16 de agosto de 2026

Hace 81 años, el pueblo coreano se liberó de los imperialistas japoneses

Por la AAHS, sobre la crónica de KFA, Euskal Herria. Materiales publicados por la Agencia ACNC.

A pesar de las operaciones de los ejércitos anglo-norteamericanos en la cuenca del océano Pacífico, el Mando japonés seguía manteniendo en 1945 contra la Unión Soviética la principal agrupación de sus tropas terrestres, dislocada en el territorio de Manchuria, Corea, Sur de Sajalín y las islas Kuriles.

A fin de disponer de una dirección más operativa se formó el Alto Mando de las tropas soviéticas en el Extremo Oriente. Se nombró comandante en jefe al mariscal  A. Vasilevski, y miembro del Consejo Militar, al general I. Shikin. El 8 de agosto quedaron formados en el Extremo Oriente tres frentes: El de Transbaikalia y los 1.º y 2.º del Extremo Oriente. En total, los tres frentes contaban con 80 divisiones de ellas, dos de tanques. Los efectivos de las Fuerzas Armadas de la URSS en el Extremo Oriente se cifraban en más de 1.500.000 hombres, más de 26.000 cañones y morteros, más de 5.500 tanques y cañones autopropulsados y más de 3.800 aviones de combate.

Las tropas del frente de Transbaikalia, en una poderosa ofensiva, alcanzaron el 19 de agosto las regiones centrales del Nordeste de China. En la mañana de ese día, empezaron a entregarse en masa los soldados y oficiales nipones. A fin de acelerar la capitulación e impedir el desmantelamiento de fábricas y la salida y destrucción de bienes materiales, en las principales ciudades del Nordeste de China, de Corea y de la península de Liaotung se efectuaron desembarcos aéreos: 

El 19 de agosto en Shenyang, Changchung y Kirin, el 22 de agosto en Puerto Arturo y Talien y el 24 de agosto en Pyongyang. Con este mismo fin se formaron pequeñas y bien dotadas unidades móviles soviéticas. A continuación de los desembarcos aéreos en esas ciudades entraron los destacamentos móviles y, después, el grueso de las fuerzas de los ejércitos. Las tropas del 6.º ejército acorazado de la Guardia y del 39.º ejército fueron llevadas por ferrocarril a Puerto Arturo y Talien.

El gran líder, camarada Kim Il Sung, pronuncia un discurso en la manifestación masiva de ciudadanos de Pyongyang celebrada en bienvenida por su regreso triunfal en octubre de 1945.


En el territorio liberado se llevó a cabo el desarme y la recepción de las tropas japonesas capituladas. Formáronse comandancias presididas por oficiales soviéticos. La población china prestó su concurso a las unidades del Ejército Rojo para aniquilar a las pequeñas guarniciones enemigas que se resistían aún e implantar el debido orden en ciudades y pueblos. La capitulación continuó hasta el 30 de agosto. Al mismo tiempo que atacaron en Manchuria, las tropas soviéticas llevaron a efecto las operaciones de Sajalín y de las Kuriles.

En el Sur de Sajalín operó el 56 cuerpo de fusileros del 16.º ejército (general L. Cheremísov). Allí, la ofensiva se inició el 11 de agosto con la ruptura de la defensa de la zona fortificada de Koton. El 25 de agosto, la 88.ª división de infantería japonesa que la defendía, sufrió una completa derrota. La parte sur de Sajalín fue liberada.

La operación de las Kuriles, la realizaron las tropas de la Zona de Defensa de la Flota del Pacífico. Los cruentos combates duraron varios días. El 23 de agosto capituló la guarnición japonesa que se prolongó hasta el 1 de septiembre.

Así terminó la campaña de las Fuerzas de la URSS en el Extremo Oriente. 

En veintitrés días destruyeron por entero al ejército de Kwantung y liberaron el Nordeste de China, Corea del Norte, el sur de Sajalín y las islas Kuriles. Durante este tiempo, el enemigo perdió más de 677.000 soldados y oficiales, entre ellos unos 84.000 muertos. Las tropas soviéticas hicieron un gran botín. Solo las fuerzas del frente de Transbaikalia y del primer frente de Extremo Oriente se apoderaron de más de 3.700 cañones, morteros y lanzagranadas, 600 tanques, 861 aviones, unas 12.000 ametralladoras, más de 2.000 automóviles, unos 13.000 caballos, 679 depósitos diversos y de otros muchos trofeos que, en su mayor parte fueron entregados al Ejército Popular de Liberación. 

Esta derrota fue la mayor de los imperialistas nipones en toda la segunda guerra mundial. Las bajas totales del Ejército Rojo se cifraron en unos 32.000 hombres.

El pueblo soviético expresó su profunda gratitud por las hazañas bélicas de sus hijos. El Presidium del Soviet Supremo de la URSS instituyó la medalla «Por la victoria sobre Japón»

Muchas unidades y buques fueron condecorados con órdenes de la URSS. El mariscal de la Unión Soviética R. Malinovski (veterano de la guerra de España) y 86 generales, almirantes, oficiales, sargentos, soldados y marineros recibieron el título de Héroe de la Unión Soviética. A más de 308.000 combatientes soviéticos se les distinguió con órdenes y medallas militares. El mariscal de la URSS A. Vasilevski, fue condecorado con la segunda Estrella de Oro de Héroe de la Unión Soviética.

En la URSS, el 3 de septiembre fue declarado Día de la Victoria sobre Japón.

Celebrando el 81.° aniversario de la Liberación de Corea

El estimado camarada Kim Jong Un, Secretario General del Partido del Trabajo de Corea y Presidente de Asuntos Estatales de la República Popular Democrática de Corea, recorrió el día 14 el Monumento a la Liberación, en ocasión del aniversario 81.º de la Liberación de la patria.

Ante el Monumento estaba enfilada la Guardia de Honor del Ejército Popular de Corea. Se interpretaron los himnos nacionales de la Federación de Rusia y la República Popular Democrática de Corea. Mientras resonaba la música de la ocasión, quedó depositada una ofrenda floral en nombre del camarada Kim Jong Un.

En su cinta se leían las siguientes inscripciones: "No olvidamos los méritos de los mártires del ejército soviético".

El Secretario General del PTC rindió el sublime tributo a los mártires del ejército soviético que lucharon con valentía por la causa de liberación del pueblo coreano encaminada a lograr la libertad y la independencia del país. Destacó que la excelente historia y tradición entre Corea y Rusia y sus lazos consanguíneos constituyen hoy el fundamento principal e inagotable fuerza motriz de las relaciones bilaterales de amistad y cooperación.

En el Cementerio de los Mártires revolucionarios, el camarada Kim Jong Un dijo: 

... que sirven para el patrimonio ideo-espiritual, y la noble herencia revolucionaria, a ser mantenidos de generación en generación. El firme espíritu independiente, y las proezas inmortales de los revolucionarios de la primera generación, quienes salvaron el país y la nación, y rescataron la dignidad mediante la ensangrentada resistencia, llevándose la noble misión por el destino de la patria y los descendientes.

