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30 de junio de 2026

LA SALVACIÓN DEL PUEBLO AL ESTILO SOVIÉTICO



Camarada, 1954. Marat Samsonov.
















Por Yuri Stoliarov. Redacción y traducción de Nestor Guadaño.

La clase burguesa que ostenta el poder en Rusia, representada por sus miembros y defensores —funcionarios de los más diversos rangos, diputados, oligarcas y simples burgueses adinerados—, aprovecha cualquier oportunidad para lanzar reproches contra el poder bolchevique, a Lenin y a Stalin por todo lo que se les pueda achacar y por lo que, con un mínimo de sensatez, no se les puede achacar en absoluto. En concreto, inventivas tales como «la preservación de la vida humana no era, por decirlo suavemente, una prioridad para el Estado en aquellos años».

Los bolcheviques, desde su llegada al poder hasta la muerte de Stalin, se enfrentaron en tres ocasiones a catástrofes demográficas. Y, a diferencia de los gobernantes actuales, cada vez las superaron en un plazo sorprendentemente breve.

A finales de la primera década del siglo XX, la Rusia soviética sufrió pérdidas demográficas muy graves, provocadas por la Guerra Civil, la emigración masiva, la hambruna y las epidemias. A principio de los años veinte, la mortalidad superaba a la natalidad, según las estimaciones, en 9-10 por mil. Sin embargo, ya en esta década de 1920, comenzó el crecimiento natural de la población, gracias al cual el país salió del «bache demográfico» en menos de cinco años: en 1926, la población de la RSFSR, según datos del Anuario de Rosstat de 2001, ya superaba ligeramente el nivel de la Rusia prerrevolucionaria (dentro de fronteras comparables, 92,7 millones de personas en 1926 frente a 91,0 millones a principios de 1917). El crecimiento natural de la población de la RSFSR continuó durante otros seis años y superó en total los 10 millones de personas.

En 1932 y 1933, la URSS (sobre todo la RSFSR y la República Socialista Soviética de Ucrania) se vio afectada por una grave mala cosecha: si en 1930 la cosecha de cereales ascendió a 83,5 millones de toneladas, en 1931 fue de 69,5 millones de toneladas y en 1932, de 69,9 millones de toneladas. Esta catástrofe tuvo como consecuencia una crisis demográfica: en 1933, la disminución de la población en la RSFSR ascendió a casi 2 millones de personas. Gracias a las eficaces medidas adoptadas por las autoridades, ya en 1934 se reanudó el crecimiento natural de la población en la república, que ascendió a 264.000 personas. En 1935 superó el millón de personas y no volvió a descender por debajo de ese nivel hasta 1941.

Los antisoviéticos intentan convencernos, de que la catástrofe demográfica más grave que ha sufrido el país fue provocada por unas "represiones" a gran escala. Sin embargo, los indicadores objetivos demuestran de forma inequívoca que se trata de una mentira descarada.

En 1936, la tasa de mortalidad en la RSFSR era de 26,2 por mil (número de fallecidos por cada mil habitantes).

En el tan controvertido 1937, la cifra se mantuvo en 26,2.

En 1938, fue de 25,6.

En 1939, de 23,9.

En 1940, de 23,2.

Durante todos esos años, el crecimiento natural de la población de la RSFSR superó el millón de personas y ascendió en total a más de 5 millones.

Estos datos demuestran de forma convincente que en la Rusia soviética, al igual que en la Unión Soviética en su conjunto, no se llevaron a cabo ese tipo de "represiones" a una escala tal, que pudieran afectar de manera significativa a los indicadores demográficos. Esta conclusión queda respaldada también por la siguiente comparación. 

En 1926, la población de la RSFSR ascendía, redondeando, a 93 millones de personas.

En 1939, tras la "hambruna" de 1933 y las denominadas "represiones", la población ascendió a 109 millones (según los datos de los censos de población de toda la Unión de los años correspondientes). El incremento fue de 16 millones, es decir, un 17 %. En el caso de la República Socialista Soviética de Ucrania, estas cifras son las siguientes: en 1926, 29 millones, en 1939, 40 millones. Sin embargo, esa cifra de 40 millones corresponde al periodo posterior a la reunificación de Ucrania con sus territorios occidentales. Sin ellos, la población era de unos 34 millones. El incremento es el mismo: un 17 %. Ya en la época postsoviética, los medios de comunicación publicaron datos según los cuales, en los territorios que se incorporaron a la URSS solo en 1939-1940 y que estaban libres de los «horrores del bolchevismo», el crecimiento demográfico fue de tan solo un 9 %.


El genocidio provocado por los nazis

La invasión de Hitler, puso de manifiesto las consecuencias que tuvo en la demografía soviética, unas pérdidas humanas realmente significativas. 

Además, la mayor parte de las pérdidas se produjeron entre la población en edad fértil. Salir de ese «bache demográfico» resultó difícil, sobre todo porque, tras la guerra, la URSS se vio azotada además por una catástrofe natural: una sequía que provocó una mala cosecha de cereales.

