
Por Esteban Zúñiga y Nestor Guadaño. Materiales originales sacados, de los comentarios de Daria Jrushiova, sobre las obras de Bertolt Brecht, en ruso.
¡Camaradas!
Compartimos con vosotros varios artículos, ignorados por la mayoría de la clase obrera, que acentúan la importancia de la nueva época que la humanidad entró tras la Revolución de Octubre, cuando tuvo lugar la emancipación obrera.
Primeramente compartimos con vosotros un breve artículo de Bertolt Brecht escrito en 1936, en pleno apogeo del fascismo.
Al leer este texto hoy, uno no puede evitar pensar que gran parte de lo que Brecht escribió hace casi noventa años, lo vemos también cotidianamente hoy.
Han cambiado las formas, tecnologías y métodos de influencia sobre la población, pero la cuestión sigue siendo la misma:
¿Es capaz la mente humana de hacer frente a la violencia, cuando la propia capacidad del ser humano para pensar por sí mismo, se convierte en una amenaza para el orden dominante?
Brecht demuestra que la supresión de la razón, no significa necesariamente la destrucción completa de la ciencia, la educación o el conocimiento técnico. Por el contrario, la clase capitalista, bajo la cara fascista, puede necesitar trabajadores educados y técnicamente competentes capaces de producir, construir, inventar y llevar a cabo asuntos complejos.
Pero se les exige, no transferir su capacidad de razonamiento, para discernir sobre las cuestiones más importantes de la vida social.
Todo el pensamiento derivado del artículo, nos hace pensar, porqué y quiénes necesitan más de encontrar las razones, para meramente el conocimiento o para usarlas...
Bertolt, analiza esta última principal trinchera, poco desarrollada por los materialistas científicos, ¿Dónde se encuentra la frontera entre el conocimiento profesional y el pensamiento independiente?
"REFLEXIÓN SOBRE EL PODER DE RESISTENCIA DE LA RAZÓN
Las medidas extremadamente severas que en la actualidad aplican los Estados fascistas contra la razón, medidas tan metódicas como violentas, nos llevan a preguntarnos si la razón humana es capaz, como fuerza absoluta, de hacer frente a esta poderosa ofensiva.
Las afirmaciones optimistas generales, del tipo «al final, la razón siempre triunfa» o «cuanto más se persigue a la razón, más se desarrolla», no llevan a desarrollarla mucho más lejos. Tales exhortaciones, en sí mismas, no son muy racionales.
Es sorprendente hasta qué punto puede verse mermada la capacidad humana de pensar, ya se trate de la mente de un individuo o de la de pueblos, e inclusive clases enteras. La historia del pensamiento humano conoce largos períodos de esterilidad parcial o total, ejemplos de retroceso y decadencia, aterradores. Con los medios adecuados, se puede organizar la estupidez a escala muy grande.
En determinadas circunstancias, una persona puede llegar a creer que dos por dos no es cuatro, sino cinco. El filósofo inglés Hobbes ya lo predijo en el siglo XVII: «Si la afirmación de que la suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos rectos, entrara en contradicción con los intereses de los empresarios, estos quemarían al instante todos los libros de texto de geometría».
Partamos de la base, que ningún pueblo produce jamás más razón de la que pueda necesitar, y a menudo menos (y si alguna vez se diera un exceso de producción de razón, esta no encontraría salida). Por consiguiente, si no podemos señalar un uso totalmente concreto para la razón, ni una necesidad totalmente concreta en este momento de la misma, para la preservación del orden existente, entonces tampoco podemos afirmar que la razón resistirá las duras persecuciones actuales.
Cuando afirmo que, para que la razón pueda resistir, debe ser necesaria para la conservación del orden existente, lo digo de forma muy meditada. No digo, a propósito, que la razón fuera necesaria para la transformación del orden existente.
El mero hecho de que, sin la participación de la razón, no se pueda mejorar el actual orden —horrible hasta la deshumanización—, me parece incongruente, para que la mayoría de la población entienda este régimen destructivo.
Un retrógrado sistema social, puede perdurar durante mucho tiempo.
Sería más correcto decir:
«Cuánto peor es el orden, menos razón hay.»
Y no: «cuanto peor es el orden, más razón se produce».
Y, sin embargo, creo como ya he dicho, que se produce tanta razón como la necesaria para mantener el orden existente. Por lo tanto, la cuestión es saber cuál será exactamente esa cantidad.
