11 de noviembre de 1938, antes de la batalla de Cataluña, el jefe del Gobierno español, Juan Negrín, escribió a Stalin una carta en la que le rogaba encarecidamente que enviara armas a gran escala, lo antes posible, para poder terminar la guerra con victoria. 

A finales de noviembre, Ignacio Hidalgo Cisneros fue enviado urgentemente a Moscú con una carta de Negrín. Cisneros recuerda: 

«... al llegar a Moscú, ese mismo día visité al ministro de Defensa soviético, el mariscal Voroshilov, y le entregué la carta de Negrín... Me sentí muy avergonzado cuando empezaron a examinar las cifras de nuestro pedido.

Me parecieron astronómicas e irreales. Sin embargo, observé con asombro y alegría que Stalin se mostró muy favorable ante esas cifras. Solo Voroshilov bromeó: «¿El camarada Cisneros quiere dejarnos sin armas?». 

Y, al mismo tiempo, su rostro expresaba benevolencia. El debate sobre las listas concluyó con su pleno respaldo. Apenas podía creer lo que estaba pasando, no podía creer que todo se hubiera resuelto con tanta facilidad».

Y todo esto teniendo en cuenta que estas entregas se hicieron a expensas de la URSS, que en diciembre de 1938 concedió a España otro préstamo de unos 100 millones de dólares.

Cisneros recuerda: 

«Las armas iban cargadas en siete barcos soviéticos que habían atracado en puertos franceses. Los dos primeros barcos llegaron a Burdeos cuando nuestro ejército aún tenía tiempo suficiente para utilizar el material suministrado. Pero el Gobierno francés ideó diversos pretextos para retrasar su transporte a través de Francia. Cuando las armas llegaron por fin a Cataluña, ya era demasiado tarde. No teníamos aeródromos donde se pudiera llevar a cabo el montaje de los aviones, ni territorios para defendernos.

Si el Gobierno de Francia hubiera permitido, inmediatamente tras la llegada de los buques soviéticos, el traslado de las armas a la República, el destino de Cataluña podría haber sido otro. Si hubiéramos podido disponer de ese armamento, habríamos tenido la posibilidad de resistir unos meses más. Y, teniendo en cuenta la situación que se estaba desarrollando en Europa, ello habría supuesto el fracaso de la funesta materialización de los planes fascistas».

Tras la Conferencia de Múnich, todos los analistas militares de París pronosticaron la victoria de Franco. El 6 de diciembre de 1938, Alemania y Francia firmaron una declaración de amistad.

El representante temporal de la URSS en España, S. G. Martschenkov, comunicó en un telegrama del 3 de febrero de 1939 al Comisariado del Pueblo para Asuntos Exteriores de la URSS, que una parte significativa de las armas suministradas, había caído en manos de los franquistas, y que no recomendaba realizar más envíos.

El 27 de febrero de 1939, los dirigentes británicos reconocieron al régimen de Franco como el único y legítimo Gobierno nacional de España. A los británicos les siguieron otros países del mundo.

La URSS y México constituyeron una excepción.

La grave derrota que había sufrido la República Española, se reflejó de forma inmediata en el ámbito diplomático, en el equilibrio de fuerzas y otorgó al bando franquista una ventaja significativa, tanto en el ámbito militar como en el político.

De hecho, esto supuso el fin de la República. 176 voluntarios soviéticos descansan para siempre en suelo español


Más información en: 

www.spanishsky.dk/sowjetische-hilfe-spanische-republik


La descarga de un barco, los estibadores con sus cabezas cubiertas con una gorra de alquitrán, apilan las mercancías en los muelles del puerto de Amberes. Grabado de X.Mellery, para ilustrar la historia de Bélgica, por Camille Lemonnier, publicado en el To de Xavier Mellery

El Puerto de Hamburgo pasó a llamarse Puerto de Franco

Por Reinhardt Silbermann, traducido del ruso por Marina Svetlova. (31.7.2026)

En el periodo entre las dos guerras mundiales, Hamburgo fue el centro del comercio internacional armas.

Uno de los periódicos de los emigrados alemanes, publicado en París, llamaba al puerto de Hamburgo "el principal puerto de Franco".

Durante la Guerra Civil Española se enviaron desde Hamburgo los siguientes cargamentos:

- más de 124.000 (124.749) toneladas de material militar, entre ellas aviones, tanques, combustible y municiones.

- 1.078 vehículos.

- 16.746 soldados.

El 31 de julio de 1936, los pilotos de la legión «Condor» llegaron a la estación central de Hamburgo, haciéndose pasar por empleados de la agencia de viajes «Union», para partir hacia España.

Al frente de este grupo, se encontraba un hombre que más tarde se convertiría en el asesino de refugiados indefensos y de civiles de las ciudades de Madrid, Barcelona y Guernica: el primer teniente de las Fuerzas Aéreas, Hannes Trautloff.

(Posteriormente, este asesino hizo carrera en las fuerzas armadas de Alemania Occidental, y llegó a alcanzar el rango de teniente general.)

A última hora de la tarde, aquellos que más tarde se convertirían en verdugos en Guernica, llegaron al transatlántico de la línea marítima alemana con destino a África, llamado «Usaramo».

A través del Sindicato Internacional de Estibadores, el Gobierno republicano de Madrid fue informado de que el barco «Usaramo» estaba en ruta, dirigiéndose hacia allí con armamento y personal a bordo para prestar apoyo a Franco.

El crucero «Jaime I» recibió desde Madrid la orden de interceptar al «Usaramo». Sin embargo, llegó una hora más tarde y, para entonces, el buque alemán ya había entrado en la bahía de Cádiz, que estaba protegida por baterías costeras fascistas.

Bajo el título «El puerto de Franco en Hamburgo: honor y gloria para los marineros de Hamburgo», el 11 de julio de 1937 se publicó en el periódico de la diáspora «Deutsche Volkszeitung» un artículo sobre este transporte de armas.

Las empresas y compañías navieras de Hamburgo mencionadas en este artículo, que obtenían beneficios del transporte de armas, siguen operando en parte hasta la fecha y se consideran «respetados empresarios» de esta ciudad.

Entre ellas se encontraban la compañía naviera «Sloman», la OPDR (Oldenburg-Portugiesische Dampfschiffs-Reederei), «Lloyd» (hoy «Hapag-Lloyd»), «Wörmann», «Rode», «Norderwerft» (en este astillero se equipaban con cañones los barcos pesqueros de vapor), etc.

El artículo periodístico explica además que, además de los buques alemanes, también se fletaban buques extranjeros, por ejemplo, de Suecia y Dinamarca. En otros casos, navegaban bajo pabellón extranjero, por ejemplo, de Perú o Panamá.

Los marineros alemanes se negaron en parte, a hacerse a la mar en estos buques y dimitieron de su servicio.

Por la noche, la Gestapo detuvo por la fuerza a los marineros en sus hogares, y los llevó a bordo de un buque cargado de armas de la compañía naviera OPDR.

El Comité Proletario de Estibadores, supervisó las actividades de los nazis y descubrió que, entre enero y marzo de 1937, se habían cargado al menos 80 millones de cartuchos para fusiles y ametralladoras.

Dio la casualidad de que se oyó un estruendo de cajas en el muelle. Los estibadores dejaron caer «por accidente», al parecer, una caja apilable inofensiva. La caja se rompió, y su contenido quedó a la vista: en el muelle yacían... bombas y munición.

A menudo, los estibadores arrojaban por la borda cajas con armas, gritando «para Teddy» («Teddy» era el nombre en clave de Ernst Thälmann, participante en el levantamiento de Hamburgo).

Los transportistas y marineros de Hamburgo, así como la Federación Internacional de Transportistas, mantuvieron estrechos vínculos durante la Guerra Civil Española, que se fortalecieron, gracias a la participación de miembros de la antigua Unión Internacional Comunista de Marineros y Transportistas (ISH).

