3 de septiembre de 2026

La situación de obreros españoles en Noviembre de 1917


Compartimos la imagen que ilustra el texto original aparecido en “España Revolucionaria”, que corresponde a la parada de la guardia roja de Petrogrado en el mes de mayo de 1917.


Por Esteban Zúñiga


DISTINTAS EXPERENCIAS EN ESPAÑA, DURANTE LOS DÍAS DE LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE DE OCTUBRE DE 1917 EN RUSIA.


“Esta primera victoria NO ES AÚN LA VICTORIA DEFINITIVA, y nuestra Revolución de Octubre la ha conseguido con dolores y dificultades sin precedentes, con inauditos sufrimientos, con una serie de graves desaciertos y errores nuestros.

¡Hubiera sido demasiado desear que un pueblo atrasado triunfase sin desaciertos y sin errores, sobre las guerras imperialistas de los países más poderosos y avanzados del globo! No tememos reconocer nuestros errores y los examinaremos serenamente para aprender a corregirlos.

Pero los hechos son elocuentes: por primera vez en siglos y milenios, la promesa de “responder” a la guerra entre esclavistas con la revolución de los esclavos, CONTRA todo género de esclavistas SE HA CUMPLIDO HASTA EL FIN... y se cumple contra viento y marea.

Nosotros hemos empezado la obra.

Poco importa saber cuándo, en qué plazo y en qué nación culminarán los proletarios esta obra. Lo esencial es que se ha roto el hielo, que se ha abierto el camino, que se ha indicado la dirección.”

(V. I. Lenin. “Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre”, 14 de octubre de 1921. Fuente: V. I. Lenin. Obras Completas. Tomo 44 (Junio de 1921 – marzo de 1922). Página 156. Editorial Progreso. Moscú, 1987).


En el periódico quincenal “ESPAÑA REPUBLICANA” -del 15 de agosto de 1967- editado en México por exiliados comunistas españoles, dedicaría algunas de sus páginas para festejar el 50º Aniversario de la Revolución de Octubre de 1917, liderada por Lenin y por los bolcheviques. En concreto bajo el prisma de recordar lo que estaba ocurriendo, durante aquellos días, en distintas poblaciones españoles.

Así compartiría las experiencias de tres residentes en la Unión Soviética, ya entrados en años, y militantes comunistas y del movimiento obrero que residían en, Asturias, Fernando Rodríguez, en Reinosa, José Prieto, y en Buñol, Julio Tarín.

Recuerdos publicados originalmente en el “Noticiero”, editado, en Moscú, por la Organización del Partido Comunista de España en la URSS, y el histórico Centro Español de Moscú.


ESPAÑA REPUBLICANA”.

EN AQUELLOS DÍAS DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE.
(Fuente: “España Republicana”. Portavoz del movimiento antifranquista. Año XXIX, Núm. 639 – Páginas 11 y 12. La Habana, 15 de agosto de 1967).

EN ASTURIAS.
Por FERNANDO RODRÍGUEZ.

El año 1917 trabajaba yo en una de las empresas mineras más importantes de Asturias, la Duro-Felguera. Recuerdo que todos los días, en las lampisterías y en las “chabolas” donde nos cambiábamos de ropa para entrar en la mina, cientos de mineros comentábamos alborozados las victorias de la revolución rusa, reflejadas en los despachos que transmitían las agencias extranjeras y publicaban los periódicos matutinos de Asturias.

En los años que siguieron hasta el 21, el entusiasmo era indescriptible en España, sobre todo entre los medios obreros e intelectuales progresivos. Las masas trabajadoras, acogían con ardor desbordante, y en sus organizaciones de clase. Por doquier se creaban nuevos sindicatos y se ponían en pie los que habían sido quebrantados, como consecuencia de la huelga revolucionaria de agosto de 1917. A este despertar del proletariado, contribuyó sobremanera el triunfo de la revolución de Rusia.

Todos los que recuerdan aquella época, convendrán conmigo, en que las elecciones a concejales que tuvieron lugar en los primeros meses del año 1919 en toda España, como las de diputados del mismo año, si lograron llevar a muchos ayuntamientos, sobre todo en las provincias industriales, una mayor representación de los trabajadores, eso tenía por origen la influencia que ejercía en nuestro país la Gran Revolución de Octubre.

Y este acontecimiento histórico, que repercutió de Norte a Sur en toda España, coadyuvó asimismo a que los miembros del Comité de la Huelga Revolucionaria de agosto de 1917, salieran libertados del Penal de Cartagena, donde estaban cumpliendo condena, para ocupar los escaños del Parlamento como diputados elegidos por el pueblo.

Presionada por los trabajadores, que luchaban en toda España, la monarquía se vio obligadas a decretar, el 3 de abril de 1919, la jornada de ocho horas.

Ese mismo año, se constituyó el Comité Nacional de Partidarios de la III.ª Internacional integrado por prestigiosas personalidades del movimiento obrero. Y el 15 de abril de 1920, se fundó el Partido Comunista marcando un período nuevo en la historia del movimiento obrero español.

Los años 19 y 20 fueron durísimos para Rusia. El hambre y la sequía hacían estragos en todo el país. En Asturias fueron muy pocos los que no contribuyeran con todo entusiasmo, a las subscripciones astures para aminorar en lo posible, la tragedia que atormentaba entonces a nuestros hermanos rusos.

Recuerdo que por esta época apareció en los cines de España una película asquerosa antisoviética, “La cartilla infamante”, financiada por la Entente y cuya protagonista era Pola Negri.

Cuando apareció en los cines de La Felguera (Asturias) tuvieron que retirarla de las pantallas, porque el público no estaba dispuesto a tolerar que se injuriara a un pueblo que estaba haciendo la más grande revolución de la historia. Aunque en La Felguera eran en esa época, fuertes, las influencias anarquistas, el pueblo entero se sumó a la protesta de los obreros, pese a que algunos textos de la cinta habían sido extraídos del libro “Setenta días en Rusia, lo que yo pienso”, del anarcosindicalista Ángel Pestaña.

Ayer y hoy los obreros, campesinos y todas las fuerzas progresivas de España, fueron y siguen siendo amigos leales del pueblo ruso.

Comprendieron muy pronto que la Gran Revolución Socialista de Octubre era el primer eslabón, que saltaba hecha añicos, la cadena que aún oprime a una parte considerable de la humanidad. Nuestro pueblo se solidarizó enseguida con esta revolución, con el batallar de los trabajadores soviéticos por el socialismo.

EN REINOSA.
Por JOSÉ PRIETO.

“Tierra y Libertad”, “Solidaridad Obrera” y otros periódicos anarquistas, registraron en sus columnas, como un gran acontecimiento social, el triunfo de los obreros y campesinos rusos. “El Socialista” saludaba con entusiasmo la victoria de la clase obrera rusa. Algunos periódicos liberales insertaban también en sus páginas el triunfo de la Revolución de Octubre.

