16 de enero de 2019

El asesinato de Rosa Luxemburgo un siglo después

Por Josefina L. Martínez, en Diario Octubre

La historia política alemana del último siglo puede leerse como el relato de un crimen. Un asesinato político que anticipó un genocidio. Pero para eso hubo que aplastar, primero, la esperanza de una revolución.

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El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron arrestados en el piso donde se escondían y trasladados a la sede de la Guardia de Caballería de los “freikorps” (cuerpos paramilitares) en el aristocrático hotel Eden. Cuenta una testigo que Luxemburgo colocó algunos libros en una maleta, pensando que le esperaba una nueva temporada en la cárcel. Unas horas después, el capitán Waldemar Pabst se comunicaba telefónicamente con el ministro del Ejército del Reich, el socialdemócrata Gustav Noske, para pedirle indicaciones sobre cómo proceder con tan importantes prisioneros. Hacía días que la prensa lanzaba amenazas e insultos contra “Rosa, la sangrienta”, dirigente de la Liga Espartaco y del recién fundado Partido Comunista Alemán (KPD).

Los socialdemócratas se encontraban en el poder desde la dimisión del Kaiser. El levantamiento de los marineros y trabajadores de Kiel había sido el puntapié inicial de una serie de insurrecciones locales que culminaron con una huelga general en Berlín el 9 de noviembre. Ese día, el socialdemócrata Philipp Sheidemann proclamaba la Republica alemana desde una ventana del Reichstag. Pocas horas después, Karl Liebknecht anunciaba –prematuramente– la creación de la Republica Socialista Libre de Alemania desde el balcón del Palacio.

Se vivía una situación de doble poder, con la formación de consejos de obreros y soldados, siguiendo el ejemplo ruso. Para evitar que ese fuera el camino, el 10 de noviembre el Gobierno llegó a un acuerdo con el Estado mayor alemán: el objetivo era frenar la revolución y liquidar a los espartaquistas, su ala más radical. “¡Odio la revolución como la peste!” había declarado Friedrich Ebert.

Después de su conversación con Gustav Noske, el capitán Pabst dio las órdenes y el teniente Vogel dirigió el comando de ejecución. Rosa Luxemburgo fue arrastrada escaleras abajo, pateada y golpeada en el estómago. Cuando cruzó la puerta, el soldado Otto Runge destrozó su cráneo con la culata del fusil. Agonizante, la subieron en un coche donde el oficial Hermann Souchon le dio un tiro final en la sien. Su cuerpo fue arrojado en el Landwehrkanal donde apareció flotando cuatro meses después. 

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Karl Liebknecht había sido fusilado unas horas antes en un parque cercano. La primera versión “oficial” fue que habían sido asesinados por una “turba” furiosa cuando intentaban escapar. Pero el bulo no resistió la menor pesquisa. Leo Jogiches, quien había sido compañero de Rosa Luxemburgo durante muchos años y dirigente de la Liga Espartaquista, investigó y expuso quiénes eran los responsables del asesinato. El 19 de marzo de 1919 Leo Jogiches fue asesinado en la cárcel “intentando escapar”; miles de espartaquistas y obreros revolucionarios fueron fusilados en los meses siguientes. El cineasta alemán Klaus Gietinger prueba todos estos hechos en un riguroso trabajo de investigación que se publica por primera vez en inglés este año por editorial Verso.

En 1962 el capitán Pabst hizo alarde de su responsabilidad en el asesinato de los dirigentes revolucionarios: “Yo participé, en aquel entonces (enero de 1919), en una reunión del KPD, durante la cual hablaron Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Me llevé la impresión de que los dos eran los líderes espirituales de la revolución, y me decidí a hacer que los mataran. Por órdenes mías fueron capturados. Alguien tenía que tomar la determinación de ir más allá de la perspectiva jurídica… No me fue fácil tomar la determinación para que los dos desaparecieran… Defiendo todavía la idea de que esta decisión también es totalmente justificable desde el punto de vista teológico-moral”.

Pabst tan solo contó lo que la cobarde socialdemocracia no se atrevió a confesar. El capitán volvió a tener protagonismo durante el golpe de Estado de Kapp (Kapp Putsch) en 1920. Más tarde colaboró en la organización de grupos paramilitares de ultraderecha en Austria. Si bien nunca se afilió al partido nazi, formó parte de grupos ultraderechistas hasta su muerte, en 1970. Nunca fue juzgado por sus crímenes.

Ya sabemos quién mató a Rosa Luxemburgo. La pregunta más importante ahora es por qué. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht se habían opuesto a la traición de la socialdemocracia que apoyó los créditos de guerra en el Reichstag el 4 de agosto de 1914. El Partido Socialdemócrata Alemán se había transformado en la organización más poderosa de la Segunda Internacional: un bloque de 110 parlamentarios, más de 4 millones de votos, 90 periódicos propios, numerosas asociaciones juveniles y de mujeres. Pero ese monumental aparato fue puesto a disposición del Imperio alemán cuando comenzó la guerra, justificando con la idea de la “defensa nacional” que los trabajadores alemanes se mataran en las trincheras con los franceses.

Luxemburgo y Liebknecht representaban la lucha contra la guerra imperialista, el combate contra el militarismo alemán, la denuncia de las capitulaciones de la socialdemocracia, la defensa de la revolución rusa y el ala más decidida de la revolución alemana. Como escribió Karl Liebknecht el mismo 15 de enero de 1919, unas horas antes de morir: “‘Espartaco’ significa fuego y espíritu, significa alma y corazón, significa voluntad y acción en favor de la revolución proletaria. ‘Espartaco’ significa toda la necesidad y el anhelo de felicidad, significa toda la determinación a luchar del proletariado con conciencia de clase. ‘Espartaco’ significa socialismo y revolución mundial”.

Ese anhelo de felicidad volvió a resurgir en Alemania en 1921 y en 1923. La historia de aquellos intentos revolucionarios ha sido invisibilizada por la historiografía, pero la esperanza de un mundo nuevo renació desde las cenizas una y otra vez en el corazón de Europa occidental.


Fuente original:
https://ctxt.es/es/20190109/Politica/23896/Josefina-L-Martinez-Rosa-Luxemburg-politica-Alemania-Karl-Liebknecht-Otto-Runge.htm

13 de enero de 2019

¡Sería recordado!


Por Yuri Giliov. Traducción N.G.

La imagen puede contener: una o varias personas, personas de pie, sombrero y exterior

Mi difunto abuelo me contó un suceso durante la guerra.

