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1 de agosto de 2026

LAS HAZAÑAS DE LOS CHEKISTAS NO HA SIDO RECONOCIDAS, 1ª Parte


Обелиск на площади Чекистов

Monumento dedicado en Stalingrado, a la 10ª División del NKVD.

Por Nestor Guadaño. Enlaces consultados del portal ВКП(б)-ЛИНИЯ СТАЛИНА, PCUS (b)-LA LÍNEA DE STALIN, a partir de entrevistas y artículos.


Apunto de ser disuelto el CMR (Comité Militar Revolucionario), a finales de1917, las tareas de seguridad y protección del nuevo estado, requerían de milicianos bolcheviques, para no quedar bajo la lupa y merced del nuevo Gobierno de coalición con los socialrrevolucionarios de izquierda. El máximo órgano de gobierno soviético, Sovnarkom, entendió que tenía que crear un nuevo tipo de organización de defensa de la Revolución Socialista.

Así nació la VChK (Cheká-Comisión Extraordinaria Panrusa para la Lucha contra la Contrarrevolución y el Sabotaje). 

En 1934, de la VChK, todas las competencias de Seguridad Interior mediante un decreto del Soviet Supremo de la URSS, pasan al Comisariado Popular de Asuntos Internos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (NKVD de la URSS), encargado de la lucha contra la delincuencia y el mantenimiento del orden público.


La espada de protección proletaria contra los enemigos de clase.

Difícilmente se encontrará en los medios de comunicación, tanto de ahora como de la época de la perestroika y de los años posteriores, un colectivo que haya sido objeto de tal difamación y calumnias como los agentes de las fuerzas de seguridad soviéticas. El ocultamiento a gran escala de su labor, sobre todo en los primeros años de la revolución, y especialmente su actuación durante la Gran Guerra Patria.

Pero la verdad objetiva, es que los órganos del NKVD (En ruso: НКВД, Народный Комисариат Внутренних Дел-Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), desempeñaron un papel decisivo en los días más tensos y cruciales de la contienda. Voluntarios, la mayoría miembros del Partido Bolchevique, ideológicamente avanzados, que entonces prestaban servicio en diferentes instancias del Comisariado.

La NKVD combinaba las funciones de la milicia popular ordinaria, formada por comunistas y simpatizantes, con otras competencias muy amplias de la seguridad del Estado. Sus labores de la defensa social de clase público, se unía a las específicas tareas semejantes a la investigación de delitos comunes, control de tráficos y servicios administrativos. Su labor es aún más importante si lo comparamos con otros países, pues gracias a la unidad de funciones, asumió las responsabilidades de:

  • Dirección de la milicia popular administrativa y preventiva.

  • Gestión de los campos de trabajo y correccionales. Centros de detención y deportación.

  • Guardias fronterizos y tropas fronterizas.

  • Brigadas de bomberos, control de transportes y expedición, y migraciones internas.

  • Servicios de inteligencia interior y contrainsurgencia.

Las necedades vertidas sobre ellos han sido muy utilizadas. Una descompuesta película contemporánea de sus miembros, irreal, muy casposa: el agente de la NKVD debía tener necesariamente un rostro regordete y reluciente, vestido con un uniforme nuevo y llevar lujosas botas cromadas. Si se queda en la retaguardia, se dedica a vigilar a presos inocentes, condenados sin falta en virtud del artículo 58, el «antisoviético». Y si se quedaba en la retaguardia del frente, no hacía más que redactar denuncias contra soldados y comandantes, o disparaba con ametralladoras, como unidades de barrera, provocando muertes sin sentido, de una multitud de reclutas desarmados e inocentes. Además, tenía que ser sin falta, un sádico, un depravado y un borracho.

La realidad fue bien distinta. La mayoría del pueblo soviético estimaba orgullosamente a los camaradas de los cuerpos chekistas, porque por su entrega, su fidelidad a la clase obrera, eran muy queridos. A diferencia del ejército, estuvieron mejor preparados para la guerra. y, ya a última hora de la noche del 21 de junio de 1941, las tropas internas y de los distritos fronterizos, —que por entonces formaban parte de la estructura de los órganos de asuntos internos— fueron puestos en estado de alerta. 

En vísperas de la Gran Guerra Patria, el Ministerio de Asuntos Internos de la URSS contaba, además de las tropas fronterizas, con tropas encargadas de la protección de las infraestructuras ferroviarias y de las empresas industriales de especial importancia, así como como tropas de escolta y de unidades operativas del Interior.

Al comienzo de la guerra, las tropas del NKVD estaban compuestas por 14 divisiones, 18 brigadas y 21 regimientos independientes de diversos destinos, de los cuales se encontraban en los distritos occidentales 7 divisiones, 2 brigadas y 11 regimientos operativos de las tropas internas, antes de la guerra, en los distritos especiales del Báltico, del Oeste y de Kiev. Meses antes se habían formado las divisiones motorizadas de infantería chekistas n.º 21, n.º 22 y n.º 23. Además, en la frontera occidental de la URSS, en los 8 distritos fronterizos, contaban con 49 destacamentos fronterizos y otras unidades.

Entonces, las tropas fronterizas del NKVD contaban con 167.600 milicianos, mientras que las tropas internas del NKVD —173.900—, entre los que se incluían:

* tropas de protección de las vías férreas: 63.700 efectivos.

* tropas operativas (sin contar de las academias militares): 27.300 efectivos.

* tropas de protección de instalaciones industriales de especial importancia: 29.300 efectivos.

El número de efectivos de las tropas de vigilancia ascendía a 38.300 personas.

Las tareas de las tropas fronterizas del NKVD consistían en la protección de la frontera estatal de la Unión Soviética, la lucha contra los saboteadores y la identificación de quienes infringían el régimen fronterizo.

La misión de las tropas operativas del NKVD era la lucha contra el bandolerismo: la detección, el bloqueo, la persecución y la aniquilación de las bandas.

Las tareas de las tropas ferroviarias del NKVD consistían tanto en la protección como en la defensa de las instalaciones, para lo cual disponían, en particular, de trenes blindados.