Porque, repito una vez más, debemos preguntarnos cuántos razonamientos, cuántas excusas son necesarias, para generar en un futuro próximo, el continuo mantenimiento del orden existente.
Es curioso que no haya dudas, de que el orden social en los estados fascistas no puede prosperar, porque sea un gobierno fracasado, mal concebido. El nivel de vida en ellos decae y todos ellos, sin excepción, necesitan guerras para sobrevivir. Sin embargo, hay que analizar, el porqué para mantener ese sistema tan macabro requiera especialmente de poca inteligencia de las masas. La absoluta falta de pensamiento inteligente, para ellos, para esos estados, es necesaria y se alienta la ignorancia constantemente, y no en escasa cantidad, sino con una dedicación muy específica.
Se podría decir así: la mente de la población en estos países debe estar desfigurada. Debe ser una mente regularizada, desanalizadora, que se pueda aumentar sus efectos o reducirlos mecánicamente, según sea necesario. Debe ser rápida y contundente, cuando se oiga un silbato. Tiene que ser capaz de controlarse a sí misma, para «volver a su sitio», de atacarse a sí misma, de destruirse a sí misma.
Analicemos los tipos de razonamiento que los fascistas requieren.
Un físico tiene que ser capaz de construir instrumentos ópticos para la guerra, que garanticen un gran alcance de visión, pero, al mismo tiempo, ser capaces de pasar por alto, fenómenos peligrosos para él mismo y su entorno más cercano, por ejemplo, en su universidad. Construir cuando se le ordene, dispositivos defensivos contra los ataques de naciones extranjeras. Sin embargo, no se atreverá a pensar en cómo defenderse de los ataques de sus propias autoridades.
Un médico busca en su clínica un remedio contra el cáncer, que amenaza a sus pacientes, pero no se atreverá a buscar remedios contra la iperita y las bombas aéreas, que le amenazan a él mismo en su propia clínica. Porque el único remedio contra el envenenamiento por gas, sería un remedio contra la guerra.
Los trabajadores intelectuales deben perfeccionar constantemente su capacidad de razonamiento lógico en sus ámbitos específicos, pero capaces también de no trasladar esa habilidad a la sociedad, a lo esencial: el poder de la clase gobernante. Deben ocuparse de que la guerra sea terrible, pero la decisión sobre si habrá guerra o paz, se les priva, se ven obligados a confiarla a individuos, que evidentemente poseen escasas capacidades intelectuales. En estos ámbitos fundamentales de la vida se enfrentan a métodos y teorías que, si se aplicaran a sus campos específicos, como la física o la medicina, parecerían medievales.
La cantidad de inteligencia, que necesitan las clases dominantes de la sociedad burguesa para gestionar los asuntos corrientes, no necesita estar recordando este dominio social. En ese actual orden estatal de clase, impone considerablemente sus prerrogativas por cualquier medio, inclusive en tiempos de guerra. La guerra moderna se encuentra llena, de enormes formas de propaganda e imposición de voluntades.
La escuela pública, en los actuales tiempos, no se creó porque las clases dominantes de la sociedad se guiaran por consideraciones ideales de servicio a la inteligencia, sino porque era necesario elevar el nivel intelectual general, de amplios sectores de la población, para dar servicio a la industria moderna, solamente esos sectores. Si se reduce en exceso el nivel de comprensión de los trabajadores, la industria no podría subsistir. Por consiguiente, por mucho que las clases dominantes lo deseen por razones bien conocidas, este nivel no puede reducirse en exceso. Los analfabetos no sirven para la guerra moderna.
La potente difusión de la cultura en la URSS, ligada a la implantación de la escuela pública, contribuyó, además del auge de la industria, a un extraordinario aumento de las exigencias de las amplias masas populares en todos los ámbitos: esto sentó unas bases sólidas para su aspiración al poder.
Podemos formular la siguiente tesis: para reprimir y explotar a las grandes masas, las clases dominantes fascistas necesitan que estas dispongan de una cantidad controlada de inteligencia. Que puedan comprender, en algunos sectores de la producción de alta calidad, pero controlando no verse amenazados por la propia represión y explotación.
