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30 de septiembre de 2026

EL PODER DE "LA FÓRMULA KORCHAGIN"

Por Andréi Petrusha. Traducción y comentarios de Marina Svetlova.

El famoso monólogo de Pavka Korchagin, en su libro "Así se templó el acero" («Lo más preciado que tiene el ser humano, es la vida...»), es una frase revitalizante, única, y de gran impacto. El fenómeno que tuvo este libro (recordemos que Yuri Gagarin lo llevó al espacio), y en concreto del texto mencionado, radica en que funciona como un potente motivador psicológico.

Cuando una persona se enfrenta a una tragedia personal, una enfermedad grave, una depresión o la pérdida de uno de los sentidos, el ejemplo de Ostrovski y Korchagin, ofrece un paradigma contundentemente doloroso, pero salvador: 

> Tus sufrimientos se pueden superar, si tu vida está al servicio de un objetivo grande y significativo.

La «Fórmula Korchagin» es insustituible, porque ofrece un algoritmo psicológico universal para superar una crisis personal. A diferencia de las doctrinas religiosas, que confían en la recompensa en el más allá, o de las prácticas modernas, de manuales con promesas de éxito, que exigen condiciones externas cómodas, sin esfuerzo, la «Fórmula Korchagin» al contrario, relaciona la perseverancia para superar situaciones, de privación absoluta de futuro y caída libre catastrófica en la vida personal.

El dolor, la debilidad física o las circunstancias externas adversas, dejan de ser una «maldición» o una «injusticia del destino». Se redefinen como la materia prima con la que se «templa el acero del carácter». El ser humano adquiere una poderosa inmunidad psicológica: cualquier golpe del destino se percibe, no como un motivo para rendirse, sino como un proceso necesario para forjar la personalidad.

La psicoterapia de Ostrovski funciona, desplazando el foco de atención de los propios sufrimientos egoístas, hacia un objetivo externo de gran envergadura. Cuando la magnitud de la tragedia personal parece insoportable, la «Fórmula Korchagin» propone «ampliar» el «yo», hasta abarcar a toda la humanidad, o a un proceso histórico concreto. Cada ser humano, de hecho, deja de ser una astilla solitaria, en medio de la tormenta: se percibe a sí misma, como parte de una cadena ininterrumpida de generaciones que luchan por un futuro mejor.

En una situación en la que un miembro de la sociedad pierde el control sobre su cuerpo o es desbaratado por las circunstancias externas (como el propio Ostrovski, que perdió la vista y la movilidad), la fórmula le devuelve la condición de dueño de su propio destino. 

Proclama: 

«... te pueden quitar la salud, la libertad o la comodidad, pero no te pueden quitar el derecho a servir conscientemente a tu idea, hasta el último aliento».

Esta fórmula resulta indispensable en los momentos más difíciles de la vida, cuando los apoyos materiales habituales se desmoronan, y la persona necesita un eje interior, capaz de soportar cualquier presión.

Lo que Ostrovski intuyó con su instinto revolucionario lo confirmó más tarde Viktor Emil Frankl, psiquiatra, psicólogo y neurólogo, y filósofo, que sobrevivió a los campos de concentración nazis, y pasó a la historia como creador de la logoterapia —una corriente de psicoterapia, basada en la búsqueda y el análisis del sentido de la vida—.

Frankl afirmaba: «Si una persona tiene un “para qué”, soportará casi cualquier “cómo”». Ostrovski lo demostró con su ejemplo: su «para qué» (la lucha por el socialismo y la escritura de un libro) se impuso por completo al «cómo», se encontraba devastado, destrozado físicamente (la ceguera y la inmovilidad).

Ambos afirmaban, que un individuo que se centra en el propio sufrimiento, con percepción absoluta egocentrista, le acaba destruyendo, entrando en una crisis de existencia. La salvación reside en la autotranscendencia: ir más allá de los límites del propio «yo».

Frankl escribió mucho, sobre que la principal enfermedad del siglo XX es el «vacío existencial»: la sensación de que la vida carece de sentido, lo que genera depresión. Ostrovski, mucho antes que Frankl, descubrió de forma empírica, que el principal remedio contra ese vacío: es el superobjetivo existencial, buscando y logrando, un desarrollado trabajo creativo.

La sensación de falta de sentido, puede empujar a los individuos al suicidio. Por la prensa sabemos lo actual que es este problema, en la sociedad burguesa contemporánea. Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año más de 720.000 personas en todo el mundo, ponen fin voluntariamente a su vida como consecuencia del suicidio.

La «Fórmula Korchagin» combate los pensamientos suicidas, como una herramienta contundente de supervivencia existencial, que bloquea la autoagresión (el deseo de destruirse a uno mismo), mediante un cambio radical de la lógica interna. Este mecanismo puede describirse como «la transformación de la desesperación, en acción». 

Se activan cuatro mecanismos de protección:

1. Desmitificación del suicidio: «Cualquier tonto es capaz de pegarse un tiro… Es la salida más cobarde y fácil». (N. Ostrovski).

2. Prohibición de la deserción (deber de clase): Para Pavka Korchagin, la vida no es una propiedad privada de la que se pueda disponer a su antojo (Si quiero, vivo. Si quiero, me quito la vida). La vida es un extraordinario recurso social, que te ha concedido la revolución, y la causa común colectiva. En este paradigma, el suicidio equivale a la deserción de un combatiente del campo de batalla. 

Inclusive, si estás «gravemente herido» (por una enfermedad, la pérdida de seres queridos o hundido por una depresión), no tienes derecho a abandonar tu puesto, y traicionar a quienes siguen luchando a tu lado. Aquí se instala, una poderosa ancla externa, de responsabilidad, que impide que el miembro de la colectividad dé un paso negativo, definitivo.