El servicio de las tropas del NKVD para la protección de instalaciones industriales de especial importancia se llevaba a cabo con los mismos métodos que la protección de la frontera estatal.

La misión de las tropas de vigilancia del NKVD consistía en escoltar a los condenados, los prisioneros de guerra y los deportados, así como en vigilar los campos de prisioneros de guerra, las cárceles y las instalaciones en las que se utilizaba mano de obra de los condenados.

El 22 de junio de 1941, entraron en combate contra las tropas alemanas 47 unidades fronterizas terrestres y 6 marítimas, así como 9 comandancias fronterizas independientes del NKVD. Al jefe del puesto fronterizo, A. V. Lopatin, graduado de la 4.ª Escuela de Guardia Fronteriza y Tropas de la OGPU de Saratov (actualmente, Escuela Superior de Mando «Bandera Roja» del Ministerio del Interior de Rusia), se le concedió a título póstumo el título de Héroe de la Unión Soviética.

De los campos de trabajo para condenados por diferentes penas, tuvieron un papel significativo en la formación de las unidades del Ejército Rojo, especialmente durante el primer año de la Gran Guerra Patria. A petición de la dirección del NKVD, el Presidium del Consejo Supremo de la URSS aprobó en dos ocasiones, el 12 de julio y el 24 de noviembre de 1941, decretos de amnistía y liberación de presos. En virtud de estos dos decretos, hasta finales de 1941 se destinaron al Ejército Rojo alrededor de 420.000 amnistiados, lo que equivalió a 29 divisiones. En total, a lo largo de los años de la guerra, se incorporaron a las filas de las fuerzas armadas unos 975.000 amnistiados, con los que se completaron 67 divisiones.

Asimismo, durante la Gran Guerra Patria, se formaron grupos operativos especiales del NKVD para operar en las primeras líneas de frente. Comunistas de la Milicia Criminal y de la Contrainteligencia, creados para localizar y detener a los traidores y a los «polizais» que se habían escondido entre los evacuados al este, así como para ayudar a los departamentos del SMERSH y a los órganos de la propia inteligencia chekista, en la búsqueda de agentes del enemigo en los territorios liberados del enemigo.

Además, durante la Gran Guerra Patria, la Milicia Criminal y la Contrainteligencia, además de sus funciones principales, se dedicaron activamente a la lucha contra las acciones de sabotaje, el vandalismo, el saqueo, el alarmismo y la deserción. Asimismo, muchos agentes de la Milicia Criminal y de la Contrainteligencia, formaron parte de las unidades de combate encargadas de aniquilar a los grupos de reconocimiento del enemigo, y de llevar a cabo acciones de sabotaje en la retaguardia enemiga.

Durante la Gran Guerra Patria, además de participar en las operaciones bélicas, una de las principales tareas de los agentes de la Contrainteligencia era controlar el abastecimiento del frente, y de la industria de defensa con los recursos necesarios.

En la defensa de Leningrado y el mantenimiento del orden público, participó la 41.ª Brigada Independiente de Tropas de Vigilancia del NKVD.

En la defensa de Stalingrado participó activamente la 10.ª División de Infantería del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos.

Durante la Gran Guerra Patria, las tropas internas del NKVD llevaron a cabo 9.292 operaciones de lucha contra el bandolerismo, en las que murieron 47.451 bandidos y fueron capturados 99.732, sumando un total de 147.183 delincuentes neutralizados. Las tropas fronterizas liquidaron entre 1944 y 1945 a 828 bandas, con un total de unos 48.000 bandidos. Durante los años de la guerra, las tropas ferroviarias del NKVD protegieron unas 3.600 instalaciones ferroviarias de la URSS. Estas tropas escoltaron los trenes que transportaban a militares y cargas civiles de gran valor.

Desde la época de Jrushchov, se ha silenciado obstinadamente que las tropas fronterizas desempeñaron un papel fundamental en la defensa de la fortaleza de Brest, y que la inscripción inmortal en la pared de la ciudadela «¡Muero, pero no me rindo! ¡Adiós, patria!» fue escrita por un combatiente del 132.º batallón independiente de las fuerzas guardafronteras, del NKVD de la URSS.

Una semana después del inicio de la guerra, el 29 de junio de 1941, Stalin se enteró de la caída de Minsk no por el Estado Mayor del Ejército Rojo, sino a través de informes de emisoras de radio extranjeras y, según consideran los investigadores actuales de la Segunda Guerra Mundial, la confianza del líder soviético en sus militares se vio gravemente sacudida.

Fue precisamente ese día cuando se publicó la famosa orden n.º 00100 del Estado Mayor del Mando Supremo, sobre la formación urgente de quince divisiones del frente de reserva, a partir de efectivos milicianos y profesionales del NKVD. En total durante toda la guerra, se formaron 109 divisiones y 33 brigadas, algunas de ellas integradas en el 70.ª Ejército. Organizadas como las divisiones del Ejército Rojo, disponían de batallones de artillería, antitanque e ingenieros.

Conformaban cada división entre 8.000 y 14.000 milicianos.

Cuatro de los seis ejércitos soviéticos que resistieron hasta la muerte cerca de Smolensk, estaban al mando de comandantes del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, mientras que la primera operación ofensiva exitosa del Ejército Rojo —la de Yelnia—, la llevó a cabo el 24.º Ejército del Frente de Reserva, bajo el mando del general Konstantín Rakutín, también procedente del Comisariado.

Por ello, el (GKO) Comité Estatal de Defensa encomendaba todo tipo de tareas a los miembros de los cuerpos de seguridad interior, llegando incluso a que el Comisariado tuviera que velar por la puntualidad en la entrega del correo y los paquetes a los soldados del Ejército Rojo en el frente, así como de sus cartas a casa.

Cuando, al comienzo de la guerra, la situación de las comunicaciones entre el Estado Mayor y los frentes se volvió sencillamente insostenible, el GKO traspasó esta cuestión al Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos y, al cabo de unos meses, el problema quedó resuelto. El NKVD garantizó una comunicación clara e ininterrumpida desde el Kremlin hasta cada una de las divisiones.

