El papel decisivo de liderazgo de Stalin durante la Gran Guerra Patria se basó en un profundo conocimiento, del armamento, terreno y ciencia militar, de estrategia y tácticas, y del contexto político y social más amplio en el que se desarrollaba la guerra.
Maestros de la guerra
Stalin siempre había mostrado un gran interés por los detalles de los asuntos militares. El embajador Averill Harriman observó que Stalin: «tenía una enorme capacidad para asimilar los detalles… En nuestras negociaciones con él, solíamos encontrarlo extremadamente bien informado. Tenía un conocimiento magistral del tipo de equipamiento que le resultaba importante. Sabía el calibre de los cañones que quería, el peso que podían soportar sus carreteras y puentes, y los detalles del tipo de metal que necesitaba para construir aviones»
(Roberts, pag. 154).
En otra ocasión, Averill Harriman, entonces embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, quien pasó mucho tiempo con Stalin en ese periodo, señaló que para comprender y valorar la URSS de tiempos de Stalin, era necesario conocer algo del pasado de Rusia:
En su opinión, Stalin era un líder bélico popular. Fue él, quien mantuvo la unidad del país. «Por eso me gustaría destacar mi gran admiración por Stalin, el líder nacional… [en un momento] de uno de esos momentos históricos en los que un solo hombre marcó una gran diferencia». Stalin poseía numerosos libros sobre asuntos militares en su biblioteca. Libros escritos por expertos de la época zarista rusa, entre ellos Enrig Leer (1829-1904), así como de Alemania, como Carl von Clausewitz, autor de Sobre la guerra.
Subrayó especialmente un pasaje del libro de Leer, en el que afirmaba que, tras su derrota ante Napoleón en la batalla de Borodinó en 1812, el general ruso Kutúzov se enfrentaba a la elección de salvar su ejército o salvar Moscú. Finalmente, decidió salvar a su ejército y continuó con una campaña de hostigamiento contra el ejército de Napoleón mientras se retiraba de Moscú.
En octubre de 1941, cuando los ejércitos nazis se acercaban a Moscú, se encontró ante un dilema similar, Stalin tomó la decisión de salvar Moscú como medio para salvar a su ejército. Así que permaneció en la capital y organizó su defensa. El 7 de noviembre de 1941, en el 24º aniversario de la Revolución de Octubre, cuando pronunció un sentido discurso a las tropas soviéticas que iban hacia el frente, dijo:
«Recordad el año 1918, cuando celebramos el primer aniversario de la Revolución de Octubre. Tres cuartas partes de nuestro país estaban en aquel momento en manos de intervencionistas extranjeros. Habíamos perdido temporalmente Ucrania, el Cáucaso, Asia Central, los Urales, Siberia y el Lejano Oriente. No teníamos aliados, no teníamos Ejército Rojo —apenas habíamos empezado a crearlo—. Había escasez de alimentos, de armamento y de ropa para el Ejército. Catorce Estados ejercían presión sobre nuestro país.
Pero no nos desanimamos, no perdimos el ánimo. En el fragor de la guerra forjamos el Ejército Rojo, y convertimos nuestro país en un campamento militar. El espíritu del gran Lenin nos animó en aquel momento para la guerra contra los intervencionistas. ¿Y qué ocurrió? Derrotamos a los intervencionistas, recuperamos todo nuestro territorio perdido y logramos la victoria». (pag. 156)
Volvió al tema del patriotismo soviético en su apreciación:
«Os ha correspondido una gran misión liberadora.
¡Hacedla honor!
… ¡Que las figuras heroicas de nuestros grandes antepasados —Alejandro Nevski, Dmitri Donskói, Kuzma Minín, Dmitri Pozharski, Alexandr Suvorov y Mijaíl Kutúzov—, os sirvan de inspiración en esta guerra!
¡Que el estandarte victorioso del gran Lenin sea vuestra estrella guía!» (Ibid).
El favorito de Stalin entre los teóricos militares soviéticos era Borís Shapóshnikov, un antiguo oficial zarista que se había alistado en el Ejército Rojo en 1918 y fue comandante del estado mayor general (1937-40, 1941-43). Como Stalin, era "un hombre de acción intelectual además de práctico".
Su libro *Mozg armi*(El cerebro del ejército), basado en las lecciones estratégicas de la Primera Guerra Mundial, era una combinación de gran estrategia y detalles organizativos fundamentales que también caracterizaban el liderazgo militar y político de Stalin. El libro de Shapóshnikov incluía numerosas citas de las obras de Marx, Engels y Lenin, además de las de teóricos estratégicos rusos y occidentales.
Los preparativos soviéticos, contrariamente a lo que afirmaban los detractores burgueses de la URSS y de Stalin, comenzaron a finales de la década de 1920. Durante la década de 1930, la partida destinada a la defensa nacional en el presupuesto aumentó del 10 % al 25 %. La plantilla del Ejército Rojo pasó de menos de un millón a más de cuatro millones. En 1939, la Unión Soviética contaba con el ejército más grande y mejor equipado del mundo y producía anualmente 10.000 aviones, 3.000 tanques, 17.000 piezas de artillería y 114.000 ametralladoras
(Roberts, pag. 157).
Al igual que Clausewitz, Shaposhnikov creía que la guerra era una prolongación de la política y que, por lo tanto, los objetivos y la orientación general de la guerra eran prerrogativa de los dirigentes políticos. Mientras que el Estado Mayor debía comprender las interrelaciones entre los asuntos internos, exteriores y militares, los dirigentes políticos debían tener un buen conocimiento de las cuestiones militares.
«En nuestros tiempos», escribió Shaposhnikov, «el estudio y el conocimiento de la guerra son esenciales para todos los dirigentes estatales». (Ídem)
La idea que el libro de Shapóshnikov, ayudó a popularizar la consigna de la "movilización significaba guerra". Esta fue posiblemente una de las razones por las que el Ejército Rojo no se movilizó en los días previos al ataque de Hitler a la URSS, para no precipitar la guerra con Gran Bretaña y Estados Unidos. Estos querían provocar un enfrentamiento, para que se debilitasen tanto su enemigo imperialista, Alemania, como a la odiada URSS socialista.
Por Lalkar, extraído de "Los Comunistas". Partido Comunista de Gran Bretaña, Marxista Leninista.
Stalin realizó trabajos especiales, para contrarrestar la tendencia equívoca de algunos científicos soviéticos, que adoptaban una actitud servil hacia sus equivalentes del Occidente imperialista, más atrasados.
