Por
Bitácora Marxista Leninista.
La
siguiente entrevista, fue concedida por José Stalin al periodista
estadounidense Roy Howard el 1 de marzo de 1936. Una
época de grandes tensiones internacionales, pero también, de varios
notables sucesos en la Unión Soviética, como se reflejará en la
entrevista. Veremos en los análisis de Stalin sobre todos estos
acontecimientos, una comprobación una vez más, de la lucidez del
bolchevique a la hora de responder a las preguntas del entrevistador.
Esta
entrevista además, sirve para comprobar la justeza de la línea
soviética a nivel exterior. Por ejemplo, como prometió Stalin en
esta entrevista, la Unión Soviética estaba dispuesta a ofrecer su
ayuda a la República Popular de Mongolia en caso de ser invadida por
el imperialismo japonés, esta promesa se hizo realidad en 1939 en la
batalla de Jaljin Gol, donde las fuerzas japonesas sufrieron una
grave derrota frente a las fuerzas soviético-mongolas, derrota que
haría que Japón no invadiera ninguno de los dos países durante la
Segunda Guerra Mundial.
También, cuando le
preguntan sobre los focos de guerra, el georgiano apunta que la
guerra se podría iniciar o bien por el extremo oriente, por Japón y
las políticas belicistas contra otros Estados, o en Europa, no tanto
con Italia, sino más bien por Alemania. Igualmente, responde como
marxista-leninista, que el peligro de la guerra, no reside solamente
en el fascismo, sino también en otros Estados imperialistas no
fascistas, ya que su naturaleza contradictoria, solo les deja la
guerra como solución a sus descompensaciones internas.
En
cuanto a las acusaciones a la Unión Soviética, de querer expandir
el comunismo a fuerza de bayoneta, contesta, que nadie puede obligar
a otro pueblo a hacer una revolución, por lo tanto los comunistas no
exportan revoluciones, es deber de los pueblos, de saber lidiar
contra su reacción, y hacer sus deberes.
De igual
modo, se señala que la Unión Soviética podrá convivir
pacíficamente con otros Estados capitalistas mientras llega la
revolución en el resto de países, pero que no debe existir ninguna
ilusión sobre la conversión de un sistema en otro, lo que por tanto
descarta la introducción en la sociedad soviética de mecanismos
políticos, económicos o culturales del mundo burgués y
capitalista.
En cuanto a la política interior. Le
pregunta si guarda relación las nacionalizaciones del nazismo
alemán, o del fascismo italiano, con el estatismo soviético. Aquí
correctamente, Stalin indica de forma llana y clara que en esos
regímenes fascistas, por tanto capitalistas burgueses, existe una
estatización de ciertos sectores de la industria, que se realiza
para satisfacer una acción interesada de la burguesía capitalista
por medio de la cual se establece el capitalismo de Estado, y que
además, en esos países capitalistas, en otros sectores de la propia
industria existe la propiedad privada individual, por no hablar ya
del campo, donde la propiedad privada individual es mayoritaria. Sin
embargo, en el régimen socialista de la Unión Soviética, tanto en
la industria como en la agricultura no existe propiedad privada, en
la industria existe la propiedad estatal completa, y en el campo
existe la propiedad colectiva –koljoses– y estatal –sovjoses–,
y una progresiva transformación hacía esta última, y lo más
importante, las diferencias en las relaciones de producción en las
leyes socialistas, con respecto a las leyes de economía capitalista
de esos dos países fascistas.
