21 de noviembre de 2010

¡HOLA, País de Héroes! 75 º aniversario de la heroica labor del pueblo soviético

Por Guenady TURÉTSKY, publicado en el periódico “Soviétskaya Rosiya” del 28 de agosto de 2010

Traducido por Marina Svetlova



Las palabras del encabezamiento componen la estrofa de la Marcha de los entusiastas, de la película "El camino luminoso", que trata sobre una sencilla muchacha de aldea que llegó a ser una heroína de trabajo, tejedora, que a la vez trabajaba en varios tornos. Las letras de la canción, son de tanta exaltación y empuje que me incitan a trasladar el párrafo entero:

En los días de trabajo de las grandes obras,

En un alegre fragor,

entre las luces y los tañidos,

¡Hola, país de héroes, país de soñadores, país de científicos!

En estas palabras está el profundo nervio de aquellos tiempos, grandes tiempos de los años de anteguerra de los 30, un fenómeno único.
Era cuando de los ciudadanos soviéticos, - respondiendo a la actividad enérgica del partido que diariamente diariamente, con subordinación a unos determinados objetivos, hacía un trabajo ideológico y de organización -, con un entusiasmo extraordinario construían una nueva sociedad. Es cierto que la mayoría de ellos vivía aun humildemente, a muchos les faltaba la vivienda, todavía no estaba liquidado del todo el analfabetismo. Pero
todos ellos ¡TODOS! tenían trabajo, ¡mucho trabajo! Para ellos se construían nuevos barrios, poblados, ciudades. Donde ya se podía vivir, tenían al lado de las viviendas un centro sociocultural o un cine, un ambulatorio o un hospital, una escuela o una biblioteca, donde podían estudiar, curarse, desarrollar su creatividad, crecer espiritualmente. Y en todo ello, cada uno veía el nacimiento de un nuevo mundo, y participaba personalmente en su creación. Y por ello originaba su entusiasmo, un entusiasmo de millones, reforzado con la confianza en las ideas de Octubre. Esas personas, antes de llegar a ser héroes, efectivamente, eran unos soñadores y científicos: ellos soñaban con mejorar su vida y la vida de su país, y sobre la práctica aprendían hacerlo.

Cómo conseguirlo, se lo enseñaba el partido. “El objetivo de la emulación socialista consiste en… abrir un amplio campo de acción para el despliegue de la energía e iniciativa creativa de masas, revelar unos colosales reservas que se esconden en el seno de nuestro sistema… Unas masas de obreros consideran el asunto de la emulación como suyo propio. Es precisamente eso lo que explica el extraordinario entusiasmo de producción que abarcó unos millones de trabajadores” (I. Stalin, 11 de mayo de 1929).


He aquí tan solo uno de los ejemplos del “asunto propio” de aquellos años. En 1931, en el Magnitostroy, existía la semana laboral de 5 días: 4 días laborales y el 5º, de descanso; el día laboral constaba de 6-7 horas. Pero casi nadie utilizaba los días de descanso, y pocos eran quienes abandonaban el trabajo al cabo de su turno. Todo ello, en su mayoría, se hacía de forma voluntaria, y el tono lo daban los comunistas y los miembros del Komsomol. Así lo recuerda el entonces jóven de 22 años Alexei Isáev, futuro constructor espacial, el más próximo colaborador de S.Koroliov, que en aquellos años trabajaba en el Magnitosroy: “Hace poco, a causa de un atraso, nos quisieron regalar una bandera de estera. Pues muchos mineros lloraron en la reunión y juraron trabajar unas 12-16, y si hiciera falta, unas 36 horas seguidas pero no admitir el deshonor. En toda el área de construcción, diariamente tienen lugar miles de casos de un auténtico heroísmo. El obrero es todo.
Es el centro, es el dueño. ¡Los periódicos no inventan nada! Soy feliz porque vivo en la Unión Soviética y participo en la construcción de un gigante”.


El 1935 fue, en algún sentido, un año de confín para la regularización organizativa de todos aquellos múltiples, espontáneos y cada vez más amplios focos de emulación socialista, en un único movimiento de
la Unión de las Repúblicas Soviéticas. Y quizás eso no era fortuito. Aquel año, se puso fin al sistema de cartillas de racionamiento de los productos y objetos de consumo para la población urbana, que tuvo lugar desde el año 1920. Públicamente discutían la Constitución. Conteniendo la respiración, seguían el vuelo de V.Chkálov y sus camaradas a través del Polo Norte. Se entusiasmaban con los “papáninets” (los heróicos investigadores de Ártico, encabezados por el científico I.D.Papánin, – anotación del traductor) como antes lo hicieron con los cheliúskinets (los participantes del viaje ártico en el buque “Cheliúskin”, – anot. del traductor), o con la salida a las pantallas de las películas “Chapáev”, “Muchachos alegres”. La radio, el cine sonoro, el primer metropolitano en el país, todo se percibía como una consolidación de un nuevo tren de vida soviético, de los ideales del socialismo, y daba el impulso para adelante al movimiento común. Todo era como lo decía Mayakovski: ”Me alegro: mi trabajo desemboca en el trabajo de mi república”.