Prosiguió... que el ideal hermoso al comunismo, la firme convicción revolucionaria y el indoblegable espíritu de lucha de los combatientes revolucionarios antijaponeses, inspiran hoy la eterna vitalidad a la trayectoria de lucha de nuestro pueblo, que construye una potencia próspera a que aspiraban tanto los mártires.

Confirmó que saldrá siempre victoriosa la causa del gran pueblo coreano, que continúa generación tras generación el espíritu revolucionario, y la noble concepción de vida de los combatientes.

A continuación, el camarada Kim Jong Un estuvo al frente de la lápida de recordación de los mártires revolucionarios antijaponeses. Se guardó un minuto de silencio tras depositar una ramo de flores ante la lápida, como testimonio de reverencia a los mártires revolucionarios antijaponeses conocidos o desconocidos, que hicieron el mayor aporte a la realización de la causa histórica de liberación de la patria. Fiel apoyo a la idea de la Construcción del Socialismo, bajo la dirección del gran Líder, camarada Kim Il Sung.

Pasando revista al grupo escultórico de tres personas que describe la lucha heroica de los miembros del Ejército Revolucionario Popular de Corea, y la lápida con inscripciones de nombres de numerosos mártires, señaló: 

... que sus figuras y méritos enorgullecedores, están guardados en los anales aunque los restos mortales de quienes ofrendaron la juventud a la revolución en aras de rescatar la dignidad y libertad de la patria y el pueblo, se dispersaron en los lugares desconocidos.

La nueva vida que trajo la liberación

El 15 de agosto de 1945, el pueblo coreano puso coto a la dominación colonial de decenas de años del imperialismo japonés, y acogió la liberación de la patria. Ello se debió a que para alcanzarlo, el gran Líder camarada Kim Il Sung desplegó y condujo a la victoria la lucha armada contra los agresores nipones.

La liberación del país proporcionó muchos beneficios a los coreanos.

Se estableció el auténtico poder popular y se llevaron a cabo las reformas democráticas a favor suyo.

Como su primer eslabón se promulgó la Ley de la Reforma Agraria.

En aquel entonces, los agricultores ocupaban la mayoría de la población nacional. A ellos, que otrora fueron objetos de las humillaciones y desprecio a causa de no poseer propia propiedad a labrar, se les distribuyó gratis la tierra.  De esta manera se hizo realidad el viejo deseo de los campesinos de cultivar a sus anchas su tierra.

Se publicaron también una tras otra las leyes del trabajo, de la igualdad de los derechos del hombre y la mujer, y de la nacionalización de principales industrias.

Gracias a tales medidas democráticas y populares, los campesinos y trabajadores se convirtieron en dueños de la tierra y fábricas, y hasta las mujeres que estaban humilladas por normas feudales, llegaron a gozar de la nueva vida, como dignas dueñas del país, con los mismos derechos que el hombre.

El régimen electoral popular y democrático, aseguró a nuestro pueblo la auténtica libertad política y derechos. Todos los ciudadanos llegaron a participar en la edificación del Estado, con el derecho a elegir y ser electo.

El pueblo coreano, hecho digno dueño del país, escribió en esta tierra la historia de la construcción de la nueva patria. Todo el pueblo se alzó en respuesta al discurso pronunciado por el gran Líder, Kim Il Sung, en ocasión de su retorno triunfal a la patria, en el que exhortó a hacer activo aporte a la edificación del país con la fuerza los que la tuviesen, con los conocimientos quienes los poseyeran, y con el dinero los que lo tuvieran.

La clase obrera de Kangson restauró en corto lapso de tiempo la acería, y sacó la primera colada en diciembre de 1945, aunque los japoneses cacarearon que con la fuerza y técnica de los coreanos sería imposible rehabilitarla en 10 años. 

Y los pyongyangneses concluyeron en 55 días, la tremenda obra de canalización del río Pothong, la que los imperialistas no pudieron acabar ni en 10 años, aun con la movilización de 3 millones de personas. Se inauguraron de manera sucesiva las fábricas y empresas, y los campesinos acogieron abundante cosecha.

El primero de octubre de 1946, nació la Universidad Kim Il Sung, primer centro de alto estudio en la nueva Corea.

Se transformaron tanto los trabajadores, como montes y ríos, y se rebosaron por doquier alegres risas y cantares.

Todo esto fue la muestra de la auténtica vida, que el pueblo experimentó junto con la liberación nacional, y la orgullosa fisonomía de la nueva Corea.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/36358/la-apoteosica-ofensiva-del-ejercito-rojo-en-asia

Instituto de marxismo-leninismo de Moscú.


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14 de agosto de 2026

Con motivo del 90.º aniversario del inicio de la lucha por la libertad en España



Recogido por Cilly Keller y Reinhardt Silbermann. Hamburg – Moscú. Julio 2026. Traducción de Wolf Hoffmann.

El apoyo de la Unión Soviética a la República Española, 1936-1939.

En 1939, Dolores Ibarruri —«La Pasionaria»—, a quien todos conocemos, pronunció las siguientes palabras sobre la ayuda soviética a la República Española:

«¡No estamos solos!»

«Hay un gran pueblo al que adulan los sapos más repugnantes con su saliva pegajosa. Esa escoria intenta menospreciar la generosa ayuda de este pueblo. Esa escoria intenta menospreciar la generosa ayuda de este pueblo, intenta hacer creer que no nos ayuda o que esa ayuda nos sale muy cara, esa generosa ayuda que recibimos de los pueblos soviéticos en los trágicos días de noviembre de 1936 en Madrid... Demos las gracias como es debido a esfuerzos de los obreros y campesinos de la Unión Soviética, que, de manera noble y generosa, desafían todos los peligros del mar y las trampas de los barcos piratas, y no vacilan en dirigir hacia nuestros puertos sus buques de suministros cargados de mantequilla y azúcar, y de todo aquello que es vital para el triunfo».

El 18 de julio de 1936 comenzó el golpe militar fascista en España. Los amotinados contaron con el apoyo manifiesto de los Estados fascistas.

Tan solo nueve días después, el 27 de julio de 1936, se había creado, bajo el mando de Hermann Göring, un grupo de trabajo especial para organizar la ayuda militar a Franco. El 16 de noviembre de 1936, los alemanes habían creado la «Legión Cóndor», especialmente destinada a la lucha en la península, con 100 aviones y hasta 5.000 efectivos.

El 26 de noviembre de 1936 se sumaron 7.000 hombres más. Además, IG Farben suministró a la Legión Cóndor la bomba incendiaria de varilla de termita «Elektron» B1E, que se utilizó en el ataque aéreo contra Guernica (el 26 de abril de 1937) y otras ciudades vascas. 

La Legión Cóndor intervino en todas las batallas importantes a partir de 1937, como en Bilbao, Brunete, Teruel, y en el frente del Ebro. También participó en la masacre de Málaga, en la que perdieron la vida unas 10 000 personas.

Durante la Guerra Civil Española, la Legión Cóndor no tuvo ningún problema de abastecimiento de productos petrolíferos: Royal Dutch Shell, Texas Oil Company y Standard Oil Company se encargaban de los suministros.

Sin esta intervención, el golpe militar habría fracasado ya en los primeros días.

