18 de abril de 2015
108 minutos de vuelo que cambiaron la historia.
6 de agosto de 2012
Ilyá Mijáilovich Frank, un extraordinario físico soviético

Ilyá Mijáilovich Frank (1908-1990), nació en San Petesburgo en 1909, hijo de un profesor de Matemáticas y de una doctora en Medicina, ambos reputados miembros de la comunidad científica. Tras cursar sus estudios de enseñanza primaria y secundaria, se matriculó en la Universidad Estatal de Moscú, donde realizó la carrera de Ciencias Físicas y contó con el magisterio del eminente físico Sergei Vavilov.
En 1930 se licenció y al año siguiente se incorporó al Instituto de Óptica “Profesor A. N. Terenin”, de Leningrado, iniciando una brillante carrera como investigador que le conduciría a trabajar desde 1934 en el “Instituto de Física Lebedev”, dependiente de la Academia de Ciencias de la URSS. En 1935 obtuvo el título de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas y por la extraordinaria importancia de sus trabajos fue nombrado en 1944 Director del Departamento de Física Nuclear de la Universidad de Moscú, un puesto de suma importancia teniendo en cuenta el papel que iba a desempeñar la energía nuclear en el final de la Segunda Guerra Mundial y en los posteriores años de la llamada “Guerra Fría”.
En 1946 se le concedió el “Premio Stalin” y se incorporó a la Academia de Ciencias de la URSS; en 1957 fue nombrado Director del Laboratorio de Neutrones del Instituto Conjunto de Investigaciones Nucleares, y en 1958 fue galardonado con el Premio Nobel de Física (1).
Ilyá Mijáilovich se interesó en sus primeros trabajos por la fotoquímica y la fotoluminiscencia y a partir de 1934 se ocupó básicamente de física nuclear. En 1937, en colaboración con Ígor Tamm logró dar una explicación satisfactoria al denominado “efecto Cherenkov”, una radiación azulada que se presenta cuando las partículas elementales se desplazan a una velocidad superior a la luz en el interior de un líquido.
El físico soviético Pavel Alekséyevich Cherenkov, que recibió el Premio Nobel en 1958, junto con Frank y Tamm, comprobó la existencia de una radiación de tipo electromagnético producida por el paso de partículas en un medio a velocidades superiores a la de la luz en dicho medio. La explicación de Frank se basa en que si en el vacío la velocidad de la luz no puede superarse, sí es posible en un medio líquido en el que ésta es inferior. Cuando una partícula cargada atraviesa un medio dieléctrico a una velocidad superior a la velocidad de la luz en ese medio, los átomos del medio emiten una onda de radiación coherente a un ángulo dado por la relación entre la velocidad de la luz en el medio y la velocidad de la partícula. Esta radiación se manifiesta en un color azul intenso característico de los reactores nucleares.
Los contadores atómicos basados en estos hallazgos se han utilizado en los laboratorios de todo el mundo para registrar el comportamiento de las partículas de alta energía.
Otro de los campos de investigación de Frank fue el de los rayos gamma (radiación electromagnética de carga energética muy elevada), consiguiendo transformar dicha energía en un electrón y su correspondiente antipartícula (un positrón), y descubriendo que ambas partículas se desintegraban mutuamente, dando lugar a un nuevo rayo gamma.
NOTAS:
1. Durante la existencia de la Unión Soviética, fueron galardonados con el Premio Nobel de Física los siguientes investigadores:
Pavel Cherenkov (1958).
Ígor Tamm (1958).
Ilyá Frank (1958).
Lev Landau (1962).
Nicolay Basov (1964).
Alexandr Prokhorov (1964).
Piotr Kapitsa (1978).
30 de abril de 2012
Landau, uno de los genios de la física soviética
Su inmenso talento le hizo acreedor en 1929 de una beca de viaje concedida por el gobierno soviético y, tras una breve estancia en Göttingen y Leipzig, se trasladó a Copenhague para trabajar en el prestigioso Instituto de Física Teórica dirigido por Niels Böhr, al que consideró siempre como su maestro. Después de visitar Cambridge y Zurich regresó a la Unión Soviética en 1932.
Entre 1932 y 1937 dirigió el Departamento de Física Teórica en el Instituto de Mecánica y Construcción de Maquinaria de Járkov. En 1938, en respuesta al requerimiento de Pyotr Kapitsa, uno de los más prestigiosos físicos de la Unión Soviética, se trasladó a Moscú para dirigir la división técnica del Instituto de Problemas de Física. El 28 de abril de ese mismo año, Landau fue arrestado y encarcelado por actividades contrarrevolucionarias. Sin embargo, Kapitsa escribió a Molotov, presidente del gobierno, solicitando su puesta en libertad para que le ayudase en un importante descubrimiento en el que estaba trabajando. Landau salió en libertad condicional en abril de 1939 y retomó sus investigaciones.
