2 de noviembre de 2026

¿QUÉ ES EL MATERIALISMO HISTÓRICO?

qué es el materialismo histórico


Sobre el artículo de Yuri Stoliarov, y añadidos de Nestor Guadaño.

En pocas palabras, el materialismo histórico es aplicado a la historia y a la sociedad humana.

¿Qué es el materialismo dialéctico? El propio nombre sugiere que se trata de la unión del materialismo y la dialéctica. ¿Y qué es el materialismo?

El ciudadano de a pie atribuye un sentido erróneo al concepto de «materialismo». Pronuncia la palabra «materialista» con desdén, como si fuera un insulto. En cambio, la palabra «idealista» le suena, por el contrario, como un elogio.

En la concepción del ciudadano de a pie, un «materialista» es una persona mezquina y vulgar, para quien siempre prima algún tipo de cálculo interesado, con consideraciones de beneficio personal, que vive de placeres sensuales burdos y a quien le son ajenos los sentimientos elevados. En cambio, para el ciudadano de a pie, un «idealista» es, por el contrario, una persona elevada, refinada, noble, capaz de todo tipo de sentimientos elevados y de actos hermosos.

En realidad, esa interpretación de estos conceptos no tiene nada que ver con la realidad. De hecho, en el sentido científico —y no en el coloquial—, el materialismo y el idealismo son dos corrientes fundamentales (y totalmente opuestas) de la filosofía, de la concepción del mundo.


Desde dónde se proyecta esta visión de la historia

Tiene su origen desde las más antiguas civilizaciones como la egipcia, babilónica y de la India. En una inscripción del Nilo Medio se lee: «el agua fría creadora de todos los seres y de la que proceden todas las cosas, así como el aire que llena el espacio y se halla en todas partes», y un astrónomo babilónico como Seleuco (siglo II a. C.) conjeturó la teoría heliocéntrica.

Posteriormente desde el siglo VI antes de nuestra era se desarrollaron múltiples escuelas y filósofos materialistas, como Tales de Mileto (siglo segundo antes de esta era: "todo procede del agua y todo se convierte en agua"), como Anaxímenes y Anaximandro.

A partir de los textos de Aristóteles, filósofo idealista, conocemos las ideas de Heráclito, uno de los primeros inductores del pensamiento dialéctico ("Como el fuego todo está en movimiento y cambio constante del mundo, es la contradicción como fuente de movimiento, de la posibilidad de transformación recíproca de los contrapuestos").

Posteriormente, Demócrito realiza su formulación atomista: de los átomos de la materia, nace y muere la vida.

Mas tarde se desarrolló entre los atomistas la escuela de Epicuro y en Roma  Lucrecio con su obra que recoge todos los avances del pensamiento materialista “De Rerum natura”.

Solamente quedó en pie el racionalismo árabe representado por Al Ma´arri, ibn Sina e Ibn Rushd. De ellos el que más influyó fue Al Ma´arri, quien dedujo, “El mundo se divide entre quienes llevan a Alá y no tienen cerebro, y quienes no tienen a Alá, y tienen cerebro”.

Tras la etapa oscura de las proyecciones ideológicas idealistas en todo el planeta, surge en el siglo XVI, un pensador materialista del universo como Giordano Bruno, perseguido por los gobiernos eclesiales, atrapado en Italia por la Inquisición, fue llevado a la hoguera. Sus obras da fe de su pensamiento:

  • La naturaleza es infinita.

  • El Sol no es el centro del universo sino tan solo el centro de nuestro sistema planetario.

  • No solo el Sol tiene planetas sino también las otras estrellas.

  • Todo el universo es homogéneo, es decir, tiene las mismas sustancias quede la Tierra.

  • Todos los otros planetas no conocidos también están poblados.

  • La materia es madre y alumbradora de todas las cosas y capaz de producir infinitamente nuevas y nuevas formas.

  • El hombre es parte inseparable de la naturaleza, es el microcosmos que refleja el macrocosmos.

  • Admite los grados del conocimiento: los sentidos, el entendimiento y la razón. 

  • El entender el universo como infinitud conduce al filósofo italiano a la «dialéctica de la coincidencia de los opuestos, tanto en lo infinitamente grande como en lo infinitamente pequeño».

Toda una serie de filósofos en los siglos siguientes (Galileo, Bacon, Hobbes, Gassendi, etc), plantean diversas ideas a partir de la observación de la naturaleza que ayudaron al avance del pensamiento dialéctico Para entender más concretamente como se instala el materialismo histórico en el curso de la humanidad, tenemos que examinar la relación dialéctica de la filosofía hegeliana. Georg Wilhelm Friedrich Hegel había desarrollado una visión idealista de la historia, como el despliegue progresivo del Espíritu Absoluto, a través de contradicciones que se resuelven en síntesis superiores. Su método dialéctico, constituyó una innovación fundamental para comprender los procesos de cambio y desarrollo.

Marx, inicialmente adherido al círculo de los hegelianos de izquierda, efectuó una transformación radical: «puso a Hegel sobre sus pies», según su propia expresión. Mientras Hegel consideraba que las ideas determinaban la realidad material, Marx invirtió esta relación, argumentando que las condiciones materiales de existencia determinan las ideas y la conciencia. Esta inversión materialista de la dialéctica hegeliana, constituyó el fundamento metodológico del materialismo histórico.

La influencia del materialismo filosófico de Ludwig Feuerbach, también resultó decisiva. Feuerbach había criticado la religión, como una representación de los poderosos de las aspiraciones humanas, sentando las bases para una crítica materialista de la ideología. Marx profundizó esta crítica, extendiéndola al conjunto de las representaciones sociales y políticas.

En obras como «La ideología alemana» (1846), escrita junto a Engels, Marx articuló por primera vez los principios fundamentales del materialismo histórico, distanciándose definitivamente tanto del idealismo hegeliano como del materialismo contemplativo de Feuerbach. Este nuevo enfoque no se limitaba a interpretar el mundo, sino que aspiraba a transformarlo, mediante la comprensión científica de las leyes que rigen el desarrollo histórico.

Marx identificó principalmente cinco etapas fundamentales: el comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y el comunismo.

La transición entre estos modos no ocurre arbitrariamente, sino cuando las fuerzas productivas entran en contradicción con las relaciones de producción existentes. Esta contradicción genera crisis, que solo pueden resolverse mediante transformaciones revolucionarias, dando lugar a nuevas formaciones socioeconómicas.

El análisis marxista del capitalismo ejemplifica esta dinámica: el desarrollo de las fuerzas productivas industriales entra en conflicto con las relaciones de producción capitalistas, generando crisis recurrentes y sentando las bases materiales para su eventual superación.

«La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases», afirmaron Marx y Engels en el «Manifiesto Comunista» (1848). 

Esta formulación sintetiza la concepción materialista, los conflictos entre clases sociales con intereses antagónicos constituyen la fuerza motriz de los cambios históricos.

Pero también, parten de la base de la conciencia filosófica de la relaciones humanas

Si somos materialistas, sabemos que la materia es lo primario y la conciencia, derivada, secundaria. Sabemos que la materia existe independientemente de la conciencia, mientras que la conciencia es un derivado de la materia y no puede existir sin ella, al margen de ella ni fuera de ella.