Cuando estalló el motín, el Gobierno de la República Española estaba convencido de que las «democracias occidentales», Inglaterra, Estados Unidos y, sobre todo, Francia, le prestarían la ayuda necesaria para restablecer la legalidad y el orden republicanos.

Pero no fue así. El Gobierno francés, bajo la presión del Gobierno conservador de Inglaterra y de los círculos reaccionarios franceses, se negó a vender aviones y otras armas a la República Española, e incluso prohibió la exportación del material bélico que ya había sido pagado, y estaba listo para su envío a España.

En los primeros cuatro meses, sólo se pudieron adquirir en Francia 12 cazas «Devoitine» y 6 bombarderos «Potez» —todos ellos sin armamento—. Ambos modelos estaban muy obsoletos. Sin embargo, el «socialista» y primer ministro francés León Blum, se negó a enviar equipamiento militar para estos tipos de aviones.

Al mismo tiempo, Blum ofreció a los gobiernos de los Estados europeos, incluida la Unión Soviética, la firma de un acuerdo que les obligaría a abstenerse de prestar cualquier tipo de ayuda militar a ambas partes.

Veintisiete Estados europeos, entre ellos la Unión Soviética, se adhirieron a este acuerdo. Sin embargo, al adherirse a este Acuerdo de No Intervención, la Unión Soviética planteó dos condiciones categóricas:

1º. Portugal también debía adherirse a este acuerdo.

2º. Debía cesarse de inmediato, la ayuda que algunos Estados prestaban a los amotinados.

Estas condiciones siguieron marcando la línea de lucha de la diplomacia soviética en favor de la causa de la República Española, incluso cuando se constituyó en Londres el Comité de No Intervención, con la participación de todos los países signatarios. 

Los representantes soviéticos en el Comité de Londres, desenmascararon incansablemente el verdadero carácter, y los motivos ocultos de la hipócrita «política de no intervención», cuyos organizadores defendían de palabra la neutralidad, pero que, en realidad, ayudaban a los intervencionistas fascistas.

Tres de los Estados signatarios, no hicieron ningún esfuerzo por cumplir los principios acordados. Se trataba de Portugal, Alemania (que ya a finales de julio de 1936, había suministrado dieciocho aviones de transporte) e Italia (que hasta finales de julio de 1936, había suministrado veintiún bombarderos, que posteriormente atacaron Madrid).

En las reuniones del Comité de Londres de octubre de 1936, la delegación soviética declaró, tras múltiples intentos infructuosos de este órgano por impulsar alguna medida contra la creciente intervención italo-alemana, que la Unión Soviética sólo veía una salida a la situación creada, a saber, devolver al Gobierno de España el derecho a adquirir armas fuera del país.

Cuando la intervención militar abierta de los Estados fascistas llevó a la República al borde del abismo, y el Gobierno español se vio obligado a solicitar ayuda militar a la Unión Soviética, la URSS prestó ese apoyo al pueblo español.


La ayuda humanitaria de la Unión Soviética a la España republicana.

Ya el 2 de agosto de 1936, se celebraron en numerosas ciudades de la Unión Soviética manifestaciones de solidaridad con el pueblo español.

Los trabajadores decidieron por unanimidad recaudar dinero, ropa y alimentos para un fondo de ayuda en beneficio de la República Española.

El 18 de septiembre, el barco «Nevá», capitaneado por el comandante Kore-Nevski, zarpó del puerto de Odesa. Llevaba una carga de alimentos. Ocho días después, el barco llegó al puerto de Alicante. Cuando se izó en el mástil de trinquete, la bandera de la República Española, resonaron a lo largo de todo el paseo marítimo gritos de bienvenida de «¡Viva Rusia!». Los trabajadores portuarios españoles, descargaron rápidamente el barco para que los productos llegaran cuanto antes a las zonas donde se necesitaban con urgencia.

El 26 de septiembre de 1936, el presidente del Consejo de Ministros de la República Española, Largo Caballero, recibió al embajador plenipotenciario de la URSS en España, Marcel Rosenberg, y le pidió que transmitiera su más sincero agradecimiento a los trabajadores de la URSS, por la ayuda desinteresada que habían prestado a las mujeres y los niños de España.

Otra faceta de la ayuda humanitaria de la Unión Soviética, consistió en acoger con gran solicitud, a niños españoles para ponerlos a salvo de los peligros que acechaban en su país.

El comandante de la Fuerza Aérea de la República Española, Ignacio Hidalgo Cisneros, escribió: 

«En aquellos días nos enteramos de la oferta de la Unión Soviética, de acoger a un número ilimitado de niños españoles. Conny (la esposa de Cisneros, nota del autor) y yo, decidimos aprovechar esta oferta y enviar a Luli (su hija, nota del autor) a la Unión Soviética.

La gran distancia nos asustaba un poco, pero estábamos seguros de que allí la cuidarían muy bien, y de que podría continuar su educación en condiciones totalmente normales.

Poco después, Luli y Charito, una niña de su misma edad —hija del teniente de aviación Bruno, a quien los fascistas habían asesinado en los primeros días de la guerra—, embarcaron en el puerto de Alicante en un barco soviético que se dirigía a Odesa».

En la primavera de 1937 llegó el primer barco de vapor, con jóvenes españoles de entre 3 y 16 años procedentes de Asturias. Se construyeron para ellos hogares infantiles, entre otros lugares, en la localidad de Ivanovo. En noviembre de 1938 había 2.848 niños españoles en la Unión Soviética. En internados especiales se les impartía clase en su lengua materna. Todos los niños españoles recibieron educación escolar y formación profesional, y una gran parte de ellos completó estudios universitarios.

Entre los niños de Ivanovo se encontraba también la hija de Dolores Ibarruri: Amaya. Permaneció en este hogar infantil desde septiembre de 1935 hasta diciembre de 1936. En 1941 se encontraba en Moscú y participó en la defensa de la capital soviética.


La ayuda militar de la Unión Soviética a la España republicana

Inmediatamente después de la reunión del Comité de No Intervención celebrada el 9 de septiembre de 1936 en Londres, la URSS comenzó a planificar la ayuda militar a la República, ya que el Gobierno soviético no se hacía ilusiones alguna respecto al golpe fascista, y a la injerencia de los fascistas alemanes e italianos, lo que se confirmó posteriormente.

Iván Mijaílovich Maiski (embajador soviético en Inglaterra entre 1932 y 1943, y representante ante la Sociedad de Naciones entre 1937 y 1939) entregó, en nombre de Moscú, al «Comité para la No Intervención» la declaración del Gobierno soviético, en la que se afirma:

«El acuerdo se ha convertido en una hoja de papel vacía y hecha trizas. Ha dejado de existir. Dado que el Gobierno de la Unión Soviética no desea dejar a las personas en una situación que, por la fuerza de las circunstancias, sirva a una causa injusta, sólo ve una salida a la situación surgida: devolver al Gobierno de España el derecho y la posibilidad de adquirir armas fuera de España, con los mismos derechos y posibilidades de los que actualmente disfrutan todos los gobiernos del mundo. Y que los participantes en el acuerdo tengan libertad para decidir si compran armas para España o no venden nada».

