20 de marzo de 2018

Venezuela: La meta es conformar 3 mil comunas para avanzar hacia la economía comunal/ Gobierno prevé instalar 375 bancos comunales en primer cuatrimestre del año




Por la Agencia Venezolana de Noticias (AVN)

El ministro del Poder Popular para las Comunas, Aristóbulo Istúriz, indicó que la meta del Gobierno Nacional es conformar tres mil comunas con el objetivo de avanzar hacia un nuevo sistema de economía que fomente novedosas formas de propiedad social.

A través de un contacto transmitido este sábado por Venezolana de Televisión durante la instalación de las Asambleas de Bases Constituyentes, Capítulo Comunas y Consejos Comunales, Istúriz destacó que hasta la fecha existen 2.200 comunas en el país.

“En el nuevo Plan de la Patria tenemos fijados llegar a 3 mil comunas, es decir que tenemos hasta diciembre para conformarlas. Cada estado tiene una meta de acuerdo con las posibilidades”, detalló.

En función de esta meta se hace necesario que todos los consejos comunales estén organizados en comunas. “Hasta ahora tenemos el 40% de estas instancias organizados en comunas, el 60% están aisladas”, dijo.

Uno de los objetivos establecidos es dotar a las comunas de una arquitectura financiera que le brinde cierta autonomía para poder financiar los proyectos productivos.

Ratificó que para lograr esta meta el presidente de la República, Nicolás Maduro, ordenó el relanzamiento de los bancos comunales para fortalecer la economía local y apuntalar a la concreción de un Estado comunal.

“No se trata de tener un banco de las comunas, es tener el banco de la comuna, porque cada una debe tener una entidad financiera”, enfatizó.

Istúriz resaltó que están elaborando una nueva estructura financiera para determinar cuales serán los recursos con los cuales contará cada comuna para ejecutar los proyectos que presenten las Unidades de Producción Familiar (UPF) y las Empresas de Producción Social (EPS).

“La primera fuente de ingreso sería un capital inicial, lo que llaman un capital semilla, que lo hemos distribuido en tres tipos de bancos: los grandes van arrancar con 1.200 millones de bolívares, los medianos con 800 millones de bolívares y los pequeños con 500 millones de bolívares”, dijo.

El ministro señaló que se estima que todas las políticas sociales de financiamiento por la banca pública que ha impulsado el jefe de Estado se puedan canalizar a través de los bancos comunales.

La Ley Orgánica de las Comunas, en su artículo uno, establece a la Comuna como una entidad local “donde los ciudadanos y ciudadanas en el ejercicio del Poder Popular, ejercen el pleno derecho de la soberanía y desarrollan la participación protagónica, mediante formas de autogobierno para la edificación del estado comunal, en el marco del Estado democrático y social de derecho y de justicia”.



El Gobierno prevé instalar 375 bancos comunales en primer cuatrimestre de 2018

El Gobierno nacional prevé instalar 375 bancos comunales en este primer cuatrimestre, con el objetivo de consolidar la nueva arquitectura financiera del poder popular para la expansión y fortalecimiento de la economía comunal, informó el ministro para las Comunas y los Movimientos Sociales, Aristóbulo Istúriz.

“La meta para este año es instalar 1.000 bancos comunales para que las comunas tengan con que impulsar sus proyectos productivos”, resaltó Istúriz durante durante un programa especial transmitido este domingo por Venezolana de Televisión.

Ratificó que el presidente de la República, Nicolás Maduro, ordenó el relanzamiento de los bancos comunales para fortalecer la economía local y apuntalar a la concreción de un Estado comunal.

Asimismo, el ministro reiteró que la meta del Gobierno Nacional es conformar 3 mil comunas con el objetivo de avanzar hacia un nuevo sistema de economía que fomente novedosas formas de propiedad social.

Durante la entrevista, señaló que hasta la fecha existen 2.200 comunas en el país.


18 de marzo de 2018

¿Cómo conseguir pensiones dignas?

El gobierno y demás lacayos de la clase capitalista siguen atacando a los pensionistas del presente y del futuro, es decir, a la parte de la clase obrera que ya ha sido estrujada hasta el límite. Rebajan el poder adquisitivo de las pensiones, retrasan la edad de jubilación, aumentan los años de trabajo necesarios, etc.


El pretexto es que vivimos más tiempo y con mejor salud (cree el ladrón que todos son de su condición), por lo cual aumenta la proporción de beneficiarios con respecto a quienes están en activo.

El engaño está en ocultar que crece mucho más deprisa la productividad por trabajador, que a los empresarios se les rebajan las cotizaciones y se les regalan subvenciones por “crear” empleo precario.…

El verdadero motivo es convertir las pensiones públicas en capital, en dinero que se apropia la burguesía para aumentar sus ganancias.

Los capitalistas lo necesitan porque, aunque ganen cada vez más, no es suficiente para contrarrestar la caída de su tasa de beneficio experimentada sobre todo a partir de la crisis estructural de los años 70. Las burbujas y las crisis financieras no han destruido el suficiente capital sobrante para relanzar el capitalismo a velocidad de crucero. Las grandes masas de capital están en poder de gigantescos monopolios que soportan las periódicas catástrofes económicas, haciendo que éstas sean más y más graves.

Los capitalistas, además, pueden permitirse el lujo de acelerar su enriquecimiento a costa del salario directo, indirecto y diferido de los trabajadores, debido a que la actual correlación de fuerzas de clase les favorece.

La clase obrera alcanzó el derecho a jubilarse con pensión –al igual que otros derechos- porque luchaba por un objetivo que iba mucho más allá de estos derechos: su liberación de la explotación capitalista y la reorganización socialista de la sociedad. 

Las reformas son un subproducto de la lucha revolucionaria por el socialismo.

Fue sobre todo a partir de la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917 en Rusia y de la victoria de la Unión Soviética sobre el nazi-fascismo que los gobiernos capitalistas fueron concediendo políticas de seguridad social para los asalariados. No lo hicieron por generosidad, sino para contentarlos con unas migajas y evitar que éstos les arrebataran el poder político y los frutos de la explotación de los trabajadores.

Las demandas del movimiento obrero ya no venían impulsadas únicamente por un ideal de justicia, sino por el ejemplo práctico de la URSS y del campo socialista. La revolución soviética las satisfizo desde sus inicios y cada vez más: la jubilación con pensión al cumplir 50-60 años, la jornada de 8 y luego 7 horas, las vacaciones pagadas, los continuos incrementos salariales reales, la educación y la sanidad totalmente gratuitas, el pleno empleo, la alfabetización total, etc.