3. Desplazamiento del foco del «yo» al «nosotros» (descentralización): Los pensamientos suicidas se alimentan del aislamiento individual del propio dolor (egocentrismo del sufrimiento). Parece que tu dolor es el centro del universo. Ostrovski propone una salida radical: la autotranscendencia, para tomar conciencia de que los sufrimientos personales, no son más que un pequeño grano de arena en la escala de la lucha histórica general de la humanidad por la justicia. Tomar conciencia de que uno forma parte, de un enorme «nosotros», saca al individuo del lodazal de la autocompasión.

4. La orden: «Haz que tu vida sea útil». 

La fórmula no se limita a prohibir morir, sino que ofrece una directriz firme para la acción: «Sé capaz de vivir incluso cuando la vida se vuelve insoportable. Haz que sea útil». En lugar de esperar pasivamente el final, Ostrovski nos obliga a buscar nuevos puntos en los que aplicar nuestras fuerzas. 

Si tienes las piernas paralizadas, trabaja con las manos. 

Si te has quedado ciego, dicta un texto. 

La recuperación de la subjetividad, a través de la lucha, acaba con la sensación de inutilidad, que a menudo es la que empuja a los individuos hacia el abismo. 

En definitiva, la «Fórmula Korchagin» transforma al ser humano, de una víctima indefensa de las circunstancias, en un luchador activo, que sencillamente no tiene tiempo, pues está en plena batalla.

Un ejemplo típico dentro del imperialismo: 

CATÁSTROFE ECONÓMICA Y PÉRDIDA DE ESTATUS. (Contexto: una persona pierde en un solo día todos sus ahorros, su trabajo y su estatus social, como consecuencia de una crisis sistémica).

La sociedad burguesa (EE. UU., 1929): «El jueves negro». Durante el colapso de Wall Street, miles de estadounidenses se arruinaron de la noche a la mañana. Para la mentalidad burguesa, la pérdida de dinero equivalía a la pérdida del sentido de la vida, ya que en la matriz capitalista, al ser humano se le valora en función de su riqueza. 

El resultado fue una epidemia de suicidios: la gente se tiraba en masa por las ventanas de los rascacielos, o se pegaba un tiro en las oficinas. No podían imaginar su existencia, fuera del marco del consumo y el estatus.

Un ejemplo soviético:

La sociedad soviética (URSS, 1941): INVASIÓN TRAICIONERA, CATÁSTROFE MILITAR. (Millones de soviéticos lo perdieron todo en los primeros meses de la guerra: sus casas fueron incendiadas, sus bienes abandonados, las fábricas desmanteladas y trasladadas a las estepas desoladas de los Urales y Siberia. La gente dormía en suelos de tierra y trabajaba catorce horas al día, en máquinas al aire libre). 

Pero, en lugar de una depresión suicida, se observó un auge sin precedentes. 

¿Por qué? 

Porque cada miembro de la colectividad soviética, no estaba apegado a la propiedad privada. Su «yo» estaba subordinado a un objetivo superior. La regla de Korchagin, «haz que tu vida sea útil», funcionaba en cada uno de ellos, a pesar de que sus destinos personales, se hubieran visto destrozados.


Enlace original:

-https://www.facebook.com/groups/feed (☭ ☆ ИОСИФ ВИССАРИОНОВИЧ СТАЛИН ☭ ☆)

1 de septiembre de 2026

Europa vista en los años 30, por un ciudadano soviético.

 union sovietica comunista 14

Recogido por Evguéni Ivánov, escrito por Dmitri Golubov. Traducción automática, publicada en la página de la web de ☭ ☆ JOSÉ VISARIONOVICH STALIN ☭ ☆


La Europa de los años 30, a través de los ojos de un ciudadano soviético.

Hoy todos vivimos en una sociedad capitalista, y estamos acostumbrados a sus leyes y contradicciones. Todo lo que vemos a nuestro alrededor parece normal, natural, lo único posible.

Pero esto no es en absoluto cierto. Bajo el socialismo, otra vida es posible. La Unión Soviética lo demostró hace mucho tiempo.

En la década de 1930, el diseñador de aviones Alexandr Yákovlev visitó repetidamente Europa Occidental. Y a veces lo que veía en esos países le sorprendía desagradablemente, y le dejaba una impresión deprimente. Las observaciones más interesantes, son descritas en sus memorias, base de este artículo.

En primer lugar, le llamó la atención la inusualmente gran cantidad de anuncios en las calles de las ciudades. Esto es lo que escribe sobre Italia:

"A lo largo de toda la autopista Milán-Turín, un anuncio de la empresa Fiat me llamaba la atención a cada paso. Numerosos carteles, carteles llamativos, modelos de coches y aviones instalados en postes a lo largo de la carretera, todo gritaba que existía un "Fiat" en el mundo, produciendo los "mejores" coches, los "mejores" aviones, los "mejores" motores e incluso los "mejores submarinos del mundo". También se usaron las señales de los kilometros en carretera para publicidad. Las estaciones de servicio en las carreteras también están decoradas con anuncios de Fiat.

Todo Turín trabaja para Fiat... La palabra mágica 'Fiat' domina la ciudad, detrás de la cual se esconde un pequeño grupo de capitalistas, los dueños de todas las fábricas y de toda la ciudad."

Hoy en día, no sorprende a nadie esta abundancia constante de publicidad. Pero para una persona soviética, fue un shock, porque eso no existía en la URSS. Imagina que caminas por una ciudad soviética típica, y nadie te entra en la cabeza desde ningún sitio, no ofrece que compres nada, no intenta meterte nada extraño en la cabeza. Tienes la cabeza limpia de renglones publicitarios, ¿no es maravilloso?