Este episodio nos parece relevante en varios sentidos. El físico holandés Hendrik Casimir, que conoció a Landau en Copenhague, le recuerda como un comunista ferviente que ensalzaba las oportunidades que la revolución había deparado al desarrollo de la Física. Es probable que fuera objeto de una falsa acusación y, por tanto, víctima de una represión que respondía a causas extremadamente complejas, entre ellas la agresividad que las potencias fascistas mostraban hacia la URSS, los sabotajes internos y la oposición a la política de planificación y colectivización. Ahora bien, el hecho de su liberación, tras un año de encarcelamiento, desmiente que el sistema penitenciario soviético fuera una especie de inmenso agujero negro que engullía a millones de personas cuyo destino indefectiblemente era la muerte. El caso de Landau no es una excepción y demuestra que el sistema penal de la URSS, del que formaban parte los campos de trabajo, no tenía nada que ver con el universo concentracionario de arbitrariedad y exterminio que dibujan los historiadores anticomunistas.
Landau desarrolló un amplio campo de trabajo que incluye la teoría de la superconductividad y la superfluidez, la electrodinámica cuántica, la física nuclear y la física cuántica. En 1962 obtuvo el Premio Nobel de Física por su teoría para explicar la superconductividad del helio II, estado del helio líquido por debajo de los 2,2º K.
La superconductividad es un estado de la materia en el cual no existe resistencia eléctrica, lo que significa que no hay disipación de energía al pasar corriente eléctrica por un material superconductor, y sus aplicaciones son de tres tipos: generación de campos magnéticos intensos, la fabricación de cables de conducción de energía eléctrica y la electrónica. Dentro del primer tipo destaca la posibilidad de fabricar trenes “levitados”; es decir, que flotan sobre los raíles sin tener fricción con ellos, alcanzando altísimas velocidades. El helio II es una mezcla de dos fluidos, conocidos como componente normal y componente superfluido. A medida que va disminuyendo la temperatura y se llega a los 0º Kelvin, todo el helio II es superfluido. En ese estado se convierte en un elemento con propiedades de superconductor. Landau estableció la teoría que explicaba esa propiedad especial, cómo se producía y a través de qué mecanismos.
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Stalin aceleró el programa atómico soviético y Landau tuvo una importante participación en el proyecto, especialmente en la faceta de cálculos matemáticos. Tal y como sus colegas afirmaban, «en el inmenso edificio de la física del siglo XX, no hay ninguna puerta cerrada para Landau». Bajo su dirección trabajaron renombrados científicos, como Lev Pietaevskii, Alexei Alexeevich Abrikosov, Evgeny Lifshitz, Lev Gorkovo o Isaac Jalatnikov. Aficionado a las clasificaciones, estableció una lista en la que incluyó a diferentes físicos ordenándolos con notas de 0 a 5, siendo el 0 la calificación más alta. Este fue el grado que mereció Isaac Newton. Albert Einstein recibió un 0,5. Los padres de la física cuántica, Niels Böhr, Werner Heisenberg, Paul Dirac y Edwin Schrodinger recibieron un 1 y él mismo se otorgó un 2,5, que mejoró después con un 2.
En 1962 sufrió un gravísimo accidente automovilístico que le ocasionó lesiones de las que nunca llegó a recuperase completamente, falleciendo en 1968.
Landau publicó numerosas obras, destacando el “Curso de Física Teórica”, escrito en colaboración con E. M. Lifshitz, y publicado en siete volúmenes en 1938, que después se ampliarían a diez. Su trabajo fue ampliamente reconocido. Además del Premio Nobel, obtuvo el título de “Héroe del Trabajo Socialista” (1954), la “Orden de Lenin” en tres ocasiones (1949, 1954 y 1962), la “Orden de la Bandera Roja del Trabajo” (1945) y tres “Premios Stalin” (1946, 1949 y 1953). También fue galardonado en Alemania con el Premio Planck en 1960. Fue miembro de la Royal Society de Londres y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
6 de agosto de 2011
Alexandr Mijailovich Prójorov, el desarrollo del Laser.
Alexandr Mijáilovich Prójorov, Александр Михайлович Прохоров (en ruso), nació el 11 de Julio de 1916 en Atherton, Queensland, Australia, en el seno de inmigrantes rusos. Falleció en Moscú, el 8 de Enero de 2002.
Extraordinario físico soviético, cuyas soluciones dieron a la humanidad uno de los más importantes descubrimientos del siglo XX, el desarrollo de la técnica del Laser. Quizá este artículo pueda parecer muy técnico, por la complejidad de los procesos de sus hallazgos, pero por su importancia y para el conocimiento de los trabajadores, detallo su impresionante personalidad e ingenio. Si se hubiera quedado a vivir en donde nació, Australia, sus capacidades hubieran sido desconocidas. Pero tras la Revolución de Octubre el pequeño Alexandr y sus padres volvieron a la Unión Soviética.
Tras una educación modelo, con altas notas en matemáticas y física, ingresa en 1934 en el Departamento de Física de la Universidad Estatal de Leningrado. Tuvo como profesores a eminentes científicos soviéticos y asistió a clases magistrales de profesores como V. A. Fock, en las materias de mecánica cuántica, teoría de la relatividad; al eminente investigador S. E. Frish en física general y espectroscopia; al Profesor E. K. Gross en cuanto a física molecular, entre otros.