Impetuosa por su ritmo y grandiosa por sus escalas, la industrialización soviética atraía hacia la producción industrial avanzada también a los millones de excampesinos que, al emprender su camino laboral, pasaban sus universidades políticas en los más grandes bastiones de la industria soviética, se volvían iniciadores de la emulación socialista, gracias a la cual tales conceptos como el plan, (plan quinquenario) con el socialismo, se fusionaban.
Uno de ellos fue Alexei Stajánov que vino desde su aldea, no para establecer unos récords mundiales, sino tan sólo para ganar un sueldo con que poder comprar un caballo. Un palomino, con que soñaba su abuelo, su padre, él mismo y toda su pobre familia de unos campesinos, desprovista de caballos. Pero no volvió a su aldea, sino poco a poco se arraigó en el colectivo de mineros donde, gracias a su innato amor al trabajo y perseverancia, sobresalió por su destreza y maestría. Su trabajo y el trabajo de los millones iguales a él ya no consistía en “currar” para un dueño explotador, no para sobrevivir biológicamente, sino era un trabajo por el futuro: el de uno mismo y el de su país, por la felicidad de éste. Y cada uno veía claramente los resultados de su trabajo, de una nueva forma, dentro del trabajo conjunto de millones. Un trabajo así les instigaba, como en
la Marcha de los Entusiastas, a plantear y resolver cada vez nuevos y nuevos objetivos:

“¿Lo nuestro es permanecer parados?

En nuestra audacia siempre tenemos razón.
¡Nuestro trabajo es un punto de honor,

es un asunto de valentía y un heroísmo de gloria!”


Esta nueva actitud, manera de ser socialista hacia el trabajo, daban luz unos logros nunca vistos antes, regalaban unos ejemplos de heroísmo de gloria. Tales como el récord mundial del treintañero minero Alexei Stajánov que la noche del 31 de agosto de 1935, en la mina Central-Írmino, a lo largo de su turno, picó 102 toneladas de carbón, superando 14 veces la norma común. Y por la mañana se reunió el comité del partido de la mina. Discutieron tan solo una cuestión: la del rendimiento del trabajo del minero Stajánov Alexei Grigórievich.
He aquí algunos fragmentos de la resolución:”Inscribir su nombre en el Cuadro de Honor de los mejores trabajadores de la mina. Entregarle un premio en cantidad de un salario mensual. Para el 3 de septiembre, entregarle un piso e instalar en éste el teléfono. Concederle, para el uso particular, un caballo de silla con una calesa sobre ruedas de goma. A partir del 1 de septiembre, asignar en el club dos asientos nominales para Stajánov y su esposa; hacerles las entradas gratuitas para todas las sesiones de cine y diversas representaciones».
El comité del Partido hizo un llamamiento: ” A todos los jefes de las secciones, los secretarios de las organizaciones de base del Partido y los organizadores sindicales, hasta el 2 de septiembre deben estudiar la experiencia de Stajánov y al día siguiente, convocar una reunión especial de mineros, con una obligada participación de los “triángulos” (grupo, formado por el presidente y el secretario de un organismo del Partido y el presidente local de sindicatos, - nota del traductor), donde oír el informe de Stajánov acerca de cómo asimiló éste, la alta técnica de trabajo con el martillo y estableció un récord mundial de productividad del trabajo. Iniciar una emulación del mejor minero de la mina, para que tras el camarada Stajánov surjan nuevos héroes».
Y ellos surgieron al instante. Ya al día siguiente, 40 mineros manifestaron su deseo de participar en la emulación. La iniciativa de Stajánov despertó en ellos un auténtico auge productivo y la aspiración de batir el récord de su camarada. La noche del 4 de septiembre, el minero de la misma mina, Mirón Diukánov, al cabo de la tanda consiguió extraer ya 115 toneladas de carbón. El 6 de septiembre, el miembro de Komsomol, Dmitriy Kontsedálov, subió el récord hasta 125 toneladas. El 9 de septiembre les adelantó el mismo Stajánov: 175 toneladas. Pero y este índice fue superado el 11 de septiembre en la mina “Kochegarka” por Nikita Izótov: 240 toneladas. El mismo día, en el periódico “Pravda”, todo lo ocurrido por primera vez fue llamado MOVIMIENTO ESTAJANOVISTA, y desde entonces el país entero casi a diario descubría los nombres de sus nuevos héroes: el del herrero de la fábrica de automóviles de la ciudad de Gorkiy, Alexandr Busyguin; el del trabajador de la fábrica leningradense de calzado “Skorojod”,Nikolai Smetanin; el del fundidor de acero de Mariúpol, Makar Mazái; los de las tejedoras de trabajo simultáneo en varios bastidores, Evdokía y María Vinográdova; el de la organizadora de las primeras brigadas femeninas de tractoristas, Pasha Anguélina, con su lema “100 mil amigas ¡a los tractores!”, etc.
Ya para la celebración del 18º Aniversario de Octubre, los estajanovistas fueron invitados a Moscú. Los retratos de Stajánov, Izótov, Busýguin, de las Vinográdova, de Smetanin, estaban puestos en las ventanas de las tiendas junto con los retratos de los dirigentes del Partido y del gobierno. Después de las fiestas de Octubre, en la sala de Columnas de
la Casa de Uniones, los estajanovistas se encontraron con los obreros de Moscú y luego, con las delegaciones de los trabajadores de otros países. Y el 14 de noviembre se comenzó la conferencia de la Unión de las Repúblicas soviéticas de los estajanovistas, en la cual no hubo ni un orden del día, ni una ponencia, ni un reglamento.