Este tipo de razonamientos llevan a la conclusión, que las incursiones de los gobiernos fascistas para controlar los grados de la inteligencia del pueblo, acabarán con el tiempo, es un quijotismo vano. Se ven continuamente «obligados» a admitir la existencia de una cantidad cada vez más grande de trabajadores bien formados, e incluso favorecer su acumulación. Pueden criticar la educación integral pública, todo lo que se les ocurra.
Pueden además, declarar la capacitación de todos los obreros como una enfermedad, pueden calificarla como «educar el instinto animal», pero incluso para pronunciar esas palabras, necesitan construir radios, que deben su existencia a la formación de trabajadores cualificados. Para mantener su dominio, necesitan que las masas tengan exactamente la cantidad de razonamientos necesarios, para mantener su poder dictatorial".
El pensamiento de Bertolt Brecht, en la evolución del teatro moderno.
El 14 de agosto de 1956 falleció el dramaturgo, escritor y teórico del arte alemán Bertolt Brecht. Sus fórmulas del «teatro épico», las técnicas de la «alienación», son tan famosas como el legendario sistema de Stanislavski. Las obras que escribió hace más de medio siglo, inspiradas en la actualidad de su época, siguen siendo de gran relevancia hoy en día.
«Hacer que los espectadores renuncien... a la ilusión de que cualquiera, en el lugar del personaje representado, actuaría de la misma manera»: he aquí la tarea principal del «teatro épico». Este hace hincapié en un polo de la síntesis dramática, distinto al del sistema desarrollado varias décadas antes por el pedagogo ruso Konstantín Stanislavski.
Según Brecht, la tarea del actor no es empatizar con el personaje, sino, por el contrario, distanciarse bruscamente de él. El «yo» de Stanislavski es el «él» o «ella» de Brecht. Sus personajes están profunda e irreversiblemente quebrantados, desprovistos de ese núcleo que suscitaría compasión. Entre los principios fundamentales y los consejos que daba a los jóvenes actores, Brecht insistía en que memorizaran las primeras impresiones del personaje, en que redactaran y recitaran en voz alta comentarios sobre el papel, en que improvisaran y en que intercambiaran papeles con sus compañeros de escena.
Su sistema «no — sí» es una fórmula compleja en la que el actor, además de lo que hace en el escenario, debe hacer que el espectador vea, comprenda y sienta algo más, algo que él no hace. Por ejemplo, no se desmaya, sino que cobra vida. No quiere a sus hijos, sino que los odia. Es decir, el actor interpreta lo que hay detrás de la «A», pero lo hace de tal manera que el público comprenda lo que hay detrás del «NO».
En la obra de Brecht, la trama y las historias de los personajes se funden en un todo único con un elemento reflexivo y abstracto. La acción se ve interrumpida por comentarios del autor, monólogos, lecturas de periódicos y, en ocasiones, demostraciones de experimentos físicos.
Brecht rompe en el teatro la ilusión de un desarrollo continuo de los acontecimientos, y destruye la técnica de la reproducción minuciosa de la realidad. Al desarrollar su estética, Brecht recurre a tradiciones olvidadas: introduce en la obra coros y canciones, digresiones líricas y tratados filosóficos. No le basta con el mero «comportamiento natural en las circunstancias planteadas».
Como todo el arte que desarrolla al ser humano, conmoviendo sus mas profundos sentimientos, obliga al espectador a pensar. En la escena teatral nada tiene que darse por sentado, reaccionando con el público a sacar sus propias conclusiones. Hasta el fin de su vida sostuvo la tesis de que el teatro podía contribuir a modificar el mundo. Su idea clave fue que el arte teatral necesitaba de una comprensión total y activa de la historia
Para él, el teatro es una creación continua que trasciende la mera verosimilitud. Y la «alienación» es un instrumento de la lógica y la poesía misma, llena de sorpresas y brillantez. Como escribió Brecht: «Un signo inequívoco de que algo no es arte o de que alguien no entiende el arte, es el aburrimiento».
En su obra teatral «Conversaciones de refugiados», de 1944, Bertolt Brecht escribía: «Al espectador le interesa especialmente, los sentimientos y pensamientos que se han convertido en algo poco común».
Al componer sus obras, como reacción al contexto de la historia agresiva, dictatorial y totalitaria de la Alemania de los años treinta y cuarenta, el dramaturgo soñaba —no estaba convencido del todo—, de que el mundo estaba a punto de cambiar, y que sus obras acabarían por quedar obsoletas. El mundo cambió de verdad, pero la obra de Brecht no se perdió en una tétrica nueva realidad.