Sin embargo, ya en 1946 el crecimiento natural de la población superó el millón de personas y, a pesar de las numerosas dificultades de los primeros años de la posguerra, no volvió a descender por debajo de ese nivel. En tan solo una década, y sin una afluencia migratoria significativa, se recuperó la población de Rusia de 1940. A partir de entonces, el crecimiento natural de la población continuó... hasta la llamada «victoria demócrata» burguesa de finales de los años ochenta del siglo pasado, cuyas consecuencias devastadoras resultaron ser casi más terribles que la agresión hitleriana.

Si bien el régimen soviético logró compensar en una década, las pérdidas demográficas causadas por la guerra, el régimen antisoviético no ha podido compensar hasta la fecha, las pérdidas de población de Rusia provocadas por la «restauración capitalista». En 1991, la población de Rusia ascendía a 148,4 millones de personas. A principios del siglo XXI, la cifra se había reducido a 146,6 millones. Y en las décadas siguientes, a pesar del enorme flujo migratorio (teniendo en cuenta la «migración» de toda Crimea, unos 7 millones de personas), no se ha logrado recuperar la cifra de población de 1991.

En general, lo que ocurrió en la Unión Soviética, incluida la Rusia soviética, en los años de la posguerra, merece el nombre del «milagro demográfico de la era de construcción del socialismo». La tasa de mortalidad no solo descendió, sino que lo hizo de forma vertiginosa, y en el año 1953 tras el fallecimiento de Stalin se situó en el 9,0 por mil en la URSS y en el 9,2 por mil en la RSFSR.

¿Se tratará quizá de un «mito propagandístico comunista»? Pues no.

En primer lugar, en aquellos años la estadística no era un instrumento de propaganda. Hace unos años se publicó en Internet, el documento original que contiene los principales datos estadísticos sobre la demografía de la URSS desde 1926 hasta 1955, y en él figura la calificación «secreto soviético». 

En segundo lugar, durante la «creación del mito del culto a la personalidad» realizado por de Jruschov, se intentó sacar a relucir cualquier «detalle» que comprometiera el régimen de Stalin, y estos datos no se pusieron en duda. Es más, la tendencia a la disminución de la mortalidad continuó tras la muerte de Stalin, y en 1960 la tasa de mortalidad en la RSFSR alcanzó el nivel de 7,4 por mil.

A primera vista, la explicación de este fenómeno parece estar en la revolución médica que supuso la llegada de los antibióticos y otros medicamentos, que se incorporaron a la práctica clínica en la década de 1940. 

Pero esta es, precisamente, una explicación superficial del milagro demográfico soviético. 

Porque esos remedios milagrosos, también comenzaron a utilizarse ampliamente en los países capitalistas desarrollados. No obstante, ya a mediados de la década de 2010, cuando en los últimos decenios han surgido en la medicina nuevos avances, que en la década de 1950 habrían parecido como de ciencia ficción. 

Por todo ello, resulta revelador el dato que muchos países de la «vieja» Europa capitalista, mucho más "prósperos y acomodados en lo material" que la Unión Soviética de las décadas de 1940-1950, la tasa de mortalidad, según datos de la ONU, era superior a la RSFSR en 1953: 

Alemania — 10,7 por mil, Portugal — 10,6, Italia — 10,5, Dinamarca — 10,3, Suecia — 10,1, Bélgica— 10,0, Reino Unido — 9,9, Grecia — 9,9, Finlandia — 9,7, Austria — 9,4.

Así pues, no se trata aquí únicamente de los avances científicos y técnicos de la medicina. 

Sin duda, fue de enorme importancia el hecho de que, en la Unión Soviética, la atención sanitaria de la población fuera siempre, incluso en las condiciones económicas más difíciles, una de las prioridades del Gobierno. 

En la URSS, en 1940, el número de médicos se había multiplicado por siete en comparación con el de la República de Rusia en 1913, el número de hospitales casi se había triplicado, y el número de camas hospitalarias se había más que triplicado. Durante la década siguiente, estas cifras se duplicaron aún más. El crecimiento no fue solo cuantitativo, sino también cualitativo, y se prestó especial atención a la prevención de enfermedades. 

De hecho, la Organización Mundial de la Salud reconoció que el sistema de salud preventiva creado en la URSS era el mejor del mundo.

Así pues, la reducción de la tasa de mortalidad en la Unión Soviética hasta un nivel que, aún hoy, resulta inalcanzable para muchos Estados capitalistas desarrollados, es la prueba más convincente de que los cambios que se produjeron en las esferas económica, social y espiritual de nuestra sociedad, durante la puesta en práctica del proyecto de Construcción del Socialismo fueron, en su conjunto, un enorme beneficio para el pueblo. 