Ciencia y sociedad
Bajo el liderazgo de Andréi Zhdánov en el verano de 1946, se puso en marcha la campaña contra las influencias culturales del capitalismo occidental. Stalin estaba decidido a ampliar la influencia soviética en Europa Central y Oriental, como barrera frente a una futura agresión alemana contra la Unión Soviética.
En lugar de comprender las preocupaciones soviéticas tras una guerra tan costosa, el imperialismo angloamericano desencadenó la Guerra Fría, y el primer ministro británico Winston Churchill declaró en su famoso discurso de Fulton, que un «telón de acero» había «caído sobre Europa, desde el Báltico hasta el Adriático». Detrás de ese telón, todos los «antiguos Estados de Europa Central y Oriental estaban sucumbiendo al control totalitario comunista» [Cabe señalar que Churchill tomó prestada la expresión «cortina de hierro» directamente de Goebbels como herramienta propagandística].
Un año más tarde, el presidente estadounidense Harry Truman hizo un llamamiento a la defensa global del «mundo libre» por parte de Estados Unidos, y solicitó fondos al Congreso «para apoyar a los pueblos libres que se resisten a los intentos de sometimiento por parte de minorías armadas o a presiones externas».
Fue en este contexto cuando se puso en marcha la campaña soviética contra la penetración cultural occidental.
En un discurso pronunciado en 1946, Zhdánov afirmó sin rodeos que:
«Algunos de nuestros literatos han llegado a verse a sí mismos no como maestros, sino como alumnos, [y] han caído en un tono de servilismo ante la literatura extranjera filistea. ¿Es ese servilismo propio de nosotros, los patriotas soviéticos, que estamos construyendo el sistema soviético, que es cien veces superior y mejor que cualquier sistema burgués? ¿Es propio de nuestra literatura soviética de vanguardia… doblegarse ante la literatura burguesa occidental, estrecha de miras y filistea?» (pag. 143).
Cuando funcionarios de la Unión de Escritores Soviéticos se reunieron con Stalin en mayo de 1947, lo encontraron preocupado por la insuficiente educación patriótica de la intelectualidad. «Sienten una admiración injustificada por la cultura extranjera… Esta tradición retrógrada comenzó con Pedro… Había mucha servilismo ante los extranjeros, ante esa gentuza». (pag.143)
En 1947 tuvo lugar un debate público sobre un libro de historia de la filosofía occidental escrito por Gregori Alexandrov, jefe del departamento de propaganda del partido. Se le criticó por subestimar la contribución rusa a la filosofía y por no hacer hincapié en la ruptura del marxismo con la tradición occidental.
La campaña se extendió al ámbito de las ciencias naturales. Los primeros en ser objeto de críticas fueron un biólogo y un microbiólogo, que habían desarrollado un nuevo método de tratamiento contra el cáncer utilizando un microorganismo unicelular. Entregaron una copia del manuscrito sobre los métodos de tratamiento, a unos científicos médicos estadounidenses.
«Por iniciativa de Stalin, el Gobierno aprobó una resolución sobre la creación de tribunales de honor para juzgar si tales acciones eran antipatrióticas. No se impusieron sanciones penales a los dos científicos, pero a su juicio, celebrado en junio de 1947, asistieron lo más granado de la comunidad médica soviética, así como cientos de curiosos. Un año más tarde, el Comité Central envió una circular secreta a los miembros del partido en la que se relataba el asunto y se criticaba la «esclavitud y servilismo ante todo lo extranjero», y se advertía contra «el arrastre y el seguidismo ante la cultura burguesa de Occidente». (pag. 144)
El imperativo patriótico también quedó patente en el caso Trofim Lisenko. Stalin apoyó la postura de Lisenko, especialmente su convicción de que el mundo natural podía transformarse mediante la intervención humana.
Lisenko sostenía que los caracteres adquiridos podían heredarse y que, por lo tanto, se veían influidos por los cambios ambientales. Lisenko opinaba que las características adquiridas podían heredarse y, por tanto, estaban influenciadas por los cambios ambientales. Esto iba en contra de los genetistas soviéticos, que sostenían que la herencia era estrictamente una función de los genes y no tenía nada que ver con influencias ambientales o manipulación científica de la naturaleza.
En apoyo a Lisenko, una editorial de Pravda afirmó que "el capitalismo es incapaz no solo de la transformación planificada de la naturaleza, sino de impedir el uso depredador de sus riquezas".
La reputación internacional de la ciencia soviética era motivo de gran preocupación para Stalin tras la guerra. En un libro publicado en 1946 sobre el papel de los científicos soviéticos en el desarrollo de la ciencia mundial, destacó sus contribuciones en campos que abarcaban desde las comunicaciones electrónicas hasta la física atómica, la sismología y el magnetismo.
Cuando se conmemoró el centenario de Iván Pavlov en septiembre de 1949, en la portada de una editorial titulada "Un gran hijo del pueblo ruso", Pravda honró al científico inmortalizado a través de su investigación sobre reflejos condicionados, llamado el concepto de 'respuesta pavloviana'.
El fisiólogo y psicólogo Iván P. Pavlov (1849-1936), según Pravda, fue en su época el científico más famoso de la Unión Soviética. Fue el primer ruso en recibir el Premio Nobel de Medicina en 1904 y, a diferencia de muchos científicos de la época zarista, eligió quedarse en el país tras la Revolución de Octubre. Aunque no era bolchevique, sus métodos de investigación científica materialista se consideraban mucho más preferibles y compatibles, con el marxismo que la introspección y el subjetivismo del freudianismo.
Apoyó plenamente el coloquio organizado conjuntamente por la Academia de Ciencias sobre las enseñanzas fisiológicas del académico I. P. Pavlov en junio de 1950. Asistieron más de mil personas. Posteriormente, los principales detractores de las enseñanzas de Pavlov fueron degradados.
Un par de años después de la muerte de Stalin, se restableció la situación anterior. Se suprimió el Consejo Científico del Comité Central y la implicación del Partido en asuntos científicos pasó a ser mal vista (pag. 148).
Stalin dominaba el materialismo dialéctico, la metodología marxista para comprender todos los aspectos de la existencia humana, incluido el mundo natural. En 1950 intervino en un debate sobre lingüística, centrado en las ideas del historiador y teórico lingüístico anglo-georgiano Nikolái Marr (1865-1934).
