12 de noviembre de 2017

La mentiras sobre la Unión Soviética

Por Mario Sousa *

Una breve discusión sobre los resultados de las investigaciones.

La investigaciones realizadas por los historiadores rusos muestra una realidad totalmente diferente de la que se ha enseñado en las escuelas y las universidades del mundo capitalista durante los últimos 50 años. Durante estos 50 años de guerra fría, varias generaciones han aprendido únicamente mentiras sobre la Unión Soviética, que han dejado una impresión profunda sobre muchas personas. Este hecho también se menciona en los informes realizados por los investigadores franceses y americanos.

En estos informes se reproducen datos, cifras y tablas que enumeran los que fueron condenados y los que murieron, cifras que son objeto de una intensa discusión. Perolo más importante que debemos señalar es que los crímenes cometidos por las personas condenadas nunca son objeto del menor interés. La propaganda política capitalista siempre ha presentado a los prisioneros soviéticos como víctimas inocentes, y los investigadores han aceptado este supuesto sin cuestionarlo.

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Cuando los investigadores pasan de sus columnas estadísticas a sus comentarios sobre los acontecimientos, su ideología burguesa se antepone a toda otra consideración, con resultados a veces macabros. Los que fueron condenados bajo el sistema penal soviético son tratados como víctimas inocentes, pero el hecho es que la mayor parte de ellos eran ladrones, asesinos, violadores, etc. Los delincuentes de esta clase nunca serían considerados víctimas inocentes por la prensa si sus delitos fueran cometidos en Europa o en EEUU. Pero como los delitos fueron cometidos en la Unión Soviética, entonces la cosa cambia. Llamar “víctima inocente” a un asesino, o a una persona que ha cometido múltiples violaciones, es un juego muy sucio. Debe mostrarse al menos un poco de sentido común cuando se habla acerca de la justicia soviética, al menos en relación con los criminales condenados por delitos violentos; y, aun cuando no se esté de acuerdo con la naturaleza del castigo, al menos debe reconocerse la justicia de condenar a las personas que han cometido delitos de dicha clase.

Los Kulaks y la contrarrevolución

En el caso de los contrarrevolucionarios, es también necesario considerar los crímenes que se les imputaban. Veamos dos ejemplos para mostrar la importancia de esta cuestión: el primero es el de los kulaks condenados al principio de los años 1930, y el segundo el de los conspiradores y contrarrevolucionarios condenados en 1936-38. Según los informes de la investigación relacionados con la cuestión de los kulaks, es decir, los campesinos ricos, 381.000 familias, esto es, aproximadamente 1,8 millones de personas, fueron enviadas al exilio. Un pequeño porcentaje de estas personasfueron condenadas a cumplir penas en campos o en colonias de trabajo. Pero ¿qué motivó estos castigos?

El campesino ruso rico, el kulak, había sometido a los campesinos pobres durante cientos de años a una opresión ilimitada y una explotación sin freno. De los 120 millones de campesinos existentes en 1927, 10 millones de kulaks vivían en el lujo mientras los 110 millones restantes malvivían en la pobreza. Antes de la revolución habían vivido en la pobreza más abyecta. La riqueza de los kulaks se basaba en el trabajo mal pagado de los campesinos pobres. Cuando los campesinos pobres comenzaron a unirse en granjas colectivas, la fuente principal de riqueza de los kulaks desapareció. Pero los kulaks no se rindieron. Intentaron restaurar la explotación provocando directamente el hambre. Grupos de kulaks armados atacaron granjas colectivas, asesinaron a campesinos pobres y a trabajadores del partido, incendiaron los campos y mataron a los animales de tiro. Causando el hambre entre los campesinos pobres, los kulaks intentaban asegurar la perpetuación de la pobreza y sus propias posiciones de poder. Los acontecimientos que siguieron no fueron los esperados por los asesinos. Esta vez los campesinos pobres tenían el apoyo de la revolución y demostraron ser más fuertes que los kulaks, que fueron derrotados, encarcelados y enviados al exilio o condenados a penas en campos de trabajo. (Nota: ¡los campesinos habían estado intentando colectivizar la tierra desde Stepan Timofeyevich Razin, también conocido como Stenka Razin, en el siglo XVII!, ver cualquier enciclopedia para conocer los detalles.)

