22 de septiembre de 2020

Neruda en España, 47 años después.

100 Frases de Pablo Neruda sobre el Amor, Reflexión y Felicidad - Lifeder


 

Por Arturo del Villar.

El parte oficial de defunción asegura que Pablo Neruda falleció a consecuencia de un cáncer de próstata, pero la realidad es que murió para acompañar al Chile asesinado por sus militares golpistas. El 1l de setiembre de 1973 entró en la historia el presidente Salvador Allende, al enfrentarse a los rebeldes armado con un fusil y protegido por un casco, a las puertas del Palacio de la Moneda. Era el fin del gobierno de Unidad Popular, y el de las libertades públicas en Chile. No pudo soportarlo su poeta nacional, que fallecía el día 23 en Santiago. Su casa fue asaltada por los fascistas y destruida, sin ningún respeto por el cadáver allí expuesto. En realidad fue preferible que muriese sin llegar a conocer los crímenes cometidos contra el pueblo por la dictadura militar derivada del golpe de Estado. 

Los españoles leímos con horror la noticia, porque imaginamos la triste suerte de los chilenos, a juzgar por lo que nosotros mismos estábamos sufriendo bajo otra criminal dictadura militar desde 1939. Y nos sentíamos en deuda con Neruda, porque compuso uno de los ejemplos más significativos de la mejor poesía épica escrita en el siglo XX, España en el corazón. Himno a las Glorias del Pueblo en la Guerra, impreso en noviembre de  1938 por el Comisariado del Ejército del Este. La llevó en el corazón junto a su patria chilena, hasta la muerte en aquellos terribles días de la rebelión militar contra el Gobierno legítimo de la Unidad Popular, así como otros militares traidores se habían sublevado en 1936 contra el Gobierno legítimo de la República Española. Se repetía la misma situación en otro país con otros liberticidas, pero con iguales resultados.

Fueron  muchas las demostraciones literarias de amor a España, vertidas en verso y prosa por uno de los más inspirados poetas del siglo XX en cualquier lengua. Sus obras estuvieron prohibidas en Chile durante muchos años, y él mismo tuvo que exiliarse en 1949 para salvar la vida, acusado de pertenecer al Partido Comunista, y desde luego también en la España dictatorial. Sin embargo, Chile y España siempre estuvieron presentes en su corazón y en su escritura, unas veces con júbilo y otras con angustia.  

Residencia agitada en España

Entró en España el 13 de mayo de 1934, por Barcelona, en donde había sido nombrado cónsul de su país. Pero tenía la intención de permutar ese destino por el de Madrid, en donde esperaba relacionarse con los poetas entonces más pujantes, los componentes del grupo del 27. Ya conocía a Federico García Lorca, con quien coincidió en Buenos Aires el año anterior, y mantenía comunicación epistolar con Rafael Alberti. Ellos dos hablaron a los compañeros del gran poeta chileno que deseaba publicar en España una edición ampliada de un poemario impreso en Santiago de Chile en 1933, Residencia en la Tierra, desconocido en nuestro país, dada la escasa difusión de la poesía.

   Coincidió su llegada con la acusación de plagiario lanzada en su tierra. En el número 2 de la revista Pro, fechado en setiembre de 1934, se comparaba el número 16 de sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, libro impreso en 1924, con el número 30 de El jardinero, de Rabindranath Tagore, según la traducción castellana de Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez, editada en 1917. La semejanza entre ambos poemas es palpable, por lo que Neruda se vio obligado a anunciar que el suyo era una paráfrasis del de Tagore, a partir de la quinta edición.

   Todo se debió a un exceso de celos literarios. La revista Pro estaba editada y sufragada por otro poeta chileno, Vicente Huidobro. Dado el carácter de ambos vates, el mundo entero resultaba demasiado pequeño para albergarlos juntos. Los dos querían ser el poeta nacional de su tierra. La acusación de plagio, al ser demostrable, amargó la vida de Neruda, y le hizo sospechar que la delación había partido de Juan Ramón, por ser cotraductor del poeta indio al castellano, sin hacer otras indagaciones.

   No era cierto, como ha explicado Volodia Teitelboim en la biografía de su amigo y correligionario político, titulada sencillamente Neruda. La biografía, impresa en Madrid para Merán en 2003: fue él quien descubrió la paridad entre los textos, y la comentó con otros amigos poetas. Al enterarse Huidobro aprovechó la coyuntura favorable que se le presentaba para atacar a su despreciado colega y paisano, provocando un escándalo literario con la peor de las intenciones.