Stalin en la última
parte, reafirma de nuevo el axioma sobre el sistema socialista,
explica, como hiciera igualmente en su obra de finales de 1936:
«Sobre el proyecto de constitución de la Unión Soviética», que
la Unión Soviética es ahora un país que ha construido el
socialismo, y eliminado las clases explotadoras como los
terratenientes, kulaks, burgueses, etc., y que también ha trastocado
y transformado por tanto a las clases explotadas que quedan –debido
precisamente al hecho de acabar con el poder económico de las clases
explotadoras– como los propios obreros y campesinos del país, y
que ahora además –gracias al control político del proletariado–
en el país se nutre a la capa de la intelectualidad a partir de la
clase obrera y sus principios. Por lo tanto, no puede tener un
sistema de varios partidos como en la sociedad capitalista donde
existen clases explotadas y explotadoras con sus contradicciones
antagónicas de clase y sus partidos con sus respectivos intereses
burgueses, pequeño burgueses, etc. Sino que en un país socialista
debe existir un solo partido, el comunista, y que este representa los
intereses del nuevo campesinado y la nueva clase obrera –que
tienen objetivos comunes–, y que es comandado todavía por esta
última, ya que el campesinado todavía no es un todo –hay
koljosianos y sovjosianos, pese a que se proletarizan poco a poco con
estos últimos– y poseen todavía una mayor cantidad de prejuicios
culturales pequeño burgueses.
En cuanto a los
derechos de los ciudadanos soviéticos en las elecciones, se adelanta
en esta entrevista que existirá garantía de igualdad de género
–entre hombres y mujeres–, raza –entre los diferentes pueblos
de la Unión Soviética–, clase social trabajadora –vale igual el
voto de un obrero que el de un campesino–, voto directo y secreto
–para salvaguardar la privacidad del votante, y elegir directamente
a quién quiere elegir al cargo–. Se advierte de que, por si el
entrevistador no lo sabe, en las elecciones votan todos excepto
quienes tengan restricción de voto, y que pueden presentar
candidaturas a éstas no solo los miembros del partido comunista sino
de todas las organizaciones de trabajadores como sindicatos,
asociaciones juveniles, de deporte, etc.
Dicho
esto, cuando el entrevistador saca el tema de las libertades, el
entrevistado coherentemente contesta que un país que no puede
garantizar esto, ni la eliminación del paro, un buen servicio de
calidad y gratuito de casa, trasporte, sanidad, y demás, para sus
ciudadanos, de poca libertad puede alardear.
Reproducimos
la entrevista completa *:
HOWARD:
¿Qué consecuencias traerán, a su juicio, para la situación en
Extremo Oriente los recientes acontecimientos del Japón?
STALIN:
Por el momento es difícil decirlo. Disponemos de pocos materiales
pasa ello. El cuadro no es suficientemente claro.
H: ¿Cuál
será la posición de la Unión Soviética, en caso de que el Japón
se decidiese a un ataque serio contra la República Popular de
Mongolia?
- En
el caso de que el Japón se decidiese a atacar a la República
Popular de Mongolia, atentando contra su independencia, tendríamos
que ayudar a dicha República.
El
sustituto de Litvínov, Stomoniákov, se lo ha hecho saber
recientemente al embajador del Japón en Moscú, señalando las
invariables relaciones de amistad que la Unión Soviética mantiene
con la República Popular de Mongolia desde 1921. Ayudaremos a esta
República lo mismo que la ayudamos en 1921.
H: Entonces,
el intento japonés de ocupar Ulán Bator, ¿determinaría una acción
positiva por parte de la Unión Soviética?
-Sí,
la determinaría.
H: ¿Han
desarrollado los japoneses durante estos últimos días, en los
territorios fronterizos a la República Popular de Mongolia, alguna
actividad que en la Unión Soviética pueda ser considerada como
agresiva?
-Parece
que los japoneses continúan concentrando tropas junto a las
fronteras de la República Popular de Mongolia. Pero por el momento
no se registra ningún nuevo intento de choques fronterizos.
La
Unión Soviética teme que Alemania y Polonia abriguen intenciones
agresivas dirigidas contra ella, y que preparen una colaboración
militar que habría de ayudar a poner en práctica estas intenciones.
