15 de marzo de 2019

Venezuela, 5 datos actuales luego del ataque eléctrico



Por Misión Verdad.

1. A las 17:42 de Caracas, 11 de marzo de 2019, el ministro de Comunicación Jorge Rodríguez informó que "faltan pocas horas para tener una victoria definitiva contra el ataque eléctrico". Luego de anunciar un nuevo día no laborable para este martes, el ministro denunció el total de cinco ataques contra el sistema eléctrico de Venezuela en los últimos días, como las explosiones registradas en un trasformador de Terrazas del Club Hípico en Caracas, y el incendio en una subestación Eléctrica de Acarigua. Rodríguez pidió a la población que tomara medidas de ahorro de energía, como no dejar prendidas bombillas y no usar aires acondicionados por debajo de los 22 grados, para consolidar el restablecimiento del sistema. En esta tarde del lunes se estima que la luz ha regresado, con limitaciones y algunos cortes, en 19 de los 23 estados del país. Solo faltan los estados de Lara, Zulia, Mérida y Portuguesa.

2. En horas del mediodía, la Asamblea Nacional en desacato emitió un decreto sin validez jurídica, donde, nuevamente, culpó al Gobierno Bolivariano de la crisis del sistema eléctrico, y llamó a la policía a dejar que las personas protesten contra la "calamidad pública" provocada por el ataque. Así decretó un "estado de excepción" que en la vía de la retórica anticonstitucional de la AN abre la invocación de figuras jurídicas como el pedido de intervención bajo el artículo 187. En sintonía con la convocatoria a una nueva movilización para este martes, Guaidó publicó un tuit avalando una serie de saqueos registrados en Maracaibo y Maturín. Desde el sábado, el autoproclamado intenta aprovechar la acumulación de días de desgaste, producto de la afectación al sistema eléctrico, para que se registren protestas violentas que reanimen su figura en el debate nacional e internacional sobre Venezuela, proyectando la existencia de una "crisis humanitaria".

3. En esta tónica, medios como El Nacional publicaron notas con títulos por demás elocuentes como: "Apagón en Venezuela: los saqueos y desesperación tras cinco días a oscuras". Lo que perfila la estrategia antichavista de sobreexplotar los puntos débiles del sistema eléctrico, afectado por el ataque, para alargar el efecto dañino a la cotidianidad y tratar de capitalizar sus consecuencias en la calle. Desde el inicio del sabotaje, el antichavismo ha buscado instalar la idea de muertes masivas en los hospitales y una situación caótica en el país. El saldo de este lunes 11M muestra cómo el sabotaje estuvo diseñado para generar un efecto cascada en la geografía del país que posibilitara un escenario de precarización en el transcurso de los días, según se puede comprender con la agenda de calle convocada por Guaidó. En ese sentido, la repentina convocatoria a una marcha este martes revela la desesperación por no perder este moméntum, nuevamente, generado a punta de golpes de mano y ataques de carácter militar.

4. De forma evidente, el plan de contingencia en los hospitales, al instalar plantas eléctricas y trasportar pacientes en peligro, le ha quitado fuerza a la matriz de opinión de una mortandad en los hospitales públicos. Se espera que en las próximas horas suceda lo mismo en cuanto a la repartición de cajas CLAP y distribución de agua en las zonas geográficas con mayor afectación por el ataque. En ese sentido, de la efectividad de estas medidas depende que aumenten, o se reduzcan, las condiciones objetivas para que el antichavismo movilice un descontento por la situación derivada por el ataque (sobre todo en lo referido al suministro de agua). La semana pasada, el medio financiero Bloomberg publicó una nota donde hizo referencia a la orden dada por Washington a Guaidó para que regresara a Venezuela y no perdiera su moméntum. De forma evidente, éste depende de precarizar las condiciones de vida de los venezolanos para forzarlos a plegarse a su agenda.

5. Esta foto muestra un chavismo en ofensiva para consolidar tanto la estabilización del sistema, como la normalización de la situación en las calles. El domingo, el ministro de defensa Vladimir Padrino López calificó este ataque como "certero y artero", lo cual revela una magnitud inédita que en el trascurso de los días seguirá mostrando su verdadera dimensión. En ese sentido, la progresiva normalización del país pone como eje en disputa la posibilidad de que los venezolanos continúen con su vida diaria. El antichavismo por su lado pretende imponer una parálisis total del país por la vía de la fuerza (embargo, sabotaje, etc.), y contra eso es que se enfrenta el gobierno venezolano y el chavismo. El saldo del lunes es por demás positivo en tanto y en cuanto se tiende a que solo cuatro estados del país siguen afectados por dicho ataque, aún en vías de restauración del sistema.



Video TeleSUR

Los expertos Fernando Giuliani y Marco Teruggi, explicaron las causas y consecuencias del ataque al sistema eléctrico de Venezuela. En palabras de Teruggi, se libra en el país una disputa por probar quién es el responsable del apagón. Para Giuliani, sus efectos se sienten en distintos frentes, el económico y en de la vida cotidiana. Ambos señalaron que el fin último es derrocar al presidente constitucional Nicolás Maduro. Ya para ello, agregó el psicólogo social, se pretende, en el marco de una guerra no convencional, "crear un estado de conmoción interna, eso es clave, que halla un estado de ingobernabilidad, de manera que se siga sumando al expediente de un Estado forajido, fallido", pero eso no ha ocurrido.



Fuente original:
Recogido por Cuba Información
http://www.cubainformacion.tv/index.php/america-latina/80895-ique-pasa-en-venezuela-5-datos-actuales-luego-del-ataque-electrico

"Como corresponsal en Siria y Venezuela he sido testigo de hechos muy similares"

Por Cuba Información.

Desde la verdad y la honestidad.











"El escenario de guerra está cruzando el océano", confiesa a Cubainformación TV, desde La Habana, Miguel Fernández Martínez, periodista cubano y corresponsal de guerra en Siria para Prensa Latina durante años, al referirse al intento de asfixia y ocupación de Venezuela.

Fernández, que durante años fue el único corresponsal de un país occidental en Siria, pasó más tarde a Venezuela, donde -le decían en broma- viviría "unas vacaciones". Sin embargo, nada más llegar a Caracas se desencadenó la violencia de las llamadas guarimbas de la oposición, que no ha cesado en su apuesta por entregar el país a la élite de EEUU.

Hoy es el corresponsal acreditado de la agencia rusa Sputnik en La Habana, de la que nos habla.

En una profunda entrevista nos relata pasajes de su vivencia en la guerra de Siria, las atrocidades de los supuestos "rebeldes" apadrinados por EEUU y la Unión Europea, y reflexiona sobre las mentiras y el papel de los medios de comunicación en la justificación de las guerras y las intervenciones.




Equipo de grabación y fotografías en La Habana: José Manzaneda, Miguel Ángel Díaz Catalá, Patricia Moncada. 
Apoyo logístico: ICAP. 
Edición: Endika Alonso.


Fuente original:
http://www.cubainformacion.tv/index.php/america-latina/80902-como-corresponsal-en-siria-y-venezuela-he-sido-testigo-de-hechos-muy-similaresa


12 de marzo de 2019

El sábado en el Ateneo de Madrid, ciclo Obras Maestras del Cine Soviético, La Madre de Pudovkin


Vsevolod Pudovkin es un nombre clave en la historia del cine, junto a Eisenstein. 