Gracias a estos cambios, en nuestro país se alcanzó una calidad de vida impensable incluso para los Estados capitalistas más ricos. La razón es profundamente práctica y política. Y no viene determinada por el número de filetes por habitante, o los productos exhibidos en los mostradores de las tiendas, sino fundamentalmente, por la creación de las condiciones que favorezcan el desarrollo del verdadero potencial humano en cada trabajador. 

Durante la puesta en práctica de la Construcción del Socialismo, en la sociedad soviética se crearon para ello unas condiciones sin precedentes en la historia de la humanidad, y por ello, estos índices ejemplares, son tan actuales para el futuro del ser humano.

El heroico trabajo de los médicos soviéticos, durante la Gran Guerra Patria (Segunda Guerra Mundial). 

Por Russia Today. 

Fotos, Agencia de Prensa Sputnik.

Una de las tareas principales de los médicos, era llevarse a los soldados heridos del lugar de las acciones militares, y atenderlos con la mayor rapidez posible, así como prevenir infecciones.

Más de 700.000 miembros del personal médico de la Unión Soviética, lucharon por la vida de los soldados del frente. Durante la contienda unos 85.000 de ellos perdieron la vida, y desaparecieron. Se estimaba que la esperanza de vida media, de los instructores médicos en la vanguardia en 1941 era de unos 40 segundos.

En muchos casos se vieron obligados a llevar a cabo operaciones quirúrgicas complejas, sin los medicamentos ni el instrumental necesarios, con el peligro añadido de tener que trabajar muy cerca de donde se desarrollaban las acciones militares, arriesgando su vida para salvar la de los demás.

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Durante poco más de cinco meses desde el inicio de la guerra, en el país se crearon 291 divisiones con batallones sanitarios, 38 compañías de fortalecimiento médico, 380 hospitales de campaña móviles, 12 hospitales para tratar a pacientes con heridas leves, y otras formaciones sanitarias avanzadas en las vanguardias de choque.

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Una de las tareas principales de los médicos era llevarse a los soldados heridos del lugar de las acciones militares, y atenderlos con la mayor rapidez posible, así como prevenir infecciones.

Sputnik

Debido al gran número de heridos, médicos y enfermeros, se vieron obligados a trabajar sin descanso durante varios días. Muchos de ellos y ellas, ni siquiera tenían tiempo para comer, y llegaban a desmayarse de hambre mientras cumplían con su deber.

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Su trabajo requería también mucha fuerza física, ya que también se encargaban de transportar a los heridos hasta un lugar donde pudieran ser atendidos. De esta manera, una enfermera podía tener que transportar a cinco o seis soldados durante una hora, después de lo cual comenzaba su trabajo.

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También era habitual, que las enfermeras donaran su propia sangre para salvar a los pacientes.

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El mariscal de la Unión Soviética Gueorgui Zhúkov, considerado uno de los mandos más destacados de la Segunda Guerra Mundial, escribió que «en una gran guerra, lograr la victoria sobre el enemigo, depende en no poca medida, del éxito del trabajo de los servicios médicos militares, especialmente los cirujanos militares en el campo de batalla».

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«Lo que hizo la medicina militar soviética, durante los años de la pasada guerra con toda justicia, puede ser descrito como una hazaña», afirmó, por su parte, otro mando soviético, el mariscal Iván Bagramián. 

«Para nosotros, veteranos de la Gran Guerra Patria, la imagen de un médico militar será siempre la de la personificación de un alto humanismo, valor y dedicación», pronunció en una ocasión Bagramián.

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Por la inmensa importancia de su trabajo, unos 116.000 médicos fueron condecorados con órdenes y medallas estatales.

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Enlace original:

- ВКП(б) - Всесоюзная Коммунистическая партия большевиков. PCU(b) - Partido Comunista de toda la Unión, Bolchevique.

- El heroico trabajo de los médicos soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial, en imágenes – Diario Octubre

24 de mayo de 2026

Nikolái Semashko: principal impulsor de la vida sana en la URSS, y creador del primer sistema sanitario público del mundo con asistencia médica gratuita para toda la población

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Por Nestor Guadaño.

En el año 2024 se celebró en toda Rusia el 150º Aniversario del nacimiento de Nikolái Semashko, (20 de septiembre de 1874 — 18 de mayo de 1949), el hombre que creó prácticamente desde cero el sistema sanitario soviético, caracterizado por su naturaleza estatal, su planificación y la accesibilidad de la asistencia médica. 

Este año, sobre todo en Rusia, se han vuelto a editar las diferentes medidas sanitarias que se tomaron tras la Revolución de Octubre. Sus avances sociales para la Humanidad, actualmente, siguen siendo esenciales.

¿Cómo nació en su pensamiento, la necesidad social de la sanidad para todos?

Nikolái Semashko nació el 8 (20) de septiembre de 1874 en el pueblo de Livénskaya, en la provincia de Órel. Creció en el seno de la familia del profesor Alexandr Severínovich y su esposa María Valentínovna, hermana del teórico y filósofo Georgui Plejánov.