Los fascistas llegaron a su pueblo, se burlaron de la gente, cogieron por  la noche a todos los niños y escogieron contra la pared a 12 bebés para dispararles... 
unos pocos hombres del pueblo se pusieron delante de los niños, y los ametrallaron. 
Los niños quedaron vivos, pero dos minutos más tarde, los nazis les apuntaron con sus armas... 
unos cuantos hombres más ancianos se pusieron delante de los niños, y fueron fusilados de nuevo. A los fascistas les parecía divertido, así que duró este drama hasta que todos los hombres fueron fusilados...
No quedó nadie. Y entonces de nuevo, volvieron a apuntar a los niños...
unas pocas ancianas mujeres se pusieron delante, los fascistas se reían, apuntando para hacer blanco esta vez sobre las escasas mujeres. 
Al rato, hubo un grito " ¡fuego!" y todos los fascistas a la vez como uno solo cayeron muertos en el suelo. 
Resultó que los hombres de la aldea enviaron un enlace para pedir ayuda, diciendo que ganarían tiempo para detener las intenciones del enemigo...
Mantuvieron la vida de los niños al precio de las suyas. 
En estos 15-20 minutos se volvieron valientes frente a los niños y entendieron lo que es más necesario, comportarse como seres humanos de verdad y aunque fuera el último día, aunque fueran los últimos minutos de sus vidas... 
el abuelo era uno de aquellos niños.



Enlace original.
ЧТО БЫ ПОМНИЛИ!!! 

Мой покойный дедушка рассказывал мне один случай с войны.

Фашисты пришли в их деревню, издевались над людьми, собрали вечером всех детей и приставили к стенке 12 малышей, чтобы расстрелять... 
Несколько мужчин с той деревни встали перед детьми, их расстреляли, дети живы, но спустя две минуты на них опять наставили оружие, стало еще несколько мужчин и стариков перед детьми, их опять расстреляли, фашистов это начало веселить, так продолжалось до тех пор пока все мужчины не были расстреляны...
Не осталось ни одного. И вот опять прицелы наведены на детей, но теперь перед ними стали женщины, которых было не так уже и много, фашисты посмеялись, еще раз прицелились, но уже в женщин. 
Спустя мгновенье раздался крик "ОГОНЬ!" и все фашисты, как один упали замертво на землю. Оказалось, что мужчины из деревни послали одного за помощью, сказали, что у него немного времени, что они задержат врага и сохранят жизни детей.
Они сохранили жизни детей ценой своих. 
Эти 15-20 минут они мужественно становились перед детьми и понимали, что так нужно, что они настоящие мужчины и что это их последний день, последние минуты жизни... 
Дедушка был одним из этих детей.
© Юрий Гилёв

11 de enero de 2019

La guerra ideológica: el caso Venezuela

Por Sara Rosenberg.

Texto leído por Sara Rosenberg el 10 de Enero de este año, en el acto del de apoyo a la asunción del presidente Nicolás Maduro. Acto convocado por el FAI, Casa de vacas del Retiro.
“Estar hoy aquí es combatir contra el espíritu de la derrota y la política neoliberal” 
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Estamos hoy aquí para reafirmar nuestro apoyo al gobierno y al pueblo venezolanos, acosados por una guerra imperialista implacable desde la llegada de Hugo Chávez al poder y el inicio de la Revolución bolivariana. Podemos decir que este episodio de hoy, 10 de enero del 2019, el ataque a la soberanía y la legitimidad del gobierno del Presidente Maduro, es un capítulo más de una guerra prolongada. Recuerdo que el gran Ho Chi Min, definía la guerra de Vietnam como guerra popular y prolongada hasta que vencieron al invasor Yanqui. Este concepto de guerra popular y prolongada como estrategia de lucha contra el imperio en Venezuela adquiere otras características, porque si bien no hay una invasión directa de tropas americanas la agresión ha sido y es implacable y constante, y la resistencia popular y prolongada a la guerra imperialista también. Son ya veinte años de ataques al pueblo venezolano y son veinte años de resistencia y de lucha.
Es importante recuperar nuestra historia anticolonial y antiimperialista y entender que la lucha en Venezuela es una lucha por un modo de vida humana diferente y un estado soberano, enfrentado radicalmente a la peste del neoliberalismo y en proceso de construcción del socialismo. Para oprimir a los pueblos es necesario no sólo castigarlos económicamente, bloquear- boicotear- y crear el caos, sino sobre todo destruir el sentido de la vida y arrebatarles su historia. La resistencia al imperialismo se nutre del conocimiento de nuestra historia y de la defensa de una esperanza radical en un mundo sin explotados ni explotadores, de una sociedad socialista. El ejemplo de Cuba está presente. Y recordemos, la destrucción de la URSS no fue un tema económico, sino profunda y complejamente ideológico, político. 
Con inmensos medios ideológicos, culturales, propagandísticos, informativos, y usando tecnologías comunicacionales de última generación las grandes corporaciones imperialistas y los gobiernos de Estados unidos y Europa han tratado de destruir la revolución bolivariana, tal como intentaron destruir nuestra querida revolución cubana y tal como intentan destruir toda lucha emancipadora en Nuestra América y el mundo. De allí que en este momento la guerra ideológica, la guerra comunicacional pase a primer plano. La guerra mediática contra Venezuela ha sido feroz. Y para nuestra desgracia, como habitantes de este país, España cumple en este sentido un papel criminal. Desde hace veinte años, los medios hacen grandes campañas de difamación, verdaderas bombas comunicacionales dirigidas a sembrar la desconfianza, a criminalizar al gobierno democrático con más elecciones de la historia contemporánea, a degradar los logros sociales y políticos y hasta a crear con esto un tema nacional de conflicto interno digno de la época de la caza de brujas, donde cierta progresía se ha visto impulsada a tener que hacer meas culpas denigrantes pero, claro, previsibles por su propia debilidad o carencia de proyecto político socialista. 
Este es el poder inmenso con el que nos enfrentamos y este es el sentido de estar hoy aquí diciendo una vez más. 
¡No pasarán! 
Y no pasarán mientras consigamos desnudar la mentira y el cinismo que utilizan para atacar no solo al gobierno bolivariano sino al Estado, la soberanía y la legitimidad misma del estado. Invierten el sentido de las palabras para confundir, llaman dictadura a un gobierno que ha realizado 25 elecciones en 19 años, con 23 de ellas ganadas, y en nombre de la democracia atacan a la democracia participativa y protagónica cuyo sujeto histórico es el pueblo de Venezuela, asediado y en resistencia. Para sobrevivir, el capitalismo necesita la guerra, el caos y estados débiles y sumisos. Mafias y partidos y gobiernos empresariales como los que forman el cartel de Lima. Y por eso desde hace veinte años el enemigo de la humanidad ataca y pretende debilitar al estado soberano: criminalizar, aislar y agredir militarmente son fases que se han dado en Venezuela, a veces de manera simultanea y estamos en la fase de una posible agresión militar directa. La violencia, el bloqueo, el sabotaje, el crimen, la persecución contra la unidad latinoamericana que Chavez propuso y desarrolló, no conseguirán aislar a Venezuela, y al no poder aislarla tampoco podrán invadir en nombre de ese falso humanitarismo que ha destruido ya muchos pueblos usando la excusa de la democracia mientras siembran de muerte y uranio la tierra. Y la tarea desde aquí, desde el riñón del imperio, es impedir ese aislamiento, construir vínculos internacionalistas, desmontar el discurso de la gran mentira mediática y aprender del camino emancipador bolivariano.
En Europa vivimos una época de profunda barbarie programada y programática, un tiempo de neoliberalismo a ultranza y de agresión a los pueblos del mundo que no aceptan los mandatos imperiales. Y sin duda hemos de luchar desde el corazón del monstruo como decía Martí, aunque Europa realmente es el riñón del monstruo, porque si bien forma parte de la punta de lanza de la agresión imperialista en medio oriente y en América latina, al mismo tiempo es dependiente de los mandatos de Estados Unidos, al menos hasta ahora, donde empiezan a aparecer algunas contradicciones inter-imperialistas que están desplazando los ejes hegemónicos.
El antiimperialismo y el internacionalismo, son dos conceptos amplios que es necesario hoy más que nunca recargar de significado, porque para poder enfrentar a la hidra capitalista hay que conocer con precisión sus múltiples cabezas, cómo y desde donde lo estamos combatiendo, es decir cuál es el rol de este país, España, en relación con el imperialismo y en especial con la política imperialista en América Latina. La resistencia antiimperialista del pueblo español es esencial no solo para apoyar a los pueblos agredidos sino para fortalecer y refundar el espíritu de lucha que necesitamos y que ha sido arrasado por una cultura de la derrota, que el neoliberalismo ha conseguido imponer. España es no solo un país que coloniza América Latina a través de sus grandes empresas, sino una polea de transmisión –la historia, la lengua y la proximidad cultural han jugado a su favor- de las políticas del imperio. Los distintos gobiernos han impulsado en la UE la política de acoso y sanciones contra Venezuela y han apoyado siempre a la oposición – a la criminal y a la que se disfraza de demócrata-. (Para corroborar esto, basta leer los periódicos, hoy mismo la máquina de mentiras, el diario el país titula: “La toma de posesión de Maduro culmina la quiebra institucional de Venezuela”…una prueba evidente de la inversión del sentido, y del uso perverso del lenguaje). 
Hoy reafirmamos que nuestra solidaridad se inscribe en el antiimperialismo consecuente, es urgente revitalizar el pensamiento crítico y crear una izquierda internacionalista en Europa capaz de luchar en contra de las políticas de recolonización y destrucción el mundo.
El capitalismo ha mutado y por lo tanto también sus guerras de conquista y rapiña son distintas a las que tuvieron lugar en la época del capitalismo de los siglos anteriores. Hoy utilizan medios más sofisticados en nombre de la democracia: el golpe blando, el golpe judicial, el golpe parlamentario, las revoluciones de color, las guarimbas, la ignorancia programática de la barbarie instalada en el lenguaje para crear un mundo de esclavos sin capacidad de imaginar otras posibilidades, esas son sus armas letales. Y aunque resulte vulgar la metáfora, sin horizonte no puede haber amanecer. Esto es lo que hay que comprender cuando hablamos de una programada guerra ideológica: se construye al enemigo, se lo inviste de los peores rasgos (ya lo hicieron con Sadam, con Gadaffi, y con tantos otros cuyas muertes aún están sin juzgar…), se miente y se denigran los logros, se habla de oposición cuando se queman a personas vivas, se calla frente al magnicidio, se oculta que el bloqueo económico existe, y en nombre de una supuesta democracia se termina apoyando el crimen y la guerra contra los pueblos. 
Cada victoria en esta guerra popular y prolongada contra el imperio ha de ser celebrada, y celebro la victoria del pueblo sirio, como celebro la victoria del pueblo venezolano hoy, cuando se inicia un nuevo periodo presidencial que sin duda nos llevará a profundizar nuestro camino al socialismo y a la unidad de América Latina.
Hoy, aquí, una vez más al lado de nuestros hermanos venezolanos y de todos los que resisten la guerra y la depredación imperialista, decimos desde este castigado país y desde Madrid 
¡No pasarán! 
¡Viva Venezuela soberana y socialista! 
¡Venceremos!