Los idealistas, por el contrario, consideran que la conciencia es primaria y la materia, secundaria. Sostienen que la conciencia dio origen a la materia, y no al revés, que la conciencia puede existir antes que la materia. Lo pregonan... antes de la materia, sin materia, fuera de la materia y al margen de la materia.

Aquí radica la diferencia entre el materialismo y el idealismo.

En cuanto a la idea de que los materialistas son personas groseras y egoístas, mientras que los idealistas son caballeros desinteresados y puros, la historia lo desmiente a cada paso.

Por ejemplo, los revolucionarios bolcheviques son una prueba clara, que refuta la falsa propaganda que los materialistas son personas egoístas y viles. Los bolcheviques provenían de la aplicación del marxismo en la práctica, eran materialistas convencidos y coherentes, pero, al mismo tiempo, a lo largo de toda su vida dieron ejemplos de la mayor abnegación, sacrificio y heroísmo en nombre de la clase obrera.

Y, por el contrario, vemos una y otra vez cómo los idealistas, los defensores de la primacía de su conciencia opresora, dan muestras de egoísmo, mercantilismo, cálculos repugnantes de acaparamiento y disposición a llegar incluso al delito en aras del beneficio.

Por ejemplo, nuestros popes ortodoxos —idealistas convencidos, orgullosos de su profesión— son conocidos por todos por su insaciabilidad, su codicia, su avaricia y su mercantilismo.

Así pues, el desarrollo actual y futuro de la conciencia nos dicta, que el materialismo enseña que el mundo es materia, que la materia es primaria, que ella engendra la conciencia y no al revés. Y la dialéctica es una forma de ver el mundo, considerando los hechos y conceptos, evalúa que todos los fenómenos de la realidad, en su desarrollo y en su interrelación, tienen una íntima influencia mutua.

Por consiguiente, el materialismo dialéctico enseña que el mundo es materia y, al mismo tiempo, considera que esta materia en su movimiento es constante, y que en sus interrelaciones, en su desarrollo continuo, van creando contradicciones principales y secundarias.

Es decir, si somos materialistas, sabemos que el mundo es materia. Y si conocemos además la dialéctica, entonces comprendemos que esta materia está en un proceso eterno y constante de desarrollo, y que avanza gracias a sus contradicciones, gracias a la lucha de los principios opuestos que actúan en ella.

Y si seguimos este punto de vista, de este método de cognición consciente y constante, realmente aprenderemos durante toda nuestra vida que el mundo es materia, que se desarrolla a través de contradicciones, esto significa ser materialistas dialécticos, es decir, marxistas, es decir leninistas.

Si aplicamos el mismo método de aprendizaje de las sociedades humanas, en cada etapa histórica, vamos entendiendo lo que significa el materialismo histórico.

El materialismo histórico consiste, en comprender que la sociedad humana es también materia, su forma más elevada (materia socialmente organizada). Y, al igual que cualquier otra materia, la sociedad se encuentra en constante desarrollo. Y, al igual que cualquier sociedad, se desarrolla a través de la lucha de los opuestos.

Por ello, en todas las sociedades, hubo primero una muy incipiente, después una emergente y desde hace dos siglos una brutal lucha entre clases, socioeconómicas, opuestas, que llevan a la extinción de los sistemas sociales atrasados.

Pero desde aquí, después de afianzamiento del socialismo, seguirá avanzando. En una sociedad sin clases, el ser humano mejorará la naturaleza, con todas sus contradicciones, e inclusive contra las ideas heredades por sus ejecutantes, contra aquellas cualidades internas que puedan contradecir la ética de la sociedad sin clases: el egoísmo, la pereza y la desorganización.

Hasta la aparición del comunismo científico, las clases dominantes —esclavistas, feudales, capitalistas, imperialistas— imponían a las sociedades el idealismo histórico. Los procesos históricos se explicaban de forma idealista. Se afirmaba que su causa era la voluntad de fuerzas sobrenaturales o bien la voluntad de personalidades concretas: gobernantes y héroes.

El materialismo histórico ha puesto de manifiesto la verdadera fuerza motriz de la historia:

Los intereses económicos de la mayoría de la población oprimida. Los pueblos, las naciones, las clases, impulsadas por sus propios intereses de emancipación políticos y económicos, construyen la historia.

Y todas las justificaciones políticas e ideológicas, derivados de estos motivos son secundarias. Las clases opresoras, a menudo se las inventan precisamente para ocultar los auténticos motivos de su dictadura de clase: el afán por conservar su posición económica privilegiada y la posibilidad de vivir a costa del saqueo de la clase oprimida.

Hasta la aparición del comunismo científico, las clases dominantes también imponían con ahínco a la sociedad una visión metafísica de la historia. La historia no se consideraba un proceso de desarrollo social, ni la sociedad como algo en constante evolución. Los historiadores metafísicos consideraban la sociedad de su época, no como algo que tuviera un principio y un final, ni como una etapa del desarrollo histórico, sino como algo eterno e inmutable, establecido de una vez por todas.

El materialismo histórico, por el contrario, demuestra que cualquier situación social, cualquier orden social, no es más que una etapa del desarrollo social, y tiene un principio... y un final.

La visión metafísica de la historia, la negación del desarrollo histórico, es siempre un as en la manga de la clase explotadora para impedir que los oprimidos luchen por una reorganización social, por su liberación. Y es que, si el orden social existente es eterno, para qué luchar por su extinción, por una revolución social, si el orden social es perenne, y niega la posibilidad de cualquier cambio.

Esto es precisamente lo que los explotadores han inculcado hasta el presente a los oprimidos para perpetuar su sistema. Los esclavistas inculcaban a los esclavos que el sistema esclavista estaba establecido de una vez por todas, que no tendría fin. Lo mismo imponían los señores feudales a los siervos. Y hoy en día los capitalistas imperialistas inculcan lo mismo a nosotros, a los proletarios.

Intentan convencernos de que el capitalismo no tendrá fin, de que nada más vendrá a sustituirlo. De este modo, la burguesía desmoraliza a los trabajadores y les impone la idea de que no se puede luchar contra el imperialismo.

Y al contrario.

La visión dialéctico-materialista de la historia, estimula que es continua la línea del desarrollo social, y es un poderoso acicate para la lucha de clases revolucionaria del proletariado. El imperialismo no es eterno, sino finito, no es más que una etapa en el desarrollo de la humanidad y le sucederá inevitablemente la siguiente etapa —el comunismo—, entonces tiene sentido luchar por su destrucción. Así, la clase obrera estará segura de su victoria, y hará de la lucha por el socialismo la causa de su vida, y llevará esa lucha hasta el final.

El materialismo histórico nos enseña a considerar las diferentes clases y estratos socioeconómicos (y, ante todo, las clases y estratos de la sociedad burguesa) de forma realista, teniendo en cuenta su situación económica y política real, su psicología real y su forma real de actuar. Esto es necesario para la clase obrera en su lucha. Para luchar correctamente contra la burguesía, hay que saber qué se puede esperar de ella, cómo actuará en tal o cual caso, cómo se comportarán otros estratos de la sociedad, si se pondrán del lado de la burguesía o del proletariado, y así sucesivamente.