Homenaje español a Neruda

   El asunto trascendió las fronteras chilenas y llegó a Madrid, probablemente por conducto de Huidobro, lo que motivó la ira de Neruda. Solicitó a su amigo Lorca que le organizase un homenaje como desagravio, en el que participara el mayor número de poetas españoles. Aceptó el encargo, que no estuvo exento de dificultades, y por fin consiguió reunir los nombres de dieciséis poetas, en su mayoría jóvenes, ya que ninguno de los maestros de entonces dio su firma. En abril de 1935 apareció un folleto de 16 páginas más las cubiertas, titulado Homenaje a Pablo Neruda, con la reproducción de sus “Tres cantos materiales”, desgajados del segundo volumen de Residencia en la Tierra, dispuesto ya para la imprenta, porque apareció en el mes de setiembre. Iban precedidos por una explicación halagadora, para satisfacer al poeta ofendido. No era exactamente lo que deseaba, pero se conformó con ello.

   Los colaboradores pertenecían a las dos ideologías que iban a enfrentarse en la guerra provocada al año siguiente por la rebelión de los militares fascistas contra la República. Este hecho demuestra que la calidad lírica de Neruda era reconocida por escritores de todas las opiniones políticas. A la izquierda figuraban Lorca, asesinado al comienzo de la guerra por los sublevados, y Miguel Hernández, muerto a poco de terminada en una cárcel de la dictadura. Marcharon al exilio Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, León Felipe, Jorge Guillén, Pedro Salinas y Arturo Serrano Plaja, sin que pudiera acompañarlos Vicente Aleixandre debido a su enfermedad crónica.

   En el otro lado aceptaron la dictadura fascista los hermanos Juan y Leopoldo Panero, Gerardo Diego, José Antonio Muñoz Rojas, Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco, la ensalzaron y fueron muy bien recompensados por sus loas. Uno de ellos, Leopoldo Panero, llegó a componer un disparatado libro de pésimos versos contra Neruda.

   En el mes de octubre empezó a trotar la revista Caballo Verde para la Poesía, dirigida en Madrid por Neruda, de vida corta, porque solamente llegaron a distribuirse cuatro números. El siguiente era doble, y estaba compuesto a mediados de 1936, pero fue otra de las víctimas de los bombardeos fascistas sobre las capital de la República, convertida en Capital de la Gloria por su resistencia heroica al nazifascismo internacional.

El canto del mundo por España

   El conflicto armado en España movilizó a escritores de todo el mundo a favor del pueblo traicionado por quienes tenían la misión de defenderlo. En Santiago de Chile la editorial Panorama publicó, probablemente en 1937, porque carece de fecha, la antología Madre España. Homenaje de los poetas chilenos, en la que colaboraron Huidobro y Neruda, sin que esa coincidencia significara ninguna aproximación entre ellos. Los dos participaron también por separado en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en julio de 1937 en Valencia, Madrid, Barcelona y París.

   Entre los grandes poemarios motivados por la guerra española destaca el ya citado España en el corazón. Himno a las Glorias del Pueblo en la Guerra. Junto a elegías por los muertos y loas a los milicianos hay unas demoledoras sátiras contra los exgenerales sublevados, y una impresionante oda a Madrid por su resistencia heroica a los continuados bombardeos fascistas:

 

       Hace ya más de un año

que los enmascarados tocan tu humana orilla

y mueren al contacto de tu eléctrica sangre:

sacos de moros, sacos de traidores,

han rodado a tus pies de piedra: ni el humo ni la muerte

han conquistado tus muros ardiendo.

 

   Además del homenaje literario, en éste y en otros libros, es preciso recordar la decisiva actuación de Neruda llevada a cabo en Francia, para fletar un viejo barco, el ya histórico Winnipeg, en el que trasladar a Chile al mayor número de republicanos exiliados, para librarlos de los campos de concentración en que los encerraba la cobarde República Francesa.

Censurado en España

   Dada la terrible cárcel en que quedó convertida España bajo la dictadura militar, es muy lógico que las obras de Neruda estuvieran prohibidas y su nombre proscrito. Nos llegaban noticias confusas de sus publicaciones, unos libros en los que continuaba hablando de España y de los poetas españoles, como en su inmenso Canto general (1950), muestra de la mejor poesía épica del siglo XX en castellano, o en los cinco volúmenes del Memorial de Isla Negra (1964), su autobiografía lírica. Algunos ejemplares de sus ediciones hechas en Buenos Aires por cuenta de Losada entraban clandestinamente, porque la dictadura siempre fue un modelo de corrupción donde imperaba el soborno. Sin embargo, existía un distanciamiento pleno entre los poetas españoles y el chileno que seguía llevando a España en el corazón, impuesto por la política.