Una de las teorías extrañas que promovió Marr era que todos los idiomas se basaban en clases sociales y cambiaban en consonancia con la transformación económica de las bases económicas de las sociedades. Todos los aspectos de la superestructura, sostenía en una aplicación burda de la teoría marxiana de base y superestructura, incluido el lenguaje, fueron moldeados y desarrollados por las relaciones de clase y la dinámica de la base económica. Diferentes clases hablaban diferentes idiomas, y la lengua de clases similares en distintos países tenía más en común entre sí que con sus compatriotas que pertenecían a clases distintas. Por tanto, según Marr, el idioma era una cuestión de clase, no nacional o étnica.
Los seguidores de Marr estaban firmemente arraigados en los círculos lingüísticos soviéticos, pero también tenía sus detractores. Algunos de los libros de Marr se encontraban en la biblioteca de Stalin.
Uno de los críticos de Marr fue el georgiano Arnold Chikibava, quien, acompañado por los líderes comunistas georgianos Kandid Cherkviani (ambos habían criticado a Marr), viajó a Moscú en abril de 1950, donde se reunieron con Stalin y mantuvieron una larga conversación sobre Marr. Stalin pidió a Chikibava que escribiera un artículo para Pravda sobre la lingüística soviética, que se publicó el 9 de mayo. Este artículo fue ampliamente revisado por Stalin, quien realizó su habitual labor editorial de afinar y pulir la prosa, insertando algunas frases propias.
En una sección sobre los orígenes del lenguaje, Stalin añadió que Marr había rechazado la idea de que el lenguaje «surgiera como medio de comunicación entre las personas, como un instrumento que surgió de una necesidad persistente de comunicarse». El académico Marr olvida que, en los tiempos más remotos, las personas vivían y se mantenían en hordas, en grupos, y no de forma individual. El académico Marr no tiene en cuenta el hecho de que fue precisamente esta circunstancia la que generó la necesidad de comunicarse, su necesidad de disponer de un medio común de comunicación como el lenguaje» (pag. 150).
En una sección en la que se criticaban los métodos artificiales de Marr para acelerar la formación de una lengua mundial, se incluía lo siguiente: «Los marxistas entienden esta cuestión de otra manera. Sostienen que el proceso de desaparición de las lenguas nacionales y la formación de una única lengua mundial común tendrá lugar de forma gradual, sin recurrir a ningún «medio artificial» para «acelerar» este proceso. La aplicación de tales «medios artificiales» supondría el uso de la coacción contra las naciones, y esto es algo que el marxismo no puede permitir» (ibíd.).
«Al final del artículo, Stalin añadió este párrafo:
“La formulación teórica de Marr sobre una lingüística general contiene graves errores. Sin superar estos errores, es imposible el crecimiento y el fortalecimiento de una lingüística materialista. Si alguna vez se han necesitado la crítica y la autocrítica, es precisamente en este ámbito” ».
Tras proporcionar la información anterior, Roberts escribe:
Las interpolaciones de Stalin presagiaron su propia contribución al debate lingüístico, «LO QUE RESULTÓ SER UNA VERDADERA CLASE MAGISTRAL DE CLARIDAD DE PENSAMIENTO Y SENTIDO COMÚN» (pag. 150, es nuestro el énfasis destacado).
Como era su costumbre, antes de intervenir en el debate, Stalin había estudiado muchos libros sobre lingüística. Era un lector rápido y, casi a diario, había un montón nuevo de libros sobre lingüística en su estudio en Kuntsevo.
Stalin argumentaba que el lenguaje fue creado por toda la sociedad y desarrollado por cientos de generaciones de personas:
"El lenguaje existe, el lenguaje ha sido creado precisamente para servir a la sociedad en su conjunto, como medio de interacción entre personas ... servir a los miembros de la sociedad por igual, independientemente de su estatus de clase."
Atacó la idea de que los idiomas se basaran en la clase:
"La cultura puede ser burguesa o socialista",dijo, "pero el lenguaje, como medio de interacción, es siempre un idioma común para todo el pueblo y puede servir tanto a la cultura burguesa como a la socialista." (pag. 151)
La característica distintiva de las lenguas, señaló Stalin, era que derivan su uso y poder de la gramática, así como de un vocabulario compartido.
"La gramática es el resultado de un proceso de abstracción llevado a cabo por las mentes humanas durante un largo periodo de tiempo, es la indicación de un tremendo logro de pensamiento."
En una entrevista posterior con Pravda, Stalin criticó la opinión de Marr de que el pensamiento podía estar separado del lenguaje. Cualesquiera que sean los pensamientos que puedan surgir en la mente del hombre, surgen y existen únicamente en base al material lingüístico, en la terminología y las frases del lenguaje.
Marr, dijo Stalin, era "un simplificador y vulgarizador del marxismo", que había "introducido en la lingüística un tono immodesto, jactancioso y arrogante" y debatía el estudio comparativo-histórico del lenguaje como 'idealista'.
Stalin publicó cinco contribuciones en Pravda sobre este asunto. En su declaración final, reiteró su opinión de que todas las lenguas acabarían fusionándose en una sola lengua común, pero que ese proceso sólo llegaría tras la victoria mundial del socialismo. Mientras tanto, cientos de lenguas seguirían coexistiendo, y no se cuestionaba suprimir ninguna ni afirmar la superioridad de ninguna de ellas.
Los artículos de Stalin sobre marxismo y lingüística se publicaron en todos los periódicos soviéticos. Se leían por la radio y se reimprimían como folletos con tiradas de millones. Los programas lingüísticos fueron renovados para incluir nuevos cursos sobre la enseñanza de Stalin acerca del lenguaje. El breve texto de Stalin realmente generó océanos de literatura.
Por
@bulochnikov. Publicado en Livejournal. Traducción Marina Svetlova y
Nestor Guadaño.
La
defensa del Ejército.
En
el ámbito militar, la tesis de que «quien
controla la información, controla el mundo» adquiere
una importancia especial: Cuánto
sepas sobre el enemigo y de lo poco que él sepa sobre ti, depende que
salgas victorioso o sufras una derrota.
¿Quién
protege la información que el enemigo desea obtener sobre tu
ejército? El servicio de contrainteligencia. A veces, un solo espía
enemigo puede causar un daño mucho mayor que todo un ejército.
Alguien tiene que luchar contra los espías y descubrir a los agentes
enemigos. Se podría discutir quiénes han sido más útiles: los
tanquistas, los pilotos, los artilleros o los agentes de la
Contrainteligencia.
