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2 de septiembre de 2026

Entrevista concedida por el camarada José Stalin al periodista estadounidense Roy Howard en 1936

Por Bitácora Marxista Leninista.

La siguiente entrevista, fue concedida por José Stalin al periodista estadounidense Roy Howard el 1 de marzo de 1936. Una época de grandes tensiones internacionales, pero también, de varios notables sucesos en la Unión Soviética, como se reflejará en la entrevista. Veremos en los análisis de Stalin sobre todos estos acontecimientos, una comprobación una vez más, de la lucidez del bolchevique a la hora de responder a las preguntas del entrevistador.

Esta entrevista además, sirve para comprobar la justeza de la línea soviética a nivel exterior. Por ejemplo, como prometió Stalin en esta entrevista, la Unión Soviética estaba dispuesta a ofrecer su ayuda a la República Popular de Mongolia en caso de ser invadida por el imperialismo japonés, esta promesa se hizo realidad en 1939 en la batalla de Jaljin Gol, donde las fuerzas japonesas sufrieron una grave derrota frente a las fuerzas soviético-mongolas, derrota que haría que Japón no invadiera ninguno de los dos países durante la Segunda Guerra Mundial.

También, cuando le preguntan sobre los focos de guerra, el georgiano apunta que la guerra se podría iniciar o bien por el extremo oriente, por Japón y las políticas belicistas contra otros Estados, o en Europa, no tanto con Italia, sino más bien por Alemania. Igualmente, responde como marxista-leninista, que el peligro de la guerra, no reside solamente en el fascismo, sino también en otros Estados imperialistas no fascistas, ya que su naturaleza contradictoria, solo les deja la guerra como solución a sus descompensaciones internas.


En cuanto a las acusaciones a la Unión Soviética, de querer expandir el comunismo a fuerza de bayoneta, contesta, que nadie puede obligar a otro pueblo a hacer una revolución, por lo tanto los comunistas no exportan revoluciones, es deber de los pueblos, de saber lidiar contra su reacción, y hacer sus deberes.


De igual modo, se señala que la Unión Soviética podrá convivir pacíficamente con otros Estados capitalistas mientras llega la revolución en el resto de países, pero que no debe existir ninguna ilusión sobre la conversión de un sistema en otro, lo que por tanto descarta la introducción en la sociedad soviética de mecanismos políticos, económicos o culturales del mundo burgués y capitalista.


En cuanto a la política interior. Le pregunta si guarda relación las nacionalizaciones del nazismo alemán, o del fascismo italiano, con el estatismo soviético. Aquí correctamente, Stalin indica de forma llana y clara que en esos regímenes fascistas, por tanto capitalistas burgueses, existe una estatización de ciertos sectores de la industria, que se realiza para satisfacer una acción interesada de la burguesía capitalista por medio de la cual se establece el capitalismo de Estado, y que además, en esos países capitalistas, en otros sectores de la propia industria existe la propiedad privada individual, por no hablar ya del campo, donde la propiedad privada individual es mayoritaria. Sin embargo, en el régimen socialista de la Unión Soviética, tanto en la industria como en la agricultura no existe propiedad privada, en la industria existe la propiedad estatal completa, y en el campo existe la propiedad colectiva –koljoses– y estatal –sovjoses–, y una progresiva transformación hacía esta última, y lo más importante, las diferencias en las relaciones de producción en las leyes socialistas, con respecto a las leyes de economía capitalista de esos dos países fascistas.


Stalin en la última parte, reafirma de nuevo el axioma sobre el sistema socialista, explica, como hiciera igualmente en su obra de finales de 1936: «Sobre el proyecto de constitución de la Unión Soviética», que la Unión Soviética es ahora un país que ha construido el socialismo, y eliminado las clases explotadoras como los terratenientes, kulaks, burgueses, etc., y que también ha trastocado y transformado por tanto a las clases explotadas que quedan –debido precisamente al hecho de acabar con el poder económico de las clases explotadoras– como los propios obreros y campesinos del país, y que ahora además –gracias al control político del proletariado– en el país se nutre a la capa de la intelectualidad a partir de la clase obrera y sus principios. Por lo tanto, no puede tener un sistema de varios partidos como en la sociedad capitalista donde existen clases explotadas y explotadoras con sus contradicciones antagónicas de clase y sus partidos con sus respectivos intereses burgueses, pequeño burgueses, etc. Sino que en un país socialista debe existir un solo partido, el comunista, y que este representa los intereses del nuevo campesinado  y la nueva clase obrera –que tienen objetivos comunes–, y que es comandado todavía por esta última, ya que el campesinado todavía no es un todo –hay koljosianos y sovjosianos, pese a que se proletarizan poco a poco con estos últimos– y poseen todavía una mayor cantidad de prejuicios culturales pequeño burgueses.


En cuanto a los derechos de los ciudadanos soviéticos en las elecciones, se adelanta en esta entrevista que existirá garantía de igualdad de género –entre hombres y mujeres–, raza –entre los diferentes pueblos de la Unión Soviética–, clase social trabajadora –vale igual el voto de un obrero que el de un campesino–, voto directo y secreto –para salvaguardar la privacidad del votante, y elegir directamente a quién quiere elegir al cargo–. Se advierte de que, por si el entrevistador no lo sabe, en las elecciones votan todos excepto quienes tengan restricción de voto, y que pueden presentar candidaturas a éstas no solo los miembros del partido comunista sino de todas las organizaciones de trabajadores como sindicatos, asociaciones juveniles, de deporte, etc.


Dicho esto, cuando el entrevistador saca el tema de las libertades, el entrevistado coherentemente contesta que un país que no puede garantizar esto, ni la eliminación del paro, un buen servicio de calidad y gratuito de casa, trasporte, sanidad, y demás, para sus ciudadanos, de poca libertad puede alardear.



Reproducimos la entrevista completa *:


HOWARD: ¿Qué consecuencias traerán, a su juicio, para la situación en Extremo Oriente los recientes acontecimientos del Japón?

STALIN: Por el momento es difícil decirlo. Disponemos de pocos materiales pasa ello. El cuadro no es suficientemente claro.


H: ¿Cuál será la posición de la Unión Soviética, en caso de que el Japón se decidiese a un ataque serio contra la República Popular de Mongolia?

- En el caso de que el Japón se decidiese a atacar a la República Popular de Mongolia, atentando contra su independencia, tendríamos que ayudar a dicha República.

El sustituto de Litvínov, Stomoniákov, se lo ha hecho saber recientemente al embajador del Japón en Moscú, señalando las invariables relaciones de amistad que la Unión Soviética mantiene con la República Popular de Mongolia desde 1921. Ayudaremos a esta República lo mismo que la ayudamos en 1921.


H: Entonces, el intento japonés de ocupar Ulán Bator, ¿determinaría una acción positiva por parte de la Unión Soviética?

-Sí, la determinaría.


H: ¿Han desarrollado los japoneses durante estos últimos días, en los territorios fronterizos a la República Popular de Mongolia, alguna actividad que en la Unión Soviética pueda ser considerada como agresiva?

-Parece que los japoneses continúan concentrando tropas junto a las fronteras de la República Popular de Mongolia. Pero por el momento no se registra ningún nuevo intento de choques fronterizos.

La Unión Soviética teme que Alemania y Polonia abriguen intenciones agresivas dirigidas contra ella, y que preparen una colaboración militar que habría de ayudar a poner en práctica estas intenciones. Sin embargo, Polonia declara que no está dispuesta a consentir que tropas extranjeras utilicen su territorio como base de operaciones contra un tercer Estado.