En 1939 tras graduarse, entra a trabajar como investigador en el Instituto de Física PN Lebedev en Moscú, uno de los más avanzados laboratorios de física avanzada del mundo, en aquel tiempo dirigido por el académico N. D. Papaleksi. Allí, junto con otros jóvenes graduados comenzó a estudiar los problemas de la propagación de las ondas de radio. En 1941 tiene como compañera a G. A. Shelepina, geografo, con la que tiene un niño.
Pero en Junio del 41 marcha voluntario al Ejército Rojo. Toda la Unión Soviética debía defenderse contra las hordas nazis que querían destruir la cultura soviética. Cada mujer y cada hombre eran imprescindibles para la defensa del país de los soviets y Alexandr por sus capacidades en telecomunicaciones aún más. Fue herido dos veces. Tras la segunda convalecencia en 1944 regresa al laboratorio de Lebedev, bajo la dirección del Profesor S. M. Rytov.
Empieza a desarrollar sus teorías. Así en 1946 defiende su tesis sobre la estabilización de la frecuencia de un oscilador de tubo dentro de un parámetro pequeño, en 1947 a instancias del profesor V. I. Veksler, Projorov llevó a cabo un estudio de la radiación coherente de electrones, dentro de los parámetros de ondas en centímetros. En 1951 como tesis de su doctorado escribe el ensayo "Radiación coherente de electrones en el acelerador de Sincotrón". La clave de la invención es el concepto de emisión estimulada que fue introducido por Einstein ya en 1917. Por un análisis teórico de la fórmula de la radiación de Planck descubrió que el conocido proceso de absorción debe ir acompañada de un proceso complementario que implica que la radiación recibida puede estimular los átomos que emiten el mismo tipo de radiación. En este proceso se encuentra un medio potencial para la amplificación. Sin embargo, la emisión estimulada fue considerado durante mucho tiempo como un concepto puramente teórico, que no podía ponerse a trabajar o incluso ser observados, ya que la absorción sería el proceso completo que domina todas las condiciones normales. Una amplificación puede ocurrir sólo si la emisión estimulada es más grande que la absorción, y esto a su vez exige que debe haber más átomos en un estado de alta energía que en una más baja. Como una condición inestable de energía en la materia que se llama una polarización invertida. Un momento esencial en la invención del máser y el láser, por lo tanto, es crear una polarización invertida en estas circunstancias en que su emisión estimulada puedan ser utilizadas también para su amplificación.
Sus descubrimientos esenciales
Ya en 1950 era subdirector del laboratorio siendo su superior el científico M. A. Leontovich. En aquellos años su influencia es determinante. Alrededor de él se van agregando muy jóvenes científicos que tienen una visión realista de las investigaciones sobre la radioespectrotoscopia y la electrónica cuántica. Campos muy poco avanzados en el mundo, por la dificultad extrema de los ensayos, que requerían una elevada dosis de experiencia en múltiples materias. Se requería pues, un nuevo tipo de científico, que abordara los problemas desde diferentes ángulos. En la sociedad de la Unión Soviética de aquellos tiempos, el trabajo colectivo era esencial, pues el desarrollo tecnólogico y social era normales en una sociedad libre. La investigación logró unas cimas muy difíciles de alcanzar hoy día, porque estaban construyendo una sociedad más equilibrada, donde el esfuerzo personal y colectivo era reconocido. Solamente dentro del Socialismo es posible alcanzar tales metas.
Así en 1954 ya como director, junto a su colega el científico Nikolai Gennadievich Basov, desarrollan la idea del oscilador molecular. A la vez es nombrado profesor de la Universidad M. V. Lomonósov de Moscú. Después de múltiples estudios teóricos, en 1955 proponen un método para la producción de una absorción negativa, llamada de bombeo. De forma paralela, van investigando los espectros de Resonancia Paramagnética Electrónica (EPR), y los tiempos de relajación de varios tipos de cristales. Investigaciones muy innovadoras porque su particularidad era la continua experimentación con iones de los elementos del grupo del hierro en la red de AI(2),O(3).
Así en 1957 con la participación indispensable del profesor A. A. Manenkov, descubren en el rubí el material vehicular. El rubí está formado por óxido de aluminio con una pequeña dosis de cromo. Los iones de cromo dan al rubí el color rojo, y también son responsables del efecto láser. La polarización invertida es producida por la luz de una lámpara de flash de xenón. Esta es absorbida por los iones, al ponerlos en un estado tal que pueden ser estimuladas para emitir una luz roja con una longitud de onda bien definida. Así se desarrollaron los primeros máseres (amplificación de microondas por emisión estimulada de radiación),así como el primer láser (amplificación de luz por emisión estimulada de radiación), de hecho el máser óptico, es decir, el láser, se remonta a 1958, y dos años más tarde ya era operativo. Por aquel tiempo, junto con el Instituto de Física Nuclear de la Universidad de Moscú, construyen uno de los máseres para una longitud de onda de 21 cm., utilizando la Estación de Investigaciones de Radioasotromía Física de Pushino. Ahora se utiliza este tipo de máseres de iones en ciertos metales incrustados en un cristal adecuado. Estos máseres trabajan como receptores extremadamente sensibles a las ondas de radio cortas. Son de gran importancia en la astronomía por radio y están siendo utilizados en la investigación espacial para la grabación de las señales de radio de los satélites.
