18 de febrero de 2020

La Fortaleza de Brest, lo que no nos han contado sobre la Victoria contra el Fascismo.

Este sábado 22, a las 19,30 hs., en la Sala de la Estafeta del Ateneo de Madrid visionaremos la excelente producción bielorrusa "La Fortaleza de Brest". 

Película excepcional por su contenido. En el posterior debate, analizaremos la importancia que para la victoria sobre el fascismo tuvo el pueblo soviético.

Esperamos vuestra asistencia.

A continuación desarrollamos la ponencia del acto.


Brest, una hazaña que anticipó la Victoria.


Por Nestor Guadaño.


La fortaleza de Brest (Брестская крепость), es una película realizada en Bielorrusia por Belarusfilm en el 2010. En enero del 2007 surgió la idea de relatar lo más fehacientemente posible los sucesos que tuvieron lugar en la Gran Guerra Patria. Para ello, el 26 de Enero del 2008, los responsables de cultura de Rusia y Bielorrusia, fomentaron su realización, decidiendo que fuese Alexandr Kott quien la dirigiera.

Guión: Igor Ugolnikov y Konstantin Vorobyov.
Música: Yuri Krasavin.
Fotografía: Vladimir Bashta
Intérpretes:
Andrei Merzlikin, Pavel Derevianko, Alexandr Korshunov y Alexei Kopashov.

Sinopsis

La película narra la hazaña de la Defensa de la Fortaleza de Brest contra el Ejército Nazi, en Junio 1941.

El modo de relatar la película por Alexander Kott, es muy singular. La narra desde el punto de vista de un niño de quince años, resistente en la fortaleza, Sasha Akimov, el cual detalla su experiencia con los tres responsables de la defensa desde varios ángulos distintos: El comandante del Regimiento Piotr Gavrílov, el comisario político Yefim Fomín, y el comandante del 9º Regimiento de Guardiafronteras,  Andréi Mitrofánovich Kizhevatov..

Su realización

Desarrollar esta película supuso dos años, entre la preparación de los escenarios y su filmación, para ello el director Alexandr, tuvo la oportunidad singular de tener todos los medios necesarios para contar la historia ajustándose a los hechos, de forma lo más fiel posible. Sus secuencias principales se filmaron en el propio memorial de la Fortaleza de Brest. Se construyeron los paisajes de las viviendas anteriores a la guerra, una copia exacta de la Puerta de Kholm. Participaron como extras habitantes de la localidad.

Kott esencialmente plasma, como los grandes maestros soviéticos, en perfilados momentos toda la trama con grandes dosis de integración del espectador con los sucesos contados, pues unía su habilidad como fotógrafo a sus recuerdos bélicos, pues su padre se los relató ya que participó en numerosos combates.

Posteriormente, Igor Ugolnikov con todo el material rodado realizó para la televisión una serie de cuatro partes, con la versión completa que incluían noticiaros de la época, que fueron distribuidos en el resto de Europa por Channel One, exhibida en muy pocos países con el nombre de “Fortaleza”.

Brest, una hazaña que anticipó la Victoria.

En la madrugada del 22 de junio, sin previo aviso ni declaración alguna, escuadras de la Luftwaffe alemanas descargaron sus bombas sobre aeródromos, vías ferroviarias, bases navales y ciudades fronterizas de la Unión Soviética. Estas fueron las palabras de Vyacheslav Molotov, Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, cuando informó al pueblo soviético del inicio de la guerra:
"La nuestra es una causa justa. El enemigo debe ser derrotado. La victoria será nuestra".

La primera gran batalla de la Operación Barbaroja fue la realizada en la fortaleza de Brest-Litovsk, la cual, debido a su ubicación estratégica controla la frontera con Polonia, los cruces sobre el río Bug, la principal línea ferroviaria hacia el este, y la carretera Varsovia-Moscú.

El Ejército Rojo disponía en Brest de dos divisiones. En aquellos días de Junio, la mayoría de los soldados estaban desplazados en maniobras en el este, y solamente alrededor de 7.000 combatientes quedaban, además de 3.000 milicianos fronteriles en las aldeas cercanas. Quienes componían la defensa eran la mayoría comunistas y komsomoles, que estaban en la posición más avanzada de la URSS.

Su heterogénea composición, abarcaba desde las compañías de fuerzas de la Cheká (del Ministerio del Interior) del 9º Batallón Fronterizo, el 17º Destacamento de Guardiafronteras “Bandera Roja”, el 33º Regimiento Independiente de Ingenieros, el 18º Batallón Independiente de Comunicaciones y el 393º Batallón de Artillería Antiaérea.

Por las numerosas huellas que dejaron los proyectiles, cuando hoy se visita la ciudadela, se puede imaginar lo feroz que fue el ataque de los nazis. En algunas partes de la fortaleza aún se notan los efectos de los lanzallamas.

Los soviéticos, a pesar de tener un pacto de no agresión, tenían bien a resguardo en la fortaleza,  alimentos y municiones, además pusieron a salvo a sus familias y a la población de la ciudadela, en los sótanos y mazmorras.

Tras un durísimo bombardeo artillero, los nazis creían que en quince minutos tomarían los fuertes, pero compañía tras compañía iban cayendo cuando atacaban, ante el muro inexpugnable que habían creado los defensores en todas las estancias de la ciudadela. Inclusive fueron desalojados los hitlerianos de la iglesia que habían capturado en un contrataque de los fusileros soviéticos, eliminando a 70 nazis, igualmente sucedió en el fuerte de Trespol cuando 300 resistentes hicieron retroceder a un regimiento fascista.

Aquí, la llamada “guerra relámpago” no funcionaba, a pesar de todos los ataques, inclusive con artillería de gran calibre y lanzallamas, los soviéticos no retrocedían, a pesar de la escasez de municiones, alimentos, agua y medicinas, la guarnición consiguió frenar el empuje del enemigo pero tras más de treinta días y noches finalmente los alemanes tomaron bajo control la mayor parte de la fortaleza. Pero los últimos días, a pesar de todas las penalidades, en destacamentos pequeños bajo el mando de comisarios y komsomoles siguieron peleando y defendieron, con tesón y abnegación cada instalación o paso subterráneo. Entonces, sufriendo bajas enormes, una división alemana los cercaba (más de 15.000 alemanes).