De 10 millones de kulaks, 1,8 millones fueron exiliados o condenados. Pudieron cometerse injusticias en el curso de esta masiva lucha de clases en el campo soviético, una lucha que implicó a 120 millones de personas. Pero ¿podemos culpar al pobre y al oprimido en su lucha para lograr una vida digna, en su lucha para asegurar que sus hijos no pasaran hambre ni fueran analfabetos, porque no fueran suficientemente“civilizados” o no mostraran bastante “piedad” en los tribunales? ¿Podemos acusar a la gente que durante cientos de años no tuvo ningún acceso a los avances hechos por la civilización de no ser civilizada? Además, ¿cuándo fue el explotador kulak civilizado o misericordioso en sus transacciones con los campesinos pobres, durante los interminables años de explotación inhumana?


"Las purgas" de 1937

Nuestro segundo ejemplo, el de los contrarrevolucionarios condenados en los Procesos de 1936-38, que siguieron a las "purgas" del partido, el ejército y el aparato del estado, tiene sus raíces en la historia del movimiento revolucionario en Rusia.

Millones de personas participaron en la lucha victoriosa contra el Zar y la burguesía rusa, y muchos de ellos se unieron al Partido Comunista (b) Ruso. Entre toda esta gente había, lamentablemente, algunos que entraron en el partido por motivos distintos a la lucha en pro del proletariado y el socialismo. Pero la lucha de clases era tal que a menudo no existía ni el tiempo ni la oportunidad de poner a prueba a los nuevos militantes del partido. Incluso los militantes de otros partidos que se llamaban socialistas y que habían luchado contra el partido Bolchevique fueron admitidos en el Partido Comunista. Varios de estos nuevos activistas alcanzaron cargos importantes en el Partido Bolchevique, el estado y las fuerzas armadas, según su capacidad individual para conducir la lucha de clases. Eran tiempos muy difíciles para el joven estado soviético, y la gran escasez de cuadros, o hasta de gente que sabía leer, obligaron al partido a plantear pocas exigencias en cuanto a la calidad de los nuevos activistas y cuadros. 

Debido a estos problemas, surgió una contradicción que dividió al partido en dos bandos,
de un lado los que querían proseguir la lucha para construir una sociedad socialista, y de otro lado los que pensaban que las condiciones no estaban aún maduras para construir el socialismo y por tanto promovían la democracia social. El origen de esta última idea se debía a Trotsky, que se había unido al partido en julio de 1917. Trotsky fue capaz con el tiempo de asegurarse el apoyo de algunos de los más conocidos bolcheviques. Esta oposición unida contra el plan bolchevique original fue una de las opciones políticas que fueron objeto de votación el 27 de diciembre de 1927. Antes de que se realizara la votación, había existido un gran debate dentro del partido durante muchos años, cuyo resultado no había dejado ninguna duda a nadie. De un total de 725.000 votos, la oposición consiguió 6.000, esto es, menos del 1 % de los activistas del partido apoyó a la oposición unida.

A raíz de la votación, y una vez que la oposición comenzó a trabajar en pro de una política opuesta a la del partido, el Comité Central del Partido Comunista decidió expulsar del partido a los líderes principales de la oposición unida. La figura central de la oposición, Trotsky, fue expulsada de la Unión Soviética. Pero la historia de esta oposición no terminó aquí. Zinoviev, Kamenev y Zvdokine llevaron a cabo autocríticas, igual que varios líderes trotskistas, como Pyatakov, Radek, Preobrazhinsky y Smirnov. Todos ellos fueron nuevamente aceptados en el partido como activistas, y ocuparon sus anteriores puestos en el partido y el estado. Con el tiempo quedó claro que las autocríticas hechas por la oposición no habían sido sinceras, ya que los líderes oposicionistas se unían al bando de la contrarrevolución cada vez que la lucha de clases se agudizaba en la Unión Soviética. La mayoría de los oposicionistas fueron expulsados y admitidos de nuevo otro par de veces, antes de que la situación se clarificara completamente en 1937-38.