Ya a finales del verano de 1936, los estibadores de Hamburgo organizaron una acción de contrapropaganda, cuando desde el puerto de Hamburgo se cargaban envíos militares, camuflados como mercancías comerciales, para su envío a la España franquista.

Mediante pequeños folletos con lemas como: 

«¡No a las armas para Franco!»

«¡Viva la lucha por la libertad del pueblo español!»

«¡Abajo Hitler y Franco!», 

los estibadores hacían un llamamiento a la solidaridad con el pueblo español en los astilleros y los barcos, en los almacenes y en las empresas.

Las consignas con el mismo contenido, pintadas durante la noche en los talleres, y en los muelles del puerto, pudieron ser leídas por miles de estibadores al cambiar de turno.

Por todo el puerto había informantes de la Gestapo.

Pero los estibadores tenían su propio lenguaje secreto, que utilizaban cuando veían a los informantes en los muelles:

Se trataba del «Kesselkloppersprache» («Kesselkloppersprache» (bajo alemán), en alemán coloquial significaba «Kesselklopfersprache» (lengua de los caldereros), se trata de un dialecto alemán propio. Y una lengua jocosa, surgida a mediados del siglo XIX, y ampliamente utilizada por los estibadores en el puerto de Hamburgo, y en el barrio de San Pauli.

De los documentos de la Resistencia de Hamburgo:

«En los lugares de trabajo, crece constantemente la solidaridad con la lucha española por la libertad. En varias fábricas del norte de Alemania, se están recaudando fondos mediante donativos. Por ejemplo, tras la boda de uno de los trabajadores de la fábrica, se recauda una cantidad equivalente a la ayuda semanal para la alimentación. Sin embargo, en realidad estos fondos se destinan al fondo «Ayuda a la España republicana».

La cuestión no se limita a la recaudación de fondos. A medida que los envíos de armas desde Hamburgo a España adquieren un carácter cada vez más masivo, se crea en el puerto un comité secreto de seguimiento y rendición de cuentas, formado por estibadores de Hamburgo, que organiza un «servicio de alerta» en el que participan diversas unidades del puerto. La información precisa sobre los buques que zarpan, cargados de armas y municiones, se da a conocer en repetidas ocasiones a la opinión pública...

En el transcurso de esta campaña, los marineros alemanes se niegan a transportar cargamentos de armas y municiones. Afirman que, en esta ruta, sus vidas corren un peligro constante . En el vapor «Henrika» y en otros buques, los marineros dimitieron por iniciativa propia, pues no deseaban transportar soldados, aviones y armas de Franco...»

A medida que llegaba la información, —por ejemplo, sobre los envíos secretos de armas en el puerto de Hamburgo— se transmitía rápidamente a España, a través de la emisora de radio libre alemana 29.8.

La señal de la emisora se captaba con claridad en Alemania, lo que queda confirmado por la correspondencia de los grupos sindicales clandestinos en Alemania, a través de las representaciones sindicales en el extranjero.

El sindicato comunista francés CGT, abrió en París una representación para la transmisión de noticias. A los mensajeros, se les encargaba entregar la información recopilada por activistas clandestinos, —por ejemplo, sobre el transporte de armas y tropas desde los aeródromos alemanes y desde el puerto de Hamburgo—, a través de la «frontera verde» hasta París.

Era de vital importancia que la información fuera actualizada, para que pudiera difundirse de inmediato en Alemania a través de emisoras de radio de onda corta.

A pesar de la amenaza de una pena de cinco años de prisión por sintonizar esta emisora, tenía una gran audiencia en Alemania.

Incluso tras el fin de la Guerra Civil española, la lucha antifascista continuó en el puerto de Hamburgo. Inmediatamente tras la liberación, en 1945, se fundó un sindicato socialista, cuyo número de afiliados creció rápidamente hasta alcanzar los 50.000 obreros.

Poco después, la administración militar británica lo prohibió. Más de 130 estibadores y marineros de Hamburgo fueron asesinados por los nazis.

12 de agosto de 2026

La biblioteca de Stalin de Geoffrey Roberts. Parte 9.ª


El papel decisivo de liderazgo de Stalin durante la Gran Guerra Patria se basó en un profundo conocimiento, del armamento, terreno y ciencia militar, de estrategia y tácticas, y del contexto político y social más amplio en el que se desarrollaba la guerra.

Maestros de la guerra

Stalin siempre había mostrado un gran interés por los detalles de los asuntos militares. El embajador Averill Harriman observó que Stalin: «tenía una enorme capacidad para asimilar los detalles… En nuestras negociaciones con él, solíamos encontrarlo extremadamente bien informado. Tenía un conocimiento magistral del tipo de equipamiento que le resultaba importante. Sabía el calibre de los cañones que quería, el peso que podían soportar sus carreteras y puentes, y los detalles del tipo de metal que necesitaba para construir aviones» 

(Roberts, pag. 154).

En otra ocasión, Averill Harriman, entonces embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, quien pasó mucho tiempo con Stalin en ese periodo, señaló que para comprender y valorar la URSS de tiempos de Stalin, era necesario conocer algo del pasado de Rusia: 

En su opinión, Stalin era un líder bélico popular. Fue él, quien mantuvo la unidad del país. «Por eso me gustaría destacar mi gran admiración por Stalin, el líder nacional… [en un momento] de uno de esos momentos históricos en los que un solo hombre marcó una gran diferencia»Stalin poseía numerosos libros sobre asuntos militares en su biblioteca. Libros escritos por expertos de la época zarista rusa, entre ellos Enrig Leer (1829-1904), así como de Alemania, como Carl von Clausewitz, autor de Sobre la guerra.

Subrayó especialmente un pasaje del libro de Leer, en el que afirmaba que, tras su derrota ante Napoleón en la batalla de Borodinó en 1812, el general ruso Kutúzov se enfrentaba a la elección de salvar su ejército o salvar Moscú. Finalmente, decidió salvar a su ejército y continuó con una campaña de hostigamiento contra el ejército de Napoleón mientras se retiraba de Moscú.

En octubre de 1941, cuando los ejércitos nazis se acercaban a Moscú, se encontró ante un dilema similar, Stalin tomó la decisión de salvar Moscú como medio para salvar a su ejército. Así que permaneció en la capital y organizó su defensa. El 7 de noviembre de 1941, en el 24º aniversario de la Revolución de Octubre, cuando pronunció un sentido discurso a las tropas soviéticas que iban hacia el frente, dijo:

«Recordad el año 1918, cuando celebramos el primer aniversario de la Revolución de Octubre. Tres cuartas partes de nuestro país estaban en aquel momento en manos de intervencionistas extranjeros. Habíamos perdido temporalmente Ucrania, el Cáucaso, Asia Central, los Urales, Siberia y el Lejano Oriente. No teníamos aliados, no teníamos Ejército Rojo —apenas habíamos empezado a crearlo—. Había escasez de alimentos, de armamento y de ropa para el Ejército. Catorce Estados ejercían presión sobre nuestro país. 

Pero no nos desanimamos, no perdimos el ánimo. En el fragor de la guerra forjamos el Ejército Rojo, y convertimos nuestro país en un campamento militar. El espíritu del gran Lenin nos animó en aquel momento para la guerra contra los intervencionistas. ¿Y qué ocurrió? Derrotamos a los intervencionistas, recuperamos todo nuestro territorio perdido y logramos la victoria». (pag. 156)

Volvió al tema del patriotismo soviético en su apreciación:

«Os ha correspondido una gran misión liberadora. 

¡Hacedla honor! 

… ¡Que las figuras heroicas de nuestros grandes antepasados —Alejandro Nevski, Dmitri Donskói, Kuzma Minín, Dmitri Pozharski, Alexandr Suvorov y Mijaíl Kutúzov—, os sirvan de inspiración en esta guerra! 

¡Que el estandarte victorioso del gran Lenin sea vuestra estrella guía!» (Ibid).