Cayeron casi todos los defensores de la fortaleza. Solamente unos cuantos combatientes pudieron escapar del cerco enemigo y moverse hasta la línea del frente. La mayoría de los heridos, fueron capturados por los alemanes. Incluso algunos, lograron fugarse de la prisión.

Una inscripción grabada en el ladrillo fundido por el fuego, de una de las celdas de la fortaleza, lleva fecha del 20 de Julio, y para todos los rusos, bielorrusos y soviéticos es una de las frases más famosas del siglo pasado:
"¡Me muero pero no me rindo! ¡Adiós, Patria!"

El hecho de que una división entera no pudiera doblegar en un mes una fortificación que, según el plan, debería haberse rendido en un cuarto de hora, conmovió a los mandatarios nazis. Por eso, en agosto de 1941 el mismo Hitler y Mussolini fueron a la fortaleza de Brest para verla con sus propios ojos. La vicedirectora del museo de la fortaleza de Brest, Larisa Bibik, menciona:
"Entraron en la fortaleza y vieron las huellas de la lucha tenaz, vieron toda la destrucción. Según sus informes, los atacantes nazis no cometieron ningún error. Creo que se dieron cuenta de la valentía y el coraje soviético”.

La fortaleza de Brest fue liberada tres años más tarde, el 28 de junio de 1944.

Lo ocurrido en Brest, no es una gesta singular, pues a lo largo de toda la contienda, hubo miles de combates parecidos a Brest (Liepaja, las islas Moonsund, Sebastópol, Leningrado, Smolensk, etc.), que demostraron la cohesión de la población con su modo soviético de existir, con la solidez del socialismo frente al capitalismo imperialista, porque como decían en sus canciones, los soviéticos luchaban por una causa justa.

Consecuencias de Brest

La fortaleza de Brest se convirtió en un símbolo de la resistencia inquebrantable y el coraje de los combatientes soviéticos.  Muchos defensores de Brest fueron condecorados, a título póstumo, con diversas órdenes y medallas, de la Bandera Roja, de la Estrella Roja, al Valor en combate, etc.

Kizhevatov y Gavrílov fueron condecorados como Héroes de la Unión Soviética, el homenaje de agradecimiento más alto del pueblo soviético, mientras que Fomín recibió la Orden de Lenin, la segunda condecoración de más importancia.

Sus héroes eran obreros y trabajadores comunes, de todas las nacionalidades soviéticas, honestos, que al verse rodeados por tantas tropas nazis, a ninguno les pasó por la cabeza, rendirse, prefirieron resistir o morir en combate. Muchos de ellos portando con orgullo sus insignias del komsomol, de la Cheká y del Partido. A pesar de sus terribles pruebas, en sus diarios y manuscritos dejaron consignados su profundo sentimiento porque el socialismo superará todo, “…Moriremos pero no nos iremos de aquí”. Este es el legado más importante a la humanidad, del poder soviético y de la cultura de clase de la Unión Soviética:  …alzarse contra las ideas y los regímenes fascistas, porque sus sanguinarios crímenes tienen que ser respondidos firmemente.

El 22 de junio toda Rusia y las repúblicas de la antigua URSS recuerdan con actos solemnes el inicio de la invasión nazi a la Unión Soviética, que inauguró el dramático periodo de la Gran Guerra Patria.

En 1971 se inauguró en Brest un impresionante complejo conmemorativo a las víctimas de los primeros días de la guerra. Obra del famoso artista soviético A. Kibalnikov. Dos esculturas enormes, "La Valentía" y "La Sed", el Panteón de la Gloria, la Plaza de Ceremonias, las ruinas conservadas de la antigua fortaleza y los cuarteles reconstruidos, junto con el puesto fronterizo que se mantiene operativo hasta hoy, integran un complejo singular que ocupa 70 hectáreas en un paisaje natural único entre el Bug del Oeste y el Mujovets.

Cada año, los veteranos se encuentran aquí con los escolares, para enseñarles cómo vivieron la tragedia. Cada año, a las 4 de la madrugada, se tiran coronas de flores en las aguas del río fronterizo para homenajear a todos los soldados caídos en la Gran Guerra Patria. El número total de personas fallecidas en la URSS como resultado de la Gran Guerra Patria fue de 26,6 millones de personas, de las cuales 8.668.400 pertenecían al Ejército Rojo. Ningún otro país sufrió tantas bajas.

Miles de turistas procedentes del mundo entero vienen cada año a la fortaleza de Brest para rendir homenaje a la memoria de sus defensores heroicos.

Mediante el Decreto del Presídium del Soviet Supremo de la URSS, la Fortaleza de Brest recibió el 8 de mayo de 1965 la Medalla de Oro y el título honorífico de "Fortaleza Héroe".

Reconocimientos de la película

Filmada en el lugar de los hechos, en Brest y en la localidad de Pruzhany, fueron reproducidos hasta el mínimo detalle todos los monumentos destruidos en la batalla, como la Puerta de entrada al recinto, los fuertes, el hospital, las habitaciones, con gran cuidado, que hace muy cercana su visión.

Numerosos premios tuvo en Rusia y Bielorrusia. Está considerada por la crítica especializada como una de las mejores lecciones cinematográficas sobre la  guerra. En concreto, el filósofo escritor social V.V. Kaftan, gran conocedor de las películas de guerra recientemente comentó: “La peculiaridad de esta película es el hecho de que las historias retratan el comportamiento valiente de unas personas, entrelazadas como una obra pictórica, en la heroica defensa de la fortaleza. Parece que la película alcanzó el objetivo para el que fue rodada: empatía con las primeras víctimas y héroes de la gran guerra patria” (1)

Según van pasando los años, esta película esta cada vez más valorada. Recientemente muchos críticos cinematográficos, la consideran como la mejor película mundial sobre la guerra de los últimos veinticinco años.