El 29 de septiembre, se presentó al comisario del Pueblo para Asuntos Militares y Navales, Kliment Efrémovich Voroshilov, un plan, así como la decisión sobre la prestación de ayuda militar activa a la España republicana.

Por el momento, por motivos de seguridad, solo se enviaron armas de fabricación extranjera. Aquellas que aún se encontraban en los almacenes del Ejército Rojo de Trabajadores y Campesinos.

A finales de septiembre de 1936, zarpó de Feodósia el primer buque cargado de armas, en el buque cisterna español «Campeche». Su carga consistía en seis obuses ingleses y 6.000 cartuchos correspondientes, 240 lanzagranadas alemanes con 100.000 granadas, 550 ametralladoras de gran calibre, 21.347 fusiles y 16,5 millones de cartuchos.

La carga de los buques que le seguían, el «Komsomol» y el «Viejo Bolchevique», resultó más complicada, ya que transportaban armamento de grandes dimensiones. 

El «Komsomol» llevaba a bordo 50 tanques T-26, y el «Viejo Bolchevique», diez cazabombarderos, desmontados en 120 cajas. Asimismo, se enviaron los primeros dieciséis cazas, desmontados en piezas sueltas y embalados en cajas. El segundo lote, compuesto por catorce bombarderos, estuvo listo el 6 de octubre.

Junto con los aviones, también embarcaron los pilotos. En total se enviaron a España quince pilotos, quince copilotos, diez operadores de radio, cinco mecánicos de motores, quince técnicos aeronáuticos, un maestro de armamento, un técnico de armamento, un plegador de paracaídas, y treinta y uno de personal para el montaje.

Los envíos de material técnico de combate y armas desde la Unión Soviética, se realizaron de acuerdo con las peticiones del Gobierno republicano, que se dirigieron al Gobierno soviético a lo largo de todo el período bélico.

A principios de 1937, se registraron numerosas solicitudes. Por ejemplo, en la carta del presidente del Consejo de Ministros español y ministro de Defensa, Francisco Largo Caballero, dirigida al presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS, Viacheslav Mijaílovich Mólotov, de diciembre de 1936, se entrega una «lista de pedidos prioritarios»:

I.º 60 cazas I-15, con todo el equipamiento y todas las piezas de recambio necesarias, 20 motores de repuesto M 25, y 30 motores de arranque más cinco millones de cartuchos. 

Solicitamos asimismo 60 pilotos, 60 técnicos, 25 especialistas en equipamiento, dos ingenieros aeronáuticos, dos ingenieros de armamento, 15 técnicos para reparaciones, con el equipamiento necesario, y cinco conductores experimentados.

II.º 40 cazabombarderos, con todas las piezas de recambio y el equipamiento, 20 motores de repuesto M 100 y 30 motores de arranque, 1.500 bombas de 100 kilos, 500 bombas de 50 kilos y 1,5 millones de cartuchos. 

Para el funcionamiento de estos aviones, solicitamos 40 pilotos, 40 artilleros, 40 navegantes, 40 técnicos, 20 mecánicos, 15 especialistas en radiocomunicaciones, un ingeniero aeronáutico y un ingeniero especialista en armamento.

III.º 30 aviones de caza DE-6, con todas las piezas de recambio y equipamiento, 10 motores de repuesto y 15 motores de arranque, 2 millones de cartuchos, 10.000 bombas de 10 kilos, 2.500 bombas de 25 kilos, 2.000 bombas incendiarias de 50 kilos. 

Para los aviones, 30 pilotos, 30 artilleros, 30 técnicos, 30 especialistas en armamento, un ingeniero de armamento, un técnico aeronáutico y diez mecánicos.

IV.º 16 bombarderos pesados, con motores y todas las piezas de recambio, así como una tripulación completa de pilotos y artilleros para vuelos nocturnos, además de especialistas en armamento».

En total, se realizaron seis envíos de armas, junto con la tecnología y el personal correspondiente.

La bibliografía recoge un total de 71 viajes marítimos.

La última, la sexta serie, tuvo lugar entre el 15 de diciembre de 1938 y el 15 de febrero de 1939.

Este envío se preparó y se despachó desde el puerto de Murmansk con destino a Francia. Sin embargo, debido a la evolución de la situación política, ya no pudo llegar a la República Española. El 13 de junio de 1938, de forma inesperada, a raíz de las tenaces objeciones de Chamberlain, se suspendieron los transportes ferroviarios y por carretera desde Francia hacia España. 

La frontera permaneció cerrada durante unos seis meses. En dos ocasiones, el ministro de Asuntos Exteriores, Julio Álvarez del Vayo, viajó a París e instó al primer ministro y ministro de Defensa, Édouard Daladier, a que abriera la frontera de los Pirineos.

El 11 de noviembre de 1938, antes de la batalla de Cataluña, el jefe del Gobierno español, Juan Negrín, escribió a Stalin una carta en la que le rogaba encarecidamente que enviara armas a gran escala, lo antes posible, para poder terminar la guerra con victoria. 

A finales de noviembre, Ignacio Hidalgo Cisneros fue enviado urgentemente a Moscú con una carta de Negrín. Cisneros recuerda: 

«... al llegar a Moscú, ese mismo día visité al ministro de Defensa soviético, el mariscal Voroshilov, y le entregué la carta de Negrín... Me sentí muy avergonzado cuando empezaron a examinar las cifras de nuestro pedido.

Me parecieron astronómicas e irreales. Sin embargo, observé con asombro y alegría que Stalin se mostró muy favorable ante esas cifras. Solo Voroshilov bromeó: «¿El camarada Cisneros quiere dejarnos sin armas?». 

Y, al mismo tiempo, su rostro expresaba benevolencia. El debate sobre las listas concluyó con su pleno respaldo. Apenas podía creer lo que estaba pasando, no podía creer que todo se hubiera resuelto con tanta facilidad».

Y todo esto teniendo en cuenta que estas entregas se hicieron a expensas de la URSS, que en diciembre de 1938 concedió a España otro préstamo de unos 100 millones de dólares.

Cisneros recuerda: 

«Las armas iban cargadas en siete barcos soviéticos que habían atracado en puertos franceses. Los dos primeros barcos llegaron a Burdeos cuando nuestro ejército aún tenía tiempo suficiente para utilizar el material suministrado. Pero el Gobierno francés ideó diversos pretextos para retrasar su transporte a través de Francia. Cuando las armas llegaron por fin a Cataluña, ya era demasiado tarde. No teníamos aeródromos donde se pudiera llevar a cabo el montaje de los aviones, ni territorios para defendernos.

Si el Gobierno de Francia hubiera permitido, inmediatamente tras la llegada de los buques soviéticos, el traslado de las armas a la República, el destino de Cataluña podría haber sido otro. Si hubiéramos podido disponer de ese armamento, habríamos tenido la posibilidad de resistir unos meses más. Y, teniendo en cuenta la situación que se estaba desarrollando en Europa, ello habría supuesto el fracaso de la funesta materialización de los planes fascistas».

Tras la Conferencia de Múnich, todos los analistas militares de París pronosticaron la victoria de Franco. El 6 de diciembre de 1938, Alemania y Francia firmaron una declaración de amistad.