Mas, profundamente en todo el mundo se le estudia, se interpreta y se replantea. Hoy, en sus ensayos y obras se encuentran respuestas a las cuestiones más candentes de la lucha de clases.
6 de mayo de 1945.
¿POR QUÉ SE CONDENA AL FASCISMO, Y NO AL CAPITALISMO QUE LO ORIGINA?
"Señores, no estén tan contentos de la derrota, porque aunque el mundo se haya puesto de pie, y haya detenido al Bastardo, la Puta que lo parió, está caliente de nuevo."
(Bertolt Brecht, 6 de mayo de 1945).
Desde el momento en que empezarían a aflorar los primeros indicios de la Segunda Guerra Mundial, Bertolt Brecht se vería impelido a abandonar Suecia ante la amenaza de la invasión nazi de los países vecinos y cercanos de Alemania.
Se iniciaría así, en su vida, un tiempo marcado por la espera de conseguir un visado para poder exiliarse hacia los EEUU. Consiguiendo el visado necesario el 3 de mayo de 1942, y abandonaría así una Europa sometida a la barbarie del nazismo, volando de Finlandia a los EEUU.
Se estableció en California, concretamente en la localidad de Santa Mónica, donde tendría una actividad literaria muy prolífica, capitaneando el movimiento literario conocido como "Exiliateratur" y donde crearía alguna de sus mejores obras, todas marcadas por un toque político rebelde y nítidamente social: "La vida de Galileo Galilei", "Madre Coraje y sus hijos" y "El círculo de tiza caucásico".
Fue un período literario donde quería mostrar, la necesidad de un cambio, -mezclando el lenguaje clásico con el habla de la población, de la calle, y utilizando versos libres, un tanto irregulares- pretendiendo y logrando, sacudir la conciencia pública, y llevar a los seres humanos desde una actitud acrítica y pasiva hacia la reflexión y la acción. Resaltando y expresando en todo tiempo y lugar, su frontal oposición al fascismo y al nazismo, y criticando el sistema capitalista, lo que había hecho también antes de verse obligado a dejar Alemania.
Escribió guiones para la industria de Hollywood, pero no fueron aceptados por las grandes productoras cinematográficas. Organizó algunas representaciones teatrales, en la mayoría de los casos en escenarios para emigrantes, siendo Brecht espiado y perseguido por sus ideas políticas.
Durante su estancia en EEUU, manifestaría su desprecio hacia el obstinado y triunfante narcisismo del estilo de vida estadounidense, basado en el dinero y en el sistema del patronazgo artístico, según el cual si un escritor deseaba llegar a ser algo debía postrarse antes los ricos incultos.
Cómo se sentía, se vería reflejado en su poema de 1942, "Elegías de Hollywood", donde utilizando un "colmillo" sarcástico, expresaría tanto su amargura, como su menosprecio de la cultura instalada en el imperio:
"La ciudad toma el nombre de Los Ángeles,
y uno se los encuentra
en cada esquina.
Huelen a gasolina y llevan pesarios de oro,
y con sus orejas azuladas
alimentan a los escritores,
en sus piscinas,
todas las mañanas."
Allí viviría con frustración su oficio de escritor. Además de estar siempre muy observado, y examinado por su ideología, abiertamente comunista y antifascista.
Nada más finalizar la II.ª Guerra Mundial con la derrota de la Alemania nazi, Bertolt Brecht escribiría, el 6 de mayo de 1945 -cuando aún estaban humeante las cenizas de Adolf Hitler-, una de las frases que quedarían para la historia, y que siempre nos debe servir como alerta para aquellos y estos momentos, que le traería serios problemas con las autoridades, y los poderosos de los EEUU, centro del capitalismo:
"SEÑORES, NO ESTÉN TAN CONTENTOS DE LA DERROTA (se refiere a la derrota de Hitler), PORQUE AUNQUE EL MUNDO SE HAYA PUESTO DE PIE, Y HAYA DETENIDO AL BASTARDO (el fascismo), LA PUTA (el capitalismo) QUE LO PARIÓ, ESTÁ CALIENTE DE NUEVO."
Una exposición rotunda y abierta de su pensamiento. De que el fascismo era una causa directa del capitalismo, reclamando que el fascismo no era más que una de sus apariencias, de sus "poses". El imperialismo aplica métodos distintos de explotación y de ejercicio del poder, para el control de las clases dominantes.