Sus actividades son increíbles. Los métodos de EPR, también se utilizaron para el estudio de los radicales libres. En particular, la transición de un radical libre de DPPH de un estado paramagnético en un estado antiferromagnético a 0.3K como observaron. Así en 1958, Projorov sugiere un láser de infrarrojos para la generación de una oferta sin límite de ondas. Hoy en día este resonador, llamado interferómetro de Fabri-Pero es ampliamente utilizado en casi todos los láseres. Su extraordinaria mente y su capacidad de trabajo van gradualmente explorando nuevas técnicas con láseres sólidos y su utilización física en procesos multiquantum. El paso de las microondas a la luz visible significa un aumento de 100.000 veces en la frecuencia y las causas de tales cambios en las condiciones de esta operación, hacen que el láser puede ser considerado como una invención esencialmente nueva. A fin de lograr la densidad de radiación tan alta requerida para la emisión estimulada y que esta pase a ser dominante, la materia radiante tiene que estar situada entre dos espejos, para que la fuerza de la luz atraviese los objetos muchas veces. Durante este proceso la radiación estimulada crece como una avalancha hasta que todos los átomos han perdido su energía por la radiación. El hecho de que la radiación estimulada y estimulante tienen que estar exactamente en la misma fuerza y frecuencia, esencial para el resultado del proceso. En virtud de esta resonancia todas las partes del proceso activo unen sus fuerzas para dar una fuerte descarga. El láser emite lo que se llama una luz coherente, y esta es la diferencia decisiva entre el láser y una fuente de luz ordinaria, donde los átomos irradian bastante independientes unos de otros. Por lo general, un gran número de pulsos sucesivos de luz láser se emiten durante el tiempo de un parpadeo de la lámpara , pero al retrasar el lanzamiento hasta que la energía acumulada ha alcanzado un máximo esta la energía se proyecta en un impulso muy grande. El poder de la luz emitida puede llegar a más de un centenar de millones de vatios. Además, dado que el haz de rayos emergentes es estrictamente paralelo, toda la energía se puede concentrar por medio de una lente en un área muy pequeña, produciendo un enorme poder por unidad de área. Desde el punto de vista científico, es especialmente interesante que la intensidad del campo eléctrico producido en la onda de luz puede ascender a unos cientos de millones de voltios / cm y así superar las fuerzas que mantienen a las capas de electrones de los átomos. La densidad de fotones de alta gama abre posibilidades totalmente nuevas para el estudio de la interacción de la radiación y la materia.
Sus descubrimientos fueron reconocidos por el pueblo soviético con las más altas distinciones. Tres Órdenes de Lénin, así con múltiples medallas, como la del Héroe del Trabajo Socialista. Sus descubrimientos son ampliamente divulgados en occidente, por sus implicaciones prácticas en múltiples campos científicos e industriales.
Junto a A. S. Selivanenko en 1963, utilizan un laser de dos transiciones cuánticas. En 1964, junto con su compañero Nikolai Gennadievich Basov y el norteamericano Charles Hard Townes, reciben el Premio Nobel de Física.
Escribe junto con otros eminentes científicos soviéticos una serie de obras fundamentales en la construcción de láseres de luz infrarroja y visible, así como ensayos de óptica no lineal. Edita en 1969 la Gran Enciclopedia Soviética. Después de morir, la Academia General Rusa de Ciencias Físicas, se denominó "Instituto General de Física A. M. Projórov, de la Academia Rusa de Ciencias".
Los láseres, además de convertirse en un arma de la técnica, están desarrollándose exponencialmente como un escalpelo para la ciencia: año tras año están ayudando a descubrir tantos fenómenos inesperados, que los científicos exprimen de su experiencia en todos los campos científicos explorando las propiedades más recónditas de la materia, acerca de las cuales hubiera sido imposible sospechar antes de la aparición del láser. En las próximas décadas, se continuarán abarcando increíbles aplicaciones, que Alexandr Mijailovich Prójorov proporcionó con su descubrimiento, porque estoy seguro que este fantástico camino científico solamente ha comenzado...
Fuentes:
* Gran Enciclopedia Soviética de la Ciencia. Moscú 1969.
* Revista "Unión Soviética" 1981.
* Diccionario Enciclopédico de Física. A. M. Prójorov. Editorial Rubiños 1860, S.A. 1995
* Blogs. amanecerrojo1922, Sovietskaya Rossia, Ría Novosti, física.net.
22 de marzo de 2011
Los tres superhéroes de Chernóbyl
Extraído de blog. Lapizarradeyuri
Puede que salvaran a millones de personas sacrificando sus vidas, y ya nadie se acuerda.