H: ¿Cómo se ve en la Unión Soviética el ataque por parte de Alemania? ¿Desde qué posiciones, en qué dirección pueden operar las tropas alemanas?

-La historia nos dice que cuando cualquier Estado quiere guerrear contra otro Estado, aún cuando no sea vecino, comienza a buscar las fronteras por las cuales puede llegar hasta las del Estado al que quiere atacar.

Por lo general, el Estado agresor encuentra esas fronteras. O bien las encuentra por medio de la fuerza, como ocurrió en 1914, cuando Alemania invadió Bélgica para lanzarse contra Francia, o bien toma esas fronteras «a crédito», como lo hizo Alemania respecto a Letonia, por ejemplo, en 1918, intentando avanzar hacia Leningrado a través de ella.

Yo no sé concretamente qué fronteras podrá utilizar Alemania para sus fines. Pero creo que no faltarán aficionados que le ofrezcan sus fronteras «a crédito».


H: En todo el mundo se habla de guerra. Si realmente la guerra es inevitable, ¿cuándo, míster Stalin, estallará, a su juicio?

-Eso no se puede predecir. La guerra puede encenderse de un modo inesperado.

Hoy día las guerras no se declaran, sino que comienzan, sencillamente. Pero por otra parte, yo entiendo que las posiciones de los amigos de la paz se fortalecen. Los amigos de la paz pueden laborar abiertamente, se apoyan en la potencia de la opinión pública, tienen a su disposición instrumentos como, por ejemplo, la Sociedad de Naciones.

Este es el «haber» de los amigos de la paz.

Su fuerza está en que su actividad contra la guerra, se apoya en la voluntad de las extensas masas populares. No hay en todo el mundo ningún pueblo que quiera la guerra. En cambio, los enemigos de la paz se ven obligados a trabajar secretamente.

Este es el «haber» de los enemigos de la paz.

Por lo demás, no está fuera de lo posible que, precisamente a causa de esto, se decidan a lanzarse a una aventura guerrera como un acto desesperado. Uno de los éxitos más recientes de la causa de los amigos de la paz, es la ratificación del Pacto franco-soviético de asistencia mutua por la Cámara de los Diputados de Francia. Este pacto representa un cierto obstáculo para los enemigos de la paz.


H: Si se enciende la guerra, ¿en qué parte del mundo estallará antes? ¿Dónde se han acumulado más las nubes de tormenta de la guerra, en Oriente o en Occidente?

-Hay, a mi juicio, dos focos de peligro de guerra. El primer foco se encuentra en Extremo Oriente, en la zona del Japón. Me remito a las reiteradas declaraciones de militares japoneses, con amenazas dirigidas a otros Estados. El segundo foco se encuentra en la zona de Alemania.

Es difícil decir cuál de los dos focos es el más amenazador, pues ambos existen y trabajan. Comparada con estos dos focos fundamentales de peligro de guerra, la guerra italo-abisinia no es más que un episodio. Por el momento, el que revela más actividad es el foco de peligro de Extremo Oriente.

Es posible, sin embargo, que el centro de este peligro se desplace a Europa. Así parece indicarlo, por ejemplo, la reciente interviú concedida por el señor Hitler a un periódico francés.

En esta entrevista, Hitler intenta decir cosas pretendidamente pacificas, pero salpimienta tan copiosamente ese «pacifismo» suyo, con amenazas dirigidas a Francia y a la Unión Soviética, que del «pacifismo» no queda ni rastro. Como se ve, el señor Hitler, hasta cuando quiere hablar de paz, no sabe arreglárselas sin amenazas. Es un síntoma.


H: ¿Dónde reside, a su juicio, la causa fundamental del actual peligro de guerra?

-En el capitalismo.


H: ¿En qué fenómenos del capitalismo, concretamente?

-En sus fenómenos imperialistas, anexionistas. Usted recuerda cómo surgió la primera guerra mundial. Surgió del deseo de proceder a un nuevo reparto del mundo. Hoy se dan idénticos motivos.

Hay Estados capitalistas que se consideran lesionados en el reparto precedente de esferas de influencia, territorios, fuentes de materias primas, mercados, etc., y que querrían volver a repartirlos en provecho propio. El capitalismo, en su fase imperialista, es un sistema que considera la guerra como un método legal para resolver las contradicciones internacionales como un método, si no jurídico, por lo menos, substancialmente legal.


H: ¿No considera usted que en los países capitalistas puede haber el temor fundado, de que la Unión Soviética quiera imponer por la fuerza su teoría política a otros pueblos?

-No hay ningún fundamento para tales temores. Si usted cree que la población soviética quiere cambiar por sí misma, y además por la fuerza, la fisonomía de los Estados circundantes, se equivoca lamentablemente.

El pueblo soviético quiere, naturalmente, que la fisonomía de los Estados circundantes cambie. Pero esto es incumbencia de esos mismos Estados.

Yo no veo qué peligro pueden ver. En las ideas del pueblo soviético, los Estados circundantes se mantendrán, si estos Estados se asientan realmente sobre una base sólida.


H: Esta declaración de usted, ¿significa que la Unión Soviética ha abandonado hasta cierto punto, sus planes e intenciones de llevar a cabo la revolución mundial?

-Nosotros nunca tuvimos tales planes e intenciones.


H: A mí me parece, míster Stalin, que durante largo tiempo se produjo en el mundo entero otra impresión.

-Eso es el fruto de un equívoco.


H: ¿De un equívoco trágico?

-No, cómico. O, tal vez, tragicómico.

Mire usted: nosotros, como marxistas, entendemos que la revolución se hará también en los demás países. Pero solo se hará, cuando los revolucionarios de esos países lo crean posible o necesario.

La exportación de revoluciones es un absurdo. Cada país hace por sí mismo su revolución cuando quiere, y si no quiere no hay revolución. Nuestro país, por ejemplo, quiso hacer la revolución, y la hizo, y ahora construimos la nueva sociedad sin clases.

Pero afirmar que nosotros pretendemos hacer la revolución en otros países, inmiscuyéndonos en su vida, es decir lo que no es y lo que nosotros no hemos predicado jamás.


H: Al establecerse las relaciones diplomáticas entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, entre el presidente Franklin D. Roosevelt y el señor Maxím Litvínov se cambiaron unas notas idénticas sobre el problema de la propaganda. En el párrafo 4.° de la carta del señor Litvínov al presidente Roosevelt, se decía que el gobierno soviético se obligaba a «no permitir que en su territorio se creen o residan cualesquiera organizaciones o grupos, así como a tomar dentro de su territorio medidas preventivas, contra la actuación de cualesquiera organizaciones o grupos, o contra los representantes y funcionarios de cualesquiera organizaciones o grupos, con respecto a los Estados Unidos en conjunto o a cualquiera de sus partes, territorios o posesiones, que tengan como fin derrocar o preparar el derrocamiento, o la transformación por la fuerza del régimen político o social».

Le ruego, míster Stalin, que me explique por qué el señor Litvínov firmó esta carta, si el cumplimiento de las obligaciones contenidas en este punto, es incompatible con los deseos de la Unión Soviética, o no está dentro de su poder.

-El cumplimiento de las obligaciones contenidas en el punto citado por usted, está dentro de nuestro poder, y esas obligaciones han sido cumplidas por nosotros y seguirán siéndolo.

Según nuestra constitución, los emigrados políticos tienen derecho a vivir en nuestro territorio. Los concedemos el derecho de asilo, exactamente lo mismo que en los Estados Unidos conceden el derecho de asilo a los emigrados políticos.