A mediados de 1917 llegué yo a Reinosa, que en esta época era una pequeña ciudad. La mayoría de la población era campesina. Había una fábrica de harinas y diversos talleres artesanos. No existían organizaciones obreras.

Y llegó el 7 de Noviembre. El triunfo de la revolución rusa, imantó la atención de los obreros y campesinos españoles, fue también para mí una revelación. Y aunque abrazaba ideas anarco-sindicalistas, consideraba el triunfo de la Revolución de Octubre de gran importancia para todos los trabajadores del mundo.

Así fue por entonces comprendido por la gran masa de los militantes de la CNT, que vio en la Revolución de Octubre su propia revolución, como quedó patentizado en el Congreso de la Comedia, celebrado en Madrid en 1919.

La Sociedad Española de Construcción Naval, comenzó por entonces a construir una gran fábrica de industria pesada en Reinosa. Una avalancha de trabajadores irrumpió en la ciudad. A comienzos de 1918, un grupo de entusiastas de la revolución rusa nos propusimos organizar a los centenares y centenares de obreros que habían penetrado en la vida de la ciudad.

Se nombró una comisión organizadora de la que fui designado presidente, recogimos algún dinero, redactamos una especie de manifiesto convocando a todos los trabajadores a una reunión para constituir el Sindicato Obrero de Reinosa.

Con asistencia numerosa se celebró la reunión constituyente del sindicato, del que fui nombrado presidente. Al principio de 1919, el sindicato era una importante fuerza social. Reunía en sus filas a cerca de 3.000 trabajadores.

Llegó el Primero de Mayo de 1918.

En la vida de este pequeño medio montañés, nunca se había celebrado la fiesta de los trabajadores. Por primera vez en Reinosa, desfilaron por la ciudad, en manifestación y bajo las banderas del Sindicato Obrero, millares de trabajadores.

El paro en las empresas industriales fue absoluto. Se celebró un gran mitin en el paseo de Cupido, en el que se tomaron las resoluciones siguientes:

¡Reconocimiento del sindicato, jornada de ocho horas!
¡Fuera las manos de la Rusia Soviética!

La imponente manifestación desfiló por las principales calles de Reinosa con pancartas que decían: “¡Vivan los Soviets!”, “Fuera las manos de la Rusia Soviética!”. Recuerdo un detalle ocurrido durante el desfile. Iba yo a la cabeza de la manifestación y se me acercó un obrero para decirme que habiendo leído en una pancarta ”¡Viva los Soviets!” quería saber qué eran realmente los soviets. Yo que tenía una idea vaga y confusa de lo que significaban, quedé sin saber qué contestar. Y como no decirle nada hubiera sido peor, contesté:
- Los Soviets son la revolución…
Y mi interlocutor contestó:
- Pues, ¡Vivan los Soviets!

El sindicato editaba un semanario titulado: “Democracia Social”, en cuyo primer número, el célebre poeta Luis de Tapia, que se hallaba pasando una temporada en Reinosa, escribió unas copias alusivas a la Revolución Rusa, glosando el histórico acontecimiento.

Las autoridades locales y la dirección de la Constructor Naval, que se daban cuenta de lo que significaba la organización sindical, presionaron sobre el jefe de los laboratorios donde yo trabajaba y éste me despidió del trabajo alegando “que con mis ideas estaba comprometiendo sus intereses”. Mi pensamiento fue dirigir mis pasos hacia otros lugares en busca de trabajo, pero la mayoría de los obreros, indignados, se oponían a que yo abandonase Reinosa. Les disuadí, haciéndoles ver que eso era precisamente lo que buscaba la patronal: provocar una huelga para machacar la joven organización.

Los obreros no estaban dispuestos a que yo saliera de Reinosa y surgió entre algunos la idea de que abriese un cafetín económico, que ellos me ayudarían a salir adelante. Todo menos someterse a la decisión arbitraria del patrón y de las autoridades, que pretendían eliminar al presidente del Sindicato Obrero. No me seducía mucho esta perspectiva, pero como tampoco quería abandonar Reinosa, acepté.

Se encontró una planta baja que no tendría ocho metros cuadrados y comenzaron albañiles, carpinteros y pintores a preparar el local, y el establecimiento quedó listo en una semana.

Empezamos a barajar nombres para el cafetín y por último decidimos que se llamase “El Soviets”. Y así apareció en la fachada de la planta baja un gran rótulo en pintura roja: “El Soviets, café económico”.

Aquello desencadenó aún más la rabia de los enemigos.
- Es una provocación -decían.
Pero “El Soviets” permaneció intocable hasta últimos de 1920, en que por haberse perdido la huelga general fui expulsado de Reinosa por las autoridades.

EN BUÑOL.
Por JULIO TARIN.

Al saber por la prensa que en Rusia habían triunfado los bolcheviques, nosotros, los jóvenes de Buñol, desplegamos una gran labor de defensa de la Revolución y, aunque en aquel tiempo no sabíamos concretamente quiénes eran los bolcheviques, para identificarnos con ella bastaba que hubiesen derrocado al poder de la burguesía, de los terratenientes.

“Las Provincias” y “El Diario de Valencia”, que eran rabiosamente monárquicos, daban la noticia muy escueta. “El Mercantil Valenciano”, más amplia, porque era de tendencia mercantilista, como dice su título. “El Pueblo”, periódico republicano fundado por Blasco Ibáñez y dirigido por Félix Azzati, informaba en primera plana y con grandes titulares sobre la revolución en Rusia y decía quiénes eran los bolcheviques: los comunistas del partido de Lenin. “La Traca, un semanario gráfico, arremetía contra el poder de los curas y la autocracia zarista.

La clase obrera de Valencia, en general, se felicitaba por el gran triunfo de los trabajadores de Rusia. La UGT y nosotros, los jóvenes, pegábamos pasquines en los sitios visibles, hecho a multicopista, que decían: “¡Ayudemos y defendamos la Revolución Rusa!”. En la prensa de izquierda decíamos: “Si la burguesía reaccionaria pretende ayudar al zarismo, la clase obrera de Valencia contestará con la huelga general indefinida”.

Nadie en Valencia y su región movió un dedo para ayudar a la contrarrevolución. La CNT también se puso de parte de la revolución en principio, pero no tardó mucho tiempo en criticar la dictadura del proletariado, pues para esta corriente lo mismo daba la dictadura de la clase obrera que la tiranía de la burguesía.

Después del triunfo de la Revolución de Octubre, empezamos por nuestra parte la propaganda, que a partir de 1919 estuvo facilitada por la Internacional Comunista.