   El reencuentro tuvo lugar en 1957, aunque accidentadamente. La dictadura intentaba por entonces presentarse ante el mundo como un régimen liberal, en el que se estilaba una denominada democracia orgánica, bajo un régimen de autoridad. Parecía que la llegada de los turistas, con sus divisas tan necesarias, favorecía una ligera suavización de la censura. Cuando Neruda se hallaba en París recibió una invitación de la revista madrileña Cuadernos de Ágora, editada por Concha Lagos, para enviar alguna colaboración sin contenido político, eso era imprescindible, con la intención de reanudar un contacto interrumpido desde la derrota del Ejército leal.

Carta a los poetas españoles

   Respondió amistosamente, con una carta manuscrita en tres cuartillas, sin ninguna alusión política. Seguía estando vigente la censura previa de ediciones y espectáculos, impuesta en 1938 por los sublevados, de modo que la revista en donde se había impreso la carta fue sometida al censor, con el resultado de prohibir su inserción. Contravenir esa orden significaba, en el mejor de los casos, el secuestro del número además de una multa a la editorial,  y en el peor el cierre  de la editorial y la cárcel para su propietaria.

   Al resultar imposible difundir la carta en la revista, Concha Lagos decidió arriesgarse, con la complicidad de la imprenta, y acordó publicar un folleto de ocho páginas, sin pie de imprenta ni otro dato identificable, una precaución lógica para evitar represalias, con el facsímil de la carta. Años después mi amistad con Concha y Mario, su marido, me permitió conseguir un ejemplar, que es uno de los tesoros de mi biblioteca. La reproduzco exactamente, aunque alguna expresión puede parecer incorrecta:

 París 27 de setiembre 1957                                                          

Queridos poetas españoles, aquí me tienen muy cerca de la tierra española y lleno de sufrimientos por no verla y tocarla. Soy un desterrado especial, vivo soñando con España, con la grande y la mínima, la del mapa y la de las callejuelas, soñando con todo el amor que entre vosotros dejé, un desterrado que solo puede acercarse al aire que perdió. Cuantas veces, de noche, el avión que me conducía lejos, sobrevoló vuestra tierra, y yo, acongojado traté de descifrar las luces que como luciérnagas, brillaban allá abajo. Eran casas perdidas, pueblos sumergidos, montes oscuros, y talvez, rostros amados que no volveré a ver. Mi corazón, allá arriba, volando, sintió de nuevo la tierra magnética y se llenó de lágrimas.

   Poetas españoles, nos ha separado un frío cruel, y años pesados como siglos. Nosotros, poetas americanos, queremos renovar la fraternidad y la continuidad de nuestra paralela poesía.

   Hemos sido separados por errores propios y ajenos, por profundos dolores, por un silencio imposible. La poesía debe volver a unirnos. La poesía debe reconstruir los vínculos rotos, reestablecer la amistad y elevar universalmente nuestro canto.

   Tal es nuestra tarea. A ella me daré entre mis pueblos. Vosotros direis vuestra palabra. Y habremos dado así un primer paso que no por tardío será menos fecundo.

   Va en este papel mi afecto fraternal y mi confianza en la poesía y en el honor de los poetas.

Pablo Neruda

   Se define como un desterrado especial de España, porque lo usual es que el destierro afecte al nacido en esa tierra, y Neruda era chileno. En 1957 ya había sido revocada la orden de detención que el dictador González Videla hizo recaer sobre él en su país, de modo que era un ciudadano chileno con plenos derechos. Sin embargo, en la carta se considera un desterrado de España, como tantos exiliados españoles del éxodo y el llanto, por decirlo a la manera de León Felipe, errantes por el continente americano: a muchos los había guiado él mismo, en el Winnipeg, hacia la libertad en Chile.

España y Chile en el corazón

   Hacía 18 años que no pisaba pisar tierra española; solamente podía sobrevolarla en avión, porque se opuso a la sublevación de los militares monárquicos contra la República primero, y a la dictadura que fue su consecuencia después. Sus amigos españoles de aquellos años, los supervivientes del odio fascista, formaban la que se denominó España peregrina, excepto Aleixandre, recluido en su casa madrileña por enfermedad. Con los jóvenes no guardaba ninguna relación por imperativo de la censura.