Es una de las historias más conocidas de nuestro tiempo: el día 26 de abril de 1986, el reactor nº 4 de la central nuclear de Chernóbyl estalló durante el transcurso de una prueba de seguridad mal ejecutada, a consecuencia de 24 horas de manipulaciones insensatas y más de doscientas violaciones del Reglamento de Seguridad Nuclear de
Sobre Chernóbyl se han contado muchas mentiras. Y las han contado todos, desde las autoridades soviéticas de su tiempo hasta la industria nuclear occidental, pasando por los propagandistas de todos los signos y la colección de conspiranoicos habituales. Hay una de ellas que me molesta de modo particular, y es esa de que los liquidadores –el casi millón de personas que acudieron a encargarse del problema– eran una horda de pobres ignorantes llevados allí sin saber la clase de monstruo que tenían delante. Y me molesta porque constituye un desprecio a su heroísmo.
Y porque es radicalmente falso. Una turba ignorante no sirve para nada en un accidente tecnológico tan complejo. Los equipos de liquidadores estaban compuestos, sobre todo, por bomberos, científicos y especialistas de la industria nuclear; tropas terrestres y aéreas preparadas para la guerra atómica; e ingenieros de minas, geólogos y mineros del uranio, debido a su amplia experiencia en la manipulación de estas sustancias. Es necio suponer que esta clase de personas ignoraban los peligros de un reactor nuclear destripado cuyos contenidos ves brillar ante tus ojos en un enorme agujero.
Los liquidadores acudieron, sabían lo que tenían ante sí, y a pesar de ello realizaron su trabajo con enorme valor y responsabilidad. Cientos, miles de ellos, de manera heroica hasta el escalofrío. Los bomberos que se turnaban entre vómitos y diarreas radiológicas para subir al mítico tejado de Chernóbyl, donde había más de 40.000 roentgens/hora, para apagar desde allí los incendios (la radiación ambiental normal son unos 20 microrroentgens/hora). Los pilotos que detenían sus helicópteros justo encima del reactor abierto y refulgente para vaciar sobre él los buckets de arena y arcilla con plomo y boro. Los técnicos y soldados que corrían a toda velocidad por las galerías devastadas cantándose a gritos las lecturas de los contadores Geiger y los cronómetros para romper paredes, restablecer conexiones y bloquear canalizaciones en turnos de cuarenta o sesenta segundos alrededor de la sala de turbinas (20.000 roentgens/hora). Los mineros e ingenieros que trabajaban en túneles subterráneos, inundándose constantemente con agua de siniestro brillo azul, para instalar las tuberías de un cambiador de calor que le robase algo de temperatura al núcleo fundido y radiante a escasos metros de distancia. Los miles de trabajadores y arquitectos que levantaban el sarcófago a su alrededor, retiraban del entorno los escombros furiosamente radioactivos y evacuaban a la población. Salvo a los soldados, sometidos a disciplina militar, a nadie se le prohibía coger el petate e irse si no quería seguir allí; casi nadie lo hizo. Es más: muchos de ellos llegaron como voluntarios desde toda
Les llamaban, y se llamaban a sí mismos, los bio-robots, que seguían funcionando cuando el acero cedía y las máquinas fallaban. No lo hicieron por el dinero, ni por la fama, de lo que tuvieron bien poco. Lo hicieron por responsabilidad, por humanidad y porque alguien tenía que hacer el maldito trabajo. Hoy quiero hablar de tres de ellos, que hicieron algo aún más extraordinario en un lugar donde el heroísmo era cosa corriente. Por eso, sólo se me ocurre denominarlos los tres superhéroes de Chernóbyl.
El monstruo del agua que brilla en azul.
Lo único que hay de cierto en estas suposiciones sobre la ignorancia de los liquidadores es que, en las primeras horas, no sabían que había estallado el reactor. Pero no lo sabían porque nadie lo sabía. La misma lógica errónea de los responsables de la instalación que provocó el accidente les hizo creer que había estallado el intercambiador de calor, no el reactor; y así lo informaron tanto al personal que acudía como a sus superiores. Hay una historia un tanto chusca sobre cómo los aviones que llevaban al lugar a destacados miembros de
Debido a este motivo, en un primer momento se echaron sobre el agujero millones de litros de agua y nitrógeno líquido, con el propósito de mantener frío y proteger así el reactor que creían a salvo y sellado más allá de las llamas y el denso humo negro. Esto contribuyó a empeorar las consecuencias del siniestro, pues el agua se vaporizaba instantáneamente al tocar el núcleo fundido a más de
De todos modos, tenía poco arreglo: era preciso apagar los enormes incendios. Cuando el fuego quedó extinguido por fin, no sólo había pasado la contaminación al aire, sino que ahora tenían una gran cantidad de agua acumulada en las piscinas de seguridad bajo el reactor. Estas piscinas de seguridad, conocidas como piscinas de burbujas, se hallaban en dos niveles inferiores y tenían por función contener agua por si fuese preciso enfriar de emergencia el reactor. También servían para condensar vapor y reducir la presión en caso de que se rompiera alguna tubería del circuito primario (de ahí su nombre), junto a un tercer nivel que actuaba de conducción, inmediatamente debajo del reactor. Así, en caso de ruptura de alguna canalización, el vapor se vería obligado a circular por este nivel de conducción y escapar a través de una capa de agua, lo que reduciría su peligrosidad.