Las organizaciones de jóvenes socialistas de Madrid, Valencia, Vizcaya y Andalucía, ante un acontecimiento de tal magnitud, consideramos llegada ya la hora de crear Las Juventudes Comunistas, y en este sentido, por encima de todos los obstáculos y trabas, muchos rompimos con el tradicional reformismo de la II.ª Internacional. No sin antes discutir cuál debía ser el nuevo derrotero a seguir, y al no poder conseguir por unanimidad transformar la Juventud Socialista en comunista, optamos por separarnos, por crear las Juventudes comunistas.

En Buñol, ya a principios de 1919, un grupo de unos diez o doce jóvenes rompimos con la Juventud Socialista, y constituimos la Juventud Comunista. Entonces lanzamos un manifiesto escrito a mano (pues no teníamos multicopista) llamando a los obreros a seguir el ejemplo del proletariado ruso.

Por habernos separado de la Juventud Socialista no fuimos invitados a su V.º Congreso, que se celebró en diciembre de 1919. Pero nuestra influencia por aquel entonces crecía rápidamente. Cuando se creó la Internacional Comunista, en Buñol ya teníamos unos setenta militantes. Una gran actividad desarrolló en Buñol, Joaquín Masmano, quien luego, en 1936, fue fusilado por los fascistas en Canarias. Con él colaboraron Ramírez, Pérez, Manzano y otros, entre ellos yo.

Buñol, para aquel entonces, tenía ya una tradición revolucionaria. En 1917 comenzó a construirse en Buñol una gran fábrica de cemento, en la cual, al empezar su explotación, trabajaban unos dos mil obreros. Ya por el año 1918, el Sindicato de esta empresa estaba dirigido por hombres decididos, con Joaquín Masmano a la cabeza. La primera reivindicación que se consigue es la jornada de 8 horas, que en España no se logró hasta el decreto del rey de 1919, y un aumento de sueldo de 2 pesetas a 2,25 los peones.

Este sindicato de Buñol no estaba dirigido ni por socialistas ni por anarquistas (en Buñol no había de estos últimos). Se llamaba Sindicatos de Oficios Varios y lo dirigíamos nosotros.

Cuando en 1919, al crearse la Internacional Comunista, se funda en España las Juventudes Comunistas, los primeros comunistas estábamos dotados de gran combatividad, aunque padecíamos de sectarismo, por la falta de preparación teórica, lo que nos lleva a distanciarnos de las masas obreras.

Nuestra inexperiencia y falta de preparación teórica, frenaban el crecimiento de nuestra influencia dentro de los sindicatos nacionalmente constituidos, la UGT y la CNT.

Más tarde ya, formamos un centro de cultura, donde teníamos obras de Lenin: “Qué hacer”, “Dos tácticas de la socialdemocracia”, “Un paso adelante, dos atrás”, “El imperialismo, fase superior del capitalismo” y muchos más. También contribuyeron a esclarecer las lagunas que teníamos sobre la Revolución de Octubre los libros “Diez días que estremecieron al mundo” de John Reed, “La Senda Roja” de Álvarez del Vayo, “Un notario español en Rusia” de Diego Hidalgo, y otros.”

2 de septiembre de 2026

Entrevista concedida por el camarada José Stalin al periodista estadounidense Roy Howard en 1936

Por Bitácora Marxista Leninista.

La siguiente entrevista, fue concedida por José Stalin al periodista estadounidense Roy Howard el 1 de marzo de 1936. Una época de grandes tensiones internacionales, pero también, de varios notables sucesos en la Unión Soviética, como se reflejará en la entrevista. Veremos en los análisis de Stalin sobre todos estos acontecimientos, una comprobación una vez más, de la lucidez del bolchevique a la hora de responder a las preguntas del entrevistador.

Esta entrevista además, sirve para comprobar la justeza de la línea soviética a nivel exterior. Por ejemplo, como prometió Stalin en esta entrevista, la Unión Soviética estaba dispuesta a ofrecer su ayuda a la República Popular de Mongolia en caso de ser invadida por el imperialismo japonés, esta promesa se hizo realidad en 1939 en la batalla de Jaljin Gol, donde las fuerzas japonesas sufrieron una grave derrota frente a las fuerzas soviético-mongolas, derrota que haría que Japón no invadiera ninguno de los dos países durante la Segunda Guerra Mundial.

También, cuando le preguntan sobre los focos de guerra, el georgiano apunta que la guerra se podría iniciar o bien por el extremo oriente, por Japón y las políticas belicistas contra otros Estados, o en Europa, no tanto con Italia, sino más bien por Alemania. Igualmente, responde como marxista-leninista, que el peligro de la guerra, no reside solamente en el fascismo, sino también en otros Estados imperialistas no fascistas, ya que su naturaleza contradictoria, solo les deja la guerra como solución a sus descompensaciones internas.


En cuanto a las acusaciones a la Unión Soviética, de querer expandir el comunismo a fuerza de bayoneta, contesta, que nadie puede obligar a otro pueblo a hacer una revolución, por lo tanto los comunistas no exportan revoluciones, es deber de los pueblos, de saber lidiar contra su reacción, y hacer sus deberes.


De igual modo, se señala que la Unión Soviética podrá convivir pacíficamente con otros Estados capitalistas mientras llega la revolución en el resto de países, pero que no debe existir ninguna ilusión sobre la conversión de un sistema en otro, lo que por tanto descarta la introducción en la sociedad soviética de mecanismos políticos, económicos o culturales del mundo burgués y capitalista.


En cuanto a la política interior. Le pregunta si guarda relación las nacionalizaciones del nazismo alemán, o del fascismo italiano, con el estatismo soviético. Aquí correctamente, Stalin indica de forma llana y clara que en esos regímenes fascistas, por tanto capitalistas burgueses, existe una estatización de ciertos sectores de la industria, que se realiza para satisfacer una acción interesada de la burguesía capitalista por medio de la cual se establece el capitalismo de Estado, y que además, en esos países capitalistas, en otros sectores de la propia industria existe la propiedad privada individual, por no hablar ya del campo, donde la propiedad privada individual es mayoritaria. Sin embargo, en el régimen socialista de la Unión Soviética, tanto en la industria como en la agricultura no existe propiedad privada, en la industria existe la propiedad estatal completa, y en el campo existe la propiedad colectiva –koljoses– y estatal –sovjoses–, y una progresiva transformación hacía esta última, y lo más importante, las diferencias en las relaciones de producción en las leyes socialistas, con respecto a las leyes de economía capitalista de esos dos países fascistas.