   Conocía esa realidad, por lo que sin modificar sus sentimientos ni sus pensamientos, en la misiva fraternal ofreció una reconciliación a los poetas sometidos al horror de la dictadura fascista. No exceptuaba a nadie en la carta, pero quizá hubiera que excluir a los que había calificado de malditos e hijos de perra, como “silenciosos cómplices del verdugo”, en el poema “A Miguel Hernández, asesinado en los presidios de España”, del Canto general, en donde se nombra a Gerardo Diego y a Dámaso Alonso.

   Nos propuso renovar la fraternidad en el uso común de la palabra lírica. No le faltó, aunque de momento estuvo silenciada por la censura dictatorial. Se materializó poco después de su muerte, en 1975, cuando España empezaba a vislumbrar lo que era la libertad con la muerte por ancianidad del dictadorísimo. Entonces los poetas españoles pudimos dedicar un libro a su homenaje, titulado justamente Chile en el corazón, como reintegro apasionado de su España en el corazón, Coordinado por Aurora de Albornoz y Elena Andrés, se imprimió en Barcelona por cuenta de Edicions 62—Península, con 212 páginas; mi colaboración se encuentra en las 188 y siguientes. La reproduzco como homenaje al poeta y a su amigo Salvador Allende, mártir de la libertad, ejemplo para el mundo que desea vivir en democracia:

 

Vamos a llenar de palabras su casa vacía

Llovía en Isla Negra.

Chile se inundó entonces

de fulgor y agonía,

de pesares,

y una pequeña muerte dio un beso a los soberbios,

los pastores de sangre que comercian ceniza.

 

Llegó la noche entre tambores de asco;

más triste no vendrá,

más andrajosa,

con lazos extendidos para el miedo,

confundiendo la boca de los lobos.

Las piedras se pusieron amarillas.

 

Como la piedra.

Fue como la piedra,

visible por su fuerza,

subterránea,

redonda para andar por los caminos.

Sólo después de muerto le humillaron.

No quedó libro sobre libro,

nada,

quisieron dominar su voz viviente,

cortar la luna

repartirse el odio,

pero una catarata no se dobla:

querían dar un golpe a los espejos,

sombra al mundo,

silencio a la esperanza,

le cubrieron con túnicas de insultos,

pero un volcán embiste contra el tiempo.

 

Son los versos más tristes que la historia

puede escribir;

es la tristeza rancia

que se escapa del vientre de la tierra.

Ya la herida es de todos,

ya nos duele.

 

No se llamaba Pablo,

se llamaba

campo abierto a la lluvia,

continente,

mar cubierto de flores,

casa en ecos,

corazón disfrazado de herramienta,

vino absoluto,

cerradura rota,

canto errante,

pradera en el silencio

donde todas las fiestas son posibles.

 

No la canción desesperada,

nunca

dejó de ser el sol, la luz, el aire,

la materia absorbente de sus manos.

 

Nació para cantar

y está en el viento,

junto a los hombres libres que no entierran

su sangre con el trigo;

la confianza

se hizo piedra en su boca,

rito de oro,

doble raíz de América sin mengua.

 

Nació para cantar

y no ha callado;

no hay ola tan oscura que la oculte,

no se encarcela al día

ni a la sangre.

 

Nació para cantar,

para cantarnos,

dio fe del tractorista,

del minero,

del navegante que consume estrellas,

del indio sin estatuas,

del amante,

del liso oficinista y del obrero

que en su taller levanta otro planeta.

 

Nació para cantar

y está cantando,

porque se quema el humo,

no la piedra.

 

   Según confesó en la carta, el corazón de Neruda se llenaba de lágrimas al sobrevolar las tierras españolas que tanto amó y cantó. Los nuestros, colaboradores del homenaje, estaban llenos de horror, al conocer la actuación genocida de los militares chilenos golpistas, imitadores de los golpistas españoles en 1936. Fue nuestra respuesta a su carta, diferida por necesidad insuperable. Aquí moría el dictadorísimo asesino, y allí se imponía otro semejante con las mismas intenciones: exterminar a los defensores de las libertades públicas. Por eso llevamos siempre a Neruda en el corazón.

 

ARTURO DEL VILLAR       

PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO    

 

20 de septiembre de 2020

Tiempo ¡Adelante!