Cada uno hablaba cuanto quería. A lo largo de los 4 días intervinieron 83 oradores. Ellos pintaron un brillante cuadro de los cambios revolucionarios en el proceso de la producción, de la organización del trabajo, en la tecnología y en la conciencia humana, de lo que estaba sucediendo. El Pleno del Comité Central de PC(b)US del diciembre de 1935, examinó bajo todos los aspectos, las vías del desarrollo posterior del movimiento estajanovista. En abril de 1936, Stajánov presentó una solicitud de ingreso al Partido y fue admitido sin el período de prueba. Según las palabras del secretario de la célula del Partido, K.Petrov, ´”Él pasó la prueba en una noche, del 30 al 31 de agosto de 1935”. El minero innovador fue invitado también a una comida con Stalin.
En total, en septiembre de 1936, hubo 993 mil estajanovistas; en enero de 1938, 1 millón 593 mil. (Entre ellos, en una grande empresa industrial de Leningrado, estaban mis padres, de la que siempre estaban orgullosos.- G.T.). Según la previsión de Stalin, esta emulación llegó a ser para las masas de los obreros, en realidad, su “propio, entrañable asunto”.
Triunfó y otro lema de Stalin:
“La competencia dice: acaba con los regazados para afirmar tu dominio. La emulación socialista dice: unos trabajan mal, otros bien, los terceros, mejor; alcanza a los mejores y consigue un auge común” (I.Stalin, 11 de mayo de 1929).
Gracias a ese auge común en la industrialización del país durante el 2º quinquenio, en los años 1933-1937 nuestro país superó el atraso y, se puso la estructura de la producción industrial,
la URSS subió al nivel de los países más desarrollados del mundo. El crecimiento de la producción durante el quinquenio se cumplió anticipadamente – en 4 años y 3 meses se alcanzó el 73 º\º-, el crecimiento medio anual fue del 17,2 º\º (¿Es posible imaginar algo así actualmente?). Según el volumen de la producción industrial subimos al 2º lugar en el mundo, cediendo tan solo a los EEUU; y, según el ritmo del crecimiento industrial, superamos los índices también de éstos. Por ejemplo, la productividad laboral en la gran industria creció durante el quinquenio el 82 º\º. Y, ¡lo importante! El
país se hizo totalmente independiente económicamente. Hemos aprendido saber hacer de todo, y ¡empezamos a hacerlo todo nosotros mismos! El peso específico de la producción importada en el 1936 fue 0,7º\º. Así fueron llevadas a la práctica las palabras de I.Stalin, dichas el 4 de febrero de 1931: “Estamos atrasados en unos 50-100 años respecto a los países avanzados. Debemos recorres esta distancia en 10 años. O lo hacemos, o nos chafarán”.

Y al cabo de 10 años llegó la guerra. La Gran guerra Patria. Pero, gracias al heroísmo de masas en el trabajo de los soviéticos en los tiempos de ante y postguerra, “la distancia la recorrimos”, no permitimos que nos “chafen” y en la guerra ¡vencimos!”