En 1925 en la URSS, en el marco de las celebraciones del 20 aniversario de la Revolución de 1905, se desarrolló un proyecto para la realización de varias películas conmemorativas de los eventos acaecidos aquel año. Se rodaron dos guiones: ‘Bronenósets Potyomkin (El Acorazado Potemkin)’, de Eisenstein y la película que nos ocupa: ‘Mat (La Madre)’, de Pudovkin. 

Sus protagonistas, desgranan cada personaje para volcar una convicción interpretativa muy profunda, en este caso la madre, avanzando junto al espectador en un viaje tras el cual logran una toma de conciencia total. Se pasa de la individualidad a la conciencia social. El personaje se funde con el colectivo reivindicativo o de lucha, con el pueblo trabajador, que se une para derrocar al opresor incluso a riesgo de morir. Después de tantos años desde la fecha de su estreno se mantiene como una obra referente del arte revolucionario.






Tiene valor que en una película de 1926 una mujer se convierta en líder de una revuelta, aunque sea de una forma más o menos circunstancial, pero la filmación adquiere más valor cuando previamente hemos visto cómo otra mujer es una de las líderes de la célula en la que está el hijo. No parece casual si recordamos que la Revolución Rusa se inició en febrero de 1917 precisamente con una movilización de obreras textiles que decidieron conmemorar el Día Internacional de la Mujer con una huelga. 

La historia es muy sencilla pero la manera de narrarla, roturando de forma poética e incisiva la acción, es una contínua búsqueda de sensaciones, logrando la unión perfectra de los personajes y el contenido del drama, por todo ello, es de obligado visionado para los estudiosos del séptimo arte.
 

10 de marzo de 2019

Stalin, protector de la República Española

Por Arturo del Villar


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   AUNQUE el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética presentó una faceta desconocida y negativa sobre el que fuera su líder, José Stalin, los republicanos españoles no podemos olvidar que fue el gran defensor de nuestra República. Lo hizo sin tener en cuenta el inicuo Pacto de No Intervención en la guerra española, suscrito por todas las naciones presuntamente democráticas, instigadas por el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, lo que se explica porque perdió el trono la reina Victoria Eugenia de Battenberg, pariente del monarca británico, y por la República Francesa, lo que sólo se explica por la inmensa cobardía de Léon Blum, jefe del Gobierno integrado entonces por el Frente Popular.

   Es cierto que también el presidente de los Estados Unidos de México, el general Lázaro Cárdenas, envió material bélico y sostuvo a las instituciones republicanas incluso después de perdida la guerra, pero es incomparable su potencial con el de la Unión Soviética. Veneramos su memoria, porque dio todo lo que tenía, y por eso cuenta con un monumento en Madrid, lo que no se ha hecho con Stalin.

   En este 66 aniversario de su muerte debemos recordar, siquiera abreviadamente, su trascendental papel en el sostenimiento de la guerra gracias a la colaboración soviética. Es verdad que la República fue derrotada, pero se debió a la intervención a favor de los militares monárquicos sublevados por los nazis alemanes, los fascistas italianos y los viriatos portugueses, más la contribución económica de la Iglesia catolicorromana, así como al Pacto de No Intervención y a la criminal actitud de la República Francesa, que retuvo en la frontera la ayuda soviética, impidiendo que entrara en su destino. 

   A Stalin en principio no debía importarle la suerte de la República burguesa Española, porque él lideraba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, sin ningún parecido. Sin embargo, fue el único líder europeo que comprendió la importancia de frenar el avance del nazifascismo, y puesto que actuaba en España con total impunidad y descaro a favor de los sublevados, decidió implicar a la Unión Soviética en la contienda.

    El 4 de agosto de 1936 los embajadores franceses en Europa iniciaron una campaña para promover un acuerdo de no intervención en la guerra española. El día 8 anunció el Gobierno de París el cierre de la frontera con España, y el cese de su colaboración con el Gobierno legítimo republicano. El día 15 lo hizo el Reino Unido. El Comité de No Intervención se reunió en Londres el 9 de setiembre y culminó la traición a la República Española, abandonada a su suerte. Como era de prever, Italia y Alemania continuaron los suministros de hombres y armamento a los rebeldes.
   
   Otra vileza de la República Francesa consistió en congelar los depósitos del Banco de España en el de Francia, que ascendían a 257 millones de pesetas en oro. Habían sido exportados en junio de 1931, ante la actuación agresiva de varios bancos estadounidenses contra la peseta. Utilizó como disculpa el Pacto de No Intervención en la guerra, y acabó entregándoselo a los vencedores. Muy cara pagó su cobardía la República Francesa, y muy merecida tenía la invasión de Alemania.

La ayuda soviética
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   También la Unión Soviética suscribió el Acuerdo de No Intervención, porque no pudo evitar su aprobación, pero actuó como si no existiera. Desde el primer momento encargó a la Komintern la organización de las Brigadas Internacionales, que reclutaron hombres y mujeres de 53 países para venir a combatir en apoyo de la República. Asimismo envió asesores del Ejército Rojo, para que transformasen las milicias desorganizadas en el eficiente Ejército Popular.

   Primordial fue el material de guerra que mandó a España, aviones, tanques, ametralladoras, bombas y municiones. Por desgracia, mucho fue hundido por los submarinos italianos en el Mediterráneo, y otra parte quedó confiscada en la frontera francesa por orden de Blum. Para la formación de los pilotos unos cientos de jóvenes republicanos se trasladaron a las escuelas de aviación soviéticas, en donde siguieron unos cursillos acelerados de entrenamiento. Esos aparatos eran los más modernos de la aviación mundial, y tuvieron un papel preponderante en el desarrollo de la guerra.

    Otros envíos no menos importantes fueron los alimentos y medicamentos, que los buques soviéticos hacían llegar a los puertos leales para paliar las carencias de abastecimientos propias de una economía de guerra. Además, la Unión Soviética acogió sin ninguna compensación a 2.895 niños españoles evacuados a consecuencia de la guerra, y llevó a 300 maestros españoles para que los educaran en su idioma natal, creando unos albergues especiales para ellos, con recuerdos de España. El deseo de Stalin era que se comportasen como si estuvieran en España, para que al concluir la guerra con la victoria de las fuerzas leales volvieran a la patria bien formados. Al sufrir la derrota el Ejército leal, la mayor parte de los niños permaneció en la Unión Soviética, en donde recibieron una educación universitaria según sus preferencias.
    
   La aceptación de los aviadores y de los niños por los ciudadanos soviéticos fue de camaradería, según han testimoniado repetidamente. Un rasgo a destacar es que los trabajadores soviéticos aprobaron en agosto de 1936 destinar un día de su salario para ayudar a sus compañeros españoles. Se recaudaron 14 millones de rublos, invertidos en la adquisición de material de guerra para la República.
                                                                             
Un testimonio irrefutable
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   Entre los muchos testimonios que corroboran la protección dada por Stalin a la República Española cabe destacar el proporcionado por el general de Aviación Ignacio Hidalgo de Cisneros, a quien el presidente del Gobierno, el doctor Juan Negrín, encomendó una misión diplomática especial como delegado suyo ante Stalin. Se trataba de conseguir que la Unión Soviética enviara masivamente material bélico para contener la ofensiva rebelde contra Catalunya. 
 