10 de enero de 2019

EL "SOCIALISMO EN UN SOLO PAÍS"

Por Osbaldo Zúñiga.


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No es que tenga mucho interés en desmentir algunas falacias, es que cada tanto este argumento "pueril" vuelve y vuelve como forma y método de negar la obra de los bolcheviques, de su clase y de sus jefes: Lenin y Stalin.

Contra la calumnia trotskista de que Stalin desarrolló la idea de "socialismo en un solo país" para traicionar la revolución mundial, Lenin defendió la posibilidad de construir el socialismo en un solo país, y lo hizo con claridad en varias ocasiones. 

En su artículo “La consigna de los Estados Unidos de Europa”, escrito en 1915, afirmaba:
“Los Estados Unidos del mundo (y no de Europa) constituyen la forma estatal de unificación y libertad de las naciones, forma que nosotros relacionamos con el socialismo, mientras la victoria completa del comunismo no conduzca a la desaparición definitiva de todo Estado, incluido el estado democrático. Sin embargo, como consigna independiente, la de los Estados Unidos del mundo dudosamente será justa, en primer lugar porque se funde con el socialismo y, en segundo lugar, porque podría dar pie a interpretaciones erróneas sobre la imposibilidad de la victoria del socialismo en un solo país y sobre las relaciones de este país con los demás".

En septiembre de 1916, Lenin publicó un artículo titulado “El programa militar de la revolución proletaria”, en el que escribió:
“El desarrollo del capitalismo sigue un curso extraordinariamente desigual en los diversos países. De otro modo no puede ser bajo el régimen de producción de mercancías. De aquí la conclusión indiscutible de que el socialismo no puede triunfar simultáneamente en todos los países. Triunfará en uno o varios países, mientras los demás seguirán siendo, durante algún tiempo, países burgueses o preburgueses. Esto no sólo habrá de provocar rozamientos, sino incluso la tendencia directa de la burguesía de los demás países a aplastar al proletariado triunfante del estado socialista”.

Entre los días 4 y 6 de enero de 1923, cuando ya no podía escribir debido a su enfermedad, Lenin dictó su último trabajo teórico relativo a la construcción del socialismo: “Sobre la cooperación”. En él afirmaba con rotundidad la posibilidad de construir el socialismo íntegramente a partir del cooperativismo:
“En efecto, todos los grandes medios de producción en poder del Estado, y este poder en manos del proletariado, la alianza de éste con millones y millones de pequeños y muy pequeños campesinos, la garantía de que la dirección de estos últimos la ejerce el proletariado, etc…, ¿no representa acaso todo lo necesario para edificar la sociedad socialista completa partiendo del cooperativismo, sólo por medio de él, de ese cooperativismo al que antes tratábamos de mercantilista y que ahora bajo la NEP merece en cierto modo el mismo trato? Eso no es todavía la edificación de la sociedad socialista, pero sí todo lo imprescindible y suficiente para construirla”.