Sin embargo, Polonia declara que no está dispuesta a consentir que
tropas extranjeras utilicen su territorio como base de operaciones
contra un tercer Estado.
H: ¿Cómo
se ve en la Unión Soviética el ataque por parte de Alemania? ¿Desde
qué posiciones, en qué dirección pueden operar las tropas
alemanas?
-La
historia nos dice que cuando cualquier Estado quiere guerrear contra
otro Estado, aún cuando no sea vecino, comienza a buscar las
fronteras por las cuales puede llegar hasta las del Estado al que
quiere atacar.
Por
lo general, el Estado agresor encuentra esas fronteras. O bien las
encuentra por medio de la fuerza, como ocurrió en 1914, cuando
Alemania invadió Bélgica para lanzarse contra Francia, o bien toma
esas fronteras «a crédito», como lo hizo Alemania respecto a
Letonia, por ejemplo, en 1918, intentando avanzar hacia Leningrado a
través de ella.
Yo
no sé concretamente qué fronteras podrá utilizar Alemania para sus
fines. Pero creo que no faltarán aficionados que le ofrezcan sus
fronteras «a crédito».
H: En
todo el mundo se habla de guerra. Si realmente la guerra es
inevitable, ¿cuándo, míster Stalin, estallará, a su juicio?
-Eso
no se puede predecir. La guerra puede encenderse de un modo
inesperado.
Hoy
día las guerras no se declaran, sino que comienzan, sencillamente.
Pero por otra parte, yo entiendo que las posiciones de los amigos de
la paz se fortalecen. Los amigos de la paz pueden laborar
abiertamente, se apoyan en la potencia de la opinión pública,
tienen a su disposición instrumentos como, por ejemplo, la Sociedad
de Naciones.
Este
es el «haber» de los amigos de la paz.
Su
fuerza está en que su actividad contra la guerra, se apoya en la
voluntad de las extensas masas populares. No hay en todo el mundo
ningún pueblo que quiera la guerra. En cambio, los enemigos de la
paz se ven obligados a trabajar secretamente.
Este
es el «haber» de los enemigos de la paz.
Por
lo demás, no está fuera de lo posible que, precisamente a causa de
esto, se decidan a lanzarse a una aventura guerrera como un acto
desesperado. Uno de los éxitos más recientes de la causa de los
amigos de la paz, es la ratificación del Pacto franco-soviético de
asistencia mutua por la Cámara de los Diputados de Francia. Este
pacto representa un cierto obstáculo para los enemigos de la paz.
H: Si
se enciende la guerra, ¿en qué parte del mundo estallará antes?
¿Dónde se han acumulado más las nubes de tormenta de la guerra, en
Oriente o en Occidente?
-Hay,
a mi juicio, dos focos de peligro de guerra. El primer foco se
encuentra en Extremo Oriente, en la zona del Japón. Me remito a las
reiteradas declaraciones de militares japoneses, con amenazas
dirigidas a otros Estados. El segundo foco se encuentra en la zona de
Alemania.
Es
difícil decir cuál de los dos focos es el más amenazador, pues
ambos existen y trabajan. Comparada con estos dos focos fundamentales
de peligro de guerra, la guerra italo-abisinia no es más que un
episodio. Por el momento, el que revela más actividad es el foco de
peligro de Extremo Oriente.
Es
posible, sin embargo, que el centro de este peligro se desplace a
Europa. Así parece indicarlo, por ejemplo, la reciente interviú
concedida por el señor Hitler a un periódico francés.
En
esta entrevista, Hitler intenta decir cosas pretendidamente
pacificas, pero salpimienta tan copiosamente ese «pacifismo» suyo,
con amenazas dirigidas a Francia y a la Unión Soviética, que del
«pacifismo» no queda ni rastro. Como se ve, el señor Hitler, hasta
cuando quiere hablar de paz, no sabe arreglárselas sin amenazas. Es
un síntoma.