El representante temporal de la URSS en España, S. G. Martschenkov, comunicó en un telegrama del 3 de febrero de 1939 al Comisariado del Pueblo para Asuntos Exteriores de la URSS, que una parte significativa de las armas suministradas, había caído en manos de los franquistas, y que no recomendaba realizar más envíos.

El 27 de febrero de 1939, los dirigentes británicos reconocieron al régimen de Franco como el único y legítimo Gobierno nacional de España. A los británicos les siguieron otros países del mundo.

La URSS y México constituyeron una excepción.

La grave derrota que había sufrido la República Española, se reflejó de forma inmediata en el ámbito diplomático, en el equilibrio de fuerzas y otorgó al bando franquista una ventaja significativa, tanto en el ámbito militar como en el político.

De hecho, esto supuso el fin de la República. 176 voluntarios soviéticos descansan para siempre en suelo español


Más información en: 

www.spanishsky.dk/sowjetische-hilfe-spanische-republik


La descarga de un barco, los estibadores con sus cabezas cubiertas con una gorra de alquitrán, apilan las mercancías en los muelles del puerto de Amberes. Grabado de X.Mellery, para ilustrar la historia de Bélgica, por Camille Lemonnier, publicado en el To de Xavier Mellery

El Puerto de Hamburgo pasó a llamarse Puerto de Franco

Por Reinhardt Silbermann, traducido del ruso por Marina Svetlova. (31.7.2026)

En el periodo entre las dos guerras mundiales, Hamburgo fue el centro del comercio internacional armas.

Uno de los periódicos de los emigrados alemanes, publicado en París, llamaba al puerto de Hamburgo "el principal puerto de Franco".

Durante la Guerra Civil Española se enviaron desde Hamburgo los siguientes cargamentos:

- más de 124.000 (124.749) toneladas de material militar, entre ellas aviones, tanques, combustible y municiones.

- 1.078 vehículos.

- 16.746 soldados.

El 31 de julio de 1936, los pilotos de la legión «Condor» llegaron a la estación central de Hamburgo, haciéndose pasar por empleados de la agencia de viajes «Union», para partir hacia España.

Al frente de este grupo, se encontraba un hombre que más tarde se convertiría en el asesino de refugiados indefensos y de civiles de las ciudades de Madrid, Barcelona y Guernica: el primer teniente de las Fuerzas Aéreas, Hannes Trautloff.

(Posteriormente, este asesino hizo carrera en las fuerzas armadas de Alemania Occidental, y llegó a alcanzar el rango de teniente general.)

A última hora de la tarde, aquellos que más tarde se convertirían en verdugos en Guernica, llegaron al transatlántico de la línea marítima alemana con destino a África, llamado «Usaramo».

A través del Sindicato Internacional de Estibadores, el Gobierno republicano de Madrid fue informado de que el barco «Usaramo» estaba en ruta, dirigiéndose hacia allí con armamento y personal a bordo para prestar apoyo a Franco.

El crucero «Jaime I» recibió desde Madrid la orden de interceptar al «Usaramo». Sin embargo, llegó una hora más tarde y, para entonces, el buque alemán ya había entrado en la bahía de Cádiz, que estaba protegida por baterías costeras fascistas.

Bajo el título «El puerto de Franco en Hamburgo: honor y gloria para los marineros de Hamburgo», el 11 de julio de 1937 se publicó en el periódico de la diáspora «Deutsche Volkszeitung» un artículo sobre este transporte de armas.

Las empresas y compañías navieras de Hamburgo mencionadas en este artículo, que obtenían beneficios del transporte de armas, siguen operando en parte hasta la fecha y se consideran «respetados empresarios» de esta ciudad.

Entre ellas se encontraban la compañía naviera «Sloman», la OPDR (Oldenburg-Portugiesische Dampfschiffs-Reederei), «Lloyd» (hoy «Hapag-Lloyd»), «Wörmann», «Rode», «Norderwerft» (en este astillero se equipaban con cañones los barcos pesqueros de vapor), etc.

El artículo periodístico explica además que, además de los buques alemanes, también se fletaban buques extranjeros, por ejemplo, de Suecia y Dinamarca. En otros casos, navegaban bajo pabellón extranjero, por ejemplo, de Perú o Panamá.

Los marineros alemanes se negaron en parte, a hacerse a la mar en estos buques y dimitieron de su servicio.

Por la noche, la Gestapo detuvo por la fuerza a los marineros en sus hogares, y los llevó a bordo de un buque cargado de armas de la compañía naviera OPDR.

El Comité Proletario de Estibadores, supervisó las actividades de los nazis y descubrió que, entre enero y marzo de 1937, se habían cargado al menos 80 millones de cartuchos para fusiles y ametralladoras.

Dio la casualidad de que se oyó un estruendo de cajas en el muelle. Los estibadores dejaron caer «por accidente», al parecer, una caja apilable inofensiva. La caja se rompió, y su contenido quedó a la vista: en el muelle yacían... bombas y munición.

A menudo, los estibadores arrojaban por la borda cajas con armas, gritando «para Teddy» («Teddy» era el nombre en clave de Ernst Thälmann, participante en el levantamiento de Hamburgo).

Los transportistas y marineros de Hamburgo, así como la Federación Internacional de Transportistas, mantuvieron estrechos vínculos durante la Guerra Civil Española, que se fortalecieron, gracias a la participación de miembros de la antigua Unión Internacional Comunista de Marineros y Transportistas (ISH).

Ya a finales del verano de 1936, los estibadores de Hamburgo organizaron una acción de contrapropaganda, cuando desde el puerto de Hamburgo se cargaban envíos militares, camuflados como mercancías comerciales, para su envío a la España franquista.

Mediante pequeños folletos con lemas como: 

«¡No a las armas para Franco!»

«¡Viva la lucha por la libertad del pueblo español!»

«¡Abajo Hitler y Franco!», 

los estibadores hacían un llamamiento a la solidaridad con el pueblo español en los astilleros y los barcos, en los almacenes y en las empresas.

Las consignas con el mismo contenido, pintadas durante la noche en los talleres, y en los muelles del puerto, pudieron ser leídas por miles de estibadores al cambiar de turno.

Por todo el puerto había informantes de la Gestapo.

Pero los estibadores tenían su propio lenguaje secreto, que utilizaban cuando veían a los informantes en los muelles:

Se trataba del «Kesselkloppersprache» («Kesselkloppersprache» (bajo alemán), en alemán coloquial significaba «Kesselklopfersprache» (lengua de los caldereros), se trata de un dialecto alemán propio. Y una lengua jocosa, surgida a mediados del siglo XIX, y ampliamente utilizada por los estibadores en el puerto de Hamburgo, y en el barrio de San Pauli.

De los documentos de la Resistencia de Hamburgo:

«En los lugares de trabajo, crece constantemente la solidaridad con la lucha española por la libertad. En varias fábricas del norte de Alemania, se están recaudando fondos mediante donativos. Por ejemplo, tras la boda de uno de los trabajadores de la fábrica, se recauda una cantidad equivalente a la ayuda semanal para la alimentación. Sin embargo, en realidad estos fondos se destinan al fondo «Ayuda a la España republicana».