Y al final del artículo añadía:
“Nuestros adversarios nos han dicho más de una vez que emprendemos una obra descabellada, cuando nos imponemos implantar el socialismo en un país de insuficiente cultura. Pero se equivocan cuando afirman que comenzamos no en el orden debido según la teoría (de toda clase de pedantes); olvidan que entre nosotros la revolución política y social precedió a esa revolución cultural, a esa revolución ante la cual, a pesar de todo, nos encontramos ahora.

Esta revolución es hoy suficiente para que nuestro país se convierta en socialista, pero presenta increíbles dificultades, tanto en el aspecto puramente cultural (pues somos analfabetos) como en el material (pues para ser cultos es necesario cierto desarrollo de los medios materiales de producción, es indispensable determinada base material)".

Venezuela. El pueblo acompañó a Maduro en su juramentación/ Comparación de legitimidad con la de Donald Trump, Mauricio Macri, Sebastián Piñera y Juan Manuel Santos




Por Karelis González, en Alba Ciudad

En defensa de su voluntad y del Esequibo, el pueblo acompañó a Maduro en su juramentación

Caracas amaneció diferente, como si supiera lo que sucedería. Desde temprano se oían pasos de caminantes, acompasados con la voz del Comandante Hugo Chávez entonando el Himno del 414 Batallón Blindado Bravos de Apure, aquel Patria Querida inolvidable del 8 de diciembre de 2012.

En los altoparlantes también se escuchaba el canto combativo de Alí Primera, que se mezclaba con consignas de lucha, batalla y victoria a propósito del nuevo comienzo que iniciaría para la Patria.

De los 23 estados y el Distrito Capital procedían. Con banderas, pancartas, globos multicolores y, por supuesto, la tradicional vestimenta de color rojo, el pueblo avanzaba a paso firme con destino al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), ubicado en la avenida Baralt.

Justo ahí, en el máximo juzgado se juramentó el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, para el período 2019-2025, cumpliendo así con la voluntad soberana que se expresó en las urnas el 20 de mayo de 2018, cuando conquistó la victoria con 6 millones 248.864 votos.

Antes del punto culminante, a lo largo de la arteria vial, que lucía más concurrida de lo habitual, se exhibían los logros más destacados de la Revolución Bolivariana. Como si de una exposición se tratara, las misiones educativas Robinson, Ribas y Sucre encabezaban la lista, más adelante aparecían la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) y la criptomoneda nacional, el Petro.

Aunque el sol comenzaba a calentar el asfalto, la algarabía continuó a tope. La toma de posesión, así como las elecciones presidenciales en su momento, parecía significar un acto de soberanía, de democracia, de rebeldía ante las agresiones de factores oligarcas contra la estabilidad de la Patria.

De manera implícita, el movimiento popular que inundó las calles capitalinas, manifestó su respaldo irrestricto a las acciones gubernamentales en defensa del Esequibo. En carteles que reproducían un mapa de Venezuela, se leía la inscripción “El Esequibo es nuestro”, frase que marca la lucha de Venezuela por el teriitorio en reclamación.

Con el transcurrir de las horas, el pueblo siguió llegando. Unos a paso lento, otros más apresurados, pero todos con convicción y el ¡Viva la Patria! en los labios.
 

Comparando la legitimidad de Maduro con la de Donald Trump, Mauricio Macri, Sebastián Piñera y Juan Manuel Santos

El presidente Nicolás Maduro investido este jueves 10 de enero para su nuevo mandato presidencial tras resultar elegido el pasado 20 de mayo de 2018, con 61,8 % de los votos. Sin embargo, algunos jefes de Gobierno cuestionan su legitimidad, cuando estos en las respectivas jornadas comiciales de sus países tuvieron porcentajes menores de apoyo popular.

Por ejemplo:
  • El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, obtuvo el 46,09 por ciento de los votos en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre de 2016, en las cuales hubo 44,6 por ciento de abstención. Su votación representa el 20,55 por ciento del total del padrón electoral, si incluimos también a todas las personas que se abstuvieron.
  • El caso de Trump es muy particular, porque obtuvo menos votos que su principal contrincante, Hillary Clinton, del partido Demócrata (62.984.825 votos de Trump versus 65.853.516 votos de Clinton), pero aún así fue declarado ganador por la forma como funciona el sistema electoral estadounidense (Fuente: Wikipedia).
  • El presidente de Argentina, Mauricio Macri, obtuvo el 51,34 por ciento de los votos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 22 de noviembre de 2015, en la cual hubo 19,23 por ciento de abstención. En la segunda vuelta esto representó el 41,46 por ciento del total del padrón electoral.
  • Juan Manuel Santos, quien fue presidente de Colombia entre 2010 y 2018, fue reelegido el 15 de junio de 2014 con el 50,98 por ciento de los votos en la segunda vuelta del proceso electoral, en el que hubo 52,23 por ciento de abstención. Los votos recibidos por Santos representan apenas el 23,7 por ciento del total del padrón electoral, si incluimos también a todas las personas que se abstuvieron.
  • Sebastián Piñera, actual presidente de Chile, fue elegido el 19 de noviembre de 2017 con el 57,1 por ciento de los votos en la segunda vuelta de las elecciones de este país, en las que hubo 50,98 por ciento de abstención. Los votos recibidos representan el 26,75 del total del padrón electoral.
El presidente Nicolás Maduro obtuvo el 20 de mayo el 67,84 por ciento de los votos, en un proceso que contó con 53,93 por ciento de abstención. Sin embargo, los votos recibidos por el Presidente venezolano representan el 31,25 por ciento del total de los votos del padrón electoral, muy por encima de lo obtenido por Piñera, Santos y Trump, de quienes en ningún momento se ha dudado de su legitimidad.




Extraído de Resumen Latinoamericano: http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/01/10/venezuela-el-pueblo-acompano-a-maduro-en-su-juramentacion-comparacion-de-legitimidad-con-la-de-donald-trump-mauricio-macri-sebastian-pinera-y-juan-manuel-santos/

Las mayores huelgas generales de la historia del movimiento obrero las protagoniza el proletariado indio

 
Por movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com

Esta semana los trabajadores de India han protagonizado dos días de huelga general contra la política económica del gobierno de Narendra Modi, como ya ha quedado expuesto aquí. Más de 180 millones de trabajadores indios han paralizado durante dos días el país por completo.


Desde que en 1991 el gobierno de Delhi inició una nueva política económica se han convocado 19 huelgas generales. La más importante comenzó el 2 de setiembre de 2016. Cuantitativamente son las mayores movilizaciones en la historia del movimiento obrero.