    El 7 de noviembre de 1938 Negrín mecanografió una carta en francés dirigida al mariscal Voroshilov, agradeciéndole la ayuda militar y financiera de la URSS a la República. El día 9 escribió una carta manuscrita, igualmente en francés, a Viacheslav Mijailovich Molotov, presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, para explicarle que la victoria de la República sobre los rebeldes evitaría una guerra mundial, y para ello solamente podía contar con la ayuda de la URSS, hasta entonces la única eficaz recibida.

   Concluyó la correspondencia el día 11, con una larga carta de cinco páginas en español, dirigida a “Mi distinguido camarada y gran amigo" José Stalin, “sabedor de que existen ahí perfectos traductores de mi idioma”. Se trata de un documento interesantísimo, porque ofrece un panorama de la situación política europea desde su punto de vista, en relación con el desarrollo de la guerra en España. Se halla reproducida en Guerra y revolución en España, 1936-1939, Moscú, Progreso, 1967, volumen IV, tras la página 328. Agradecía la ayuda que la Unión Soviética estaba facilitando a la República, imprescindible para su pervivencia, debido al empeño personal del destinatario de la carta:

   Yo quiero frenar mi pluma y no decir nada que pueda parecer halago a su persona o signo de reconocimiento surgidos, uno y otro, de una gratitud bien motivada. Mas no puedo callar que sin el interés que V. ha puesto en  nuestra lucha ya hace mucho tiempo que habríamos sucumbido y que el porvenir y la suerte de la Libertad y de la Democracia y con ellas de mi Patria se habría ya jugado y perdido irremisiblemente.

   Hizo una profecía que se cumplió exactamente, ya que la derrota de la República en la primavera fue seguida de la guerra en Europa en verano:

   Si en España fuéramos derrotados dudo que el verano del año 1939 transcurra sin estallar un conflicto general. A no ser que Francia e Inglaterra estén dispuestas a tolerar y transigir con todas las exigencias y humillaciones del bloque nazi-fascista, prestándose así al hundimiento definitivo de estas dos potencias.

   Naturalmente, la amplia exposición tenía como finalidad solicitar un incremento de la ayuda soviética a la República, ya que era el único país que se la concedía, como si no se estuviera combatiendo en España por la libertad. Presentaba así a su portador:

   Ahora bien por los informes verbales que ha de transmitir el General Hidalgo de Cisneros, podrá apreciar su Gobierno el carácter decisivo que la rápida resolución de las peticiones de que adjunto copias puede tener sobre el resultado de la guerra.

   Pocos días después salió para Moscú el general Hidalgo de Cisneros, con su mujer, Constancia de la Mora y Maura, familiarmente conocida por Connie, y su ayudante, el coronel Arnal. No está clara la fecha de su llegada, que algunos historiadores retrasan hasta el mes de diciembre. Sin embargo, parece lo más probable que llegasen el 25 de noviembre, y esa misma tarde Hidalgo se entrevistó con el mariscal Voroshilov, a quien entregó las tres cartas.

Audiencia con Stalin

     A la tarde siguiente fue recibido en audiencia muy especial por Stalin, a quien acompañaban Voroshilov y Molotov. Le expuso la situación del conflicto, que Stalin conocía por sus informadores, y le encareció la urgencia de atender la lista de peticiones elaborada por el doctor Negrín, que era enorme: 250 aviones, 250 tanques, 650 piezas de artillería y cuatro mil ametralladoras. Hizo hincapié en que de su rápida recepción dependía la suerte de la guerra, ante el continuado rearme de los sublevados por parte de sus protectores alemanes e italianos.
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   Stalin dio su conformidad, pero Voroshilov le preguntó cómo pensaba pagar tan enorme pedido, valorado en ciento tres millones de dólares, porque el oro enviado desde el Banco de España para la adquisición de material bélico se había agotado hacía tiempo, y la República debía ya cien mil dólares a la URSS de las últimas remesas. Las 500 toneladas de oro procedentes del Banco de España fueron depositadas para su custodia en el Banco del Estado de la Unión Soviética, con el fin de pagar las compras del Gobierno legítimo en el extranjero. Aquel oro no estaba destinado únicamente al pago del armamento soviético, según suele alegarse, sino a todos los pagos que se hicieran a cualquier país. 
 
   No contaba con esta circunstancia negativa Hidalgo de Cisneros, porque nada le previno Negrín, pero Stalin le aseguró que se arreglaría, y le propuso que visitase al día siguiente a Anastas Mikoyan, comisario del Pueblo para el Comercio. Mientras tanto, ordenó que fuera un automóvil a recoger en el hotel a Connie, porque invitaba a cenar a los cuatro en privado. Recordó el general en sus memorias, Cambio de rumbo (Bucarest, sin editor, dos volúmenes, 1961 y 1964) la cordialidad de aquella cena, en la que el máximo dirigente de la Unión Soviética se comportó como un solícito anfitrión, enseñando a Connie a trinchar un pescado. Además encargó que se sirvieran varias clases de vinos soviéticos, porque pretendía demostrar que eran mejores que los españoles.

   Al día siguiente visitó a Mikoyan. Es de suponer que acudiera muy preocupado, al conocer el déficit de la República, pero el comisario de Comercio le tranquilizó, al decirle que estaba dispuesto a conceder un empréstito de cien millones de dólares a la República Española, solamente con la garantía de su firma. En sus memorias comentó que este dato le hizo comprender que la Unión Soviética mantenía el decidido propósito de ayudar al Ejército leal a ganar la guerra. Y añadió que era comprensible el entusiasmo con el que hablaba de la generosidad y el desinterés mostrado por la URSS respecto a la burguesa República Española, con la que no tenía otro lazo que el común amor a la democracia.

La última traición de Francia
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 El matrimonio regresó a Barcelona, mientras el ayudante de Ignacio, el coronel Arnal, se trasladaba al puerto de Murmansk para supervisar la carga de siete buques mercantes, en los que se embarcó el primer envío de material. Discrepan los historiadores en cuanto a su número; parece probable que se trataba de 174 aviones de varios tipos, motores y recambios; 40 tanques, tres mil ametralladoras y fusiles ametralladores, antitanques, obuses, cañones, lanchas torpederas, y millón y medio de municiones de varios calibres.

   El transporte se consignó al puerto francés de Burdeos, para evitar la acción de los submarinos nazis y fascistas, que hundían a todos los barcos sospechosos de llevar mercancías a puertos españoles: algo de lo que tampoco se enteraban los firmantes del Acuerdo de No Intervención. Llegó el 15 de enero de 1939, cuando se libraba la batalla por la defensa  de Barcelona. Una vez más la República Francesa demostró su cobardía, y retuvo el cargamento, sin permitir que atravesara la frontera, alegando el cumplimiento del perverso Acuerdo. De haberse podido utilizar ese material, la suerte de la guerra habría cambiado radicalmente. El día 26 cayó Barcelona, y la guerra dio un giro profundo a la derecha.
   