Al
fin y al cabo, un solo agente enemigo que se les haya escapado podría
echar por tierra el esfuerzo bélico de todos los demás, y provocar
enormes pérdidas.
Si
el Ejército Soviético velaba por la seguridad del Estado y del pueblo, la Contrainteligencia era la protección del propio ejército, su
servicio de seguridad. Y también en la retaguardia (sin cuyo
funcionamiento eficaz no se ganan las guerras). Y es que una fábrica
militar en la retaguardia, volada por saboteadores, se traducirá en
una escasez de material y munición en el frente. Por lo tanto, será
más difícil luchar, y habrá más bajas entre los soldados y
oficiales.
Pero
las tareas a las que se enfrentaban los agentes de contrainteligencia
eran, sin duda, mucho más amplias. Por ejemplo, entre ellas se
encontraba la detección de indicios de deserción y traición, algo
que muchos consideran éticamente cuestionable. Pero se trataba de
una necesidad vital, relacionada con la capacidad de combate del
ejército.
El pánico es terrible en caso de incendio, ¡y qué decir
entonces de una situación de combate! Alguien tenía que frenarlo,
llevar a cabo una labor preventiva sistemática e identificar a los
potenciales alarmistas y cobardes. Al igual que una oveja sarnosa
puede echar a perder todo el rebaño, un solo alarmista o cobarde
detectado a destiempo puede arruinar toda la unidad y frustrar el
cumplimiento de la misión de combate.
O
la lucha contra la deserción. Digamos que, ya a 10 de octubre de
1941, los cordones operativos de las unidades especiales y las
brigadas de bloqueo del NKVD (que no deben confundirse con las
brigadas de bloqueo del ejército, creadas tras la orden n.º 227), habían detenido a 657.364 militares que se habían separado de sus
unidades y habían huido del frente. De este número, la inmensa
mayoría fue enviada de vuelta al frente. Se detuvo a 25.878 soldados (1.505 espías, 308 saboteadores, 8.772 desertores y 1.671 que se
habían disparado a sí mismos). 10.201 fueron fusilados.
El
espacio de este artículo, no permite abordar la magnitud del trabajo
de los agentes de contrainteligencia en toda una serie de ámbitos.
Por ejemplo, en la identificación de agentes enemigos en la zona de
frente.
El libro de Bogomolov que mencionamos como enlace consultado, «En agosto del 44», está basado en hechos reales: La operación de búsqueda de agentes alemanes
en la zona del 2.º Frente Bielorruso, llevada a cabo por la Unidad
de Contrainteligencia Soviética «Smersh» («Muerte a los espías») del frente, en noviembre de 1944, en
la que participaron 56 grupos móviles de búsqueda, 61 patrullas
móviles y 279 puestos de bloqueo...
O tomemos como ejemplo el
reconocimiento en primera línea: por esta vía, los organismos de
contrainteligencia prepararon e infiltraron en la retaguardia enemiga
más de 2.200 grupos operativos, de los que se recibieron 4.400
informes de inteligencia importantes, entre ellos sobre la
preparación de una ofensiva en la zona de Orel y Kursk, lo que
permitió anticiparse al ataque del enemigo.
Por ejemplo, solo en
junio de 1944 operaban en la retaguardia alemana 118 grupos
operativos con un total de 7.000 efectivos... En las operaciones de información diaria radiadas, en determinados periodos de la guerra, los agentes del NKVD y la «Smersh» llevaron a cabo hasta 70 de ellas
simultáneamente, desde la retaguardia profunda y desde zonas situadas
cerca del frente...
El movimiento guerrillero, en cuya organización
desempeñó un papel clave "los paracaidistas rojos" del NKVD: en las agrupaciónes de «Vencedores» de D. N.
Medvédev, «Inalcanzables» de M. S. Prudnikov, «Locales» de S.
A. Vaupshasov, y cientos de otros destacamentos partisanos, creados a
partir de los destacamentos operativos lanzados en la retaguardia...
Las
operaciones especiales llevadas a cabo por los agentes de Contrainteligencia, durante el avance de las tropas soviéticas.
A menudo, los grupos
operativos especiales de Contrainteligencia soviéticos, eran los primeros en entrar en las ciudades liberadas,
incluso antes de que el enemigo cesara su resistencia.
Por ejemplo,
el 13 de octubre de 1944, un grupo operativo especial de la «Smersh» del
2.º Frente del Báltico, compuesto por cinco agentes de la Cheká, bajo el mando del capitán Pospelov, se infiltró en Riga, que aún
estaba en manos de los alemanes. El objetivo era hacerse con el
archivo y el fichero de las unidades del Abwehr en Riga
(«Abwehrstelle-Ostland»), que los alemanes se disponían a evacuar
durante la retirada. El grupo de Pospelov, tras eliminar a los
miembros del Abwehr, se apoderó del edificio junto con el fichero y,
a continuación, libró una batalla durante toda la noche contra los
refuerzos alemanes que se habían acercado, hasta que las unidades de
vanguardia del Ejército Rojo entraron en la ciudad.
Sobre
la legalidad y las «represiones masivas» durante los años de la
guerra
Los
hechos y los datos de archivo, desmienten la tesis tan extendida en Occidente, de
que los miembros de la Contrainteligencia soviética catalogaban indiscriminadamente a todo el
mundo, —en particular a quienes habían estado en cautiverio—
como «enemigos del pueblo»...
Por ejemplo, entre octubre de 1941 y
marzo de 1944, 317.594 antiguos prisioneros de guerra fueron
sometidos a investigación o se encontraban (en ese momento) en
proceso de investigación.
De ellos:
223.281 (70,3 %) fueron
destinados al Ejército Rojo,
4. 337 (1,4 %), a las tropas de vigilancia del NKVD,
5.716 (1,8 %), a la industria de defensa,
1.529 (0,5 %)
fueron ingresados en hospitales.
Se destinó a unidades de castigo a
8.255 (2,6 %) y se detuvo a 11.283 (3,5 %).
En cuanto al resto (61.394), la investigación continuaba (Revista de Historia Militar,
1997, n.º 5). De ello se desprende que algo más del 6 % fue objeto
de represalias, y que la mayor parte de ellos tuvo la oportunidad de
recuperar sus derechos a través de las unidades de castigo.
¿Y
qué ocurrió después de la guerra?
¿Es cierta la afirmación que
se repite con bastante frecuencia, de que «desde los campos de Hitler
se les enviaba a los soviéticos»? No.