En India llaman “bandh” (cierre) a las huelgas, una palabras que, además de su simbolismo de clase, tiene resonancias de los tiempos de lucha contra el colonialismo británico.


Es una palabra que se allá se emplea como amenaza porque está ligada a la fuerza y a los piquetes. Una huelga general es “Bharat bandh”, el cierre de India, la paralización de su economía, excluyendo de “Bharat” a los capitalistas.
 
De las huelgas indias se obtienen importantes lecciones que, naturalmente, es imprescindible poner encima de la mesa.


La primera va dirigida a esos mequetrefes que ponen en tela de juicio que la lucha de clases es el motor de la historia o que el movimiento obrero ha desaparecido y otras tonterías parecidas de la posmodernidad.


La segunda es que los obreros son la vanguardia de los oprimidos, algo que en India es patente, empezando por algo que en los países imperialistas tratan de ocultar: en el movimiento obrero indio las mujeres desempeñan un papel protagonista que va a contrapelo de una sociedad que, además de capitalista, arrastra todas las lacras de un pasado feudal. Ahora que aquí estamos en vísperas de otra farsa de “huelga general” para el 8 de marzo, es necesario tenerlo muy presente porque es la diferencia entre una movilización de la mujer proletaria en India frente a la de la mujer burguesa en España.


En India la mitad de la población, 680 millones de parias, no tiene absolutamente nada: ni alimento, ni alojamiento, ni agua, ni electricidad, ni educación, ni sanidad... La mitad de ellos son trabajadores empleados en el “mercado negro” o sector informal, es decir, privados de toda clase de derechos, por no decir que en pleno siglo XXI trabajan en condiciones similares a la esclavitud.


Si alguien está pensando en descanso, vacaciones, salario mínimo, seguro, accidentes y cualquier otra condición laboral parecida, que se olvide. El sector informal en India es la mitad del Producto Interior Bruto y en 2002 la Comisión Nacional del Trabajo admitía que ese es el futuro para toda la clase obrera india: el mercado negro.


El dato fundamental para entender la situación es el siguiente: sólo un 4 por ciento de los trabajadores indios está afiliado a un sindicato, lo cual marca la diferencia con los sindicatos españoles, absolutamente podridos y domesticados. Si como hacen aquí, los sindicatos indios lucharan exclusivamente por los intereses propios o de una minoría privilegiada de trabajadores, las huelgas generales multitudiarias no hubieran sido posibles.


Es la diferencia entre un sindicato de clase y un sindicato amarillo. Los primeros defienden los intereses de toda una clase, no solamente de una parte de ella, y menos de una parte privilegiada. Una huelga no es para que paren los fijos mientras trabajan los eventuales. Tampoco paren los talleres mientras la administración sigue funcionando. En una huelga obrera no hay servicios mínimos. En una huelga obrera para todo el mundo, incluidos los parados, y para ello se hacen llamamientos dirigidos a los barrios, los vecinos, los jóvenes, los jubilados, los estudiantes...


Otra cosa distinta es que los sindicatos amarillos traten de que los trabajadores sean derrotados para que que cunda la desmoralización y seguir culpando a los trabajadores de algo que sólo es responsabilidad de los (des)organizadores, como viene ocurriendo en España.



Más información:

9 de enero de 2019

Historia de una fiesta infame: colonialismo, despojo y auge de la extrema derecha en Andalucía


El 2 de enero de 1492, Boabdil entrega las llaves de la ciudad de Granada a los Reyes Católicos. Tras diez años de guerra, el Reino Nazarí sucumbía, junto con sus dos siglos y medio de existencia, cayendo así el último reducto andalusí de la Península Ibérica. Sin embargo, los problemas reales, lejos de terminar, comenzaban para la mayor parte de los habitantes de esta mitad de la nueva Andalucía. 

La rendición de Granada
La rendición de Granada, pintada por Francisco Pradilla Ortiz en 1882.

El 2 de enero de 1492, Boabdil entrega las llaves de la ciudad de Granada a los Reyes Católicos. Tras diez años de guerra, el Reino Nazarí sucumbía, junto con sus dos siglos y medio de existencia, cayendo así el último reducto andalusí de la Península Ibérica. Sin embargo, los problemas reales, lejos de terminar, comenzaban para la mayor parte de los habitantes de esta mitad de la nueva Andalucía. Pero vayámonos un poco más atrás en el tiempo. En 1085 los reinos cristianos toman la ciudad de Toledo. Para 1212, bula de cruzada papal mediante, miles de guerreros y caballeros de todos los reinos cristianos de Europa acudirán a la llamada del Papa para combatir al Rey de Al Ándalus, en una batalla que pasará a la historia como la de Las Navas de Tolosa, y que abrirá las puertas de Andalucía a los cristianos, de manera definitiva.

¿Por qué es importante volver tan atrás en el tiempo? Es a partir de Las Navas donde, por primera vez, los cristianos comienzan a llevar a cabo la eliminación sistemática del musulmán; ya no había lugar para la tolerancia, como había sido la norma también para los cristianos hasta aquel entonces. Miles de andalusíes musulmanes van a ser fríamente asesinados en cada pueblo donde entren las tropas castellanas; el genocidio comienza a ser una fórmula de guerra que no solamente va a ser utilizada, sino que, además, va a ser la norma general a partir de entonces en cada escenario de guerra. Así se tomarán las principales ciudades del occidente de Andalucía (Córdoba, Sevilla, más tarde Cádiz, Jerez de la Frontera, Niebla, etc.), provocando movimientos masivos de población hacia otros territorios donde la guerra no hiciera mella, como el norte de África.

¿Tal era el celo evangelizador de esos caballeros? ¡Ni por asomo! Cualquiera que se de una vuelta por la historia, no tardará en descubrir que la gran motivación que llevó a toda esta gente a desplazarse tan lejos, y cometer tales actos, no fue otro que el del botín y la gloria asociada a éste. Los conquistadores despojan a los conquistados de toda propiedad y los someten en una relación de sistemática asimetría. Condados, ducados y marquesados andaluces, con sus latifundios, son testigos históricos y nada desdeñables de esta cuestión. Estructura latifundista que, aun hoy, sufrimos los andaluces en el único territorio de Europa donde nunca tuvo lugar una reforma agraria, donde aún hoy existe una gran cantidad de desposeídos jornaleros fruto de estos hechos.

A este genocidio y despojo activado a fuego lento, se va a unir un epistemicidio cultural aún más violento. Cientos de miles de códices y documentos que abarcaban todas las ciencias y conocimientos humanos van a ser quemados, concretamente, unos quinientos mil libros van a arder en Córdoba en el siglo XIII, y doscientos cincuenta mil en Granada a finales del XV en la Plaza Bib Rambla. Si estos datos son en sí mismos escalofriantes, lo son aún más si tenemos en cuenta que la mayor biblioteca de toda la Europa cristiana, en el momento que ardían los cientos de miles de ejemplares cordobeses, solamente disponía de mil códices. Era un trabajo de inferiorización cultural a gran escala: se trataba de despojar de toda capacidad de resistencia cultural y de hacer desaparecer el conocimiento que miles de años había conformado al pueblo andalusí como tal.