El principal pilar de la defensa de Leningrado en el otoño de 1941, fueron varias divisiones del NKVD, que junto con las unidades de la milicia popular, detuvieron al enemigo en las proximidades de la capital del norte.

Aún no se ha valorado en su justa medida la contribución de los agentes de seguridad interior en la defensa de Moscú. Iván Kozhin, que entre 1954 y 1962 fue ministro del Interior de la República Autónoma de la República de Ashan-Bashkiria, había dirigido en 1941 el departamento político de la Dirección Municipal de la Milicia de Moscú. Es bien conocida la situación de emergencia que se vivió en Moscú en octubre de aquel año: cundió el pánico, se produjeron saqueos en las tiendas y los desertores se abalanzaron sobre la ciudad. Pero, gracias a las medidas enérgicas adoptadas, las fuerzas de seguridad restablecieron rápidamente el orden en la capital. Iván Akímovich fue condecorado, merecidamente, con varias órdenes militares. Pero la medalla «Por la defensa de Moscú» le resultaba especialmente querida.

Las últimas unidades militares que lograron cortar el paso al enemigo en Stalingrado, Bakú y Grozni en 1942 también fueron formaciones del NKVD de la URSS. Desde mediados de la década de 1950, estas hazañas se ocultaron cuidadosamente, ya que el entonces jefe de Estado, Nikita Serguévich Jrushchov, fue uno de los principales responsables de la catastrófica derrota de las tropas soviéticas cerca de Járkov, y sabía perfectamente quién había salvado posteriormente la situación del frente en el Donbáss.

En aquellas terribles y sangrientas batallas en el sur del país, se destacó nuestro compatriota, Román Bábushkin, dentro de las divisiones que ralentizaron el avance sobre Stalingrado. Román llegó a ser coronel de la Milicia de las Fuerzas de Seguridad del Interior, por estas acciones y por su liderazgo en combate en la toma posterior de Kaliningrado, terminó la guerra con el título de Héroe de la Unión Soviética.

En total, de los órganos del NKVD de la URSS se formaron 29 divisiones de primera clase especial durante la guerra. Los agentes de la milicia bashkira eran los más preparados, tanto física como profesionalmente, y partieron hacia el frente, incorporándose primeramente a las unidades en formación, en Cheliábinsk y Sverdlovsk. Allí mismo, en otoño de 1942, se formó también el famoso 70.º Ejército Independiente de las tropas del NKVD, cuyo entrenamiento y heroísmo destacó en sus memorias incluso el mariscal Zhúkov, tan poco dado a los elogios.

La preparación militar de los agentes del Interior era superior a la del Ejército Rojo. Para ello, el Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos formaban en tácticas de combate con antelación, y a fondo. Los historiadores han calculado que, desde el 25 de noviembre de 1938 hasta el 21 de junio de 1941, aproximadamente la mitad de las órdenes del NKVD, se dedicaron al entrenamiento de sus milicianos comunistas de las tropas internas, los guardias fronterizos y otros miembros de su personal.

Tras el inicio de la guerra, el Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos de la URSS, emitió una directiva que exigía a los milicianos estar preparados en todo momento y en cualquier circunstancia, para llevar a cabo misiones de combate, ya fuera de forma autónoma o en colaboración con unidades del Ejército Rojo.

El 5 de julio de 1941, el Comandante de las fuerzas del Interior se dirigió a su propio comisariado, con la propuesta de iniciar el adiestramiento militar especial de todos los combatientes de la milicia popular y de los batallones de combate, propuesta que fue aceptada de inmediato.

Ya antes de la guerra, se habían incorporado unidades de francotiradores a la estructura de las tropas internas. ¡Y con qué calidad de especialistas, se formaron en las escuelas de francotiradores de la NKVD para el frente! Sus graduados fueron muy codiciados en el Ejército Rojo. Con el tiempo, estos especialistas se integraron en los llamados Ejércitos de Propósito Especial (Spetsnaz).

Por orden del comisario Lavrenti Beria, en agosto de 1942, los 50 mejores francotiradores de la NKVD, armados con rifles con miras ópticas y silenciadores, fueron trasladados urgentemente en avión a la zona de los pasos del Cáucaso. Estos combatientes, perfectamente equipados y camuflados, neutralizaron rápidamente a los oficiales que comandaban las unidades de cazadores de montaña de las divisiones «Edelweiss» y «Tiroleses». Poco después llegaron también unidades de élite de las tropas internas de la NKVD. Al haber perdido a una parte considerable de sus comandantes, y al toparse con una resistencia tenaz, las tropas fascistas detuvieron su avance hacia el Cáucaso.

Todo ello se llevó a cabo al margen de la tarea principal que tenían encomendada los órganos del NKVD durante la guerra, a saber: la protección de la retaguardia del ejército en acción, la eliminación de los agentes enemigos y sus cómplices, y el mantenimiento del orden en la zona cercana al frente.

Literalmente, a los pocos meses del inicio de la guerra, los chekistas y los miembros de la milicia eliminaron casi por completo, a los grupos de saboteadores, que el enemigo había infiltrado en gran número en la retaguardia de nuestras tropas. Los alemanes no lograron crear ni el más mínimo atisbo de movimiento partisano pronazi. Los agentes alemanes fueron capturados a centenares. Por otra parte, fueron precisamente voluntarios del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos, los verdaderos organizadores y directores del movimiento guerrillero clandestino en la retaguardia enemiga. La legendaria Brigada Independiente de Infantería Motorizada en Misión Especial —la OMSBON—, los llamados paracaidistas rojos, que actuaban en la retaguardia enemiga, también fue creación de la NKVD.

Entre los miembros de uno de los grupos de sabotaje paracaidista, para la labor guerrillera, miliciana del NKVD Zoya Kosmodemíanskaya, sobre la que la «opinión pública liberal» ha vertido en las últimas dos décadas no pocas calumnias, llegando incluso a afirmar que Zoya era supuestamente una persona con trastornos mentales y que, por eso, según dicen, no la enviaron de inmediato a la misión. La verdadera razón era otra. Zoya era una chica de la capital «demasiado» guapa y bien arreglada, y el mando temía seriamente que pudiera llamar la atención de los alemanes desde el primer momento.