 Debemos meditar en el comentario que hace Hidalgo de Cisneros respecto a la entrevista con Stalin. Propone esta reflexión en el segundo volumen de sus memorias, página 246:

   Tales son mis impresiones de aquella entrevista, como las he conservado en mi  memoria. No pretendo haber hecho una semblanza de los dirigentes soviéticos que participaron en ella y que con tanto afecto y sencillez me trataron. […] Sin embargo, quiero repetir aquí mi convicción de que el comportamiento de la Unión Soviética para con la República Española durante nuestra guerra fue de plena solidaridad y apoyo. La cordialidad con que fui tratado no se debía, naturalmente, a mi persona, ni a que me llamase Hidalgo de Cisneros. Los líderes soviéticos me acogieron con el máximo cariño que el pueblo de la Unión Soviética testimoniaba por doquier al pueblo español y a su causa. 

   Hay muchos historiadores que debieran meditar sobre estas palabras, y ningún español de izquierdas tendría que olvidarlas. Los líderes soviéticos siguieron las instrucciones de Stalin, decidido partidario de salvar a la República Española de sus enemigos de dentro y de fuera. A él hay que agradecerle, como es lógico, la colaboración prestada.
    
Las decisiones de Stalin a lo largo de su mandato fueron múltiples, y era inevitable que cometiese algunos errores, sobre todo en la dificilísima coyuntura histórica que le tocó sufrir: primero tuvo que terminar la guerra civil, y después derrotar al invasor nazi en la conocida como Gran Guerra Patria. El pueblo soviético le veneraba con tanto fervor como a Lenin. Y en cualquier caso, a todos los defensores de la República Española, sea cual fuere la filiación política, lo que debe importarnos es que mantuvo su compromiso de ayudar al pueblo español por todos los medios contra la agresión nazifascista. Eso es incuestionable, por mucho que les pese a quienes siempre están queriendo reescribir la historia.



ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

EL MITO DEL GULAG

Por R. Andreu.

La imagen actual de Stalin y de su etapa al frente de la URSS ha sido objeto de una deformación sistemática, primero a iniciativa de la propaganda hitleriana y luego al amparo de la guerra fría. Indudablemente esa campaña, por más que se haya probado su inconsistencia y absoluta falta de rigor histórico, ha calado: Stalin es hoy sinónimo de terror, persecución, genocidio y campos de trabajo.

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No cabe duda: la burguesía tiene pánico a Stalin y ese temor nos lo transmite a diario por todos los medios de intoxicación. Las razones son obvias: el movimiento comunista internacional alcanzó su fase de máxima pujanza precisamente bajo Stalin; la situación llegó a ser tan crítica para el imperialismo que realmente llegaron a temer su desplome. Había que hacer algo, borrar la imagen gloriosa de la Revolución de Octubre y de los bolcheviques e imponer una nueva imagen de diseño, plagada de tergiversaciones, mentiras y falsificaciones históricas de lo más burdas.

Los imperialistas nos insistieron durante décadas que la apertura de los archivos secretos del KGB demostraría sus afirmaciones; Gorbachov ordenó abrir esos archivos en 1989 y los primeros informes completos con las conclusiones se publicaron en 1993. Estas conclusiones no han tenido el eco mediático que merecían, sin duda porque refutan plenamente la campaña intoxicadora que hemos padecido durante tantos años.

EL PROCESO CONTRA DIMITROV

La primera campaña propagandística contra la URSS y el movimiento comunista internacional se inició con la quema del Reichstag en 1933, nada más subir los nazis al poder en Alemania. Estaba perfectamente preparada: Dimitrov, dirigente de la Internacional Comunista, fue acusado del incendio y los nazis desataron un ofensiva publicitaria de dimensiones hasta entonces desconocidas. Hoy está probado que fueron los propios nazis quienes quemaron un Parlamento que ya no les servía para nada, pero la primera campaña de intoxicación demostró que la técnica funcionaba. El legendario Partido Comunista alemán fue perseguido, su secretario general Thälmann encarcelado junto con otros miles de camaradas que inauguraron los primeros campos de concentración y, como luego escribió Bertold Brecht (citando a Martin Niemöller), tras los comunistas fueron los antifascistas y, finalmente, los judíos y muchas otras víctimas del terror imperialista.

Era el primer ejemplo histórico de la nueva propaganda imperialista, basada en la estrecha unión de la policía política (la famosa Gestapo) y los medios de comunicación. Los nazis inventaron la figura del periodista-policía, una nueva estirpe de siniestros funcionarios al servicio de las más burdas mentiras. Göbbels resumió esta nueva técnica en una frase hoy conocida: Una mentira que se repite un millón de veces acaba convirtiéndose en una verdad. Pero nadie reconoce que los comunistas fueron los primeros en padecer la infamia sistemática de los nazis.

LOS TROSKISTAS SALEN A ESCENA

A aquella primera campaña de propaganda anticomunista le siguió otra, con la leyenda de un supuesto genocidio cometido en Ucrania contra los campesinos por la colectivización socialista. Según aquellas informaciones difundidas por la Gestapo, la colectivización habría supuesto una terrible catástrofe en la que millones de campesinos murieron de hambre.

La colectivización del campo, un episodio más de la lucha de clases bajo el socialismo en la URSS, como no podía ser de otra forma, corría paralela a una fuerte polémica -también otra más- en el interior del Partido bolchevique entre dos corrientes políticas opuestas. Triunfó la línea marxista-leninista de continuar la construcción del socialismo que encabezaba Stalin, y las posiciones derrotistas y claudicadoras que bullían en su seno fueron depuradas y expulsadas del Partido.

La más conocida -pero no la más importante- de esas corrientes es la trotskista, un movimiento insignificante inflado hasta la saciedad por la propaganda imperialista. En realidad Trotski nunca formó parte del Partido bolchevique, hasta pocos días antes de la revolución, cuando en plena efervescencia del movimiento de masas, se incorporó -como tantos otros- a las filas bolcheviques a las que antes había combatido sin cesar.

Trotski fue admitido en la dirección del Partido y asumió importantes funciones tras la Revolución como responsable del Ejército Rojo, en el que tuvo que ser destituido después, tras sus reiterados fracasos en la dirección de la guerra con los contrarrevolucionarios. Fue sustituido en esa función por Stalin y a partir de ahí sus desvaríos no cesaron. A pesar de ello, los bolcheviques demostraron una paciencia más propia de los franciscanos que de los revolucionarios. Tuvo que ser destituido de la dirección del Partido, luego expulsado de él, luego expulsado de la URSS y, finalmente, ejecutado en México.

La burguesía imperialista siempre ha presentado esta lucha como una pugna personal por el poder entre Stalin y Trotski y no como un aspecto más de la lucha de clases contra la burguesía en el seno del Partido. Porque mientras Trotski volvió finalmente al lugar del que había salido, a las filas de la reacción, Stalin siguió también donde siempre había estado: entre los bolcheviques. Así que la inmensa mayoría del Partido estaba por un lado, y Stalin con él, mientras por el otro estaban Trotski y un reducido número de militantes que se podían contar con los dedos de las manos.