Volviendo a la conquista del Reino Nazarí, se desarrollarán 10 años de cruenta guerra donde se esclavizó, por poner un ejemplo, a toda la población de Málaga debido a su tenaz resistencia, y a su negativa a la rendición final. Sin embargo, los ya mudéjares (musulmanes vasallos de cristianos) de Granada y otros territorios donde se negoció la rendición tendrían, a cambio de la misma, derecho a seguir conservando su religión, cultura y posesiones. Este mismo año, 1492, será el de la expulsión de los judíos de los reinos cristianos. Los Reyes Católicos, además de llevar a cabo una empresa de despojo a gran escala de la sociedad andalusí, estaban diseñando la futura España, en la que solo iba a tener cabida una lengua, una religión y una cultura, de cara a homogeneizar la población y formar un Estado moderno. La expulsión primero de los judíos, que eran minoritarios con respecto a los musulmanes, ya iba dando pistas acerca del futuro de los musulmanes granadinos, quienes debían de tomar nota de cara a traiciones futuras.

A finales del siglo XV, solamente algunos años después de la Toma de la ciudad de Granada, los nuevos amos del territorio van a torpedear los acuerdos alcanzados, tratando de convertir a los helches (cristianos convertidos al Islam) albaicineros, provocando un levantamiento en el barrio que va a permitir a los cristianos ir más allá en la ruptura de los acuerdos, obligando a los mudéjares a convertirse mediante el bautizo forzado, provocando la huída de muchos a La Alpujarra, donde la población mudéjar era muy mayoritaria. Estos mudéjares, ya “cristianizados” a la fuerza, serán conocidos como moriscos a partir de entonces. Creerán que con el forzado bautismo será suficiente y podrán vivir en paz.

Nada más lejos de la realidad. Había un despojo pendiente de ser llevado a cabo en la ciudad de Granada y otras donde los conquistadores no habían podido saciar su sed de botín. El sincretismo se va a convertir en la fórmula más habitual de seguir conservando las costumbres y creencias musulmanas. Por fuera son cristianos que, además, deben hacer gala de su cristiandad mediante la práctica de costumbres públicas como beber vino y comer cerdo, pero por dentro son musulmanes que siguen manteniendo sus creencias y ritos, que son practicados en el ámbito privado.

Tras esta primera revuelta, como decíamos, miles de granadinos van a huir a otras partes de la Península y, sobre todo, al Norte de África: Túnez, Marruecos o Turquía serán algunos de los destinos más importantes, aunque también Francia o Italia en menor medida. Poco a poco se iba dividiendo al pueblo morisco, rompiendo sus redes de solidaridad, haciéndolos más débiles a los envites que la corona iba a ir dando pacientemente. Solamente doce años después de los bautizos forzados, la reina Juana va a decidir comenzar a perseguir las manifestaciones culturales de los moriscos, como sus ropas, sus bailes, sus fiestas o su música, hasta 1525, cuando Carlos V va a confirmar la persecución de toda manifestación cultural andalusí, legalizándola. Solo el soborno al emperador permitirá aflojar la vigilancia durante 40 años, hasta 1565, cuando decidirá definitivamente lanzarse a la persecución de toda manifestación cultural morisca: lengua, religión, vestimentas, música, bailes, ritos, gastronomía, y hasta la forma de sentarse para comer.

En 1568 los moriscos, convencidos de que no había forma de volver atrás ante una situación de eliminación física y cultural, de abuso y despojo, deciden “tirarse al monte”, comenzando la famosa “Guerra de las Alpujarras”, iniciándose un conflicto que durará, aproximadamente, dos años y medio, y que tendrá grandes dosis de crueldad y violencia. Con la derrota morisca, comienza la primera gran deportación: la mayor parte de los moriscos de Granada serían deportados en condiciones lamentables a otras zonas de Andalucía y del resto de la península, muriendo gran cantidad de ellos en el camino. Sería cuestión de tiempo que se produjese la decisión final: trescientos mil moriscos serían deportados fuera de la Península Ibérica entre 1609 y 1614, deparando en el Norte de África la mayor parte de ellos, aunque muchos volverán a escondidas, aunque esa es otra historia...

Recapitulemos: tenemos unos reinos cristianos fundamentalistas que no toleran otras creencias, ni otras culturas, ni siquiera otras formas de vestir, comer o bailar, y que, en un momento histórico de superioridad militar, se lanza a la conquista de bastas extensiones de territorio llevando a cabo la eliminación física y cultural del enemigo, así como el saqueo y apropiación de las propiedades andalusíes, empujados por una cruzada a la que acuden caballeros de toda la Europa cristiana, frente a un territorio andalusí policromático donde, excepto en algunos periodos históricos, la norma es la tolerancia entre personas de distintas creencias religiosas, lenguas y culturas, y donde además existían mecanismos de redistribución de la renta que evitaban desigualdades graves. Se produce un genocidio, desplazamientos de población a gran escala, el despojo de las propiedades de todos esos miles de seres humanos cuyo único delito era tener otras creencias (o esa fue la excusa) y la inferiorización impuesta bajo la amenaza constante de muerte o expulsión. A esto habría que añadir el feminicidio que en toda la Europa cristiana se estaba produciendo, que tenía por objetivo acabar con el protagonismo de las mujeres en la vida pública y privada, que eran las que tenían los conocimientos sobre la naturaleza, las enfermedades, y los diferentes tipos de cuidados que debían llevarse a cabo en cada situación. Y un epistemicidio cultural, donde pretendían hacer desaparecer miles de años de experiencia acumulados por los pueblos ancestrales que habitaban desde siempre estas tierras.

A partir de entonces todo va a cambiar: las ciudades ya no responden a las necesidades defensivas y habitacionales de la población, sino a las necesidades de vigilancia del colonizado; el oro andalusí ya no iba a servir para decorar los códices, sino para pagar las deudas que la guerra de conquista iba dejando sobre la corona, y que debían ser pagadas a los banqueros de Alemania, máximos vencedores, sin duda, de la conquista.

Hoy día celebramos cada dos de enero estos hechos en la ciudad de Granada: un genocidio acompañado de un epistemicidio, así como la tortura y la muerte de miles de granadinos que fueron violentados y masacrados, ancestras que fueron violadas y prendidas acusadas de brujería; celebramos también que el Reino de Granada dejase de ser un reino soberano, para convertirse en una colonia que permitiera pagar las deudas de los reyes cristianos con los banqueros de Alemania.