Por Manuel Pérez Vasilievski

Georgy Sviridov notas para el fortepiano

Este es el enlace:

https://vk.com/wall-22151152_28077

Esta melodía fue creada por el excelente compositor soviético Georgi Vasílievich Svirídov. Discípulo destacado en composición en el conservatorio de Leningrado, tuvo como profesores a Riazánov y Shostakovich en 1941. Desconocido totalmente en Occidente, es uno de los compositores más importantes soviéticos, tuvo un Premio Stalin y un premio Lenin, fue Artista del Pueblo de la URSS, y Héroe del Trabajo Socialista, recibió además una de las más altas condecoraciones soviéticas: La orden de Lenin por su dedicación a la música.  

En cuanto a la partitura del título "Tiempo, ¡Adelante!" fue encargada para la película realizada en 1967 por Mijaíl Schweitzer, sobre la edificación del Complejo Metalúrgico Magnitogorsk.

Su viuda recuerda, que la obra fue realizada de esta forma: el compositor, apasionado por la pesca, tuvo que entregar urgentemente la partitura al director de la película, al mismo tiempo temía perderse el bocado de la noche. Sviridov puso el despertador, y en poco más de una hora escribió su melodía más conocida y famosa, que todos los soviéticos y postsoviéticos escucharon, una lección de notas galvanizadoras.
 
Por iniciativa de Andrei Zolotov, se convirtió en la sintonía principal del programa de noticias de la televisión soviética. Más de una vez intentaron sacarlo del aire (Brezhnev calificó la música como "demasiado perturbadora").
 
Se ha convertido en un himno a la Construcción del Socialismo. Es una ventana, un avance de un futuro maravilloso donde gobierne la clase obrera.

7 de septiembre de 2020

¿Cómo se enfrentó la URSS a letales epidemias, a lo largo de su historia?

 

Por Borís Egorov y Juan Paz, extraídos de Russian Beyond y La Izquierda Diario. Compilación y Redacción N. G.

La lucha decidida de los soviéticos contra una serie de epidemias mortales, anuló la posibilidad de que éstas se expandieran. 
 
El régimen soviético heredó un lamentable legado del Imperio Ruso en cuanto al tratamiento de las enfermedades infecciosas. En 1912, por ejemplo, se identificaron alrededor de 13 millones de personas portadoras de una, hasta el 7% de la población total.

A pesar de que crearon organizaciones de salud pública en docenas de ciudades rusas pre-revolucionarias, no existía un solo servicio sanitario-epidemiológico nacional (SANEPID). La situación empeoró considerablemente a raíz de la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil Rusa.

Al llegar al poder los miembros del Partido Bolchevique, se dieron cuenta del problema: la conocida como gripe española se extendía por todo el país, sin mencionar el cólera o el tifus, ya habituales. A pesar de las graves dificultades económicas por las que pasaba el país, las autoridades asignaron, no obstante, grandes cantidades de dinero para mejorar las condiciones de salud en las zonas habitadas y alentar a la población a tomar precauciones sanitarias hasta entonces desconocidas.

Así se crea en julio de 1918, el Comisariado del Pueblo de Salud Pública “Narkomzdrav”, nombrando en su dirección al médico bolchevique Nikolai Semashko. El naciente comisariado tuvo que enfrentarse a una gran crisis social y sanitaria que castigaba al pueblo ruso desde la época de los zares. Las epidemias devastaron a la población civil, así como también a los soldados en el frente: el tifus, cólera, escorbuto, viruela, enfermedades venéreas, malaria y la hambruna era desenfrenada, y la situación continuó deteriorándose a lo largo del guerra civil.

Un decreto de salud pública realizado el 15 de septiembre de 1922 sentó las bases de la creación de una única organización de salud pública y empezaron a surgir los centros SANEPID que ofrecían todo lo necesario para luchar contra enfermedades infecciosas, laboratorios incluidos. Esta fecha se considera el cumpleaños del servicio SANEPID de Rusia.

Semashko basó un sistema de atención médica en varias ideas: principios comunes de organización y centralización de la atención médica, igualdad de acceso a la atención médica para todos los traabajadores, métodos y tratamientos de prevención unificados, la eliminación de la base social de las enfermedades, la realización de amplias medidas sanitarias, epidemiológicas y terapéuticas, involucrando al pueblo en la atención de salud, dando prioridad a los niños y las madres.