Y todo esto, a pesar del cerco hostil de los Estados capitalistas que no pararon de hacerle la guerra al socialismo. ¡Qué osadía la de esa “chusma obrera” que pretende sacudirse el yugo del capitalismo y organizarse libremente sin explotación de unos seres humanos por otros! Difamar la teoría y la práctica del marxismo-leninismo puede dar un respiro temporal a la burguesía, pero restableceremos la verdad y tumbaremos su régimen explotador.

La clase obrera nunca se conformará con limosnas. Luchará por las pensiones y otras reivindicaciones parciales, pero no como un fin en sí mismo, sino para entrenar y aumentar así la masa de combatientes por la Revolución Socialista. Tal es el movimiento y la organización que ahora necesitamos.

15 de marzo de 2018

Un 14 de Marzo de 1883 fallecía Karl Marx.




Por El Viejo Topo.


Discurso pronunciado por Karl Marx en la fiesta de aniversario del People’s Paper, abril 1856.

Las llamadas revoluciones de 1848 no fueron más que pequeños hechos episódicos, ligeras fracturas y fisuras en la dura corteza de la sociedad europea. Bastaron, sin embargo, para poner de manifiesto el abismo que se extendía por debajo. Demostraron que bajo esa superficie, tan sólida en apariencia, existían verdaderos océanos, que sólo necesitaban ponerse en movimiento para hacer saltar en pedazos continentes enteros de duros peñascos. Proclamaron, en forma ruidosa a la par que confusa, la emancipación del proletariado, ese secreto del siglo XIX y de su revolución.

Bien es verdad que esa revolución social no fue una novedad inventada en 1848. El vapor, la electricidad y el telar mecánico eran unos revolucionarios mucho más peligrosos que los ciudadanos Barbés, Raspail y Blanqui. Pero, a pesar de que la atmósfera en la que vivimos ejerce sobre cada uno de nosotros una presión de 20.000 libras, ¿acaso la sentimos? No en mayor grado que la unión europea sentía, antes de 1848, la atmósfera revolucionaria que la rodeaba y que presionaba sobre ella desde todos los lados.

Nos hallamos en presencia de un gran hecho característico del siglo XIX, que ningún partido se atreverá a negar. Por un lado, han despertado a la vida unas fuerzas industriales y científicas de cuya existencia no hubiese podido sospechar siquiera ninguna de las épocas históricas precedentes. Por otro lado, existen unos síntomas de decadencia que superan en mucho a los horrores que registra la historia de los últimos tiempos del Imperio Romano. Hoy día, todo parece llevar en su seno su propia contradicción. Vemos que las máquinas, dotadas de la propiedad maravillosa de acortar y hacer más fructífero el trabajo humano provocan el hambre y el agotamiento del trabajador. Las fuentes de riqueza recién descubiertas se convierten, por arte de un extraño maleficio, en fuentes de privaciones. Los triunfos del arte parecen adquiridos al precio de cualidades morales. El dominio del hombre sobre la naturaleza es cada vez mayor; pero, al mismo tiempo, el hombre se convierte en esclavo de otros hombres o de su propia infamia. Hasta la pura luz de la ciencia parece no poder brillar más que sobre el fondo tenebroso de la ignorancia.

Todos nuestros inventos y progresos parecen dotar de vida intelectual a las fuerzas materiales, mientras que reducen a la vida humana al nivel de una fuerza material bruta. 

Este antagonismo entre la industria moderna y la ciencia, por un lado, y la miseria y la decadencia, por otro; este antagonismo entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de nuestra época es un hecho palpable, abrumador  e incontrovertible. Unos partidos pueden lamentar este hecho; otros pueden querer deshacerse de los progresos modernos de la técnica con tal de verse libres de los conflictos actuales; otros más pueden imaginar que este notable progreso industrial debe complementarse con una regresión política igualmente notable. Por lo que a nosotros se refiere, no nos engañamos respecto a la naturaleza de ese espíritu maligno que se manifiesta constantemente en todas las contradicciones que acabamos de señalar. Sabemos que para hacer trabajar bien a las nuevas fuerzas de la sociedad se necesita únicamente que éstas pasen a manos de hombres nuevos, y que tales hombres nuevos son los obreros.

Éstos son igualmente un invento de la época moderna, como las propias máquinas. En todas las manifestaciones que provocan el desconcierto de la burguesía, de la aristocracia y de los pobres profetas de la regresión reconocemos a nuestro buen amigo Robin Goodfellow*, al viejo topo que sabe cavar la tierra con tanta rapidez, a ese digno zapador que se llama Revolución.

Los obreros ingleses son los primogénitos  de la industria moderna. Y no serán, naturalmente, los últimos en contribuir a la revolución social producida por esa industria, revolución que significa la emancipación de su propia clase en todo el mundo y que es tan universal como la dominación del capital y la esclavitud asalariada. Conozco las luchas heroicas libradas por la clase obrera inglesa desde mediados del siglo pasado, y que no son tan famosas por haber sido mantenidas en la oscuridad y silenciadas por los historiadores burgueses. Para vengarse de las iniquidades cometidas por las clases gobernantes, en la Edad Media existía en Alemania un tribunal secreto llamado “Femguericht”**. Si alguna casa aparecía marcada con una cruz roja, el pueblo sabía que el propietario de dicha casa había sido condenado por Temis. Hoy día, todas las casa de Europa están marcadas con la misteriosa cruz roja. 

La Historia es el juez; el agente ejecutor de su sentencia es el proletariado.



Notas:
  • * Ser fantástico que en las creencias populares de los siglos XVI y XVII desempeña el papel de genio bueno que ayuda al hombre en sus empresas. Es uno de los principales personajes de la comedia de Shakespeare El sueño de una noche de verano
  • ** “El juicio de Temis”.

13 de marzo de 2018

En la Cuba revolucionaria: el pueblo postula y el pueblo elige

Por Wafica Ibrahim. Asesora en Al-Mayadeen y especialista en América Latina.

Después de haber vivido tantos años en la Cuba revolucionaria, y conociendo de cerca al heroico pueblo cubano, no me cabe la menor duda de que mucho más allá de lo que engloban los comicios en la isla caribeña para estos actores, se está respirando hoy y más que nunca un ambiente de lealtad y compromiso con el líder de la Revolución cubana.
  
En el año 2013, última ocasión en que Fidel asistió a votar en el colegio numero 1, de la circunscripción 13. 
 

Foto: Estudios Revolución

Tratando de hacer un simple comentario sobre lo que se está viviendo hoy en la mayor de las Antillas, me llamó la atención una nota de Prensa Latina titulada: El Líder de la Revolución Cubana, “Comandante en Jefe, Fidel Castro sigue siendo hoy la mayor fuente de inspiración de los cubanos”, tal como lo expresaron los electores hoy en las puertas de los colegios a la prensa cubana y extranjera.