Semashko pasó su infancia rodeado de campesinos. Sus padres lo matricularon en el instituto masculino de Yelets, donde se graduó con éxito a los 16 años. Es curioso que en ese centro educativo, estudiara junto a él el escritor ruso Mijaíl Prishvin.

Posteriormente, Nikolái continuó sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Moscú. Más tarde se unió a un círculo marxista, lo que le llevó a desarrollar sus ideas revolucionarias. En 1893 fue elegido representante de la asociación de Yelets en el consejo de asociaciones de la universidad.

En 1904, Semashko se vio obligado a trasladarse a Nizhni Nóvgorod para evitar ir a la cárcel por sus actividades revolucionarias. Allí trabajó como médico del consejo rural, sin dejar de dedicarse a la propaganda en numerosas fábricas y talleres locales.

Durante los acontecimientos revolucionarios que tuvieron lugar al año siguiente, Nikolái fue uno de los instigadores de la huelga en la fábrica de Sormovo, a raíz de lo cual volvió a caer en manos de las fuerzas del orden. En 1906, el joven emigró a Suiza, donde conoció a Vladimir Lenin...

Trabajo editado por la Universidad Sechenov. Traducción Nestor Guadaño

Nikolái Semashko, fue uno de los primeros defensores de la vida sana, un apasionado revolucionario y, al mismo tiempo, un político de talento que salvó de la ejecución a numerosos médicos, auxiliares de medicina y enfermeras acusados de apoyar al movimiento blanco. 

Sobre Nikolái Semashko, su sistema y su influencia en la medicina moderna, hablaron el director del Departamento de Salud Pública y Sanidad «N. A. Semashko», de la Universidad Sechenov, el profesor de la cátedra Valeri Tregubov, la nieta del primer comisario de salud pública, Elena Farobina, que trabajó durante 32 años en el Centro de Maternidad e Infancia de Sechenov, y otros expertos. 

El 23 de septiembre, en la Universidad Sechenov, se organizó una visita guiada para todos los interesados al Museo de Historia de la Medicina del Centro Troyan, donde se conservan más de 50 documentos de archivo únicos y objetos personales del académico. Los invitados depositaron flores ante el busto de Semashko, y visitaron su tumba, que había sido acondicionada por voluntarios de la universidad. 

Abajo la partera tradicional

Hacia 1913, la mortalidad infantil en Rusia alcanzaba cifras desde los 240 a 270 niños muertos por cada 1.000 nacidos vivos. El 95% de los nacimientos tenían lugar en los domicilios y en condiciones insalubres, ocasionando el aumento de la morbimortalidad maternoinfantil. El abandono de los niños, fruto de embarazos no deseados era una realidad alarmante. En ese año, solamente existían 9 clínicas pediátricas y 19 guarderías en Moscú. La esperanza de vida apenas llegaba a los 35 años. La duración media de la vida en la URSS era de 32 años entre 1897-1898, y de 44 años el período 1926-1929, que se prolongó a 67 años entre 1955-1956.

Justo tras la Revolución, en Octubre de 1917, el nuevo Comisariado del Pueblo para el Trabajo, anunció una lista amplia y completa de beneficios, cubiertos por los fondos de la seguridad social, incluyendo accidentes y enfermedad, atención médica, y licencia de maternidad, aún a pesar de la guerra civil,  y de las adversidades y carencias del naciente Estado proletario.

En 1918, un año después de la Revolución de Octubre, Nikolái Semashko se convirtió en el primer responsable del Comisariado Popular de Salud Pública, un nuevo organismo encargado de la sanidad pública y los asuntos sanitarios del país, que sirvió de modelo para los ministerios de Sanidad de diversos países.

El propio Semashko era un ferviente revolucionario, por lo que su camino hacia la medicina fue espinoso. Fue expulsado de la Universidad Imperial de Moscú, donde había asistido a clases de Iván Sechenov, Fiódor Erisman, Nil Filatov, Grigori Zajarin y Nikolái Sklifosovski, aún a pesar de sus buenos resultados académicos, por ayudar a organizar una manifestación masiva de estudiantes y trabajadores. 

El futuro académico fue encarcelado durante tres meses, expulsado de Moscú y sometido a vigilancia policial. Entonces se trasladó a Kazán y se matriculó en la facultad de medicina de la Universidad Imperial de Kazán. Pero también de allí le pidieron que se marchara: tras participar en una gran manifestación política, se le prohibió vivir en el campus universitario. Se marchó de la ciudad, pero no abandonó los estudios: llegó a un acuerdo con los profesores de la universidad, se instaló a las afueras y, disfrazado, con gafas, barba y bigote postizos, asistía a las clases nocturnas en la universidad, tras lo cual aprobó brillantemente los exámenes y obtuvo el título académico. Luego vinieron las organizaciones clandestinas, las detenciones, la vigilancia policial, la emigración a Ginebra, donde conoció a Lenin, y a París, el regreso y el trabajo como médico rural en pueblos y aldeas, las operaciones quirúrgicas y la lucha contra el tifus…