En este sentido, nosotros, los materialistas históricos-dialécticos, nos guiamos tanto por la comprensión de la esencia de clase tanto de nuestros enemigos como de nuestros aliados, así como por la experiencia de la historia.

Por ejemplo, sabemos que no es posible llegar a un acuerdo pacífico y democrático con la burguesía (por ejemplo, a través de las mismas elecciones). Sabemos que el socialismo no puede resurgir sin lucha de clases, sin revolución socialista y sin la dictadura del proletariado. Porque comprendemos qué es la burguesía en realidad, y cómo se comporta en los hechos. La etapa terminal burguesa es de las más depredadoras que nunca antes en toda la historia de la humanidad. Que no renunciará a lo que ha saqueado, sin una lucha encarnizada. Luchará por mantener sus privilegios y sus propiedades, y no se detendrá ante nada.

La experiencia de su historia criminal más reciente es testigo de su terrorismo.

La burguesía ha demostrado miles de veces su determinación de derramar ríos de sangre proletaria con tal de mantener su orden. Así actuó en las revoluciones europeas de 1848, durante la Comuna de París, en 1905 en Rusia, en 1917 y en la Guerra Civil. Así actuó también en la Segunda Guerra Mundial, cuando la burguesía más anticomunista y fascista de la Alemania hitleriana desató una guerra mundial y aniquiló a cientos de millones de personas para aplastar a la Unión Soviética, y preservar el capitalismo en el planeta.

Aquí actuó así, contra el Frente Popular y la clase obrera española en 1936, de la forma más salvaje posible representada por los militares bajo Franco. En Grecia en 1967, representada por los «coroneles negros». En toda América con los sucesivos golpes de estados impuestos por los EE. UU. Y en Chile en 1973, destrozada la Unidad Popular de Salvador Allende, cayó por los fusiles de sátrapa Pinochet.

Estos son hechos, esta es la experiencia histórica, y nosotros la tenemos en cuenta.

En cambio, el KPRF (Partido Comunista de la Federación Rusa) aborda esta cuestión desde un punto de vista puramente idealista. No tienen en cuenta la realidad, no quieren considerar ni la esencia de clase de la burguesía ni la experiencia histórica. Se imaginan, (o peor fingen imaginarse) que, si obtienen la victoria en las elecciones, la burguesía se someterá de inmediato, y cederá el poder y la propiedad privada de los medios de producción, sin oponer resistencia.

Con este enfoque idealista de la historia y de los procesos sociales, el KPRF señala a los trabajadores un camino erróneo y condena a la clase obrera al fracaso. De hecho, comete una traición.

De aquí se desprende lo importante que es para nosotros el enfoque dialéctico-materialista de la historia, y lo necesario que es para el éxito de nuestra lucha.

Por eso, nuestra tarea consiste en ayudar a los trabajadores a liberarse de toda forma de idealismo histórico, y dotarlos de una comprensión correcta y dialéctico-materialista de la historia.

Y, por supuesto, enseñarles a utilizar esa comprensión en la lucha de clases. Continuando las enseñanzas de los grandes científicos y revolucionarios: Marx y Engels.



Enlace original.

- СТАЛИН - НАШЕ ЗНАМЯ! / Stalin - our Banner! (¡STALIN - NUESTRO ESTANDARTE!)

28 de octubre de 2026

Trabajar por el bien de la sociedad, será para el ser humano del futuro, tan natural como respirar














Por Nestor Guadaño. 

Hay en esta década del presente siglo, una angustiosa caída de confianza en el futuro de la mayoría de los trabajadores. Vemos que estamos en una mediocre existencia repetitiva, como una conserva que se abre y deglute bajo la batuta del imperialismo. Las tiras de velos orquestados se suceden cada mes, en torno a eventos dirigidos por los medios de comunicación de masas. 

Y están destruyendo nuestras mejores y más importantes cualidades humanas como la honestidad, la decencia, la compasión y el deseo de servir a la sociedad. Pues la mayoría de los compañeros, en activo o jubilados con los que trato, imitan sin consciencia de sus palabras o actos, la brutal propaganda imperialista, que es un pañuelo dantesco al aire, que va despidiéndose de la esperanza. Es una tétrica sensación de ausencias, de motivaciones, de confianza en que pueda obtenerse un futuro más creativo, sano. Mas lo peor, es que mucha población sigue reproduciendo las estrofas desfasadas de los autónomos o rentistas ricos. Adoradores catatónicos del capital, cuyo único sentido de sus vidas, son conseguir dinero, buscar ganancias rápidas, en sus ideas, loterías y juegos de suertes variados.

Por ello, los gobiernos títeres en consonancia con sus retrógradas simas de vida, ni ven a los que se denominan de "izquierdas", como un peligro. Por ello, inclusive elogian a quienes practican la solidaridad de clase y manifiestan estar de acuerdo con las luchas sociales. Las toleran y aplauden, pero sin su concurrencia y limitando la intervención de sus vástagos. Porque, esos hijos de esta sociedad capitalista moribunda, desde su infancia se les ha inculcado otras cualidades, mas "honorables" y "adecuadas": hipocresía, descaro, cinismo, crueldad, falta de escrúpulos, para conseguir vivir de acuerdo a las normas de estos tiempos frenéticos de la sociedad imperialista impuesta por la UE.

Esta lógica destructiva imperialista, lleva contradictoriamente su extinción, pues para contener a los miles de rebeldes que se manifiestan contra su tiranía, tiene una única salida. Sus soluciones pasan por  la guerra, de ahí la militarización, los presupuestos invertidos en el control de la sociedad, la facistización en las ideas y la destrucción de las conquistas sociales. 

Pero a la vez hay una contundente llamada en todas las movilizaciones, a defender lo colectivo, lo que llaman lo público, que no es otra forma de recuperar la idea del socialismo como desarrollo de la humanidad.

Pero el concepto en los hechos, es combatido por la burguesía. Y aún más, el socialismo, la misma palabra, es borrada de telediarios y medios de comunicación. 

¿En qué se basa la propaganda burguesa sobre la imposibilidad del socialismo?

Su principal y antidiluviano argumento, es la afirmación de que bajo el socialismo, sin la "iniciativa privada", se detiene el desarrollo de la economía y de toda la sociedad (una vaguedad, demostrada completamente falsa, como comprobamos del ejemplo seguido actualmente por los países socialistas).

Otra "inescrutable" afirmación es machacada en los cerebros de los trabajadores: La economía y la sociedad solo se desarrollan gracias a la competencia. Sin competencia, no hay desarrollo. El socialismo elimina la competencia y, con ello, supuestamente detiene el desarrollo de la sociedad. Por eso el socialismo es imposible e inviable, ya que es un sistema que condena a la sociedad al estancamiento y al retroceso.

La evidencia de los hechos, frente a los conceptos.