Después de haber vivido tantos años en la Cuba revolucionaria, y conociendo de cerca al heroico pueblo cubano, no me cabe la menor duda de que mucho más allá de lo que engloban los comicios en la isla caribeña para estos actores, se está respirando hoy y más que nunca un ambiente de lealtad y compromiso con el líder de la Revolución cubana, con la participación de más de ocho millones de ciudadanos que elegirán a los 605 diputados al Parlamento y los mil 265 delegados a las Asambleas Provinciales.

Asimismo, en la primera fase, o sea en las elecciones parciales, ejercieron su derecho al voto más de siete millones 500 mil cubanos, cifra que representa alrededor del 90 por ciento del padrón electoral de la isla.

En la primera etapa efectuada el pasado año se realizó para seleccionar 12 mil 515 concejales de las 168 Asambleas Municipales del Poder Popular.

Mientras, vemos en las noticias que el proceso electoral cubano transcurre de una manera limpia y sin las presiones de las campañas electorales ni la politiquería ni las promesas irrealizables de los candidatos que suelen marcar las elecciones en otros lares no muy lejos de la isla de la libertad.

Los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), máximo órgano de gobierno, han recorrido cada rincón de la isla, por los municipios donde fueron nominados, para establecer un contacto directo con el pueblo.

Durante esos encuentros dialogaron con trabajadores, estudiantes, amas de casa y ciudadanos en general para escuchar de primera mano las inquietudes, sugerencias y propuestas que emanan de los pobladores.


Foto: Fernando Medina / Cubahora

Ahora bien, qué vislumbra el venidero Parlamento en cuanto a composición? Bueno, ya se anticipó este detalle cuando en reiteradas apariciones públicas autoridades electorales cubanas revelaron que de los 605 candidatos a ocupar igual número de butacas en el Legislativo, 287 son delegados de circunscripción (concejales), o sea, el 47,4 por ciento.

Las propias fuentes informaron que para la candidatura se tuvo en cuenta que todos los municipios cubanos estuviesen representados, al menos con dos diputados, y que uno de ellos fuera delegado municipal, con el fin de que los intereses de cada territorio estuviesen representados ante el órgano supremo del poder del Estado.

Otros datos de interés son que en IX Legislatura que se está instalando habrá una composición muy renovada, pues cesa el 55,8 por ciento de los integrantes de la actual VIII Legislatura.

También se conoció que 338 cubanos fueron propuestos por primera vez para asumir la responsabilidad de servir y defender los intereses del pueblo.

Entretanto, de los 267 candidatos que han ejercido como parlamentarios, más de la mitad (148) cuentan con un solo mandato; 80 tienen entre 18 y 35 años, lo que representa el 13,2 por ciento del total; 89,25 por ciento nació después del 1 de enero de 1959, y el promedio de edad es de 49 años.

Además, el 53 por ciento de los candidatos al Parlamento son mujeres.

“Esa cifra no se debe a que haya que cumplir con cuotas, sino porque el protagonismo femenino ha crecido y tiene hoy un espacio importante en nuestra sociedad”, advirtió en una conferencia de prensa, Teresa Amarelle, secretaria de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la mayor agrupación de su tipo en el país que cuenta con cuatro millones 300 mil afiliadas.

Apegado a la Ley número 72 del año 1992, se erigen los pilares del sistema electoral cubano, el cual instituye dos tipos de procesos: las elecciones generales y las parciales.

En las generales convocadas cada cinco años, se eligen a los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, su Presidente, Vicepresidente y Secretario.

Del mismo modo son electos el primer vicepresidente, vicepresidentes, secretario y demás miembros del Consejo de Estado, así como a los delegados a las Asambleas Provinciales y Municipales.

Cada dos años y medio se convocan las parciales, para elegir a los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular y a sus presidentes y vicepresidentes.

Signado por su esencia democrática aunque o de ja de ser muy particular de la propia experiencia del pueblo cubano, el sistema electoral cubano en estricto cumplimiento a lo legislado, concede el derecho a todos los ciudadanos con capacidad legal para ello, a intervenir en la dirección del Estado, por la vía directa, o a través de sus representantes.

Y no es de extrañar que en el Parlamento nacional converjan hombres y mujeres de todos los sectores y extracciones sociales: el combatiente histórico, el médico, el obrero, el ingeniero o el cuentapropista, unidos todos por el denominador común de su compromiso con la patria, su vocación por servir y sus méritos personales.


Foto: Fernando Medina / Cubahora

Registros históricos indican que desde 1976 los cubanos participan en comicios parciales y generales, y concretamente en la generalidad de los procesos celebrados ha participado aproximadamente entre el 85% y el 92% por ciento de los votantes.

Este es el sistema electoral cubano. No será perfecto, de hecho las propias autoridades dicen que lo modificaron y seguirán modificando cada vez que la propia experiencia cubana lo exige, y no por dicciones foráneas de nadie, y sí tiene algo que lo distingue y lo hace singular, y es que en la Cuba revolucionaria el pueblo postula y el pueblo elige.

12 de marzo de 2018

Multitudinaria marcha ayer por los asesinatos del 3 de Marzo. 42 años después la justicia sigue ausente




Por Insurgente.org

Fueron miles las personas que ayer (3 de Marzo), se manifestaron en Gasteiz (Vitoria) para conmemorar el 42 aniversario de los asesinatos del 3 de marzo de 1976, en la que cinco obreros perdieron la vida y más de cien personas resultaron heridas en la capital alavesa por disparos de la embrutecida Policía española contra los participantes en una protesta por los derechos laborales.

Este año los sindicatos y la Asociación de Víctimas del 3 de Marzo cedieron el protagonismo para visibilizar la reivindicación de igualdad entre mujeres y hombres, por lo que fueron representantes del movimiento feminista los que por primera vez abrieron la marcha. Iniciada en el barrio de Zaramaga, frente a la iglesia de San Francisco de Asís, en cuyo interior se produjo la citada matanza, la marcha terminó en la Plaza de la Virgen Blanca, lugar en el que se leyó una declaración titulada “Guztion indarrak batuz aldaketa gauzatu” (Uniendo fuerzas para hacer cambios). Como viene siendo habitual, la manifestación fue organizada por la Asociación de Víctimas del 3 de Marzo, y por los sindicatos ELA, LAB, ESK y Steilas.

La citada declaración no sólo recordó y homenajeó a las víctimas del 3 de Marzo para, sino que también, reivindicó la vigencia de lucha por “una sociedad más justa”. Por supuesto, denunció el “capitalismo salvaje” y, también hizo alusión a la huelga convocada por el movimiento feminista para el próximo jueves 8 de marzo, al tiempo que llamó a unir fuerzas entre colectivos y ciudadanos para avanzar hacia la igualdad de género y para combatir la violencia machista y la precariedad laboral, así como para lograr unas pensiones dignas.