H: ¿Dónde
reside, a su juicio, la causa fundamental del actual peligro de
guerra?
-En
el capitalismo.
H: ¿En
qué fenómenos del capitalismo, concretamente?
-En
sus fenómenos imperialistas, anexionistas. Usted recuerda cómo
surgió la primera guerra mundial. Surgió del deseo de proceder a un
nuevo reparto del mundo. Hoy se dan idénticos motivos.
Hay
Estados capitalistas que se consideran lesionados en el reparto
precedente de esferas de influencia, territorios, fuentes de materias
primas, mercados, etc., y que querrían volver a repartirlos en
provecho propio. El capitalismo, en su fase imperialista, es un
sistema que considera la guerra como un método legal para resolver
las contradicciones internacionales como un método, si no jurídico,
por lo menos, substancialmente legal.
H: ¿No
considera usted que en los países capitalistas puede haber el temor
fundado, de que la Unión Soviética quiera imponer por la fuerza su
teoría política a otros pueblos?
-No
hay ningún fundamento para tales temores. Si usted cree que la
población soviética quiere cambiar por sí misma, y además por la
fuerza, la fisonomía de los Estados circundantes, se equivoca
lamentablemente.
El
pueblo soviético quiere, naturalmente, que la fisonomía de los
Estados circundantes cambie. Pero esto es incumbencia de esos mismos
Estados.
Yo
no veo qué peligro pueden ver. En las ideas del pueblo soviético,
los Estados circundantes se mantendrán, si estos Estados se asientan
realmente sobre una base sólida.
H: Esta
declaración de usted, ¿significa que la Unión Soviética ha
abandonado hasta cierto punto, sus planes e intenciones de llevar a
cabo la revolución mundial?
-Nosotros
nunca tuvimos tales planes e intenciones.
H: A
mí me parece, míster Stalin, que durante largo tiempo se produjo en
el mundo entero otra impresión.
-Eso
es el fruto de un equívoco.
H: ¿De
un equívoco trágico?
-No,
cómico. O, tal vez, tragicómico.
Mire
usted: nosotros, como marxistas, entendemos que la revolución se
hará también en los demás países. Pero solo se hará, cuando los
revolucionarios de esos países lo crean posible o necesario.
La
exportación de revoluciones es un absurdo. Cada país hace por sí
mismo su revolución cuando quiere, y si no quiere no hay revolución.
Nuestro país, por ejemplo, quiso hacer la revolución, y la hizo, y
ahora construimos la nueva sociedad sin clases.
Pero
afirmar que nosotros pretendemos hacer la revolución en otros
países, inmiscuyéndonos en su vida, es decir lo que no es y lo que
nosotros no hemos predicado jamás.
H: Al
establecerse las relaciones diplomáticas entre la Unión Soviética
y los Estados Unidos, entre el presidente Franklin D. Roosevelt y el
señor Maxím Litvínov se cambiaron unas notas idénticas sobre el
problema de la propaganda. En el párrafo 4.° de la carta del señor
Litvínov al presidente Roosevelt, se decía que el gobierno
soviético se obligaba a «no permitir que en su territorio se
creen o residan cualesquiera organizaciones o grupos, así como a
tomar dentro de su territorio medidas preventivas, contra la
actuación de cualesquiera organizaciones o grupos, o contra los
representantes y funcionarios de cualesquiera organizaciones o
grupos, con respecto a los Estados Unidos en conjunto o a cualquiera
de sus partes, territorios o posesiones, que tengan como fin derrocar
o preparar el derrocamiento, o la transformación por la fuerza del
régimen político o social».
Le
ruego, míster Stalin, que me explique por qué el señor Litvínov
firmó esta carta, si el cumplimiento de las obligaciones contenidas
en este punto, es incompatible con los deseos de la Unión Soviética,
o no está dentro de su poder.
-El
cumplimiento de las obligaciones contenidas en el punto citado por
usted, está dentro de nuestro poder, y esas obligaciones han sido
cumplidas por nosotros y seguirán siéndolo.