En nuestros días, la labor principal de los ideólogos imperialistas consiste en impedir que el proletariado se organice. Que empiece a entender su fuerza y capacidad para obtener su emancipación como clase. Realizan por todos los medios, las medidas necesarias para confundir, fraccionar y dividir a las fuerzas que luchan contra su dictadura. Su marcada hoja de ruta es impedir que la mayoría de los trabajadores crean que es posible avanzar hacia el socialismo, como la única solución de su explotación.

Esta clase parasitaria de accionistas y empresarios, están aupando a su herramienta terminal, el fascismo. Por ello actúan por todos los medios en interés propio, como la condición para su supervivencia. De ahí, que inculquen este mensaje cotidianamente entre toda la población. "Todo se vende y se compra" hasta las relaciones humanas, focalizándolas en la frase "deja de pensar", e imperativamente dictan "vete a lo tuyo", para la separación de los miembros de la sociedad que comprenden, que hay que luchar para defender las limosnas que han conseguido en épocas pasadas.

Todos los derechos sociales y democráticos, se han conseguido a través de la acción colectiva de los trabajadores, pero por otra parte han sido una concesión de la clase dominante preocupada "por evitar lo peor". En las tres últimas décadas ha tenido lugar una ofensiva contra nuestra clase. Hay una reapertura por parte de los estados imperialistas para privatizar estos derechos conseguidos. Para ello, se han servido de la socialdemocracia, destruyendo en lo posible la fuerza sindical de clase, disgregándola, para que sea lo más mansa y espontanea.

La huelga como medio más directo de enfrentamiento de la clase obrera contra el sistema capitalista, es combatida con medidas represoras. Los servicios mínimos en las entidades públicas (sanitarias en los hospitales, asistenciales de las empresas o públicas como los bomberos, policías o ejército), destrucción de los piquetes informativos con multas coercitivas, prohibición de los cordones de actividad en los polígonos industriales y puertos. Se ataca, con toda la violencia "democrática de este reino", la libertad de expresión, llevando a los obreros a las mazmorras, por un ente jurídico-político de la clase capitalista, la Audiencia Nacional, persiguiendo las manifestaciones sean legales o no autorizadas, se persiguen los objetivos y proclamas.

Cambio de paradigma social

Muchas ideas van lentamente germinando. Y hay muchos elementos no descritos. Yákob Sverdlov, en muchas de sus conferencias lo describió, con dos conceptos claros, muy claros que fueron tomados como base de la Universidad Comunista: Una formación integral a partir de los clásicos del Marxismo. Los dos conceptos son: conciencia y educación.

La extraordinaria importancia de comprender que el camino pasa por la emancipación de la clase obrera, y su estudio para conseguirla (como diría Lenin: Estudia, Estudia, Estudia), las condiciones cambiantes de lucha para derrocar la sociedad imperialista y continuar el desarrollo social dentro del socialismo. Por ello, se llama Revolución de Octubre, y no una somera insurrección.

No. Tuvo lugar, una Revolución de las Conciencias, de la actitud ante la vida de cada miembro de la sociedad creada, y unas aspiraciones comunistas para transformar el mundo y por ende, el universo de todas las esferas conocidas.

En la sociedad comunista, todas las cualidades nobles del ser humano no solo se fomentarán, sino que se convertirán en la norma. Trabajar por el bien de la sociedad será, para el ser humano del futuro, tan natural como respirar. Sin ello, el ser humano de la sociedad comunista no podrá imaginar su vida.

Frente al capitalismo que antepone el beneficio privado a las necesidades sociales, defendemos una alternativa: el Estado socialista, basado en la propiedad social de los sectores estratégicos de la economía, la planificación democrática de los recursos, el control público de los servicios esenciales y la distribución justa de la riqueza. Un modelo que ponga la economía al servicio de las personas, que garantice los derechos sociales y oriente la inversión hacia el bienestar colectivo y el desarrollo humano.

La dignidad no puede ser un privilegio. Las pensiones no son una limosna: son un derecho conquistado con décadas de trabajo. La sanidad, la educación, la vivienda y los cuidados no deben depender de la capacidad económica de cada persona.

Si no logramos hacernos comprender y explicamos a los trabajadores que el capitalismo contemporáneo, el imperialismo, quiere que las fuerzas obreras se limiten a repetir dogmáticamente que el proletariado se contrapone a la burguesía, el socialismo al capitalismo, la dictadura a la democracia, etc., nos lleva únicamente al oportunismo y a la derrota.

Necesitamos la Revolución Socialista, y por ello el paradigma es claro: Revolucionar las Conciencias. Para cambiar en cada trabajador su actitud ante la vida, forjándoles en implementar una continua defensa de este paradigma para transformar el mundo.

24 de octubre de 2026

Por Ján Bronis. Publicado en la página СТАЛИН - НАШЕ ЗНАМЯ! / STALIN - our Banner! (¡STALIN - NUESTRO ESTANDARTE!)


Recordando aquel 23 al 25 de octubre de 1941.

Cuando la Alemania de Adolf Hitler invadió la URSS, en 1941 el Ejército Rojo y las milicias de la población de Odesa opusieron una feroz resistencia a la invasión. Mantuvieron el asedio a la ciudad durante 73 días. El Comité Estatal de Defensa decidió honrar a Odesa nombrándola “Ciudad Heroica”. Fue de hecho, la primera ciudad soviética en ser ocupada por tropas alemanas, aunque también por sus aliados rumanos. Las represalias posteriores a la ocupación, podemos llamarlas como una orgía de sangre.

El 22 de octubre de 1941, el edificio donde antes estaba la NKVD de la calle Marazlievskaya, en el que, tras la ocupación de la ciudad, se habían instalado la comandancia militar rumana y el cuartel general de la 10.ª División de Infantería rumana, se produjo una tremenda explosión de una mina teledirigida, colocada allí por los zapadores del Ejército Rojo antes incluso de que la ciudad se rindiera. Como consecuencia de la potente explosión, el edificio se derrumbó parcialmente.

Bajo los escombros murieron 67 personas, entre ellas 16 oficiales, entre los que se encontraba el comandante rumano de la ciudad, el general Ion Glogožanu. La responsabilidad de la explosión se atribuyó a los judíos y a los comunistas.

El grupo de operaciones alemán «D», que llegó a Odesa, llevó a cabo una operación para exterminar a unos 5.000 rehenes, de todas las etnias que habitaban la ciudad incluidos judíos. A lo largo de toda la calle Marazlievska, los ocupantes irrumpían en los pisos de los habitantes de Odesa, disparaba a quemarropa allí mismo, o ahorcaban a todos los residentes que encontraban, sin excepción. Se llevaron a cabo redadas en las calles y mercados de la ciudad, así como en los suburbios. A las personas que aún no sabían nada del atentado, las fusilaban allí mismo, junto a las paredes de las casas o las vallas. 

En Bolshói Fontán fueron capturados y fusilados unos cien hombres. En Slobodka, en las inmediaciones del mercado, se ahorcó a unas doscientas personas. En Moldavanka, Blizhni y Dalni Melnitsy, se ejecutó a 251 residentes, y en la avenida Aleksandrovskaya se ahorcó a unos cuatrocientos ciudadanos. Las columnas de rehenes capturados eran conducidas hacia la carretera de Lustdorf, en la zona de los ya mencionados depósitos de artillería, donde eran fusilados o quemados vivos. Tras la guerra, se encontraron más de 22.000 cadáveres en fosas comunes.