El favorito de Stalin entre los teóricos militares soviéticos era Borís Sháposhnikov, un antiguo oficial zarista que se había alistado en el Ejército Rojo en 1918 y fue comandante del estado mayor general (1937-40, 1941-43). Como Stalin, era "un hombre de acción intelectual además de práctico".

Su libro *Mozg armi* (El cerebro del ejército), basado en las lecciones estratégicas de la Primera Guerra Mundial, era una combinación de gran estrategia y detalles organizativos fundamentales que también caracterizaban el liderazgo militar y político de Stalin. El libro de Sháposhnikov incluía numerosas citas de las obras de Marx, Engels y Lenin, además de las de teóricos estratégicos rusos y occidentales.

Los preparativos soviéticos, contrariamente a lo que afirmaban los detractores burgueses de la URSS y de Stalin, comenzaron a finales de la década de 1920. Durante la década de 1930, la partida destinada a la defensa nacional en el presupuesto aumentó del 10 % al 25 %. La plantilla del Ejército Rojo pasó de menos de un millón a más de cuatro millones. En 1939, la Unión Soviética contaba con el ejército más grande y mejor equipado del mundo y producía anualmente 10.000 aviones, 3.000 tanques, 17.000 piezas de artillería y 114.000 ametralladoras 

(Roberts, pag. 157).

Al igual que Clausewitz, Sháposhnikov creía que la guerra era una prolongación de la política y que, por lo tanto, los objetivos y la orientación general de la guerra eran prerrogativa de los dirigentes políticos. Mientras que el Estado Mayor debía comprender las interrelaciones entre los asuntos internos, exteriores y militares, los dirigentes políticos debían tener un buen conocimiento de las cuestiones militares. 

«En nuestros tiempos», escribió Sháposhnikov, «el estudio y el conocimiento de la guerra son esenciales para todos los dirigentes estatales». (Ídem)

La idea que el libro de Sháposhnikov, ayudó a popularizar la consigna de la "movilización significaba guerra". Esta fue posiblemente una de las razones por las que el Ejército Rojo no se movilizó en los días previos al ataque de Hitler a la URSS, para no precipitar la guerra con Gran Bretaña y Estados Unidos. Estos querían provocar un enfrentamiento, para que se debilitasen tanto su enemigo imperialista, Alemania, como a la odiada URSS socialista.


Enlace original:

Lalkar: Stalin’s Library by Geoffrey Roberts – a resumé and review – Part 9


11 de agosto de 2026

La biblioteca de Stalin de Geoffrey Roberts. Parte 8.ª

 


Por Lalkar, extraído de "Los Comunistas". Partido Comunista de Gran Bretaña, Marxista Leninista.

Stalin realizó trabajos especiales, para contrarrestar la tendencia equívoca de algunos científicos soviéticos, que adoptaban una actitud servil hacia sus equivalentes del Occidente imperialista, más atrasados.
Ciencia y sociedad

Bajo el liderazgo de Andréi Zhdánov en el verano de 1946, se puso en marcha la campaña contra las influencias culturales del capitalismo occidental. Stalin estaba decidido a ampliar la influencia soviética en Europa Central y Oriental, como barrera frente a una futura agresión alemana contra la Unión Soviética.  

En lugar de comprender las preocupaciones soviéticas tras una guerra tan costosa, el imperialismo angloamericano desencadenó la Guerra Fría, y el primer ministro británico Winston Churchill declaró en su famoso discurso de Fulton, que un «telón de acero» había «caído sobre Europa, desde el Báltico hasta el Adriático».  Detrás de ese telón, todos los «antiguos Estados de Europa Central y Oriental estaban sucumbiendo al control totalitario comunista» [Cabe señalar que Churchill tomó prestada la expresión «cortina de hierro» directamente de Goebbels como herramienta propagandística].

Un año más tarde, el presidente estadounidense Harry Truman hizo un llamamiento a la defensa global del «mundo libre» por parte de Estados Unidos, y solicitó fondos al Congreso «para apoyar a los pueblos libres que se resisten a los intentos de sometimiento por parte de minorías armadas o a presiones externas».

Fue en este contexto cuando se puso en marcha la campaña soviética contra la penetración cultural occidental. 

En un discurso pronunciado en 1946, Zhdánov afirmó sin rodeos que: 

«Algunos de nuestros literatos han llegado a verse a sí mismos no como maestros, sino como alumnos, [y] han caído en un tono de servilismo ante la literatura extranjera filistea.  ¿Es ese servilismo propio de nosotros, los patriotas soviéticos, que estamos construyendo el sistema soviético, que es cien veces superior y mejor que cualquier sistema burgués?  ¿Es propio de nuestra literatura soviética de vanguardia… doblegarse ante la literatura burguesa occidental, estrecha de miras y filistea?» (pag. 143).

Cuando funcionarios de la Unión de Escritores Soviéticos se reunieron con Stalin en mayo de 1947, lo encontraron preocupado por la insuficiente educación patriótica de la intelectualidad. «Sienten una admiración injustificada por la cultura extranjera… Esta tradición retrógrada comenzó con Pedro… Había mucha servilismo ante los extranjeros, ante esa gentuza». (pag.143)

En 1947 tuvo lugar un debate público sobre un libro de historia de la filosofía occidental escrito por Gregori Alexandrov, jefe del departamento de propaganda del partido. Se le criticó por subestimar la contribución rusa a la filosofía y por no hacer hincapié en la ruptura del marxismo con la tradición occidental.

La campaña se extendió al ámbito de las ciencias naturales. Los primeros en ser objeto de críticas fueron un biólogo y un microbiólogo, que habían desarrollado un nuevo método de tratamiento contra el cáncer utilizando un microorganismo unicelular. Entregaron una copia del manuscrito sobre los métodos de tratamiento, a unos científicos médicos estadounidenses.

«Por iniciativa de Stalin, el Gobierno aprobó una resolución sobre la creación de tribunales de honor para juzgar si tales acciones eran antipatrióticas.  No se impusieron sanciones penales a los dos científicos, pero a su juicio, celebrado en junio de 1947, asistieron lo más granado de la comunidad médica soviética, así como cientos de curiosos. Un año más tarde, el Comité Central envió una circular secreta a los miembros del partido en la que se relataba el asunto y se criticaba la «esclavitud y servilismo ante todo lo extranjero», y se advertía contra «el arrastre y el seguidismo ante la cultura burguesa de Occidente». (pag. 144)

El imperativo patriótico también quedó patente en el caso Trofim Lisenko. Stalin apoyó la postura de Lisenko, especialmente su convicción de que el mundo natural podía transformarse mediante la intervención humana. 

Lisenko sostenía que los caracteres adquiridos podían heredarse y que, por lo tanto, se veían influidos por los cambios ambientales. Lisenko opinaba que las características adquiridas podían heredarse y, por tanto, estaban influenciadas por los cambios ambientales. Esto iba en contra de los genetistas soviéticos, que sostenían que la herencia era estrictamente una función de los genes y no tenía nada que ver con influencias ambientales o manipulación científica de la naturaleza.

En apoyo a Lisenko, una editorial de Pravda afirmó que "el capitalismo es incapaz no solo de la transformación planificada de la naturaleza, sino de impedir el uso depredador de sus riquezas".

La reputación internacional de la ciencia soviética era motivo de gran preocupación para Stalin tras la guerra. En un libro publicado en 1946 sobre el papel de los científicos soviéticos en el desarrollo de la ciencia mundial, destacó sus contribuciones en campos que abarcaban desde las comunicaciones electrónicas hasta la física atómica, la sismología y el magnetismo.

Cuando se conmemoró el centenario de Iván Pavlov en septiembre de 1949, en la portada de una editorial titulada "Un gran hijo del pueblo ruso", Pravda honró al científico inmortalizado a través de su investigación sobre reflejos condicionados, llamado el concepto de 'respuesta pavloviana'.