Al darse cuenta de que más vale prevenir que curar, las autoridades introdujeron medidas sanitarias preventivas de gran alcance, incluso para la industria alimentaria y la restauración pública. Ya a finales del decenio de 1920, las tasas de mortalidad, incluso entre los niños, así como la incidencia de las enfermedades infecciosas, habían disminuido considerablemente.

Al mismo tiempo, en la Unión Soviética se prestó mucha atención a la formación de futuros epidemiólogos, microbiólogos y especialistas en enfermedades infecciosas. A principios del decenio de 1930 se abrieron los primeros departamentos de higiene sanitaria en institutos médicos.

La Gran Guerra Patria (Segunda Guerra Mundial) provocó la migración de enormes grupos de población y la devastación de vastos territorios, lo que condujo a un grave deterioro de la situación epidémica en la URSS. La disentería, el paludismo, el tifus y las hepatitis virales proliferaron en todo el país. Para remediar la situación, se establecieron con extrema prioridad unidades del SANEPID, de desinfección y hospitales de aislamiento. El entrenamiento de los soldados en aprender reglas de higiene personal jugó un papel clave en la solución del problema.

En la posguerra, el SANEPID se desarrolló junto con la industria en general. Esto dio lugar a la aparición de una nueva rama, conocida como “higiene para las radiaciones”, destinada a controlar y reducir la exposición de los trabajadores a las radiaciones ionizantes en fábricas y empresas.

A principios del decenio de 1970, se concedieron al servicio SANEPID de la URSS amplias facultades para luchar contra la contaminación ambiental y las enfermedades infecciosas. Ninguna empresa industrial podía ponerse en funcionamiento sin un departamento de tratamiento, y no se podía construir ningún asentamiento sin respetar las normas sanitarias. Las instrucciones de los inspectores sanitarios tenían que ser aplicadas, por todas las instituciones estatales y públicas, sin ser cuestionadas. Lo mismo ocurría con los ciudadanos comunes.

Además, se ordenaba a las empresas, organizaciones, departamentos e incluso ministerios que cumplieran todas las normas sanitarias y de higiene, o de lo contrario se enfrentaban a sufrir medidas disciplinarias, administrativas y, a veces, incluso penales.

En los dos decenios comprendidos entre los años cincuenta y setenta, la incidencia de la fiebre tifoidea en la URSS se redujo una cuarta parte, la tos ferina una octava y la difteria séptima. Se desarrollaron e implementaron en la práctica de la salud pública vacunas contra el sarampión, las paperas, la poliomielitis y la gripe. Se creó un sistema de vacunación eficaz en todo el país.

Bregar contra epidemias mortales, los soviéticos no se andaban con medias tintas. No sólo los médicos, sino también la policía, el ejército, la marina e incluso la seguridad del Estado el célebre KGB, eran reclutados para frenar su propagación.

 

La Peste

Sin embargo, una llamada urgente de Moscú le obligó a viajar inmediatamente a la capital, desatando la plaga. Berlín se registró en el Hotel Nacional, cenó allí y visitó una peluquería.

Sintiéndose muy enfermo, el paciente cero fue hospitalizado bajo el diagnóstico erróneo de neumonía crupal. El mérito de haber detectado la epidemia a tiempo es de Simón Gorelik, médico del 1º. Instituto Médico de Moscú.

Habiendo identificado la peste pulmonar en el paciente, Gorelik informó inmediatamente del peligro a sus superiores y se aisló tanto a sí mismo como a Berlín. Sabía que ambos estaban condenados a muerte, ya que la peste era incurable en aquellos días.

La policía secreta localizó y puso en cuarentena a todos los que habían estado en contacto con Abram Berlín. La clínica donde estaba destinado fue clausurada, y el Hotel Nacional fue desinfectado (por la noche para evitar que la información sobre la crisis se filtrara y causara el pánico).

Como resultado, la epidemia de peste fue cortada de raíz. Sólo tres personas murieron a causa de la enfermedad mortal: Gorelik, Berlín, y el desafortunado peluquero.

 

La Viruela

 

Los servicios de emergencia de la capital rusa tardaron poco más de dos semanas en impedir que el virus mortal traspasara los límites de Moscú y se extendiera por toda la Unión Soviética.

El 23 de diciembre de 1959, un hombre se bajaba de un avión que aterrizaba a Moscú desde Delhi, y que rápidamente puso en peligro a la capital de la URSS. El artista Alexéi Kokorekin no podía imaginar que traía consigo la viruela desde la India.

