21 de noviembre de 2010

Eisenstein el revolucionario del cine

Por Oleg K.

Sergei Mikhailovich Eisenstein ha sido sin duda el teórico y cineasta más influyente de la historia cinematográfica universal. La Revolución de Octubre marcó profundamente a todos los jóvenes creadores de la recién nacida República de los Soviets. En todas las ramas del saber cambió la mentalidad de los trabajadores, ya en la industria como en el campo, así como en el teatro. La defensa del socialismo, la creación de unas nuevas relaciones sociales basadas en la cooperación, denunciando el anterior régimen de explotación de las personas, galvanizó muchas teorías, buscando nuevos lenguajes. Uno de ellos era el cine. Eisenstein comprendió que el proletariado y el pueblo necesitaba una nueva fuente de desarrollo para explicar ese combate titánico contra el caduco sistema capitalista. Así nació su impresionante trilogía de la conciencia obrera, en el camino hacia su emancipación, “La Huelga”, “El Acorazado Potemkin” y “Octubre”. La llama que nos ha legado busca continuación.

Eisenstein tuvo una vida impresionante. Nace en Riga, Letonia, en 1898, y muere en 1948, en Moscú. Su padre era un arquitecto judío de origen alemán y su madre de ascendencia rusa perteneciente a la gran burguesía. Estudió arquitectura y bellas artes y se enroló en las milicias populares para participar en la Revolución de Octubre de 1917. Desde muy pronto se unió al mundo del espectáculo haciendo decorados y dirigiendo e interpretando teatro para los soldados. En 1920 ingresó en el Teatro Obrero y poco después fue nombrado su director. Se apartó del teatro cuando vio las excelencias del cine al rodar el largometraje “La huelga Stachka, 1924”. Su visión conmovió los corazones obreros. Por primera vez en la pantalla eran los protagonistas, contaban sus aspiraciones y luchas, realmente no de un modo idealista. El cine burgués siempre los había retratado como seres sin creación y de tormentosas relaciones. Con el socialismo, eran los hacedores de la vida, y así se plasmó en esta película, donde si se quiere vivir como personas había que luchar por sus derechos.

Casi al final de su montaje, le encargaron una película conmemorativa de los principios de la revolución, 1905. En su desarrollo acabó haciendo la obra maestra “El acorazado Potemkin”, que es sin duda otra obra que revolucionó la historia del cine. Eisenstein atribuía buena parte de la fuerza de “El acorazado Potemkin” al guión original escrito por Nina Agadzhanova-Shutko, sobre su proyecto, “1905”, notas sobre un «ensayo general» de la Revolución de Octubre. Las malas condiciones meteorológicas obligaron al equipo de Eisenstein a interrumpir el rodaje y a dirigirse a Odessa para rodar allí el episodio del motín a bordo del acorazado Potemkin. El episodio del Potemkin reflejaba a la perfección la atmósfera de descontento y revuelta existente en Rusia a comienzos de siglo, como condensaba lo desarrollado en 1905, llegaron a la conclusión que era más adecuado así contarlo. Así se abandonó “1905” y concentraron todas sus fuerzas en “El acorazado Potemkin”.

Posteriormente realizó “Octubre,Oktiabr, 1927” basada en el libro «Diez días que conmovieron al mundo», de John Reed reconstrucción de los acontecimientos de 1917 y perfecta aplicación de sus teorías cinematográficas. Necesitaba libertad de acción, para contar la consecución de los sucesos revolucionarios. Aquí, no valían los actores, y aunque era importante contar como actuaron personajes como Lenin o Kerensky, los protagonistas de Octubre son los obreros y soldados levantados en armas, los bolcheviques.

En 1930, Eisenstein, fue a Europa y América. Los proyectos que presentó en Estados Unidos fueron rechazados. En el país de la supuesta “libertad” tuvieron miedo de sus ideas colectivistas y los directores de los estudios cinematográficos escribieron panfletos en su contra, llamándole «Eisenstein, ese perro rojo», a pesar del apoyo de la mayoría de los guionistas, directores y actores yanquis. Eisenstein no pudo filmar nada en Hollywood, fue vetado; se dirigió a México, donde inició el desastroso proyecto de dirigir una película mexicana. Comenzó a rodar ¡Que viva México! (1931). Cuando llevaba rodados más de 50.000 metros, según Eisenstein, lo mejor que había rodado nunca, los productores ordenaron parar la producción, por lo que el director debió volver a Moscú. La película quedó inacabada, siendo objeto de varios montajes nunca realizados por él. Su figura y estilo de montaje tuvo una decisiva influencia sobre el cine mexicano.

En Moscú, se dedicó a la enseñanza y a escribir libros para dejar su experiencia escrita. Se reunió con los jóvenes directores que creaban nuevas películas, atendía a las conferencias, clases didácticas universitarias y reuniones con técnicos, guionistas, actores y actrices, así como a diseñar con el Comisariado de Cultura, la planificación de la enseñanza y las metas del cine soviético a realizar.

A la vez, empezó a dirigir otra película, “El prado de Bezhin, Bezhin Lug, 1937”, sobre un cuento de Ivan Turgeniev, que no terminó.