Ahora, después de la aniquilación, estas piscinas inferiores estaban llenas a rebosar con agua procedente de las tuberías reventadas del circuito primario y de la utilizada por los bomberos para apagar el incendio y en el vano intento de mantener frío el reactor. Y sobre ellas se encontraba el reactor abierto, fundiéndose lentamente en forma de lava de corio a
Se tomó, pues, la decisión de vaciar estas piscinas de manera controlada. En condiciones normales, esto habría sido una tarea fácil: bastaba con abrir sus esclusas mediante una sencilla orden al ordenador SKALA que gestionaba la central, y el agua fluiría con seguridad a un reservorio exterior. Pero con los sistemas de control electrónico destruidos, esto no resultaba posible. De hecho, la única manera de hacerlo ahora era actuando manualmente las válvulas. El problema es que las válvulas estaban bajo el agua, dentro de la piscina, cerca del fondo lleno de escombros altamente radioactivos que la hacían brillar tenuemente en color azul por radiación de Cherenkov. Justo debajo del reactor que se fundía, emitiendo un siniestro brillo rojizo.
Así pues, como las máquinas ya no podían, era trabajo para los bio-robots.Alguien tendría que caminar, un paso detrás del otro, hacia el reactor reventado y ardiente a lo largo de un grisáceo campo de destrucción donde la radioactividad era tan intensa que provocaba un sabor metálico en la boca, confusión en la cabeza y como agujas en la piel. Viendo cómo tus manos se broncean por segundos, como después de semanas bajo el sol. Y luego sumergirse en el agua oleaginosa y de brillo tenuemente azul, con el inestable monstruo radioactivo encima de las cabezas, para abrir las válvulas a mano: una operación difícil y peligrosa incluso en circunstancias normales.
Ese era un viaje sólo de ida.
Al parecer, la decisión sobre quién lo haría se tomó de manera muy simple; con aquella vieja frase que, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre bastó a los héroes:
–Yo iré.
Los tres hombres que fueron.
Los dos primeros en ofrecerse voluntarios fueron Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov. Alexei Ananenko era un prestigioso tecnólogo de la industria nuclear soviética, que había participado extensivamente en el desarrollo y construcción del complejo electronuclear de Chernóbyl: cooperó en el diseño de las esclusas y sabía dónde estaban ubicadas exactamente las válvulas. Casado, tenía un hijo. Valeriy Bezpalov era uno de los ingenieros que trabajaban en la central, ocupando un puesto de responsabilidad en el departamento de explotación. Estaba también casado, con una niña y dos niños de corta edad.
Los dos eran ingenieros nucleares. Los dos comprendían más allá de toda duda que se disponían a caminar de cara hacia la muerte.
Mientras se ponían sus trajes de submarinismo sentados en un banco, observaron que necesitarían un ayudante para sujetarles la lámpara subacuática desde el borde de la piscina mientras ellos trabajaban en las profundidades. Y miraron a los ojos a los hombres que tenían alrededor. Entonces uno de ellos, un joven trabajador de la central sin familia llamado Boris Baranov, se alzó de hombros y dijo aquella otra frase que casi siempre ha seguido a la anterior:
–Yo iré con vosotros.
Era media mañana cuando los héroes Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov se tomaron un chupito de vodka para darse valor, agarraron las cajas de herramientas y echaron a andar hacia la lava radioactiva en que se había convertido el reactor número 4 del complejo electronuclear de Chernóbyl. Así, sin más.
19 de enero de 2010
La ecología soviética de Vernadsky
J.M.Olarieta
No hay color. No hay país que en el siglo pasado resista la comparación con el espectacular desarrollo de las ciencias en la URSS. Fue un salto vertiginoso del analfabetismo, la incultura y la ignorancia, a las luces y la ilustración. Si hablamos de psicología, por ejemplo, ningún país tiene tantos y tan extraordinarios psicólogos como Pavlov, Bejterev, Vygotsky, Luria, Leontiev o Rubinstein. Había muchos, eran de primerísima línea y eran diferentes entre sí: formaban parte de corrientes distintas y a veces mutuamente enfrentadas. Lo mismo podemos decir de la física, en la que pocos países pueden competir con descubridores de la talla de Kapitsa, Lamm, Lipschitz o Landau. Podríamos decir otro tanto de las demás ciencias.
No obstante, si pudiera elegir a algún científico soviético con el que poder discutir en una celda de aislamiento, me quedaría con Vladimir I. Vernadsky (1863–1945), a quien tengo dificultades para encajar en un área concreta del conocimiento porque le considero un sabio renacentista: las revolucionó todas. Vernadsky cambió muchas cosas: cambió nuestra manera de ver la ciencia pero, sobre todo, cambió nuestra manera de ver la vida. A aquellos que leyeron sus obras los sacó del Cretácico.
Como son pocos (lo soviético hay mantenerlo en cuarentena), es necesaria una pequeña presentación que se tiene que remontar a una generación de científicos revolucionarios aparecidos en la Rusia de mediados del siglo XIX como pocas veces se ha dado en la historia y que podíamos ejemplificar en uno de los mejores: Chernichevski. Eran revolucionarios científicos en el sentido más amplio de la expresión, materialistas que impulsaron el avance de las ciencias, al tiempo que se enfrentaron de una manera decidida a la autarquía zarista, pagando bien caro su atrevimiento.