Otro episodio de las memorias:

"Desde Roma nos llevaron a Nápoles. Llegamos allí al final del día, así que no pudimos ver las ciudades, solo nos llamó poderosamente la atención la terrible pobreza y la suciedad de las afueras napolitanas...

Por la mañana, despertado por los brillantes rayos del sol, salí al balcón [del hotel]... El terraplén seguía vacío a esa hora temprana. De repente, frente al balcón, sobre el asfalto, apareció un hombre mal vestido que empezó a mirarme fijamente, sin decir palabra. Sin entender lo que estaba pasando y avergonzado, intenté no mirarle. Y él, por el contrario, obstinadamente intentaba llamar la atención sobre sí mismo, y hacía algunos movimientos extraños e incomprensibles, de nuevo en silencio. Al mirar más de cerca, vi que las mangas de la camisa del hombre estaban vacías por debajo del codo. El hombre discapacitado, suplicó limosna y mostró silenciosamente su discapacidad, temiendo llamar la atención del policía. Le lancé una moneda rápidamente. El mendigo se tiró al suelo y lo tomó con los dientes. Esta escena me causó una impresión deprimente."

Por supuesto, esta escena llamó a la reflexión social en Yákovlev. Porque venía de un país donde la ayuda mutua y la asistencia mutua eran la norma de la vida, y donde simplemente no había personas sin hogar ni mendigos. El Estado se encargaba de todos los segmentos de la población, y nadie caía en el "fango", ni se quedaba sin hogar. En Europa, las personas sin hogar eran demasiado habituales.

En cuanto a la pobreza y la suciedad, no era sorprendente, porque la provincia italiana nunca ha sido famosa por su riqueza y prosperidad. Pero un indicativo especialmente importante se daba entonces en la Unión Soviética, pues no existía tal contraste entre el centro y la periferia. Incluso la localidad soviética más pequeña, estaba bien cuidada, tenía al menos un club, un parque o quizá un museo, y en todas había pleno empleo, con sus centros de trabajo modernos. La vida resurgía en todas partes, no solo en el centro.

Yákovlev también visitó Inglaterra. No vio escenas de pobreza allí, pero se sorprendió mucho...cuando bajó al Metro.

"Solo en Inglaterra me quedó claro, por qué los extranjeros admiran tanto nuestro Metro de Moscú. De hecho, no se puede comparar el Metro de Moscú y el de Londres.

No hay vestíbulos de arquitectura tan hermosa como la nuestra. La entrada al Metro londinense suele estar situada en las primeras plantas de edificios residenciales, o de algunas instituciones. Desde un pasillo con suelo asfaltado, los pasajeros son bajados profundamente bajo tierra, en una jaula cubierta, similar a las que se usan en las minas de carbón. Las estaciones en sí son muy poco atractivas: las paredes son de hormigón, no están decoradas con nada, y el techo es igual. El aire es denso, con un olor penetrante a desinfección. Los coches del Metro de Londres tampoco tienen nada que ver con los elegantes, bellos y cómodos coches del Metro de Moscú."

Esto no es un muro puesto en el jardín británico, es una firme declaración de hechos comprobados.

En el mismo momento, en que se construían impresionantes centros comerciales y de negocios en Occidente, se erigían hermosas casas de cultura, palacios de pioneros y el Metro en la Unión Soviética. Era un Sistema Social y Económico Estatal diferente: son prioridades diferentes.

Yákovlev también visitó la Alemania nazi poco antes de la guerra. Allí, por supuesto, había algo que fuertemente le sorprendería.

"Durante mi estancia en Alemania, tuve que conocer alemanes de diferentes especialidades y distintos niveles culturales. Pero todos, sin excepción, desde el diseñador hasta el portero, tenían un sentido de superioridad inconmensurable. Esto era evidente en todo...

A los judíos se les exigía llevar un brazalete amarillo con la letra negra "J" ("Jude") en el brazo izquierdo. En un taxi, a menudo se podía ver un cartel: "No sirvo a los judíos." En algunos cines, en taquilla, junto al precio de los asientos, hay un anuncio: "No se venden entradas a judíos." En la entrada de la tienda había un cartel: "Los judíos entran después de las 5 en tal día" (tres veces por semana). En los bulevares, los bancos para todos están pintados de blanco o verde, y para los judíos hay unos especiales, amarillos, que vuelven a la avenida, con la inscripción "Für Juden" ("Para los judíos").

Y así era por toda Alemania... Por un lado, hay una alta cultura externa, todos los signos de un nivel moderno de tecnología y vida cotidiana, en todas partes hay una limpieza asombrosa, orden, organización, por otro lado, la oscura Edad Media."

Todo esto, por supuesto, es terrible, pero alguien objetará que entonces en Alemania había el fascismo. Responderé claramente que no se trata de fascismo, sino de la evolución del capitalismo. El mismo sistema social, con caras diferentes.

El capitalismo determinó el rostro de los países occidentales entonces, el capitalismo determina el rostro de casi todo el mundo hoy.

Entonces es lógico que no es una imagen a alcanzar, porque era poco atractiva para una persona soviética.

Hoy, en Rusia, la mayoría de nosotros miramos hacia Occidente y queremos vivir como allí. En los años de la esplendorosa Unión Soviética, es poco probable que un miembro social proletario soviético común, hubiera querido estar allí.

¿Desempleo? ¿Mendigos? ¿Publicidad molesta de cada cartel? No, nuestra gente no había oído hablar de esto. Y no querían escuchar ninguna clase de lisonjas capitalistas.