Según los datos del Archivo
Estatal de la Federación Rusa (GARF), que cita I. Pijalov en su
estudio «La verdad y la mentira sobre los prisioneros de guerra soviéticos» (stalinism.narod.ru\plen.htm), a 1 de marzo de 1946, se
habían repatriado 4.199. 488 ciudadanos soviéticos (2.660.013
civiles y 1.539.475 prisioneros de guerra), de los cuales 1.846.802
procedían de las zonas de operaciones de las tropas soviéticas en
el extranjero y 2.352.686 fueron entregados por los angloamericanos y
llegaron desde otros países.
¿Cuáles son, pues, los resultados de
la verificación y el filtrado?
El resultado es muy claro.
De los civiles, 2.146.126 (80,68 %) fueron enviados a sus
lugares de residencia.
263.647 (9,91 %) fueron incorporados a
batallones de trabajo.
141.962 (5,34 %) fueron reclutados en el
ejército.
61.538 (2,31 %) se encontraban en centros de concentración
y tránsito, y fueron empleados en trabajos para unidades militares, e
instituciones soviéticas en el extranjero.
Y solo 46.740 (1,76 %)
fueron puestos a disposición de la NKVD. ¡Menos del 2 %!
De
entre los antiguos prisioneros de guerra:
659.190 (42,82 %) fueron
reclutados en el ejército.
344.448 (22,37 %) fueron incorporados a
batallones de trabajo.
281.780 (18,31 %) fueron enviados a sus
lugares de residencia.
27.930 (1,81 %) fueron empleados en trabajos
para unidades militares e instituciones soviéticas en el extranjero.
Por su parte, 226.127 (14,69 %) quedaron a disposición de la NKVD.
¿Quiénes eran ese menos del 15 %? Colaboradores de los ocupantes:
los seguidores de Vlasov, el personal directivo y de mando de la
policía colaboradora con los nazis, policías rasos que participaron en operaciones punitivas.
Y es fácil aclarar los embustes, que fueron condenados antiguos militares del Ejército Rojo, por pasarse al lado soviético de forma voluntaria, porque actuaron contra personas inocentes, no tiene sentido.
Pero la realidad es más contundente. Los que se pasaron a los nazis: como alcaldes, altos funcionarios fascistas, procedentes de antiguos ciudadanos soviéticos, colaboradores de la
Gestapo y de otros órganos alemanes de represión e inteligencia como la SD, jefes de aldea que colaboraron con los ocupantes... esos, específicamente esos, recibieron su merecido, como traidores al pueblo soviético.
Por
cierto, hablando de sospechas.
Como se ha señalado, los agentes de la OSIP (como se llamaron a los camaradas de la «Smersh» desde abril de 1943), llevaban a cabo
una labor de detección de indicios de deserción y traición. Si se
revisan las películas mencionadas al principio de este artículo, se
tiene la siguiente impresión: cuanto más heroicamente combate un
oficial o soldado, más «investigan» los agentes de la OSIP,
intentan convertirlo en enemigo bajo cualquier pretexto inventado. ¿Así fue en realidad? ¡Exactamente al contrario!
¿Por
qué la contrainteligencia sometía a los soldados del Ejército Rojo, a un control especial y les abría expedientes operativos? Pues por algún chiste de carácter antisoviético, que con frecuencia se contaba, por
una frase dicha en un arrebato, y cosas por el estilo.
Los camaradas estaban vigilantes, aún con el desasosiego de recelar demasiado.
¡Pero! En cuanto un combatiente demostraba valentía y
fidelidad al juramento, se le retiraban todas las sospechas por la
vía administrativa.
He aquí el informe del comandante de la Unidad de
Contrainteligencia «Smersh» del Frente Central, el general de
división Vadis, con fecha del 13 de agosto de 1943, dirigido al
responsable de dicha estructura, Abakúmov (sobre la labor del «Smersh» en el frente durante el mes de julio de 1943). Entre otras
cosas, nos enteramos de que una parte de los militares que
anteriormente figuraban en el registro operativo, «especialmente
bajo las calificaciones de “traición a la patria” y “elemento
antisoviético”, han sido retirados de dicho registro».
En
concreto:
«El imputado en el caso calificado como “traición a la
patria”, de nacionalidad chechena, ya había mostrado anteriormente actitudes
traicioneras. Así, en el mes de mayo, al expresar su descontento con
la comida, comentó entre sus compañeros: «...No hay suficiente
pan, y con la papilla que nos dan, más vale rendirse al enemigo».
Posteriormente, al enterarse de que querían trasladarlo a un
batallón de infantería motorizada, el checheno declaró: «...Si
eso ocurre, levantaré las manos y me iré con los alemanes a tomar
té»... Se citaron otras declaraciones similares del checheno.
Cabe
señalar, por cierto, que nadie detuvo a este combatiente (aunque,
aparentemente, había motivos evidentes para hacerlo). Pero en julio
se archivó el expediente operativo contra el checheno. Leemos el
motivo:
«Mientras se encontraban en la línea del frente y
participaban en los combates defensivos de julio, durante un ataque
aéreo del enemigo, nuestros artilleros de mortero se escondieron en
los blocaos. ... Y es, cuando este camarada checheno empezó a gritar a los artilleros de
mortero: «... ¿Dónde os escondéis en esas trincheras? Hay que
cumplir la orden del comandante. Abrid fuego contra los alemanes que
se acercan». «Con su comportamiento heroico, el combatiente checheno animó a los
artilleros de mortero a salir de las trincheras y abrir fuego de
mortero contra el enemigo».
Otro
ejemplo del mismo informe:
«En el departamento de contrainteligencia
«SMERSH»... figuraba en los registros el soldado Naidenov, del
batallón de infantería motorizada, que anteriormente había
residido en territorio ocupado por los alemanes... En la batalla por
la localidad de Goreloie, al repeler un contraataque del enemigo,
camuflado en un refugio, derribó dos tanques alemanes con un fusil
antitanque... Ha sido propuesto para la condecoración gubernamental:
la Orden de Lenin».
Otro informe:
«El soldado Gunold, inscrito en el registro... antes del inicio de
las hostilidades con el enemigo, manifestaba opiniones
antisoviéticas... Durante el combate, Gunold, en su función de
cochero, bajo el fuego intenso del enemigo y arriesgando su vida,
suministró munición a la primera línea en el momento oportuno, al
tiempo que evacuó del campo de batalla a 34 heridos... Se propone a
Gunold para una condecoración gubernamental»...Etc.