Notas:

(1). Kaftan, V.V. Artículo “Contrarrestar la degeneración de la conciencia de la sociedad rusa en el proceso educativo de la universidad”. Publicado en la revista  Cherepovets, por la Escuela Superior de Ingeniería Militar. No. 3, página 4. Año 2.012, en ruso.
 

16 de febrero de 2020

La Segunda Guerra Mundial y el Socialismo (y 2)


¿Cómo se fraguó la Victoria?

La inmensa mayoría del pueblo soviético respondió incorporándose en masa al Ejército Rojo, ingresando millones de mujeres y hombres en el Partido Comunista, apoyando las decisiones del Gobierno Soviético, defendiendo con su sangre el Socialismo.

Artífices principales del Frente Militar fueron:
a) Guerra Total.
b) Los frentes en la retaguardia nazi.
c) La Inteligencia Soviética.
d) Los Ejércitos de Choque.
e) Mejora continua de los armamentos, terrestres, aéreos y navales.

a) Guerra Total.

Cada adulto, mujer u hombre, anciano o niño era un combatiente. “De cada persona según sus capacidades” fue el principio que determinó la consigna “Todo para la Victoria”, “Todo para el Frente”. Fue implantada de nuevo la jornada laboral de ocho horas, se desistió de la semana de trabajo de seis días y se pasó a la de siete, se crearon reservas de trabajo estatales con los jóvenes y se promulgaron severas leyes que introdujeron el orden y la disciplina consciente en las fábricas. Se articularon clases de formación política a todas las obreras y obreros, se crearon nuevas escuelas de capacitación profesional adjuntas a las fábricas, se multiplicaron los comedores colectivos y las guarderías, bajo los carteles “Por el Triunfo del Socialismo”, “Por Stalin”.
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Y aún en los momentos más angustiosos, cuando en todas las agencias de prensa del mundo consignaban que los hitlerianos entrarían en Moscú antes del invierno del 41, la población soviética en aquellos meses, como un gran puño contenía al ejército nazi en Kalinin, Tula y a 30 kilómetros de Moscú.

Delante de las divisiones de combate, estaban las divisiones de construcción que, alrededor de las ciudades y aldeas cercanas a Moscú, hicieron miles de fosos antitanques, nuevas vías de comunicación entre las sucesivas líneas defensivas en las trincheras, cientos de miles de blocaos y nudos defensivos. Los intentos de tomar Moscú y Leningrado se estrellaron por la firmeza y confianza del pueblo soviético en su sistema social.

De hecho, a despecho de los historiadores occidentales la Victoria del Ejército Rojo no se debió a una superioridad numérica de efectivos o a causas climáticas como las temperaturas bajo cero. En ambos casos, hasta mediados de 1943, las fuerzas del Eje eran más numerosas que las del Ejército Rojo y, durante el invierno de 1941, muy pocos días se bajó de los 10º bajo cero. Pero sí, al contrario, las pruebas de arrojo y destreza de los combatientes soviéticos son muy numerosas.

Como ejemplo, tenemos los primeros meses de la guerra. Los historiadores occidentales han consignado que, para los nazis, la invasión a la URSS hasta Moscú fue un paseo y que hicieron cientos de miles de prisioneros. Pero no mencionan que su guerra relámpago –que se resolvió en pocos días en los países ocupados de Occidente (un día Dinamarca, 5 días Holanda, 19 días Bélgica, 35 días Polonia, 44 días Francia y 63 días Noruega)-, fue un fracaso en la URSS.

Cada palmo de terreno, ya desde las fronteras soviéticas, fue defendido enconadamente por los guardafronteras. Brillantes contrataques desgastaron las fuerzas nazis, batallas como la de Smolensk duraron dos meses. Dentro de esta gran batalla, tuvo lugar la retirada hacia el oeste de los nazis en Yelnia, perdiendo cerca de 50.000 soldados y viéndose obligados a pasar a la defensiva. Desde el comienzo de la guerra hasta el 30 de Septiembre del 41, los hitlerianos perdieron 561.000 tropas, casi el 16,2 % de sus fuerzas terrestres.

La Gran Guerra Patria fue donde se decidió la Segunda Guerra Mundial. Allí, el fascismo alemán fue deshecho. Las pruebas, a pesar de la propaganda imperialista, son irrefutables.

En el transcurso de la Gran Guerra Patria fueron destruidas 607 Divisiones del Eje, o sea el 75 % de las tropas y material de guerra. Por ello, los datos son más importantes que las palabras: fueron destruidas 167.000 piezas de artillería, 48.000 tanques, 77.000 aviones, y 1.600 navíos y barcos de combate. En total, los fascistas perdieron en la guerra, entre muertos, prisioneros y heridos, 13.600.000 efectivos, de los que alrededor de 10.000.000 cayeron frente al Ejército Rojo.

En los otros escenarios de guerra, las tropas anglo-americanas en el Norte de África, Italia y Europa Occidental derrotaron o hicieron prisioneros a 176 divisiones fascistas, alrededor de 3.500.000 soldados.

Pero tras la derrota nazi en Moscú, el Ejército Rojo fue logrando reseñables triunfos, por la audacia y el heroísmo de sus tropas. Stalingrado y Kursk son una muestra de estas hazañas. Ya el 1 de enero de 1941, los comunistas y komsomoles constituían el 79,9 % del total de la oficialidad de las fuerzas del Ejercito Rojo.
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Todas las nacionalidades de la Unión Soviética contribuyeron a que esta gesta de liberación y victoria fuera posible. Los combatientes soviéticos demostraron ante el mundo la defensa inequívoca de su tierra madre, la URSS. 7 millones de mujeres y hombres fueron condecoradas con órdenes y medallas. A 11.603 se les adjudicó la más alta distinción de Heróes de la Unión Soviética. Mas 2.200 personas recibieron los tres grados de la Orden de la Gloria.

Pero si importantes son estas distinciones, lo son aún más por su significado, las 10.900 condecoraciones a grandes y medianas unidades del Ejército y la Marina Roja. Títulos dados a estas unidades que colectivamente consiguieron doblegar a los criminales ejércitos fascistas.

Esta Unión del Pueblo con el Socialismo, por la preservación de su sistema social de clase, fue esencial en la Victoria de la URSS y de los pueblos europeos.