6 de marzo de 2018

Cinco años sin Chávez: reflexiones, circunstancias y encrucijadas

Por Franco Vielma, en Misión Verdad

¿Cómo no recordar a Chávez un 5 de marzo? ¿Cómo no extrañarlo hoy, que el silencio de las cuatro de la tarde nos lleva a momentos y lugares en que nos arropó la absoluta circunstancia? El quinto aniversario de la siembra del Comandante Hugo Chávez es por defecto una fecha que conmueve emociones. Pero es un acontecimiento que nos obliga a pensar y actuar con la cabeza.



Aunque la política sigue siendo nuestra interacción por la definición de la cosa pública y el ordenamiento económico y social del país, en Venezuela ésta ha alcanzado la categoría de ser una instancia moduladora de nuestra realidad sociocultural a niveles profundos, al punto de constituirse como cuestión identitaria. Esto hablando del chavismo.

Por mucho, el chavismo es un referente denominador del entramado social en instancias incluso más allá de él. Además de ser una construcción desde y para el devenir que se define en función de un ideario y una praxis marcada alrededor de la figura de Chávez y el acompañamiento político que tuvo desde grandes sectores sociales.

Así que una sinopsis sobre Chávez pasa por el reconocimiento del chavismo como una identidad más que política, para ser también una entidad emocional, sociocultural. Chávez es hoy las conclusiones que tenemos sobre él. En ellas persiste, en ellas perdura, en ellas se preserva.

¿Qué es y seguirá siendo Chávez para la realidad venezolana? ¿Un referente? ¿Un momento? ¿Un proceso de largo aliento? ¿Cómo se conjuga su nombre en los nuevos momentos que hoy transita su herencia?

Chávez y nuestras circunstancias

No hay discusiones. Los momentos actuales de la República Bolivariana de Venezuela luego del periplo de Chávez por estas tierras nos convocan a efectuar un corolario político. Irremediablemente éste desemboca en que ahora, como tantas otras veces, Chávez tuvo razón. Son estas las horas de las que nos alertó en su último discurso ante la nación, pues no nos han faltado ni las "circunstancias de nuevas dificultades", ni quienes han tratado de aprovecharlas para intentar empujarnos a la restauración del oprobio.

Son estos los tiempos en que el enemigo real y profundo de la Revolución Bolivariana salió de las sombras para sumir con mano propia su escalada destructiva contra el chavismo. Decretos, sanciones, acciones de asfixia financiera y comercial. Circunstancias económicas adversas. El aparataje y la variante económica de la desestabilización interna. El asedio diplomático. La nefasta componenda política interna. Violencia fascista brutal, paramilitarizada y articulada. El intento de empuje del país todo a una gran conmoción, al conflicto, a la guerra total en su versión armada. ¿Hay alguien que duda de la magnitud del tiempo en que vivimos?

¿Cuántas veces se vio amenazada la República como hoy? ¿Cuántas oportunidades en la historia ha tenido la dignidad venezolana para enfrentar poderes absolutos y reales de manera consistente y descarnada? Sin duda, vivimos en circunstancias inusuales y extraordinarias, que bien podemos lamentar o por otro lado atesorar como símbolo irreductible de nuestro momento. Los atributos del salto a la historia que dimos con Chávez son lo que son. De nosotros depende su lectura.

Desde esta lectura es preciso concluir que lo que Chávez es hoy para el chavismo y más allá de él, para la realidad nacional, yace en nuestra síntesis del momento conjugado con visión de la política y la sociedad venezolana.

Desde 1998 y durante un primer ciclo revolucionario en Venezuela hasta 2003, se produjo la gran ruptura venezolana de nuestro tiempo. Antes del ascenso de Chávez a la presidencia, el poder en Venezuela era una sola entidad con un espacio político y otro económico. Uno se subordinaba al otro en una especie de binomio inseparable, regido por una gendarmería nacional que a su vez servía a intereses extranjeros. Al llegar Chávez, la ruptura se produjo de manera que el poder político quedó en una instancia y el económico en otra, dando paso con ello a situaciones inéditas en la vida nacional que definieron una hoja de ruta hasta nuestros días.

Dicho de otra manera, emprendimos una hoja de ruta histórica que hoy nos trae fuertes coletazos. Así que, en medio de las consideraciones de la coyuntura venezolana, el antichavismo tiene razón en una frase mas no en su contenido: "Lo que hoy ocurre en Venezuela es culpa de Chávez", pero no desde la narrativa de sus acciones por mano propia, sino por los demonios que desató su accionar, que fue el nuestro. El del atrevimiento. El de pensar y construir una República sin los designios de la plutocracia nacional anclada a los poderes hegemónicos extranjeros.
Vale la pena recordar una lección de Chávez: ninguna guerra se gana llorando
Esto extrapola el sentido del 5 de marzo que se simplifica alrededor de Hugo Chávez en una dirección que debemos revisar. El legado de Chávez no es el legado de Hugo Chávez, léase bien: el legado de Chávez en realidad es nuestro legado. En él persiste el chavismo, porque el chavismo persiste en sí mismo, persiste en su propio peso político, en su propia responsabilidad histórica, en su propio accionar, en la síntesis que se constituye en nuestros días como una senda trazada y una determinación al atravesarla.

En realidad Chávez fue resultado de un proceso político y en él recayó el resumen, anclado en un cuerpo físico, de una aspiración proveniente de nuestro cuerpo social. Literalmente lo parimos para liderar una causa política enorme, de proporciones sociales a largo plazo. Esas circunstancias hemos creado y en ellas persistimos. Como ocurre en cada uno de nosotros cuando interiorizamos nuestras responsabilidades por lo hecho por nuestra propia mano, y las asumimos, así debemos emprender la tarea de asumirnos responsables, herederos y baluartes de nuestro devenir, desde nuestro cuerpo colectivo.

Nuestra elección política

Puede elegir usted entre extrañar, reflexionar o llorar alrededor del nombre de Chávez. A estas horas las indagaciones no se hacen esperar. Muchos tienen algo que opinar sobre lo que se ha dicho, sobre lo que no se ha hecho o sobre lo que hay que hacer luego de su ausencia física y los avatares que nos han abordado.