Otro mito más: los antiguos prisioneros de guerra del Ejército Rojo, a quienes, según los estereotipos arraigados, se enviaba en masa a los campos de Kolimá o Vorkuta, donde eran objeto de vejaciones por parte de los pulcros agentes de la NKVD.

Según datos del NKVD, materiales de historiadores contemporáneos y de la asociación «Memorial» —a la que difícilmente se puede sospechar de simpatías hacia las fuerzas del orden soviéticas—, alrededor del 10 % de los prisioneros de guerra fueron objeto de represalias durante la guerra, entre otras cosas mediante su envío a batallones de asalto, y la mayoría de ellos se lo merecían plenamente. De lo contrario, ¿de dónde salían durante la guerra los seguidores de Vlasov, los policías, los jefes de aldea, los alcaldes, los llamados «jivi» —colaboradores voluntarios de la Wehrmacht— y otros cómplices de los fascistas?

Según documentos publicados recientemente, a 1 de enero de 1941 había 1.929.000 presos en los campos y colonias de la URSS. En los seis meses posteriores al inicio de la guerra, gracias a dos amnistías llevadas a cabo a propuesta del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos, se indultó a 420.000 personas. A los hombres aptos para el servicio militar se les envió al frente, a unidades regulares. En total, durante los tres primeros años de la guerra, se destinaron 975 mil antiguos presos a reforzar el Ejército Rojo.

También se liberó de las colonias a los condenados por delitos menores, a los discapacitados, a los ancianos, a los menores de edad, a las mujeres embarazadas y a las mujeres con hijos. No se liberaba a quienes estaban encarcelados por delitos contrarrevolucionarios. Por eso, series como «Shrafbat» distan mucho de ser objetivas.

El héroe nacional de nuestro país, Alexandr Matrósov, también era un exrecluso. Ya cuando se encontraba en la colonia infantil, ansiaba ir al frente y escribió sobre ello en una carta al comisario del pueblo de Defensa. Le creyeron y Sasha partió de Ufa hacia la escuela militar con unas referencias excelentes. En el ejército fue admitido en el Komsomol. Un hombre resentido con todo el mundo, difícilmente se habría sacrificado y habría realizado la hazaña, que inmortalizó su nombre para siempre.

O he aquí otro dato poco conocido: de entre el personal de seguridad militarizado de los campos y prisiones se destinaron 93.500 milicianos a las unidades de combate del Ejército Rojo, a quienes sustituyeron personas de más edad, trabajadores no aptos por motivos de salud para el servicio en el ejército en activo, así como combatientes y comandantes del Ejército Rojo liberados del cautiverio alemán. En total, de los Campos de Trabajo se enviaron al frente a 117.000 efectivos chekistas, es decir, 10 divisiones de infantería completas. 

El control del régimen de pasaportes, el cumplimiento de las normas de empadronamiento o su baja, y la investigación de cualquier «peticionario sospechoso», se llevaban a cabo de forma rigurosa e implacable.

La extraordinaria labor realizada por los chekistas, contra los espías enviados desde Occidente, y sobre todo por parte del Reich alemán, tuvo una reputación mundial muy significativa sobre la eficacia de la Inteligencia Soviética. La captura de miles de agentes enemigos, el control y administración de redes enteras de agentes dobles, a menudo a expensas de tener que sacrificar información auténtica, para mejorar las operaciones de sus campañas de engaño. En los primeros 18 meses hasta septiembre de 1943, el NKVD convirtió a 80 agentes enemigos capturados, equipados con transmisores inalámbricos, en agentes soviéticos. Y hasta el final de las hostilidades, la justicia soviética ejecutó a 185 agentes dobles nazis con sus redes.

¡Y cuántos desertores, que se habían colado desde el frente hasta la retaguardia más profunda e intentaban ganarse la vida con robos y atracos, fueron capturados por nuestros milicianos! Esta es una historia aparte y muy dramática. Muy desconocida esta lucha en la retaguardia soviética, singularmente intensa. 

En las ciudades, los milicianos tuvieron la difícil misión de impedir la deserción y el saqueo, así como la detención e interrogatorio de los alarmistas y provocadores.

El 7 de noviembre de 1941, más de la mitad de la milicia se encontraban desplegada en el frente. Fueron sustituidos en parte por mujeres. Y solo con el paso del tiempo, fueron regresando a los cuerpos de seguridad los combatientes dados de baja. En 1943 la plantilla miliciana se había renovado en un 90 %, por agentes no aptos para el servicio militar. Por ejemplo, en la Stalingrado durante la contienda, las fuerzas femeninas constituyeron alrededor del 20 %. Las mujeres se familiarizaban con las tareas militares, aprendían a manejar las armas, se iniciaban en los fundamentos de los primeros auxilios y se formaban en las labores estrictas milicianas.

Solamente en Moscú, en pocos meses se incorporaron a las fuerzas milicianas 1.300 mujeres, que anteriormente habían trabajado en instituciones y organismos estatales. En vísperas de la Gran Guerra Patria, eran 138, y durante los años de la guerra aumentaron las cuatro mil. Muchas de ellas tuvieron puestos de mucha responsabilidad. Miles más trabajaban como agentes de barrio, cuerpos de vigilancia contrarrevolucionaria, que realizaron labores operativas en los servicios de investigación criminal, y lucharon contra los robos.

El servicio de la milicia en la capital soviética resultó especialmente complicado. Las fuerzas del orden de Moscú se encargaban de los puestos de control en las autopistas que rodeaban la ciudad, supervisando todas las entradas y salidas. Tenían poco tiempo para dormir y descansar. Los milicianos, especialmente, contribuyeron enormemente a la defensa de Moscú frente a la aviación enemiga. En una sola noche, del 21 al 22 de julio de 1941, la capital fue atacada por 250 aviones alemanes, pero gracias a los esfuerzos conjuntos se repelió el ataque, y se derribaron 22 aviones enemigos. Por la defensa de Moscú frente a la aviación hitleriana, se expresó un agradecimiento especial a la milicia moscovita. Además, mediante un decreto especial del GKO, se distinguieron especialmente diversos milicianos que fueron condecorados con órdenes y medallas.