Respondiendo a varios interrogantes que ya se había hecho años antes, en 1934:
"Hay verdades sin consecuencias prácticas.
Por ejemplo, esa opinión tan extendida sobre la barbarie: el fascismo sería debido a una oleada de barbarie que se ha abatido sobre varios países, como una plaga natural. Así, al lado y por encima del capitalismo y del socialismo habría nacido una tercera fuerza: el fascismo.
Para mí, el fascismo es una fase histérica del capitalismo, y, por consiguiente, algo muy nuevo... y muy viejo. En un país fascista el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, y bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más engañosa.
Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena, si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica para la mayoría de la población.
Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.
Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios, que éstos olvidan que tales métodos se practican también en sus propios países."
(Bertolt Brecht. "Las cinco dificultades para decir la verdad". Berlín, 1934).
Cuestiones que le llevarían a enfrentarse, a la propaganda fomentada por los medios capitalistas de que con la derrota del fascismo, se había conseguido conquistar la libertad. Ocultando que el capitalismo y el fascismo compartían la misma raíz. Y definiendo al fascismo como una oculta estrategia del capitalismo cuando se vería atacado, cuestionado,.. y como un expresión bárbara del capitalismo para atemorizar a los rivales políticos.
En los años inmediatamente posteriores a la II.ª Guerra Mundial, las autoridades e instituciones estadounidenses, ante el temor de que pudiera aumentar la influencia comunista en la sociedad, pondrían en marcha una caza de brujas, opresora sobre quienes en alguna ocasión, hubieran criticado tanto el sistema capitalista como el modo de vida de los estadounidenses, acusándoles de deslealtad , subversión o traición a la patria.
Siendo Bertolt Brecht investigado por sus actividades "antinorteamericanas", para seguidamente catalogarle como un elemento muy peligroso por sus ideas comunistas, obligándole a testificar el 30 de octubre de 1947, junto a otros 41 escritores, directores, actores, productores y guionistas de Hollywood, acusados de deslealtad por el Comité de Actividades Anti Estadounidenses, encabezaba por el senador republicano Joseph McCarthy.
En un primer momento, Bertolt Brecht manifestaría su intención de no presentarse a la cita para declarar, al igual que otros 19 de los citados. Sin embargo, viendo que la presión se iba haciendo insostenible y peligrosa, hacia todos los movimientos comunistas y anarquistas, y que se vería acelerada y aumentada a la sombra de las decisiones del senador republicano Joseph McCarthy, aparecerían las listas negras que comenzarían a circular abiertamente, Bertolt Brechr cambiaría su estrategia para afrontar el problema que sobre él se cernía peligrosamente.
Una vez que había llegado la fecha del 30 de octubre de 1947, el día en que estaba citado para testificar, Bertolt Brecht se pesentaría ante el House Un-American Activities Committee (Comité contra las actividades antiamericanas), y allí declararía que no formaba parte del Partido Comunista y nunca lo había hecho anteriormente. Los problemas de comunicación causados por las dificultades con el inglés de Bertolt Brecht, más o menos intencionadas, hicieron que la citación se alargara más horas de lo esperado, pero una vez hubo terminado, Bertolt Brecht tenía los planos claros.
Un día después del interrogatorio, y mientras se estrenaba en Nueva York su obra teatral "La vida de Galileo", abandonaría, el 31 de octubre de 1947, los EEUU tomando un avión para regresar a Europa, finalizado su exilio en EEUU, para trasladarse, vía París, a Zurich, residiendo en Suiza durante un año, pues resultaba que era el único país al que podía viajar.
En 1948, tras quince años de exilio, volvió a Alemania Oriental. Comenzó a trabajar en la obra de Sófocles, "Antígona". A la vez trabajó en otra obra importante, el "Pequeño Organum" para el teatro, siendo director general Deutsches Theater. Una representación de gran relevancia, pues en ella expone que el teatro, es como todo el arte, un entretenimiento del intelecto, para tomar conciencia social por parte del espectador y ello se consigue, mostrando la realidad como proceso en movimiento, es decir, mostrando sus contradicciones.
Funda ese mismo otoño junto a Helene Weigel el "Berliner Ensemble", para llevar a la escena práctica sus teorías teatrales, formando una pléyade de discípulos y cientos de entusiastas colaboradores.
En 1954, Brecht recibe el "Premio Stalin de la Paz".
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