La ideología oficial de Rusia de hoy, es un antisovietismo, dirigido con un odio particular hacia el período del gobierno de Stalin. Indudablemente, si los despachados escritorzuelos cercanos al poder recibieran un encargo de iluminar el tema del movimiento estajanovista, buscarán con mucho celo y deleite, buscarán y encontrarán (sin duda alguna) unos hechos que, al parecer, es que algunos de los estajanovistas lo que querían era simplemente ganar más, que para los récords de algunos creaban unas condiciones prioritarias y que las relaciones entre algunos de ellos eran de ningún modo de camaradería. Quizás, en algunos detalles con estos críticos habrá que convenir: bueno, pudo haber tenido lugar y algo de eso. Se puede no mezclarse siquiera en la refutación de sus novelones sobre los gulags, de que alguien pudo trabajar por miedo.
Pero en lo básico y lo principal, todos ellos nunca, ni nada, podrán entender ni negar aquellos tiempos. Y es que fueron aquellos tiempos de verdad, unos tiempos de un trabajo honesto de masas, para el bien de su Patria, los tiempos de creación y de construcción. Y “ningunos gulags” hubieran sido capaces a obligar a la gente a batir unos récords mundiales, a quedarse a trabajar VOLUNTARIAMENTE después de terminar su turno, a compartir su experiencia en el trabajo progresista y a alegrarse, juntos, de los resultados conseguidos. No, aquellos fueron unos tiempos cuando la gente con sus manos creaba, se acercaba a su futuro mejor, y ese futuro se hacía cada vez más real, más tangible, más accesible.
Y si, en aquel entonces, en unos 13 años todavía no completos de los quinquenios de anteguerra comenzaron a ser levantadas cerca de 9 000 fábricas, minas, estaciones eléctricas, explotaciones de petróleo, y el paro fue totalmente liquidado aun en 1930. Pues… actualmente, en los años de SUS “reformas”, las 70 000 fábricas y otras estructuras industriales en Rusia se cerraron, las pérdidas generales de la riqueza nacional cuentan con 2,7 trillones de dólares y hay 2,2 millones parados según las fuentes oficiales, mientras según
la OIT son más de 7 millones. Y lo principal: Rusia, en un 60-70 º\º “independiente” y “soberana”, es totalmente depediente de las importaciones. Y ninguna competencia capitalista no puede ni podrá cambiar esta situación, ya que la ley de la competencia, como decía Stalin, consiste en rematar a los atrasados para afirmar su dominio. He ahí ELLOS están rematando: primero, todo lo - ¡hecho por otros! – han saqueado, depredado y luego, “compitiendo” en rapacidad de la explotación de los cachos robados, están rematando el país y su pueblo en vías de extinción. Y lo que ya es totalmente inimaginable hoy día, es ver en las ventanas de las tiendas, los kioscos, en los Tableros de Honor, en las pantallas de los televisores las imágenes de los fundidores de acero, las tejedoras, los herreros, mineros, tractoristas. Ahí es donde están presentes unos personajes totalmente distintos, como los famosillos y profundos antisoviéticos Ksiusha Sobchak, Boria Moiseev, Pozdner y Svanidze ¡Ahora son ellos los “héroes” de este país! Es por ello que los objetivos de un país así son debiluchos e insignificantes. Y además, éstos ni se cumplen: ora duplicar el PIB, ora alcanzar a Portugal, ora “modernizar” todo lo destruído y saqueado por ELLOS. Ni pensar en “recorrer” en 10 años el retraso respecto al Occidente. Ya llevan 25 años “esforzándose”… Más de lo mismo, de “perestroika”. Y el pueblo está extinguiéndose.

El llamamiento de los entusiastas soviéticos:

¿Es lo nuestro permanecer parados?

En nuestra audacia siempre tenemos razón.

¡Nuestro trabajo es un punto de honor,

Es un asunto de valentía,

Y un heroísmo de gloria!

P. D. En negrita, puesto por la traductora para recalcar algunos conceptos hoy perdidos.


Fuente:

http://www.comparty.by/gazeta/2010/09/zdravstvui-strana-geroev-k-75-letiyu-trudovogo-podviga-sovetskogo-naroda

14 de noviembre de 2010

Maiakovski, el pasaporte soviético, el de la hoz y el martillo.

Escrito por Oleg K. Versos extraídos de Kinokulak.