A medida que se recrudecían el conflicto bélico, la situación delictiva en el país también empeoraba. En 1942, el índice de criminalidad aumentó un 22 % con respecto a los niveles previos a la guerra. Y esta cifra siguió aumentando de forma constante. El primer descenso no se observó hasta mediados de 1945. Aprovechando la complicada situación, los desertores y los delincuentes se armaban y se agrupaban en numerosas bandas. Durante los meses de asedio en Moscú, los agentes de la NKVD incautaron más de 11.000 pistolas y metralletas. Según relatan los veteranos de la milicia criminal, en aquella época incluso los pequeños ladrones y estafadores, tradicionalmente desarmados, se hicieron con armas de fuego.

Por no hablar de las grandes bandas. A menudo contra ellas, se desarrollaron auténticas operaciones de combate. En 1942, en Tashkent actuaba una banda de un centenar de personas que había cometido al menos 100 delitos graves. Para su eliminación se envió una brigada de la NKVD, que llevó a cabo con éxito esa difícil tarea. Operaciones de este nivel se llevaron a cabo en 1943 en Novosibirsk y en 1944 en Kuibishev.

Los milicianos tuvieron que dedicar una gran cantidad de esfuerzos y tiempo, en el desarme de personas. que ocultaban muchas armas recogidas en los campos de batalla. Cuando los fascistas retrocedían poco a poco, la milicia registraba zona tras zona. En abril de 1944 se habían incautado oficialmente a la población 8.357 ametralladoras, 257.790 fusiles, 11.440 subfusiles, unos 56.000 revólveres y pistolas, y más de 160.000 granadas.

Durante muchos años, este arsenal se fue incrementando, y siguieron siendo recogidas para su almacenamiento y destrucción.

Las fuerzas totales del NKVD durante la Gran Guerra Patria llegaron a 53 divisiones y 28 brigadas, sin contar las tropas fronterizas. Aproximadamente una décima parte del número total de divisiones de fusileros del Ejército Rojo. Parte muy importante de ellas fueron utilizadas tras la guerra, en las detenciones de los desertores, nacionalistas y alemanes prófugos en Ucrania y las repúblicas bálticas, que duraron hasta principios de la década de 1950. 

He aquí sólo un episodio. En 1942, en el territorio de Iglinsk y los distritos vecinos de la República Autónoma de la República de Ashan-Bashkiria, desarrolló una intensa actividad una banda de desertores liderada por Piotr Vaider, que cometió cuatro atentados terroristas, ocho asesinatos y numerosos atracos a mano armada en escuelas, tiendas rurales, cooperativas y contra ciudadanos de a pie. En los enfrentamientos con los delincuentes murieron siete milicianos, hasta que, finalmente, en enero de 1946, la banda de salteadores fue neutralizada, y sus miembros y cómplices, detenidos. El cabecilla de la banda, Piotr Vaider, fue fusilado en abril de ese mismo año, en cumplimiento de la sentencia del tribunal militar del Distrito Militar del Sur de los Urales. Sus cómplices también recibieron su merecido.

Un aspecto muy importante de la labor de los chekistas, apoyados por las milicianas de las diferentes ciudades durante los años de la guerra, fue la recogida y amparo de los niños abandonados *. Los agentes se dedicaban con gran determinación a localizar estos niños desamparados, que habían perdido a sus padres, muertos tras los bombardeos, o fusilados o huidos, y que sin hogar vagaban entre escombros, campos y caminos, sin techo ni ayuda. Fueron alimentados y acogidos en colonias infantiles especiales, gestionadas por chekistas especializados.

Además, de entre las labores fundamentales de los comunistas salidos de las escuelas del Comisariado, muchos de ellos fueron destinados a todas las unidades militares soviéticas, durante toda la guerra, los Comisarios del Ejército Rojo.  Los comisarios llevaron a cabo una esencial trabajo de instrucción ideológica entre las tropas: desarrollaron las células del Partido en cada unidad, galvanizaron la moral de combate contra los fascistas, crearon grupos de música, de canto para divulgar las canciones populares y revolucionarias, organizaron conferencias, discutían la prensa diaria con los soldados y participaron en la organización de trenes de agitación, que llevaron películas y producciones teatrales al frente.

Hay también un hecho muy importante. Los principales productos industriales y alimenticios, estaban estrictamente racionados durante la guerra y se vendían con cartillas. Por ello, la tarea primordial de las unidades de intervención del NKVD contra el bandidaje interior, era en la lucha contra la especulación.

Junto a los héroes del frente y los trabajadores de la retaguardia, había surgido entonces una categoría de individuos completamente diferente: los saqueadores y especuladores. Pero los chekistas lucharon eficazmente contra ellos, reponiendo el presupuesto estatal, con el dinero y los bienes materiales incautados.

Resulta simbólico que el desfile de la Victoria celebrado en Moscú el 24 de junio de 1945, lo cerrara un batallón mixto de diversas unidades militares chekistas unidas a la división del NKVD «Dzerzhinski», quienes arrojaron a los pies del mausoleo de la Plaza Roja 200 estandartes y banderas enemigas. Los dzerzhinistas llevaban guantes —para no tocar con las manos las astas enemigas—, y las banderas extranjeras volaban hacia una plataforma especial de madera, para que no profanaran el empedrado. Tras el desfile, se quemaron los guantes y la plataforma.





Enlaces en ruso consultados:

  1. Подвиг воинов-чекистов во время Сталинградской битвы. М. С. Орлова (Las hazañas de los chekistas durante la batalla de Stalingrado. M. S. Orlova). 
  2. Подвиг 27 чекистов-лыжников (La hazaña de los 27 chekistas esquiadores). | Новости | 23 января 2026 (Agencia de Prensa Novosti. 23 de Enero de 2026).
  3. Dzerzhinski, Felix (1977). Избранные произведения (Selección de obras)Tomo I, 1897-1923. (3ª Edición). Политиздат (Politizdat - Editora de Publicaciones políticas).
  4. https://www.militaryarticle.vibrokatok.by/obozrevatel/2000-obozrevatel/13172-chekisty-v-velikoj-otechestvennoj-vojne
  5. Военные будни советской милиции, и За что отвечали в Великую Отечественную стражи порядка
  6. http://lib.sibli.ru/elib/0084432.pdf
  7. Советские правоохранительные органы в период ВОВ и послевоенный период | История и культура Евразии | Дзен

22 de julio de 2026

La hazaña cantada por Okudzhava "Solo necesitamos una victoria": seis contra mil


Por Koba. Traducción y notas Nestor Guadaño.