Sí, no había multimillonarios cargados de dólares.

Sí, la gama de productos era menor, pero la calidad de la producción total, era mayor. 

Había otras ventajas, y calidad de vida, que ninguna cantidad de dinero podía comprar, y que era más importante que cualquier caro vestido.

Y, por cierto, Yákovlev escribe que, según los resultados de los viajes, se hizo evidente que la aviación soviética no era en absoluto inferior a la occidental, e incluso la superaba en algunos aspectos.

¿Me muestras hoy al menos una rama de nuestra Rusia capitalista, en la que no seamos inferiores a los países occidentales? 

No hablo de superioridad. Ah, sí, se me olvidaba, somos los mejores bombeando petroleo. ¿Pero es para beneficio del pueblo?..

12 de agosto de 2026

La biblioteca de Stalin de Geoffrey Roberts. Parte 9.ª


El papel decisivo de liderazgo de Stalin durante la Gran Guerra Patria se basó en un profundo conocimiento, del armamento, terreno y ciencia militar, de estrategia y tácticas, y del contexto político y social más amplio en el que se desarrollaba la guerra.

Maestros de la guerra

Stalin siempre había mostrado un gran interés por los detalles de los asuntos militares. El embajador Averill Harriman observó que Stalin: «tenía una enorme capacidad para asimilar los detalles… En nuestras negociaciones con él, solíamos encontrarlo extremadamente bien informado. Tenía un conocimiento magistral del tipo de equipamiento que le resultaba importante. Sabía el calibre de los cañones que quería, el peso que podían soportar sus carreteras y puentes, y los detalles del tipo de metal que necesitaba para construir aviones» 

(Roberts, pag. 154).

En otra ocasión, Averill Harriman, entonces embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, quien pasó mucho tiempo con Stalin en ese periodo, señaló que para comprender y valorar la URSS de tiempos de Stalin, era necesario conocer algo del pasado de Rusia: 

En su opinión, Stalin era un líder bélico popular. Fue él, quien mantuvo la unidad del país. «Por eso me gustaría destacar mi gran admiración por Stalin, el líder nacional… [en un momento] de uno de esos momentos históricos en los que un solo hombre marcó una gran diferencia». Stalin poseía numerosos libros sobre asuntos militares en su biblioteca. Libros escritos por expertos de la época zarista rusa, entre ellos Enrig Leer (1829-1904), así como de Alemania, como Carl von Clausewitz, autor de Sobre la guerra.

Subrayó especialmente un pasaje del libro de Leer, en el que afirmaba que, tras su derrota ante Napoleón en la batalla de Borodinó en 1812, el general ruso Kutúzov se enfrentaba a la elección de salvar su ejército o salvar Moscú. Finalmente, decidió salvar a su ejército y continuó con una campaña de hostigamiento contra el ejército de Napoleón mientras se retiraba de Moscú.

En octubre de 1941, cuando los ejércitos nazis se acercaban a Moscú, se encontró ante un dilema similar, Stalin tomó la decisión de salvar Moscú como medio para salvar a su ejército. Así que permaneció en la capital y organizó su defensa. El 7 de noviembre de 1941, en el 24º aniversario de la Revolución de Octubre, cuando pronunció un sentido discurso a las tropas soviéticas que iban hacia el frente, dijo:

«Recordad el año 1918, cuando celebramos el primer aniversario de la Revolución de Octubre. Tres cuartas partes de nuestro país estaban en aquel momento en manos de intervencionistas extranjeros. Habíamos perdido temporalmente Ucrania, el Cáucaso, Asia Central, los Urales, Siberia y el Lejano Oriente. No teníamos aliados, no teníamos Ejército Rojo —apenas habíamos empezado a crearlo—. Había escasez de alimentos, de armamento y de ropa para el Ejército. Catorce Estados ejercían presión sobre nuestro país. 

Pero no nos desanimamos, no perdimos el ánimo. En el fragor de la guerra forjamos el Ejército Rojo, y convertimos nuestro país en un campamento militar. El espíritu del gran Lenin nos animó en aquel momento para la guerra contra los intervencionistas. ¿Y qué ocurrió? Derrotamos a los intervencionistas, recuperamos todo nuestro territorio perdido y logramos la victoria». (pag. 156)

Volvió al tema del patriotismo soviético en su apreciación:

«Os ha correspondido una gran misión liberadora. 

¡Hacedla honor! 

… ¡Que las figuras heroicas de nuestros grandes antepasados —Alejandro Nevski, Dmitri Donskói, Kuzma Minín, Dmitri Pozharski, Alexandr Suvorov y Mijaíl Kutúzov—, os sirvan de inspiración en esta guerra! 

¡Que el estandarte victorioso del gran Lenin sea vuestra estrella guía!» (Ibid).

El favorito de Stalin entre los teóricos militares soviéticos era Borís Sháposhnikov, un antiguo oficial zarista que se había alistado en el Ejército Rojo en 1918 y fue comandante del estado mayor general (1937-40, 1941-43). Como Stalin, era "un hombre de acción intelectual además de práctico".

Su libro *Mozg armi* (El cerebro del ejército), basado en las lecciones estratégicas de la Primera Guerra Mundial, era una combinación de gran estrategia y detalles organizativos fundamentales que también caracterizaban el liderazgo militar y político de Stalin. El libro de Sháposhnikov incluía numerosas citas de las obras de Marx, Engels y Lenin, además de las de teóricos estratégicos rusos y occidentales.