Según
nuestra constitución, los emigrados políticos tienen derecho a
vivir en nuestro territorio. Los concedemos el derecho de asilo,
exactamente lo mismo que en los Estados Unidos conceden el derecho de
asilo a los emigrados políticos.
Es
absolutamente evidente que cuando Litvínov firmó esta carta, partía
de que las obligaciones contenidas en ella tenían carácter
recíproco. ¿Entiende usted míster Howard, que contradiga al
acuerdo pactado entre Roosevelt y Litvínov, el que en el territorio
de los Estados Unidos se encuentren emigrados rusos, guardias-blancos
que hacen propaganda contra los soviets, y en favor del capitalismo,
que gozan de la ayuda material de ciudadanos estadounidenses y a
veces forman grupos de terroristas?
Es
evidente que estos emigrados gozan del derecho de asilo, que existe
también en los Estados Unidos. Por lo que a nosotros se refiere,
jamás hemos tolerado en nuestro territorio a un solo terrorista,
fuese quien fuese aquel contra el que urdiera sus crímenes.
Por
lo visto, en los Estados Unidos el derecho de asilo se interpreta más
ampliamente que en nuestro país. Pero nosotros no formulamos, a
pesar de ello, ninguna pretensión.
Tal
vez objetará usted, que nosotros simpatizamos con estos emigrados
políticos que residen en nuestro territorio. Pero ¿acaso no hay
ciudadanos estadounidenses, que simpatizan con los emigrados
guardias-blancos, que hacen propaganda a favor del capitalismo y en
contra de la Unión Soviética? ¿De qué se trata, por tanto? Se
trata de no ayudar a estas personas, de no financiar sus actividades.
Se
trata de que los funcionarios de ambos países, no se inmiscuyan en
la vida interna del otro país. Nuestros funcionarios cumplen
honradamente esta obligación.
Si
alguno de ellos ha incurrido en alguna falta, que se nos diga. Sí
yendo demasiado allá, se exigiese la expulsión de los Estados
Unidos de todos los emigrados guardias-blancos, esto sería un
atentado contra el derecho de asilo, proclamado tanto en los Estados
Unidos como en la Unión Soviética.
Aquí
hay que reconocer una cierta línea divisoria racional, para las
reclamaciones y las contrarreclamaciones. Litvínov no firmó su
carta al presidente Roosevelt con carácter particular, sino como
representante del Estado, exactamente lo mismo que lo hizo el
presidente Roosevelt.
Su
acuerdo, es un acuerdo entre dos Estados. Al firmar este acuerdo,
tanto Litvínov como el presidente Roosevelt, como representantes de
dos Estados, se referían a las actividades de los agentes de sus
Estados, que no deben inmiscuirse ni se inmiscuirán en los asuntos
internos de la otra parte.
Este
acuerdo no podía afectar al derecho de asilo proclamado por ambos
países.
Dentro
de estos límites es como hay que interpretar el acuerdo entre
Roosevelt y Litvínov, como el acuerdo entre los representantes de
dos Estados.
H: ¿Pero
es que en el VII.º Congreso de la Komintern, que se celebró en
Moscú el año pasado, los delegados estadounidense Earl Browder y
Samuel Adams Darcy, no hicieron un llamamiento para derribar por la
violencia el gobierno estadounidense?
-Confieso
que no recuerdo los discursos de los camaradas Browder y Darcy, ni
recuerdo siquiera de qué hablaron. Es posible que dijesen algo por
el estilo.
Pero
no fueron hombres soviéticos los que fundaron el Partido Comunista
de los Estados Unidos. Lo fundaron individuos estadounidenses.