El fisiólogo y psicólogo Iván P. Pavlov (1849-1936), según Pravda, fue en su época el científico más famoso de la Unión Soviética. Fue el primer ruso en recibir el Premio Nobel de Medicina en 1904 y, a diferencia de muchos científicos de la época zarista, eligió quedarse en el país tras la Revolución de Octubre. Aunque no era bolchevique, sus métodos de investigación científica materialista se consideraban mucho más preferibles y compatibles, con el marxismo que la introspección y el subjetivismo del freudianismo.

Stalin tenía un ejemplar del libro de Pavlov "Veinticinco años de experiencia, del estudio objetivo de las actividades nerviosas superiores de los animales".

Apoyó plenamente el coloquio organizado conjuntamente por la Academia de Ciencias sobre las enseñanzas fisiológicas del académico I. P. Pavlov en junio de 1950.  Asistieron más de mil personas.  Posteriormente, los principales detractores de las enseñanzas de Pavlov fueron degradados. 

Un par de años después de la muerte de Stalin, se restableció la situación anterior. Se suprimió el Consejo Científico del Comité Central y la implicación del Partido en asuntos científicos pasó a ser mal vista (pag. 148).

Stalin dominaba el materialismo dialéctico, la metodología marxista para comprender todos los aspectos de la existencia humana, incluido el mundo natural. En 1950 intervino en un debate sobre lingüística, centrado en las ideas del historiador y teórico lingüístico anglo-georgiano Nikolái Marr (1865-1934).

Una de las teorías extrañas que promovió Marr era que todos los idiomas se basaban en clases sociales y cambiaban en consonancia con la transformación económica de las bases económicas de las sociedades. Todos los aspectos de la superestructura, sostenía en una aplicación burda de la teoría marxiana de base y superestructura, incluido el lenguaje, fueron moldeados y desarrollados por las relaciones de clase y la dinámica de la base económica. Diferentes clases hablaban diferentes idiomas, y la lengua de clases similares en distintos países tenía más en común entre sí que con sus compatriotas que pertenecían a clases distintas. Por tanto, según Marr, el idioma era una cuestión de clase, no nacional o étnica.

Los seguidores de Marr estaban firmemente arraigados en los círculos lingüísticos soviéticos, pero también tenía sus detractores. Algunos de los libros de Marr se encontraban en la biblioteca de Stalin.  

Uno de los críticos de Marr fue el georgiano Arnold Chikibava, quien, acompañado por los líderes comunistas georgianos Kandid Cherkviani (ambos habían criticado a Marr), viajó a Moscú en abril de 1950, donde se reunieron con Stalin y mantuvieron una larga conversación sobre Marr. Stalin pidió a Chikibava que escribiera un artículo para Pravda sobre la lingüística soviética, que se publicó el 9 de mayo.  Este artículo fue ampliamente revisado por Stalin, quien realizó su habitual labor editorial de afinar y pulir la prosa, insertando algunas frases propias. 

En una sección sobre los orígenes del lenguaje, Stalin añadió que Marr había rechazado la idea de que el lenguaje «surgiera como medio de comunicación entre las personas, como un instrumento que surgió de una necesidad persistente de comunicarse».  El académico Marr olvida que, en los tiempos más remotos, las personas vivían y se mantenían en hordas, en grupos, y no de forma individual. El académico Marr no tiene en cuenta el hecho de que fue precisamente esta circunstancia la que generó la necesidad de comunicarse, su necesidad de disponer de un medio común de comunicación como el lenguaje» (pag. 150).

En una sección en la que se criticaban los métodos artificiales de Marr para acelerar la formación de una lengua mundial, se incluía lo siguiente: «Los marxistas entienden esta cuestión de otra manera.  Sostienen que el proceso de desaparición de las lenguas nacionales y la formación de una única lengua mundial común tendrá lugar de forma gradual, sin recurrir a ningún «medio artificial» para «acelerar» este proceso. La aplicación de tales «medios artificiales» supondría el uso de la coacción contra las naciones, y esto es algo que el marxismo no puede permitir» (ibíd.).

«Al final del artículo, Stalin añadió este párrafo: 

“La formulación teórica de Marr sobre una lingüística general contiene graves errores. Sin superar estos errores, es imposible el crecimiento y el fortalecimiento de una lingüística materialista. Si alguna vez se han necesitado la crítica y la autocrítica, es precisamente en este ámbito” ».

Tras proporcionar la información anterior, Roberts escribe: 

Las interpolaciones de Stalin presagiaron su propia contribución al debate lingüístico, «LO QUE RESULTÓ SER UNA VERDADERA CLASE MAGISTRAL DE CLARIDAD DE PENSAMIENTO Y SENTIDO COMÚN» (pag. 150, es nuestro el énfasis destacado).

Como era su costumbre, antes de intervenir en el debate, Stalin había estudiado muchos libros sobre lingüística. Era un lector rápido y, casi a diario, había un montón nuevo de libros sobre lingüística en su estudio en Kuntsevo.

Stalin argumentaba que el lenguaje fue creado por toda la sociedad y desarrollado por cientos de generaciones de personas: 

"El lenguaje existe, el lenguaje ha sido creado precisamente para servir a la sociedad en su conjunto, como medio de interacción entre personas ... servir a los miembros de la sociedad por igual, independientemente de su estatus de clase."

Atacó la idea de que los idiomas se basaran en la clase: 

"La cultura puede ser burguesa o socialista", dijo, "pero el lenguaje, como medio de interacción, es siempre un idioma común para todo el pueblo y puede servir tanto a la cultura burguesa como a la socialista." (pag. 151)

La característica distintiva de las lenguas, señaló Stalin, era que derivan su uso y poder de la gramática, así como de un vocabulario compartido. 

"La gramática es el resultado de un proceso de abstracción llevado a cabo por las mentes humanas durante un largo periodo de tiempo, es la indicación de un tremendo logro de pensamiento."

En una entrevista posterior con Pravda, Stalin criticó la opinión de Marr de que el pensamiento podía estar separado del lenguaje. Cualesquiera que sean los pensamientos que puedan surgir en la mente del hombre, surgen y existen únicamente en base al material lingüístico, en la terminología y las frases del lenguaje. 

Marr, dijo Stalin, era "un simplificador y vulgarizador del marxismo", que había "introducido en la lingüística un tono immodesto, jactancioso y arrogante" y debatía el estudio comparativo-histórico del lenguaje como 'idealista'.

Stalin publicó cinco contribuciones en Pravda sobre este asunto. En su declaración final, reiteró su opinión de que todas las lenguas acabarían fusionándose en una sola lengua común, pero que ese proceso sólo llegaría tras la victoria mundial del socialismo. Mientras tanto, cientos de lenguas seguirían coexistiendo, y no se cuestionaba suprimir ninguna ni afirmar la superioridad de ninguna de ellas.

Los artículos de Stalin sobre marxismo y lingüística se publicaron en todos los periódicos soviéticos. Se leían por la radio y se reimprimían como folletos con tiradas de millones. Los programas lingüísticos fueron renovados para incluir nuevos cursos sobre la enseñanza de Stalin acerca del lenguaje. El breve texto de Stalin realmente generó océanos de literatura.


Enlace original:

https://thecommunists.org/2026/05/01/news/history/stalins-library-geoffrey-roberts-resume-book-review-pt8

10 de agosto de 2026

La «Smersh» («Muerte a los espías»), la Contrainteligencia Soviética.

Por @bulochnikov. Publicado en Livejournal. Traducción Marina Svetlova y Nestor Guadaño.

La defensa del Ejército.

En el ámbito militar, la tesis de que «quien controla la información, controla el mundo» adquiere una importancia especial: Cuánto sepas sobre el enemigo y de lo poco que él sepa sobre ti, depende que salgas victorioso o sufras una derrota. 

¿Quién protege la información que el enemigo desea obtener sobre tu ejército? El servicio de contrainteligencia. A veces, un solo espía enemigo puede causar un daño mucho mayor que todo un ejército. Alguien tiene que luchar contra los espías y descubrir a los agentes enemigos. Se podría discutir quiénes han sido más útiles: los tanquistas, los pilotos, los artilleros o los agentes de la Contrainteligencia. 