Cuando Nikolái Semashko fue nombrado Comisario del Narkomzdrav (Comisión Popular por la Salud Pública), heredó de la Rusia imperial un sistema sanitario devastado por la Guerra Civil y fragmentado, compuesto por organizaciones y sociedades independientes que no estaban conectadas entre sí. A pesar de que ya existían los zemstvos, había una escasez catastrófica de especialistas a nivel local: solo había un médico del zemstvo por cada 20.000 personas, y sus servicios no eran baratos. Con tal carga de trabajo para los especialistas, no se podía hablar de ningún tipo de prevención: los médicos apenas daban abasto para atender partos y examinar a los enfermos. En aquel momento, el tifus abdominal hacía estragos en el país: entre 1905 y 1917 se contagiaron más de un millón de personas. Y la viruela se cobró la vida de 32.000 personas solo en 1909. Según las memorias de Semashko, le impresionaban los funerales, casi a diario, de niños campesinos infectados por terribles enfermedades. 

«Como Nikolái Alexándrovich trabajaba como médico rural, se enfrentaba constantemente a problemas de higiene y salubridad. De esta experiencia le convenció de la necesidad de desarrollar activamente la medicina preventiva, algo de lo que antes no se ocupaban a nivel estatal», afirmó Arseni Chernomorski, conservador jefe de los fondos del Museo de Historia de la Medicina de la Universidad Sechenov.

Por eso, lo primero en lo que se centró el comisario en su nuevo cargo fue la vacunación y la concienciación de la población.

«Las vacunas preventivas son un medio fiable para combatir las enfermedades infecciosas intestinales», «Las vacunas son inocuas para la salud», proclamaban los carteles por todo el país. La vacuna contra la viruela pasó a ser obligatoria. A quienes se negaban a vacunarse les esperaba un tribunal popular. Gracias a los esfuerzos de Semashko y sus seguidores, en 1939 la incidencia del tifus abdominal se redujo en un 23,8 %, y la viruela natural prácticamente desapareció: en 1939 solo se registraron dos casos de la enfermedad.

«Los principios del nuevo sistema fueron la centralización estricta, la planificación y, lo más importante, la asistencia médica accesible, de calidad y gratuita para toda la población del país», explicó Vladimir Reshetnikov, director del Departamento de Salud Pública y Sanidad «N. A. Semashko», de la Universidad Sechenov.

El comisario consideraba que la base de esa ayuda no era el tratamiento, sino la prevención. «Desarrollar de inmediato la más amplia actividad de educación sanitaria entre la población (charlas, conferencias, exposiciones)», ordenó en 1918 en el I Congreso Panruso de Departamentos Médicos y Sanitarios de los Consejos. Por iniciativa suya, se creó en el país una red de centros de tratamiento precoz y prevención. En las empresas con condiciones de trabajo nocivas se abrieron unidades sanitarias y centros de profilaxis. «Gracias a ello, los trabajadores de las fábricas de la Unión Soviética podían recibir tratamiento de recuperación prácticamente de forma gratuita. Al terminar la jornada laboral, se llevaba a los trabajadores al centro de profilaxis en autobuses y, por la mañana, se les traía de vuelta al trabajo. El tratamiento duraba entre 18 y 21 días», explicó Vladimir Reshetnikov.

Nikolái Semashko fue uno de los fundadores del sistema de dispensarios: ideó un sistema de continuidad asistencial, en el que el paciente pasaba de un reconocimiento preventivo ambulatorio a la hospitalización si necesitaba un tratamiento específico, explicó la jefa de servicio, la alergóloga e inmunóloga del Departamento de Diagnóstico y Tratamiento del Centro de Maternidad e Infancia Sechenov, Ksenia Melníkova.

El propio Semashko publicaba folletos escritos en un lenguaje accesible para el gran público: 

«¡Abajo la comadrona!», 

«La tuberculosis: el azote de los campesinos», 

«La revolución cultural y la mejora de las condiciones de vida». 

El Comisariado de Salud recordaba su importante papel, en imágenes acompañadas de versos: 

«Él te cuida, 

en casa y en la calle, 

para que seas un tipo sano,  

y no una gallina mojada». 

Y para sus colegas médicos, Semashko escribía manuales dedicados a la organización de hospitales, policlínicas y puestos de asistencia médica, y de obstetricia.

La primera cátedra de higiene social

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Nikolái Semashko fue el primero en plantear la cuestión del trasfondo social de muchas enfermedades. Estaba convencido de que la enfermedad no surge de la nada, sino por la acción de factores externos sobre el ser humano. Para fundamentar científicamente este enfoque y formar a especialistas destinados a trasladar el énfasis del tratamiento a la prevención y la resolución de problemas sociales, en 1922 Semashko creó en la Facultad de Medicina de la Primera Universidad de Moscú, la primera cátedra de higiene social del país, que durante varias décadas marcó el desarrollo de la ciencia médica en la RSFSR. 