Stalin en la última parte, reafirma de nuevo el axioma sobre el sistema socialista, explica, como hiciera igualmente en su obra de finales de 1936: «Sobre el proyecto de constitución de la Unión Soviética», que la Unión Soviética es ahora un país que ha construido el socialismo, y eliminado las clases explotadoras como los terratenientes, kulaks, burgueses, etc., y que también ha trastocado y transformado por tanto a las clases explotadas que quedan –debido precisamente al hecho de acabar con el poder económico de las clases explotadoras– como los propios obreros y campesinos del país, y que ahora además –gracias al control político del proletariado– en el país se nutre a la capa de la intelectualidad a partir de la clase obrera y sus principios. Por lo tanto, no puede tener un sistema de varios partidos como en la sociedad capitalista donde existen clases explotadas y explotadoras con sus contradicciones antagónicas de clase y sus partidos con sus respectivos intereses burgueses, pequeño burgueses, etc. Sino que en un país socialista debe existir un solo partido, el comunista, y que este representa los intereses del nuevo campesinado  y la nueva clase obrera –que tienen objetivos comunes–, y que es comandado todavía por esta última, ya que el campesinado todavía no es un todo –hay koljosianos y sovjosianos, pese a que se proletarizan poco a poco con estos últimos– y poseen todavía una mayor cantidad de prejuicios culturales pequeño burgueses.


En cuanto a los derechos de los ciudadanos soviéticos en las elecciones, se adelanta en esta entrevista que existirá garantía de igualdad de género –entre hombres y mujeres–, raza –entre los diferentes pueblos de la Unión Soviética–, clase social trabajadora –vale igual el voto de un obrero que el de un campesino–, voto directo y secreto –para salvaguardar la privacidad del votante, y elegir directamente a quién quiere elegir al cargo–. Se advierte de que, por si el entrevistador no lo sabe, en las elecciones votan todos excepto quienes tengan restricción de voto, y que pueden presentar candidaturas a éstas no solo los miembros del partido comunista sino de todas las organizaciones de trabajadores como sindicatos, asociaciones juveniles, de deporte, etc.


Dicho esto, cuando el entrevistador saca el tema de las libertades, el entrevistado coherentemente contesta que un país que no puede garantizar esto, ni la eliminación del paro, un buen servicio de calidad y gratuito de casa, trasporte, sanidad, y demás, para sus ciudadanos, de poca libertad puede alardear.



Reproducimos la entrevista completa *:


HOWARD: ¿Qué consecuencias traerán, a su juicio, para la situación en Extremo Oriente los recientes acontecimientos del Japón?

STALIN: Por el momento es difícil decirlo. Disponemos de pocos materiales pasa ello. El cuadro no es suficientemente claro.


H: ¿Cuál será la posición de la Unión Soviética, en caso de que el Japón se decidiese a un ataque serio contra la República Popular de Mongolia?

- En el caso de que el Japón se decidiese a atacar a la República Popular de Mongolia, atentando contra su independencia, tendríamos que ayudar a dicha República.

El sustituto de Litvínov, Stomoniákov, se lo ha hecho saber recientemente al embajador del Japón en Moscú, señalando las invariables relaciones de amistad que la Unión Soviética mantiene con la República Popular de Mongolia desde 1921. Ayudaremos a esta República lo mismo que la ayudamos en 1921.


H: Entonces, el intento japonés de ocupar Ulán Bator, ¿determinaría una acción positiva por parte de la Unión Soviética?

-Sí, la determinaría.


H: ¿Han desarrollado los japoneses durante estos últimos días, en los territorios fronterizos a la República Popular de Mongolia, alguna actividad que en la Unión Soviética pueda ser considerada como agresiva?

-Parece que los japoneses continúan concentrando tropas junto a las fronteras de la República Popular de Mongolia. Pero por el momento no se registra ningún nuevo intento de choques fronterizos.

La Unión Soviética teme que Alemania y Polonia abriguen intenciones agresivas dirigidas contra ella, y que preparen una colaboración militar que habría de ayudar a poner en práctica estas intenciones. Sin embargo, Polonia declara que no está dispuesta a consentir que tropas extranjeras utilicen su territorio como base de operaciones contra un tercer Estado.


H: ¿Cómo se ve en la Unión Soviética el ataque por parte de Alemania? ¿Desde qué posiciones, en qué dirección pueden operar las tropas alemanas?

-La historia nos dice que cuando cualquier Estado quiere guerrear contra otro Estado, aún cuando no sea vecino, comienza a buscar las fronteras por las cuales puede llegar hasta las del Estado al que quiere atacar.

Por lo general, el Estado agresor encuentra esas fronteras. O bien las encuentra por medio de la fuerza, como ocurrió en 1914, cuando Alemania invadió Bélgica para lanzarse contra Francia, o bien toma esas fronteras «a crédito», como lo hizo Alemania respecto a Letonia, por ejemplo, en 1918, intentando avanzar hacia Leningrado a través de ella.

Yo no sé concretamente qué fronteras podrá utilizar Alemania para sus fines. Pero creo que no faltarán aficionados que le ofrezcan sus fronteras «a crédito».


H: En todo el mundo se habla de guerra. Si realmente la guerra es inevitable, ¿cuándo, míster Stalin, estallará, a su juicio?

-Eso no se puede predecir. La guerra puede encenderse de un modo inesperado.

Hoy día las guerras no se declaran, sino que comienzan, sencillamente. Pero por otra parte, yo entiendo que las posiciones de los amigos de la paz se fortalecen. Los amigos de la paz pueden laborar abiertamente, se apoyan en la potencia de la opinión pública, tienen a su disposición instrumentos como, por ejemplo, la Sociedad de Naciones.

Este es el «haber» de los amigos de la paz.

Su fuerza está en que su actividad contra la guerra, se apoya en la voluntad de las extensas masas populares. No hay en todo el mundo ningún pueblo que quiera la guerra. En cambio, los enemigos de la paz se ven obligados a trabajar secretamente.

Este es el «haber» de los enemigos de la paz.

Por lo demás, no está fuera de lo posible que, precisamente a causa de esto, se decidan a lanzarse a una aventura guerrera como un acto desesperado. Uno de los éxitos más recientes de la causa de los amigos de la paz, es la ratificación del Pacto franco-soviético de asistencia mutua por la Cámara de los Diputados de Francia. Este pacto representa un cierto obstáculo para los enemigos de la paz.


H: Si se enciende la guerra, ¿en qué parte del mundo estallará antes? ¿Dónde se han acumulado más las nubes de tormenta de la guerra, en Oriente o en Occidente?

-Hay, a mi juicio, dos focos de peligro de guerra. El primer foco se encuentra en Extremo Oriente, en la zona del Japón. Me remito a las reiteradas declaraciones de militares japoneses, con amenazas dirigidas a otros Estados. El segundo foco se encuentra en la zona de Alemania.

Es difícil decir cuál de los dos focos es el más amenazador, pues ambos existen y trabajan. Comparada con estos dos focos fundamentales de peligro de guerra, la guerra italo-abisinia no es más que un episodio. Por el momento, el que revela más actividad es el foco de peligro de Extremo Oriente.

Es posible, sin embargo, que el centro de este peligro se desplace a Europa. Así parece indicarlo, por ejemplo, la reciente interviú concedida por el señor Hitler a un periódico francés.