Es absolutamente evidente que cuando Litvínov firmó esta carta, partía de que las obligaciones contenidas en ella tenían carácter recíproco. ¿Entiende usted míster Howard, que contradiga al acuerdo pactado entre Roosevelt y Litvínov, el que en el territorio de los Estados Unidos se encuentren emigrados rusos, guardias-blancos que hacen propaganda contra los soviets, y en favor del capitalismo, que gozan de la ayuda material de ciudadanos estadounidenses y a veces forman grupos de terroristas?

Es evidente que estos emigrados gozan del derecho de asilo, que existe también en los Estados Unidos. Por lo que a nosotros se refiere, jamás hemos tolerado en nuestro territorio a un solo terrorista, fuese quien fuese aquel contra el que urdiera sus crímenes.

Por lo visto, en los Estados Unidos el derecho de asilo se interpreta más ampliamente que en nuestro país. Pero nosotros no formulamos, a pesar de ello, ninguna pretensión.

Tal vez objetará usted, que nosotros simpatizamos con estos emigrados políticos que residen en nuestro territorio. Pero ¿acaso no hay ciudadanos estadounidenses, que simpatizan con los emigrados guardias-blancos, que hacen propaganda a favor del capitalismo y en contra de la Unión Soviética? ¿De qué se trata, por tanto? Se trata de no ayudar a estas personas, de no financiar sus actividades.

Se trata de que los funcionarios de ambos países, no se inmiscuyan en la vida interna del otro país. Nuestros funcionarios cumplen honradamente esta obligación.

Si alguno de ellos ha incurrido en alguna falta, que se nos diga. Sí yendo demasiado allá, se exigiese la expulsión de los Estados Unidos de todos los emigrados guardias-blancos, esto sería un atentado contra el derecho de asilo, proclamado tanto en los Estados Unidos como en la Unión Soviética.

Aquí hay que reconocer una cierta línea divisoria racional, para las reclamaciones y las contrarreclamaciones. Litvínov no firmó su carta al presidente Roosevelt con carácter particular, sino como representante del Estado, exactamente lo mismo que lo hizo el presidente Roosevelt.

Su acuerdo, es un acuerdo entre dos Estados. Al firmar este acuerdo, tanto Litvínov como el presidente Roosevelt, como representantes de dos Estados, se referían a las actividades de los agentes de sus Estados, que no deben inmiscuirse ni se inmiscuirán en los asuntos internos de la otra parte.

Este acuerdo no podía afectar al derecho de asilo proclamado por ambos países.

Dentro de estos límites es como hay que interpretar el acuerdo entre Roosevelt y Litvínov, como el acuerdo entre los representantes de dos Estados.


H: ¿Pero es que en el VII.º Congreso de la Komintern, que se celebró en Moscú el año pasado, los delegados estadounidense Earl Browder y Samuel Adams Darcy, no hicieron un llamamiento para derribar por la violencia el gobierno estadounidense?

-Confieso que no recuerdo los discursos de los camaradas Browder y Darcy, ni recuerdo siquiera de qué hablaron. Es posible que dijesen algo por el estilo.

Pero no fueron hombres soviéticos los que fundaron el Partido Comunista de los Estados Unidos. Lo fundaron individuos estadounidenses.

Este partido existe en los Estados Unidos legalmente, y presenta sus candidatos a las elecciones, incluyendo las presidenciales. Y si los camaradas Browder y Darcy, pronunciaron por una vez un discurso en Moscú, en su casa, en los Estados Unidos habrán pronunciado discursos parecidos, y hasta es probable que más enérgicos cientos de veces. Pues todo comunista estadounidense tiene la posibilidad de propagar libremente sus ideas.

Sería completamente falso, considerar al gobierno soviético responsable por la actuación de los comunistas estadounidenses.


H: Sí, pero aquí se trata de la actuación de comunistas estadounidenses dentro del territorio soviético, infringiendo el punto 4.° del acuerdo Roosevelt-Litvínov.

-¿Qué es la actuación de un partido comunista, en qué puede manifestarse?

Esta actuación reside usualmente en la organización de las masas obreras, en la organización de mítines, manifestaciones, huelgas,etc.

Es absolutamente comprensible, que los comunistas estadounidenses no pueden hacer todo esto en territorio soviético. En la Unión Soviética no hay obreros estadounidenses.


H: ¿Puedo entender su declaración en el sentido, de que se puede encontrar una interpretación de las obligaciones mutuas con la que se puedan mantener y proseguir las buenas relaciones entre nuestros países?

-Sí, incondicionalmente.


H: Usted reconoce, que en la Unión Soviética no se ha construido todavía la sociedad comunista. Se ha construido el socialismo de Estado. El fascismo en Italia y el nacionalsocialismo en Alemania, afirman que han conseguido análogos resultados. ¿No es un rasgo general de todos los Estados mencionados, la infracción de las libertades personales y otras privaciones impuestas en interés del Estado?

-La expresión del «socialismo de Estado» es imprecisa. Por este término entienden muchos el orden de cosas en que una cierta parte de las riquezas, parte a veces bastante considerable, pasa a manos del Estado o bajo su control, mientras en la inmensa mayoría de los casos la propiedad sobre los talleres, sobre fábricas y sobre la tierra sigue en manos de particulares.

Así es como muchos entienden el «socialismo de Estado». A veces, se esconde detrás de este término el orden de cosas bajo el cual el Estado capitalista, en interés de la preparación o el mantenimiento de la guerra, se hace cargo de la financiación de una cantidad: de empresas privadas.

La sociedad que nosotros hemos construido, no puede llamarse en modo alguno «socialismo de Estado». Nuestra sociedad soviética es una sociedad socialista, porque en nuestro país se ha abolido y transformado en propiedad social la propiedad privada sobre los talleres, las fábricas, la tierra, los Bancos, los medios de transporte.

La organización social creada por nosotros puede llamarse organización soviética socialista, no está acabada de construir todavía, pero que es en su raíz una organización socialista de la sociedad.

La base de esta sociedad es la propiedad social: la propiedad del Estado, es decir, de todo el pueblo, y también la propiedad cooperativa de los koljoses. Ni el fascismo italiano ni el nacional«socialismo» alemán, tienen nada que ver con esta sociedad. Ante todo, porque allí han dejado intacta la propiedad privada sobre los talleres y las fábricas, sobre la tierra, sobre los Bancos, sobre el transporte, etc., razón por la cual el capitalismo conserva en Alemania y en Italia todas sus fuerzas. Sí, tiene usted razón cuando dice que no hemos construido todavía la sociedad comunista.

El construir esta sociedad no es tan fácil. Usted conoce seguramente la diferencia que existe entre la sociedad socialista y la comunista. En la sociedad socialista hay todavía algunas desigualdades patrimoniales. Pero en la sociedad socialista no hay ya paro forzoso, no hay ya explotación, no hay ya opresión nacional.

En la sociedad socialista todo individuo tiene la obligación de trabajar, aunque no obtenga todavía por su trabajo lo que corresponde a sus necesidades, sino lo que corresponde a la cantidad y a la calidad del trabajo rendido.

Por eso existe aún el salario, y además un salario desigual, diferenciado.

Solo cuando se consiga crear un orden de cosas, en que los hombres perciban de la sociedad a cambio de su trabajo no lo que corresponde a la cantidad y calidad de éste, sino lo que corresponde a sus necesidades, podremos decir que hemos construido la sociedad comunista. Dice usted que para construir nuestra sociedad socialista, hemos sacrificado las libertades personales y sufrido privaciones.