Al fin y al cabo, un solo agente enemigo que se les haya escapado podría echar por tierra el esfuerzo bélico de todos los demás, y provocar enormes pérdidas.

Si el Ejército Soviético velaba por la seguridad del Estado y del pueblo, la Contrainteligencia era la protección del propio ejército, su servicio de seguridad. Y también en la retaguardia (sin cuyo funcionamiento eficaz no se ganan las guerras). Y es que una fábrica militar en la retaguardia, volada por saboteadores, se traducirá en una escasez de material y munición en el frente. Por lo tanto, será más difícil luchar, y habrá más bajas entre los soldados y oficiales.

Pero las tareas a las que se enfrentaban los agentes de contrainteligencia eran, sin duda, mucho más amplias. Por ejemplo, entre ellas se encontraba la detección de indicios de deserción y traición, algo que muchos consideran éticamente cuestionable. Pero se trataba de una necesidad vital, relacionada con la capacidad de combate del ejército. 

El pánico es terrible en caso de incendio, ¡y qué decir entonces de una situación de combate! Alguien tenía que frenarlo, llevar a cabo una labor preventiva sistemática e identificar a los potenciales alarmistas y cobardes. Al igual que una oveja sarnosa puede echar a perder todo el rebaño, un solo alarmista o cobarde detectado a destiempo puede arruinar toda la unidad y frustrar el cumplimiento de la misión de combate.

O la lucha contra la deserción. Digamos que, ya a 10 de octubre de 1941, los cordones operativos de las unidades especiales y las brigadas de bloqueo del NKVD (que no deben confundirse con las brigadas de bloqueo del ejército, creadas tras la orden n.º 227), habían detenido a 657.364 militares que se habían separado de sus unidades y habían huido del frente. De este número, la inmensa mayoría fue enviada de vuelta al frente. Se detuvo a 25.878 soldados (1.505 espías, 308 saboteadores, 8.772 desertores y 1.671 que se habían disparado a sí mismos). 10.201 fueron fusilados.
El espacio de este artículo, no permite abordar la magnitud del trabajo de los agentes de contrainteligencia en toda una serie de ámbitos. Por ejemplo, en la identificación de agentes enemigos en la zona de frente. 

El libro de Bogomolov que mencionamos como enlace consultado, «En agosto del 44», está basado en hechos reales: La operación de búsqueda de agentes alemanes en la zona del 2.º Frente Bielorruso, llevada a cabo por la Unidad de Contrainteligencia Soviética «Smersh» («Muerte a los espías») del frente, en noviembre de 1944, en la que participaron 56 grupos móviles de búsqueda, 61 patrullas móviles y 279 puestos de bloqueo... 
O tomemos como ejemplo el reconocimiento en primera línea: por esta vía, los organismos de contrainteligencia prepararon e infiltraron en la retaguardia enemiga más de 2.200 grupos operativos, de los que se recibieron 4.400 informes de inteligencia importantes, entre ellos sobre la preparación de una ofensiva en la zona de Orel y Kursk, lo que permitió anticiparse al ataque del enemigo. 
Por ejemplo, solo en junio de 1944 operaban en la retaguardia alemana 118 grupos operativos con un total de 7.000 efectivos... En las operaciones de información diaria radiadas, en determinados periodos de la guerra, los agentes del NKVD y la «Smersh» llevaron a cabo hasta 70 de ellas simultáneamente, desde la retaguardia profunda y desde zonas situadas cerca del frente... 
El movimiento guerrillero, en cuya organización desempeñó un papel clave "los paracaidistas rojos" del NKVD: en las agrupaciónes de «Vencedores» de D. N. Medvédev, «Inalcanzables» de M. S. Prudnikov, «Locales» de S. A. Vaupshasov, y cientos de otros destacamentos partisanos, creados a partir de los destacamentos operativos lanzados en la retaguardia... 

Las operaciones especiales llevadas a cabo por los agentes de Contrainteligencia, durante el avance de las tropas soviéticas.
A menudo, los grupos operativos especiales de Contrainteligencia soviéticos, eran los primeros en entrar en las ciudades liberadas, incluso antes de que el enemigo cesara su resistencia. 
Por ejemplo, el 13 de octubre de 1944, un grupo operativo especial de la «Smersh» del 2.º Frente del Báltico, compuesto por cinco agentes de la Cheká, bajo el mando del capitán Pospelov, se infiltró en Riga, que aún estaba en manos de los alemanes. El objetivo era hacerse con el archivo y el fichero de las unidades del Abwehr en Riga («Abwehrstelle-Ostland»), que los alemanes se disponían a evacuar durante la retirada. El grupo de Pospelov, tras eliminar a los miembros del Abwehr, se apoderó del edificio junto con el fichero y, a continuación, libró una batalla durante toda la noche contra los refuerzos alemanes que se habían acercado, hasta que las unidades de vanguardia del Ejército Rojo entraron en la ciudad.

Sobre la legalidad y las «represiones masivas» durante los años de la guerra

Los hechos y los datos de archivo, desmienten la tesis tan extendida en Occidente, de que los miembros de la Contrainteligencia soviética catalogaban indiscriminadamente a todo el mundo, —en particular a quienes habían estado en cautiverio— como «enemigos del pueblo»... 

Por ejemplo, entre octubre de 1941 y marzo de 1944, 317.594 antiguos prisioneros de guerra fueron sometidos a investigación o se encontraban (en ese momento) en proceso de investigación. 

De ellos: 

223.281 (70,3 %) fueron destinados al Ejército Rojo, 

4. 337 (1,4 %), a las tropas de vigilancia del NKVD, 

5.716 (1,8 %), a la industria de defensa, 

1.529 (0,5 %) fueron ingresados en hospitales. 

Se destinó a unidades de castigo a 8.255 (2,6 %) y se detuvo a 11.283 (3,5 %). 

En cuanto al resto (61.394), la investigación continuaba (Revista de Historia Militar, 1997, n.º 5). De ello se desprende que algo más del 6 % fue objeto de represalias, y que la mayor parte de ellos tuvo la oportunidad de recuperar sus derechos a través de las unidades de castigo.

¿Y qué ocurrió después de la guerra? 

¿Es cierta la afirmación que se repite con bastante frecuencia, de que «desde los campos de Hitler se les enviaba a los soviéticos»? No. 

Según los datos del Archivo Estatal de la Federación Rusa (GARF), que cita I. Pijalov en su estudio «La verdad y la mentira sobre los prisioneros de guerra soviéticos»  (stalinism.narod.ru\plen.htm), a 1 de marzo de 1946, se habían repatriado 4.199. 488 ciudadanos soviéticos (2.660.013 civiles y 1.539.475 prisioneros de guerra), de los cuales 1.846.802 procedían de las zonas de operaciones de las tropas soviéticas en el extranjero y 2.352.686 fueron entregados por los angloamericanos y llegaron desde otros países. 

¿Cuáles son, pues, los resultados de la verificación y el filtrado?

El resultado es muy claro. 

De los civiles, 2.146.126 (80,68 %) fueron enviados a sus lugares de residencia. 

263.647 (9,91 %) fueron incorporados a batallones de trabajo. 

141.962 (5,34 %) fueron reclutados en el ejército. 

61.538 (2,31 %) se encontraban en centros de concentración y tránsito, y fueron empleados en trabajos para unidades militares, e instituciones soviéticas en el extranjero. 

Y solo 46.740 (1,76 %) fueron puestos a disposición de la NKVD. ¡Menos del 2 %!

De entre los antiguos prisioneros de guerra: 

659.190 (42,82 %) fueron reclutados en el ejército. 

344.448 (22,37 %) fueron incorporados a batallones de trabajo. 

281.780 (18,31 %) fueron enviados a sus lugares de residencia. 

27.930 (1,81 %) fueron empleados en trabajos para unidades militares e instituciones soviéticas en el extranjero. 

Por su parte, 226.127 (14,69 %) quedaron a disposición de la NKVD. 