Pero las placas tectónicas del poder mundial se estremecen. El hemisferio acude a importantes y acelerados cambios geopolíticos. Y apenas hay unos pocos puntos de choque de estas grandes fuerzas telúricas. Uno de esos nudos críticos de la política mundial somos nosotros. Estas instancias nos obligan a mirar más allá de los avatares de nuestro frente interno, nos constriñen a superar la miopía política de observar nuestro "aquí" y nuestro "ahora" sin reconocer nuestro contexto. Venezuela se encuentra bajo asedio, ya sabemos, por nuestra relevancia geopolítica, por ser un pivote energético global, en fin.

Pero Venezuela es también un punto de convergencia de grandes infamias nacionales e internacionales por haber dado un paso legítimo en la historia, por el reacomodo de nuestras visiones de la política y del mundo, y por haber consagrado una revolución genuina, "por culpa de Chávez", por nuestra gran culpa, debemos confesar con gusto ante nosotros y ante el mundo.

¿Son estos momentos escenarios para el romanticismo de la nostalgia? ¿Son estas horas el punto de partida correcto para evaluar la política desde las ausencias, los pesares y las inconformidades? Definitivamente no.

Cinco años han transcurrido desde la siembra de Chávez, y aunque su fuerza, su ideario y su conexión emocional profunda con nosotros nos convoquen, lo que más debemos recordar son las lecciones ya aprendidas con él y gracias a él. Pues para tiempos como éstos fue el aprendizaje: nuestro sentido de la sagacidad política, inteligencia, oportunidad, creatividad y pragmatismo.

El sentido del privilegio de la preservación del objetivo estratégico, por encima de los métodos y las tonalidades convencionales, es una realidad que signa este momento político en el chavismo. Y aquí no hay mayor espacio para ternuras. El chavismo prevalece, contra muchos pronósticos y a expensas de situaciones jamás conocidas. Ese es el saldo, con matices dolorosos, producto de grandes presiones, fuertes contracciones y grandes emociones. Tal cual como un parto.

Junto al presidente Nicolás Maduro, en las horas difíciles (las más inadecuadas para dudar), nuestra elección política debe ser asumida sobre la inercia de una realidad inocultable e imposible de evadir: Venezuela está en guerra.

Y en este punto vale la pena recordar una lección de Chávez: ninguna guerra se gana llorando. Toda guerra se gana, apenas recordando el ideario de nuestros héroes y mártires, para luego desplegar la estrategia, el conocimiento, la pericia y el aplomo en el terreno.

Claro que nos duele Chávez. Pero nuestra racionalidad debe ser impoluta. A cinco años de la partida de Chávez, resistimos, así debemos entenderlo. Seguimos de pie. "Que nadie se equivoque".

5 de marzo de 2018

8 de marzo: Día Internacional de la Mujer Trabajadora

“La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz.”

Rigoberta Menchú
            
En este mundo donde impera el capitalismo y el imperialismo salvaje, la mujer trabajadora ocupa el último eslabón de la cadena. Sobre ella recae una triple explotación: primero dentro del ámbito familiar, segundo dentro del ámbito laboral y, por último, dentro del ámbito social.


            Dentro de la familia, en la mujer trabajadora, que no en la burguesa, recae todo el peso de la organización e intendencia de la casa y crianza de los hijos y personas dependientes. Y aunque el hombre trabajador, que no el burgués, se va incorporando lentamente a compartir estas tareas necesarias, véase escuela, actividades extraescolares, avituallamiento, cuidados y compras para la familia…, todavía tenemos mucho camino por recorrer.

Dentro del ámbito laboral, las distancias aumentan escandalosamente. Ni que decir tiene que los trabajos más penosos y peor remunerados recaen casi siempre en las mujeres. Mientras solo uno de cada siete hombres trabaja a tiempo parcial, en el caso de las mujeres son tres de cada siete. Además las diferencias salariales dentro de un mismo trabajo ascienden al 24%. Todo un robo consentido por la sociedad capitalista.

Dentro del ámbito social, no hay que dejar de lado el papel que representa la cultura y la educación. En el campo de la educación hay que analizar, qué es lo que se enseña en los manuales de la escuela, con respecto al papel desempeñado por las mujeres dentro de la ciencia, sociedad, investigación, arte… Si en los manuales, hay paridad, si hay discriminación positiva, o si simplemente se olvidan las aportaciones de las mujeres a la sociedad, potenciando la valía del hombre frente a la mujer. Es importante la concepción que, al respecto,  imprimimos en las cabezas de niños, niñas, jóvenes durante generaciones, ya que en el proceso de selección del empleador es reconocido el fenómeno de que la gente escoge al personal según sus propias concepciones. Obviamente, tampoco puede dejarse de lado el papel que representa la cultura, lo que cada sociedad considera como trabajos apropiados para hombres y trabajos apropiados para mujeres, sin tener en cuenta otros aspectos.

No hay que olvidar que, aquí y hoy, seguimos estando bajo un sistema social capitalista, dónde la ganancia económica de unos pocos pasa por encima de la mayoría de las personas, hombres y mujeres. Seguimos bajo las reglas de la moral burguesa y bajo la dictadura “democrática” de la burguesía. Y la mujer trabajadora es la peor considerada.

Este sistema social capitalista opresor no va a cambiar a menos que lo cambiemos por una sociedad realmente justa como es el Socialismo. Comparemos ambos:

– Supresión del desempleo. Jornada laboral de 7 horas, 6 para especialistas. Igualdad salarial efectiva.
– Jubilación a los 60 años (para hombres), a los 55 para (las mujeres) y, en trabajos duros (minería, industria pesada…), podía rebajarse a los 50 años.
– Baja por maternidad, desde el inicio del embarazo, y un año tras el parto: unos 20 meses en total.
– Baja por enfermedad: 100% del sueldo.
– La primera vez en la historia en que las mujeres fueron atendidas mediante parto sin dolor. Derecho al aborto gratuito.
– El primer sistema educativo totalmente público y gratuito. Comidas gratis en los colegios y guarderías gratuitas para facilitar la conciliación laboral-familiar. Socialización de tareas domésticas.
– Las primeras mujeres ministra (Alejandra Kollontai), licenciadas universitarias, cosmonautas (Valentina Tereshkova) lo fueron bajo el Socialismo.

Recordemos: sin el Socialismo, podremos paliar estas diferencias, pero no resolverlas.

Apoyemos las reivindicaciones democráticas del 8 de marzo, sin olvidar que la huelga general es una acción de la clase trabajadora.

Que no nos confundan: quien nos quita nuestros derechos como mujeres, no son los hombres por ser hombres; es la sociedad capitalista, donde tu valor depende del dinero que tengas y del escalón que ocupes dentro de la sociedad.

¡Viva el Día Internacional de la MUJER TRABAJADORA!

27 de febrero de 2018

Raza, represión y el Rusiagate: la defensa de la autodeterminación radical negra

Por Ajamu Baraka *. Traducido para UMOYA por Ana Olarte de Santiago (Universidad de Salamanca).