Una de las ideas originales de aquellos científicos rusos, que influyó poderosamente tanto en Lenin como en Kropotkin, fue la de cosmos, que involucraba una visión integradora del universo en el que todas sus partes estaban interrelacionadas. Pues bien, pocos científicos soviéticos siguieron esa línea tan decididamente como Vernadsky. De ahí que no sea fácil buscarle un único hueco entre las ciencias: minerólogo, geoquímico, radiogeólogo, oceanógrafo.. . Hoy los pedantes lo calificarían como interdisciplinar. Pocos autores han puesto de manifiesto la unidad de la ciencia y la dificultad de compartimentarla como Vernadsky.
El científico soviético escribió en 1926 su obra más conocida, “La biosfera”, una expresión que entonces no se utilizaba. Fue él quien la definió de una manera magistral, como el lugar que ocupa la vida en el universo conocido. Vernadsky puso a la vida (materia viva la llamaba él) dentro del cosmos. Fue el primero en estudiar los efectos de la deforestación sobre el clima; fue el primero en estudiar los efectos de las radiaciones solares y cósmicas sobre los seres vivos; fue el primero en estudiar la función de la capa de ozono y el efecto invernadero; fue el primero, en fin, en poner la ecología sobre una base científica.
Los fenómenos del cosmos están mutuamente relacionados. La biosfera, según Vernadsky, expresa la interacción dialéctica tanto del componente inerte, como del vivo e incluso habló de la existencia de un tercero, la noosfera, que expresa la intervención del hombre sobre el universo que le rodea. La geología, la biología y la cultura, en su sentido más amplio, se condicionan mutuamente. Las tres esferas expresan fases sucesivas de desarrollo evolutivo de la materia. Son diferentes y, al mismo tiempo, cada una surge de la anterior, tejiendo una red de relaciones y condicionamientos mutuos.
Las interacciones que se despliegan, especialmente la intervención del hombre sobre la biosfera, crea una nueva forma de relaciones mutuas, la noosfera, un estado irreversible, de tal manera que, como explicó Vernadsky, no es posible restaurar la biosfera a ningún estado previo. Tampoco es posible el crecimiento cero. Del mismo modo que la evolución aleja la biosfera de sus puntos de partida, también la noosfera se aparta cada vez más del equilibrio o, dicho en otras palabras: las sociedades humanas no se acercan sino que se alejan de la naturaleza sin ninguna posibilidad de retorno.
Es fácil comprobar que esto aleja a Vernadsky y a la ecología científica de la inmensa mayoría de las corrientes que hoy se tienen por tales.
Cuando –como en este caso- se lanza un panegírico sobre alguien, también hay que poner manifiesto sus errores y limitaciones para que veamos que no se trata de un dios griego sino de un hombre de carne y hueso, casi como nosotros mismos. Pues bien, uno de los errores científicos más importantes de Vernadsky es su defensa de la teoría de la biogénesis, la continuidad de la vida, que está hoy profundamente arraigada en la biología contemporánea. Según esta tesis, la vida proviene de la vida misma, se continúa a sí misma: no tiene sentido preguntar por el origen de la vida.
Es interesante ponerlo de manifiesto por el contraste con la obra que Oparin publicaba casi al mismo tiempo que Vernadsky, la que le ha dado fama mundial: El origen de la vida. Mucho más joven, Oparin le cita varias veces a Vernadsky en su libro, pero no le critica, a pesar de que ambas tesis son radicalmente incompatibles. Oparin tenía razón frente a Vernadsky.
Pero lo interesante no es quién de ellos tenía razón. La gran sorpresa de la ciencia soviética es que en la URSS se publicaron casi al mismo tiempo dos obras que defendían tesis totalmente opuestas. En esta materia, como en tantas otras, en la URSS sí había un auténtico debate científico, sí existía la posibilidad de conocer puntos de vista divergentes, los soviéticos sí pudieron tener una visión realmente amplia y diversa de los interrogantes que el universo plantea al conocimiento humano.
Tampoco aquí hay color. La URSS pasó por encima del nivel alcanzado por la ciencia en los países capitalistas, lo sobrepasó y se puso a años luz de distancia. Se va a cumplir un siglo de la obra de Vernadsky y Oparin y es difícil mencionar una obra que esté a la altura de cualquiera de ellos.
La errónea tesis de la continuidad biótica de Vernadsky tiene dos fuentes inspiradoras. Por un lado, la teoría del cosmos de los materialistas rusos del siglo XIX, que ya he mencionado, y por el otro, el influjo del misticismo de Bergson. Cuando Vernadsky estuvo en Francia de 1922 a 1926, no sólo estuvo en contacto con Bergson sino también con su discípulo LeRoy y con el paleontólogo jesuita Teilhard de Chardin. Por eso la obra de Vernadsky no se puede entender sin esas referencias al idealismo francés de la preguerra.
Es en París y en la lengua de Molière donde Vernadsky publica su “Geoquímica”. En la capital francesa Vernadsky también estuvo en contacto con Marie y Pierre Curie, los cuales le transmitieron sus conocimientos sobre las radiaciones, que Vernadsky incorporó magistralmente.