¿Quiénes eran ese menos del 15 %? Colaboradores de los ocupantes: los seguidores de Vlasov, el personal directivo y de mando de la policía colaboradora con los nazis, policías rasos que participaron en operaciones punitivas. 

Y es fácil aclarar los embustes, que fueron condenados antiguos militares del Ejército Rojo, por pasarse al lado soviético de forma voluntaria, porque actuaron contra personas inocentes, no tiene sentido. 

Pero la realidad es más contundente. Los que se pasaron a los nazis: como alcaldes, altos funcionarios fascistas, procedentes de antiguos ciudadanos soviéticos, colaboradores de la Gestapo y de otros órganos alemanes de represión e inteligencia como la SD, jefes de aldea que colaboraron con los ocupantes... esos, específicamente esos, recibieron su merecido, como traidores al pueblo soviético. 

Por cierto, hablando de sospechas. 

Como se ha señalado, los agentes de la OSIP (como se llamaron a los camaradas de la «Smersh» desde abril de 1943), llevaban a cabo una labor de detección de indicios de deserción y traición. Si se revisan las películas mencionadas al principio de este artículo, se tiene la siguiente impresión: cuanto más heroicamente combate un oficial o soldado, más «investigan» los agentes de la OSIP, intentan convertirlo en enemigo bajo cualquier pretexto inventado. ¿Así fue en realidad? ¡Exactamente al contrario!

¿Por qué la contrainteligencia sometía a los soldados del Ejército Rojo, a un control especial y les abría expedientes operativos? Pues por algún chiste de carácter antisoviético, que con frecuencia se contaba, por una frase dicha en un arrebato, y cosas por el estilo. 

Los camaradas estaban vigilantes, aún con el desasosiego de recelar demasiado. 

¡Pero! En cuanto un combatiente demostraba valentía y fidelidad al juramento, se le retiraban todas las sospechas por la vía administrativa. 

He aquí el informe del comandante de la Unidad de Contrainteligencia «Smersh» del Frente Central, el general de división Vadis, con fecha del 13 de agosto de 1943, dirigido al responsable de dicha estructura, Abakúmov (sobre la labor del «Smersh» en el frente durante el mes de julio de 1943). Entre otras cosas, nos enteramos de que una parte de los militares que anteriormente figuraban en el registro operativo, «especialmente bajo las calificaciones de “traición a la patria” y “elemento antisoviético”, han sido retirados de dicho registro».

En concreto: 

«El imputado en el caso calificado como “traición a la patria”, de nacionalidad chechena, ya había mostrado anteriormente actitudes traicioneras. Así, en el mes de mayo, al expresar su descontento con la comida, comentó entre sus compañeros: «...No hay suficiente pan, y con la papilla que nos dan, más vale rendirse al enemigo». Posteriormente, al enterarse de que querían trasladarlo a un batallón de infantería motorizada, el checheno declaró: «...Si eso ocurre, levantaré las manos y me iré con los alemanes a tomar té»... Se citaron otras declaraciones similares del checheno. 

Cabe señalar, por cierto, que nadie detuvo a este combatiente (aunque, aparentemente, había motivos evidentes para hacerlo). Pero en julio se archivó el expediente operativo contra el checheno. Leemos el motivo: 

«Mientras se encontraban en la línea del frente y participaban en los combates defensivos de julio, durante un ataque aéreo del enemigo, nuestros artilleros de mortero se escondieron en los blocaos. ... Y es, cuando este camarada checheno empezó a gritar a los artilleros de mortero: «... ¿Dónde os escondéis en esas trincheras? Hay que cumplir la orden del comandante. Abrid fuego contra los alemanes que se acercan»«Con su comportamiento heroico, el combatiente checheno animó a los artilleros de mortero a salir de las trincheras y abrir fuego de mortero contra el enemigo».

Otro ejemplo del mismo informe: 

«En el departamento de contrainteligencia «SMERSH»... figuraba en los registros el soldado Naidenov, del batallón de infantería motorizada, que anteriormente había residido en territorio ocupado por los alemanes... En la batalla por la localidad de Goreloie, al repeler un contraataque del enemigo, camuflado en un refugio, derribó dos tanques alemanes con un fusil antitanque... Ha sido propuesto para la condecoración gubernamental: la Orden de Lenin».

Otro informe: 
«El soldado Gunold, inscrito en el registro... antes del inicio de las hostilidades con el enemigo, manifestaba opiniones antisoviéticas... Durante el combate, Gunold, en su función de cochero, bajo el fuego intenso del enemigo y arriesgando su vida, suministró munición a la primera línea en el momento oportuno, al tiempo que evacuó del campo de batalla a 34 heridos... Se propone a Gunold para una condecoración gubernamental»...Etc.
En el informe hay multitud de ejemplos similares. Al final, ha una nota explicativa al margen: 
«Se están revisando los expedientes operativos de los militares, que han demostrado su lealtad en los combates por la Patria, con vistas a su cierre» 
(V. Abramov, «SMERSH. La contrainteligencia militar soviética contra la inteligencia del Tercer Reich». — Moscú, 2005. — páginas. 422-425).
En cuanto a la legalidad, fueron precisamente los miembros de la NKVD quienes intentaron defenderla en las especiales condiciones en el combate. 
Así, el comandante de la dirección «Smersh» del Frente Noroeste, el general de división Eduinov, informó el 17 de junio de 1943 al Consejo Militar del frente: 
«Se están produciendo casos de arbitrariedad, violencia física y trato grosero, burlón y contrario a los principios soviéticos, por parte de algunos comandantes hacia sus subordinados. Además, en algunas unidades de la 23.ª División de Infantería de la Guardia, estos casos son generalizados, lo que facilita en gran medida la labor del enemigo»
El general Eduinov propone al Consejo Militar que advierta a todo el cuerpo de mando del frente de que, por los «excesos antes mencionados», los culpables serán sometidos a severas sanciones, que podrán llegar hasta el enjuiciamiento ante un tribunal militar. 
Cita también este ejemplo: 
«... debido a la incompetencia de los oficiales, durante varios días (¡y en ocasiones hasta 19!) en la 117.ª División de Infantería, del 22.º Ejército no se relevaban las guardias de combate, y los soldados del Ejército Rojo no descansaban» 
(«Revista de Historia Militar», 2006, n.º 2).
Las disposiciones del reglamento exigían, que el relevo de las guardias se realizara en un plazo máximo de 24 horas... Es decir, los miembros del SMERSH inculcaban a los comandantes negligentes la necesidad de cuidar a los soldados, y de atenerse estrictamente al reglamento.

Los hechos demuestran de forma bien evidente, que se imponían requisitos bastante estrictos a los agentes del Departamento Especial, en materia de respeto a la legalidad, a pesar de las «condiciones especiales de la guerra». 

Tomemos como ejemplo la carta del jefe del Departamento Especial del NKVD del Frente Sur, Sharashenidze, dirigida al Departamento Especial del NKVD del 12.º Ejército, con fecha del 4 de marzo de 1942: 

«Al devolverles los expedientes de investigación, que me enviaron sobre las personas descubiertas como agentes de la inteligencia alemana, quiero llamar su atención sobre las graves violaciones de las leyes y normas del Código de Procedimiento Penal, cometidas en toda una serie de expedientes de investigación»... 

A continuación se enumeran una decena de casos, en los que se llevaron a cabo detenciones sin la autorización del fiscal, y se formularon acusaciones infringiendo el Código de Procedimiento Penal.

Destacan especialmente dos casos: 

El de Popovich y el de Ermakov. 

«En el primer interrogatorio... Popovich confesó su pertenencia al servicio de inteligencia alemán. El 17 de diciembre de 1941, Popovich... se retractó de las declaraciones que había prestado anteriormente, afirmando... que eran... inventadas... Resulta incomprensible sobre la base de qué pruebas… fue detenido Popovich». 