Por tanto, la fama de Trotski proviene de su obstinada lucha contra los bolcheviques, prolongada durante varias décadas, y del apoyo que a esa lucha le proporcionó la burguesía. Trotski proporcionó al imperialismo algo muy valioso que éste no tenía: información de primera mano, del mismo interior de las filas revolucionarias en las que se había infiltrado.

Esto dio un tono distinto a la campaña de infamias contra Stalin y el comunismo a través de un cúmulo de grupúsculos trotskistas que no eran más que el caballo de Troya del imperialismo camuflado entre algunos sectores estudiantiles o intelectuales. El nazismo nunca desperdició esta ayuda de los trotskistas en su guerra psicológica contra el movimiento comunista internacional. A su vez, los trotskistas se beneficiaron de los altavoces que el imperialismo les proporcionó en la prensa y la radio.

DE GÖBBELS A HEARST

La característica común de las dos primeras campañas de guerra psicológica es que, no obstante su amplitud, no trascendieron de las fronteras de la Alemania nazi, salvo un cierto eco en la prensa reaccionaria inglesa.

Es aquí donde surge la figura del magnate de la prensa amarilla estadounidense Hearst, que en 1934 viajó a Alemania, donde fue recibido por Hitler como invitado y amigo leal. A partir de entonces, comenzó a abrir espacios en sus periódicos para difundir artículos firmados por Göring. El descrédito y las presiones populares le obligaron rápidamente a suspender la difusión de tales artículos, pero continuó informando acerca de la URSS con materiales más refinados que la Gestapo le remitía directamente desde Berlín, alusivos a masacres, esclavitud, presidios, etc.

Entonces la noticia estrella era el genocidio en Ucrania a causa de las colectivizaciones, campaña iniciada el 18 de febrero de 1935 en el periódico sensacionalista de Hearst Chicago American. A través de Hearst la Gestapo avanzó las primeras cifras: 6 millones de muertos por hambre en Ucrania.

¿Qué hay de cierto en ello?

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«Cada cocinera debe aprender a gobernar el estado». Lenin.

Ucrania era conocido como el granero de Europa, un país agrícola muy rico, ambicionado por Alemania y otras potencias imperialistas rivales como despensa alimenticia en sus preparativos de guerra. Cuando en 1935 el PCUS promovió la colectivización, 120 millones de campesinos pobres se levantaron contra los kulaks, unos 10 millones de terratenientes que a través de los koljoses se habían enriquecido con el socialismo.

Se abrió un periodo de fuertes luchas en el campo, en toda la URSS. Los kulaks reaccionaron armándose y creando bandas que asaltaban a los campesinos pobres, incendiaban los graneros y destruían las cosechas. Surgió la escasez de grano y el hambre, lo que finalmente desembocó en epidemias, un fenómeno muy común en aquella época, ya que la penicilina no se inventó hasta la segunda mitad de los años cuarenta. Por ejemplo, en Europa occidental una epidemia de la llamada gripe española causó 20 millones de muertos entre 1918 y 1920.

La colectivización, por tanto, no causó ningún estrago especial entre la población ucraniana, más que la propia del aplastamiento de la reacción kulak. Por el contrario, fue la colectivización la que permitió el aprovisionamiento del Ejército Rojo y de los obreros soviéticos en la guerra mundial que estallaría sólo seis años después. En la guerra mundial, los kulaks supervivientes de la colectivización volvieron a Ucrania y colaboraron en la invasión nazi, privatizando las tierras de nuevo y asesinando a los campesinos por millones. Pero de estas matanzas nada ha difundido el imperialismo.

ROBERT CONQUEST TOMA EL RELEVO DE LA GESTAPO

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La guerra mundial no acabó con la URSS como pretendieron las grandes potencias imperialistas. Por el contrario, el socialismo salió reforzado de la misma, obligando a una nueva ofensiva de guerra psicológica para encubrir su tremendo fracaso. Incapaces de derrotar por la guerra al socialismo, desataron una forma singular de agresión permanente y larvada: la guerra fría.

En Estados Unidos el senador McCarthy inició una violenta campaña de persecución contra los comunistas y cualquier asomo de movimiento progresista que acabó extendiendo por todo el mundo como una fiebre de histeria. Desempolvaron los viejos argumentos de la Gestapo y Hearst. En 1953, financiado por los exiliados ucranianos en Estados Unidos, se publicó el libro Los sucesos negros del Kremlin (1) en el que se inventaban toda una serie de matanzas truculentas en la URSS.

Pero el personajillo que se especializaría en esta tarea fue Robert Conquest, ex-agente de la policía británica elevado unos años más tarde a profesor de la Universidad de Stanford en California, que escribió en 1969 El gran terror y en 1986 Cosecha de amarguras (2). Aquel mismo año escribió por encargo de Reagan un libro inolvidable cuyo título lo dice todo acerca de su talla universitaria: ¿Qué hacer cuando los rusos vengan? Manual de supervivencia.

La fuente de información de Conquest eran los kulaks ucranianos que habían colaborado con el Ejército hitleriano en la ocupación de la URSS y que los Estados Unidos acogieron después como exiliados políticos. La mayor parte de esos ucranianos eran criminales de guerra, como Mykola Lebed, jefe de seguridad en Lvov durante la ocupación nazi que colaboró en la persecución contra los judíos en aquella ciudad en 1942. En 1949 Estados Unidos le acogió como desinformador y comenzó a trabajar para la CIA.

Las siniestras conexiones de Conquest no fueron conocidas hasta que el periódico británico The Guardian las desveló en un artículo publicado el 27 de enero de 1978. Los servicios secretos ingleses habían creado en 1947 para la guerra fría un departamento especial dedicado en exclusiva a la intoxicación periodística que se llamaba IRD (Information Research Department), aunque su nombre originario era también bastante ilustrativo: Communist Information Department. Su tarea era combatir la influencia comunista entre el proletariado británico con noticias e informaciones inventadas, por medio de contactos en las redacciones de los periódicos y en las emisoras de radio, comprando noticias, sobornando a los periodistas, etc. Cuando en 1977 se disolvió por sus escandalosos contactos con los fascistas británicos, se comprobó que unos 100 periodistas conocidos de la prensa, radio y la televisión cobraban de sus presupuestos y que regularmente recibían informes para su difusión.

Conquest fue agente del IRD desde los comienzos hasta 1956 y su tarea era escribir noticias siniestras de la URSS para difundirlas en la prensa y la radio. Su libro El gran terror no es más que una recopilación de los artículos sensacionalistas que como agente del IRD escribió durante años sobre la URSS. Una tercera parte de los libros fueron comprados por la editorial Praeger que es la que habitualmente distribuye los libros de intoxicación de la CIA. Y por su libro Cosecha de amargura Conquest cobró 80.000 dólares de los exiliados fascistas ucranianos.

LAS CIFRAS DEL GULAG

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 "Los pueblos del mundo no quieren repetir las calamidades de la guerra" Stalin.