El 23 de octubre de 1941 se emitió una orden, en la que se ordenaba a todos los judíos, bajo amenaza de ser fusilados en el acto, que se presentaran el 24 de octubre en el pueblo de Dalnik. En la tarde del 24 de octubre, unos 5.000 judíos fueron reunidos en el puesto fronterizo de Dalnik. Las primeras 50 personas fueron conducidas hasta la zanja antitanque y fusiladas personalmente por el comandante del 10.º batallón de ametralladoras, el teniente coronel Nicolae Delianu. Para acelerar el proceso de exterminio, los judíos fueron conducidos a cuatro barracones, en los que se habían practicado aberturas para ametralladoras y cuyo suelo había sido rociado previamente con gasolina. Las personas que se encontraban en dos de los barracones fueron fusiladas con ametralladoras ese mismo día, y los barracones fueron incendiados. Al día siguiente fueron fusilados los detenidos que se encontraban en los dos barracones restantes, y uno de ellos fue bombardeado con granadas.

Mientras tanto, a los judíos que no formaban parte del primer grupo, que ya había llegado a Dalnik, se les comunicó que estaban indultados. Los enviaron a diversas comandancias y comisarías para su registro, donde los retuvieron durante distintos periodos de tiempo. Cuando finalmente los dejaron en libertad, se encontraron con que sus casas estaban ocupadas y sus bienes saqueados. De este modo, ya durante la primera semana de presencia rumana en Odesa, la ciudad perdió alrededor del 10 por ciento de sus habitantes. El censo realizado por la administración rumana a finales de 1941 reveló que en Odesa había unos 60.000 judíos. En esta cifra se incluía también a aquellas personas que tuvieran tan solo un antepasado judío, ya fuera por línea paterna o materna. Los judíos estaban obligados a llevar una insignia distintiva especial en el pecho: un hexágono amarillo sobre fondo negro.

La administración rumana tomó medidas para apoderarse de los bienes de las futuras víctimas. A mediados de noviembre se emitió una orden por la que se obligaba a las personas de origen judío a declarar voluntariamente, al registrarse ante el Mando Militar o ante los funcionarios de policía, todos los objetos de valor, piedras preciosas y metales que tuvieran en su poder. El fin de la presencia judía en Odesa se produjo el 7 de noviembre de 1941, cuando se promulgó una orden que obligaba a todos los hombres judíos de entre 18 y 50 años a presentarse en la cárcel municipal. A partir de ese día, toda la población judía de la ciudad fue enviada en grupos a diversos campos de concentración instalados por los rumanos en zonas rurales, sobre todo en el pueblo de Bogdanovka. Más tarde se estableció un gueto en la propia Odesa. A mediados de diciembre se habían reunido en Bogdanovka unos 55.000 judíos.

El 15 de enero de 1942, todos ellos fueron fusilados por un destacamento de la Einsatzgruppe de las SS, soldados rumanos, policías ucranianos y colonos alemanes locales...

Un mes después se organizó una marcha de la muerte de 10.000 judíos hacia tres campos de concentración en Golta. En enero de 1942, entre 35.000 y 40.000 de los judíos que quedaban en Odesa fueron trasladados al gueto, creado el 10 de enero de 1942 en Slobodka. Los deportados se encontraban en condiciones de increíble hacinamiento, no había alojamiento suficiente para todos y la gente pasaba el invierno a la intemperie, lo que provocó una mortalidad masiva por hipotermia. Desde el gueto fueron deportados a campos de concentración rurales. Para el 20 de febrero de 1942, los 19.582 judíos que quedaban fueron deportados al distrito de Berezovsk, en la región de Odesa. Los transportaban en vagones sin calefacción; muchos perecieron durante el trayecto. En Berezovka se formaban grupos que partían a pie hacia Sirotskoe, Domanyovka, Bogdanovka, Goltu y otros campos de concentración. Muchas personas, sin llegar a su destino, morían de hambre y de frío por el camino.

La escolta, formada por soldados rumanos y colonos alemanes, llevaba a cabo fusilamientos masivos de judíos durante el trayecto. A los 18 meses, prácticamente todos los prisioneros de Golta habían fallecido. Los judíos que fueron enviados a trabajar a los pueblos se encontraban en mejor situación, aproximadamente la mitad de ellos sobrevivió a la ocupación. Unos 600 habitantes de Odesa que se encontraban en estos guetos sobrevivieron hasta la liberación. Varios cientos de judíos que se ocultaban en la propia Odesa también sobrevivieron. En total, durante la ocupación, fueron asesinados o fallecieron por las condiciones de vida en la ciudad 82.000 habitantes, y 78.000 personas fueron deportadas a trabajos forzados en Alemania.


¿Qué hicieron los rumanos aliados con los nazis? 

Ambicionaban, sobre todo, el territorio conquistado. La monarquía de Carol II había pasado de ser antibelicista a colaboracionista nazi. Primero fue neutral, decisión que la dejó aislada del continente cuando las tropas victoriosas de Adolf Hitler se apoderaron de Francia y de parte del oeste europeo. Francia siempre fue un espejo en el que se miró Rumania.

Sus socios nazis saquearon de todos los territorios ocupados cuanto podían. Tras el pacto de no agresión de 1939 entre nazis y soviéticos, éstos se anexionaron Besarabia y Bukovina, Hungría se apoderó de Transilvania, y Bulgaria hizo suya Dobrudja. 

Carol II tuvo que abdicar, se veía impotente ante el avance del fascismo en su propio país. Y dejó la corona en manos de su joven hijo, Miguel I, quien nombró un gobierno pro alemán y al frente de ese gobierno a un personaje siniestro de esta historia, Ion Antonescu, que, al terminar la guerra, terminó fusilado en los cerros de un descampado, atado a un poste. Pero antes, realizó insólitos crímenes contra la humanidad.

Antonescu creó un “Estado legionario”, entronizó a un movimiento fascista llamado “Guardia de Hierro”, que tuvo su homónimo en Argentina, y acaso lo conserve todavía, y encaró la toma de todas las empresas en manos extranjeras. Por cierto, lo hizo a su modo. Ni bien anunciada las hostilidades contra Gran Bretaña, los hombres de Guardia de Hierro entraron en las instalaciones de las empresas petroleras británicas, y asesinaron a golpes de maza a todos los trabajadores de nacionalidad inglesa.

De inmediato empezó también la persecución y matanza de ciudadanos judíos, pues en Rumanía había un numeroso grupo de personas que profesaban esa religión. 