En su pregunta se trasluce la idea de que la sociedad socialista niega la libertad personal. Esto es falso. Claro está que para poder construir algo nuevo, hay que imponer economías, acumular recursos, restringir temporalmente las necesidades, tomar prestado de otros.

Si quieres construir una casa nueva, reúnes el dinero, limitas temporalmente tus necesidades, pues de otro modo no podrías construir la casa. Y esto es mucho más legitimo cuando se trata de construir toda una sociedad humana enteramente nueva.

Ha sido necesario limitar temporalmente algunas necesidades, acumular los recursos correspondientes, poner en tensión las fuerzas. Así es, en efecto, como nosotros hemos procedido y como hemos construido la sociedad socialista.

Pero no hemos construido esta sociedad para restringir la libertad personal, sino para que las personas se sientan realmente libres. La hemos construido gracias a la verdadera libertad personal, a una libertad sin comillas.

A mí se me hace difícil imaginarme, cuál puede ser la «libertad personal» de un obrero parado, que anda muerto de hambre, y no encuentra aplicación para su trabajo. La auténtica libertad, solo existe allí donde ha sido destruida la explotación, donde no hay opresión de unos hombres por otros, donde no hay paro, ni miseria, donde el hombre no tiembla pensando que puede quedarse mañana sin trabajo, sin techo, sin pan. Solo en una sociedad así puede haber una libertad personal y de todas clases, auténtica, y no sobre el papel.


H: ¿Considera usted compatible, el desarrollo paralelo de la democracia estadounidense y del sistema soviético?

-La democracia estadounidense y el sistema soviético pueden convivir y competir pacíficamente. Pero no pueden desarrollarse hasta convertirse el uno en el otro. El sistema soviético no se transformará gradualmente en la democracia estadounidense, ni viceversa. Podremos convivir pacíficamente si no nos buscamos líos el uno al otro por cada pequeñez.


H: En la Unión Soviética se está elaborando una nueva constitución, que prevé un nuevo sistema electoral. ¿Hasta qué punto este nuevo sistema puede cambiar la situación en la Unión Soviética, si en las elecciones solo va a seguir tomando parte, igual que antes, un único partido?

-Aprobaremos nuestra nueva constitución, seguramente, a fines de este año. La comisión encargada de elaborarla trabaja y debe terminar pronto su labor. Como ya se ha declarado, según la nueva constitución las elecciones serán generales, iguales, directas y secretas.

A usted le desconcierta el que en estas elecciones solo vaya a tomar parte un único partido.

No ve qué lucha electoral puede haber en estas condiciones. Es evidente que en las elecciones no presentará candidaturas solamente el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, sino que las presentarán también toda clase de organizaciones sociales sin partido. Y de éstas hay centenares en nuestro país. En nuestro país no existen partidos contrapuestos los unos a los otros, exactamente lo mismo que no existen la clase de capitalistas y la clase de los obreros explotados por los capitalistas, contrapuestas la una a la otra.

Nuestra sociedad está formada exclusivamente, por trabajadores libres de la ciudad y del campo: obreros, campesinos, intelectuales.

Cada una de estas capas sociales puede tener sus intereses especiales, y expresarlos a través de las numerosas organizaciones sociales existentes.

Pero desde el momento en que no hay clases, desde el momento en que los limites entre las clases se van borrando, desde el momento en que solo existan algunas, aunque no radicales, diferencias entre las diversas capas de la sociedad socialista, no puede haber ambiente para la creación de partidos que luchen entre sí. Donde no hay diferentes clases, no puede haber diferentes partidos, pues el partido es parte de una clase. En el nacional«socialismo» existe también un solo partido. Pero éste sistema fascista de un solo partido no conduce a nada.

La cosa está en que en Alemania subsiste el capitalismo, subsisten las clases y la lucha de clases, que, pese a todo, saldrán a la superficie, incluso en el terreno de la lucha entre partidos, que representan a clases contrapuestas, lo mismo que ha salido a la superficie, por ejemplo, en España.

En Italia también existe un solo partido, fascista. Pero tampoco allí, y por la misma causa, esto conduce a nada.

¿Por qué nuestras elecciones serán generales? Porque todos los ciudadanos, con excepción de los privados judicialmente del derecho de sufragio, tendrán derecho a elegir y a ser elegidos. ¿Por qué nuestras elecciones serán iguales? Porque ni las diferencias de carácter patrimonial –que todavía existen parcialmente–, ni el hecho de pertenecer a una raza o a una nación irán en privilegio, o en quebranto de nadie. Las mujeres disfrutarán del derecho electoral activo y pasivo, en el mismo plano que los hombres.

Nuestras elecciones serán auténticamente iguales.

¿Por qué secretas?

Porque queremos dar a los soviéticos plena libertad para que voten por aquellos a quienes quieran elegir, a quien confíen la defensa de sus intereses.

¿Por qué directas?

Porque las elecciones directas celebradas en cada localidad, para todas las instituciones representativas, hasta llegar a los órganos supremos, garantizan mejor los intereses de los trabajadores de nuestro inmenso país. A usted le parece que no habrá lucha electoral. Pero la habrá, y yo preveo una lucha electoral muy reñida.

En nuestro país hay no pocas instituciones que trabajan mal. Suele ocurrir que tal o cual órgano local de poder, no sabe satisfacer tales o cuales necesidades tan complejas, y cada día mayores de los trabajadores de la ciudad y del campo. ¿Has construido o no has construido una buena escuela? ¿Has mejorado las condiciones de la vivienda? ¿No eres un burócrata? ¿Has ayudado a hacer nuestro trabajo más eficaz, a hacer nuestra vida más culta? Tales serán los criterios con que millones de electores abordarán a los candidatos, dejando a un lado y borrando de las listas a los que no sirvan, destacando los mejores y presentando sus candidaturas.

Sí, la lucha electoral será reñida. Girará en torno a una multitud de problemas candentes, principalmente en torno a problemas prácticos que tienen una importancia primordial para el pueblo.

Nuestro nuevo sistema electoral hará andar derechas a nuestras instituciones, y organizaciones, y las obligará a mejorar su trabajo.

Las elecciones generales, iguales, directas y secretas en la Unión Soviética, pondrán en manos del pueblo un látigo contra los órganos de poder que trabajen mal. Nuestra nueva constitución soviética será, a mi juicio, la constitución más democrática de cuantas existen en el mundo.


Fuente original:

* I. V. Stalin, Obras Completas en 18 Volúmenes. Imprimidos en Kalinin-Tver, de 1946-2006. Volumen 14.

(Los volúmenes 1-13 fueron preparados por el Instituto Marx-Engels-Lenin dependiente del Comité Central del PCUS(b) entre 1946 y 1952. Los volúmenes 14-18 fueron preparados y publicados, bajo la dirección general del doctor en Filosofía y catedrático R. I. Kosolapov entre 1997 y 2006.)

16 de agosto de 2026

Hace 81 años, el pueblo coreano se liberó de los imperialistas japoneses

Por la AAHS, sobre la crónica de KFA, Euskal Herria. Materiales publicados por la Agencia ACNC.

A pesar de las operaciones de los ejércitos anglo-norteamericanos en la cuenca del océano Pacífico, el Mando japonés seguía manteniendo en 1945 contra la Unión Soviética la principal agrupación de sus tropas terrestres, dislocada en el territorio de Manchuria, Corea, Sur de Sajalín y las islas Kuriles.