Los demócratas centristas y liberales dirigen el nuevo macartismo de Estados Unidos. Para ello, se basan en la idea casi cómica de que Rusia posee el poder y la influencia, no solo para intervenir en las elecciones, sino también para crear tensiones raciales. Una vez más, se considera que la oposición negra recibe influencia extranjera y que, por lo tanto, es una amenaza para la seguridad que justifica la represión selectiva.

 

Como dijo Julia Ioffe en un artículo reciente de la revista estadounidense The Atlantic, discutir sobre que los esfuerzos de la propaganda rusa «aumentan las tensiones políticas y raciales en Estados Unidos» es absurdo y un insulto.

Sin embargo, la relación entre la lucha legítima de la población afroestadounidense contra la opresión del sistema con influencias «extranjeras» ha sido una característica recurrente de la estrategia de contención ideológica y militar de Estados Unidos desde que la Unión Soviética surgió como competidor internacional del proyecto paneuropeo colonial y capitalista de hace 400 años. Desde el activismo de principios del siglo XX de las Conferencias Panafricanas hasta el movimiento Garvey, la Hermandad de Sangre Africana (African Blood Brotherhood) socialista y la Oficina Internacional de Servicios Africanos (International African Service Bureau) surgidas a raíz del auge del fascismo europeo y de la invasión italiana de Etiopía en los años 30, los radicales negros formularon unos conocimientos teóricos y una respuesta práctica a las realidades de la opresión colonial y capitalista racista en todo el mundo africano.

Cuando los bolcheviques tomaron el poder estatal y establecieron la Unión Soviética y la Tercera Internacional (Komintern), muchos radicales negros se vieron atraídos por el marxismo revolucionario. Algunos lo consideraban una crítica al dominio del capitalismo occidental, mientras que otros, una teoría que alteraba dicho dominio. Sin embargo, la relación compleja, y a veces contradictoria, entre los radicales negros y la Internacional Comunista no hizo que Estados Unidos dejara de insinuar que todo movimiento opositor afroestadounidense estaba inspirado en el comunismo.

Desde nuestra agitación en la ONU a favor de los derechos humanos y en contra del colonialismo hasta lo que se conoció como el movimiento de los derechos civiles, el estado emergente de seguridad nacional calificó nuestro movimiento como subversivo y se centró en nuestros activistas. La contención de la «amenaza» soviética en el extranjero supuso una contención ideológica y política en el país. De este modo, a mediados de los 50, la represión selectiva y las audiencias de McCarthy resultaron en la desinternacionalización efectiva de nuestro movimiento a favor de los derechos democráticos y humanos y en el aislamiento de varios radicales negros tales como Claudia Jones, William Edward Burghardt Du Bois y Paul Robenson del movimiento emergente de los derechos civiles. De hecho, durante el boicot de autobuses de Montgomery, la mayoría de los activistas del sur tenían miedo incluso a mencionar el término «derechos humanos» porque se había asociado eficazmente a la subversión comunista y la Unión Soviética.

Hoy en día, los demócratas centristas y liberales dirigen el nuevo macartismo. Para ello, se basan en la idea casi cómica de que la Rusia capitalista posee el poder y la influencia no solo para intervenir en las elecciones, sino también para crear tensiones raciales. Una vez más, se considera que la oposición negra recibe influencia extranjera y que, por lo tanto, es una amenaza a la seguridad que justifica la represión selectiva.

Sin embargo, no son solo los radicales «extremistas de la identidad negra» que escribieron al Black Agenda Report y otros radicales negros quienes se ven sometidos a un control más riguroso por parte del Estado y sufren campañas de desprestigio procedentes de periódicos de mala muerte como el Washington Post. Incluso los servidores leales como Donna Brazile han enfurecido a los líderes del Partido Demócrata que se preguntan si ahora también es espía rusa. Donna Brazile ni siquiera intentó escapar de los demócratas, pero se le trata como a una esclava fugitiva por atreverse a dudar de Massa Clinton.

No debería hacer falta un doctorado en psicología social o conocimientos profundos sobre operaciones psicológicas para ver la locura transparente del macartismo actual. Sin embargo, en una cultura en la que seis empresas multinacionales controlan la mayoría de las noticias, no sorprende que la atención del público se desvíe hacia el culebrón del Rusiagate. Sin embargo, los que estamos en la primera posición de la lucha por la dignidad colectiva, los derechos humanos y la supervivencia no podemos permitirnos el lujo de desviar nuestra atención de las fuerzas primarias responsables de nuestra opresión.

Los rusos no disparan a nuestra gente por la calle, ni trasladan a nuestros hijos de juzgados de menores a tribunales de adultos en números récord, ni se infiltran en nuestras organizaciones. Tampoco eliminan nuestros votos, ni cierran colegios y hospitales, ni contaminan el agua y los terrenos de los lugares en los que vivimos, ni aumentan nuestros alquileres y nuestros impuestos y nos obligan a abandonar nuestras ciudades o militarizan a la policía mediante el programa 1033. No. Esos son los resultados de las políticas que promulgaron e implementaron los antiguos «americanos» en una sociedad en la que nunca han importado la clase obrera negra y los pobres.

Debemos ser claros. Los grupos de la oligarquía capitalista que tienen problemas con sus homólogos capitalistas rusos no tienen nada que ver con nosotros. Si tienen un problema, deberían resolverlo entre ellos. Después de todo, la competencia capitalista ha sido la causa principal de las guerras entre los poderes europeos. Nos oponemos a la guerra y queremos paz, pero, si los ricos prefieren la guerra, debemos asegurarnos de que las clases pobres y obreras de todas las razas no son las que les defienden. ¡Dejemos que los ricos se defiendan por sí solos!

En este centésimo aniversario de la revolución que dio origen a la Unión Soviética, tenemos claro que la Rusia actual no es la Unión Soviética de 1917. No obstante, nunca olvidaremos el papel que la Unión Soviética desempeñó en el apoyo a la lucha contra el colonialismo occidental en Asia, en África, en América Latina y en todo el mundo, con todas sus contradicciones; así como en el apoyo a los derechos democráticos y humanos de la población afroestadounidense.

Nuestra labor histórica es organizar el poder doble y rival negro para la autodeterminación que tiene sus raíces en la clase obrera negra ―la mayoría de nosotros— como parte del esfuerzo que debemos hacer para crear un bloque multinacional, multirracial, antiopresión, radical y social mayor con el objetivo de transformar las relaciones sociales y productivas de este país. En otras palabras, nuestra responsabilidad es llevar a cabo la revolución. Esa es la base de todos los factores estratégicos en lo que respecta a los aliados, a las fuerzas con un objetivo social a nivel internacional y a la determinación de quiénes pueden ser nuestros amigos y quiénes nuestros enemigos.