La cuestión no se limita a la recaudación de fondos. A medida que los envíos de armas desde Hamburgo a España adquieren un carácter cada vez más masivo, se crea en el puerto un comité secreto de seguimiento y rendición de cuentas, formado por estibadores de Hamburgo, que organiza un «servicio de alerta» en el que participan diversas unidades del puerto. La información precisa sobre los buques que zarpan, cargados de armas y municiones, se da a conocer en repetidas ocasiones a la opinión pública...

En el transcurso de esta campaña, los marineros alemanes se niegan a transportar cargamentos de armas y municiones. Afirman que, en esta ruta, sus vidas corren un peligro constante . En el vapor «Henrika» y en otros buques, los marineros dimitieron por iniciativa propia, pues no deseaban transportar soldados, aviones y armas de Franco...»

A medida que llegaba la información, —por ejemplo, sobre los envíos secretos de armas en el puerto de Hamburgo— se transmitía rápidamente a España, a través de la emisora de radio libre alemana 29.8.

La señal de la emisora se captaba con claridad en Alemania, lo que queda confirmado por la correspondencia de los grupos sindicales clandestinos en Alemania, a través de las representaciones sindicales en el extranjero.

El sindicato comunista francés CGT, abrió en París una representación para la transmisión de noticias. A los mensajeros, se les encargaba entregar la información recopilada por activistas clandestinos, —por ejemplo, sobre el transporte de armas y tropas desde los aeródromos alemanes y desde el puerto de Hamburgo—, a través de la «frontera verde» hasta París.

Era de vital importancia que la información fuera actualizada, para que pudiera difundirse de inmediato en Alemania a través de emisoras de radio de onda corta.

A pesar de la amenaza de una pena de cinco años de prisión por sintonizar esta emisora, tenía una gran audiencia en Alemania.

Incluso tras el fin de la Guerra Civil española, la lucha antifascista continuó en el puerto de Hamburgo. Inmediatamente tras la liberación, en 1945, se fundó un sindicato socialista, cuyo número de afiliados creció rápidamente hasta alcanzar los 50.000 obreros.

Poco después, la administración militar británica lo prohibió. Más de 130 estibadores y marineros de Hamburgo fueron asesinados por los nazis.

12 de agosto de 2026

La biblioteca de Stalin de Geoffrey Roberts. Parte 9.ª


El papel decisivo de liderazgo de Stalin durante la Gran Guerra Patria se basó en un profundo conocimiento, del armamento, terreno y ciencia militar, de estrategia y tácticas, y del contexto político y social más amplio en el que se desarrollaba la guerra.

Maestros de la guerra

Stalin siempre había mostrado un gran interés por los detalles de los asuntos militares. El embajador Averill Harriman observó que Stalin: «tenía una enorme capacidad para asimilar los detalles… En nuestras negociaciones con él, solíamos encontrarlo extremadamente bien informado. Tenía un conocimiento magistral del tipo de equipamiento que le resultaba importante. Sabía el calibre de los cañones que quería, el peso que podían soportar sus carreteras y puentes, y los detalles del tipo de metal que necesitaba para construir aviones» 

(Roberts, pag. 154).

En otra ocasión, Averill Harriman, entonces embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, quien pasó mucho tiempo con Stalin en ese periodo, señaló que para comprender y valorar la URSS de tiempos de Stalin, era necesario conocer algo del pasado de Rusia: 

En su opinión, Stalin era un líder bélico popular. Fue él, quien mantuvo la unidad del país. «Por eso me gustaría destacar mi gran admiración por Stalin, el líder nacional… [en un momento] de uno de esos momentos históricos en los que un solo hombre marcó una gran diferencia»Stalin poseía numerosos libros sobre asuntos militares en su biblioteca. Libros escritos por expertos de la época zarista rusa, entre ellos Enrig Leer (1829-1904), así como de Alemania, como Carl von Clausewitz, autor de Sobre la guerra.

Subrayó especialmente un pasaje del libro de Leer, en el que afirmaba que, tras su derrota ante Napoleón en la batalla de Borodinó en 1812, el general ruso Kutúzov se enfrentaba a la elección de salvar su ejército o salvar Moscú. Finalmente, decidió salvar a su ejército y continuó con una campaña de hostigamiento contra el ejército de Napoleón mientras se retiraba de Moscú.

En octubre de 1941, cuando los ejércitos nazis se acercaban a Moscú, se encontró ante un dilema similar, Stalin tomó la decisión de salvar Moscú como medio para salvar a su ejército. Así que permaneció en la capital y organizó su defensa. El 7 de noviembre de 1941, en el 24º aniversario de la Revolución de Octubre, cuando pronunció un sentido discurso a las tropas soviéticas que iban hacia el frente, dijo:

«Recordad el año 1918, cuando celebramos el primer aniversario de la Revolución de Octubre. Tres cuartas partes de nuestro país estaban en aquel momento en manos de intervencionistas extranjeros. Habíamos perdido temporalmente Ucrania, el Cáucaso, Asia Central, los Urales, Siberia y el Lejano Oriente. No teníamos aliados, no teníamos Ejército Rojo —apenas habíamos empezado a crearlo—. Había escasez de alimentos, de armamento y de ropa para el Ejército. Catorce Estados ejercían presión sobre nuestro país. 

Pero no nos desanimamos, no perdimos el ánimo. En el fragor de la guerra forjamos el Ejército Rojo, y convertimos nuestro país en un campamento militar. El espíritu del gran Lenin nos animó en aquel momento para la guerra contra los intervencionistas. ¿Y qué ocurrió? Derrotamos a los intervencionistas, recuperamos todo nuestro territorio perdido y logramos la victoria». (pag. 156)

Volvió al tema del patriotismo soviético en su apreciación:

«Os ha correspondido una gran misión liberadora. 

¡Hacedla honor! 

… ¡Que las figuras heroicas de nuestros grandes antepasados —Alejandro Nevski, Dmitri Donskói, Kuzma Minín, Dmitri Pozharski, Alexandr Suvorov y Mijaíl Kutúzov—, os sirvan de inspiración en esta guerra! 

¡Que el estandarte victorioso del gran Lenin sea vuestra estrella guía!» (Ibid).

El favorito de Stalin entre los teóricos militares soviéticos era Borís Sháposhnikov, un antiguo oficial zarista que se había alistado en el Ejército Rojo en 1918 y fue comandante del estado mayor general (1937-40, 1941-43). Como Stalin, era "un hombre de acción intelectual además de práctico".

Su libro *Mozg armi* (El cerebro del ejército), basado en las lecciones estratégicas de la Primera Guerra Mundial, era una combinación de gran estrategia y detalles organizativos fundamentales que también caracterizaban el liderazgo militar y político de Stalin. El libro de Sháposhnikov incluía numerosas citas de las obras de Marx, Engels y Lenin, además de las de teóricos estratégicos rusos y occidentales.