En el informe hay multitud de ejemplos similares. Al final, ha una
nota explicativa al margen:
«Se están revisando los expedientes operativos de
los militares, que han demostrado su lealtad en los combates por la
Patria, con vistas a su cierre»
(V. Abramov, «SMERSH. La
contrainteligencia militar soviética contra la inteligencia del
Tercer Reich». — Moscú, 2005. — páginas. 422-425).
En
cuanto a la legalidad, fueron precisamente los miembros de la NKVD
quienes intentaron defenderla en las especiales condiciones en el combate.
Así, el comandante de la dirección «Smersh» del Frente Noroeste, el general de
división Eduinov, informó el 17 de junio de 1943 al Consejo Militar
del frente:
«Se están produciendo casos de arbitrariedad, violencia
física y trato grosero, burlón y contrario a los principios
soviéticos, por parte de algunos comandantes hacia sus subordinados. Además, en algunas unidades de la 23.ª División de Infantería de
la Guardia, estos casos son generalizados, lo que facilita en gran
medida la labor del enemigo».
El general Eduinov propone al Consejo
Militar que advierta a todo el cuerpo de mando del frente de que, por
los «excesos antes mencionados», los culpables serán sometidos a
severas sanciones, que podrán llegar hasta el enjuiciamiento ante un
tribunal militar.
Cita también este ejemplo:
«... debido a la
incompetencia de los oficiales, durante varios días (¡y en
ocasiones hasta 19!) en la 117.ª División de Infantería, del 22.º
Ejército no se relevaban las guardias de combate, y los soldados del
Ejército Rojo no descansaban»
(«Revista de Historia Militar», 2006,
n.º 2).
Las disposiciones del reglamento exigían, que
el relevo de las guardias se realizara en un plazo máximo de 24
horas... Es decir, los miembros del SMERSH inculcaban a los
comandantes negligentes la necesidad de cuidar a los soldados, y de
atenerse estrictamente al reglamento.
Los
hechos demuestran de forma bien evidente, que se imponían requisitos bastante estrictos a
los agentes del Departamento Especial, en materia de respeto a la
legalidad, a pesar de las «condiciones especiales de la guerra».
Tomemos como ejemplo la carta del jefe del Departamento Especial del
NKVD del Frente Sur, Sharashenidze, dirigida al Departamento Especial
del NKVD del 12.º Ejército, con fecha del 4 de marzo de 1942:
«Al
devolverles los expedientes de investigación, que me enviaron sobre
las personas descubiertas como agentes de la inteligencia alemana,
quiero llamar su atención sobre las graves violaciones de las leyes
y normas del Código de Procedimiento Penal, cometidas en toda una
serie de expedientes de investigación»...
A continuación se
enumeran una decena de casos, en los que se llevaron a cabo
detenciones sin la autorización del fiscal, y se formularon
acusaciones infringiendo el Código de Procedimiento Penal.
Destacan
especialmente dos casos:
El de Popovich y el de Ermakov.
«En el
primer interrogatorio... Popovich confesó su pertenencia al servicio
de inteligencia alemán. El 17 de diciembre de 1941, Popovich... se
retractó de las declaraciones que había prestado anteriormente,
afirmando... que eran... inventadas... Resulta incomprensible sobre
la base de qué pruebas… fue detenido Popovich».
Además: «Suscita
dudas la verosimilitud de las declaraciones de Popovich en lo que
respecta al plazo de ejecución de las misiones del servicio de
inteligencia alemán… Según indica Popovich, el oficial alemán no
fijó un plazo para la ejecución de dicha misión, sino que le dijo:
«Cuando vengas, entonces será».... Es decir, en otras palabras:
Popóvich se contradijo (no se descarta que fuera con la «ayuda» de
un investigador diligente), lo cual se observó en la instancia
superior, que exigió restablecer la legalidad».
O
bien el caso n.º 308 contra Vladimir Antonovich Ermakov, acusado en
virtud del artículo 54-1 «a», del Código Penal de la República
Socialista Soviética de Ucrania.
«El propio Ermakov, nacido en 1926,
es semianalfabeto y, según el dictamen de la comisión médica,
presenta un desarrollo intelectual deficiente. Teniendo en cuenta
estas circunstancias, cabe dudar de la verosimilitud de las
declaraciones que ha prestado, en particular en lo que respecta al
atentado contra el cuartel general del Ejército Rojo.
En las
declaraciones de Ermakov, no se indica absolutamente nada sobre cómo
y con qué medios debía llevar a cabo la explosión. Las
declaraciones realizadas por Ermakov, en el puesto de control n.º 23, sobre su paso por una escuela alemana de exploradores son inventadas, y no son más que un invento del propio interrogador de Ermakov...»
(Abramov, «Smersh...»... — páginas 112-115).
La
NKVD en el frente
El
papel de los miembros de la NKVD en la Gran Guerra Patria, no se limitó al desempeño de funciones estrictamente de investigación y vigilancia, específicas y profesionalmente muy delicadas. Y, desde luego, no actuaron solamente en la retaguardia, como se les insulta y ataca actualmente en los medios de masas informativos.
Esta
mentira ofende la memoria de muchos miles de agentes del NKVD que
perecieron en el frente, y de aquellos veteranos de la Cheká que
cumplieron honradamente con su deber, y han llegado hasta nuestros
días. ¡Les están obligando a que se avergüencen, de haber servido en las fuerzas del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos!
¿Quiénes
fueron los primeros en recibir el ataque enemigo en la madrugada del
22 de junio? Como hemos demostrado, fueron ¡Los chekistas!
Porque tenemos que recordar especialmente, que las tropas fronterizas
formaban parte del Comisariado de Asuntos Internos. Además, en la
frontera occidental prestaban servicio unidades de cuatro divisiones,
dos brigadas y varios regimientos operativos independientes del NKVD.
La mayoría de ellas entró en combate desde las primeras horas de la
guerra. En concreto, el personal de las guarniciones que custodiaba
los puentes ferroviarios, líneas fronterizas, grandes carreteras de acceso, instalaciones de
especial importancia, fortalezas defensivas de primera línea, etc.
Cuando éramos escolares, conocimos la inscripción que dejó uno
de los defensores de la fortaleza de Brest: «¡Muero, pero no me
rindo! ¡Adiós, Patria! 20/VII — 1941». Estas palabras están
escritas en las paredes del cuartel de la fortaleza de Brest, que defendió el 132.º
batallón independiente de las tropas del NKVD, cuyos combatientes y
comandantes lucharon heroicamente en la guarnición de la fortaleza.