Los preparativos soviéticos, contrariamente a lo que afirmaban los detractores burgueses de la URSS y de Stalin, comenzaron a finales de la década de 1920. Durante la década de 1930, la partida destinada a la defensa nacional en el presupuesto aumentó del 10 % al 25 %. La plantilla del Ejército Rojo pasó de menos de un millón a más de cuatro millones. En 1939, la Unión Soviética contaba con el ejército más grande y mejor equipado del mundo y producía anualmente 10.000 aviones, 3.000 tanques, 17.000 piezas de artillería y 114.000 ametralladoras 

(Roberts, pag. 157).

Al igual que Clausewitz, Sháposhnikov creía que la guerra era una prolongación de la política y que, por lo tanto, los objetivos y la orientación general de la guerra eran prerrogativa de los dirigentes políticos. Mientras que el Estado Mayor debía comprender las interrelaciones entre los asuntos internos, exteriores y militares, los dirigentes políticos debían tener un buen conocimiento de las cuestiones militares. 

«En nuestros tiempos», escribió Sháposhnikov, «el estudio y el conocimiento de la guerra son esenciales para todos los dirigentes estatales». (Ídem)

La idea que el libro de Sháposhnikov, ayudó a popularizar la consigna de la "movilización significaba guerra". Esta fue posiblemente una de las razones por las que el Ejército Rojo no se movilizó en los días previos al ataque de Hitler a la URSS, para no precipitar la guerra con Gran Bretaña y Estados Unidos. Estos querían provocar un enfrentamiento, para que se debilitasen tanto su enemigo imperialista, Alemania, como a la odiada URSS socialista.


Enlace original:

- Lalkar: Stalin’s Library by Geoffrey Roberts – a resumé and review – Part 9


11 de agosto de 2026

La biblioteca de Stalin de Geoffrey Roberts. Parte 8.ª

 


Por Lalkar, extraído de "Los Comunistas". Partido Comunista de Gran Bretaña, Marxista Leninista.

Stalin realizó trabajos especiales, para contrarrestar la tendencia equívoca de algunos científicos soviéticos, que adoptaban una actitud servil hacia sus equivalentes del Occidente imperialista, más atrasados.
Ciencia y sociedad

Bajo el liderazgo de Andréi Zhdánov en el verano de 1946, se puso en marcha la campaña contra las influencias culturales del capitalismo occidental. Stalin estaba decidido a ampliar la influencia soviética en Europa Central y Oriental, como barrera frente a una futura agresión alemana contra la Unión Soviética.  

En lugar de comprender las preocupaciones soviéticas tras una guerra tan costosa, el imperialismo angloamericano desencadenó la Guerra Fría, y el primer ministro británico Winston Churchill declaró en su famoso discurso de Fulton, que un «telón de acero» había «caído sobre Europa, desde el Báltico hasta el Adriático».  Detrás de ese telón, todos los «antiguos Estados de Europa Central y Oriental estaban sucumbiendo al control totalitario comunista» [Cabe señalar que Churchill tomó prestada la expresión «cortina de hierro» directamente de Goebbels como herramienta propagandística].

Un año más tarde, el presidente estadounidense Harry Truman hizo un llamamiento a la defensa global del «mundo libre» por parte de Estados Unidos, y solicitó fondos al Congreso «para apoyar a los pueblos libres que se resisten a los intentos de sometimiento por parte de minorías armadas o a presiones externas».

Fue en este contexto cuando se puso en marcha la campaña soviética contra la penetración cultural occidental. 

En un discurso pronunciado en 1946, Zhdánov afirmó sin rodeos que: 

«Algunos de nuestros literatos han llegado a verse a sí mismos no como maestros, sino como alumnos, [y] han caído en un tono de servilismo ante la literatura extranjera filistea.  ¿Es ese servilismo propio de nosotros, los patriotas soviéticos, que estamos construyendo el sistema soviético, que es cien veces superior y mejor que cualquier sistema burgués?  ¿Es propio de nuestra literatura soviética de vanguardia… doblegarse ante la literatura burguesa occidental, estrecha de miras y filistea?» (pag. 143).

Cuando funcionarios de la Unión de Escritores Soviéticos se reunieron con Stalin en mayo de 1947, lo encontraron preocupado por la insuficiente educación patriótica de la intelectualidad. «Sienten una admiración injustificada por la cultura extranjera… Esta tradición retrógrada comenzó con Pedro… Había mucha servilismo ante los extranjeros, ante esa gentuza». (pag.143)

En 1947 tuvo lugar un debate público sobre un libro de historia de la filosofía occidental escrito por Gregori Alexandrov, jefe del departamento de propaganda del partido. Se le criticó por subestimar la contribución rusa a la filosofía y por no hacer hincapié en la ruptura del marxismo con la tradición occidental.

La campaña se extendió al ámbito de las ciencias naturales. Los primeros en ser objeto de críticas fueron un biólogo y un microbiólogo, que habían desarrollado un nuevo método de tratamiento contra el cáncer utilizando un microorganismo unicelular. Entregaron una copia del manuscrito sobre los métodos de tratamiento, a unos científicos médicos estadounidenses.

«Por iniciativa de Stalin, el Gobierno aprobó una resolución sobre la creación de tribunales de honor para juzgar si tales acciones eran antipatrióticas.  No se impusieron sanciones penales a los dos científicos, pero a su juicio, celebrado en junio de 1947, asistieron lo más granado de la comunidad médica soviética, así como cientos de curiosos. Un año más tarde, el Comité Central envió una circular secreta a los miembros del partido en la que se relataba el asunto y se criticaba la «esclavitud y servilismo ante todo lo extranjero», y se advertía contra «el arrastre y el seguidismo ante la cultura burguesa de Occidente». (pag. 144)

El imperativo patriótico también quedó patente en el caso Trofim Lisenko. Stalin apoyó la postura de Lisenko, especialmente su convicción de que el mundo natural podía transformarse mediante la intervención humana. 