En estos años, en que la vida a los trabajadores se nos hace difícil conjugarla con la capacidad de crear y defender nuestras ideas, surge a mis entrañas la mordaz y sincera, cálida y comprometida palabra de Maiakovski. Pasarán muchos años, y como a Brecht, son mis pasajeros más cercanos, nuestros compañeros-maestros que nos iluminan con su declamación; en sus nítidas y comprensibles estrofas nos muestran un mundo soviético real. Porque ahora la realidad es aparente. La libertad está encadenada. La comunicación es deudora de ganancias. La sociedad imperialista está moribunda.
Vladimir Ilich Lenin, hablando sobre Maiakovski, le apoya cuando el escritor critica a los comunistas que sólo saben ir de reunión en reunión. Para Lenin, es esencial que Maiakovski sea un impulsor del entusiasmo desbordante de la juventud, presto a luchar con uñas y dientes por el poder soviético, según refiere Nadezhda Krupskaïa, en su artículo "Recuerdos sobre Lenin".
En 1924 Maiakovski escribió su poema "Vladimir Ilich Lenin", siendo leído públicamente en la Sala Roja del Comité de Moscú del Partido el 21 de Octubre. Por lo extenso recomendamos su lectura, por su profundidad contra las normas y posturas tradicionales conservadoras.
Al contrario el siguiente poema, corto y excelente de contenido, refleja un hecho que hoy nos ocurre a cada compañero o camarada que defiende la riqueza del socialismo, la pujante idea de concebir una nueva sociedad más humana y justa, como cuando a occidente iba Maiakovski.


VERSOS SOBRE
EL PASAPORTE SOVIÉTICO

Vladimir Maiakovski
Como un lobo,
devoraría al burocratismo.
A las credenciales,
no les tengo respeto.
Pueden irse,
a todos los diablos...
cualquier papel,
pero éste...
Por el largo frente,
de cupés y camarotes,
un funcionario,
se mueve saludando.
Todos entregan los pasaportes,
y yo entrego
mi librito escarlata.
Ante algunos pasaportes,
una sonrisita en los labios.
Ante otros,
un desprecio único.
Con respeto,
por ejemplo toman,
al pasaporte inglés,
con un león grande de cama de dos plazas.
Sacando los ojos fuera de las órbitas,
sin dejar de inclinarse,
toman,
como si tomaran una propina
al pasaporte norteamericano.
Al polaco,
lo miran,
como un chivo mira un cartel.
Al polaco,
lo miran con ojos asombrados,
ceñidos en su chaqueta policial,
como quien dice:
-¿De dónde,
y qué es,
esa novedad geográfica?
Y sin dar vuelta la cabeza,
sin manifestar asombro alguno,
toman sin pestañear,
el pasaporte dinamarqués,
y de otros tantos suecos...
Y de pronto,
como si se hubiese quemado,
torció la boca el señor.
Es que...
el señor funcionario toma,
mi pasaporte de color escarlata.
Lo toma,
como una bomba,
lo toma,
como a un erizo,
como si tomara una navaja afilada,
lo toma,
como una víbora de cascabel de veinte
aguijones.
Le hizo un gesto significativo al changador,
para que llevara gratis las cosas.
El gendarme,
mira interrogante al pesquisa,
el pesquisa,
mira interrogante al gendarme.
Con qué placer,
de casta de gendarmes,
me azotarían,
o me harían crucificar,
por tener en las manos,
el pasaporte soviético,
el de la hoz y el martillo.
Yo,
como un lobo,
mordería al burocratismo,
a las credenciales,
no les tengo respeto.
¡Que se vayan,
todos al diablo,
cualquier papel,
pero éste!...
Yo saco,
del bolsillo,
de mis enormes pantalones,
un duplicado del pasaporte-,
carga de poco peso.
¡Leed,
envidiadme!
Yo soy
ciudadano,
de la Unión Soviética.
Escrito en el año 1929.

La era de la salud pública nació en la URSS

Por Juan Manuel Olarieta

El concepto y, sobre todo, la práctica de la salud pública no han existido siempre sino que son una conquista de la Revolución de Octubre. Algo tan sencillo como esa práctica cotidiana y actual que consiste en acudir a un centro médico para cuidar nuestras enfermedades gratuitamente se la debemos al esfuerzo de los bolcheviques. La atención médica ha existido siempre... para unos pocos privilegiados; la atención a los obreros, los campesinos y la población, en general, sólo existen desde 1917 y sólo existirá en el futuro si somos capaces de defenderla al menos con tanta energía como pusieron otros en conseguirla.