Sabotaje industrial

El asesinato en diciembre de 1934 de Sergei Kirov, presidente del Partido de Leningrado y una de las personas más importantes del Comité Central, desencadenó la investigación que conduciría al descubrimiento de una organización secreta implicada en la preparación de una conspiración para asumir el mando del partido y el gobierno del país por medio de la violencia. La lucha política que habían perdido en 1927, esperaban ganarla ahora mediante la violencia organizada contra el estado. Sus armas principales eran el sabotaje industrial, el terrorismo y la corrupción. Trotsky, el principal inspirador de la oposición, dirigía sus actividades desde el extranjero. El sabotaje industrial causó pérdidas terribles al estado soviético, con un enorme coste; por ejemplo, se dañaron máquinas importantes sin posibilidad de reparación, y se produjo una enorme caída en la producción de minas y fábricas.

Una de las personas que en 1934 describieron este problema fue el ingeniero americano John Littlepage, uno de los especialistas extranjeros contratados para trabajar en la Unión Soviética. Littlepage pasó 10 años trabajando en la industria minera soviética, de 1927 a 1937, principalmente en las minas de oro. En su libro In search of Soviet gold [En busca del oro soviético], escribe: "Nunca sentí el menor interés por las sutilezas de las maniobras políticas en Rusia mientras puede evitarlas; pero tuve que estudiar lo que pasaba en la industria soviética para hacer mi trabajo. Y estoy firmemente convencido de que Stalin y sus colaboradores tardaron mucho en descubrir que los comunistas revolucionarios descontentos eran sus peores enemigos".

Littlepage también escribió que su experiencia personal confirmaba la declaración oficial en el sentido de que una gran conspiración dirigida desde el extranjero utilizaba el sabotaje industrial como parte central de sus proyectos para derrocar al gobierno. En 1931 Littlepage ya se había sentido obligado a tomar nota de esto, mientras trabajaba en las minas de cobre y bronce de los Urales y Kazajistán. Las minas formaban parte de un gran complejo del cobre/ bronce bajo la dirección de Pyatakov, Vice-comisario del Pueblo para la Industria Pesada. Las minas se hallaban en un estado catastrófico en lo referente a la producción y el bienestar de los trabajadores. Littlepage llegó a la conclusión de que allí se había organizado un sabotaje, que había partido de la dirección superior del complejo del cobre/ bronce.

El libro de Littlepage también nos cuenta de dónde obtenía la oposición trotskista el dinero necesario para pagar toda esta actividad contrarrevolucionaria. Muchos miembros de la oposición secreta utilizaban sus cargos para aprobar la compra de maquinaria a ciertas fábricas del extranjero. Los productos aprobados eran de calidad muy inferior al precio que el gobierno soviético pagaba por ellos. Los fabricantes extranjeros concedían las ganancias extra de dichas transacciones a la organización de Trotsky, y en consecuencia Trotsky y sus colaboradores en la Unión Soviética seguían haciendo pedidos a dichos fabricantes.

Robo y corrupción

Este procedimiento fue observado por Littlepage en Berlín en la primavera de 1931, cuando compraba montacargas industriales para las minas. La delegación soviética estaba encabezada por Pyatakov, con Littlepage como especialista responsable de verificar la calidad de los montacargas y de aprobar la compra. Littlepage descubrió un fraude que implicaba la adquisición de montacargas de baja calidad, inútiles para los objetivos soviéticos, pero cuando informó a Pyatakov y a otros miembros de la delegación soviética de este hecho, se encontró con una fría respuesta, como si quisieran pasar por alto tales hechos, e insistieron en que debía aprobar la compra de los montacargas. Littlepage se negó a hacerlo. En aquel momento pensó que lo que ocurría era simplemente un caso de corrupción personal, y que los miembros de la delegación habían sido sobornados por los fabricantes de los montacargas. Pero posteriormente Pyatakov, durante los Juicios Públicos de 1937, confesó sus lazos con la oposición trotskista, lo cual llevó a Littlepage a la conclusión de que lo que había visto en Berlín era mucho más que un caso de corrupción a nivel personal. El dinero obtenido se utilizaba para subvencionar las actividades de la oposición secreta en la Unión Soviética, actividades que incluían el sabotaje, el terrorismo, el soborno y la propaganda.