En esta entrevista, Hitler intenta decir cosas pretendidamente pacificas, pero salpimienta tan copiosamente ese «pacifismo» suyo, con amenazas dirigidas a Francia y a la Unión Soviética, que del «pacifismo» no queda ni rastro. Como se ve, el señor Hitler, hasta cuando quiere hablar de paz, no sabe arreglárselas sin amenazas. Es un síntoma.


H: ¿Dónde reside, a su juicio, la causa fundamental del actual peligro de guerra?

-En el capitalismo.


H: ¿En qué fenómenos del capitalismo, concretamente?

-En sus fenómenos imperialistas, anexionistas. Usted recuerda cómo surgió la primera guerra mundial. Surgió del deseo de proceder a un nuevo reparto del mundo. Hoy se dan idénticos motivos.

Hay Estados capitalistas que se consideran lesionados en el reparto precedente de esferas de influencia, territorios, fuentes de materias primas, mercados, etc., y que querrían volver a repartirlos en provecho propio. El capitalismo, en su fase imperialista, es un sistema que considera la guerra como un método legal para resolver las contradicciones internacionales como un método, si no jurídico, por lo menos, substancialmente legal.


H: ¿No considera usted que en los países capitalistas puede haber el temor fundado, de que la Unión Soviética quiera imponer por la fuerza su teoría política a otros pueblos?

-No hay ningún fundamento para tales temores. Si usted cree que la población soviética quiere cambiar por sí misma, y además por la fuerza, la fisonomía de los Estados circundantes, se equivoca lamentablemente.

El pueblo soviético quiere, naturalmente, que la fisonomía de los Estados circundantes cambie. Pero esto es incumbencia de esos mismos Estados.

Yo no veo qué peligro pueden ver. En las ideas del pueblo soviético, los Estados circundantes se mantendrán, si estos Estados se asientan realmente sobre una base sólida.


H: Esta declaración de usted, ¿significa que la Unión Soviética ha abandonado hasta cierto punto, sus planes e intenciones de llevar a cabo la revolución mundial?

-Nosotros nunca tuvimos tales planes e intenciones.


H: A mí me parece, míster Stalin, que durante largo tiempo se produjo en el mundo entero otra impresión.

-Eso es el fruto de un equívoco.


H: ¿De un equívoco trágico?

-No, cómico. O, tal vez, tragicómico.

Mire usted: nosotros, como marxistas, entendemos que la revolución se hará también en los demás países. Pero solo se hará, cuando los revolucionarios de esos países lo crean posible o necesario.

La exportación de revoluciones es un absurdo. Cada país hace por sí mismo su revolución cuando quiere, y si no quiere no hay revolución. Nuestro país, por ejemplo, quiso hacer la revolución, y la hizo, y ahora construimos la nueva sociedad sin clases.

Pero afirmar que nosotros pretendemos hacer la revolución en otros países, inmiscuyéndonos en su vida, es decir lo que no es y lo que nosotros no hemos predicado jamás.


H: Al establecerse las relaciones diplomáticas entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, entre el presidente Franklin D. Roosevelt y el señor Maxím Litvínov se cambiaron unas notas idénticas sobre el problema de la propaganda. En el párrafo 4.° de la carta del señor Litvínov al presidente Roosevelt, se decía que el gobierno soviético se obligaba a «no permitir que en su territorio se creen o residan cualesquiera organizaciones o grupos, así como a tomar dentro de su territorio medidas preventivas, contra la actuación de cualesquiera organizaciones o grupos, o contra los representantes y funcionarios de cualesquiera organizaciones o grupos, con respecto a los Estados Unidos en conjunto o a cualquiera de sus partes, territorios o posesiones, que tengan como fin derrocar o preparar el derrocamiento, o la transformación por la fuerza del régimen político o social».

Le ruego, míster Stalin, que me explique por qué el señor Litvínov firmó esta carta, si el cumplimiento de las obligaciones contenidas en este punto, es incompatible con los deseos de la Unión Soviética, o no está dentro de su poder.

-El cumplimiento de las obligaciones contenidas en el punto citado por usted, está dentro de nuestro poder, y esas obligaciones han sido cumplidas por nosotros y seguirán siéndolo.

Según nuestra constitución, los emigrados políticos tienen derecho a vivir en nuestro territorio. Los concedemos el derecho de asilo, exactamente lo mismo que en los Estados Unidos conceden el derecho de asilo a los emigrados políticos.

Es absolutamente evidente que cuando Litvínov firmó esta carta, partía de que las obligaciones contenidas en ella tenían carácter recíproco. ¿Entiende usted míster Howard, que contradiga al acuerdo pactado entre Roosevelt y Litvínov, el que en el territorio de los Estados Unidos se encuentren emigrados rusos, guardias-blancos que hacen propaganda contra los soviets, y en favor del capitalismo, que gozan de la ayuda material de ciudadanos estadounidenses y a veces forman grupos de terroristas?

Es evidente que estos emigrados gozan del derecho de asilo, que existe también en los Estados Unidos. Por lo que a nosotros se refiere, jamás hemos tolerado en nuestro territorio a un solo terrorista, fuese quien fuese aquel contra el que urdiera sus crímenes.

Por lo visto, en los Estados Unidos el derecho de asilo se interpreta más ampliamente que en nuestro país. Pero nosotros no formulamos, a pesar de ello, ninguna pretensión.

Tal vez objetará usted, que nosotros simpatizamos con estos emigrados políticos que residen en nuestro territorio. Pero ¿acaso no hay ciudadanos estadounidenses, que simpatizan con los emigrados guardias-blancos, que hacen propaganda a favor del capitalismo y en contra de la Unión Soviética? ¿De qué se trata, por tanto? Se trata de no ayudar a estas personas, de no financiar sus actividades.

Se trata de que los funcionarios de ambos países, no se inmiscuyan en la vida interna del otro país. Nuestros funcionarios cumplen honradamente esta obligación.

Si alguno de ellos ha incurrido en alguna falta, que se nos diga. Sí yendo demasiado allá, se exigiese la expulsión de los Estados Unidos de todos los emigrados guardias-blancos, esto sería un atentado contra el derecho de asilo, proclamado tanto en los Estados Unidos como en la Unión Soviética.

Aquí hay que reconocer una cierta línea divisoria racional, para las reclamaciones y las contrarreclamaciones. Litvínov no firmó su carta al presidente Roosevelt con carácter particular, sino como representante del Estado, exactamente lo mismo que lo hizo el presidente Roosevelt.

Su acuerdo, es un acuerdo entre dos Estados. Al firmar este acuerdo, tanto Litvínov como el presidente Roosevelt, como representantes de dos Estados, se referían a las actividades de los agentes de sus Estados, que no deben inmiscuirse ni se inmiscuirán en los asuntos internos de la otra parte.

Este acuerdo no podía afectar al derecho de asilo proclamado por ambos países.