Lisenko sostenía que los caracteres adquiridos podían heredarse y que, por lo tanto, se veían influidos por los cambios ambientales. Lisenko opinaba que las características adquiridas podían heredarse y, por tanto, estaban influenciadas por los cambios ambientales. Esto iba en contra de los genetistas soviéticos, que sostenían que la herencia era estrictamente una función de los genes y no tenía nada que ver con influencias ambientales o manipulación científica de la naturaleza.

En apoyo a Lisenko, una editorial de Pravda afirmó que "el capitalismo es incapaz no solo de la transformación planificada de la naturaleza, sino de impedir el uso depredador de sus riquezas".

La reputación internacional de la ciencia soviética era motivo de gran preocupación para Stalin tras la guerra. En un libro publicado en 1946 sobre el papel de los científicos soviéticos en el desarrollo de la ciencia mundial, destacó sus contribuciones en campos que abarcaban desde las comunicaciones electrónicas hasta la física atómica, la sismología y el magnetismo.

Cuando se conmemoró el centenario de Iván Pavlov en septiembre de 1949, en la portada de una editorial titulada "Un gran hijo del pueblo ruso", Pravda honró al científico inmortalizado a través de su investigación sobre reflejos condicionados, llamado el concepto de 'respuesta pavloviana'.

El fisiólogo y psicólogo Iván P. Pavlov (1849-1936), según Pravda, fue en su época el científico más famoso de la Unión Soviética. Fue el primer ruso en recibir el Premio Nobel de Medicina en 1904 y, a diferencia de muchos científicos de la época zarista, eligió quedarse en el país tras la Revolución de Octubre. Aunque no era bolchevique, sus métodos de investigación científica materialista se consideraban mucho más preferibles y compatibles, con el marxismo que la introspección y el subjetivismo del freudianismo.

Stalin tenía un ejemplar del libro de Pavlov "Veinticinco años de experiencia, del estudio objetivo de las actividades nerviosas superiores de los animales".

Apoyó plenamente el coloquio organizado conjuntamente por la Academia de Ciencias sobre las enseñanzas fisiológicas del académico I. P. Pavlov en junio de 1950.  Asistieron más de mil personas.  Posteriormente, los principales detractores de las enseñanzas de Pavlov fueron degradados. 

Un par de años después de la muerte de Stalin, se restableció la situación anterior. Se suprimió el Consejo Científico del Comité Central y la implicación del Partido en asuntos científicos pasó a ser mal vista (pag. 148).

Stalin dominaba el materialismo dialéctico, la metodología marxista para comprender todos los aspectos de la existencia humana, incluido el mundo natural. En 1950 intervino en un debate sobre lingüística, centrado en las ideas del historiador y teórico lingüístico anglo-georgiano Nikolái Marr (1865-1934).

Una de las teorías extrañas que promovió Marr era que todos los idiomas se basaban en clases sociales y cambiaban en consonancia con la transformación económica de las bases económicas de las sociedades. Todos los aspectos de la superestructura, sostenía en una aplicación burda de la teoría marxiana de base y superestructura, incluido el lenguaje, fueron moldeados y desarrollados por las relaciones de clase y la dinámica de la base económica. Diferentes clases hablaban diferentes idiomas, y la lengua de clases similares en distintos países tenía más en común entre sí que con sus compatriotas que pertenecían a clases distintas. Por tanto, según Marr, el idioma era una cuestión de clase, no nacional o étnica.

Los seguidores de Marr estaban firmemente arraigados en los círculos lingüísticos soviéticos, pero también tenía sus detractores. Algunos de los libros de Marr se encontraban en la biblioteca de Stalin.  

Uno de los críticos de Marr fue el georgiano Arnold Chikibava, quien, acompañado por los líderes comunistas georgianos Kandid Cherkviani (ambos habían criticado a Marr), viajó a Moscú en abril de 1950, donde se reunieron con Stalin y mantuvieron una larga conversación sobre Marr. Stalin pidió a Chikibava que escribiera un artículo para Pravda sobre la lingüística soviética, que se publicó el 9 de mayo.  Este artículo fue ampliamente revisado por Stalin, quien realizó su habitual labor editorial de afinar y pulir la prosa, insertando algunas frases propias. 

En una sección sobre los orígenes del lenguaje, Stalin añadió que Marr había rechazado la idea de que el lenguaje «surgiera como medio de comunicación entre las personas, como un instrumento que surgió de una necesidad persistente de comunicarse».  El académico Marr olvida que, en los tiempos más remotos, las personas vivían y se mantenían en hordas, en grupos, y no de forma individual. El académico Marr no tiene en cuenta el hecho de que fue precisamente esta circunstancia la que generó la necesidad de comunicarse, su necesidad de disponer de un medio común de comunicación como el lenguaje» (pag. 150).

En una sección en la que se criticaban los métodos artificiales de Marr para acelerar la formación de una lengua mundial, se incluía lo siguiente: «Los marxistas entienden esta cuestión de otra manera.  Sostienen que el proceso de desaparición de las lenguas nacionales y la formación de una única lengua mundial común tendrá lugar de forma gradual, sin recurrir a ningún «medio artificial» para «acelerar» este proceso. La aplicación de tales «medios artificiales» supondría el uso de la coacción contra las naciones, y esto es algo que el marxismo no puede permitir» (ibíd.).