Lo mismo ocurrió durante el siglo XX con unos fundamentalistas cristianos, cuya pasión por Cristo solo era superada por la que manifestaban por las riquezas materiales, hoy exhibidas en el Ibex 35. No por casualidad la II República acabó con esta infame celebración. Tampoco lo es que Franco la restableciese y que el Régimen del 78 la haya mantenido, sin importar el partido que liderase la alcaldía de la ciudad. No es casualidad que quienes despojan celebren el despojo, que quienes explotan celebren la esclavitud masiva, que quienes defienden la superioridad del hombre sobre la mujer celebren una ideología de guerra a la vida, de guerra a la diversidad. No es casualidad que, cada dos de enero, todas las organizaciones fascistas de Andalucía se den cita en la Plaza del Carmen, donde se sitúa el Ayuntamiento de Granada, para celebrar, junto al estamento eclesiástico y al militar, la masacre de los conquistadores sobre los conquistados.

Como ya explicaba en un anterior artículo publicado en El Salto, el fascismo no es más que la punta de lanza del capitalismo. Concretamente en Andalucía, esa punta de lanza la representan quienes históricamente formaron parte de esa arquitectura política, que tiene un origen histórico y social bien definido: latifundistas y terratenientes, fruto de unos repartimentos y un fracaso a la hora de repoblar de colonos las conquistas castellanas al sur de Despeñaperros. Actividades económicas (ganadería y agricultura) que hoy siguen siendo pilares de la estructura económica de Andalucía, junto con el sector servicios, que tendrá su auge en los años 60, muy enfocado al turismo de masas que podemos ver desarrollado en lugares como la Costa del Sol o, cada vez más, en grandes ciudades como Granada, Córdoba o Sevilla, conformando las principales fortunas del país.

Fortunas que necesitaron de procesos bélicos y la eliminación sistemática de la oposición para poder ser desarrollados. Así vemos cómo los latifundios fueron precedidos de una conquista salvaje, para luego ser entregados a los socios de la monarquía en la criminal empresa llevada a cabo entre los siglos XIII y XV. No muy diferente serán los hechos cuatro siglos y medio después, cuando Franco dé un fallido golpe de estado, sucedido de una guerra fraticida que acabará con los fascistas en el poder, acaparando, una vez más, las riquezas del país y diseñando un modelo de crecimiento que, una vez más, va a necesitar de la explotación de mano de obra masiva que permita generar una gran plusvalía, manteniendo un sistema de poder que se sostiene precisamente en el sometimiento de una mayoría a los caprichos de la poderosa minoría.

Fuente original:

Cuba Total


Por Osmany Sánchez, en La Joven Cuba
La llamada “disidencia” cubana es uno de los grupos más desprestigiados de la historia. El propio gobierno norteamericano reconoce que están desconectados de la sociedad, que solo piensan en las visas y el dinero. A pesar de toda la maquinaria mediática que tienen detrás, no han logrado en todos estos años debilitar al gobierno cubano. Ahora hacen campaña para que la nueva constitución no sea aprobada porque dicen que en Cuba no hay pluralidad.
Es imposible que no exista pluralidad en un país donde millones de personas participan y opinan con total libertad sobre documentos tan trascendentales como la propuesta de lineamientos económicos o la propia constitución. Cientos de miles de intervenciones y opiniones demuestran lo plural de nuestra sociedad, lo que sucede es que para los “disidentes” solo hay pluralidad cuando se elige la opción del capitalismo y en el caso de Cuba el capitalismo tercermundista, como todos los países del área. porque es el que nos tocaría, no el noruego o el canadiense.
Muy contentos están ahora con la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil, al que llaman demócrata y luchador por los derechos humanos. Es curioso que critiquen a Cuba por tener un solo partido y por blindar constitucionalmente al país contra el capitalismo, cuando ellos demuestran que si tomaran el poder algún día no dejarían piedra sobre piedra en Cuba. ¿Exagero? Verán que no.
El demócrata Bolsonaro ha declarado una verdadera cruzada contra el comunismo y la izquierda en general. Ha afirmado que hará una limpieza a fondo en Brasil y acabará con “los marginales rojos”, que serían “borrados del país”. Entre sus propuestas está la de tipificar como terroristas al Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y al Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST). Como de tal palo tal astilla, el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, dijo que “basta con un soldado y un cabo para cerrar el Superior Tribunal Federal (STF)”
Pero hay más. El propio Eduardo Bolsonaro presentó el proyecto de ley Nº 5358/16 que propone criminalizar la apología al comunismo y el fomento a la lucha de clases y condenaría a penas de dos a cinco años de cárcel y multas a quien “comercialice o distribuya símbolos de propaganda que utilicen la hoz y el martillo, o cualquier otro medio de divulgación favorable al comunismo.”
Los cubanos ya vivimos esto cuando Cuba era “libre y democrática” pues en Cuba existía el Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC) que bastantes jóvenes asesinaron durante la dictadura de Batista, la misma etapa añorada por los “disidentes” y sus patrocinadores.
No son solo los Bolsonaros los demócratas, también la diputada Ana Carolina Campagnolo pide que se permita que los estudiantes puedan denunciar a los profesores que expresen opiniones críticas sobre el presidente electo. Han llegado al extremo de sembrar odio contra las ideas del eminente pedagogo brasileño Paulo Freire cuyo legado quieren expurgar en las escuelas de ese país.
A esto debemos sumarle las amenazas de Bolsonaro a los medios de prensa que lo criticaron durante la campaña.
¿Es Cuba un país plural? Depende del cristal con que se le mire. Para los que creen que pluripartidismo significa democracia y que el imperio de medios de comunicación en manos de unos pocos significa libertad de prensa, definitivamente no lo es. Para la gran mayoría de los cubanos sí. Pensar que la revolución se ha mantenido durante sesenta años sin el apoyo del pueblo es un gran absurdo. Basta conocer solo un poco de la historia de Cuba para saber que cuando un gobierno no ha sido aceptado, fue sacado del poder. Machado y Batista son dos ejemplos.
Nadie que se defina como revolucionario puede estar de acuerdo, ni tangencialmente, con el discurso de la contrarrevolución cubana. Ellos podrán simular querer lo mismo que nosotros, pero habría que ser muy ingenuo para creerles.
Hoy nos toca aprobar la constitución y seguir construyendo un país cada día mejor. Podemos tener discrepancia con uno o varios aspectos, pero la constitución es para todos. El momento de opinar ya pasó y lo aprovechamos. No empleemos más palabras que las necesarias, digamos por lo claro que daremos el sí a la nueva constitución. #YoVotoSi

8 de enero de 2019

La esencia del trotskismo y sus manifestaciones en el comunismo de hoy (IV)


5º) El imperialismo y las perspectivas de la revolución proletaria mundial.