Este
partido existe en los Estados Unidos legalmente, y presenta sus
candidatos a las elecciones, incluyendo las presidenciales. Y si los
camaradas Browder y Darcy, pronunciaron por una vez un discurso en
Moscú, en su casa, en los Estados Unidos habrán pronunciado
discursos parecidos, y hasta es probable que más enérgicos cientos
de veces. Pues todo comunista estadounidense tiene la posibilidad de
propagar libremente sus ideas.
Sería
completamente falso, considerar al gobierno soviético responsable
por la actuación de los comunistas estadounidenses.
H: Sí,
pero aquí se trata de la actuación de comunistas estadounidenses
dentro del territorio soviético, infringiendo el punto 4.° del
acuerdo Roosevelt-Litvínov.
-¿Qué es la actuación de un partido comunista, en qué puede manifestarse?
Esta
actuación reside usualmente en la organización de las masas
obreras, en la organización de mítines, manifestaciones,
huelgas,etc.
Es
absolutamente comprensible, que los comunistas estadounidenses no
pueden hacer todo esto en territorio soviético. En la Unión
Soviética no hay obreros estadounidenses.
H: ¿Puedo
entender su declaración en el sentido, de que se puede encontrar una
interpretación de las obligaciones mutuas con la que se puedan
mantener y proseguir las buenas relaciones entre nuestros países?
-Sí,
incondicionalmente.
H: Usted
reconoce, que en la Unión Soviética no se ha construido todavía la
sociedad comunista. Se ha construido el socialismo de Estado. El
fascismo en Italia y el nacionalsocialismo en Alemania, afirman que
han conseguido análogos resultados. ¿No es un rasgo general de
todos los Estados mencionados, la infracción de las libertades
personales y otras privaciones impuestas en interés del Estado?
-La
expresión del «socialismo de Estado» es imprecisa. Por este
término entienden muchos el orden de cosas en que una cierta parte
de las riquezas, parte a veces bastante considerable, pasa a manos
del Estado o bajo su control, mientras en la inmensa mayoría de los
casos la propiedad sobre los talleres, sobre fábricas y sobre la
tierra sigue en manos de particulares.
Así
es como muchos entienden el «socialismo de Estado». A veces, se
esconde detrás de este término el orden de cosas bajo el cual el
Estado capitalista, en interés de la preparación o el mantenimiento
de la guerra, se hace cargo de la financiación de una cantidad: de
empresas privadas.
La
sociedad que nosotros hemos construido, no puede llamarse en modo
alguno «socialismo de Estado». Nuestra sociedad soviética es una
sociedad socialista, porque en nuestro país se ha abolido y
transformado en propiedad social la propiedad privada sobre los
talleres, las fábricas, la tierra, los Bancos, los medios de
transporte.
La
organización social creada por nosotros puede llamarse organización
soviética socialista, no está acabada de construir todavía, pero
que es en su raíz una organización socialista de la sociedad.
La
base de esta sociedad es la propiedad social: la propiedad del
Estado, es decir, de todo el pueblo, y también la propiedad
cooperativa de los koljoses. Ni el fascismo italiano ni el
nacional«socialismo» alemán, tienen nada que
ver con esta sociedad. Ante todo, porque allí han dejado intacta la
propiedad privada sobre los talleres y las fábricas, sobre la
tierra, sobre los Bancos, sobre el transporte, etc., razón por la
cual el capitalismo conserva en Alemania y en Italia todas sus
fuerzas. Sí, tiene usted razón cuando dice que no hemos construido
todavía la sociedad comunista.
El
construir esta sociedad no es tan fácil. Usted conoce seguramente la
diferencia que existe entre la sociedad socialista y la comunista. En
la sociedad socialista hay todavía algunas desigualdades
patrimoniales. Pero en la sociedad socialista no hay ya paro forzoso,
no hay ya explotación, no hay ya opresión nacional.
En
la sociedad socialista todo individuo tiene la obligación de
trabajar, aunque no obtenga todavía por su trabajo lo que
corresponde a sus necesidades, sino lo que corresponde a la cantidad
y a la calidad del trabajo rendido.