«Al final del artículo, Stalin añadió este párrafo: 

“La formulación teórica de Marr sobre una lingüística general contiene graves errores. Sin superar estos errores, es imposible el crecimiento y el fortalecimiento de una lingüística materialista. Si alguna vez se han necesitado la crítica y la autocrítica, es precisamente en este ámbito” ».

Tras proporcionar la información anterior, Roberts escribe: 

Las interpolaciones de Stalin presagiaron su propia contribución al debate lingüístico, «LO QUE RESULTÓ SER UNA VERDADERA CLASE MAGISTRAL DE CLARIDAD DE PENSAMIENTO Y SENTIDO COMÚN» (pag. 150, es nuestro el énfasis destacado).

Como era su costumbre, antes de intervenir en el debate, Stalin había estudiado muchos libros sobre lingüística. Era un lector rápido y, casi a diario, había un montón nuevo de libros sobre lingüística en su estudio en Kuntsevo.

Stalin argumentaba que el lenguaje fue creado por toda la sociedad y desarrollado por cientos de generaciones de personas: 

"El lenguaje existe, el lenguaje ha sido creado precisamente para servir a la sociedad en su conjunto, como medio de interacción entre personas ... servir a los miembros de la sociedad por igual, independientemente de su estatus de clase."

Atacó la idea de que los idiomas se basaran en la clase: 

"La cultura puede ser burguesa o socialista", dijo, "pero el lenguaje, como medio de interacción, es siempre un idioma común para todo el pueblo y puede servir tanto a la cultura burguesa como a la socialista." (pag. 151)

La característica distintiva de las lenguas, señaló Stalin, era que derivan su uso y poder de la gramática, así como de un vocabulario compartido. 

"La gramática es el resultado de un proceso de abstracción llevado a cabo por las mentes humanas durante un largo periodo de tiempo, es la indicación de un tremendo logro de pensamiento."

En una entrevista posterior con Pravda, Stalin criticó la opinión de Marr de que el pensamiento podía estar separado del lenguaje. Cualesquiera que sean los pensamientos que puedan surgir en la mente del hombre, surgen y existen únicamente en base al material lingüístico, en la terminología y las frases del lenguaje. 

Marr, dijo Stalin, era "un simplificador y vulgarizador del marxismo", que había "introducido en la lingüística un tono immodesto, jactancioso y arrogante" y debatía el estudio comparativo-histórico del lenguaje como 'idealista'.

Stalin publicó cinco contribuciones en Pravda sobre este asunto. En su declaración final, reiteró su opinión de que todas las lenguas acabarían fusionándose en una sola lengua común, pero que ese proceso sólo llegaría tras la victoria mundial del socialismo. Mientras tanto, cientos de lenguas seguirían coexistiendo, y no se cuestionaba suprimir ninguna ni afirmar la superioridad de ninguna de ellas.

Los artículos de Stalin sobre marxismo y lingüística se publicaron en todos los periódicos soviéticos. Se leían por la radio y se reimprimían como folletos con tiradas de millones. Los programas lingüísticos fueron renovados para incluir nuevos cursos sobre la enseñanza de Stalin acerca del lenguaje. El breve texto de Stalin realmente generó océanos de literatura.


Enlace original:

- https://thecommunists.org/2026/05/01/news/history/stalins-library-geoffrey-roberts-resume-book-review-pt8

17 de julio de 2026

Yuri Nazarov: «¡SOLO EL COMUNISMO NOS SALVARÁ!»

Yuri Nazarov

Por Aliona Guliaichenko.

No hace falta presentar a Yuri Vladímirovich Nazarov*, a nuestro público. Es Artista Meritorio de la RSFSR y Artista del Pueblo de Rusia. Ha participado en numerosas películas soviéticas famosas que le han reportado gran notoriedad y fama popular.

Sus palabras y sus ideas son muy valiosas para nosotros. Especialmente para la juventud actual, que, en su mayoría, se encuentra socialmente desamparada, a la deriva en su búsqueda política. Esperamos que las palabras de nuestro heredero del cine soviético, ayuden a la joven generación a encontrar el camino correcto en la vida.

Sobre el liberalismo y Nikita Jrushchov.

- El «deshielo» de Jrushchov no es más que una mentira liberal. Sobre la traición a los ideales comunistas:

Ayer gritaban «¡Viva el comunismo, hurra, hurra, hurra!». Hoy han empezado a gritar «¡Maldito sea el comunismo, hurra, hurra, hurra!». Porque Nikita Jrushchov no era comunista en absoluto. Gritar «¡Nuestro objetivo es el comunismo!» no significa necesariamente ser comunista. Y no recuerdo quién dijo que vendría un gran hipócrita, pero sé con certeza que, en la persona de Jrushchov, ese hipócrita llegó.

Quien mejor habló de Jrushchov fue Churchill, cuando le felicitaron por su 80.º cumpleaños. Alguien propuso un brindis por Churchill como el enemigo más acérrimo de la Rusia socialista, y él respondió: «Por desgracia, hay un hombre que ha causado mil veces más daño a la Unión Soviética que yo. Se trata de Nikita Jrushchov. ¡Démosle un aplauso!».

Sobre el avance intelectual.

- La visión integral del intelecto está en Esquilo, Sófocles, Eurípides, Shakespeare, pero aún más en Karl Marx, el analítico Engels y el creador Lenin. Hoy en día, cuando sale por la pantalla algún doctor en ciencias y suelta un sarta de tonterías, ¿se le puede llamar intelectual? Pensadores fueron Juana de Arco, Jan Hus, Tomás Moro, Giordano Bruno… Borís Shchukin, en cuyo honor se bautizó la escuela de teatro, era intelectual, llegó a la escuela directamente desde el frente.