Los preparativos soviéticos, contrariamente a lo que afirmaban los detractores burgueses de la URSS y de Stalin, comenzaron a finales de la década de 1920. Durante la década de 1930, la partida destinada a la defensa nacional en el presupuesto aumentó del 10 % al 25 %. La plantilla del Ejército Rojo pasó de menos de un millón a más de cuatro millones. En 1939, la Unión Soviética contaba con el ejército más grande y mejor equipado del mundo y producía anualmente 10.000 aviones, 3.000 tanques, 17.000 piezas de artillería y 114.000 ametralladoras 

(Roberts, pag. 157).

Al igual que Clausewitz, Sháposhnikov creía que la guerra era una prolongación de la política y que, por lo tanto, los objetivos y la orientación general de la guerra eran prerrogativa de los dirigentes políticos. Mientras que el Estado Mayor debía comprender las interrelaciones entre los asuntos internos, exteriores y militares, los dirigentes políticos debían tener un buen conocimiento de las cuestiones militares. 

«En nuestros tiempos», escribió Sháposhnikov, «el estudio y el conocimiento de la guerra son esenciales para todos los dirigentes estatales». (Ídem)

La idea que el libro de Sháposhnikov, ayudó a popularizar la consigna de la "movilización significaba guerra". Esta fue posiblemente una de las razones por las que el Ejército Rojo no se movilizó en los días previos al ataque de Hitler a la URSS, para no precipitar la guerra con Gran Bretaña y Estados Unidos. Estos querían provocar un enfrentamiento, para que se debilitasen tanto su enemigo imperialista, Alemania, como a la odiada URSS socialista.


Enlace original:

Lalkar: Stalin’s Library by Geoffrey Roberts – a resumé and review – Part 9


11 de agosto de 2026

La biblioteca de Stalin de Geoffrey Roberts. Parte 8.ª

 


Por Lalkar, extraído de "Los Comunistas". Partido Comunista de Gran Bretaña, Marxista Leninista.

Stalin realizó trabajos especiales, para contrarrestar la tendencia equívoca de algunos científicos soviéticos, que adoptaban una actitud servil hacia sus equivalentes del Occidente imperialista, más atrasados.
Ciencia y sociedad

Bajo el liderazgo de Andréi Zhdánov en el verano de 1946, se puso en marcha la campaña contra las influencias culturales del capitalismo occidental. Stalin estaba decidido a ampliar la influencia soviética en Europa Central y Oriental, como barrera frente a una futura agresión alemana contra la Unión Soviética.  

En lugar de comprender las preocupaciones soviéticas tras una guerra tan costosa, el imperialismo angloamericano desencadenó la Guerra Fría, y el primer ministro británico Winston Churchill declaró en su famoso discurso de Fulton, que un «telón de acero» había «caído sobre Europa, desde el Báltico hasta el Adriático».  Detrás de ese telón, todos los «antiguos Estados de Europa Central y Oriental estaban sucumbiendo al control totalitario comunista» [Cabe señalar que Churchill tomó prestada la expresión «cortina de hierro» directamente de Goebbels como herramienta propagandística].

Un año más tarde, el presidente estadounidense Harry Truman hizo un llamamiento a la defensa global del «mundo libre» por parte de Estados Unidos, y solicitó fondos al Congreso «para apoyar a los pueblos libres que se resisten a los intentos de sometimiento por parte de minorías armadas o a presiones externas».

Fue en este contexto cuando se puso en marcha la campaña soviética contra la penetración cultural occidental. 

En un discurso pronunciado en 1946, Zhdánov afirmó sin rodeos que: 

«Algunos de nuestros literatos han llegado a verse a sí mismos no como maestros, sino como alumnos, [y] han caído en un tono de servilismo ante la literatura extranjera filistea.  ¿Es ese servilismo propio de nosotros, los patriotas soviéticos, que estamos construyendo el sistema soviético, que es cien veces superior y mejor que cualquier sistema burgués?  ¿Es propio de nuestra literatura soviética de vanguardia… doblegarse ante la literatura burguesa occidental, estrecha de miras y filistea?» (pag. 143).

Cuando funcionarios de la Unión de Escritores Soviéticos se reunieron con Stalin en mayo de 1947, lo encontraron preocupado por la insuficiente educación patriótica de la intelectualidad. «Sienten una admiración injustificada por la cultura extranjera… Esta tradición retrógrada comenzó con Pedro… Había mucha servilismo ante los extranjeros, ante esa gentuza». (pag.143)

En 1947 tuvo lugar un debate público sobre un libro de historia de la filosofía occidental escrito por Gregori Alexandrov, jefe del departamento de propaganda del partido. Se le criticó por subestimar la contribución rusa a la filosofía y por no hacer hincapié en la ruptura del marxismo con la tradición occidental.

La campaña se extendió al ámbito de las ciencias naturales. Los primeros en ser objeto de críticas fueron un biólogo y un microbiólogo, que habían desarrollado un nuevo método de tratamiento contra el cáncer utilizando un microorganismo unicelular. Entregaron una copia del manuscrito sobre los métodos de tratamiento, a unos científicos médicos estadounidenses.

«Por iniciativa de Stalin, el Gobierno aprobó una resolución sobre la creación de tribunales de honor para juzgar si tales acciones eran antipatrióticas.  No se impusieron sanciones penales a los dos científicos, pero a su juicio, celebrado en junio de 1947, asistieron lo más granado de la comunidad médica soviética, así como cientos de curiosos. Un año más tarde, el Comité Central envió una circular secreta a los miembros del partido en la que se relataba el asunto y se criticaba la «esclavitud y servilismo ante todo lo extranjero», y se advertía contra «el arrastre y el seguidismo ante la cultura burguesa de Occidente». (pag. 144)

El imperativo patriótico también quedó patente en el caso Trofim Lisenko. Stalin apoyó la postura de Lisenko, especialmente su convicción de que el mundo natural podía transformarse mediante la intervención humana. 

Lisenko sostenía que los caracteres adquiridos podían heredarse y que, por lo tanto, se veían influidos por los cambios ambientales. Lisenko opinaba que las características adquiridas podían heredarse y, por tanto, estaban influenciadas por los cambios ambientales. Esto iba en contra de los genetistas soviéticos, que sostenían que la herencia era estrictamente una función de los genes y no tenía nada que ver con influencias ambientales o manipulación científica de la naturaleza.

En apoyo a Lisenko, una editorial de Pravda afirmó que "el capitalismo es incapaz no solo de la transformación planificada de la naturaleza, sino de impedir el uso depredador de sus riquezas".

La reputación internacional de la ciencia soviética era motivo de gran preocupación para Stalin tras la guerra. En un libro publicado en 1946 sobre el papel de los científicos soviéticos en el desarrollo de la ciencia mundial, destacó sus contribuciones en campos que abarcaban desde las comunicaciones electrónicas hasta la física atómica, la sismología y el magnetismo.

Cuando se conmemoró el centenario de Iván Pavlov en septiembre de 1949, en la portada de una editorial titulada "Un gran hijo del pueblo ruso", Pravda honró al científico inmortalizado a través de su investigación sobre reflejos condicionados, llamado el concepto de 'respuesta pavloviana'.