Cuando en 1926 regresa a Leningrado, organiza un laboratorio de biogeoquímica que en 1934 se traslada a Moscú. En 1936 Vernadsky presenta en Moscú los resultados de la primera investigación de su laboratorio sobre la acción de determinados minerales (yodo, estroncio, bario y calcio) sobre la salud humana, algo que hoy es corriente (oligoelementos) pero que en su momento resultó espectacular.
Más espectaculares aún resultaron sus investigaciones sobre los efectos de las radiaciones sobre los organismos vivos, un descubrimiento soviético que los manuales de biología atribuyen a los estadounidenses. Además, el laboratorio de Vernadsky demostró que era posible determinar la edad de los estratos geológicos con métodos radioactivos, de lo que deriva la técnica del carbono-14 que hoy todos los paleontólogos utilizan.
Junto con su ayudante Jlopin, en 1932 Vernadsky comenzó la construcción de un artefacto revolucionario: el ciclotrón, un acelerador de partículas para estudiar las colisiones de los elementos subatómicos, crear poderosas fuentes de energía así como armas con gran poder destructivo. Los primeros físicos atómicos de la URSS, entre ellos Kurchatov, se formaron en el laboratorio de Vernadsky, quien luego se integró en la comisión del uranio y empezó a trazar los primeros mapas de la radiactividad en la Unión Soviética, en búsqueda de yacimientos de minerales pesados.
El trabajo atómico de Vernadsky me resulta enormemente sorprendente, teniendo en cuenta su biografía personal, que se superpone a la de la misma Rusia. En la Revolución de 1905 Vernadsky había sido el fundador del partido kadete, el partido burgués por excelencia de la Rusia zarista. Tras la Revolución de Febrero de 1917, Vernadsky había sido viceministro de Educación del gobierno de Kerenski. Tras la Revolución de Octubre huyó a Kiev, y cuando el Ejército Rojo expulsó a los blancos de la capital ucraniana, huyó otra vez y se refugió en Crimea a la sombra del ejército contrarrevolucionario. Cuando nuevamente el Ejército Rojo tomó Crimea, la Cheka le detuvo y se lo llevó a Moscú junto con toda su familia.
Está claro: Vernadsky no es bolchevique. En 1926 tuvo la oportunidad de quedarse en París con los demás exiliados. Fue la opción que tomó su hijo, que vivió toda su vida en Estados Unidos trabajando como profesor de historia de Rusia. ¿Por qué regresó su padre? ¿Por qué colaboró con los planes quinquenales?
Su caso es parecido al de Pavlov, quien hasta su muerte en 1939 no perdió ocasión de criticar duramente a los bolcheviques y a los soviets. Pero lo mismo que Vernadsky, Pavlov se quedó en la URSS, investigó en la URSS y jamás le faltaron los medios que pidió. Ninguno de ellos hubiera podido continuar sus investigaciones en otro país diferente.
Así, pues, en la URSS no conocieron el pensamiento único. ¿Cuál fue la política científica de la URSS? ¿Por qué los bolcheviques financiaron a quienes les criticaban? Es algo a lo que no estamos acostumbrados en los países capitalistas, en donde para que te subvencionen una investigación tienes que tener un padrino, ponerle en la lista de agradecimientos cuando la publiques y lamerle las botas a cada paso.
La política científica soviética jamás hubiera tenido el éxito arrollador que tuvo de no ser por algo que desconocen los académicos burgueses: la defensa de la verdad por encima de todo, por encima de favoritismos y de camarillas, incluso sacando fondos y financiación de donde no los había, en los momentos más duros en los que apenas se había superado el hambre y la carestía.
El socialismo es grande, el socialismo es eterno. Han caído algunos países socialistas pero el socialismo se ha quedado para siempre. Volverá más bien pronto que tarde porque, en realidad, nunca se fue. Sus conquistas, sus progresos, sus avances son imperecederos. Están ahí para que las generaciones del mañana las encuentren cuando necesiten de ellas. Es algo tan gigantesco que sobrepasa con mucho su propio carácter de clase: hasta los científicos burgueses como Pavlov y Vernadsky se dieron cuenta de que el futuro de la ciencia, de la verdad y del conocimiento no puede estar en otro sitio más que en el socialismo. Lo demás, lo que conocemos, es el imperio de la mentira y el engaño.
Lean lo que escribió Vernadsky en 1932: “No estamos hoy en una crisis de nerviosismo, no en un tiempo para la vacilación de almas débiles; sino en un gran punto de inflexión en la historia del pensamiento científico, en una crisis que solamente ocurre una vez en mil años, una que no ha sido presenciada por muchas generaciones. Estando en este punto, con la visión de futuros logros ante nosotros, deberíamos estar felices de que nos toque vivir en este momento y participar en la creación del mañana”.
Tomemos nota de ello.
(*) El libro “La Biosfera” de Vernadski no se tradujo hasta 1997 al castellano y se puede consultar en este enlace: http://www.fcmanriq ue.org/recursos/ publicacion/ 4a265c0bLabiosfe ra1-2.pdf