El socialismo es confianza en un futuro mejor para la humanidad. Este internacionalismo lo expresa muy bien G. K. Zhúkov, mariscal soviético, en la toma de Berlín: “Dicho con franqueza, mientras duró la guerra yo estuve decidido a vengarme de los hitlerianos por su crueldad. Pero cuando, empujando al enemigo entramos en Alemania, retuvimos nuestro odio. Nuestros criterios y nuestros sentimientos internacionalistas no nos permitían entregarnos a una venganza ciega”[1].
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b) Los frentes en la retaguardia nazi.

Tras la agresión nazi, ¿iban a ser libres o esclavos los pueblos de la URSS? Así, en las zonas ocupadas, la mayoría de la población soviética no deseaba doblegarse ante el odiado enemigo y rechazaba el “nuevo orden fascista”. Así, tras los primeros meses, miles de mujeres y hombres cogían las armas y atacaban a los invasores. Y a la vez, tras el temporal retroceso del Ejército Soviético, los responsables de los Soviets planificaban qué activistas se quedaban y lucharían en la clandestinidad, la mayoría miembros cualificados del Partido y del Komsomol. De acuerdo a un plan maestro, estudiado antes de la invasión, en el Consejo Estatal de Defensa (CED) se creó el Consejo Central Guerrillero (CCG), que fue diseminando Frentes clandestinos en todo territorio ocupado, al principio destacamentos y luego Divisiones.

Cuando en una región no lo había, lo organizaban. Los invasores no debían tener ningún territorio pacífico. A tal efecto, se crearon en Moscú destacamentos de combatientes que eran lanzados tras las líneas: fueron los llamados “paracaidistas rojos”. Al principio, fueron seleccionados de entre las más expertas fuerzas, todos voluntarias, pues sabían que era muy posible que no volviesen. Por ello, al principio salieron de las OMSBON (Batallón de Tiradores de Designación Especial), expertos combatientes en diferentes armas y en la lucha cuerpo a cuerpo. En su composición, había gimnastas, campeones deportivos y de lucha sambo, estajanovistas, atletas e internacionalistas (los más numerosos fueron españoles republicanos comunistas, por su experiencia en la Guerra Nacional Revolucionaria de España). Pasando los meses, más de un millón de campesinos, ancianos, niños, mujeres y exprisioneros se unieron a las Divisiones Guerrilleras.

Poco a poco el movimiento guerrillero soviético fue adquiriendo proporciones cada vez más considerables, consiguiendo el armamento, en parte, del enemigo en combate y, de otra parte, por el aire desde la Tierra Madre y creando aeródromos y zonas liberadas de nazis. Los hechos son contundentes: pusieron fuera de combate a millón y medio de fascistas entre soldados y oficiales, funcionarios, y empleados de las instituciones de ocupación. Volaron 20.000 trenes, 10.000 locomotoras y 12.000 puentes ferroviarios y de carretera, destruyeron 65.000 automóviles, averiaron más de 4.000 tanques y carros blindados, derribaron o inutilizaron en aerodromos 1.100 aviones.
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Pero el hecho más significativo es que desde 1943 controlaban las fuerzas guerrilleras un territorio superior a 200.000 kilómetros cuadrados (como Inglaterra, Bélgica y Dinamarca juntas).

Los nazis tuvieron que movilizar el 10 % de su ejército regular.

En el otoño de 1942 para la lucha contra la resistencia, el enemigo dedicó 15 divisiones de campaña, 10 divisiones de protección, 27 regimientos de policía y 144 batallones de la Gestapo.

Para comprender la significación de estas cifras, todas las tropas italo-alemanas que, en el verano del 42, operaban en el Norte de África constituían 12 divisiones.

En Octubre del 1943, a la lucha contra los guerrilleros fueron lanzadas 14 divisiones alemanas y 14 divisiones de los aliados de los nazis, además de otras 20 divisiones de protección. En total las fuerzas del Eje emplearon 50 divisiones contra las organizaciones clandestinas soviéticas.

En el mismo tiempo, en Italia a finales del 43, los alemanes tenían destacadas 21 divisiones hitlerianas, que era una décima parte de las fuerzas nazis combatiendo contra el Ejército Rojo.

A consecuencia de las operaciones de sabotaje de las fuerzas partisanas, el enemigo solo puedo extraer el 7 % del carbón del Donbass de antes de la guerra. Además, en toda la Unión Soviética ocupada, solo pudieron extraer el 15 % de madera y el 28 % de cereales e insignificantes cantidades de electricidad y metal.

Pese al terror y la violencia fascista, la tierra ardía bajo los pies de los ocupantes.

Tras la liberación de la Unión Soviética, en 1944, actuaron en Polonia 33 formaciones guerrilleras y en Checoslovaquia, 20 formaciones.

c) La inteligencia soviética.

Los días 22-24 de marzo, los hitlerianos ocuparon Klaipeda, puerto de Lituania, y exigieron a Polonia un corredor que uniese Gdansk con Alemania. Entonces, el Gobierno soviético lanzó una nueva iniciativa, el 17 de Abril de 1939, con vistas a adoptar mediadas colectivas de defensa de la paz y seguridad junto con Inglaterra, Polonia y Francia, para hacer un frente común contra la guerra y las acciones nazis. Pero las potencias imperialistas “democráticas” dilataron su respuesta y se opusieron a cualquier acuerdo militar frente al fascismo. A finales de Agosto, el gabinete soviético llegó al convencimiento de que un dogal de muerte se cerraba alrededor de la URSS.

Tras el Pacto de Munich de Alemania con Inglaterra y Francia, hubo otro pacto, el 24 de Julio del 39, de Gran Bretaña con Japón, que reconocía las conquistas del País del Sol Naciente en China. Japón firmó acto seguido un tratado militar con Alemania e Italia. El Gobierno soviético se vio obligado a asegurarse por sí solo que la guerra no llegase a sus fronteras por el Este y el Oeste, concertando un Tratado de no Agresión con Alemania el 23 de Agosto de 1939.