La primera red sanitaria general de la historia fue obra de Nikolai A. Semashko, fundador del partido bolchevique y primer comisario (ministro) de Sanidad desde 1918 hasta 1930. En su libro sobre la “Protección de la salud en la URSS”, publicado en 1934, Semashko estableció tres principios básicos que debía reunir el servicio soviético de salud: unidad en la organización, participación de la población en la totalidad del trabajo de protección de salud y medidas profilácticas, es decir, la prevención.

La sanidad soviética, por tanto, no era un servicio especialmente destinado a los obreros y campesinos sino una tarea en cuya planificación participaban activamente los sindicatos obreros, las cooperativas agrarias, los soviets y la población en general, es decir, millones de personas que atendían y eran atendidos por la red sanitaria más grande que nunca se había puesto en funcionamiento, alcanzado a cada uno de los rincones de la extensa URSS, incluidos los más alejados y remotos.

La implantación del modelo de medicina soviética en el mundo capitalista fue obra del suizo Henry E. Sigerist que, entre otros, impartió cursos en el Instituto de Historia de la Medicina de la Universidad John Hopkins de Estados Unidos. Sigerist viajó varias veces a la URSS y estudió meticulosamente su sistema sanitario, del que se convirtió en su divulgador más entusiasta: “Los estudios que he hecho durante tres veranos en la URSS -escribió- fueron quizás los más inspiradores de toda mi carrera. Admito francamente que estoy impresionado por todo lo que vi, por el esfuerzo honesto de una nación entera para darle atención médica a todo el pueblo”. El médico suizo siempre reconoció honestamente las aportaciones pioneras de la revolución socialista a la medicina mundial, que describió en su libro “Socialized Medicine in the Soviet Union” publicado en Nueva York en 1937.

Durante la I Guerra Mundial Sigerist fue movilizado como médico del ejército francés, lo que le permitió comprender el carácter imperialista de aquella terrible masacre y, a la vez, valorar la trascendencia histórica de la revolución de 1917: “Un nuevo orden político, económico y social ha nacido de allí y ha modificado muy profundamente las formas de la atención médica [...] Puesto que la salud es un bien al que todos tienen derecho el servicio médico es gratuito [...] La medicina preventiva tiene prioridad decisiva [...] El servicio médico se lleva a la población cada vez más por centros médicos, dispensarios, policlínicos [...] La cultura física se ha hecho popular [...] Lo que está sucediendo allá es el inicio de un nuevo período de la historia de la medicina”.

Médico e historiador de la medicina, Sigerist se convirtió en un socialista convencido. Sin llegar a ser nunca un marxista militante, gracias al estudio de la medicina se apercibió de que el socialismo era una forma superior de vida para la humanidad. Para el médico suizo el sistema sanitario soviético no sólo era un modelo válido de atención sanitaria que había que llevar al mundo entero; era algo mucho más importante que eso: la sanidad soviética culminaba una larga evolución histórica de los servicios de salud.

En 1938 escribió el artículo “Medicina socializada” para la “Yale Review” donde decía que “el pueblo tiene derecho a la atención médica y la sociedad tiene la responsabilidad de cuidar a sus miembros [...] Cada ciudadano debe tener una asistencia médica gratuita, los médicos, como los demás trabajadores de la salud, deben recibir un salario”. La salud no es sólo un problema técnico de asistencia al enfermo sino que se promueve activamente proporcionando condiciones de vida decentes, buenas condiciones de trabajo, educación, cultura física y formas de esparcimiento y descanso.

En 1943 en su libro “Civilization and desease” (Civilización y enfermedad) escribió que el mundo se disponía a dar el paso “de la sociedad de competencia a la sociedad de cooperación; irá hacia el socialismo”. La obra incorpora importantes tesis del materialismo histórico sobre la enfermedad en dos capítulos en los que analiza los determinantes materiales y económicos de la enfermedad. El libro le convirtió en un referente para los estudiantes y jóvenes médicos progresistas de todo el mundo. El 30 de enero de 1939 la revista “Time” ya había publicado su retrato en portada, calificándole como el historiador de la medicina más importante del mundo.

A través de Sigerist la influencia de la medicina soviética alcanzó a Estados Unidos. Con la ayuda de conocidos investigadores, el médico suizo creó la “American Soviet Medical Society”, que presidió Walter B. Cannon, amigo de Pavlov y profesor emérito de Fisiología de la Universidad de Harvard. La asociación editó la revista “The American Review of Soviet Medicine”. La promoción de la comprensión entre los pueblos era su modo de ayudar al intercambio cultural y científico.