A fin de disponer de una dirección más operativa se formó el Alto Mando de las tropas soviéticas en el Extremo Oriente. Se nombró comandante en jefe al mariscal  A. Vasilevski, y miembro del Consejo Militar, al general I. Shikin. El 8 de agosto quedaron formados en el Extremo Oriente tres frentes: El de Transbaikalia y los 1.º y 2.º del Extremo Oriente. En total, los tres frentes contaban con 80 divisiones de ellas, dos de tanques. Los efectivos de las Fuerzas Armadas de la URSS en el Extremo Oriente se cifraban en más de 1.500.000 hombres, más de 26.000 cañones y morteros, más de 5.500 tanques y cañones autopropulsados y más de 3.800 aviones de combate.

Las tropas del frente de Transbaikalia, en una poderosa ofensiva, alcanzaron el 19 de agosto las regiones centrales del Nordeste de China. En la mañana de ese día, empezaron a entregarse en masa los soldados y oficiales nipones. A fin de acelerar la capitulación e impedir el desmantelamiento de fábricas y la salida y destrucción de bienes materiales, en las principales ciudades del Nordeste de China, de Corea y de la península de Liaotung se efectuaron desembarcos aéreos: 

El 19 de agosto en Shenyang, Changchung y Kirin, el 22 de agosto en Puerto Arturo y Talien y el 24 de agosto en Pyongyang. Con este mismo fin se formaron pequeñas y bien dotadas unidades móviles soviéticas. A continuación de los desembarcos aéreos en esas ciudades entraron los destacamentos móviles y, después, el grueso de las fuerzas de los ejércitos. Las tropas del 6.º ejército acorazado de la Guardia y del 39.º ejército fueron llevadas por ferrocarril a Puerto Arturo y Talien.

El gran líder, camarada Kim Il Sung, pronuncia un discurso en la manifestación masiva de ciudadanos de Pyongyang celebrada en bienvenida por su regreso triunfal en octubre de 1945.


En el territorio liberado se llevó a cabo el desarme y la recepción de las tropas japonesas capituladas. Formáronse comandancias presididas por oficiales soviéticos. La población china prestó su concurso a las unidades del Ejército Rojo para aniquilar a las pequeñas guarniciones enemigas que se resistían aún e implantar el debido orden en ciudades y pueblos. La capitulación continuó hasta el 30 de agosto. Al mismo tiempo que atacaron en Manchuria, las tropas soviéticas llevaron a efecto las operaciones de Sajalín y de las Kuriles.

En el Sur de Sajalín operó el 56 cuerpo de fusileros del 16.º ejército (general L. Cheremísov). Allí, la ofensiva se inició el 11 de agosto con la ruptura de la defensa de la zona fortificada de Koton. El 25 de agosto, la 88.ª división de infantería japonesa que la defendía, sufrió una completa derrota. La parte sur de Sajalín fue liberada.

La operación de las Kuriles, la realizaron las tropas de la Zona de Defensa de la Flota del Pacífico. Los cruentos combates duraron varios días. El 23 de agosto capituló la guarnición japonesa que se prolongó hasta el 1 de septiembre.

Así terminó la campaña de las Fuerzas de la URSS en el Extremo Oriente. 

En veintitrés días destruyeron por entero al ejército de Kwantung y liberaron el Nordeste de China, Corea del Norte, el sur de Sajalín y las islas Kuriles. Durante este tiempo, el enemigo perdió más de 677.000 soldados y oficiales, entre ellos unos 84.000 muertos. Las tropas soviéticas hicieron un gran botín. Solo las fuerzas del frente de Transbaikalia y del primer frente de Extremo Oriente se apoderaron de más de 3.700 cañones, morteros y lanzagranadas, 600 tanques, 861 aviones, unas 12.000 ametralladoras, más de 2.000 automóviles, unos 13.000 caballos, 679 depósitos diversos y de otros muchos trofeos que, en su mayor parte fueron entregados al Ejército Popular de Liberación. 

Esta derrota fue la mayor de los imperialistas nipones en toda la segunda guerra mundial. Las bajas totales del Ejército Rojo se cifraron en unos 32.000 hombres.

El pueblo soviético expresó su profunda gratitud por las hazañas bélicas de sus hijos. El Presidium del Soviet Supremo de la URSS instituyó la medalla «Por la victoria sobre Japón». 

Muchas unidades y buques fueron condecorados con órdenes de la URSS. El mariscal de la Unión Soviética R. Malinovski (veterano de la guerra de España) y 86 generales, almirantes, oficiales, sargentos, soldados y marineros recibieron el título de Héroe de la Unión Soviética. A más de 308.000 combatientes soviéticos se les distinguió con órdenes y medallas militares. El mariscal de la URSS A. Vasilevski, fue condecorado con la segunda Estrella de Oro de Héroe de la Unión Soviética.

En la URSS, el 3 de septiembre fue declarado Día de la Victoria sobre Japón.

Celebrando el 81.° aniversario de la Liberación de Corea

El estimado camarada Kim Jong Un, Secretario General del Partido del Trabajo de Corea y Presidente de Asuntos Estatales de la República Popular Democrática de Corea, recorrió el día 14 el Monumento a la Liberación, en ocasión del aniversario 81.º de la Liberación de la patria.

Ante el Monumento estaba enfilada la Guardia de Honor del Ejército Popular de Corea. Se interpretaron los himnos nacionales de la Federación de Rusia y la República Popular Democrática de Corea. Mientras resonaba la música de la ocasión, quedó depositada una ofrenda floral en nombre del camarada Kim Jong Un.

En su cinta se leían las siguientes inscripciones: "No olvidamos los méritos de los mártires del ejército soviético".

El Secretario General del PTC rindió el sublime tributo a los mártires del ejército soviético que lucharon con valentía por la causa de liberación del pueblo coreano encaminada a lograr la libertad y la independencia del país. Destacó que la excelente historia y tradición entre Corea y Rusia y sus lazos consanguíneos constituyen hoy el fundamento principal e inagotable fuerza motriz de las relaciones bilaterales de amistad y cooperación.

En el Cementerio de los Mártires revolucionarios, el camarada Kim Jong Un dijo: 

... que sirven para el patrimonio ideo-espiritual, y la noble herencia revolucionaria, a ser mantenidos de generación en generación. El firme espíritu independiente, y las proezas inmortales de los revolucionarios de la primera generación, quienes salvaron el país y la nación, y rescataron la dignidad mediante la ensangrentada resistencia, llevándose la noble misión por el destino de la patria y los descendientes.

Prosiguió... que el ideal hermoso al comunismo, la firme convicción revolucionaria y el indoblegable espíritu de lucha de los combatientes revolucionarios antijaponeses, inspiran hoy la eterna vitalidad a la trayectoria de lucha de nuestro pueblo, que construye una potencia próspera a que aspiraban tanto los mártires.

Confirmó que saldrá siempre victoriosa la causa del gran pueblo coreano, que continúa generación tras generación el espíritu revolucionario, y la noble concepción de vida de los combatientes.

A continuación, el camarada Kim Jong Un estuvo al frente de la lápida de recordación de los mártires revolucionarios antijaponeses. Se guardó un minuto de silencio tras depositar una ramo de flores ante la lápida, como testimonio de reverencia a los mártires revolucionarios antijaponeses conocidos o desconocidos, que hicieron el mayor aporte a la realización de la causa histórica de liberación de la patria. Fiel apoyo a la idea de la Construcción del Socialismo, bajo la dirección del gran Líder, camarada Kim Il Sung.

Pasando revista al grupo escultórico de tres personas que describe la lucha heroica de los miembros del Ejército Revolucionario Popular de Corea, y la lápida con inscripciones de nombres de numerosos mártires, señaló: 

... que sus figuras y méritos enorgullecedores, están guardados en los anales aunque los restos mortales de quienes ofrendaron la juventud a la revolución en aras de rescatar la dignidad y libertad de la patria y el pueblo, se dispersaron en los lugares desconocidos.