Nos solidarizamos con todos los que nos apoyan, respetan nuestros juicios autónomos y se comprometen con la descolonización que es auténticamente revolucionaria y con la creación de un futuro socialista. En cambio, lucharemos contra todos los que intenten eliminarnos, silenciar nuestras voces y colaborar consciente o inconscientemente con el orden racista blanco, patriarcal y colonial/capitalista.

*AJAMU BARAKA es activista defensor de los derechos humanos de los negros (de Estados Unidos y del Hemisferio Sur) y veterano del Movimiento de la Liberación Negra. También es analista geopolítico y columnista colaborador del Black Agenda Report y de la revista CounterPunch. Además, forma parte de la junta de Cooperation Jackson y es el Organizador Nacional de la Alianza Negra por la Paz (Black Alliance for Peace). En su última publicación, ha colaborado con «Jackson crece: la lucha por la economía democrática y la autodeterminación de Jackson, Misisipi».

Fuente:
Pambazuka News: Race, repression and Russiagate: Defending radical Black self-determination, publicado el 9 de noviembre de 2017.

26 de febrero de 2018

La Revolución de Octubre, ¿normal o monstruosa?

Por Annie Lacroix-Riz *.

Este artículo fue publicado en Le Drapeau Rouge, órgano del Partido Comunista de Bélgica, n.º 64, septiembre-octubre de 2017.

La Revolución de Octubre es tan lógica como la Revolución Francesa, que solo puede explicarse describiendo, al igual que los grandes historiadores Albert Mathiez, Georges Lefebvre y Albert Soboul, la crisis, a corto y largo plazo, del antiguo régimen feudal que precedió y provocó este terremoto.



Una larga situación prerrevolucionaria

Rusia era un país atrasado, arrojado al capitalismo entre el ukase [edicto del zar] de 1861 aboliendo la servidumbre y la toma del control de esta Cueva de Ali Baba, desde la década de 1890, por parte de las potencias imperialistas desarrolladas. La masa de campesinos, más del 80% de la población, había sido, o bien privada de tierras, o bien hundida, más gravemente de una generación a la siguiente, en la deuda del rescate obligatorio de las tierras “liberadas”, que representaban una superficie reducida a casi nada (a diferencia de los campesinos franceses que, en julio de 1793, habían arrancado, después de una lucha ininterrumpida de cuatro años, la abolición de los derechos señoriales sin compensación). 

La clase obrera surgida de este miserable mundo campesino fue explotada por la gran burguesía nacional y aún más por los tutores de ésta, los grandes grupos bancarios e industriales extranjeros (franceses, ingleses, alemanes, suizos, estadounidenses) que, desde el mandato del Ministro De Witte, controlaban toda la economía moderna. Concentrada, más que en cualquier otro país, en las grandes ciudades –capital política, San Petersburgo-Petrogrado, a la cabeza, con la enorme fábrica de armamento Putilov- era una clase social combativa: el 40% de los 3 millones de obreros de antes de 1914 trabajaba en fábricas con más de 1.000 obreros, y la “curva de huelgas” se incrementó implacablemente desde la segunda mitad de 1914 a febrero de 1917, pasando de 30.000 a 700.000 huelguistas.

Las protestas de las mujeres obreras que se desarrollaban en Petrogrado en 1917 desencadenaron la revolución rusa

La guerra ruso-japonesa de 1904, insigne manifestación de los apetitos de los grandes rivales imperialistas por las riquezas rusas, había concluido, dada la ineptitud militar del régimen zarista, con un fiasco tan amargo como el que había puesto fin a la guerra de Crimea. Tuvo por consecuencia la revolución de 1905, en la que Lenin, jefe de la fracción “bolchevique” (mayoritaria en el Congreso de Londres de 1903) del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), vería en retrospectiva “el mayor movimiento del proletariado después de la Comuna” y “el ensayo general” de la revolución de 1917. A la derrota del movimiento fundador de los “consejos” (soviets), nuevo modo de expresión y de poder del pueblo, le sucedió una terrible y duradera represión: más que nunca, el imperio se convirtió en una prisión de los pueblos, con la absoluta complicidad del gran capital francés prestamista de créditos garantizados por el Estado francés y “cortador de cupones” (Lenin, capítulo 8 de El imperialismo, fase superior del capitalismo). Este fracaso retrasaría en cincuenta años el plazo de espera de una nueva revolución, a menos que, pensaba Lenin, se produjera una crisis o una guerra. Los acontecimientos posteriores acortarían el tiempo al conjugar ambos factores.

El sistema zarista demostró ser tan inepto como de costumbre en la conducción de la guerra general. Su carne de cañón ni siquiera tenía el mínimo de municiones, puesto que Rusia, de 1914 a 1917, fabricó 9 veces menos cartuchos y fusiles de los necesarios. Disminución de la producción agrícola en casi una cuarta parte, despilfarro de las requisiciones, cosechas pudriéndose en los lugares de producción, problemas insuperables de transporte, catástrofe en los suministros: a principios de 1917, incluso en el frente, la ración de pan no excedía del día y los soldados-campesinos (el 95% del ejército) regresaban andando a sus casas. Era peor en la ciudad, particularmente en Moscú y Petrogrado. El hambre fue “la causa inmediata de la revolución” de febrero (Michel Laran, La Russie-URSS 1870-1970, París, Masson, 1973). Esta condujo a la abdicación de Nicolás II, que “había conseguido tener a todos en contra suya”.

Una revolución lógica

Los bolcheviques –exiliados, como Lenin (en Finlandia), o clandestinos en Rusia- eran ciertamente ultraminoritarios en aquel entonces. 

Pero rápidamente dejaron de serlo porque el pueblo ruso, ansioso de reformas profundas, tuvo que constatar que su suerte no estaba cambiando. Durante los meses siguientes, fue amargamente decepcionado por aquellos en quienes había confiado, como los socialistas-revolucionarios que habían prometido desde hacía mucho tiempo la tierra a aquellos que la trabajan. Incluso los campesinos acabaron por admitir, en octubre de 1917, que ningún otro partido más que el de Lenin, único en demostrar desde febrero su capacidad para cumplir sus compromisos, les daría la tierra y los liberaría de derecho de la carnicería de la que ya habían comenzado a sustraerse de hecho desde 1916.