Sin embargo, durante la caza de brujas de la posguerra fue ferozmente atacado por la Asociación Médica Norteamericana y el círculo más reaccionario de estudiantes de medicina de la Universidad Johns Hopkins. Fue purgado por la Comisión del Servicio Civil Gubernamental, lo que le impidió ocupar cargos públicos en lo sucesivo. Entonces decidió regresar a Suiza, donde comenzó a redactar su obra cumbre “Historia de la Medicina”, de la cual llegó a publicar el primer volumen.

Por influencia de la Revolución de Octubre y de Sigerist, en Inglaterra también apareció un movimiento en favor de la nueva medicina social y en 1930 Major Greenwood fundó la Asociación Médica Socialista que influyó decisivamente en el programa sanitario del partido laborista. Posteriormente con la ampliación del campo socialista en 1945 y la llegada del partido laborista al gobierno, los obreros británicos pudieron disfrutar de una red pública de atención sanitaria como la que ya disfrutaba la URSS desde hacía décadas.

Desde Suiza, Sigerist hizo varios viajes a Londres que culminaron en las Conferencias de Health-Clark en 1952, pronunciadas en la Escuela Londinense de Higiene y Medicina Tropical. Hasta su muerte en 1957 la ingente obra de Sigerist, que llena las bibliotecas de las facultades de medicina, inspiró la creación del nuevo sistema público de salud británico y otros parecidos en el mundo entero.

El remate de este proceso que se inició en la URSS también acabó en la URSS, en 1978, en Alma-Ata, durante la asamblea de la Organización Mundial de la Salud, cuando el bloque de países socialistas logró aprobar una resolución en la que, por primera vez, se definía a la medicina como un servicio público, con un único voto en contra: el de Estados Unidos. En medicina este principio se conoce como la Declaración de Alma-Ata y dice lo siguiente: “El pueblo tiene el derecho y el deber de participar individual y colectivamente en la planificación y aplicación de su atención en salud”.

Hoy en cada dispensario médico, hospital o clínica pública del mundo siguen latiendo -inmortales- los principios de la Revolución de Octubre y su éxito al llevar a toda la humanidad algo tan preciado como es la salud.

8 de noviembre de 2010

Acto de la Asociación: proyección de la película "La huelga"



Extraído de la web de la UJCE de Vallecas (Madrid)

http://jcvallekas.blogspot.com/2010/11/la-huelga.html

El próximo 19 de Noviembre de 2010,coincidiendo con el aniversario de la Revolución de Octubre, el colectivo en Vallekas de las Juventudes Comunistas y la Asociación de Amistad Hispano-Soviética iniciarán, el que esperemos que sea un hermanamiento entre camaradas que dure mucho tiempo, y que nos ayude a difundir la URSS y el Socialismo, en el barrio.
Una vez al mes, ambas organizaciones realizaremos una actividad conjunta. Éste mes, comenzaremos con la proyección de la película "La Huelga" de Sergei Eisenstein, y posteriormente contaremos con un coloquio con el que debatir.

Lo realizaremos el próximo Viernes, 19 de Noviembre, a las 19 h. en la sede del PCE en Sierra Carbonera 32. Madrid.

¡¡Os esperamos!!


Genero:Drama
Director:Sergei Eisenstein
Productor:Boris Mikhin
Guión:Grigori Aleksandrov, Sergei M. Eisenstein
Fotografía:Vasili Khvatov, Vladimir Popov, Eduard Tisse
Intérpretes:Grigori Aleksandrov, Aleksandr Antonov, Yudif Glizer, Mikhail Gomorov, I. Ivanov
Duración:82
Calificación:Pendiente por calificar
Nacionalidad:Rusia
Año:1924
Estreno:02 de Marzo de 2007

Sinopsis: La huelga (1924), es la primera película de realizada por Sergei M. Eisenstein. Para la interpretación se nutrió del grupo de Teatro Obrero. Los obreros de una importante empresa de la rusa zarista están descontentos y decididos a ir a la huelga. El director de la empresa comunica sus sospechas a altos funcionarios políticos y éstos envían a sus informadores. Se producen reuniones conspirativas de los trabajadores. La tensión se dispara cuando un obrero se suicida al ser acusado injustamente de robo.

6 de noviembre de 2010

7 de Noviembre. El principio de un mundo nuevo

Por Nestor Guadaño

Hubo un tiempo que la esperanza de millones de habitantes del planeta, de sus vidas, de su futuro, y de su presente se estaba fraguando en una ciudad. Y de lo que ocurrió en 1917, se extrae la clave maestra para los tiempos actuales. Sí, desapareció la Unión Soviética, pero no las causas económicas y sociales, por las que se engendró ese vasto movimiento de lucha realizada por el proletariado explotado, por los que nada tenía, sino su trabajo, y que con su unión se libraron de sus cadenas, logrando construir una nueva sociedad.