Según Conquest (y tras él toda la propaganda imperialista) los bolcheviques mataron a 26 millones de personas, con el siguiente desglose: 12 millones de presos ejecutados entre 1930 y 1953 y otros 14 millones muertos de hambre en la década de los años veinte. También siguiendo sus cálculos, en 1950 había de 25 a 30 millones de presos en los campos de trabajo soviéticos, de los que 12 de ellos eran presos políticos, o sea contrarrevolucionarios. Añade que en las depuraciones de 1936 a 1939 fueron ejecutadas un millón de personas y otros dos millones murieron de hambre. El resultado de estas depuraciones serían 9 millones de presos políticos y 3 millones de muertos.

Soljenitsin, un fascista-zarista que recibió el Premio Nobel de Literatura (3) en pago a sus servicios, infló todavía más las cifras de Conquest. Según él, los bolcheviques mataron a 110 millones de personas: 44 millones en la II Guerra Mundial y otros 66 millones desde la colectivización hasta la muerte de Stalin en 1953. Finalmente, calculaba que en 1953 en los campos de trabajo había 25 millones de presos.

Estas son las cifras que luego la prensa imperialista ha reproducido millones de veces por todo el mundo, por supuesto de fuentes fidedignas.

LOS ARCHIVOS DE LA KGB

Naturalmente, las conclusiones de la apertura de los archivos secretos por Gorbachov en 1993 no han recibido la misma dimensión informativa y sólo han alcanzado a las publicaciones científicas restringidas. Las conclusiones del estudio se han compendiado en 9.000 páginas redactadas por tres académicos rusos (Zemskov, Dougin y Xlevnjuk) nada sospechosos de simpatías stalinistas. Estas conclusiones han sido reproducidas también por Nicolas Werth del CNRS (Instituto Francés de Investigaciones Científicas) en la revista L'Histoire en setiembre de 1993, y por J. Arch Getty profesor de Historia de la Universidad de River Side en California en la revista American Historical Review.

Todos los informes académicos son unánimes en desmentir la campaña tergiversadora.

En la URSS en 1940 existían 53 campos y 425 colonias de trabajo, los famosos gulags. Se diferenciaban porque las colonias eran más pequeñas y con un régimen penitenciario más relajado que los campos y a ellas se destinaban los presos con condenas más reducidas. En los campos y colonias los presos no estaban recluidos en espacios cerrados sino que trabajaban y cobraban el mismo sueldo que los demás trabajadores, sobre la base del principio de que los presos no podían resultar una carga para la sociedad. Trabajaban durante su jornada laboral (7 horas diarias) y luego debían recluirse en los recintos cerrados y custodiados. En la URSS no había cárceles como las que conocemos aquí, en las que impera la ociosidad: trabajar era una obligación para todos, y no un derecho. Imperaba el conocido principio general de que quien no trabaja no come.

En 1939 en los campos y colonias había un total de 2 millones de presos, de los que 454.000 eran contrarrevolucionarios. De ellos murieron 160.000 por causas diversas, especialmente epidemias, enfermedades contagiosas y falta de medicinas. Después de la guerra, en 1950, el número de contrarrevolucionarios presos subió a 578.000, pero el porcentaje de presos que en total purgaban sus condenas nunca pasó del 2'4 por ciento de la población adulta de aquella época.

¿Qué significan estas cifras? Hagamos comparaciones...

En Estados Unidos hoy viven 252 millones de personas y hay 5'5 millones de presos en total, es decir, un 2'8 por ciento de la población adulta. Más que en la URSS de la época de Stalin. Y Estados Unidos ni padece un levantamiento armado de las proporciones de la guerra civil en la URSS, ni tampoco la amenaza exterior de ninguna potencia. Por el contrario, la URSS surge de una guerra mundial, padece una guerra civil, una invasión exterior de las grandes potencias, un sabotaje permanente de espías y contrarrevolucionarios y, finalmente, una nueva guerra mundial. A pesar de ello, el número total de presos era inferior al actual en Estados Unidos.

En cuanto a las muertes en los campos y colonias de trabajo, los porcentajes van del 5'2 por ciento en 1934 al 0'3 por ciento en 1953, lo que hace un total aproximado de un millón de presos, la mitad de ellos en el periodo de 1934 a 1939, y siempre por causas involuntarias, como se demostró al difundirse tras la II Guerra Mundial el uso de antibióticos, que redujo notablemente el volumen de fallecimientos.

En la URSS existió la pena de muerte, que se ejecutaba sólo en los casos más graves de levantamientos armados contra el socialismo. Dimitri Volkogonov, nombrado por Yeltsin jefe de los antiguos archivos soviéticos, ha calculado en 30.514 el número de fusilados entre 1936 y 1938 y, según cifras actuales del KGB, desde 1930 hasta 1953 habrían sido condenados a muerte 786.000 detenidos.

Pero esta última cifra no parece convincente y puede referirse al total de ejecuciones entre delincuentes comunes y contrarrevolucionarios. Quizá pueda deberse también a que el KGB contabilizó todas las sentencias de muerte, incluso aquellas que luego no se ejecutaban y se conmutaban por otras. En todo caso, puede decirse que los fusilamientos en una de las fases más aguda de la lucha de clases en la URSS entre 1936 y 1939, la época llamada del gran terror entre los imperialistas, serían de unos 100.000. Por tanto, muy lejos de los millones de la propaganda con la que nos han bombardeado durante años.

Pero hay detalles muy poco conocidos. Por ejemplo, hasta 1937 la pena máxima establecida por las leyes soviéticas era de 10 años, y el 82 por ciento de los condenados lo eran a penas inferiores a 5 años. Las penas dictadas por los tribunales populares eran algo superiores, pero en todo caso, sólo el 51 por ciento de los contrarrevolucionarios fueron condenados en 1936 a penas superiores a los 5 años. Cuando en 1937 se elevó el tope de las penas, sólo el 1 por ciento de los contrarrevolucionarios fueron condenados a penas superiores a los 10 años. Ni existía la condena a perpetuidad como en Estados Unidos, ni nadie cumplía condenas de más de 20 años, como en España.

Los comentarios, una vez más, sobran.

LOS CONVICTOS DEL GULAG

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Pero todas esas cifras expuestas no nos daría una imagen ni siquiera aproximada de la URSS en los años treinta y las durísimas condiciones en las que se desarrollaba la lucha de clases de los obreros y los campesinos pobres. Pese a la colectivización, los kulaks no desistieron en su empeño de doblegar a los campesinos pobres, asesinando a los militantes comunistas, a los funcionarios del Estado y a los cooperativistas, incendiando las cosechas, provocando plagas, matando a los animales de trabajo y provocando el hambre. El Partido Comunista y los campesinos pobres tuvieron que luchar en las condiciones más adversas porque los kulaks contaban con importantes apoyos exteriores y tenían experiencia de años en el control de todos los resortes del poder en el campo. Sin duda la represión debió ser dura y los kulaks más destacados por sus crímenes fueron justamente ejecutados o condenados a los campos de trabajo. No obstante, de los 10 millones de kulaks existentes antes de la colectivización sólo resultaron condenados 1'8 millones de ellos a diversas penas.

Es seguro que cuando la lucha es tan encarnizada y de tan vastas proporciones, se produjeron errores, injusticias y venganzas particulares. Pero en su conjunto, la lucha fue acertada, permitió subsistir a la URSS y salvó aún muchas mas vidas de las que costó. Y sobre todo: esas vidas que se salvaron eran las de los obreros, los campesinos pobres, los cooperativistas y la población en general de todos los pueblos de la URSS.