Dentro de estos límites es como hay que interpretar el acuerdo entre Roosevelt y Litvínov, como el acuerdo entre los representantes de dos Estados.


H: ¿Pero es que en el VII.º Congreso de la Komintern, que se celebró en Moscú el año pasado, los delegados estadounidense Earl Browder y Samuel Adams Darcy, no hicieron un llamamiento para derribar por la violencia el gobierno estadounidense?

-Confieso que no recuerdo los discursos de los camaradas Browder y Darcy, ni recuerdo siquiera de qué hablaron. Es posible que dijesen algo por el estilo.

Pero no fueron hombres soviéticos los que fundaron el Partido Comunista de los Estados Unidos. Lo fundaron individuos estadounidenses.

Este partido existe en los Estados Unidos legalmente, y presenta sus candidatos a las elecciones, incluyendo las presidenciales. Y si los camaradas Browder y Darcy, pronunciaron por una vez un discurso en Moscú, en su casa, en los Estados Unidos habrán pronunciado discursos parecidos, y hasta es probable que más enérgicos cientos de veces. Pues todo comunista estadounidense tiene la posibilidad de propagar libremente sus ideas.

Sería completamente falso, considerar al gobierno soviético responsable por la actuación de los comunistas estadounidenses.


H: Sí, pero aquí se trata de la actuación de comunistas estadounidenses dentro del territorio soviético, infringiendo el punto 4.° del acuerdo Roosevelt-Litvínov.

-¿Qué es la actuación de un partido comunista, en qué puede manifestarse?

Esta actuación reside usualmente en la organización de las masas obreras, en la organización de mítines, manifestaciones, huelgas,etc.

Es absolutamente comprensible, que los comunistas estadounidenses no pueden hacer todo esto en territorio soviético. En la Unión Soviética no hay obreros estadounidenses.


H: ¿Puedo entender su declaración en el sentido, de que se puede encontrar una interpretación de las obligaciones mutuas con la que se puedan mantener y proseguir las buenas relaciones entre nuestros países?

-Sí, incondicionalmente.


H: Usted reconoce, que en la Unión Soviética no se ha construido todavía la sociedad comunista. Se ha construido el socialismo de Estado. El fascismo en Italia y el nacionalsocialismo en Alemania, afirman que han conseguido análogos resultados. ¿No es un rasgo general de todos los Estados mencionados, la infracción de las libertades personales y otras privaciones impuestas en interés del Estado?

-La expresión del «socialismo de Estado» es imprecisa. Por este término entienden muchos el orden de cosas en que una cierta parte de las riquezas, parte a veces bastante considerable, pasa a manos del Estado o bajo su control, mientras en la inmensa mayoría de los casos la propiedad sobre los talleres, sobre fábricas y sobre la tierra sigue en manos de particulares.

Así es como muchos entienden el «socialismo de Estado». A veces, se esconde detrás de este término el orden de cosas bajo el cual el Estado capitalista, en interés de la preparación o el mantenimiento de la guerra, se hace cargo de la financiación de una cantidad: de empresas privadas.

La sociedad que nosotros hemos construido, no puede llamarse en modo alguno «socialismo de Estado». Nuestra sociedad soviética es una sociedad socialista, porque en nuestro país se ha abolido y transformado en propiedad social la propiedad privada sobre los talleres, las fábricas, la tierra, los Bancos, los medios de transporte.

La organización social creada por nosotros puede llamarse organización soviética socialista, no está acabada de construir todavía, pero que es en su raíz una organización socialista de la sociedad.

La base de esta sociedad es la propiedad social: la propiedad del Estado, es decir, de todo el pueblo, y también la propiedad cooperativa de los koljoses. Ni el fascismo italiano ni el nacional«socialismo» alemán, tienen nada que ver con esta sociedad. Ante todo, porque allí han dejado intacta la propiedad privada sobre los talleres y las fábricas, sobre la tierra, sobre los Bancos, sobre el transporte, etc., razón por la cual el capitalismo conserva en Alemania y en Italia todas sus fuerzas. Sí, tiene usted razón cuando dice que no hemos construido todavía la sociedad comunista.

El construir esta sociedad no es tan fácil. Usted conoce seguramente la diferencia que existe entre la sociedad socialista y la comunista. En la sociedad socialista hay todavía algunas desigualdades patrimoniales. Pero en la sociedad socialista no hay ya paro forzoso, no hay ya explotación, no hay ya opresión nacional.

En la sociedad socialista todo individuo tiene la obligación de trabajar, aunque no obtenga todavía por su trabajo lo que corresponde a sus necesidades, sino lo que corresponde a la cantidad y a la calidad del trabajo rendido.

Por eso existe aún el salario, y además un salario desigual, diferenciado.

Solo cuando se consiga crear un orden de cosas, en que los hombres perciban de la sociedad a cambio de su trabajo no lo que corresponde a la cantidad y calidad de éste, sino lo que corresponde a sus necesidades, podremos decir que hemos construido la sociedad comunista. Dice usted que para construir nuestra sociedad socialista, hemos sacrificado las libertades personales y sufrido privaciones.

En su pregunta se trasluce la idea de que la sociedad socialista niega la libertad personal. Esto es falso. Claro está que para poder construir algo nuevo, hay que imponer economías, acumular recursos, restringir temporalmente las necesidades, tomar prestado de otros.

Si quieres construir una casa nueva, reúnes el dinero, limitas temporalmente tus necesidades, pues de otro modo no podrías construir la casa. Y esto es mucho más legitimo cuando se trata de construir toda una sociedad humana enteramente nueva.

Ha sido necesario limitar temporalmente algunas necesidades, acumular los recursos correspondientes, poner en tensión las fuerzas. Así es, en efecto, como nosotros hemos procedido y como hemos construido la sociedad socialista.

Pero no hemos construido esta sociedad para restringir la libertad personal, sino para que las personas se sientan realmente libres. La hemos construido gracias a la verdadera libertad personal, a una libertad sin comillas.

A mí se me hace difícil imaginarme, cuál puede ser la «libertad personal» de un obrero parado, que anda muerto de hambre, y no encuentra aplicación para su trabajo. La auténtica libertad, solo existe allí donde ha sido destruida la explotación, donde no hay opresión de unos hombres por otros, donde no hay paro, ni miseria, donde el hombre no tiembla pensando que puede quedarse mañana sin trabajo, sin techo, sin pan. Solo en una sociedad así puede haber una libertad personal y de todas clases, auténtica, y no sobre el papel.


H: ¿Considera usted compatible, el desarrollo paralelo de la democracia estadounidense y del sistema soviético?

-La democracia estadounidense y el sistema soviético pueden convivir y competir pacíficamente. Pero no pueden desarrollarse hasta convertirse el uno en el otro. El sistema soviético no se transformará gradualmente en la democracia estadounidense, ni viceversa. Podremos convivir pacíficamente si no nos buscamos líos el uno al otro por cada pequeñez.