En mayo de 1943, en pleno apogeo de la Gran Guerra Patria, seis zapadores minadores del 10.º Batallón Independiente de Zapadores de la Guardia, del 43.º Ejército del Frente de Kalinin, bajo el mando del teniente primero Nikolái Kolósov, recibieron la misión de destruir un gran depósito de municiones del enemigo en la retaguardia de las tropas alemanas.

Este depósito era un objetivo de importancia estratégica, preparado por los nazis para la ofensiva de verano. El grupo de Kolósov, formado por jóvenes de entre 19 y 22 años, fue lanzado en paracaídas en la zona del bosque de Rudnián, en la región de Smolensk.

Consiguieron establecer contacto con los guerrilleros locales, y juntos comenzaron con su actividad de sabotaje: volar trenes de municiones, almacenes de combustible y municiones, así como recabar información para la inteligencia del cuartel general del Frente de Kalinin.

El 8 de mayo de 1943, el grupo localizó el gran almacén de municiones cerca de la aldea de Savostie.

Esperaron tres días a que llegara el momento oportuno para llevar a cabo la operación. La explosión se produjo de forma instantánea, pero la retirada del grupo vino acompañada de potentes detonaciones que llamaron la atención del enemigo. Los minadores sabían que los perseguirían, pero cumplieron su misión a pesar del peligro mortal.

El mando alemán, al considerar que una gran unidad militar operaba en la retaguardia, envió en su búsqueda un destacamento de castigo, un "sonderkomando" de las SS, una brigada compuesta por más de 1.000 nazis. Los minadores conscientes de que no tenían posibilidades de salvarse, se atrincheraron en una colina cerca del pueblo de Kniazhino.

En la noche del 11 al 12 de mayo, se parapetaron en la posición escudándose con todas las reglas del arte militar: cavaron completamente trincheras, minaron los accesos, prepararon una posición de reserva e instalaron potentes minas antipersonales.

Por la mañana del 12 de mayo comenzó el ataque. Los alemanes avanzaban en formaciones de línea, desde tres flancos, pero los zapadores, aprovechando hábilmente el relieve del terreno y su armamento, contuvieron el empuje enemigo. Dejaron que el enemigo se acercara a corta distancia, y abrieron fuego intenso con sus fusiles automáticos. Los dos primeros ataques fueron repelidos con grandes bajas para el enemigo.

Sin embargo, los alemanes, sin tener en cuenta las bajas, continuaban avanzando. Los combatientes aprovecharon hábilmente el relieve natural del terreno, y las posiciones preparadas de antemano.

Cuando los nazis trajeron la artillería y atacaron la colina, Kolosov se adelantó al enemigo: el grupo se desplazó cien metros hacia el interior de su posición, dejando las trincheras en sus posiciones anteriores, totalmente minadas. El resultado fue fulminante: el siguiente ataque del enemigo se topó con una potente explosión.

La batalla duró más de dos horas. Los combatientes cayeron uno tras otro: primero Bazílev, luego Miagki, Efímov, Goriáchev y Bezrukov. El último en perecer fue Nikolái Kolósov.
Cuando los granaderos nazis vieron que sólo les habían detenido seis hombres, se enfurecieron y comenzaron a destrozar los cuerpos de los héroes.

Sin embargo, al poco rato llegó el comandante de las tropas de represión, quien, tras inspeccionar el campo de batalla, ordenó que cesaran los atropellos. Ordenó que se enterrara a los paracaidistas con honores militares, permitiendo que los vecinos asistieran a la ceremonia.

Los alemanes se recompusieron, formaron filas y el coronel se dirigió a sus soldados instándoles a luchar con la misma valentía que aquellos seis soviéticos. Para concluir, se realizó una salva de tres disparos con armas de fuego.

Tras la liberación de la región de Smolensk en diciembre de 1943, el mando del Frente de Kalinin tuvo conocimiento de la hazaña de los seis minadores. A partir de las huellas recientes, se reconstruyó el desarrollo de la batalla. Los seis fueron propuestos póstumamente para la máxima condecoración de la Patria.

Sus restos fueron enterrados inicialmente cerca del pueblo de Kniazhino y, en 1975, con motivo del 30.º aniversario de la Victoria, fueron trasladados al pueblo de Mikulino, donde se erigió un complejo conmemorativo con un monumento de 12 metros y una llama eterna.
Los nombres de los héroes han quedado inmortalizados no solo en la piedra, sino también en los corazones de la gente. En su honor se han bautizado calles y colegios, y se organizan competiciones deportivas. Por ejemplo, en Omsk, el instituto n.º 12 lleva el nombre de Vladimir Goriáchev, uno de los mineros. En Izhevsk se ha creado un museo escolar dedicado a la hazaña de los héroes.

El coronel de las tropas de ingeniería Vladímir Tishchenko, desempeñó un papel especial en la preservación de la memoria de esta hazaña. Durante décadas recopiló material sobre los zapadores minadores, y escribió el libro «Nuestro décimo batallón de paracaidistas y sus héroes», en el que describió detalladamente su trayectoria bélica.

Tishchenko destacó que la hazaña de los seis minadores fue increíble: se trata del único caso en la historia, en el que todos los combatientes de una misma unidad quedaron inscritos para siempre en las condecoraciónes de la unidad.

En su opinión, fue precisamente el 10.º batallón independiente de minadores de la Guardia, el que inspiró a Bulat Okudzhava a componer la canción «Solo necesitamos una victoria».
La hazaña de los seis paracaidistas minadores, se convirtió en un símbolo de resistencia, valentía y abnegación. Sus acciones no solo infligieron un daño considerable al enemigo, sino que también permitieron salvar a un grupo de guerrilleros de más de 350 personas.