La nueva vida que trajo la liberación

El 15 de agosto de 1945, el pueblo coreano puso coto a la dominación colonial de decenas de años del imperialismo japonés, y acogió la liberación de la patria. Ello se debió a que para alcanzarlo, el gran Líder camarada Kim Il Sung desplegó y condujo a la victoria la lucha armada contra los agresores nipones.

La liberación del país proporcionó muchos beneficios a los coreanos.

Se estableció el auténtico poder popular y se llevaron a cabo las reformas democráticas a favor suyo.

Como su primer eslabón se promulgó la Ley de la Reforma Agraria.

En aquel entonces, los agricultores ocupaban la mayoría de la población nacional. A ellos, que otrora fueron objetos de las humillaciones y desprecio a causa de no poseer propia propiedad a labrar, se les distribuyó gratis la tierra.  De esta manera se hizo realidad el viejo deseo de los campesinos de cultivar a sus anchas su tierra.

Se publicaron también una tras otra las leyes del trabajo, de la igualdad de los derechos del hombre y la mujer, y de la nacionalización de principales industrias.

Gracias a tales medidas democráticas y populares, los campesinos y trabajadores se convirtieron en dueños de la tierra y fábricas, y hasta las mujeres que estaban humilladas por normas feudales, llegaron a gozar de la nueva vida, como dignas dueñas del país, con los mismos derechos que el hombre.

El régimen electoral popular y democrático, aseguró a nuestro pueblo la auténtica libertad política y derechos. Todos los ciudadanos llegaron a participar en la edificación del Estado, con el derecho a elegir y ser electo.

El pueblo coreano, hecho digno dueño del país, escribió en esta tierra la historia de la construcción de la nueva patria. Todo el pueblo se alzó en respuesta al discurso pronunciado por el gran Líder, Kim Il Sung, en ocasión de su retorno triunfal a la patria, en el que exhortó a hacer activo aporte a la edificación del país con la fuerza los que la tuviesen, con los conocimientos quienes los poseyeran, y con el dinero los que lo tuvieran.

La clase obrera de Kangson restauró en corto lapso de tiempo la acería, y sacó la primera colada en diciembre de 1945, aunque los japoneses cacarearon que con la fuerza y técnica de los coreanos sería imposible rehabilitarla en 10 años. 

Y los pyongyangneses concluyeron en 55 días, la tremenda obra de canalización del río Pothong, la que los imperialistas no pudieron acabar ni en 10 años, aun con la movilización de 3 millones de personas. Se inauguraron de manera sucesiva las fábricas y empresas, y los campesinos acogieron abundante cosecha.

El primero de octubre de 1946, nació la Universidad Kim Il Sung, primer centro de alto estudio en la nueva Corea.

Se transformaron tanto los trabajadores, como montes y ríos, y se rebosaron por doquier alegres risas y cantares.

Todo esto fue la muestra de la auténtica vida, que el pueblo experimentó junto con la liberación nacional, y la orgullosa fisonomía de la nueva Corea.

Fuentes:

- https://canarias-semanal.org/art/36358/la-apoteosica-ofensiva-del-ejercito-rojo-en-asia

Instituto de marxismo-leninismo de Moscú.


- Korearen Askapenaren 81. urteurrena ospatu dute / Celebran el 81° aniversario de la Liberación de Corea - amistadhispanosovietica@gmail.com - Gmail


12 de agosto de 2026

La biblioteca de Stalin de Geoffrey Roberts. Parte 9.ª


El papel decisivo de liderazgo de Stalin durante la Gran Guerra Patria se basó en un profundo conocimiento, del armamento, terreno y ciencia militar, de estrategia y tácticas, y del contexto político y social más amplio en el que se desarrollaba la guerra.

Maestros de la guerra

Stalin siempre había mostrado un gran interés por los detalles de los asuntos militares. El embajador Averill Harriman observó que Stalin: «tenía una enorme capacidad para asimilar los detalles… En nuestras negociaciones con él, solíamos encontrarlo extremadamente bien informado. Tenía un conocimiento magistral del tipo de equipamiento que le resultaba importante. Sabía el calibre de los cañones que quería, el peso que podían soportar sus carreteras y puentes, y los detalles del tipo de metal que necesitaba para construir aviones» 

(Roberts, pag. 154).

En otra ocasión, Averill Harriman, entonces embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, quien pasó mucho tiempo con Stalin en ese periodo, señaló que para comprender y valorar la URSS de tiempos de Stalin, era necesario conocer algo del pasado de Rusia: 

En su opinión, Stalin era un líder bélico popular. Fue él, quien mantuvo la unidad del país. «Por eso me gustaría destacar mi gran admiración por Stalin, el líder nacional… [en un momento] de uno de esos momentos históricos en los que un solo hombre marcó una gran diferencia». Stalin poseía numerosos libros sobre asuntos militares en su biblioteca. Libros escritos por expertos de la época zarista rusa, entre ellos Enrig Leer (1829-1904), así como de Alemania, como Carl von Clausewitz, autor de Sobre la guerra.

Subrayó especialmente un pasaje del libro de Leer, en el que afirmaba que, tras su derrota ante Napoleón en la batalla de Borodinó en 1812, el general ruso Kutúzov se enfrentaba a la elección de salvar su ejército o salvar Moscú. Finalmente, decidió salvar a su ejército y continuó con una campaña de hostigamiento contra el ejército de Napoleón mientras se retiraba de Moscú.

En octubre de 1941, cuando los ejércitos nazis se acercaban a Moscú, se encontró ante un dilema similar, Stalin tomó la decisión de salvar Moscú como medio para salvar a su ejército. Así que permaneció en la capital y organizó su defensa. El 7 de noviembre de 1941, en el 24º aniversario de la Revolución de Octubre, cuando pronunció un sentido discurso a las tropas soviéticas que iban hacia el frente, dijo:

«Recordad el año 1918, cuando celebramos el primer aniversario de la Revolución de Octubre. Tres cuartas partes de nuestro país estaban en aquel momento en manos de intervencionistas extranjeros. Habíamos perdido temporalmente Ucrania, el Cáucaso, Asia Central, los Urales, Siberia y el Lejano Oriente. No teníamos aliados, no teníamos Ejército Rojo —apenas habíamos empezado a crearlo—. Había escasez de alimentos, de armamento y de ropa para el Ejército. Catorce Estados ejercían presión sobre nuestro país. 

Pero no nos desanimamos, no perdimos el ánimo. En el fragor de la guerra forjamos el Ejército Rojo, y convertimos nuestro país en un campamento militar. El espíritu del gran Lenin nos animó en aquel momento para la guerra contra los intervencionistas. ¿Y qué ocurrió? Derrotamos a los intervencionistas, recuperamos todo nuestro territorio perdido y logramos la victoria». (pag. 156)

Volvió al tema del patriotismo soviético en su apreciación:

«Os ha correspondido una gran misión liberadora. 

¡Hacedla honor! 

… ¡Que las figuras heroicas de nuestros grandes antepasados —Alejandro Nevski, Dmitri Donskói, Kuzma Minín, Dmitri Pozharski, Alexandr Suvorov y Mijaíl Kutúzov—, os sirvan de inspiración en esta guerra! 

¡Que el estandarte victorioso del gran Lenin sea vuestra estrella guía!» (Ibid).