John Reed escribió que “Las heroicas jornadas de octubre estremecieron al mundo”, así sucedió. Esta realidad no puede nadie borrarla de la mente colectiva de la historia. Fue impregnada por el pensamiento de Karl Marx, y sus aportes culturales y científicos, cambió la forma de pensar idealista del pasado, en su sentido humanista universal, de liberación socialista, en la evolución colectiva social, que nos guía y servirá a las futuras generaciones, para interpretar la historia humana. Lenin nos brindó claridad y pragmatismo en el estudio de la actual involución imperialista, en la que estamos.

Hace 93 años, las ideas socialistas, se hicieron realidad.

Cuando el ímpetu revolucionario de aquellos años, hoy, es un reflujo en todo el orbe, los pensadores, historiadores, y sociólogos niegan las posibilidades de elaborar un análisis científico de la historia y, por ende, el concepto de la lucha entre las clases sociales, pero los bolcheviques nos enseñaron que la contradicción entre ricos y pobres era —en última instancia— la causa de fondo de la tragedia social, y de hecho nos mostraron que la lucha revolucionaria por vencer las desigualdades socioeconómicas es fundamental. Desde nuestra trinchera de lucha por el comunismo, reclamamos la vigencia de los hechos, y exclamamos que ¡Nunca los trabajadores vivieron mejor que en el socialismo!

El imperialismo mantiene ejércitos, jueces y periodistas contra los trabajadores, para que no piensen, no se unan, no recuerden, mutilando sus organizaciones sindicales y políticas, fomentando la desunión, comprando a agentes que luchan contra las ideas comunistas, para minar las conciencias combativas. Así lo hacen, para que no luchen, para que no hayan huelgas y se ponga en entredicho su dominio social, porque cuando los trabajadores se alzan es el comienzo de una nueva fase del rumbo de la historia, cuando miles de ojos crispados estallan diciendo: ¡Ya basta de opresión, somos los creadores de vuestra sociedad! ¡Sobre nuestras espaldas mantenéis vuestro infame poder, se terminó vuestra dictadura!

Por ello, esta fecha es la más odiada por la burguesía y sus lacayos.

Cuando vemos que el acientífico crecimiento económico burgués acelera progresivamente la pobreza y la injusticia social, objetivamente se crean situaciones de hacinamiento y conflictos sociales de extrema gravedad. El sistema imperialista de concentración mundial de los beneficios está incrementando el desorden, de destrucción de materias primas, de fuerzas productivas básicas para el desarrollo del planeta. Esta verdadera “postmodernidad”, es la frase vacía de los intelectuales al servicio del orden burgués.

Cuando los proletarios reclaman la vigencia del 7 de Noviembre, los medios de comunicación silencian su significado con frases indolentes; es algo del pasado, histórico, una ilusión rebelde. Pero verdaderamente el capitalismo tiembla ante su recuerdo. Porque los hechos son contundentes: Durante décadas, los comunistas y el pueblo de la URSS libraron batallas colosales y alcanzaron, en los campos económico, social, político, cultural y militar, avances prodigiosos. En relativamente corto tiempo, convirtieron al empobrecido y explotado país que heredaron, en una potencia mundial de primer orden, y ese ejemplo cimentará una nueva ola revolucionaria. ¡Mantenemos en alto su legado de lucha por la libertad de los trabajadores, contra la explotación de la burguesía!

En estos días, los medios de información defienden los argumentos de los enemigos del socialismo; es más, han creado una interpretación de las ideas del marxismo, fragmentada, errónea y manifiestamente antirrevolucionaria. La historia, enfocada de esta manera, arroja resultados distintos a los hechos realizados por el Partido Bolchevique. En contra de tanta contrainformación indecente que impone una dictadura lineal estilo nazi del pensamiento, para defender un sistema social burgués caduco, y lamentablemente repetidor de tantas guerras como salida a sus persistentes crisis necesitan de un proletariado domado, porque saben que ¡de las entrañas de las obreras y obreros como un arma de combate refulge la estrella del 7 de Noviembre!

¡CELEBREMOS UN NUEVO 7 DE NOVIEMBRE!

¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!

¡PARA ROMPER LAS CADENAS DE LA ESCLAVITUD ASALARIADA, VIVA EL COMUNISMO!