A pesar de este acuerdo, y tras las inútiles negociaciones con los imperialismos occidentales, los dirigentes soviéticos entendieron que los países que constituían el llamado Eje desencadenarían la guerra de cualquier forma (como así sucedió) y que el pueblo soviético necesitaba una red mundial de inteligencia para prevenir los ataques a la URSS.

En los países donde se había instalado el terror nazi (Alemania, Italia y España) y, posteriormente, tras el comienzo de la guerra en todos los países ocupados, miles de antifascistas y comunistas tejieron con sus informaciones una fantástica línea de espionaje para defender la URSS, como único puntal contra el fascismo. Organizados en múltiples grupos, con sus emisoras, auxiliares de captación y exploración, realizaron un auténtico Frente Antifascista en todo el mundo.

Estas redes de información nutrieron la inteligencia soviética. El internacionalismo proletario, la solidaridad de clase logró esta hazaña. Combatientes arriesgados de la Internacional Comunista integraron en sus grupos de escucha a mujeres y hombres de diferentes ideologías, ateos y creyentes, intelectuales y obreros. La gran mayoría estaban en los países ocupados y en las naciones neutrales. Lo que les unía era su resolución para defender a la Unión Soviética, hasta la total aniquilación de la “peste parda”.

Las batallas esenciales como las de Moscú, Stalingrado, Kursk, Dniepper, Varsovia y Berlín fueron victorias soviéticas que, además de las operaciones militares, llevaban adjuntas muy avanzadas informaciones sobre la táctica del enemigo, sus fuerzas, el despliegue de su armamento y las intenciones del Mando Alemán y de los Países del Eje, mucho antes de las acciones de guerra.

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Los hechos, de nuevo, son más importantes que las palabras:
Moscú.- Gracias a las informaciones llegadas del Japón (Victor Sorge informó que el Ejército de Manchuria no fue movilizado), las reservas siberianas preparadas por el General Apanasenko fueron desplegadas en el Frente Occidental. Para ello fue necesaria una gran operación clandestina que llevara las divisiones hasta Moscú, movilizando a centenares de miles de soldados, trabajadores de ferrocarriles, milicias urbanas y campesinas, y contribuyendo a la contraofensiva victoriosa.

Stalingrado.- Las redes que operaban en Alemania y los países ocupados, informaron de la escisión en dos de los ejércitos nazis hacia Stalingrado y el Caúcaso. Con tiempo, el Cuartel General Soviético tuvo toda la información de los ejércitos nazis y sus aliados en dichas ofensivas, contrarrestándoles con medidas de resistencia y contraataque. A tal efecto, el Consejo Central Guerrillero ordenó la llamada “Guerra de los Rieles” (destrucción de miles de kilómetros de vías férreas, carreteras y puentes), atascando y haciendo imposible el avituallamiento de las tropas nazis en esos frentes.

Kursk.- Desde toda la Europa ocupada se enviaban regularmente en la primavera del 43, las concretas medidas tomadas por el mando nazi. El número de nuevas levas, nuevas divisiones, nuevos tipos de tanque y artillería y el despliegue de flotas aéreas. Con esta información el Ejército Rojo desplegó la batalla de desgaste más demoledora de toda la guerra, creando sucesivas lineas defensivas, creando tres Ejércitos de Choque, enviando nuevos Ejércitos de Tanques de la Guardia, lo que llevó a la aniquilación de la mayoría de las divisiones blindadas nazis.

Dniepper.- Tras la toma de la ciudad de Belgorod, el Consejo Estatal de Defensa Soviético tuvo múltiples informaciones del colapso de las unidades motorizadas alemanas. Los nazis tuvieron que suplir estas pérdidas precipitadamente, enviando nuevas divisiones desde el Occidente gracias a la no apertura del Segundo Frente en Europa occidental. Ante estas noticias, el Cuartel General aceleró una gran ofensiva desde Oriol en Rusia hasta el Mar negro, que liberó casi toda Ucrania, incluida la capital Kiev.

Varsovia.- Tras la liberación de todo el territorio de la URSS, el Mando Nazí concentró el 85 % de sus efectivos en Polonia. Los Servicios Secretos ingleses y norteamericanos llevaron a cabo conversaciones en Suiza con el Régimen Nazi, a fin de lograr un armisticio y frenar la ofensiva soviética. Las redes de inteligencia soviética se enteraron y por ello los Ejércitos Rojos llegaron hasta el Vístula, destrozando las unidades estratégicas nazis, y posteriormente liberaron Varsovia, con el que todas las expectativas de acuerdo por separado de los nazis fueron desestimadas por los occidentales, ya que los frentes soviéticos en combate rompían las líneas y llegaban hasta Alemania.

Berlín.- Cercados los jerarcas nazis, se negaron a la rendición. Los resistentes alemanes y de otras nacionalidades que había en Alemania y en la propia Berlín, informaron de los preparativos defensivos nazis. A tal efecto, a pesar de las bajas habidas, el Ejército Rojo sabía lo que estaba sufriendo la población alemana. Por ello, la capital nazi fue envuelta en un torbellino de fuego, cercando los accesos y anticipándose a las criminales maniobras de destrucción de vidas de los fanáticos nazis. Después de la capitulación hitleriana, los alemanes liberados reconocieron este gesto internacionalista que costó bastantes víctimas soviéticas.

d) Los Ejércitos de Choque.

Durante la Gran Guerra Patria, el Ejército Rojo demostró al mundo que la organización y cohesión de sus tropas eran muy diferentes a las de las formaciones profesionales de los ejércitos imperialistas.
Las duras condiciones de las divisiones al comienzo de la guerra (inexperiencia en las unidades motorizadas, menor calidad de las armas, superioridad numérica del enemigo, etc.) fueron suplidas rápidamente por el ímpetu y la certeza de que no podían retirarse, que había que destruir cuantas más unidades enemigas, mejor.

Una de las medidas fue resaltar y reforzar aquellas unidades que se destacaban en los combates, recibiendo el título de “Unidad de la Guardia Roja”. Con esta distinción el Ejército Rojo tuvo unas fuerzas expertas en la lucha por la defensa del Poder Soviético.