Gracias a su hazaña, se interrumpió la logística de las tropas alemanas, que desempeñó un papel importante en los preparativos para la batalla de Kursk.

Este episodio de la Gran Guerra Patria, nos recuerda que la victoria se logró gracias al heroísmo de soldados corrientes, como Nikolái Kolósov, Vladímir Goriáchov, Slava Efímov, Iván Bazílev, Mijaíl Miagki y Fílip Bezrukov.

Sus nombres han quedado grabados para siempre en la historia de nuestro país, como ejemplo de amor incondicional a la madre patria, y su disposición a dar la vida por su libertad.

La hazaña de los seis minadores no es solo una página de la historia militar, sino también una lección para las generaciones futuras.

Nos enseña a valorar la paz, a recordar quienes la conquistaron, y a ser dignos continuadores de su memoria.

Subimos la canción en su honor.

17 de julio de 2026

EL CAMINO DEL INTERNACIONALISTA

Por Andréi Petrusha. Traducción y notas añadidas Nestor Guadaño

Alfonso García Martínez nació en 1915 en Segovia. Sus padres eran trabajadores del campo. Estudió en una escuela primaria gratuita. Tras la muerte de su padre en 1922, se vio obligado a trabajar como jornalero. Años después, se trasladó a la ciudad, trabajó como camarero en una cafetería, intentando estudiar en su tiempo libre. A mediados de los años 30 se afilió al sindicato de trabajadores de hostelería, participando en diversas huelgas. 

En diciembre de 1936 se afilió al Partido Comunista de España. Pocos meses después del inicio de la rebelión fascista, comenzó a combatir. Estuvo en el frente de Madrid hasta enero de 1937. Posteriormente, como parte de la primera promoción, fue enviado a una escuela especial de aviación en la URSS.

Alfonso García Martínez regresó a su patria como piloto de bombardero. Participó en combates aéreos contra los golpistas fascistas. En una de esas batallas no tuvo suerte. Pilotando un Tupolev SB-2 “Katiuska”, regresaba de una misión, cuando de repente, surgieron de entre las nubes seis cazas alemanes Me109 de la Legión Cóndor, nazi. Su radio fue destruida y su navegante cayó herido.  El piloto español no tenía ninguna posibilidad. Pero entonces, de entre las nubes, surgió un caza Polikarpov I-16 “Mosca”. Solo contra seis, se lanzó audazmente al ataque. Se movía de un caza enemigo a otro, manteniéndolos ocupados en combate y ahuyentando a los «buitres» con ráfagas de fuego desde el avión republicano. Consiguió derribar un «Messerschmitt». Los demás se centraron en él, lo que le dio al bombardero la oportunidad de escapar.

El aterrizaje de la aeronave dañada fue un fracaso. Alfonso se golpeó y perdió el conocimiento. Su memoria conservó la imagen, de que el avión de su salvador había sido derribado por un «Messerschmitt 109», en cuyo fuselaje aparecía dibujada una serpiente.

Cuando recuperó el conocimiento, lo primero que preguntó fue:

—¿Ha regresado el caza?

—No —le respondieron—. Ha fallecido...

—¿Quién es?

—Un piloto soviético, el capitán Guerásimov.

– ¡Y yo que decía siempre que quien me derribase a mí aún no había nacido!

Un compañero intento consolarlo:

– ¡Hombre, no te quejes! Porque si llevaba pintada una culebra, eso quiere decir que te has enfrentado con un as. Tú ya sabes que eso de pintarrajear bicharracos en los aparatos es un privilegio de marca entre los nazis.

Con muchas horas de vuelo, el joven piloto fue enviado de nuevo a la URSS, en agosto de 1938. Su grupo, en el que se encontraban los tenientes Sepúlveda, Orozco, Díaz, Llorente, Rómulo Negrín y el capitán Morquilla, fue para terminar el curso de la Escuela Superior de Oficiales de Aviación, cuando llegó la terrible noticia: «La República ha perdido la guerra,»

Muchos comunistas y antifascistas españoles, que combatieron en la Guerra Nacional Revolucionaria española aprendieron de forma muy cruel, como actuaban los militares golpistas y reaccionarios. Cómo se ensañaban con la población civil, y el odio hacia los fascistas y nazis, hizo que la mayoría de pilotos no quisieran volver a un país con una dictadura filofascista.

Encontraron en la Unión Soviética, donde su sentido de la defensa de los valores republicanos, de libertad y democracia tenían vigencia. A la vez que defendían el País de los Soviets, fueron nutriéndose de la cultura revolucionaria construida por los trabajadores. Después de recibir los diplomas de oficiales pilotos de combate, profesionales, escogieron diversos destinos laborales. Con el tiempo también, defendieron los valores de la clase obrera y del comunismo.

Menos Negrín que marchó a México a reunirse con su familia, todos los pilotos permanecieron en la URSS. Alfonso solicitó la nacionalidad soviética y se puso de nombre de su valeroso salvador, Alexandr Ivánovich Guerásimov, incorporándose en la aviación civil como instructor y profesor de vuelo, viviendo en el pueblo de Sadovoye, en la región de Vorónezh..

En unos pocos años, estos españoles vieron que la historia se repetía cuando los nazis invadieron la URSS. Por su experiencia se alistaron en el Ejército Rojo, y tras muchas peticiones ingresaron. Muchos de ellos dieron sus vidas por proteger a la Unión Soviética.

En febrero de 1942 volvió al combate en el frente de Vorónezh, pilotando el cazabombardero de picado IL-2 (Sturmovík, avión de asalto), que los alemanes llamaban «la muerte negra». Allí fue donde, un día, con el avión en llamas, aterrizó a tres kilómetros de la línea de fuego, en territorio enemigo. Después de actuar en el frente central, participaría en las batallas de Stalingrado y de Oriol-Kursk, donde tuvo lugar una de las mayores batallas de blindados de las guerras modernas y que le sirvió para revivir un recuerdo que no le abandonó nunca. 