Sobre la santa América.

- Era el 9 de mayo de 1945, un miércoles. Si queréis, comprobadlo. Mi madre trabajaba en el tercer turno, en la central térmica de Ob, en su propia central térmica. Mi padre estaba por la noche en el teatro, cantaba en el coro del Teatro de la Ópera: mis padres eran trabajadores del sector energético, no fueron a la guerra, obtuvieron la exención, había que mantener la industria. En nuestra ciudad, el sol sale cuatro horas antes que en Moscú, y con Berlín hay aún un par de horas de diferencia. Y entonces mi padre llegó a altas horas de la noche y dijo: «Parece que está pasando… parece que es la capitulación…». Y a las seis de la mañana, cuando Levitán anunció la capitulación de Alemania, todos se levantaron de un salto tal y como estaban: mi madre en camisón, mi padre en calzoncillos, yo, seguramente también en calzoncillos, mi abuela, que se había quedado a dormir en nuestra casa, se envolvió en una manta, y todos empezamos a dar vueltas en corro, a bailar. Vivíamos en el quinto piso, en la cocina salí por la ventana al patio… eran las seis de la mañana, estaba vacío, no había nadie. Pasaba una anciana, la lechera, Dios sabe quién era, y le grité: «¡Tía, se ha acabado la guerra!». No «la victoria», sino «se ha acabado la guerra». Bueno, y después salí a celebrarlo con la población en la calle…

En aquel entonces se decía precisamente eso: no «¡victoria!», sino «¡se acabó la guerra!». Aunque nada había cambiado: seguía sin haber nada que comer, en el colegio no teníamos con qué escribir, resolví los problemas en unos papelitos raídos, pero esa sensación de que «se acabó la guerra» me quitó un peso de encima. Se acabó ese horror…

Y cuando, allá por el 3 de septiembre, anunciaron que se había declarado la guerra a Japón, recuerdo mi pesadilla de ocho años: ¡¿Qué?! ¡¿Otra vez la guerra?! Pero, gracias a Dios, no dimos tiempo a asustarnos. La guerra duró una semana y media, y todo se acabó…

Por aquel entonces aún se publicaba una revista llamada «América», una revista de lujo. Y en esa revista de lujo, con papel satinado y una impresión impecable, apareció esa «setita» atómica tan «bonita». Pero Estados Unidos, al fin y al cabo, es santo, mientras que nosotros somos el «imperio del mal».

Pues bien, Estados Unidos es el único país que ha probado la bomba atómica sobre personas vivas. ¡El único! Y hoy en día es un país santo, mientras que nosotros tenemos que arrepentirnos de algo.

Sobre Hollywood y el comunismo.

- ¿Qué ha vencido Hollywood? ¿Dónde ha vencido? ¿Ha vencido a nuestro «Rubliov»? ¿O a «La leyenda de la tierra siberiana»? ¿O a las películas de Iván Piriev?..

Nosotros mismos hemos traicionado nuestro cine, al igual que hemos traicionado a nuestro país. Y todo este dominio de las películas de Hollywood en las pantallas rusas, es hoy el resultado de nuestra traición, con la que, por cierto, hemos echado por tierra nuestra educación…

Vladimir Monómaj, Derzhavin, Lomonosov, el autor de «La canción del ejército de Ígor», todos los pensadores rusos intentaron educar a las personas y convertirlas en seres humanos. Pero nosotros renunciamos a nuestra historia, a nuestro comunismo, y aceptamos a Occidente con su individualismo y su propaganda del lucro. Hollywood es libertinaje, corrupción y decadencia.

Creo que la salvación está en el comunismo.

- Churchill, Truman y Reagan se oponían al comunismo. Su «colega» Hitler también se oponía al comunismo. Y hoy nos hemos sumado a esa misma lista junto a Obama, los Clinton, incluso han cambiado el nombre de la milicia, como en tiempos hitlerianos, por el de policía. Y este es el camino hacia la perdición. Porque Occidente, con sus sacos de dinero, convierte al ser humano en un animal: «yo soy el más importante, necesito placeres, y vosotros podéis iros todos al garete» o, como dijo Alexéi M. Gorki, «o te comes a todos o te quedas tirado en el fango».

Solo el comunismo, tan denostado hoy por todos, salvará no solo a nuestro país, sino a toda la humanidad.

Solo el comunismo, solo la humanidad, el humanismo, el respeto mutuo, la misericordia.

«Con la contemplación de la Trinidad creadora, venced la odiosa discordia de este mundo», decía Sergio de Radonezh, y resulta que él también era un comunista en toda regla. 

La odiosa discordia de este mundo… sigue vigente hasta el día de hoy.

Estamos en el siglo XXI y seguimos matándonos unos a otros. 


* Yuri Vladímirovich Nazarov nació el 5 de Mayo de 1937, en Novosibirsk. Su padre fue Nikolái Aldómirovich Nazarov (1906–1971), teniente soviético checheno del Ejército Rojo, que estuvo en la ofensiva de Crimea en 1944.

En 1989, Nazarov fue nominado al Premio Nika, al Mejor Actor por su actuación en la película Little Vera, interpretando al padre de Vera. Nazarov ha aparecido en el cine soviético y ruso desde 1954. Su aparición más reciente fue en Sophia, una serie de televisión.

En su libro "No solo sobre el cine", se describe a sí mismo como comunista.

Cuando tras el plebiscito popular de unión de Crimea con Rusia en marzo del 2014, Nazarov firmó una carta en apoyo a las políticas del presidente Putin, sobre el Donbáss y Crimea. 

Yuri Nazarov ha protagonizado más de 257 películas y producciones televisivas.


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