Y precisamente por la defensa de la Unión Soviética, como país que estaba construyendo el socialismo frente al imperialismo, es por lo que se ataca hoy en día, en el mundo occidental dominado por la Dictadura Imperialista, a los comunistas que cayeron en combate. Ya que es una realidad totalmente confirmada, que fueron los chekistas los primeros que se enfrentaron (sus fuerzas fronterizas) a las hordas nazis.
Los hechos evidencian esta verdad objetiva, pues hubo miles de ejemplos del heroísmo de los chekistas guardafronteras.
Y algunos sobresalen. ¡El puesto de guardia del
teniente Lopatín (del Cuerpo Fronterizo de Vladímir-Volynsk), repelió
durante 11 días, los ataques de fuerzas enemigas que le superaban en
número con creces! Lopatín murió heroicamente en combate, y fue
condecorado póstumamente con el título de Héroe de la Unión
Soviética. En la actualidad, ese puesto fronterizo lleva su nombre.
Memorables son los milicianos del Báltico. Cinco
días después del ataque fascista, se formó la 22.ª
División de Infantería Motorizada del NKVD, que combatió junto con
el 10.º Cuerpo de Infantería del Ejército Soviético, cerca de Riga
y Tallin. Cabe destacar que, en el propio 10.º Cuerpo de Infantería,
más de la mitad de sus miembros eran personal subalterno del Comisariado del Pueblo del Pueblo para los Asuntos Internos-NKVD. Perecieron como auténticos titanes en
los primeros días de la guerra.
Bajo el mando del Departamento
Especial de la Flota del Báltico, se encontraba un destacamento de
barrera (400 chekistas), que perdió el 60 % de sus fuerzas, mientras cubría la retirada de las tropas soviéticas de Tallin.
Y desde el inicio de la guerra, en el territorio que abarcaba el Distrito Militar de
Moscú, las tropas del NKVD comenzaron a formar 15 divisiones de
infantería para el Ejército Rojo, destinando a cada una de ellas
500 miembros del personal de mando, y 1.000 mandos subalternos y
soldados del Ejército Rojo.
Porque dar a conocer estos hechos, son responsabilidad de todo el pueblo ruso, para conocer y defender su historia. ¡La auténtica, no la impuesta por la actual burguesía imperante!
En
la batalla de Moscú participaron, 7 divisiones, 3 brigadas y 3 trenes
blindados de las tropas del NKVD. Entre las unidades que participaron
en el histórico desfile del 7 de noviembre de 1941, desde donde
partieron directamente hacia el frente, se encontraban la División
Dzerzhinski, los regimientos combinados de la 2.ª División del
NKVD, una brigada independiente de infantería motorizada de misión
especial y la 42.ª Brigada del NKVD. Por cierto, la orquesta
combinada estaba dirigida en aquel momento por el autor de la famosa
marcha «Despedida eslava», V. Agapkin, director de la
orquesta de la división del NKVD «Dzerzhinski».
La
Brigada Independiente de Infantería Motorizada de Misión Especial
(OMSBON) del NKVD desempeñó un papel especial en la defensa de
Moscú, ya que creó barreras de minas y explosivos en los accesos a
la ciudad y llevó a cabo acciones de sabotaje en la retaguardia del
enemigo... La OMSBON se convirtió en un centro de formación para
grupos y destacamentos de reconocimiento y sabotaje (formados por
agentes del NKVD, voluntarios deportistas y extranjeros
antifascistas).
Durante los cuatro años de guerra, la OMSBON formó,
mediante programas especiales, a 212 destacamentos y grupos con un
total de 7.316 combatientes. Estos llevaron a cabo 1.084 operaciones de
combate, aniquilaron a unos 137.000 fascistas y eliminaron a 87
dirigentes de la administración alemana y a 2.045 agentes alemanes.
Las
tropas del NKVD también destacaron en la defensa de Leningrado.
Allí
combatieron las divisiones 1.ª, 20.ª, 21.ª, 22.ª y 23.ª de las
fuerzas del NKVD. Fueron precisamente las tropas del NKVD, las que
desempeñaron un papel clave en el restablecimiento de las
comunicaciones entre la ciudad sitiada y el continente, mediante la
construcción de la «Carretera de la Vida». Gracias a las dos
columnas de vehículos del 13.º Regimiento de Infantería Motorizada
del NKVD, durante los 100 días y noches del primer invierno del
asedio, transportaron por la ruta helada 674 toneladas de
mercancías diversas, y se evacuó de la ciudad a más de 30.000
personas, en su mayoría niños.
Y en diciembre de 1941, por decisión
del Consejo Militar del Frente de Leningrado, la vigilancia de los
cargamentos que circulaban por la «Ruta de la Vida», se encomendó a
la 23.ª División de las tropas del NKVD...
En cuanto a los miembros del Comisariado, a finales de 1941 habían fallecido en
los frentes cercanos a Leningrado 300 milicianos, entre ellos 25 comandantes y adjuntos, de los departamentos especiales de las divisiones y
brigadas.
Este trabajo, es un emocionado homenaje a las mujeres y hombres del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos.
Porque en
la fase inicial de la guerra, las tropas del NKVD sufrieron bajas
mucho más elevadas, en comparación con las unidades del Ejército
Rojo.
Porque eran comunistas bolcheviques, excepcionalmente valiosos por sus convicciones y comportamiento. Se explica, por sus características específicas de Defensa del Pueblo Soviético, por los hechos realizados por sus efectivos en tiempos de paz, por su honradez, modestia, entereza. Y por estas aptitudes, sobresalieron como fuerzas de choque (sin abundantes medios antitanque ni antiaéreos, ni artillería ni otro armamento
pesado)...
Más. ¿Y
quiénes fueron los primeros en enfrentarse a los alemanes cerca de
Stalingrado?
Lo hemos publicado en otro artículo:
¡Las tropas del NKVD!
La principal fuerza de combate en
la ciudad, la constituían cinco regimientos de la 10.ª División del
NKVD, con un total de 7.900 efectivos. El comandante de la división
era el coronel A. Saraev (que era jefe de la guarnición de
Stalingrado y de su zona fortificada). Tras ocupar el 23 de agosto de
1942 el sector defensivo a 35 km en el frente, fue precisamente la
10.ª División del NKVD, cuyo núcleo lo formaban guardias
fronterizos, la que repelió los intentos de las unidades de
vanguardia del 6.º Ejército alemán, de tomar Stalingrado al asalto de un solo
golpe.