¿En aquella terrible batalla, qué habría visto Alfonso en aquel Messer para atacarlo con tanta saña, exponiéndose a ser abatido por la mayor capacidad de maniobra y rapidez del caza alemán? Esto es, sin duda, lo que se preguntaría el teniente Kémenski, cuando se lanzó a proteger a su camarada.


¡Dejádmelo a mí! ¡Ese es para mí! ¡Dejádmelo!. Gritaba Alfonso por la radio.

Unos segundos después, el caza alemán caía ardiendo como una antorcha. El español ganó el combate en una acción que puede calificarse de suicida, y fue eso lo que debió sorprender y paralizar al aguerrido piloto alemán, lo que provocó su derrota. Porque, por otro lado, aquello era una acción imprevisible tanto para un piloto alemán como para un piloto soviético.

¡Ya me las pagó!. Repetía Alfonso camino de la base, como si acabará de escapar de una pesadilla.

Era el mismo, lo reconocí en seguida. Dijo a sus compañeros nada más tomar tierra.

El que se seguía desconcertado era el teniente Kémenski:

Pero, ¿qué es eso de que era el mismo?. Preguntó el piloto soviético.

El mismo que me derribó en España, hombre. El de la culebra. Os lo he contado mil veces.

Y Kémenski confirmó lo dicho por Alfonso.

Es verdad que ese Messer llevaba una culebra pintada… se la vi perfectamente cuando entró en barrena.

Al frente de una escuadrilla de aviones de ataque Il-2, el teniente primero Guerásimov combatió en los cielos de Stalingrado y Járkov, en el saliente de Kursk y sobre Jítomir. En 1943, Alexandr Guerásimov se afilió al Partido Comunista de la Unión Soviética (bolchevique).

Así siguió ya como comandante de escuadrilla, y el 15 de noviembre de 1943, Guerásimov, al frente de la 208 Regimiento de Ataque Aéreo, participó en un combate contra una concentración de material militar y efectivos enemigos en la zona de Bila Tserkva. Allí salvó al joven piloto Amelin, en una situación similar a aquella en la que él mismo había sido salvado por Guerásimov en la lejana España.

En la operación de Korsun-Shevchenkivskyi, al mando de una escuadrilla de aviación de asalto, destruyó en vuelos rasantes a numerosos blindados alemanes y fuerzas de infantería fascista.

Posteriormente Alfonso García llamado“Serafimov” participaría en las batallas de Kiev, Lvov, Budapest y Cracovia. Efectuó su último combate en Praga.


Cumplió 105 misiones en España, más 119 en la URSS y alcanzó el grado de teniente coronel. Como as piloto soviético, en los combates había derribado en combate directo a 5 aviones, 50 aparatos destruidos en aeródromos, así como 4 convoyes fascistas y 80 tanques. Recibió siete altas condecoraciones, entre ellas la Orden de Alexander Nevski y dos Órdenes de la Guerra Patria, de primer y segundo grado, dos Órdenes de la Bandera Rojay las medallas «Por el valor» y «Por la victoria sobre Alemania en la Gran Guerra Patria de 1941-1945». También fue condecorado por el Gobierno Checoslovaco, con la Cruz Chekoslovaka.

Con motivo de su actuación en la Gran Guerra Patria, en varias ocasiones fue motivo de protagonismo en los periódicos rusos, como el caso del periódico moscovita “Zashitnik Otechestva” (El Defensor de la Patria), en el que el día 18 de enero de 1943 se podía leer esto: “Pongamos en tensión todas nuestras fuerzas, utilicemos nuestra gran experiencia de combate y derrotemos por doquier al enemigo, como lo hacen los pilotos de asalto del capitán Alexandr Guerásimov”.

No fue esta la primera vez ni tampoco la última, en que los periódicos del frente y la prensa de Moscú citasen, para elogio y ejemplo, el nombre del capitán aviador Alexandr Seráfimov.

Según nos pudo informar Clara Rosen (interprete rusa para los pilotos españoles y esposa del también piloto de IL-2, Celestino Martínez), Alfonso Martínez “Seráfimov” fue una persona más bien introvertida en su carácter, hecho que contrasta enormemente con su actividad en combate. Obtuvo la notoria Orden de Alexander Nevski (la cual sólo se concedía a los Comandantes que actuaron en los frentes).

Alfonso después de la guerra trabajó en un Koljoz (granja colectiva) en Tula al sur de Moscú, y allí se caso con una campesina, teniendo 6 hijos. Hecho también curioso, pues teniendo en cuenta su valía y experiencia, además de su posición militar, podría haber optado por un puesto de instructor en una Academia Militar. En 1963 en Moscú en un acto de encuentro de pilotos combatientes se encontró con otros pilotos y con Clara Rosen. Posteriormente, falleció pero no podemos constatar la fecha exacta, ya que no regreso a España.

En la posguerra, Alexandr Ivánovich Guerásimov vivió y trabajó en empresas de la región de Vorónezh. Él y su esposa, María Efímovna, tuvieron seis hijos. Por su labor en la industria, ya había recibido una condecoración «en tiempos de paz»: la Orden «Insignia de Honor». Alexandr Ivánovich Guerásimov —García Martínez— falleció y fue enterrado en la ciudad de Lipetsk en 1989.

Según nos ha informado Evgueni Federiakin, uno de los historiadores de guerra que más ha seguido la increíble historia de Alfonso García Martínez, entrevistó a su nieta:

"Irina me ha contado que el piloto que lo salvó, Alexandr Guerásimov, sobrevivió a la batalla que el describió. Y García se reunió con él veinte años después de la guerra. Estaba buscando a sus familiares, los encontró, ¡y fue el propio Guerásimov quien acudió al encuentro! Es una historia increíble, digna de una película". Además, la nieta me dijo que hubo una película, de ficción, en la que García-Guerásimov es el modelo en el que se basa uno de los personajes. Pero no recuerda cómo se llama la película ni cuándo se estrenó.


Enlaces consultados:

Alfonso García Martínez «Seráfimov», piloto en la guerra contra el fascismo, y luego contra el nazismo. 105 misiones en España, 115 en la URSS.