La varicela, natural o viruela, fue una de las enfermedades más mortales que jamás haya afectado a la humanidad. Aniquiló pueblos, ciudades e incluso países enteros. En el siglo VIII, mató al 30 por ciento de la población de Japón y en el siglo XVI, a millones de nativos americanos, que contrajeron el virus de sus conquistadores.

La Unión Soviética realizó largos y concertados esfuerzos para luchar contra la viruela. Si en 1919 se estimaba que el número de personas infectadas con la enfermedad era de 186.000 en todo el país, en 1936 la cifra era cero. Sin embargo, 23 años después, la peligrosa enfermedad que todos habían olvidado volvió a golpearles.

El paciente cero

Al llegar, Kokorekin experimentó los síntomas de un pequeño resfriado, algo que, dado que era diciembre,  le pareció bastante normal. Sin embargo, ya esa misma tarde, su temperatura subió, desarrolló una fuerte tos y le dolía todo el cuerpo.

Un médico al que fue a ver al día siguiente le diagnosticó una gripe. Sin embargo, los medicamentos que le recetó no le ayudaron. Desarrolló un sarpullido por todo el cuerpo, que los médicos tomaron por una reacción alérgica. Sólo un joven interno, al saber de dónde había llegado el artista, sugirió con cautela que podía tratarse de viruela, pero su opinión fue rechazada por los médicos más veteranos.

Inicio de la epidemia

Sin embargo, la muerte de Kokorekin no cerró el trágico episodio. En la segunda semana del nuevo año, varios pacientes del hospital desarrollaron los mismos síntomas: fiebre, tos, sarpullido.

Ya no era posible aceptar más riesgos. Se llamó a especialistas del Instituto de Investigación de Vacunas y Contención epidemiológica. Su dictamen profesional supuso todo un terremoto: Moscú albergaba un brote de viruela.

Resultó que durante su viaje a la India, Alexéi Kokorekin había asistido a la incineración ceremonial de un brahmán fallecido e incluso había tocado sus posesiones. Fue allí donde el paciente cero contrajo la enfermedad mortal.

El 15 de enero, la noticia del brote de viruela llegó a los dirigentes del país, que movilizaron inmediatamente todos los recursos de los hospitales, clínicas, departamentos de policía y las fuerzas del Ministerio del Interior (KGB) de Moscú. La búsqueda de posibles portadores del peligroso virus se llevó a cabo las 24 horas del día.

Todas las personas con las que Kokorekin se había reunido y con las que había hablado, con las que sus familiares habían estado en contacto, que habían recibido sus regalos de la India, fueron puestas en cuarentena. Así, 150 estudiantes de la universidad donde su hija Valeria estudiaba fueron llevados directamente a hospitales al acabar las clases.

De los contactos primarios, la búsqueda pasó a los contactos secundarios y así sucesivamente, hasta que se estableció toda la cadena de infección. Se sacó a gente de trenes y se ordenó a los aviones que transportaban personas potencialmente infecciosas que regresaran en pleno vuelo.

Un total de 9.342 personas fueron puestas en cuarentena. El Hospital Botkin, donde el paciente cero había pasado sus últimos días, se clausuró. Como no había suficiente ropa de cama para los miles de médicos y pacientes atrapados dentro del hospital, por un decreto especial, se permitió el uso de la reserva estatal de emergencia, destinada al caso de una guerra.

Eliminando la amenaza

Una medida decisiva para prevenir la propagación de la viruela fue la vacunación universal de todos los residentes de Moscú y de la región homónima: adultos, niños e incluso los que estaban muriendo. Literalmente en una semana, más de 9,5 millones de personas fueron vacunadas: un caso sin precedentes en la historia.

Para hacer frente a esta tarea, se movilizó a todos los médicos disponibles, desde los paramédicos hasta los estudiantes de medicina. “Fue realmente heroico”,  dice la Viróloga, Doctora en Medicina, Svetlana Marennikova,  “Los epidemiólogos trabajaron de la mañana hasta la noche”.

Es un mérito enorme de la Unión Soviética que una de las enfermedades más terribles conocidas por la humanidad, la viruela, se eliminase en estado salvaje en 1980. En 1958, entregó a la OMS más de 25 millones de dosis de una vacuna especialmente desarrollada para su uso en todo el mundo, incluyendo la India, Iraq, Irán, Afganistán y Birmania. La Unión Soviética donó más vacunas contra la viruela a la OMS que todos los demás países juntos de esta institución juntos.