El 25 de septiembre de 1940, la Guardia de Hierro descubrió la tumba de su fundador, Corneliu Zelea Codreanu, que había sido ejecutado por el rey Carol II en 1937. Desataron entonces una masacre en la cárcel de Jilava, donde estaban presos funcionarios del régimen anterior, y asesinaron a 64 detenidos. Enemigos declarados del rey Miguel I, iniciaron una rebelión llamada “Revolución Legionaria” que se enfrentó a las órdenes dadas al ejército rumano para mantener la seguridad de las calles, atacando a los judíos. En Bucarest fueron asaltados negocios y sinagogas, como un remedo de la “Noche de los Cristales” de Berlín, en noviembre de 1938. Muchos judíos fueron asesinados en las calles y un grupo fue llevado a un matadero, colgando a muchos, de los ganchos reservados a los animales, asesinados junto a un cartel que decía: “Carne kosher”. El hecho, conocido como el “Matadero de Bucarest”, costó la vida a 125 judíos y la quema de 1.200 negocios.

La “Revolución Legionaria” terminó aplastada por los tanques del ejército rumano, y Antonescu robusteció la monarquía, pero no dejó de lado su obsesión. En la cárcel de Jilava, 693 ciudadanos judíos fueron encerrados, torturados y matados en las mazmorras, y en el patio de la prisión. Tal fue la ferocidad de la matanza, que provocó una enérgica queja enviada a Berlín del nazi Manfred von Killinger, lo que es decir mucho.

Todo cambió, particularmente, cuando los nazis invadieron la Unión Soviética. Los antes aliados soviéticos eran ahora enemigos. Y los amigos de los amigos eran enemigos de los antes amigos. 

La aviación soviética bombardeó la ciudad de Iasi, en Moldavia, y los rumanos culparon a una supuesta “quinta columna judía” a la que acusaron de conspirar en secreto con Stalin, por lo que, el 27 de junio de 1941, a seis días de la invasión alemana a la URSS, 1.500 judíos fueron linchados, o matados a garrotazos en las calles de Iasi. 

Y al día siguiente, otros 1.400 ciudadanos judíos fueron encerrados en vagones herméticos y dejados morir por asfixia, la misma suerte que corrieron días después otros 1.200 judíos. Sólo la Cruz Roja logró frenar la matanza días más tarde, cuando ya los judíos moldavos muertos a manos rumanas llegaban a 13.226.

La matanza de población hebrea no disminuyó, pues 19 mil judíos fueron encerrados en nueve bodegas de pólvora del puerto, siendo allí ametrallados, y luego los edificios fueron incendiados. Los que quedaron heridos, o quienes no habían sido alcanzados por las balas, murieron quemados. Unos pocos, que sobrevivieron, fueron llevados a la gran prisión de Odesa.

Odesa, ciudad heroica y.... martir.

El ejército rumano invadió la ciudad ucraniana de Odesa el 16 de octubre de 1941: de inmediato, 8.000 habitantes fueron acusados de comunistas, llevándoles a las playas donde fueron asesinados y arrojados al mar. La matanza estuvo a cargo del Einsatzkommand 11b alemán y una agrupación del servicio secreto Rumano al mando del coronel Ioan Lissievici. 

Los Einsatzkommand eran grupos móviles de asesinos de las SS, la Gestapo y la Wehrmacht, encargados de asesinar a comunistas, comisarios, gitanos, homosexuales y colaboradores del NKVD soviético, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos. Se les adjudica a los Einsatzkommand millones de ejecuciones en el este europeo, fuerza de choque en el intento de exterminio total de los grupos contrarios al régimen nazi.

Luego de ocupar Odesa y de asesinar a aquellas 8.000 personas, hubo un breve remanso de inactividad para los invasores, que llegaban después de un asedio de 73 días. Pero el 22 de octubre, cuando voló el edificio de la calle Marazlievskaya, los periódicos rumanos y alemanes culparon a los judíos y a los comunistas. Antonescu ordenó fusilar a doscientos comunistas por cada oficial muerto, y a otros 100 por cada soldado víctima de la explosión. La represalia que siguió fue terrible como antes relatamos. 

Tras la matanza de Odesa, los rumanos siguieron con su política de eliminar a la población judía ahora en Transnitria, una provincia que había anexado a su territorio. A fines de 1941 y principios de 1942, la población judía de Transnitria y de las regiones históricas de Besarabia y Bukovina, había desaparecido casi por completo del mapa de Europa. Se calcula que las matanzas primero, las marchas de la muerte luego, las deportaciones y las epidemias, mataron a 300 mil personas.


La increíble resistencia del guerrilla soviética en Odesa.

Desde principios de julio hasta mediados de octubre de 1941, las unidades del Ejército Independiente de la Costa y las subunidades de la Flota del Mar Negro defendieron heroicamente Odesa, pero cada vez era más evidente que, tarde o temprano, tendrían que abandonar la ciudad en manos del enemigo. Sin embargo, la retirada de nuestras unidades regulares no tenía por qué significar el fin de la resistencia frente a los invasores alemanes y rumanos. Con este fin, gracias a los esfuerzos de los órganos de seguridad del Estado y del Comité Regional de Odesa, se crearon en la ciudad grupos clandestinos y unidades de guerrilleros.

Durante este periodo, las unidades de inteligencia, combate y sabotaje entrenadas por la NKVD fueron las que actuaron con mayor eficacia. En concreto en Odesa, se creó la organización clandestina dirigida por el capitán de la Seguridad del Estado V. A. Molodtsov.

El 19 de julio de 1941, el teniente de la Seguridad del Estado —lo que equivalía al rango de capitán del ejército— Molodtsov, al frente de un grupo de inteligencia y sabotaje formado por diez personas, al que se le había asignado el nombre en clave «Fuerte», llegó a Odesa. Ahora se llamaba Pavel Vladímirovich Badaev. El grupo tenía la misión de crear una red clandestina, y una base partisana en las catacumbas de Odesa y, en caso de que las tropas soviéticas se retiraran de la ciudad, permanecer en ella e iniciar operaciones de reconocimiento y sabotaje.

El 5 de agosto, la línea del frente se acercó mucho a Odesa. Mientras el 4.º Ejército rumano, con el apoyo de unidades alemanas, atacaba la ciudad, en las catacumbas se estaban creando bases partisanas. El destacamento de Molodtsov se instaló a una profundidad de entre 25 y 30 metros bajo las aldeas de los alrededores de las cuevas de Kuyalnik. Allí se habilitaron locales para el cuartel general, almacenes de provisiones para aproximadamente medio año, arsenales —con 7 ametralladoras, 60 fusiles, 200 granadas y hasta una tonelada de toluol—, y equipos de radio para comunicarse con Moscú.

En la noche del 5 de octubre de 1941, dos grupos (el destacamento de Molodtsov y el grupo del teniente de la Seguridad del Estado V. A. Kuznetsov), celebraron una reunión del Partido y del Komsomol antes de descender a las catacumbas para establecer una base. En realidad, tal y como atestigua el voluminoso expediente que se conservaba en el archivo del KGB de Odesa, hubo una ruidosa cena con abundante alcohol que terminó en una pelea entre los destacamentos de Moscú y de Odesa. 

Al día siguiente, los agentes de la Cheká descendieron a las extensas catacumbas de Odesa, bajo el mando de Molodtsov (alias operativo «Pável Badaev»), creándose tres destacamentos partisanos. El primer grupo, bajo el mando del ingeniero de minas de Odesa y miembro del partido Afanasi Klimenko, compuesto por 33 combatientes voluntarios de la población local, debía permanecer constantemente en las catacumbas subterráneas de las afueras, y realizar periódicamente incursiones de combate en la superficie. 