Zinoviev, Kamenev, Pyatakov, Radek, Tomsky, Bujarin y otros muchos dirigentes muy apreciados por la prensa occidental burguesa utilizaron los cargos que les habían sido confiados por el pueblo y el partido soviéticos para robar el dinero del estado, para permitir que los enemigos del socialismo usaran aquel dinero con objetivos de sabotaje y en su lucha contra la sociedad socialista de la Unión Soviética.

Proyectos para un golpe de estado



El robo, el sabotaje y la corrupción son delitos graves en sí mismos, pero las actividades de la oposición fueron mucho más lejos. Se estaba preparando una conspiración contrarrevolucionaria dirigida contra el poder estatal, el cual sería asumido mediante un golpe de estado en el que se eliminaría a toda la dirección soviética, comenzando por el asesinato de los miembros más importantes del Comité Central del Partido Comunista. El aspecto militar del golpe sería llevado a cabo por un grupo de generales encabezados por el mariscal Tukhachevsky.

Según Isaac Deutscher, un trotskista que escribió varios libros en contra de Stalin y de la Unión Soviética, el golpe debía haberse iniciado con una operación militar contra el Kremlin y las tropas más importantes acuarteladas en las grandes ciudades, como Moscú y Leningrado. La conspiración estaba encabezada, según Deutscher, por Tukhachevsky junto con Gamarnik, jefe del comisariado político del ejército, el General Yakir, comandante de Leningrado, el General Uborevich, comandante de la academia militar de Moscú, y el General Primakov, un comandante de la caballería.

El mariscal Tukhachevsky había sido oficial en el antiguo ejército Zarista y, después de la revolución, se había alistado en el Ejército Rojo. En 1930 casi el 10 % de los oficiales (cerca de 4.500) eran antiguos oficiales zaristas. Muchos de ellos nunca abandonaron su ideología burguesa y solamente esperaban una oportunidad para luchar por ella. Esta oportunidad surgió cuando la oposición preparó su golpe de estado.

Los bolcheviques eran fuertes, pero los conspiradores civiles y militares procuraron conseguir el apoyo de amigos poderosos. Según la confesión de Bujarin durante su juicio público en 1938, se alcanzó un acuerdo entre la oposición trotskista y la Alemania nazi, en virtud del cual grandes territorios de la URSS, incluyendo Ucrania, serían cedidos a la Alemania nazi después del golpe contrarrevolucionario en la Unión Soviética. Éste era el precio exigido por la Alemania nazi a cambio de su promesa de apoyo a los contrarrevolucionarios. Bujarin fue informado de este acuerdo por Radek, que había recibido una orden del propio Trotsky sobre el asunto. Todos estos conspiradores, que habían sido elegidos para ocupar altos cargos con el fin de conducir, administrar y defender la sociedad socialista, en realidad trabajaban para destruir el socialismo. Por si fuera poco, es necesario recordar que todo esto ocurría en los años 1930, cuando el peligro nazi crecía constantemente, y los ejércitos nazis incendiaban Europa y se disponían a invadir la Unión Soviética.

Los conspiradores fueron condenados a muerte por traición después de un juicio público. Los que fueron declarados culpables de sabotaje, terrorismo, corrupción, tentativa de asesinato, y quienes habían querido entregar una parte del país a los nazis, no podían esperar otra cosa. Llamarles “víctimas inocentes” es una completa equivocación.

Muchas más mentiras

Es interesante ver cómo la propaganda occidental, a través de Robert Conquest, ha mentido sobre "las purgas" del Ejército Rojo. Conquest dice en su libro The Great Terror [El Gran Terror] que en 1937 había 70.000 oficiales y comisarios políticos en el Ejército Rojo, y que el 50 % de ellos (esto es, 15.000 oficiales y 20.000 comisarios) fueron detenidos por la policía política y ejecutados o encarcelados de por vida en campos de trabajo. En esta afirmación de Conquest, como en su libro entero, no hay un solo ápice de verdad. 