Por
eso existe aún el salario, y además un salario desigual,
diferenciado.
Solo
cuando se consiga crear un orden de cosas, en que los hombres
perciban de la sociedad a cambio de su trabajo no lo que corresponde
a la cantidad y calidad de éste, sino lo que corresponde a sus
necesidades, podremos decir que hemos construido la sociedad
comunista. Dice usted que para construir nuestra sociedad socialista,
hemos sacrificado las libertades personales y sufrido privaciones.
En
su pregunta se trasluce la idea de que la sociedad socialista niega
la libertad personal. Esto es falso. Claro está que para poder
construir algo nuevo, hay que imponer economías, acumular recursos,
restringir temporalmente las necesidades, tomar prestado de otros.
Si
quieres construir una casa nueva, reúnes el dinero, limitas
temporalmente tus necesidades, pues de otro modo no podrías
construir la casa. Y esto es mucho más legitimo cuando se trata de
construir toda una sociedad humana enteramente nueva.
Ha
sido necesario limitar temporalmente algunas necesidades, acumular
los recursos correspondientes, poner en tensión las fuerzas. Así
es, en efecto, como nosotros hemos procedido y como hemos construido
la sociedad socialista.
Pero
no hemos construido esta sociedad para restringir la libertad
personal, sino para que las personas se sientan realmente libres. La
hemos construido gracias a la verdadera libertad personal, a una
libertad sin comillas.
A
mí se me hace difícil imaginarme, cuál puede ser la «libertad
personal» de un obrero parado, que anda muerto de hambre, y no
encuentra aplicación para su trabajo. La auténtica libertad, solo
existe allí donde ha sido destruida la explotación, donde no hay
opresión de unos hombres por otros, donde no hay paro, ni miseria,
donde el hombre no tiembla pensando que puede quedarse mañana sin
trabajo, sin techo, sin pan. Solo en una sociedad así puede haber
una libertad personal y de todas clases, auténtica, y no sobre el
papel.
H: ¿Considera
usted compatible, el desarrollo paralelo de la democracia
estadounidense y del sistema soviético?
-La
democracia estadounidense y el sistema soviético pueden convivir y
competir pacíficamente. Pero no pueden desarrollarse hasta
convertirse el uno en el otro. El sistema soviético no se
transformará gradualmente en la democracia estadounidense, ni
viceversa. Podremos convivir pacíficamente si no nos buscamos líos
el uno al otro por cada pequeñez.
H: En
la Unión Soviética se está elaborando una nueva constitución, que
prevé un nuevo sistema electoral. ¿Hasta qué punto este nuevo
sistema puede cambiar la situación en la Unión Soviética, si en
las elecciones solo va a seguir tomando parte, igual que antes, un
único partido?
-Aprobaremos
nuestra nueva constitución, seguramente, a fines de este año. La
comisión encargada de elaborarla trabaja y debe terminar pronto su
labor. Como ya se ha declarado, según la nueva constitución las
elecciones serán generales, iguales, directas y secretas.
A
usted le desconcierta el que en estas elecciones solo vaya a tomar
parte un único partido.
No
ve qué lucha electoral puede haber en estas condiciones. Es evidente
que en las elecciones no presentará candidaturas solamente el
Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, sino que las
presentarán también toda clase de organizaciones sociales sin
partido. Y de éstas hay centenares en nuestro país. En nuestro país
no existen partidos contrapuestos los unos a los otros, exactamente
lo mismo que no existen la clase de capitalistas y la clase de los
obreros explotados por los capitalistas, contrapuestas la una a la
otra.
Nuestra
sociedad está formada exclusivamente, por trabajadores libres de la
ciudad y del campo: obreros, campesinos, intelectuales.
Cada
una de estas capas sociales puede tener sus intereses especiales, y
expresarlos a través de las numerosas organizaciones sociales
existentes.