Con estas unidades en los Ejércitos Soviéticos, se fortaleció extraordinariamente la capacidad de combate. Tras la batalla de Moscú, estás Divisiones de la Guardia, junto con otras divisiones destacadas, se agruparon en Ejércitos de Choque. Eran la punta de lanza de los contrataques, de las ofensivas, y, con su desarrollo en los frentes de batalla, se acortó extraordinariamente la guerra. Estos Ejércitos fueron letales para las fuerzas hitlerianas, pues coordinaban Divisiones de fusileros, blindadas y de artillería, lanzadas de golpe en vastos frentes, arrollando a su paso las más preparadas fuerzas nazis. Así ocurrió en las contraofensivas de Moscú, Stalingrado, Kursk, Korshun-Cherkassi, Leningrado y el Paso del Vístula.

Desde 1941 a 1945 se crearon cinco Ejércitos de Choque.

La famosa imagen de la bandera roja enarbolada sobre el Reichtag fue realizada por soldados de la 150º División de fusileros, del 3º Ejército de Choque.
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e) Mejora continua de los armamentos, terrestres, aéreos y navales.

Al principio de la Gran Guerra Patria, los alemanes lanzaron contra el Ejército Rojo miles de unidades motorizadas de todo tipo, que no tenían suficiente respuesta por parte de los soviéticos. Ante este desafío, en tan solo 22 días, V. Degtiariov (PTRD) y S. Símonov (PTRS) crearon dos fusiles antitanques que en los primeros meses pararon con su fuego las acometidas nazis. Esta fue la más importante contribución al Ejército del Pueblo por parte de estos dos ingenieros, los cuales equiparon a las unidades de tiradores de unas armas fiables y de rápida cadencia de fuego. Junto a ellos, otros ingenieros contribuyeron al desarrollo armamentístico soviético con nuevos fusiles, metralletas y pistolas, como F. Tókariev y B. Shpitalni: armas perfectas, en muchos aspectos superiores técnicamente a las de los ejércitos burgueses.

La artillería y los morteros fueron mejorados considerablemente. Las divisiones fueron equipadas con cañones de 76 mm y 152 mm, y las unidades anticarro, con piezas nuevas de 45 mm. Pero ya en 1938, los ingenieros del sistema espacial de cohetes, habían inventado el BM-13, los célebres Katiushas. El 21 de Junio de 1941 se decidió empezar la fabricación en serie de los BM-13, llamados por los nazis “los órganos de Stalin” por el pánico que les producía su barrera de explosiones masivas. También fueron desarrolladas las Unidades de Defensa Antiaérea en todas las ciudades de los frentes y en las grandes y medianas unidades de combate, la mayoría manejadas por expertas tiradoras de fuego rápido.

Desde 1939, comenzó la producción de los carros pesados KV y un año más tarde, los T-34. Este blindado está considerado como el mejor tanque de toda la guerra. Al principio, con un cañón de 76 mm, no podían perforar su blindaje los anticarros nazis. A medida que los hitlerianos lo imitaban (los Panther del año 43), este tanque se iba modificando con nuevos blindajes y cañones (de 85 mm). Para darnos una idea de su fiabilidad, anotamos la gesta del teniente D. Lavrinenko hasta su fallecimiento, quien abatió 52 tanques nazis del 6 de octubre al 18 de diciembre de 1941.

Posteriormente, los avances en la artillería de campaña hicieron que se equipasen regimientos de artillería montada autopropulsada con blindados pesados (el J.S con cañón de 122 mm) que lograron imponerse a los más modernos tanques fascistas.

En el País de los Soviets fue donde se crearon por primera vez las fuerzas paracaidistas. 

Estas tropas de desembarco aéreo fueron sumamente imprescindibles a lo largo de la guerra en todos los frentes de batalla, en las ofensivas y en la retaguardia nazi.

En la aviación se desarrollaron, desde 1939 hasta 1944, nuevos aviones ultrarrápidos diseñados por los ingenieros S. Lávochkin (La), A. Mikoyán (Mig) y A. Yakolev (Yak) que asombraron a las unidades enemigas por su versatilidad y mejores prestaciones que las de los nazis.

Por decisión del Consejo Estatal de Defensa, se equiparon dos flotas, la del Pacífico y la del Norte. A estas flotas fueron agregadas navíos de la Marina de Guerra, navíos de transporte y submarinos.

3.- La conciencia de la población soviética.

El Frente Laboral.

Desde finales de 1939, la economía soviética se preparó para la guerra. Miles de Fábricas de toda la Unión se reconvirtieron, de fábricas civiles en complejos industriales militares. Fue una lucha contra el tiempo, contra el boicot imperialista y por superar las normas establecidas por la tecnología. Muchas ciudades industriales de la zona europea, de los Urales y de Kajzastán fueron girando su producción hacia la creación de nuevas armas. Las fábricas de tractores de Stalingrado y Cheliábinsk se convirtieron en fábricas de carros de combate. Así ocurrió en todos los combinados textiles, de municiones y de industrias manufactureras. El Gobierno Soviético comprendió que, ante la inevitable guerra que se acercaba, era completamente necesario ser autosuficientes en todos los pertrechos militares.

Y el pueblo soviético presentía el peligro. El Partido Comunista, llevando a cabo el rumbo trazado en el XVII Congreso, adaptó los planes para el auge de las industrias pesadas y aceleró las dedicadas a la Defensa. Solamente en 1940, se extrajeron 165,9 millones de toneladas de hulla, 31,1 millones de toneladas de petróleo y se fundieron 18,3 millones de toneladas de acero.

En los tres años y medio que precedieron a la guerra, en la URSS se crearon 3.000 grandes industrias de nueva planta. Grandes stocks estatales de víveres y combustibles, nuevos centros de producción de energía eléctrica y depósitos de armamento se instalaron en toda la Unión Soviética.

Tras la invasión de las zonas ocupadas por los fascistas, fueron trasladadas al este de la URSS 2.500 grandes empresas industriales y más de un millón de soviéticos.

Ya en 1942, la industria soviética superaba, en cantidad y calidad de material de guerra, a la industria nazifascista y a la de los países ocupados.