H: En la Unión Soviética se está elaborando una nueva constitución, que prevé un nuevo sistema electoral. ¿Hasta qué punto este nuevo sistema puede cambiar la situación en la Unión Soviética, si en las elecciones solo va a seguir tomando parte, igual que antes, un único partido?

-Aprobaremos nuestra nueva constitución, seguramente, a fines de este año. La comisión encargada de elaborarla trabaja y debe terminar pronto su labor. Como ya se ha declarado, según la nueva constitución las elecciones serán generales, iguales, directas y secretas.

A usted le desconcierta el que en estas elecciones solo vaya a tomar parte un único partido.

No ve qué lucha electoral puede haber en estas condiciones. Es evidente que en las elecciones no presentará candidaturas solamente el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, sino que las presentarán también toda clase de organizaciones sociales sin partido. Y de éstas hay centenares en nuestro país. En nuestro país no existen partidos contrapuestos los unos a los otros, exactamente lo mismo que no existen la clase de capitalistas y la clase de los obreros explotados por los capitalistas, contrapuestas la una a la otra.

Nuestra sociedad está formada exclusivamente, por trabajadores libres de la ciudad y del campo: obreros, campesinos, intelectuales.

Cada una de estas capas sociales puede tener sus intereses especiales, y expresarlos a través de las numerosas organizaciones sociales existentes.

Pero desde el momento en que no hay clases, desde el momento en que los limites entre las clases se van borrando, desde el momento en que solo existan algunas, aunque no radicales, diferencias entre las diversas capas de la sociedad socialista, no puede haber ambiente para la creación de partidos que luchen entre sí. Donde no hay diferentes clases, no puede haber diferentes partidos, pues el partido es parte de una clase. En el nacional«socialismo» existe también un solo partido. Pero éste sistema fascista de un solo partido no conduce a nada.

La cosa está en que en Alemania subsiste el capitalismo, subsisten las clases y la lucha de clases, que, pese a todo, saldrán a la superficie, incluso en el terreno de la lucha entre partidos, que representan a clases contrapuestas, lo mismo que ha salido a la superficie, por ejemplo, en España.

En Italia también existe un solo partido, fascista. Pero tampoco allí, y por la misma causa, esto conduce a nada.

¿Por qué nuestras elecciones serán generales? Porque todos los ciudadanos, con excepción de los privados judicialmente del derecho de sufragio, tendrán derecho a elegir y a ser elegidos. ¿Por qué nuestras elecciones serán iguales? Porque ni las diferencias de carácter patrimonial –que todavía existen parcialmente–, ni el hecho de pertenecer a una raza o a una nación irán en privilegio, o en quebranto de nadie. Las mujeres disfrutarán del derecho electoral activo y pasivo, en el mismo plano que los hombres.

Nuestras elecciones serán auténticamente iguales.

¿Por qué secretas?

Porque queremos dar a los soviéticos plena libertad para que voten por aquellos a quienes quieran elegir, a quien confíen la defensa de sus intereses.

¿Por qué directas?

Porque las elecciones directas celebradas en cada localidad, para todas las instituciones representativas, hasta llegar a los órganos supremos, garantizan mejor los intereses de los trabajadores de nuestro inmenso país. A usted le parece que no habrá lucha electoral. Pero la habrá, y yo preveo una lucha electoral muy reñida.

En nuestro país hay no pocas instituciones que trabajan mal. Suele ocurrir que tal o cual órgano local de poder, no sabe satisfacer tales o cuales necesidades tan complejas, y cada día mayores de los trabajadores de la ciudad y del campo. ¿Has construido o no has construido una buena escuela? ¿Has mejorado las condiciones de la vivienda? ¿No eres un burócrata? ¿Has ayudado a hacer nuestro trabajo más eficaz, a hacer nuestra vida más culta? Tales serán los criterios con que millones de electores abordarán a los candidatos, dejando a un lado y borrando de las listas a los que no sirvan, destacando los mejores y presentando sus candidaturas.

Sí, la lucha electoral será reñida. Girará en torno a una multitud de problemas candentes, principalmente en torno a problemas prácticos que tienen una importancia primordial para el pueblo.

Nuestro nuevo sistema electoral hará andar derechas a nuestras instituciones, y organizaciones, y las obligará a mejorar su trabajo.

Las elecciones generales, iguales, directas y secretas en la Unión Soviética, pondrán en manos del pueblo un látigo contra los órganos de poder que trabajen mal. Nuestra nueva constitución soviética será, a mi juicio, la constitución más democrática de cuantas existen en el mundo.


Fuente original:

* I. V. Stalin, Obras Completas en 18 Volúmenes. Imprimidos en Kalinin-Tver, de 1946-2006. Volumen 14.

(Los volúmenes 1-13 fueron preparados por el Instituto Marx-Engels-Lenin dependiente del Comité Central del PCUS(b) entre 1946 y 1952. Los volúmenes 14-18 fueron preparados y publicados, bajo la dirección general del doctor en Filosofía y catedrático R. I. Kosolapov entre 1997 y 2006.)

1 de septiembre de 2026

Europa vista en los años 30, por un ciudadano soviético.

 union sovietica comunista 14

Recogido por Evguéni Ivánov, escrito por Dmitri Golubov. Traducción automática, publicada en la página de la web de ☭ ☆ JOSÉ VISARIONOVICH STALIN ☭ ☆


La Europa de los años 30, a través de los ojos de un ciudadano soviético.

Hoy todos vivimos en una sociedad capitalista, y estamos acostumbrados a sus leyes y contradicciones. Todo lo que vemos a nuestro alrededor parece normal, natural, lo único posible.

Pero esto no es en absoluto cierto. Bajo el socialismo, otra vida es posible. La Unión Soviética lo demostró hace mucho tiempo.

En la década de 1930, el diseñador de aviones Alexandr Yákovlev visitó repetidamente Europa Occidental. Y a veces lo que veía en esos países le sorprendía desagradablemente, y le dejaba una impresión deprimente. Las observaciones más interesantes, son descritas en sus memorias, base de este artículo.

En primer lugar, le llamó la atención la inusualmente gran cantidad de anuncios en las calles de las ciudades. Esto es lo que escribe sobre Italia:

"A lo largo de toda la autopista Milán-Turín, un anuncio de la empresa Fiat me llamaba la atención a cada paso. Numerosos carteles, carteles llamativos, modelos de coches y aviones instalados en postes a lo largo de la carretera, todo gritaba que existía un "Fiat" en el mundo, produciendo los "mejores" coches, los "mejores" aviones, los "mejores" motores e incluso los "mejores submarinos del mundo". También se usaron las señales de los kilometros en carretera para publicidad. Las estaciones de servicio en las carreteras también están decoradas con anuncios de Fiat.