Los historiadores franceses de la década de 1970 mostraban cómo las condiciones cambiantes y las relaciones sociales habían erigido en un tiempo récord, entre agosto y octubre de 1917 principalmente, a los minoritarios de febrero en delegados exclusivos de las “aspiraciones populares”. El profesor universitario René Girault describió este proceso como dominado por dos cuestiones, la tierra y la paz. “Desde el fallido golpe de Estado del general Kornilov (finales de agosto), la evolución acelerada de los soviets a favor de los bolcheviques, marcada por el paso de muchos soviets urbanos, de soldados e incluso de campesinos a mayorías bolcheviques, muestra que la constante oposición de los bolcheviques hacia el gobierno provisional (y hacia su “encarnación” Kerenski) se había ganado el apoyo popular”.

El partido bolchevique realizó, nada más tomar el poder, las reformas prometidas “haciendo bascular hacia su bando a la gran masa del campesinado”, sabiendo que “la confianza [que las masas urbanas le otorgaban] era mucho más fuerte” que la de los campesinos. El análisis del historiador socialista confluía, sesenta años más tarde (“Las revoluciones rusas”, vol. 5 de la Historia económica y social del mundo, Leo Peter, ed., París, Armand Colin, 1977, p. 125 -142), con el del gran periodista comunista estadounidense John Reed, autor de los Diez días que conmovieron al mundo, obra maestra de la “historia inmediata” de la Revolución de Octubre y de sus retos de clase que hay que leer y releer (París, 10-18, reedición, 1963) .

La coalición imperialista contra los Soviets

Son estas transformaciones efectuadas con tanto pragmatismo como fidelidad a los principios, de acuerdo con Girault, las que aseguraron únicamente a bolcheviques (soledad que no habían deseado) la victoria final en una “guerra civil” que, como para la Revolución francesa y todas las “guerras civiles” desde entonces, tuvo un origen y una financiación sobre todo extranjeros (como lo demuestra el actual caso venezolano). 

No es debido a que los bolcheviques fueran sanguinarios dictadores odiados por su pueblo que, desde 1918, “las fuerzas armadas de catorce estados invadieron la Rusia Soviética sin una declaración de guerra”, encabezados por “Gran Bretaña, Francia , Japón, Alemania, Italia, Estados Unidos“, asesinando a más rusos que la propia guerra, 7 millones de “hombres, mujeres y niños”, y causando “pérdidas materiales estimadas por el gobierno soviético en 60 mil millones de dólares”, suma muy superior a las “deudas zaristas a favor de los Aliados” y que no dio lugar a “ninguna compensación” por parte de los invasores, según el “balance” de Michael Sayers y Albert Kahn (The Great Conspiracy: The Secret War Against Soviet Russia, Little, Boni & Gaer, Nueva York, 1946, traducido en 1947). 

Al igual que los aristócratas de Europa coaligados en 1792 para restaurar en Francia el Antiguo Régimen y asegurar en sus propios países la supervivencia de de los privilegios feudales, los grupos extranjeros que se habían hecho con el control del imperio ruso y los Estados a su servicio volvieron a hundir a Rusia en tres años de caos para preservar sus tesoros y acrecentarlos, como la Royal Dutch Shell, que aspiraba con ello a llevarse todo el petróleo del Cáucaso. Al igual que en Francia, el Terror revolucionario sólo fue la respuesta obligada a los asaltos externos.

La etapa actual de demonización de la Rusia Soviética (o no)

Comparando las revoluciones francesa y rusa, el gran historiador americano Arno Mayer, profesor en Princeton, ha confirmado estos análisis de Sayers y Kahn, futuras víctimas del macartismo (http://www.independent.co.uk/news/obituaries/michael-sayers-writer-whose-career-never-recovered-from-being-blacklisted-in-the-united-states-2032080.html; https://en.wikipedia.org/wiki/Albert_E._Kahn). 

Si Francia –concluye- había sido una “fortaleza sitiada” antes de que la nueva clase dominante pudiera alcanzar un “arreglo” con los privilegiados contrarrevolucionarios de Francia y de otros lugares, la Unión Soviética siguió siendo un paria acosado desde su nacimiento hasta su muerte, y por motivos independientes del carácter y de las maneras de Lenin o de Stalin (Les Furies, 1789, 1917, Violence vengeance terreur aux temps de la révolution française et de la révolution russe, Paris, Fayard, 2002 ). Este libro constituye una excepción en el paisaje historiográfico, que afortunadamente ha sido traducido [al francés].

Los historiadores “reconocidos” presentan hoy en día la Revolución de Octubre como el golpe de Estado de un pequeño grupo antidemocrático y sediento de sangre, o, en el mejor de los casos, como una empresa inicial simpática, confiscada por una “minoría política que se aprovechó del vacío institucional existente” y que desembocó ¡oh horror! en “decenios de dictadura” y en el “fracaso soviético [marcando] el fracaso y la derrota de todas las formas históricas de emancipación del siglo XX ligadas al movimiento obrero”: estos juicios respectivos de Nicolas Werth y Frédérick Genevée, en “¿Qué queda de la Revolución de Octubre?“, “Edición especial” de l’Humanité publicado en el verano de 2017, confirman los arrepentimientos oficiales del PCF (Partido Comunista Francés) sobre su pasado “estalinista” desde la publicación del Libro negro del comunismo de 1997, del tándem Stéphane Courtois (sucesor del fallecido Francois Furet)-Nicolas Werth.

Nos encontramos ante un eco significativo del giro anti-soviético y pro-americano de los manuales franceses de historia de la escuela secundaria negociado desde 1983, que golpeó a la URSS (Diana Pinto, “L’Amérique dans les livres d’histoire et de géographie des classes terminales françaises”, Historiens et Géographes, No. 303, marzo 1985, pp. 611-620), así como después a la revolución francesa: era la doble obsesión de Furet, historiador sin archivos del que tanto aprovecharon sus servicios “los de arriba”, en Francia, en los Estados Unidos y en la Unión Europea, Alemania principalmente (La historia contemporánea siempre bajo influencia, Paris, Delga-Le Temps des Cerises, 2012). Después de la caída de la URSS y sus secuelas -la considerable expansión de la esfera de influencia estadounidense en Europa- la criminalización de la URSS se impuso con tanta mayor facilidad puesto que casi todos los antiguos partidos comunistas habían dejado de contrarrestarla.

La historiografía dominante está alineada con la propaganda anti-bolchevique y rusófoba derramada desde finales de 1917. 

Sin embargo, todavía podemos confrontar la letanía de los grandes medios de comunicación y de sus historiadores fetiches con los numerosos estudios científicos que han descrito correctamente la Revolución de Octubre. Leerlos a propósito del mayor acontecimiento del siglo XX permite aspirar una gran bocanada de aire fresco. No duden en hacerlo…


* Annie Lacroix-Riz, profesora emérita de historia contemporánea, Universidad Paris 7-Denis Diderot