«No todos los médicos acogieron con agrado esta decisión. Hubo quienes se opusieron a los nuevos enfoques. Pero más tarde se reconoció en todo el mundo la necesidad de la prevención», señaló Reshetnikov.

Semashko consideraba que la clave de la prevención, era llevar un estilo de vida saludable. Se puede decir que fue uno de los primeros defensores de la vida sana. Según los recuerdos de su nieta, la pediatra Elena Farobina, no bebía ni fumaba, practicaba ejercicio físico, iba a la montaña, esquiaba y vivió hasta los 75 años, lo que superaba con creces la esperanza de vida media de la época.

El gasto en servicios médicos aumentó de 140 millones de rublos por año, a 385 entre 1923 y 1927. En 1928, había 158.514 camas de hospital en áreas urbanas. 59.930 en áreas rurales, 5.673 camas de centros médicos en áreas urbanas, y 7.531 en áreas rurales. 18.241 camas de maternidad en áreas urbanas y 9.097 en áreas rurales. Se edificaron 2.000 nuevos hospitales que se realizaron entre 1928 y 1932. El Gosplan (Comité Estatal de Planificación) responsable de la elaboración de los planes quinquenales, proyectó que el gasto en salud sería del 16% del presupuesto total del gobierno en 1929.

Nikolái Semashko estaba firmemente convencido, de que la mejora de la salud de la población debía comenzar por la madre y el niño. Por eso se abrieron por todo el país hospitales infantiles y maternidades (entre 1914 y 1929, el número de camas en ellos aumentó en un 60 %), así como centros de atención a la mujer, donde se atendía gratuitamente a las embarazadas. «El sistema que existe hoy en día, en el que el seguimiento de la mujer embarazada, la parturienta y el niño es continuo, ya se había establecido en aquella época», señaló Reshetnikov.

En el ámbito de la salud sexual, el programa soviético de educación también la consideró urgente debido a las restricciones sobre el sexo, y la alarmante incidencia de enfermedades venéreas. De esta forma se desarrolló la educación sexual en la unión soviética, que precedió a medidas importantes para disminuir la morbimortalidad de las mujeres, como fue la legalización del aborto. 

En 1920, la Rusia soviética se convirtió en el primer país del mundo en legalizar el aborto. La legalización se llevó a cabo de conformidad con el decreto del Comisariado Popular de Salud y el Comisariado Popular de Justicia del 16 de noviembre de 1920 «Sobre la interrupción artificial del embarazo».

Y como la mujer soviética era, ante todo, una trabajadora, se abrieron por todas partes centros de lactancia y guarderías, incluidas las móviles: se llevaba a los niños directamente al campo para que las trabajadoras pudieran alimentarlos. En las grandes ciudades se crearon institutos de investigación sobre la protección de la maternidad y la infancia. Todo este rico bagaje dio sus frutos. Si en 1920, 350 de cada mil bebés no llegaban a cumplir un año, en 1940, esa cifra se redujo a 100 de cada mil.  

A finales de la década de 1920 se habían creado en el país 7.500 centros médicos rurales. N. Semashko organizó el servicio de asistencia médica de urgencias, gratuito. En comparación con Occidente, este sistema no se implantó a escala nacional, hasta mucho más tarde, en la década de 1940. El número de visitas a domicilio a pacientes se multiplicó por 18 en 1930, en comparación con 1914.

Como funcionaba el sistema asistencial en toda la Unión Soviética

Los centros primarios de atención, se crearon alrededor de las diferentes comunidades sanitarias en los llamados Policlínicas Rurales, bajo el control médico de los Hospitales de la Región. Allí se desarrollaba la primera actuación sanitaria, donde se resolvían las patologías ambulatorias más extensas, en las principales especialidades: pediatría, medicina de adultos y ginecólogos-obstetras. Si el problema no podía resolverse en el primer nivel, se intentaba resolver en un segundo nivel, Hospitales Centrales de la Región, en estas unidades médicas se atendían a los pacientes que tenían una mayor complejidad, actuando con un mayor equipamiento técnico y de especialistas. 

Además es un avance social importantísimo, que todas las industrias contaban con un servicio médico propio, que se encargaba de la atención de los trabajadores y obreras, realizando extensas actividades de promoción de la salud, y prevención de las enfermedades laborales.

La jornada laboral de los trabajadores de la salud era de 6,5 horas, distribuidas en 3 horas para la atención clínica, 3 horas de asistencia a domicilio y media hora para la educación para la salud. La protección sanitaria, desde los médicos más calificados hasta los sanitarios rurales, llegaba a todos los hogares. En la zona rural, los koljoses (granjas colectivas) se encargaban de garantizar el equipamiento de los hospitales de la región, y el Estado de pagarle el sueldo a los trabajadores

La educación médica también fue transformada. 