Todo Turín trabaja para Fiat... La palabra mágica 'Fiat' domina la ciudad, detrás de la cual se esconde un pequeño grupo de capitalistas, los dueños de todas las fábricas y de toda la ciudad."

Hoy en día, no sorprende a nadie esta abundancia constante de publicidad. Pero para una persona soviética, fue un shock, porque eso no existía en la URSS. Imagina que caminas por una ciudad soviética típica, y nadie te entra en la cabeza desde ningún sitio, no ofrece que compres nada, no intenta meterte nada extraño en la cabeza. Tienes la cabeza limpia de renglones publicitarios, ¿no es maravilloso?

Otro episodio de las memorias:

"Desde Roma nos llevaron a Nápoles. Llegamos allí al final del día, así que no pudimos ver las ciudades, solo nos llamó poderosamente la atención la terrible pobreza y la suciedad de las afueras napolitanas...

Por la mañana, despertado por los brillantes rayos del sol, salí al balcón [del hotel]... El terraplén seguía vacío a esa hora temprana. De repente, frente al balcón, sobre el asfalto, apareció un hombre mal vestido que empezó a mirarme fijamente, sin decir palabra. Sin entender lo que estaba pasando y avergonzado, intenté no mirarle. Y él, por el contrario, obstinadamente intentaba llamar la atención sobre sí mismo, y hacía algunos movimientos extraños e incomprensibles, de nuevo en silencio. Al mirar más de cerca, vi que las mangas de la camisa del hombre estaban vacías por debajo del codo. El hombre discapacitado, suplicó limosna y mostró silenciosamente su discapacidad, temiendo llamar la atención del policía. Le lancé una moneda rápidamente. El mendigo se tiró al suelo y lo tomó con los dientes. Esta escena me causó una impresión deprimente."

Por supuesto, esta escena llamó a la reflexión social en Yákovlev. Porque venía de un país donde la ayuda mutua y la asistencia mutua eran la norma de la vida, y donde simplemente no había personas sin hogar ni mendigos. El Estado se encargaba de todos los segmentos de la población, y nadie caía en el "fango", ni se quedaba sin hogar. En Europa, las personas sin hogar eran demasiado habituales.

En cuanto a la pobreza y la suciedad, no era sorprendente, porque la provincia italiana nunca ha sido famosa por su riqueza y prosperidad. Pero un indicativo especialmente importante se daba entonces en la Unión Soviética, pues no existía tal contraste entre el centro y la periferia. Incluso la localidad soviética más pequeña, estaba bien cuidada, tenía al menos un club, un parque o quizá un museo, y en todas había pleno empleo, con sus centros de trabajo modernos. La vida resurgía en todas partes, no solo en el centro.

Yákovlev también visitó Inglaterra. No vio escenas de pobreza allí, pero se sorprendió mucho...cuando bajó al Metro.

"Solo en Inglaterra me quedó claro, por qué los extranjeros admiran tanto nuestro Metro de Moscú. De hecho, no se puede comparar el Metro de Moscú y el de Londres.

No hay vestíbulos de arquitectura tan hermosa como la nuestra. La entrada al Metro londinense suele estar situada en las primeras plantas de edificios residenciales, o de algunas instituciones. Desde un pasillo con suelo asfaltado, los pasajeros son bajados profundamente bajo tierra, en una jaula cubierta, similar a las que se usan en las minas de carbón. Las estaciones en sí son muy poco atractivas: las paredes son de hormigón, no están decoradas con nada, y el techo es igual. El aire es denso, con un olor penetrante a desinfección. Los coches del Metro de Londres tampoco tienen nada que ver con los elegantes, bellos y cómodos coches del Metro de Moscú."

Esto no es un muro puesto en el jardín británico, es una firme declaración de hechos comprobados.

En el mismo momento, en que se construían impresionantes centros comerciales y de negocios en Occidente, se erigían hermosas casas de cultura, palacios de pioneros y el Metro en la Unión Soviética. Era un Sistema Social y Económico Estatal diferente: son prioridades diferentes.

Yákovlev también visitó la Alemania nazi poco antes de la guerra. Allí, por supuesto, había algo que fuertemente le sorprendería.

"Durante mi estancia en Alemania, tuve que conocer alemanes de diferentes especialidades y distintos niveles culturales. Pero todos, sin excepción, desde el diseñador hasta el portero, tenían un sentido de superioridad inconmensurable. Esto era evidente en todo...

A los judíos se les exigía llevar un brazalete amarillo con la letra negra "J" ("Jude") en el brazo izquierdo. En un taxi, a menudo se podía ver un cartel: "No sirvo a los judíos." En algunos cines, en taquilla, junto al precio de los asientos, hay un anuncio: "No se venden entradas a judíos." En la entrada de la tienda había un cartel: "Los judíos entran después de las 5 en tal día" (tres veces por semana). En los bulevares, los bancos para todos están pintados de blanco o verde, y para los judíos hay unos especiales, amarillos, que vuelven a la avenida, con la inscripción "Für Juden" ("Para los judíos").

Y así era por toda Alemania... Por un lado, hay una alta cultura externa, todos los signos de un nivel moderno de tecnología y vida cotidiana, en todas partes hay una limpieza asombrosa, orden, organización, por otro lado, la oscura Edad Media."

Todo esto, por supuesto, es terrible, pero alguien objetará que entonces en Alemania había el fascismo. Responderé claramente que no se trata de fascismo, sino de la evolución del capitalismo. El mismo sistema social, con caras diferentes.

El capitalismo determinó el rostro de los países occidentales entonces, el capitalismo determina el rostro de casi todo el mundo hoy.

Entonces es lógico que no es una imagen a alcanzar, porque era poco atractiva para una persona soviética.

Hoy, en Rusia, la mayoría de nosotros miramos hacia Occidente y queremos vivir como allí. En los años de la esplendorosa Unión Soviética, es poco probable que un miembro social proletario soviético común, hubiera querido estar allí.

¿Desempleo? ¿Mendigos? ¿Publicidad molesta de cada cartel? No, nuestra gente no había oído hablar de esto. Y no querían escuchar ninguna clase de lisonjas capitalistas.

Sí, no había multimillonarios cargados de dólares.

Sí, la gama de productos era menor, pero la calidad de la producción total, era mayor. 

Había otras ventajas, y calidad de vida, que ninguna cantidad de dinero podía comprar, y que era más importante que cualquier caro vestido.

Y, por cierto, Yákovlev escribe que, según los resultados de los viajes, se hizo evidente que la aviación soviética no era en absoluto inferior a la occidental, e incluso la superaba en algunos aspectos.

¿Me muestras hoy al menos una rama de nuestra Rusia capitalista, en la que no seamos inferiores a los países occidentales? 

No hablo de superioridad. Ah, sí, se me olvidaba, somos los mejores bombeando petroleo. ¿Pero es para beneficio del pueblo?..