Además, la situación no se ceñía exclusivamente al campo. También en las fábricas y en el Ejército ocurría algo parecido. Numerosos cuadros y técnicos provenían de las filas de la burguesía, ya que eran cuadros cualificados de los que no se pudo prescindir inicialmente. La mayor de parte de ellos colaboraron lealmente con los obreros en los planes quinquenales, pero otros saboteaban la producción, retrasaban los suministros, destruían la maquinaria y boicoteaban las tareas, causando un extraordinario perjuicio a la producción, en unos momentos clave en que la amenaza exterior del imperialismo acechaba.

La revolución, cabe concluir, no es un camino de rosas, desgraciadamente. Pero no será porque los revolucionarios estén sedientos de sangre. Es seguro que si los capitalistas renunciaran voluntariamente a sus privilegios, todo resultaría más fácil. La Historia demuestra que eso no ha sucedido nunca y que los que lo tienen todo no dudan en masacrar a los que no tienen nada para salvaguardar sus prebendas. Y luego encima nos vuelven la historia del revés.


NOTAS:

(1) Black deeds of the Kremlin.
(2) Harvest of sorrow.
(3) Por sus libros Archipiélago gulag y Un día en la vida de Ivan Denisovich.
Seis meses después de aparecer este artículo, el diario La Vanguardia de 5 de junio de 2001 publicó una entrevista sobre este mismo tema con el historiador ruso Viktor Zemskov, al cual aludimos en el artículo. El historiador dice que es la primera entrevista que concede a la prensa extranjera, que no se ha interesado para nada en restablecer una falsedad millones de veces repetida: Ya es hora de que la propaganda dé paso a la historia, y la suposición al documento. Hace diez años que en Rusia se sabe que Stalin y su régimen mataron mucho menos de lo que se ha dicho, comienza a decir el periodista en el encabezamiento, mientras que Zemskov dice que en Occidente se habían engañado mucho al respecto, es decir, sobre el volumen de la represión. El Estado soviético llevaba un control absoluto y preciso de cada detenido y de cada fusilado: La estadística del Gulag es considerada por nuestros historiadores como una de las mejores [...] Un solo caso de un preso desaparecido en un naufragio o fugado, genera todo un dossier de documentos y correspondencia. Como es natural, no se dice absolutamente nada de los motivos por los cuales fueron enviadas al Gulag todas esas personas. Zemskov confirma también que el principal manipulador de las estadísticas ha sido Robert Conquest, cuyas cifras de represaliados y muertos quintuplican la evidencia documental, dice Zemskov, aunque no explica el perfil biográfico de Conquest. Según las conclusiones que extrae el propio periodista, en el momento culminante de la represión estalinista, el ‘gran terror’ de 1937-1938 en la URSS se practicaron 2'5 millones de detenciones, y entre 1921 y 1953 se fusiló por motivos políticos a 800.000 personas. Pero el historiador no dice fusilados sino algo bien distinto: condenados a fusilamiento, es decir, que no existe confirmación de que la pena se ejecutara en todos los casos, por lo que debe tomarse como una aproximación. Esta cifra coincide aproximadamente con la que nosotros adelantamos y las diferencias pueden deberse a que nosotros tomamos un periodo de tiempo más corto.

Muchos de los millones de muertos imputados al comunismo en la Unión Soviética provienen de la hambruna en Ucrania, supuestamente a consecuencia de la colectivización. El periodista canadiense Douglas Tottle publicó un libro titulado Fraude, hambre y fascismo: el mito del genocidio ucraniano, de Hitler a Harvard (Fraud, famine and fascism. The Ukrainian Genocide Myth from Hitler to Harvard, Toronto, Progress Book, 1987). La colectivización se inició a finales de 1929 y el hambre apareció en 1934 (casualmente al año siguiente de la llegada de Hitler al gobierno de Berlín). En su libro Tottle demuestra que las fotografías publicadas, que exhiben supuestas escenas de niños muertos de hambre, se tomaron, en realidad, de publicaciones de 1922 mostrando las muertes de hambre causadas por la intervención de ocho potencias imperialistas en la guerra civil de 1918-1921.

Estas falsificaciones también han sido denunciadas por Louis Fisher, corresponsal en Moscú del periódico americano The Nation. Fisher denunció que el periodista M. Parrot, el auténtico corresponsal de la cadena Hearst en Moscú, envió reportajes que jamás se publicaron acerca de las excelentes cosechas en Ucrania. Tottle demuestra que el periodista que envió durante mucho tiempo los reportajes y fotografías falsos sobre el hambre en Ucrania, Thomas Walker, se llamaba en realidad Robert Green, que se había escapado de una cárcel de Colorado. Cuando Green regresó a Estados Unidos fue detenido y confesó al tribunal que jamás había estado en Ucrania y que sólo estuvo cinco días en Moscú.

Sobre los millones de muertos de hambre en Ucrania existe una curiosa carta en los archivos del Ministerio francés de Asuntos Exteriores escrita por su embajador en Moscú Charles Alphand y dirigida a Paul Boncour, el titular entonces del Ministerio en París, de fecha 13 de setiembre de 1933. La carta relata un viaje por la Unión Soviética de Alphand acompañando a Herriot. Dice así:
Invitado oficialmente por el gobierno soviético para participar en el viaje de Herriot al sur de la URSS, seis días en Ucrania y en el norte del Cáucaso [...]

Este viaje [...] ocasionó manifestaciones de lo más cariñosas respecto a Francia que por todas partes recibió los aplausos unánimes de la muchedumbre soviética sin que [...] hubiera una nota discordante. El sólo hecho de que se les haya permitido e incluso provocado, muestra el deseo de los gobernantes de mostrar su deseo de acercamiento con Francia.

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Además de museos y monumentos antiguos, hemos visitado el mayor número posible de fábricas y explotaciones agrícolas [...] maravillado por el Dnieprostroi donde, además, se encuentra la fábrica hidroeléctrica más importante de Europa. Sobre una estepa rusa se eleva desde hace cuatro años una ciudad de 150.000 habitantes, de los que 40.000 son obreros [...] Salvo para el aluminio (sólo se logró un sexto de lo previsto), las fábricas aún están en fase de equipamiento y la producción no alcanzará su pleno rendimiento hasta dentro de tres o cuatro años, según los técnicos que he podido consultar. Visita a las fábricas de panificación de Kiev, de turbinas y tractores de Jarkov, maquinaria agrícola, cosechadoras en Rostov, rodamientos y motores en Moscú. Concordando esas constataciones de las informaciones ya proporcionadas al Departamento sobre las formidables industrias de los Urales (Magnitogorsk y Kuznietsk), sobre los proyectos hidroeléctricos del Volga y de Siberia, sobre las fábricas de Gorki y de Leningrado, se ve el esfuerzo industrial enorme del Gobierno de los Soviets. Dada la peculiar situación de la URSS, el único país del mundo que progresa, ese desarrollo no puede perjudicar a las industrias europeas, más que cerrándoles el mercado ruso, porque las posibilidades de absorción de ese mercado son tan grandes que pasarán 50 o incluso 100 años antes de que los Soviets alcancen una sobreproducción que no sean capaces de absorber por ellos mismos. Pero hay un grave problema [...] el de los transportes: insuficiencia de la red ferroviaria y vial [...] En esta vía [...] podememos plantearnos la colaboración franco-soviética.