Además: «Suscita dudas la verosimilitud de las declaraciones de Popovich en lo que respecta al plazo de ejecución de las misiones del servicio de inteligencia alemán… Según indica Popovich, el oficial alemán no fijó un plazo para la ejecución de dicha misión, sino que le dijo: «Cuando vengas, entonces será».... Es decir, en otras palabras: Popóvich se contradijo (no se descarta que fuera con la «ayuda» de un investigador diligente), lo cual se observó en la instancia superior, que exigió restablecer la legalidad».

O bien el caso n.º 308 contra Vladimir Antonovich Ermakov, acusado en virtud del artículo 54-1 «a», del Código Penal de la República Socialista Soviética de Ucrania. 

«El propio Ermakov, nacido en 1926, es semianalfabeto y, según el dictamen de la comisión médica, presenta un desarrollo intelectual deficiente. Teniendo en cuenta estas circunstancias, cabe dudar de la verosimilitud de las declaraciones que ha prestado, en particular en lo que respecta al atentado contra el cuartel general del Ejército Rojo. 

En las declaraciones de Ermakov, no se indica absolutamente nada sobre cómo y con qué medios debía llevar a cabo la explosión. Las declaraciones realizadas por Ermakov, en el puesto de control n.º 23, sobre su paso por una escuela alemana de exploradores son inventadas, y no son más que un invento del propio interrogador de Ermakov...» 

(Abramov, «Smersh...»... — páginas 112-115).

La NKVD en el frente

El papel de los miembros de la NKVD en la Gran Guerra Patria, no se limitó al desempeño de funciones estrictamente de investigación y vigilancia, específicas y profesionalmente muy delicadas. Y, desde luego, no actuaron solamente en la retaguardia, como se les insulta y ataca actualmente en los medios de masas informativos. 

Esta mentira ofende la memoria de muchos miles de agentes del NKVD que perecieron en el frente, y de aquellos veteranos de la Cheká que cumplieron honradamente con su deber, y han llegado hasta nuestros días. ¡Les están obligando a que se avergüencen, de haber servido en las fuerzas del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos!

¿Quiénes fueron los primeros en recibir el ataque enemigo en la madrugada del 22 de junio? Como hemos demostrado, fueron ¡Los chekistas! 

Porque tenemos que recordar especialmente, que las tropas fronterizas formaban parte del Comisariado de Asuntos Internos. Además, en la frontera occidental prestaban servicio unidades de cuatro divisiones, dos brigadas y varios regimientos operativos independientes del NKVD. La mayoría de ellas entró en combate desde las primeras horas de la guerra. En concreto, el personal de las guarniciones que custodiaba los puentes ferroviarios, líneas fronterizas, grandes carreteras de acceso, instalaciones de especial importancia, fortalezas defensivas de primera línea, etc.

Cuando éramos escolares, conocimos la inscripción que dejó uno de los defensores de la fortaleza de Brest: «¡Muero, pero no me rindo! ¡Adiós, Patria! 20/VII — 1941». Estas palabras están escritas en las paredes del cuartel de la fortaleza de Brest, que defendió el 132.º batallón independiente de las tropas del NKVD, cuyos combatientes y comandantes lucharon heroicamente en la guarnición de la fortaleza.

Y precisamente por la defensa de la Unión Soviética, como país que estaba construyendo el socialismo frente al imperialismo, es por lo que se ataca hoy en día, en el mundo occidental dominado por la Dictadura Imperialista, a los comunistas que cayeron en combate. Ya que es una realidad totalmente confirmada, que fueron los chekistas los primeros que se enfrentaron (sus fuerzas fronterizas) a las hordas nazis.

Los hechos evidencian esta verdad objetiva, pues hubo miles de ejemplos del heroísmo de los chekistas guardafronteras. 

Y algunos sobresalen. ¡El puesto de guardia del teniente Lopatín (del Cuerpo Fronterizo de Vladímir-Volynsk), repelió durante 11 días, los ataques de fuerzas enemigas que le superaban en número con creces! Lopatín murió heroicamente en combate, y fue condecorado póstumamente con el título de Héroe de la Unión Soviética. En la actualidad, ese puesto fronterizo lleva su nombre.

Memorables son los milicianos del Báltico. Cinco días después del ataque fascista, se formó la 22.ª División de Infantería Motorizada del NKVD, que combatió junto con el 10.º Cuerpo de Infantería del Ejército Soviético, cerca de Riga y Tallin. Cabe destacar que, en el propio 10.º Cuerpo de Infantería, más de la mitad de sus miembros eran personal subalterno del Comisariado del Pueblo del Pueblo para los Asuntos Internos-NKVD. Perecieron como auténticos titanes en los primeros días de la guerra. 

Bajo el mando del Departamento Especial de la Flota del Báltico, se encontraba un destacamento de barrera (400 chekistas), que perdió el 60 % de sus fuerzas, mientras cubría la retirada de las tropas soviéticas de Tallin.

Y desde el inicio de la guerra, en el territorio que abarcaba el Distrito Militar de Moscú, las tropas del NKVD comenzaron a formar 15 divisiones de infantería para el Ejército Rojo, destinando a cada una de ellas 500 miembros del personal de mando, y 1.000 mandos subalternos y soldados del Ejército Rojo.

Porque dar a conocer estos hechos, son responsabilidad de todo el pueblo ruso, para conocer y defender su historia. ¡La auténtica, no la impuesta por la actual burguesía imperante!

En la batalla de Moscú participaron, 7 divisiones, 3 brigadas y 3 trenes blindados de las tropas del NKVD. Entre las unidades que participaron en el histórico desfile del 7 de noviembre de 1941, desde donde partieron directamente hacia el frente, se encontraban la División Dzerzhinski, los regimientos combinados de la 2.ª División del NKVD, una brigada independiente de infantería motorizada de misión especial y la 42.ª Brigada del NKVD. Por cierto, la orquesta combinada estaba dirigida en aquel momento por el autor de la famosa marcha «Despedida eslava», V. Agapkin, director de la orquesta de la división del NKVD «Dzerzhinski».

La Brigada Independiente de Infantería Motorizada de Misión Especial (OMSBON) del NKVD desempeñó un papel especial en la defensa de Moscú, ya que creó barreras de minas y explosivos en los accesos a la ciudad y llevó a cabo acciones de sabotaje en la retaguardia del enemigo... La OMSBON se convirtió en un centro de formación para grupos y destacamentos de reconocimiento y sabotaje (formados por agentes del NKVD, voluntarios deportistas y extranjeros antifascistas). 

Durante los cuatro años de guerra, la OMSBON formó, mediante programas especiales, a 212 destacamentos y grupos con un total de 7.316 combatientes. Estos llevaron a cabo 1.084 operaciones de combate, aniquilaron a unos 137.000 fascistas y eliminaron a 87 dirigentes de la administración alemana y a 2.045 agentes alemanes.

Las tropas del NKVD también destacaron en la defensa de Leningrado. 

Allí combatieron las divisiones 1.ª, 20.ª, 21.ª, 22.ª y 23.ª de las fuerzas del NKVD. Fueron precisamente las tropas del NKVD, las que desempeñaron un papel clave en el restablecimiento de las comunicaciones entre la ciudad sitiada y el continente, mediante la construcción de la «Carretera de la Vida». Gracias a las dos columnas de vehículos del 13.º Regimiento de Infantería Motorizada del NKVD, durante los 100 días y noches del primer invierno del asedio, transportaron por la ruta helada 674 toneladas de mercancías diversas, y se evacuó de la ciudad a más de 30.000 personas, en su mayoría niños. 

Y en diciembre de 1941, por decisión del Consejo Militar del Frente de Leningrado, la vigilancia de los cargamentos que circulaban por la «Ruta de la Vida», se encomendó a la 23.ª División de las tropas del NKVD... 

En cuanto a los miembros del Comisariado, a finales de 1941 habían fallecido en los frentes cercanos a Leningrado 300 milicianos, entre ellos 25 comandantes y adjuntos, de los departamentos especiales de las divisiones y brigadas.