El fisiólogo y psicólogo Iván P. Pavlov (1849-1936), según Pravda, fue en su época el científico más famoso de la Unión Soviética. Fue el primer ruso en recibir el Premio Nobel de Medicina en 1904 y, a diferencia de muchos científicos de la época zarista, eligió quedarse en el país tras la Revolución de Octubre. Aunque no era bolchevique, sus métodos de investigación científica materialista se consideraban mucho más preferibles y compatibles, con el marxismo que la introspección y el subjetivismo del freudianismo.

Stalin tenía un ejemplar del libro de Pavlov "Veinticinco años de experiencia, del estudio objetivo de las actividades nerviosas superiores de los animales".

Apoyó plenamente el coloquio organizado conjuntamente por la Academia de Ciencias sobre las enseñanzas fisiológicas del académico I. P. Pavlov en junio de 1950.  Asistieron más de mil personas.  Posteriormente, los principales detractores de las enseñanzas de Pavlov fueron degradados. 

Un par de años después de la muerte de Stalin, se restableció la situación anterior. Se suprimió el Consejo Científico del Comité Central y la implicación del Partido en asuntos científicos pasó a ser mal vista (pag. 148).

Stalin dominaba el materialismo dialéctico, la metodología marxista para comprender todos los aspectos de la existencia humana, incluido el mundo natural. En 1950 intervino en un debate sobre lingüística, centrado en las ideas del historiador y teórico lingüístico anglo-georgiano Nikolái Marr (1865-1934).

Una de las teorías extrañas que promovió Marr era que todos los idiomas se basaban en clases sociales y cambiaban en consonancia con la transformación económica de las bases económicas de las sociedades. Todos los aspectos de la superestructura, sostenía en una aplicación burda de la teoría marxiana de base y superestructura, incluido el lenguaje, fueron moldeados y desarrollados por las relaciones de clase y la dinámica de la base económica. Diferentes clases hablaban diferentes idiomas, y la lengua de clases similares en distintos países tenía más en común entre sí que con sus compatriotas que pertenecían a clases distintas. Por tanto, según Marr, el idioma era una cuestión de clase, no nacional o étnica.

Los seguidores de Marr estaban firmemente arraigados en los círculos lingüísticos soviéticos, pero también tenía sus detractores. Algunos de los libros de Marr se encontraban en la biblioteca de Stalin.  

Uno de los críticos de Marr fue el georgiano Arnold Chikibava, quien, acompañado por los líderes comunistas georgianos Kandid Cherkviani (ambos habían criticado a Marr), viajó a Moscú en abril de 1950, donde se reunieron con Stalin y mantuvieron una larga conversación sobre Marr. Stalin pidió a Chikibava que escribiera un artículo para Pravda sobre la lingüística soviética, que se publicó el 9 de mayo.  Este artículo fue ampliamente revisado por Stalin, quien realizó su habitual labor editorial de afinar y pulir la prosa, insertando algunas frases propias. 

En una sección sobre los orígenes del lenguaje, Stalin añadió que Marr había rechazado la idea de que el lenguaje «surgiera como medio de comunicación entre las personas, como un instrumento que surgió de una necesidad persistente de comunicarse».  El académico Marr olvida que, en los tiempos más remotos, las personas vivían y se mantenían en hordas, en grupos, y no de forma individual. El académico Marr no tiene en cuenta el hecho de que fue precisamente esta circunstancia la que generó la necesidad de comunicarse, su necesidad de disponer de un medio común de comunicación como el lenguaje» (pag. 150).

En una sección en la que se criticaban los métodos artificiales de Marr para acelerar la formación de una lengua mundial, se incluía lo siguiente: «Los marxistas entienden esta cuestión de otra manera.  Sostienen que el proceso de desaparición de las lenguas nacionales y la formación de una única lengua mundial común tendrá lugar de forma gradual, sin recurrir a ningún «medio artificial» para «acelerar» este proceso. La aplicación de tales «medios artificiales» supondría el uso de la coacción contra las naciones, y esto es algo que el marxismo no puede permitir» (ibíd.).

«Al final del artículo, Stalin añadió este párrafo: 

“La formulación teórica de Marr sobre una lingüística general contiene graves errores. Sin superar estos errores, es imposible el crecimiento y el fortalecimiento de una lingüística materialista. Si alguna vez se han necesitado la crítica y la autocrítica, es precisamente en este ámbito” ».

Tras proporcionar la información anterior, Roberts escribe: 

Las interpolaciones de Stalin presagiaron su propia contribución al debate lingüístico, «LO QUE RESULTÓ SER UNA VERDADERA CLASE MAGISTRAL DE CLARIDAD DE PENSAMIENTO Y SENTIDO COMÚN» (pag. 150, es nuestro el énfasis destacado).

Como era su costumbre, antes de intervenir en el debate, Stalin había estudiado muchos libros sobre lingüística. Era un lector rápido y, casi a diario, había un montón nuevo de libros sobre lingüística en su estudio en Kuntsevo.

Stalin argumentaba que el lenguaje fue creado por toda la sociedad y desarrollado por cientos de generaciones de personas: 

"El lenguaje existe, el lenguaje ha sido creado precisamente para servir a la sociedad en su conjunto, como medio de interacción entre personas ... servir a los miembros de la sociedad por igual, independientemente de su estatus de clase."

Atacó la idea de que los idiomas se basaran en la clase: 

"La cultura puede ser burguesa o socialista", dijo, "pero el lenguaje, como medio de interacción, es siempre un idioma común para todo el pueblo y puede servir tanto a la cultura burguesa como a la socialista." (pag. 151)

La característica distintiva de las lenguas, señaló Stalin, era que derivan su uso y poder de la gramática, así como de un vocabulario compartido. 

"La gramática es el resultado de un proceso de abstracción llevado a cabo por las mentes humanas durante un largo periodo de tiempo, es la indicación de un tremendo logro de pensamiento."

En una entrevista posterior con Pravda, Stalin criticó la opinión de Marr de que el pensamiento podía estar separado del lenguaje. Cualesquiera que sean los pensamientos que puedan surgir en la mente del hombre, surgen y existen únicamente en base al material lingüístico, en la terminología y las frases del lenguaje. 

Marr, dijo Stalin, era "un simplificador y vulgarizador del marxismo", que había "introducido en la lingüística un tono immodesto, jactancioso y arrogante" y debatía el estudio comparativo-histórico del lenguaje como 'idealista'.

Stalin publicó cinco contribuciones en Pravda sobre este asunto. En su declaración final, reiteró su opinión de que todas las lenguas acabarían fusionándose en una sola lengua común, pero que ese proceso sólo llegaría tras la victoria mundial del socialismo. Mientras tanto, cientos de lenguas seguirían coexistiendo, y no se cuestionaba suprimir ninguna ni afirmar la superioridad de ninguna de ellas.

Los artículos de Stalin sobre marxismo y lingüística se publicaron en todos los periódicos soviéticos. Se leían por la radio y se reimprimían como folletos con tiradas de millones. Los programas lingüísticos fueron renovados para incluir nuevos cursos sobre la enseñanza de Stalin acerca del lenguaje. El breve texto de Stalin realmente generó océanos de literatura.


Enlace original:

https://thecommunists.org/2026/05/01/news/history/stalins-library-geoffrey-roberts-resume-book-review-pt8