Al margen de la cuestión industrial, se desprende una impresión del viaje a la URSS, el de un esfuerzo en la construcción de alojamientos para una población que en diez años aumenta la población de Francia. Lo mismo en Moscú que en Leningrado de un plumazo se alzan grandes casas obreras casi en cada calle, pero el éxito más grande desde el punto de vista del urbanismo está en Járkov donde en cuatro años una ciudad entera de aspecto netamente americano se ha edificado al lado de la ciudad antigua.

En fin, una de las partes mas importante de nuestra gira ha sido la visita a las organizaciones soviéticas en Ucrania y en el norte del Cáucaso, el centro mismo de los territorios donde, según recientes campañas de prensa, reinaba un hambre comparable a la de 1922.

Usted verá, me habían dicho, que en el último momento esta parte del viaje será suprimida; no le llevarán a ese infierno de miseria. Para encontrar en Moscú a Molotov, que partía de vacaciones, se suprimió del programa la excursión a Crimea que tenía un carácter particularmente turístico; el viaje a Ucrania se desarrolló normalmente. Hemos atravesado de parte a parte, en los dos sentidos, en ferrocarril, este inmenso campo de cereales cuyos cultivos se interrumpen allá donde no alcanza la vista, de espeso humus negro que hace innecesario el abono. A 60 y 70 kilómetros de las ciudades, hemos visitado koljoses y sovjoses, y volvemos con la impresión muy clara de la falsedad de las noticias difundidas en la prensa y la convicción que yo esbocé en mi correspondencia de una campaña inspirada por Alemania y los Rusos blancos deseosos de oponerse al acercamiento franco-soviético.

Antes de recorrer el país, yo mismo me he hecho eco de esas habladurías difundidas por los enemigos del régimen y tengo hoy la certidumbre de su exageración.

Sin duda, se nos dirá, los eslavos, después del Potemkin, tienen un maravilloso sentido de la puesta en escena, sólo os han mostrado lo que querían que viérais, ¿cómo pretende Usted, en una excursión de una semana, no hablando ruso, apercibirse del estado de una región tan extensa? Sin embargo, hemos mirado por las ventanas durante el trayecto de más de 3.000 kilómetros, y no se ha podido trucar completamente la población, que nos ha parecido en el mejor estado físico y de vestuario que la de las ciudadades del norte, de donde venimos. Nuestro coche ha podido aplastar pollos de más de cuatro meses; nos hemos dado cuenta de la extensión de esos campos que acaban de proporcionar una cosecha que todos están de acuerdo en calificar de excepcional. Si verdaderamente millones de hombres estuvieran muertos de hambre en esas regiones, los infortunados hubieran comido sus pollos antes de pensar en alimentarse de cadáveres. Hubieran sido necesarios millones de soldados para impedirles comerse las semillas.

¿Qué dicen a este respecto las autoridades que hemos interrogado? El año pasado tuvo lugar efectivamente, un episodio de los más graves de la Revolución para la aplicación del régimen colectivista en la agricultura. En esas regiones particularmente ricas, hemos tenido que luchar contra los campesinos ricos que no cultivaban por sí mismos sus tierras sino que utilizaban asalariados; contra esos kulaks, más o menos abiertamente sostenidos por Alemania, que lleva en Ucrania su campaña separatista. Con la esperanza de desórdenes graves, esos elementos contrarrevolucionarios intentaron suscitar la huelga de brazos caídos. De ahí resultó una disminución de la producción de cereales que en un momento dado amenazó seriamente Moscú y supuso no solamente graves dificultades en las regiones donde se organizó el sabotaje de la cosecha, sino también la obligación de imponer restricciones importantes en la distribución de víveres. Que ha habido hambre está fuera de duda. Pero por una acción enérgica del poder central, acción combinada de la policía y de los elementos políticos comunistas, gracias a ciertas concesiones ofrecidas al interés personal (propiedad de una vaca y de productos de la huerta), la situación ha podido ser restablecida durante estos últimos meses y Stalin, según una expresión de Radek [...] ha ganado su ‘batalla del Marne’ agraria.

Dos ejemplos típicos de esta campaña y de las dificultades [...] nos los ofreció Kalinin, a quien interrogamos sobre este grave problema del hambre. Nos dio el ejemplo de la comuna de Tver que hoy lleva su nombre, donde hay tres koljoses. El primero ha trabajado muy bien, ha realizado una buena cosecha y sus miembros han obtenido buenos beneficios; el segundo ha alcanzado los dos objetivos; pero el tercero, por impulso de nuestros adversarios, ha saboteado la cosecha y sus afiliados han corrido el peligro de morir de hambre. A petición mía [de Kalinin], el Gobierno les ha hecho llegar ayuda. A causa de ello, me he atraído la enemistad de los otros dos koljoses que pensaban que no importaba hacer las cosas mal si, no haciendo nada, se obtenía sin embargo la subsistencia [...]

El segundo ejemplo de Kalinin es el siguiente: el año pasado faltó la leche en Moscú y se restringió la distribución incluso a los niños y a los obreros empleados en trabajos nocivos. Pero la persona encargada de la distribución era precisamente el gran negociante de preguerra que aseguraba el mismo servicio bajo el régimen zarista. El Presidente Kalinin llamó a ese fucionario para preguntarle cómo con una cantidad doble de leche no llegaba para suministrar a las categorías restringidas indicadas. El interesado apenas tuvo que mostrar que la cantidad era hoy insuficiente porque antes la leche era un privilegio de la clase noble y rica de Moscú.

Aumento considerable de las necesidades, resistencias políticas de los elementos reaccionarios, tales son las causas del desequilibrio que revuelve nuestros espíritus occidentales pero que parecen naturales al espíritu eslavo fatalista que, poco deseoso de intereses inmediatos individualistas, está centrado en el cumplimiento del amplio prgrama que se ha propuesto.



* Este artículo fue escrito en 2001.


BIBLIOGRAFÍA

Douglas Tottle: Fraud, Famine and Fascism The Ukrainian Genocide Myth from Hitler to Harvard, Toronto, Progress Book, 1987 (disponible en internet en formato pdf)
— Sabine Dullin: Des hommes d’influences. Les ambassadeurs de Staline en Europe 1930-1939, Paris, Payot, 2001
— Annie Lacroix-Riz: Le choix de la défaite, Armand Colin, Paris, 2006 (reeditada en 2007)
— Annie Lacroix-Riz: Le Vatican, l'Europe et le Reich, Armand Colin, Paris, 1996, (reeditada en 2007)
— John D. Littlepage: In Search of Soviet Gold, George G. Harrap & CO. LTD, London 1939.
— Joseph E. Davies: Mission to Moscow, New York, 1941
— Christopher Simpson ed.: Universities and Empire: money and politics in the social sciences during the Cold War, New York, New Press, 1998.
— Christopher Simpson: Blowback. America’s recruitment of Nazis and its effects on the Cold War, New York, Weidenfeld & Nicolson, 1988