La
división libró los combates más encarnizados, en las proximidades
del túmulo de Mamáiev, en la zona de la fábrica de tractores y en
el centro de la ciudad.
Durante 56 días y noches de combates
ininterrumpidos, hasta que las unidades, ya diezmadas, fueron
retiradas a la orilla izquierda del Volga, la división infligió
importantes pérdidas al enemigo: 113 tanques fueron inutilizados o
incendiados, y más de 15.000 soldados y oficiales fueron
aniquilados. El 2 de diciembre de 1942, la 10.ª División del NKVD, fue condecorada con la Orden de Lenin y, posteriormente, se le otorgó
el nombre honorífico «Stalingradka-De Stalingrado».
Además de la
10.ª División del NKVD, participaron activamente en la defensa de
Stalingrado los regimientos fronterizos 2.º, 79.º, 91.º y 98.º, de
las tropas de protección de la retaguardia del ejército en campaña.
Por ejemplo, fue precisamente al 79.º regimiento fronterizo al que,
durante la batalla en la ciudad, le correspondió vigilar y defender
el cruces más importante sobre el Volga, junto a la fábrica de
tractores, que era objeto de un bombardeo incesante de artillería y
morteros, además de sufrir ataques aéreos.
También se distinguió
en la defensa de Stalingrado el 91.º regimiento, que fue condecorado
con la Orden de la Bandera Roja, al igual que el 73.º tren blindado
independiente del NKVD.
¿Y en las batallas defensivas del Cáucaso?
Hay muchos, muchos testimonios del heroísmo de los chekistas.
El mariscal Grechko escribió:
«En
agosto de 1942, surgió la amenaza que el enemigo cruzara los pasos
de la cordillera principal del Cáucaso... La defensa del paso de
Belorechensk se encomendó a las unidades del regimiento 379 de la
20.ª División de Infantería de Montaña... Del 20 al 25 de agosto
se libraron encarnizados combates en el desfiladero al este del monte
Fisht.
Para reforzar a nuestro grupo, se enviaron los regimientos
fronterizos 23.º y 33.º del NKVD, que el 25 de agosto atacaron de
inmediato y, tras superar la resistencia de las unidades de la 97.ª
División nazi de Infantería de Montaña, el 10 de octubre hicieron
retroceder al enemigo de los pasos de la cordillera principal del
Cáucaso. Se eliminó la amenaza de que el enemigo llegara a la costa
del mar Negro a través del paso de Belorechensk»
(La batalla por el
Cáucaso. — Moscú, 1969. — pag. 146)...
Por último, fueron
precisamente tropas del NKVD de la milicia georgiana, en colaboración con el 214.º
regimiento de caballería, las que expulsaron de las montañas del
Cáucaso a las unidades de élite de la división de infantería nazi de
montaña «Edelweiss».
Durante el invierno de 1942-1943,
el Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos, formó un Ejército Independiente
del NKVD, compuesto por seis divisiones.
A principios de febrero de
1943, pasó a formar parte del ejército de campaña, pasando a
denominarse 70.º Ejército (integrado en el Frente Central). Los
soldados de esta formación demostraron su heroísmo en la batalla de
Kursk, al detener al grupo de ataque del 9.º Ejército Nazi, que
intentaba abrirse paso hacia Kursk. Posteriormente, el 70.º Ejército se distinguió en las operaciones ofensivas de Lublin-Brest,
Pomerania Oriental y Berlín. Al final de la guerra, todas las
divisiones de la 70.º Ejército fueron condecorados con órdenes y
recibieron denominaciones honoríficas.
¿Quién no conoce
las hazañas de los legendarios francotiradores soviéticos, que
«eliminaron» varios cientos de miles de nazis durante la guerra?
¡Es ya de sí impresionante, que la inmensa mayoría de los francotiradores procedían
del NKVD!
Ya antes de la Gran Guerra Patria, se habían incorporado
secciones de francotiradores a las plantillas de las unidades
encargadas de la protección de las infraestructuras ferroviarias, de
las fábricas de especial importancia y de las empresas industriales estratégicas,
así como de las fuerzas de vigilancia.
Todos ellos, fueron movilizados, al empezar la contienda a los principales frentes, resultando esencialmente útiles. Por ejemplo, en el
mencionado frente de Leningrado, en 1941, los francotiradores de la
1.ª División del NKVD, I. Vezhlivtsev y P. Golichenkov, eliminaron
a 134 y 140 soldados y oficiales enemigos, respectivamente
(El 6 de
febrero de 1942, a ambos se les concedió el título de Héroe de la
Unión Soviética). Y en total —según datos del subcomandante en
jefe de las Fuerzas Armadas del Ministerio del Interior de la
Federación Rusa, V. Baranov—:
¡los francotiradores del NKVD
eliminaron a más de 200.000 oficiales y soldados enemigos!
Muchos
francotiradores pasaron posteriormente a formar parte del servicio de
contrainteligencia «Smersh».
Por ejemplo, Vasíli Mijáilovich
Chebotarev. En junio de 1944 era teniente y agente operativo del «Smersh», en la 192.ª Brigada Blindada de la Guardia, del 5.º
Ejército Blindado de la Guardia. Como miembro de
un grupo especial de asalto, participó en la toma del vado sobre el
río Bobr (en Bielorrusia). Murió en combate cuerpo a cuerpo, tras
haber logrado eliminar a más de una decena de enemigos. Por esta
hazaña, a V. M. Chebotarev se le concedió a título póstumo el
título de Héroe de la Unión Soviética.
Solo
en virtud del decreto del Comité Estatal de Defensa (GKO) del 26 de
julio de 1942, se enviaron al frente 75.000 milicianos adicionales
procedentes de las tropas del NKVD.
Y durante los primeros años de guerra, las tropas
del NKVD encuadradas en diferentes divisiones, se transfirieron al Ejército Rojo, 29 divisiones (que integraron los 29.º, 30.º, 31.º, 34.º y 70.º ejércitos). En total, a lo largo de los años de guerra, 58
divisiones y 20 brigadas del NKVD formaron parte del ejército en
activo, durante períodos de diversa duración, y participaron en las
operaciones bélicas.
Más
de 100.000 milicianos chekistas fueron condecorados con
órdenes y medallas.
Más de 200 recibieron el título de Héroe de
la Unión Soviética.
Más de 100.000 dieron su vida por conseguir la Victoria sobre el fascismo.