El historiador Roger Reese, en su obra The Red Army and the Great Purges [El Ejército Rojo y las Grandes Purgas], da cuenta de los hechos que muestran la verdadera incidencia de "las purgas" de 1937-38 en el ejército. El número de personas al mando del Ejército Rojo y la fuerza aérea, esto es, de oficiales y comisarios políticos, era de 144.300 en 1937, y ascendía a 282.300 en 1939. Durante "las purgas" de 1937-38, 34.300 oficiales y comisarios políticos fueron expulsados por motivos políticos. En mayo de 1940, sin embargo, 11.596 ya habían sido rehabilitados y restablecidos en sus puestos. Esto significa que durante "las purgas" de 1937-38, 22.705 oficiales y comisarios políticos fueron despedidos (cerca de 13.000 oficiales del ejército, 4.700 oficiales de la fuerza aérea y 5.000 comisarios políticos), lo cual asciende al 7,7 % de todos los oficiales y comisarios, no el 50 % como afirma Conquest. De este 7,7% algunos fueron condenados por traición, pero la gran mayoría de ellos, según consta en el material histórico disponible, simplemente fueron devueltos a la vida civil.

Una última cuestión: ¿los Procesos de 1937-38 fueron justos para los acusados?

Examinemos, por ejemplo, el juicio de Bujarin, el funcionario más alto del partido que trabajó en secreto para la oposición. Según el entonces embajador americano en Moscú, un conocido abogado llamado Joseph Davies, que asistió al juicio de principio a fin, a Bujarin se le permitió hablar libremente a lo largo de todo el juicio y presentar su defensa sin impedimentos de ningún tipo. Joseph Davies escribió a Washington que durante el Juicio se había demostrado que el acusado era culpable de los crímenes que se le imputaban, y que la opinión general entre los diplomáticos que asistieron al juicio era que se había demostrado la existencia de una conspiración muy seria.

Aprendamos de la historia

La discusión sobre el sistema penal soviético durante la época de Stalin, sobre el cual se han escrito miles de artículos y libros llenos de mentiras, y se han hecho cientos de películas sobre la base de falsedades y mitos, conduce a importantes lecciones. 

Los hechos demuestran una vez más que las historias publicadas sobre el socialismo en la prensa burguesa son en su mayor parte falsas. Las fuerzas de la derecha pueden, a través de la prensa, la radio y la TV bajo su dominio, crear confusión, distorsionar la realidad y hacer que muchas personas crean que la mentira es verdadera. Esto es cierto sobre todo en lo concerniente a las cuestiones históricas. Cualesquiera nuevas historias contadas por la derecha deberían considerarse falsas mientras no se demuestre lo contrario. Este acercamiento cauteloso está plenamente justificado. El hecho es que, incluso tras la publicación de los informes de la investigación rusa, la derecha ha seguido reproduciendo la mentira propagada durante los últimos 50 años, aun cuando dicha mentira haya sido completamente desenmascarada. La derecha continúa con su herencia histórica: una mentira muchas veces repetida termina siendo aceptada como verdad. Después de que los informes de la investigación rusa se publicaran en occidente, comenzaron a aparecer una serie de libros en diferentes países, dirigidos únicamente a poner en duda la investigación rusa y a presentar las viejas mentiras al público como si fueran verdades nuevas. Se trata de libros astutamente preparados, llenos desde la primera a la última página de mentiras sobre el comunismo y el socialismo.

Las mentiras de la derecha se repiten para combatir a los comunistas de hoy. 

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Los mismos embustes de antaño se reproducen una vez más para que los trabajadores no vean ninguna alternativa al capitalismo y el neoliberalismo. Forman parte de la guerra sucia contra los comunistas, que sólo tienen una alternativa que ofrecer para el futuro, esto es, la sociedad socialista. Ésta es la razón de que aparezcan todos estos libros nuevos que contienen las mismas viejas mentiras.

Todo esto impone una obligación a todo aquél que tenga una perspectiva socialista e internacionalista de la historia. 

¡Debemos aceptar la responsabilidad de trabajar para convertir a los periódicos comunistas en auténticos periódicos de la clase obrera, capaces de combatir las mentiras burguesas! 

Ésta es sin duda una misión importante en la actual lucha de clases, que en el futuro próximo resurgirá con fuerza renovada.

Nota:

* Este escrito fue redactado por Mario Sousa el 15 de junio de 1998, en plena contrarrevolución soviética, con las agencias de prensa y burguesía rusa en un desaforado ataque contra la historia de la URSS.

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