El favorito de Stalin entre los teóricos militares soviéticos era Borís Sháposhnikov, un antiguo oficial zarista que se había alistado en el Ejército Rojo en 1918 y fue comandante del estado mayor general (1937-40, 1941-43). Como Stalin, era "un hombre de acción intelectual además de práctico".

Su libro *Mozg armi* (El cerebro del ejército), basado en las lecciones estratégicas de la Primera Guerra Mundial, era una combinación de gran estrategia y detalles organizativos fundamentales que también caracterizaban el liderazgo militar y político de Stalin. El libro de Sháposhnikov incluía numerosas citas de las obras de Marx, Engels y Lenin, además de las de teóricos estratégicos rusos y occidentales.

Los preparativos soviéticos, contrariamente a lo que afirmaban los detractores burgueses de la URSS y de Stalin, comenzaron a finales de la década de 1920. Durante la década de 1930, la partida destinada a la defensa nacional en el presupuesto aumentó del 10 % al 25 %. La plantilla del Ejército Rojo pasó de menos de un millón a más de cuatro millones. En 1939, la Unión Soviética contaba con el ejército más grande y mejor equipado del mundo y producía anualmente 10.000 aviones, 3.000 tanques, 17.000 piezas de artillería y 114.000 ametralladoras 

(Roberts, pag. 157).

Al igual que Clausewitz, Sháposhnikov creía que la guerra era una prolongación de la política y que, por lo tanto, los objetivos y la orientación general de la guerra eran prerrogativa de los dirigentes políticos. Mientras que el Estado Mayor debía comprender las interrelaciones entre los asuntos internos, exteriores y militares, los dirigentes políticos debían tener un buen conocimiento de las cuestiones militares. 

«En nuestros tiempos», escribió Sháposhnikov, «el estudio y el conocimiento de la guerra son esenciales para todos los dirigentes estatales». (Ídem)

La idea que el libro de Sháposhnikov, ayudó a popularizar la consigna de la "movilización significaba guerra". Esta fue posiblemente una de las razones por las que el Ejército Rojo no se movilizó en los días previos al ataque de Hitler a la URSS, para no precipitar la guerra con Gran Bretaña y Estados Unidos. Estos querían provocar un enfrentamiento, para que se debilitasen tanto su enemigo imperialista, Alemania, como a la odiada URSS socialista.


Enlace original:

- Lalkar: Stalin’s Library by Geoffrey Roberts – a resumé and review – Part 9


11 de agosto de 2026

La biblioteca de Stalin de Geoffrey Roberts. Parte 8.ª

 


Por Lalkar, extraído de "Los Comunistas". Partido Comunista de Gran Bretaña, Marxista Leninista.

Stalin realizó trabajos especiales, para contrarrestar la tendencia equívoca de algunos científicos soviéticos, que adoptaban una actitud servil hacia sus equivalentes del Occidente imperialista, más atrasados.
Ciencia y sociedad

Bajo el liderazgo de Andréi Zhdánov en el verano de 1946, se puso en marcha la campaña contra las influencias culturales del capitalismo occidental. Stalin estaba decidido a ampliar la influencia soviética en Europa Central y Oriental, como barrera frente a una futura agresión alemana contra la Unión Soviética.  

En lugar de comprender las preocupaciones soviéticas tras una guerra tan costosa, el imperialismo angloamericano desencadenó la Guerra Fría, y el primer ministro británico Winston Churchill declaró en su famoso discurso de Fulton, que un «telón de acero» había «caído sobre Europa, desde el Báltico hasta el Adriático».  Detrás de ese telón, todos los «antiguos Estados de Europa Central y Oriental estaban sucumbiendo al control totalitario comunista» [Cabe señalar que Churchill tomó prestada la expresión «cortina de hierro» directamente de Goebbels como herramienta propagandística].

Un año más tarde, el presidente estadounidense Harry Truman hizo un llamamiento a la defensa global del «mundo libre» por parte de Estados Unidos, y solicitó fondos al Congreso «para apoyar a los pueblos libres que se resisten a los intentos de sometimiento por parte de minorías armadas o a presiones externas».

Fue en este contexto cuando se puso en marcha la campaña soviética contra la penetración cultural occidental. 

En un discurso pronunciado en 1946, Zhdánov afirmó sin rodeos que: 

«Algunos de nuestros literatos han llegado a verse a sí mismos no como maestros, sino como alumnos, [y] han caído en un tono de servilismo ante la literatura extranjera filistea.  ¿Es ese servilismo propio de nosotros, los patriotas soviéticos, que estamos construyendo el sistema soviético, que es cien veces superior y mejor que cualquier sistema burgués?  ¿Es propio de nuestra literatura soviética de vanguardia… doblegarse ante la literatura burguesa occidental, estrecha de miras y filistea?» (pag. 143).

Cuando funcionarios de la Unión de Escritores Soviéticos se reunieron con Stalin en mayo de 1947, lo encontraron preocupado por la insuficiente educación patriótica de la intelectualidad. «Sienten una admiración injustificada por la cultura extranjera… Esta tradición retrógrada comenzó con Pedro… Había mucha servilismo ante los extranjeros, ante esa gentuza». (pag.143)

En 1947 tuvo lugar un debate público sobre un libro de historia de la filosofía occidental escrito por Gregori Alexandrov, jefe del departamento de propaganda del partido. Se le criticó por subestimar la contribución rusa a la filosofía y por no hacer hincapié en la ruptura del marxismo con la tradición occidental.

La campaña se extendió al ámbito de las ciencias naturales. Los primeros en ser objeto de críticas fueron un biólogo y un microbiólogo, que habían desarrollado un nuevo método de tratamiento contra el cáncer utilizando un microorganismo unicelular. Entregaron una copia del manuscrito sobre los métodos de tratamiento, a unos científicos médicos estadounidenses.

«Por iniciativa de Stalin, el Gobierno aprobó una resolución sobre la creación de tribunales de honor para juzgar si tales acciones eran antipatrióticas.  No se impusieron sanciones penales a los dos científicos, pero a su juicio, celebrado en junio de 1947, asistieron lo más granado de la comunidad médica soviética, así como cientos de curiosos. Un año más tarde, el Comité Central envió una circular secreta a los miembros del partido en la que se relataba el asunto y se criticaba la «esclavitud y servilismo ante todo lo extranjero», y se advertía contra «el arrastre y el seguidismo ante la cultura burguesa de Occidente». (pag. 144)

El imperativo patriótico también quedó patente en el caso Trofim Lisenko. Stalin apoyó la postura de Lisenko, especialmente su convicción de que el mundo natural podía transformarse mediante la intervención humana. 

Lisenko sostenía que los caracteres adquiridos podían heredarse y que, por lo tanto, se veían influidos por los cambios ambientales. Lisenko opinaba que las características adquiridas podían heredarse y, por tanto, estaban influenciadas por los cambios ambientales. Esto iba en contra de los genetistas soviéticos, que sostenían que la herencia era estrictamente una función de los genes y no tenía nada que ver con influencias ambientales o manipulación científica de la naturaleza.

En apoyo a Lisenko, una editorial de Pravda afirmó que "el capitalismo es incapaz no solo de la transformación planificada de la naturaleza, sino de impedir el uso depredador de sus riquezas".

La reputación internacional de la ciencia soviética era motivo de gran preocupación para Stalin tras la guerra. En un libro publicado en 1946 sobre el papel de los científicos soviéticos en el desarrollo de la ciencia mundial, destacó sus contribuciones en campos que abarcaban desde las comunicaciones electrónicas hasta la física atómica, la sismología y el magnetismo.