En 1938 realizó su primera película sonora “Alexander Nevsky, Aleksandr Nevskii”, un célebre pasaje de la historia rusa contra los caballeros teutónicos en el siglo XI. El desarrollo de la acción, así como el montaje, la música, la fotografía, la dirección de actores, pero sobre todo la fantástica unión de música y fotogramas unido a la carga dramática, son consideradas unánimemente como una de las mejores películas de todos los tiempos, atacada en Occidente como panfletaria. Era una advertencia contra la Alemania nazi, que era empujada por el imperialismo a invadir la Unión Soviética. En aquellos años, películas como esta, así como libros, obras de teatro, etc., fueron la respuesta de la cultura socialista contra la barbarie de la guerra, contra la posible intervención fascista, y así ha quedado como ejemplo para las futuras generaciones, cuando el imperialismo impone su doctrina militarista. Con ella ganó el premio Stalin y le concedieron la Orden de Lenin.

En 1944 terminó la primera parte de “Iván el Terrible (Iván Grosny)”, que contaba la ascensión al trono y traición sufrida por Iván IV, un zar del siglo XVI. Finalmente, en 1946, la noche en que terminó el montaje de “La conjura de los Boyardos”, segunda parte de Iván el Terrible, que contaba la venganza de Iván, Eisenstein sufrió un grave infarto. Eisenstein vivió dos años más, queriendo empezar la tercera parte, pero no pudo empezarla.

Su teoría del Montaje de Atracciones

Los cineastas soviéticos utilizaron técnicas teatrales nuevas, aplicadas al objetivo ideológico de la cultura proletaria, desarrolladas por genios como Meyerhold, Stanislavskii y Mayakovski. Es el denominado “Proletkult Theater”, movimiento artístico que perseguía renovar el tradicional concepto burgués del arte y a través de esto despertar la conciencia social en cada individuo, con una forma realista y a la vez simbólica,contradictoria, para introducir en la mente del espectador conceptos chocantes, que en un todo, recreaban una idea simple y a la vez compleja, como era la revolución socialista, que cambiaba todos los conceptos sociales heredados del pasado. Así por ejemplo, cuando los textos se hacían inaudibles para el espectador por causa de ruidos ejecutados intencionalmente sobre el escenario, el actor recurría a una mayor gesticulación de sus movimientos faciales y corporales y de igual forma lograba transmitir el contenido de la obra. Hoy en día, algo así no sorprendería a nadie, pero hace 80 años este tipo de innovaciones extrañaba al espectador y los “extraía” de su tradicional posición un tanto carente de reflexión, exigiendo del espectador una cierta participación. Sin embargo todos perseguían el mismo objetivo: utilizar el arte como herramienta que mantendría al proletariado a la cabeza de la sociedad. Eisenstein adapta y escribe obras de teatro, muchas de ellas de forma colectiva. A mediados de los años veinte, surgían durísimas discusiones en el seno de los directores cinematográficos, cada uno con su propia idea sobre el arte, lo que llevaría a constantes divergencias entre unos y otros. La más importante en aquellos años fueron las divergencias sobre el concepto de realidad y ficción entre Sergei Eisenstein y el grupo Kino-Pravda (Cine-Verdad), dirigido por Dziga Vertov. Fundado por este último en 1919, el grupo Kino-Pravda, también conocidos como Kino-Glaz (Cine-Ojo), inició una importante discusión en torno al hecho de documentar la realidad a través de la cámara. Así, Vertov desarrolló los primeros postulados en contra del carácter ilusionista del cine, renunciando a toda forma de actuación, maquillaje, filmación en estudios y puesta en escena. Su interés se centraba en el mundo real, no en la ficción proyectada en la pantalla. Si bien ambos directores veían el cine como una herramienta con la cual se podía guiar al espectador en una dirección específica y así alcanzar un objetivo predeterminado, fue en la manera de cómo concebir este propósito donde ambos nunca lograron llegar a un acuerdo. Vertov quería organizar dramáticamente sus imágenes-documentos y Eisenstein documentar el drama. Para uno era esencial la cámara, para otro el montaje. En 1923, Eisenstein expuso su teoría sobre el Montaje de Atracciones,
“…la tarea de todo tipo de teatro es la formación del espectador hacia una dirección deseada. Una atracción en el teatro es un momento agresivo; aquel que influye al espectador en sus sentidos y en su mente. A través de éstos, se intenta transmitir el contenido ideal de la obra en la percepción del espectador, entiéndanse éstos como contenidos netamente ideológicos.”, defendiendo un lenguaje interpretativo de conjunto, con imágenes concretas. El Montaje de Atracciones relaciona al actor-espectador de forma dinámica, al darles a estos últimos la primera prioridad o al menos, al considerarlos igual de importantes que al actor sobre las tablas. Para Eisenstein, el espectador es el elemento vital de la obra, pues las atracciones se basan en una constante reacción del espectador durante la función. "(…) una película no puede ser una simple demostración de sucesos, sino más bien una tendenciosa selección y ordenación de éstos, sin estar los sucesos necesariamente anclados al argumento, pero en vista de los objetivos, si están dirigidos a formar al público adecuadamente" De esta forma, se logra una dinámica diferente, se sobrepasan por primera vez las fronteras entre la función sobre el escenario y las butacas en la sala.
Desde entonces es un referente imprescindible para entender la importancia del montaje en el cine. Es interesante ver la similitud de los postulados de Eisenstein con el trabajo que ya en aquella época desarrolla Bertolt Brecht y que años más tarde se transformaría en el hoy conocido efecto de distanciamiento o "Verfremdungseffekt". Ambos, salvando las distancias, centraban su atención en el espectador y en cómo despertar en él cierta conciencia individual, social e ideológica a través de la obra. Más en Eisenstein que en Brecht, la utilización de estos efectos estaba destinada sólo y exclusivamente en función de la intención de la obra, postulados esencialmente extraídos del trabajo del proletariado y que buscaban desarrollar una idea práctica social, el comunismo.

Notas, extraídas de la Enciclopedia del Cine Soviético (en ruso).