 

El Cólera

 

La enfermedad se extendió gradualmente por todo el país, incluyendo Moscú y Leningrado (actual San Petersburgo). Esto se vio facilitado por un gran error de los funcionarios locales, que anunciaron el brote de cólera por altavoces en las playas, instando a la gente a volver a sus hogares.

El gobierno central, por su parte, actuó con rapidez y decisión. Junto con miles de médicos, el ejército y la marina se implicaron en la lucha contra la propagación de la enfermedad.

Odessa, Batumi, Kerch y otras grandes localidades fueron puestas en cuarentena. La gente fue autorizada a abandonarlas sólo después de un examen bacteriológico completo. Docenas de barcos y trenes fueron convertidos en laboratorios móviles y enviados a las ciudades.

Miles de turistas atrapados fueron presa del pánico. Muchos trataron de evitar o incluso romper los cordones militares. La situación se calmó sólo cuando el Consejo de Ministros de la URSS ordenó que se pagaran los salarios de los obligados a permanecer en cuarentena.

La epidemia de cólera fue finalmente erradicada en noviembre de ese mismo año. Las autoridades extrajeron del episodio las lecciones necesarias y se inició la construcción masiva de instalaciones de tratamiento de agua en la costa del mar Negro y en las cuencas de los ríos de las regiones del Volga y los Urales.

 

El Ántrax

 

El brote de ántrax de los Urales, en abril de 1979, sigue siendo la epidemia más misteriosa de la historia soviética. Según varias fuentes, se cobró entre 60 y 100 vidas.

En su punto álgido, entre 5 y 10 personas eran admitidas cada día en las salas de infecciosos de la ciudad de Sverdlovsk (Ekaterimburgo), sufriendo síndrome de shock tóxico.

Cuando la causa de la muerte se reveló como ántrax, se creó una unidad especial para los pacientes. También se inició la vacunación a gran escala de los residentes y la desinfección de la ciudad con el uso de helicópteros (según informes no confirmados). En junio, la epidemia estaba bajo control.

Según la versión oficial soviética, el brote fue causado por ganado infectado. Sin embargo, otra teoría sugiere que podría haberse debido a una liberación accidental de esporas de ántrax de un laboratorio biológico militar situado en un suburbio de la ciudad. También se habló de sabotaje por parte de agencias de inteligencia occidentales que buscaban desacreditar a la URSS en vísperas de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980.

La información oficial sobre la tragedia sigue estando clasificada, y sólo se publicará 75 años después del incidente, en 2054.

Conclusión

El modelo sanitario soviético, se sustentaba en la organización de los soviets, la participación del pueblo en la toma de decisiones sobre los problemas de salud, en la prevención y la promoción de la salud, y fue cimentado por la planificación socialista de la economía.

El sistema de salud soviético representa la forma de organización sanitaria más avanzada del siglo XX. Las políticas socialistas en salud les permitieron desarrollar la formación de nuevos médicos y médicas, enfermeros y enfermeras y parteras para afrontar el legado sanitario del zar. Elevaron la esperanza de vida, disminuyeron la mortalidad infantil y materna, combatieron las enfermedades infecciosas y de transmisión sexual, a pesar de la guerra civil y las adversidades y carencias del naciente Estado proletario.

Se jerarquizó la investigación sobre los problemas más urgentes de la población, y la industria fue nacionalizada para producir los productos farmacológicos necesarios para combatir las enfermedades. Se creó la división químico-farmacéutica en el Instituto Ruso de Química Aplicada y en el Instituto de Investigación Químico-Farmacéutica encargados de producir antibióticos, vitaminas, antitoxinas y vacunas.

Con la caída de la URSS los seguros privados en Rusia florecieron como malezas. Los hospitales perdieron capacidad instalada y equipamientos. El sistema sanitario soviético terminó cayendo en las recetas privatizadoras del Banco Mundial y del FMI, para ser masticado por la voracidad capitalista de la industria farmacéutica y de la medicina privada.


Enlaces originales:

https://es.rbth.com/historia/85038-letales-epidemias-enfrento-urss

http://www.laizquierdadiario.com/La-salud-como-conquista-de-las-masas-en-el-sistema-sanitario-sovietico

https://es.rbth.com/historia/84921-urss-derroto-epidemia-viruela-19-dias

https://es.rbth.com/historia/85009-urss-creo-mejor-sistema-epidemiologico-sanitario-mundo

https://es.rbth.com/historia/84823-20-carteles-propaganda-sovietica-tener-salud