Cuando se conmemoró el centenario de Iván Pavlov en septiembre de 1949, en la portada de una editorial titulada "Un gran hijo del pueblo ruso", Pravda honró al científico inmortalizado a través de su investigación sobre reflejos condicionados, llamado el concepto de 'respuesta pavloviana'.

El fisiólogo y psicólogo Iván P. Pavlov (1849-1936), según Pravda, fue en su época el científico más famoso de la Unión Soviética. Fue el primer ruso en recibir el Premio Nobel de Medicina en 1904 y, a diferencia de muchos científicos de la época zarista, eligió quedarse en el país tras la Revolución de Octubre. Aunque no era bolchevique, sus métodos de investigación científica materialista se consideraban mucho más preferibles y compatibles, con el marxismo que la introspección y el subjetivismo del freudianismo.

Stalin tenía un ejemplar del libro de Pavlov "Veinticinco años de experiencia, del estudio objetivo de las actividades nerviosas superiores de los animales".

Apoyó plenamente el coloquio organizado conjuntamente por la Academia de Ciencias sobre las enseñanzas fisiológicas del académico I. P. Pavlov en junio de 1950.  Asistieron más de mil personas.  Posteriormente, los principales detractores de las enseñanzas de Pavlov fueron degradados. 

Un par de años después de la muerte de Stalin, se restableció la situación anterior. Se suprimió el Consejo Científico del Comité Central y la implicación del Partido en asuntos científicos pasó a ser mal vista (pag. 148).

Stalin dominaba el materialismo dialéctico, la metodología marxista para comprender todos los aspectos de la existencia humana, incluido el mundo natural. En 1950 intervino en un debate sobre lingüística, centrado en las ideas del historiador y teórico lingüístico anglo-georgiano Nikolái Marr (1865-1934).

Una de las teorías extrañas que promovió Marr era que todos los idiomas se basaban en clases sociales y cambiaban en consonancia con la transformación económica de las bases económicas de las sociedades. Todos los aspectos de la superestructura, sostenía en una aplicación burda de la teoría marxiana de base y superestructura, incluido el lenguaje, fueron moldeados y desarrollados por las relaciones de clase y la dinámica de la base económica. Diferentes clases hablaban diferentes idiomas, y la lengua de clases similares en distintos países tenía más en común entre sí que con sus compatriotas que pertenecían a clases distintas. Por tanto, según Marr, el idioma era una cuestión de clase, no nacional o étnica.

Los seguidores de Marr estaban firmemente arraigados en los círculos lingüísticos soviéticos, pero también tenía sus detractores. Algunos de los libros de Marr se encontraban en la biblioteca de Stalin.  

Uno de los críticos de Marr fue el georgiano Arnold Chikibava, quien, acompañado por los líderes comunistas georgianos Kandid Cherkviani (ambos habían criticado a Marr), viajó a Moscú en abril de 1950, donde se reunieron con Stalin y mantuvieron una larga conversación sobre Marr. Stalin pidió a Chikibava que escribiera un artículo para Pravda sobre la lingüística soviética, que se publicó el 9 de mayo.  Este artículo fue ampliamente revisado por Stalin, quien realizó su habitual labor editorial de afinar y pulir la prosa, insertando algunas frases propias. 

En una sección sobre los orígenes del lenguaje, Stalin añadió que Marr había rechazado la idea de que el lenguaje «surgiera como medio de comunicación entre las personas, como un instrumento que surgió de una necesidad persistente de comunicarse».  El académico Marr olvida que, en los tiempos más remotos, las personas vivían y se mantenían en hordas, en grupos, y no de forma individual. El académico Marr no tiene en cuenta el hecho de que fue precisamente esta circunstancia la que generó la necesidad de comunicarse, su necesidad de disponer de un medio común de comunicación como el lenguaje» (pag. 150).

En una sección en la que se criticaban los métodos artificiales de Marr para acelerar la formación de una lengua mundial, se incluía lo siguiente: «Los marxistas entienden esta cuestión de otra manera.  Sostienen que el proceso de desaparición de las lenguas nacionales y la formación de una única lengua mundial común tendrá lugar de forma gradual, sin recurrir a ningún «medio artificial» para «acelerar» este proceso. La aplicación de tales «medios artificiales» supondría el uso de la coacción contra las naciones, y esto es algo que el marxismo no puede permitir» (ibíd.).

«Al final del artículo, Stalin añadió este párrafo: 

“La formulación teórica de Marr sobre una lingüística general contiene graves errores. Sin superar estos errores, es imposible el crecimiento y el fortalecimiento de una lingüística materialista. Si alguna vez se han necesitado la crítica y la autocrítica, es precisamente en este ámbito” ».

Tras proporcionar la información anterior, Roberts escribe: 

Las interpolaciones de Stalin presagiaron su propia contribución al debate lingüístico, «LO QUE RESULTÓ SER UNA VERDADERA CLASE MAGISTRAL DE CLARIDAD DE PENSAMIENTO Y SENTIDO COMÚN» (pag. 150, es nuestro el énfasis destacado).

Como era su costumbre, antes de intervenir en el debate, Stalin había estudiado muchos libros sobre lingüística. Era un lector rápido y, casi a diario, había un montón nuevo de libros sobre lingüística en su estudio en Kuntsevo.

Stalin argumentaba que el lenguaje fue creado por toda la sociedad y desarrollado por cientos de generaciones de personas: 

"El lenguaje existe, el lenguaje ha sido creado precisamente para servir a la sociedad en su conjunto, como medio de interacción entre personas ... servir a los miembros de la sociedad por igual, independientemente de su estatus de clase."

Atacó la idea de que los idiomas se basaran en la clase: 

"La cultura puede ser burguesa o socialista", dijo, "pero el lenguaje, como medio de interacción, es siempre un idioma común para todo el pueblo y puede servir tanto a la cultura burguesa como a la socialista." (pag. 151)

La característica distintiva de las lenguas, señaló Stalin, era que derivan su uso y poder de la gramática, así como de un vocabulario compartido. 

"La gramática es el resultado de un proceso de abstracción llevado a cabo por las mentes humanas durante un largo periodo de tiempo, es la indicación de un tremendo logro de pensamiento."

En una entrevista posterior con Pravda, Stalin criticó la opinión de Marr de que el pensamiento podía estar separado del lenguaje. Cualesquiera que sean los pensamientos que puedan surgir en la mente del hombre, surgen y existen únicamente en base al material lingüístico, en la terminología y las frases del lenguaje. 

Marr, dijo Stalin, era "un simplificador y vulgarizador del marxismo", que había "introducido en la lingüística un tono immodesto, jactancioso y arrogante" y debatía el estudio comparativo-histórico del lenguaje como 'idealista'.

Stalin publicó cinco contribuciones en Pravda sobre este asunto. En su declaración final, reiteró su opinión de que todas las lenguas acabarían fusionándose en una sola lengua común, pero que ese proceso sólo llegaría tras la victoria mundial del socialismo. Mientras tanto, cientos de lenguas seguirían coexistiendo, y no se cuestionaba suprimir ninguna ni afirmar la superioridad de ninguna de ellas.

Los artículos de Stalin sobre marxismo y lingüística se publicaron en todos los periódicos soviéticos. Se leían por la radio y se reimprimían como folletos con tiradas de millones. Los programas lingüísticos fueron renovados para incluir nuevos cursos sobre la enseñanza de Stalin acerca del lenguaje. El breve texto de Stalin realmente generó océanos de literatura.


Enlace original:

- https://thecommunists.org/2026/05/01/news/history/stalins-library-geoffrey-roberts-resume-book-review-pt8