Las facultades de medicina comenzaron a diferenciarse de las universidades clásicas, y la formación se realizaba combinando ciencia y práctica. Las facultades de medicina se hicieron accesibles para todos, y los estudiantes con buenos resultados podían contar con becas. Se abrieron residencias y comedores. En definitiva, en 1929, en comparación con 1914, el número de trabajadores sanitarios se triplicó, y el de graduados de las facultades de medicina se multiplicó por siete.

Se hizo realidad la posibilidad de que los obreros y los campesinos pudieran ir a balnearios. En 1921, Crimea se convirtió en un balneario para toda la Unión. El comisario recorrió todos los sanatorios existentes en la península. «Comprobaba constantemente cómo era la alimentación, cómo era la atención médica, hasta el punto de cuánto tiempo pasaba el paciente en el mar y tomando el sol», contó Elena Farobina.

El estudio realizado por Vladimir Reshetnikov y Evguéni Arsentiev, graduado de la Universidad Sechenov, permitió descubrir un dato curioso. En el momento en que N. Semashko llegó a Crimea para poner en marcha el sector sanatorio residencial, por mandato de Vladimir Lenin, en la península se desataban las represiones contra los «enemigos de clase», entre los que se encontraban médicos, enfermeras y auxiliares de enfermería, acusados de apoyar al Movimiento Blanco. 

Entonces, Nikolái Semashko comenzó a escribir a los miembros de la Comisión Extraordinaria de toda Rusia, incluido su presidente, Dzerzhinski. A juzgar por los documentos encontrados en el archivo estatal, solicitó la liberación de los trabajadores sanitarios condenados durante la Guerra Civil, y que se encontraban bajo investigación, alegando que necesitaba personal para trabajar en los sanatorios. Gracias a la intervención del comisario, fueron absueltos unos 300 médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería y otros especialistas. 

Se implementó una urgente línea de investigación sobre los problemas más lesivos que tenía el pueblo, y la industria fue nacionalizada, para producir los productos farmacológicos necesarios para combatir las enfermedades. Se creó la división químico-farmacéutica en el Instituto Ruso de Química Aplicada, y en el Instituto de Investigación Químico-Farmacéutica, encargados de producir antibióticos, vitaminas, antitoxinas y vacunas.

Mientras Nikolái Semashko fue comisario del pueblo, prácticamente no se le veía por casa, según el testimonio de la nieta del médico, Elena Farobina, incluso en las cartas que enviaba a su esposa e hijos hablaba de las reuniones del Comisariado de Salud y del Comité Central del Partido. N. Semashko dejó su cargo en 1929. 

En su libro sobre la “Protección de la salud en la URSS”, publicado en 1934, Semashko estableció principios comunes como unidad de organización y centralización de la atención médica, igualdad de acceso a la atención médica para todos los ciudadanos, métodos y tratamientos de prevención unificados, la eliminación de la base social de las enfermedades, la realización de amplias medidas sanitarias, epidemiológicas y terapéuticas, participación de la población en la totalidad del trabajo de protección de salud y medidas profilácticas, es decir, la prevención, involucrando a la población en la atención de salud, dando prioridad a los niños y las madres.

Continuó editando la Gran Enciclopedia Médica de la Unión Soviética, que se publicó bajo su dirección entre 1927 y 1936, una obra fundamental que atendía las preguntas de millones de pacientes. 

Cuando comenzó la Gran Guerra Patria, fue uno de los primeros en alistarse como voluntario, pero no lo aceptaron en el frente, por lo que se quedó en la retaguardia para tratar a los heridos. Tras la guerra, Nikolái Alexándrovich escribió mucho sobre sus consecuencias sanitarias y participó en la reconstrucción del sistema sanitario en los territorios liberados. En 1945, Nikolái Semashko fue elegido miembro de pleno derecho de la Academia de Ciencias Pedagógicas de la RSFSR.

Estableció nuevas organizaciones: la Unión Federada de Trabajadores Médicos de Rusia, la Junta Sanitaria Militar, el Instituto Estatal de Higiene Social, la Atención de Emergencia de Petrogrado Skoraya, y la Comisión de Psiquiatría.

En total, en el departamento se analizaron 20 obras de contemporáneos de Nikolái Semashko en las que se menciona al académico, según explicó Valéri Tregubov, profesor del Departamento de Salud Pública y Asistencia Sanitaria «N. A. Semashko»: «Sus compañeros e investigadores escribieron no solo sobre sus logros, sino también sobre sus cualidades humanas. En total, mencionaron unas 80 cualidades diferentes propias de Nikolái Alexándrovich, pero sobre todo destacaban su amor por las personas, por la patria y por la causa a la que dedicó su vida».

Los investigadores siguen discutiendo, basándose en sus manuscritos y otros documentos, en qué fecha exacta nació Nikolái Semashko. Entre las opciones se encuentran el 8 de septiembre según el calendario antiguo (20 o 21 según el nuevo) y el 14 de septiembre según el calendario antiguo (26 según el nuevo).