Artífices principales del Frente Laboral fueron:
* Antes de la Guerra, la Dosaaf y la Osoviajim (Asociaciones y Grupos de Colaboración Voluntaria de la Población Civil con el Ejército, la Aviación y la Flota) era una red de organizaciones que, en caso necesario, servía en la defensa activa del territorio soviético. Abarcaban prácticamente todas las ramas industriales, se articulaban en clubes científicos, de habilidades personales, de técnicas estajanovistas, en asociaciones deportivo-atléticas, de adiestramiento de perros, de comunicaciones y redes de emisoras radiales, de lenguas occidentales. Se desarrollaron como clubes de aficionados en todos los pueblos de la URSS. Cuando comenzó la guerra, gracias a estas sociedades, se integraron en el Ejército Rojo 10 millones de tiradores, decenas de miles de pilotos de aviación, paracaidistas, chóferes, telefonistas, radistas y sanitarios.

* La incorporación, ya iniciada la Guerra, de hombres y mujeres no aptos para el combate, ancianos y hasta niños que sustituyeron en las fábricas, complejos industriales y explotaciones agrícolas a los hombres y mujeres que fueron al Ejército Rojo.

* La creación de nuevas universidades tecnológicas en todas las Repúblicas de la Unión Soviética no ocupadas por el enemigo, para la formación de nuevas reservas de especialistas en todos los campos, para las fábricas y los complejos agroindustriales. Desde Siberia hasta el Turkestán, todas las nacionalidades contribuyeron al esfuerzo bélico.

* La roturación de nuevas tierras vírgenes en todo el Este Soviético, creándose cientos de miles de nuevas granjas agrícolas. En estas zonas, los ancianos y mujeres realizaron este inaúdito logro. Y los niños crearon nuevas organizaciones auxiliares de combate, como los Octubristas, Pioneros, Timurianos y Komsomoles, que lograron proezas asombrosas, para que no cesara la alimentación de los soldados y de la población soviética.

El Frente Moral

La unión del pueblo soviético con su sistema socialista fue esencial en las continuas victorias del Ejército Rojo. Tras superar el intento de golpe de Estado de los años 37 y 38, cientos de miles de nuevos responsables en todas las áreas de la Defensa Soviética, de todas las nacionalidades del país demostraron en la práctica su fidelidad a la Tierra Madre, soviética y socialista.

Obreras y obreros con las armas en la mano, tanto en los frentes como en la retaguardia, subordinaron sus intereses personales al logro de la victoria sobre el fascismo. La mayor parte de los trabajadores más conscientes de la causa del Socialismo ingresaron en el Partido Comunista Bolchevique y en el Komsomol Leninista.

Los aliados occidentales, la prensa imperialista mundial y los dirigentes de la coalición hitleriana se equivocaron en sus esperanzas de que, con la invasión nazi, surgirían sublevaciones internas contra el Poder Soviético. Son innumerables los ejemplos de este apoyo de toda la población a su gobierno para conseguir con su esfuerzo la Victoria sobre el nazismo.

El fondo de ayuda a la defensa.

El 18 de Diciembre de 1942 el periódico “Pravda” informó que Ferapont Golovati, koljosiano de la región de Sarátov, había donado de sus ahorros 100.000 rublos para la construcción de un avión.

Durante la guerra, el monto de los recursos del presupuesto nacional, empleado para fines militares, supuso 582.400 millones de rublos. Al mismo tiempo, para el Fondo de la Defensa, los soviéticos donaron voluntariamente 118.000 millones de rublos. Tan fabulosa ayuda monetaria del pueblo no la conoció ningún ejército del mundo. Muchas decenas de miles de equipos militares fueron fabricados con el dinero entregado voluntariamente por los trabajadores.

La donación de sangre.

En la Primera Guerra Mundial, el 65% de las muertes por heridas se produjeron debido a la mucha pérdida de sangre y a la imposibilidad de restituirla.

En el periodo de la Gran Guerra Patria, las pérdidas de la Unión Soviética por esta causa constituyeron tan solo el 1%. La vida de cientos de miles de combatientes la salvaron con su sangre las trabajadoras y trabajadores de la retaguardia: hubo más de cinco millones y medio de donantes voluntarios.

Ni un paso atrás frente al fascismo.
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Los habitantes de muchas ciudades las convirtieron en ciudades heroicas. Sus nombres se encuentran en el acervo de combate del proletariado mundial: Brest, Minsk, Murmansk, Smolensk, Moscú, Leningrado, Stalingrado, Odessa, Sebastópol, Kiev, Tula, Novorrosik, Kerch.

Ejemplos que nos dan fe de esta increíble gesta de la población soviética por defender el Socialismo los tenemos en increíbles combates del Ejercito Rojo al comienzo de la guerra.

– La ciudadela de Brest.
Situada en Bielorrusia, resistió a los agresores más tiempo que Dinamarca, Holanda y Bélgica, reteniendo junto a la frontera a una división nazi, respaldada con tanques, artillería y aviación. Fortaleza donde combatieron guardafronteras, comunistas y voluntarios, su lema era “… moriremos, pero no nos iremos de aquí”. Durante un mes, sus defensores cayeron, por las heridas, la sed y el hambre, abriéndose paso algunos para convertirse en guerrilleros.

– El puerto de Liepaja.
En esta pequeña ciudad de Letonia, juntos, obreros, marinos, soldados, milicianas y hasta niños resistieron durante diez días, causando severas pérdidas humanas al enemigo.

– Las islas de Moonsund (Estonia).
La pequeña guarnición de infantes de marina resistió durante seis semanas, el mismo tiempo que duró la campaña nazi en Francia.

– Sebastópol.
Era la principal base de la Marina de Guerra Soviética, en el Mar Negro, en la península de Crimea. Desde el 30 de octubre de 1941 al 4 de julio de 1942, las fuerzas soviéticas hicieron frente al XI Ejército nazi alemán, rechazando todos los intentos de éste para tomar la ciudad.

Soportaron durante ocho meses un asedio durante el cual causaron a los enemigos cerca de 300.000 bajas, más que todas las pérdidas hitlerianas en todos los frentes hasta el 22 de Junio de 1941.