El segundo destacamento, también dirigido por un militante del partido, el antiguo presidente del consejo rural Antón Fedoróvich (alias operativo «Piotr Boiko»), estaba formado por varios grupos de combate y su infiltración en la ciudad. Su misión consistía en actuar directamente en la propia Odesa. Los combatientes de ambos destacamentos habían sido provistos con antelación de armas personales, y en la ciudad se habían habilitado almacenes secretos con armamento y explosivos en pisos clandestinos. Para garantizar el sustento del destacamento de Klimenko, se preparó una base especial en las catacumbas, donde se almacenaban diversos alimentos, suficientes para una estancia subterránea de entre 5 y 6 meses de entre 40 y 50 personas. Allí también se almacenaron 60 fusiles, 7 ametralladoras, unas 200 granadas, 40 000 cartuchos, 80 kg de explosivos, una estación de radio y una gran cantidad de ropa de abrigo. 

El tercer destacamento, compuesto por 19 agentes de la Cheká, constituía el núcleo de la red de inteligencia y formaba un grupo de combate autónomo. Se instaló en una base independiente, provisionándole con abundantes insumos y equipamiento para medio año, calculados para dos docenas de personas. Nadie imaginaba que la ocupación se prolongaría tanto tiempo.

Cuando, el 16 de octubre, las tropas enemigas entraron en la ciudad, los miembros de la resistencia de Badaev iniciaron operaciones de reconocimiento y sabotaje.

Las catacumbas de los alrededores de Odesa, situadas en las proximidades de las localidades de Nerubaiskoe, Kuyalniki y Usatovo, formaban un único laberinto con gran cantidad de pasadizos internos y cientos de salidas al exterior, cuya distancia entre sí, a lo largo de los pasadizos de comunicación, alcanzaba los 15 km. 

Era un  lugar elegido para el acuartelamiento del destacamento partisano y la residencia idóneo, ya que la existencia de un gran número de salidas permitía establecer, sin ser detectados por la vigilancia exterior del enemigo, una comunicación regular con el grupo partisano que actuaba en la propia ciudad, y con los agentes allí destinados, así como para llevar a cabo actos de sabotaje en la línea ferroviaria y en las instalaciones industriales. Además, las catacumbas constituían un buen refugio en caso de enfrentamiento armado entre los partisanos y las unidades de represión del enemigo.

La unidad se dividía en una sección subterránea y otra terrestre. En las catacumbas se encontraba el puesto de mando de Badaev, donde estaban el jefe de la sección subterránea, Afanasi Klimenko, así como su adjunto, Yakov Vasin —que antes de la guerra había sido agente de la policía judicial de Odesa—, y la mayoría de los combatientes, que a menudo realizaban incursiones de combate en la superficie.

La unidad terrestre, denominada «urbana», estaba formada por cinco o seis grupos de reconocimiento, cada uno con entre seis y diez miembros, y disponía de sus propios pisos clandestinos. 

Uno de esos grupos estaba dirigido por Nikolái Ivánovich Milan, quien, junto con su hermano Piotr, regentaba una peluquería que resultaba un lugar ideal para las reuniones clandestinas. Por cierto, durante los años de la guerra civil, Nikolái sirvió en la Cheká de Odesa y, en 1920, se infiltró en una organización de la Guardia Blanca haciéndose pasar por un oficial serbio. Al frente del destacamento estaba Piotr Ivanovich Boiko, que regentaba un taller de cerrajería. Bajo ese apellido se ocultaba el antiguo presidente del consejo rural de Nerubay, Antón Bronislavóvich Fedoróvich. Al igual que Milan, se le consideraba un antiguo agente de la Cheká, ya que a principios de los años veinte había servido como ayudante del comisionado en el departamento especial de la Cheká de Odesa. 

En la red clandestina de Odesa, dirigida por Badaev, se incorporaron también funcionarios locales de los organismos de seguridad del Estado, tanto en activo como retirados. En el grupo de enlaces del comandante del destacamento se incluyó a Tamara Mezhigúrskaya, agente operativa de la 4.ª sección de la Dirección de Odesa, Piotr Bolonin, agente operativo de la sección de transporte de la NKVD de la estación de Gayvoronskaya, que se incorporó al servicio ferroviario. También formaban parte de la red los agentes de la Cheká Nikolái Shevchenko, jefe de una de las diez unidades del destacamento terrestre encargado de llevar a cabo «misiones especiales», y Pavel Shevchenko, encargado de mantener el contacto con los grupos clandestinos. 

El contacto con las catacumbas lo mantenía la denominada «decena juvenil» del destacamento terrestre, formada por adolescentes de entre 16 y 17 años encabezados por Yákob Gordienko. En total, desde el inicio de la actividad clandestina en la residencia y los destacamentos de Molodtsov, hubieron entre 75 y 80 personas.

En aquella época operaban en la ciudad otros grupos partisanos y existía también una red paralela de la Cheká, pero, aun así, la fuerza principal la constituía el grupo de Molodtsov-Badaev.

La Siguranță (contrainteligencia rumana) sabía que en la Odesa ocupada seguía existiendo un potente foco de resistencia. En uno de sus documentos sobre la lucha contra el movimiento partisano se afirmaba: «El Gobierno soviético ha organizado y abastecido adecuadamente las acciones de los partisanos en los territorios perdidos. Los partisanos constituyen un ejército invisible de los comunistas en estos territorios y actúan con toda tenacidad, recurriendo a los métodos más sofisticados para cumplir las misiones para las que han sido enviados. En general, toda la población, unos de forma consciente y otros de forma inconsciente, colabora con las acciones de los partisanos».

En la primera quincena de noviembre de 1941, por orden de Molodtsov, los partisanos volaron la vía férrea entre las estaciones de Dachnaya y 2.ª Zastava. Como consecuencia, el tráfico ferroviario quedó interrumpido durante un día. A continuación, se voló la comandancia municipal, bajo cuyos escombros murieron unos 140 oficiales enemigos, entre ellos dos generales. Poco después se produjo la explosión de la presa del distrito de Jajibey y de varios almacenes militares. El 17 de noviembre, el grupo de Kuznetsov, en las inmediaciones de la estación de Zastava, hizo descarrilar un tren militar que transportaba municiones y efectivos del enemigo. De entre los escombros del tren destrozado, los rumanos sacaron unos 250 cadáveres de sus soldados y oficiales. 

A continuación, los agentes de la Cheká moderaron su actividad, pues las fuerzas de represión los buscaban concienzudamente. En los tres primeros meses de 1941, las tropas de Badaev llevaron a cabo seis operaciones de combate. La unidad terrestre recopilaba datos sobre el despliegue de las unidades militares rumanas y alemanas, y de las instalaciones militares y, a través de sus enlaces, transmitía esta información a las catacumbas, desde donde se enviaba diariamente —por lo general, a las once y media de la noche— por radio al Centro. 