Este trabajo, es un emocionado homenaje a las mujeres y hombres del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos. 

Porque en la fase inicial de la guerra, las tropas del NKVD sufrieron bajas mucho más elevadas, en comparación con las unidades del Ejército Rojo.

Porque eran comunistas bolcheviques, excepcionalmente valiosos por sus convicciones y comportamiento. Se explica, por sus características específicas de Defensa del Pueblo Soviético, por los hechos realizados por sus efectivos en tiempos de paz, por su honradez, modestia, entereza. Y por estas aptitudes, sobresalieron como fuerzas de choque (sin abundantes medios antitanque ni antiaéreos, ni artillería ni otro armamento pesado)...

Más. ¿Y quiénes fueron los primeros en enfrentarse a los alemanes cerca de Stalingrado? 

Lo hemos publicado en otro artículo:

¡Las tropas del NKVD! 

La principal fuerza de combate en la ciudad, la constituían cinco regimientos de la 10.ª División del NKVD, con un total de 7.900 efectivos. El comandante de la división era el coronel A. Saraev (que era jefe de la guarnición de Stalingrado y de su zona fortificada). Tras ocupar el 23 de agosto de 1942 el sector defensivo a 35 km en el frente, fue precisamente la 10.ª División del NKVD, cuyo núcleo lo formaban guardias fronterizos, la que repelió los intentos de las unidades de vanguardia del 6.º Ejército alemán, de tomar Stalingrado al asalto de un solo golpe.

La división libró los combates más encarnizados, en las proximidades del túmulo de Mamáiev, en la zona de la fábrica de tractores y en el centro de la ciudad. 
Durante 56 días y noches de combates ininterrumpidos, hasta que las unidades, ya diezmadas, fueron retiradas a la orilla izquierda del Volga, la división infligió importantes pérdidas al enemigo: 113 tanques fueron inutilizados o incendiados, y más de 15.000 soldados y oficiales fueron aniquilados. El 2 de diciembre de 1942, la 10.ª División del NKVD, fue condecorada con la Orden de Lenin y, posteriormente, se le otorgó el nombre honorífico «Stalingradka-De Stalingrado».
Además de la 10.ª División del NKVD, participaron activamente en la defensa de Stalingrado los regimientos fronterizos 2.º, 79.º, 91.º y 98.º, de las tropas de protección de la retaguardia del ejército en campaña. 
Por ejemplo, fue precisamente al 79.º regimiento fronterizo al que, durante la batalla en la ciudad, le correspondió vigilar y defender el cruces más importante sobre el Volga, junto a la fábrica de tractores, que era objeto de un bombardeo incesante de artillería y morteros, además de sufrir ataques aéreos. 
También se distinguió en la defensa de Stalingrado el 91.º regimiento, que fue condecorado con la Orden de la Bandera Roja, al igual que el 73.º tren blindado independiente del NKVD.

¿Y en las batallas defensivas del Cáucaso? 

Hay muchos, muchos testimonios del heroísmo de los chekistas.

El mariscal Grechko escribió: 
«En agosto de 1942, surgió la amenaza que el enemigo cruzara los pasos de la cordillera principal del Cáucaso... La defensa del paso de Belorechensk se encomendó a las unidades del regimiento 379 de la 20.ª División de Infantería de Montaña... Del 20 al 25 de agosto se libraron encarnizados combates en el desfiladero al este del monte Fisht. 
Para reforzar a nuestro grupo, se enviaron los regimientos fronterizos 23.º y 33.º del NKVD, que el 25 de agosto atacaron de inmediato y, tras superar la resistencia de las unidades de la 97.ª División nazi de Infantería de Montaña, el 10 de octubre hicieron retroceder al enemigo de los pasos de la cordillera principal del Cáucaso. Se eliminó la amenaza de que el enemigo llegara a la costa del mar Negro a través del paso de Belorechensk» 
(La batalla por el Cáucaso. — Moscú, 1969. — pag. 146)... 
Por último, fueron precisamente tropas del NKVD de la milicia georgiana, en colaboración con el 214.º regimiento de caballería, las que expulsaron de las montañas del Cáucaso a las unidades de élite de la división de infantería nazi de montaña «Edelweiss».
Durante el invierno de 1942-1943, el Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos, formó un Ejército Independiente del NKVD, compuesto por seis divisiones. 
A principios de febrero de 1943, pasó a formar parte del ejército de campaña, pasando a denominarse 70.º Ejército (integrado en el Frente Central). Los soldados de esta formación demostraron su heroísmo en la batalla de Kursk, al detener al grupo de ataque del 9.º Ejército Nazi, que intentaba abrirse paso hacia Kursk. Posteriormente, el 70.º Ejército se distinguió en las operaciones ofensivas de Lublin-Brest, Pomerania Oriental y Berlín. Al final de la guerra, todas las divisiones de la 70.º Ejército fueron condecorados con órdenes y recibieron denominaciones honoríficas.
¿Quién no conoce las hazañas de los legendarios francotiradores soviéticos, que «eliminaron» varios cientos de miles de nazis durante la guerra? 
¡Es ya de sí impresionante, que la inmensa mayoría de los francotiradores procedían del NKVD! 
Ya antes de la Gran Guerra Patria, se habían incorporado secciones de francotiradores a las plantillas de las unidades encargadas de la protección de las infraestructuras ferroviarias, de las fábricas de especial importancia y de las empresas industriales estratégicas, así como de las fuerzas de vigilancia. 
Todos ellos, fueron movilizados, al empezar la contienda a los principales frentes, resultando esencialmente útiles. Por ejemplo, en el mencionado frente de Leningrado, en 1941, los francotiradores de la 1.ª División del NKVD, I. Vezhlivtsev y P. Golichenkov, eliminaron a 134 y 140 soldados y oficiales enemigos, respectivamente 
(El 6 de febrero de 1942, a ambos se les concedió el título de Héroe de la Unión Soviética). Y en total —según datos del subcomandante en jefe de las Fuerzas Armadas del Ministerio del Interior de la Federación Rusa, V. Baranov—: 
¡los francotiradores del NKVD eliminaron a más de 200.000 oficiales y soldados enemigos! 

Muchos francotiradores pasaron posteriormente a formar parte del servicio de contrainteligencia «Smersh»

Por ejemplo, Vasíli Mijáilovich Chebotarev. En junio de 1944 era teniente y agente operativo del «Smersh», en la 192.ª Brigada Blindada de la Guardia, del 5.º Ejército Blindado de la Guardia. Como miembro de un grupo especial de asalto, participó en la toma del vado sobre el río Bobr (en Bielorrusia). Murió en combate cuerpo a cuerpo, tras haber logrado eliminar a más de una decena de enemigos. Por esta hazaña, a V. M. Chebotarev se le concedió a título póstumo el título de Héroe de la Unión Soviética.

Solo en virtud del decreto del Comité Estatal de Defensa (GKO) del 26 de julio de 1942, se enviaron al frente 75.000 milicianos adicionales procedentes de las tropas del NKVD. 

Y durante los primeros años de guerra, las tropas del NKVD encuadradas en diferentes divisiones, se transfirieron al Ejército Rojo, 29 divisiones (que integraron los 29.º, 30.º, 31.º, 34.º y 70.º ejércitos). En total, a lo largo de los años de guerra, 58 divisiones y 20 brigadas del NKVD formaron parte del ejército en activo, durante períodos de diversa duración, y participaron en las operaciones bélicas.

Más de 100.000 milicianos chekistas fueron condecorados con órdenes y medallas. 

Más de 200 recibieron el título de Héroe de la Unión Soviética

Más de 100.000 dieron su vida por conseguir la Victoria sobre el fascismo.


Enlace original:

Чекисты в Великой отечественной войне.

(http://www.vpk-news.ru/article.asp? pr_sign=archive.2005.113.articles.history_02).

Книга «В августе 44-го» (ВОЕННАЯ ЛИТЕРАТУРА --[ Проза ]-- Богомолов В.О. Момент истины. (В августе сорок четвертого...)