– Leningrado.
El cerco de Leningrado es el bloqueo militar que los nazis establecieron sobre esta ciudad, cuando se dieron cuenta que no podían tomarla militarmente. Duró en total 872 días, desde 8 de septiembre de 1941 a 27 de enero de 1944, y costó la vida a 641.803 personas.
Los ancianos, mujeres y niños elevaron fortificaciones, produjeron armamento y tecnología en las fábricas, cosieron la ropa de los soldados, soportaron continuos bombardeos de artillería y aviación, privaciones de todo tipo, la falta de calefacción y comida. Con esfuerzos increíbles, los habitantes consiguieron defender su ciudad. El nombre de Leningrado se convirtió en sinónimo de Ciudad Heroica.

El Socialismo hizo posible la victoria en la Gran Guerra Patria.

La historia, las revoluciones sociales las hacen los pueblos, no determinadas personas. La confianza de la población en el Poder Soviético, la defensa del estilo socialista de producción, de la cultura y los derechos sociales para toda la clase obrera soviética, hizo comprender a los máximos dirigentes comunistas que la inmensa mayoría de los pueblos de la URSS defenderían las conquistas del proletariado y servirían de ejemplo a los países del mundo. Por ello, ni en los días más angustiosos de la Batalla de Moscú, el gobierno soviético abandonó su puesto en la primera línea de combate.

Los más entregados hijos de la URSS, el Partido Comunista bolchevique.

Las pérdidas en la Gran Guerra Patria fueron cuantiosas e irremplazables: 3.300.000 comunistas caídos. Pero durante toda la guerra muchos combatientes se afiliaron al Partido y muchísimos más, al no poder adherirse al Partido, consignaban en sus últimas cartas “…consideradme comunista”. Durante la guerra, ingresaron en el Partido Bolchevique más de 5 millones de soviéticos.

El Partido y su juventud –el Komsomol leninista-, realizaron una enorme labor organizativa, política y constructiva, con la lucha heroica de millones de militantes allí donde eran necesarios su ejemplo, sus contribuciones ideológicas de clase, en el frente y en la retaguardia, en las ciudades asediadas y en las fábricas, pertrechando al pueblo soviético de confianza y seguridad.

La amenaza de la guerra imperialista

La falacia de las “amenazas del comunismo” ha sido empleada como propaganda por el imperialismo para aupar el nazismo, incrementar la explotación de las colonias y restaurar los regímenes proimperialistas. Desde el fin de la guerra mundial, los Estados imperialistas no han cesado de crear las condiciones para nuevas intervenciones contra los pueblos, para destruir la Unión Soviética y para desarrollar la carrera armamentística.

La historia ha demostrado que no es suficiente con prevenir las guerras mediante acuerdos de buena voluntad, sino que se precisa del desarrollo de una nueva época de relaciones sociales, que unifique a los trabajadores del mundo contra el imperialismo. Porque, mientras éste mantenga subordinados a los países y pueblos de la tierra, la miseria, la pobreza y las guerras son la única forma que tiene el capitalismo monopolista, el imperialismo de hoy día, para mantenerse en el poder.

Desde el fin de la Gran Guerra Patria, el imperialismo ha librado más de 200 guerras, con más de 39 millones de muertos. Desde la caída de la Unión Soviética, ha habido más de 90 guerras con más de 19 millones de muertos.

La memoria colectiva del proletariado invoca y advierte. Las generaciones venideras recordarán la gesta de la URSS, la epopeya de quienes salvaguardaron a la civilización del fascismo causante de la desdicha y del sufrimiento de millones de seres.

Las lecciones prácticas de la Segunda Guerra Mundial demostraron que el Socialismo como sistema más avanzado de la humanidad, tanto en lo político como en lo económico, es más estable, productivo y con mayores esperanzas de futuro, porque es desarrollado por y para la mayoría de la población, con la clase obrera al frente.

Bibliografía:

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* Documentos y Materiales de Vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Tomo I y II. Ministerio de Negocios Extranjeros de la URSS. Ediciones en Lenguas Extranjeras. Moscú. 1948.
* El fracaso de la Operación “Tifón”. Dadó Muriev. Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti. Moscú, 1986.
* Los españoles de Stalin. Daniel Arasa. Editorial Vorágine. Barcelona, 1993.
* La URSS en la Segunda Guerra Mundial. Leonid Eremeiev. Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti. 1985.
* Sobre el pasado en aras del futuro, la Segunda Guerra Mundial: Causas, Resultados, Lecciones. Pável Zhilin, Pável Sevostiánov, Leonid Dobrojótov, Yuri Káshlev, Vladímir Lomeiko, Vladimir Miliutenko, Oleg Rzheshevski. Moscú. Editorial de la Agencia de Prensa Nóvostí, 1985.
* El último asalto. Vladímir Abyzov. Editorial de la Agencia de Prensa Novostí. Moscú, 1985.
* La guerrilla soviética. Dmitri N. Medvédev. Editorial del Ministerio de Defensa de la URSS. Moscú, 1964.
* Destacados jefes militares en la Gran Guerra Patria de 1941-1945. N. Svetlishin. Editorial Progreso. Moscú, 1985.
* Españoles en la Resistencia. Alberto Fernández. Editorial Zero, S.A. Madrid, 1973.
* Al servicio del pueblo. Kiril Meretskov. Editorial Progreso. Moscú, 1974.
* La Orquesta Roja. Gilles Perrault. Barcelona. Editoria Bruguera, S.A., 1982.
* Relatos de un guerrillero comunista. José Gros. Editorial ATE. Barcelona, 1977.
* Soldado de tres ejércitos, Karol Swierczewski (General Walter). Antonina, Marta y Zosia Swierczewski. AABI. Madrid, 2007.
* Stalin insólito, Ricardo E. Rodríguez. Editorial Templando el Acero. Pamplona, 2017.

Notas:
[1] Recuerdos y meditaciones. G. K. Zhúkov. Tomo II, pág. 382. En ruso. Editorial Progreso. Moscú, 1978.