Pero
desde el momento en que no hay clases, desde el momento en que los
limites entre las clases se van borrando, desde el momento en que
solo existan algunas, aunque no radicales, diferencias entre las
diversas capas de la sociedad socialista, no puede haber ambiente
para la creación de partidos que luchen entre sí. Donde no hay
diferentes clases, no puede haber diferentes partidos, pues el
partido es parte de una clase. En el nacional«socialismo»
existe también un solo partido. Pero éste sistema fascista de un
solo partido no conduce a nada.
La
cosa está en que en Alemania subsiste el capitalismo, subsisten las
clases y la lucha de clases, que, pese a todo, saldrán a la
superficie, incluso en el terreno de la lucha entre partidos, que
representan a clases contrapuestas, lo mismo que ha salido a la
superficie, por ejemplo, en España.
En
Italia también existe un solo partido, fascista. Pero tampoco allí,
y por la misma causa, esto conduce a nada.
¿Por
qué nuestras elecciones serán generales? Porque todos los
ciudadanos, con excepción de los privados judicialmente del derecho
de sufragio, tendrán derecho a elegir y a ser elegidos. ¿Por qué
nuestras elecciones serán iguales? Porque ni las diferencias de
carácter patrimonial –que todavía existen parcialmente–, ni el
hecho de pertenecer a una raza o a una nación irán en privilegio, o
en quebranto de nadie. Las mujeres disfrutarán del derecho electoral
activo y pasivo, en el mismo plano que los hombres.
Nuestras
elecciones serán auténticamente iguales.
¿Por
qué secretas?
Porque
queremos dar a los soviéticos plena libertad para que voten por
aquellos a quienes quieran elegir, a quien confíen la defensa de sus
intereses.
¿Por
qué directas?
Porque
las elecciones directas celebradas en cada localidad, para todas las
instituciones representativas, hasta llegar a los órganos supremos,
garantizan mejor los intereses de los trabajadores de nuestro inmenso
país. A usted le parece que no habrá lucha electoral. Pero la
habrá, y yo preveo una lucha electoral muy reñida.
En
nuestro país hay no pocas instituciones que trabajan mal. Suele
ocurrir que tal o cual órgano local de poder, no sabe satisfacer
tales o cuales necesidades tan complejas, y cada día mayores de los
trabajadores de la ciudad y del campo. ¿Has construido o no has
construido una buena escuela? ¿Has mejorado las condiciones de la
vivienda? ¿No eres un burócrata? ¿Has ayudado a hacer nuestro
trabajo más eficaz, a hacer nuestra vida más culta? Tales serán
los criterios con que millones de electores abordarán a los
candidatos, dejando a un lado y borrando de las listas a los que no
sirvan, destacando los mejores y presentando sus candidaturas.
Sí,
la lucha electoral será reñida. Girará en torno a una multitud de
problemas candentes, principalmente en torno a problemas prácticos
que tienen una importancia primordial para el pueblo.
Nuestro
nuevo sistema electoral hará andar derechas a nuestras
instituciones, y organizaciones, y las obligará a mejorar su
trabajo.
Las
elecciones generales, iguales, directas y secretas en la Unión
Soviética, pondrán en manos del pueblo un látigo contra los
órganos de poder que trabajen mal. Nuestra nueva constitución
soviética será, a mi juicio, la constitución más democrática de
cuantas existen en el mundo.
Fuente original:
* I. V. Stalin, Obras Completas en 18 Volúmenes. Imprimidos en Kalinin-Tver, de 1946-2006. Volumen 14.
(Los volúmenes 1-13 fueron preparados por el Instituto Marx-Engels-Lenin dependiente del Comité Central del PCUS(b) entre 1946 y 1952. Los volúmenes 14-18 fueron preparados y publicados, bajo la dirección general del doctor en Filosofía y catedrático R. I. Kosolapov entre 1997 y 2006.)