Gracias a ello, la aviación soviética de largo alcance logró asestar golpes precisos contra una columna motorizada rumana y concentraciones de material bélico, además de destruir los depósitos de combustible situados cerca de Pervomaisk. Tanto los servicios de contrainteligencia alemanes, como los rumanos persiguieron durante mucho tiempo a esta emisora de radio, conocida como «corresponsal-12».

En uno de los informes decía: «La costa, en la zona de la localidad de Dofinovka, está rodeada por una valla de alambre», informaba Molodtsov a principios de febrero de 1942. «En la costa, junto a la localidad de Sychavka, se han instalado 30 cañones de largo alcance; en esa misma localidad se han acuartelado 200 artilleros alemanes. En la ciudad de Odesa, en el jardín Dyukovsky, se han instalado 18 cañones de 12 pulgadas. La costa, desde Kuzanovka hasta Lyustdorf, está fortificada con 102 cañones pesados, 320 morteros y ametralladoras. A lo largo de este mismo tramo se están construyendo búnkeres y terraplenes. 3.000 soldados rumanos se dirigieron a pie durante varios días hacia la ciudad de Nikolaev. Debido a las heladas de 22 grados, muchos soldados se quedaron rezagados y murieron de frío. Las unidades alemanas que pasaban por allí no prestaron ayuda a los soldados rumanos».

Al mismo tiempo, los miembros de la resistencia de Badaev tenían otra función, aunque no menos importante: difundir entre la población los comunicados de Sovinformburo y folletos contra el régimen de ocupación... Los partisanos que operaban en las catacumbas distraían la atención de miles de soldados, oficiales y policías rumanos y alemanes, obligados a vigilar varios cientos de accesos a las catacumbas en un radio de 40 kilómetros, desde Arcadia hasta el distrito de Jajibey.

En las primeras etapas, el trabajo de Molodtsov iba bien. El destacamento de Fedorovich se comportaba de forma bastante pasiva, por lo que la información sobre la ubicación de las instalaciones militares y la situación en la Odesa ocupada procedía principalmente de la red personal de agentes de Molodtsov: la sargento de seguridad del Estado Tamara Mezhigurskaya, agente operativa de la Dirección Regional del UNKVD, las odesitas del destacamento de Klimenko —Tamara Shestakova y Galina Ivanova—, así como los residentes locales que permanecían en la ciudad: Yakov Gordienko, Piotr Prodyško, Ksenia Bulavina y Evgenia Gul.

En enero de 1942, los policías rumanos detuvieron a Piotr Boiko, y decidió a colaborar con la Siguranță, tras lo cual fue puesto en libertad. También capturaron por sus delaciones a Afanasi Klimenko, quien tras terribles torturas, decidió colaborar con los nazis. El 8 de febrero de 1942 Molodtsov salió de las catacumbas junto con Tamara Mezhigurskaya, y no regresó. Unos días más tarde, el agente de la Cheká Serguéi Vinográdov partió en su búsqueda y, a través de sus informadores, averiguó que el 9 de febrero Molodtsov, Mezhegurskaya, Yákob Gordienko y otros dos miembros de la resistencia habían sido detenidos por la Siguranță en el piso del antiguo comandante del grupo exterior, Fedorovich, Piotr Boiko, mientras que Shestakova había sido capturada en una emboscada organizada cerca de su casa.

Molodtsov, fue especialmente torturado, no abrió la boca. Totalmente desfigurado fue fusilado en cumplimiento de la sentencia de un tribunal rumano el 3 de julio de 1942. A lo largo del verano fueron ejecutados Mezhiugurskaya, Gordienko, Bolonin, Vishnevsky, los hermanos Milan y muchos otros agentes de inteligencia. La organización en las catacumbas fue destruida, así como los agentes de la superficie.

Tras la llegada de las tropas soviéticas, basándose en el análisis de documentos rumanos incautados, el servicio de contrainteligencia SMERSH, identificó y detuvo a Antón Boiko-Fedorovich, Afanasi Klimenko y otros traidores a la patria. Todos ellos recibieron el castigo que merecían.

El 5 de noviembre de 1944 se firmó el Decreto del Presidium del Consejo Supremo de la URSS por el que se concedía el título de Héroe de la Unión Soviética a doce agentes de la Cheká, tanto vivos como fallecidos. Entre ellos figuraba Vladímir Alexándrovich Molodtsov, comandante del destacamento partisano y residente clandestino en Odesa (a título póstumo).

En 1949 se publicó la novela de Valentín Kataev «Por el poder de los Soviets», dedicada a la resistencia antifascista en Odesa durante los años de la Gran Guerra Patria. Uno de los protagonistas de la obra era el capitán Maksímov, enviado a las catacumbas por el Estado Mayor ucraniano del movimiento partisano. Pocos sabían por entonces que este capitán tenía un prototipo totalmente rea, Vladímir Alexándrovich Molodtsov.

El 23 de agosto de 1944 el reino de Rumania capituló ante el triunfante Ejército Rojo, después de un leve giro inútil hacia los aliados occidentales del rey Miguel I, que tenía entonces 23 años. El Tribunal Popular de Bucarest, creado en 1946 por el nuevo gobierno rumano bajo control aliado, juzgó y condenó a muerte al mariscal Antonescu, al gobernador de Transnitria, Gheorghe Alexianu y al comandante de la guarnición de Odesa, general Nicolae Macici por la “organización de la represión contra la población civil de Odesa en el otoño de 1941″. Antonescu y Alexianu fueron fusilados el 1 de junio de 1946 junto a Mihai Antonescu, primer ministro adjunto durante la guerra, y al general Constantin Vasiliu. El rey Miguel I conmutó la pena de muerte del general Macici, que murió en prisión en 1950. El rey fue obligado a abdicar en 1947 y Rumania se convirtió en república.

El terrible asesino, el inspirador y autor del holocausto en Rumania, el teniente coronel Nicolae Deleanu, se escabulló y mudó de chaqueta, se hizo comunista. Vivió en los ajetreados años de la república socialista rumana, falleciendo en 1970.

En 1969, la parte de las catacumbas en la que se alojaba el destacamento de Molodtsov se inauguró como Museo de la Gloria Partisana. Además del exótico laberinto de túneles excavados en la arenisca durante la extracción de material de construcción, se mostraba a los visitantes una impresionante exposición. El museo cuenta con una reconstrucción de la base subterránea: el cuartel general, las viviendas, los almacenes de municiones y de combustibles y lubricantes, la cocina y la sala dedicada a Lenin. Cerca se encuentra un pozo vertical que conectaba la base con la superficie; a través de él se transportaban alimentos y se transmitían mensajes de los agentes. Durante el régimen soviético, el museo recibía más de un millón de visitantes al año. En la actualidad, se siguen realizando visitas guiadas en ruso y ucraniano, aunque el número de visitantes ha disminuido considerablemente.

A las víctimas del Holocausto en Odesa, se erigió un monumento, obra del escultor Zurab Tsereteli, que puso el broche final al complejo del recuerdo, inaugurándose en el año 2004.



Enlaces adicionales:

- El holocausto de Odesa: los 73 días de asedio de las tropas nazis que desataron una orgía de sangre.

- Партизанская война в одесских катакомбах.