El sistema no desapareció, sino que se transformó 

Aunque Nikolái Semashko ocupó el cargo de comisario del pueblo de Sanidad durante once años, en ese periodo relativamente breve se creó en la URSS, prácticamente desde cero, el sistema sanitario soviético, que posteriormente recibió el nombre del académico. A pesar de las convulsiones del siglo XX, el modelo de Semashko demostró ser resistente. En las condiciones en las que se creó, la única vía era un sistema centralizado y planificado de forma rígida.

Al principio, el propio N. Semashko se oponía a la creación del Narkomzdrav, según contó Arseni Chernomorski: «Compartía la postura característica de muchos médicos de las juntas locales ya en el periodo prerrevolucionario, cuando se hablaba de la creación de un ministerio de salud. Consideraban que sería un aparato burocrático adicional que complicaría su trabajo. Y por eso resulta aún más sorprendente que Nikolái Semashko se convirtiera en el primer comisario de Salud. Pero hay una explicación para ello. Cuando, en 1917-1918, dirigía de hecho la sanidad de Moscú, fue testigo del panorama desolador de la época revolucionaria, el vacío de poder, la discordia y la decadencia en todos los ámbitos de la vida. Por eso, a pesar de su postura anterior, se convenció de la necesidad de crear un órgano centralizado».

La sanidad soviética, por tanto, es un sistema de atención social completo: destinado a todos los obreros y campesinos, en cuya planificación participaban activamente los sindicatos obreros, las cooperativas agrarias, los soviets y la población en general, es decir, millones de personas a los que atendía, y eran atendidos por esta planificada red sanitaria, que hasta hoy es, la más grande que nunca se había puesto en funcionamiento, alcanzado a cada uno de los rincones de la extensa URSS, incluidos los más alejados y remotos.

Pero, por supuesto, el sistema no podía permanecer inmutable para siempre: el país cambiaba, y con él también el sistema sanitario. «No obstante, en nuestros trabajos científicos hemos demostrado que, en la Rusia actual, el sistema de Semashko no ha desaparecido por completo, sino que se ha reformulado. El principio de la asistencia médica gratuita y accesible para todos se ha conservado en el marco del programa de garantías estatales para la prestación gratuita de asistencia médica a los ciudadanos». 

«El carácter planificado se transformó, por ejemplo, en el Programa Estatal de la Federación de Rusia «Desarrollo de la sanidad», y en los proyectos nacionales «Sanidad» y «Demografía». «La educación también se ha construido siguiendo los principios de Nikolái Semashko: la unidad de la ciencia y la práctica con la transición a un sistema de formación continua de los especialistas», señaló Vladimir Reshetnikov.

Por no hablar de que, en ningún caso, han perdido su relevancia iniciativas del académico como la prevención de enfermedades, la protección de la maternidad y la infancia, la vacunación y muchas otras, que han resistido el paso del tiempo y, sin ellas, es difícil imaginar la medicina moderna, afirmó Oleg Mitrokhin, director del Instituto de Salud Pública «F. F. Erisman», de la Universidad Sechenov.

El modelo integrado logró un éxito considerable en el tratamiento de enfermedades infecciosas como la tuberculosis, la fiebre tifoidea y el tifus. En 1985 la URSS tenía cuatro veces más doctores y camas de hospital por cabeza, en comparación con EEUU.

Lo mejor del sistema de Semashko, se tomó como base de la medicina asistencial en muchos países. Se convirtió en el modelo en el que se inspiró el sistema de Beveridge, que se implantó en el Reino Unido, Finlandia, Portugal, Australia, España, Singapur, Italia, Suecia, Canadá y otros países. En Serbia se aplica una combinación del modelo de Semashko y el modelo alemán de Bismarck. El sistema soviético sigue vigente en Cuba.

En 1958, Viktor Zhdánov, Viceministro de Salud de la URSS, propuso a la Asamblea Mundial de la Salud una iniciativa global conjunta para erradicar la viruela. La propuesta fue aprobada en 1959 bajo el nombre de «Resolución WHA11.54».  Trabajando sobre la base de esta resolución durante los siguientes 20 años, en 1980 la Organización Mundial de la Salud declaró formalmente la extinción de la enfermedad de la viruela. Uno de los mayores logros de la humanidad y de la ciencia, siendo el principal responsable la URSS.

En 1978, en Alma-Ata, durante la asamblea de la OMS, el bloque de países socialistas logró aprobar una resolución en la que, por primera vez a nivel mundial, se definía a la medicina como un servicio público, con un único voto en contra: el de EEUU. En medicina este principio se conoce como la Declaración de Alma-Ata y especifica lo siguiente: 

“El pueblo tiene el derecho y el deber, de participar individual y colectivamente, en la planificación y aplicación de atención a su salud”.