Sin embargo, este acercamiento no significó en absoluto una renuncia a la teoría de la “revolución permanente”, la cual no sufrió cambios esenciales en los años de la primera guerra mundial. Seguía ignorando la etapa democrático-burguesa en que se hallaba todavía la revolución rusa, negando la necesidad de la hegemonía del proletariado sobre el campesinado y subestimando el papel revolucionario de los movimientos democráticos y de liberación nacional.

Trotski no veía en Rusia fuerzas capaces de hacer la revolución. Afirmaba que la “revolución rusa no podía ser ‘llevada hasta el fin’ ni mediante la colaboración del proletariado con la burguesía liberal ni mediante su alianza con el campesinado revolucionario”. Sus coincidencias con Kautsky no se limitan al centrismo en el movimiento socialista internacional, sino que incluyen también la opinión sobre los campesinos: para el oportunista alemán “constituyen un factor económicamente reaccionario, que es un obstáculo en el camino hacia el socialismo”[1]. Según Trotski, la revolución en Rusia no podía ser más que un impulso exterior para la revolución socialista en Occidente, que des­pués debería asegurar la victoria del socialismo en Rusia.

Trotski afirmaba explícitamente, en los años de la primera guerra mundial, que seguía sosteniendo las mismas opiniones y desarrollándolas y no veía “razón alguna para renunciar a tales pronósticos, de los que la parte leonina correspondía a Parvus”[2].

Así, pues, en los años de la primera guerra mundial, Trotski confesaba que, en cuanto a las cuestiones fundamen­tales de la revolución, sus perspectivas y fuerzas motrices, se solidarizaba con Parvus, y no con Lenin.

Éste afirma que Trotski propone una solución errónea a la correlación de clases en la próxima revolución, “repitiendo su ‘original’ teoría de 1905 y negándose a reflexionar sobre las causas por las cuales, durante diez años, la vida ha pasado de largo ante esa magnífica teoría.(…)

Trotski no ha pensado que si el proletariado arrastra a las masas no proletarias del campo a la confiscación de las tierras de los terratenientes [como el propio Trotski repetía en 1915] y derroca la monarquía, ¡eso será precisamente la culminación de la ‘revolución burguesa nacional’ en Rusia! ¡Eso será justamente la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado! (…)

¡Trotski ayuda en la práctica a los políticos obreros liberales de Rusia quienes entienden por ‘negación’ del papel del campesinado una negativa a incorporar a los campesinos a la revolución!

Tal es hoy la clave de la cuestión. El pro­letariado lucha y seguirá luchando abnegadamente por la conquista del poder, por la república, por la confiscación de las tierras, es decir, por la conquista del campesinado, por la utilización exhaustiva de sus fuerzas revolucionarias, por la participación de las ‘masas populares no proletarias’ en la obra de liberar a la Rusia burguesa del ‘imperialismomilitar-feudal (es decir, el zarismo). Y el proletariado aprovechará inmediatamente esta liberación de la Rusia burguesa del zarismo y del poder de los terratenientes, no para ayudar a los campesinos ricos en su lucha contra los obreros rurales, sino para realizar la revolución socialista en alianza con los proletarios de Europa”[3].

Es en este último aspecto -el de la relación entre la revolución socialista en Rusia y el proletariado internacional- en el que Trotski va a modificar a peor su teoría de la “revolución permanente” a partir de la guerra imperialista y debido a su comprensión defectuosa de lo que es el imperialismo. En el artículo que acabamos de citar, Lenin le acusa de “jugar con la palabra” imperialismo, pero esta nueva etapa del capitalismo provocará peligrosas vacilaciones también en algunos dirigentes bolcheviques como Piatakov y Bujarin, que convergerán más tarde con Trotski en su lucha contra el Partido leninista.

Como resume muy bien Harpal Brar, “estos dos males gemelos -la aceptación de la teoría de la “revolución permanente” y la no aceptación de las tesis de Lenin sobre el imperialismo- constituyen la base teórica del trotskismo…”[4]

Contrariamente a Lenin, que en su apreciación del im­perialismo ponía en primer plano sus contradicciones, Trot­ski admiraba como Kautsky la tendencia de esta nueva etapa del capitalismo hacia un “ultraimperialismo”, hacia la formación de un único trust mundial[5]. Consideraba que “la tendencia centralizadora de la eco­nomía contemporánea es la principal…”[6] para el imperia­lismo. Según Trotski, la “tendencia centralizadora” es una tendencia progresista del desarrollo económico del imperia­lismo y se expresa en el desarrollo de las fuerzas produc­tivas, que se libran de las trabas de las naciones y Estados y llevan a que, “en sustitución de la gran potencia nacional”, llegue la “Weltmach imperialista”[7], es decir, la poten­cia mundial.

Trotski simplificaba la comprensión de la época del im­perialismo, considerándola el advenimiento de un “capitalismo puro”, sin resabios de atraso feudal. Menospreciaba la complejidad y la diversidad de sus fenómenos y contradicciones en beneficio de la idea abstracta del centra­lismo. Trotski rechazaba la continuidad y la ligazón de la época del imperialismo con las épocas precedentes e igno­raba el papel activo de los fenómenos transitorios y de los antagonismos heredados del pasado. Afirmaba que las ten­dencias del capitalismo, que penetraban en todo, liquidaban los tipos de economía precapitalistas y que los elementos y fenómenos de épocas pasadas sucumbían ante la fuerza del capital. Llegó a decir que la base económica que sustentaba a la pequeña burguesía había desaparecido y que el capita­lismo “acababa con las clases intermedias…”[8].

Esa afirmación gratuita, hecha sin apoyarse en un análisis económico, no sólo es falsa, sino también nociva. Al trotskismo le sirvió de base para despreciar el papel revolucionario del campesinado y de los movimientos antiimperialis­tas, democráticos, de los pueblos de las colonias y los países dependientes, ayudando al imperialismo a debilitar la solidaridad proletaria con ellos.

Lo cierto, sin embargo es que la agudización de las contradicciones del capitalismo en virtud de su desarrollo desigual obliga a la clase obrera y a los pueblos oprimidos de un determinado grupo de países o de un país a buscar la salida en la revolución. Esos nudos de contradicciones se convierten en eslabones débiles del sis­tema del imperialismo. “…La revolución proletaria —dice Lenin— crece en todos los países de modo desigual, por cuanto todos los países se hallan en diferentes condiciones de vida política, y en unos países el proletariado es dema­siado débil y en otros es más fuerte”[9].

La desigualdad del desarrollo del capitalismo agudiza también las contradicciones entre los Estados imperialistas y dificulta su acción conjunta contra el proletariado que ha iniciado la revolución. 

Esta conclusión de Lenin iba enfilada contra los socialchovinistas y los centristas como Kautsky, que afirmaban que en la época del imperialismo disminuía la desigualdad del desa­rrollo del capitalismo y perdían agudeza sus contradic­ciones.

Siguiendo a los kautskianos, Trotski trató de refutar la tesis leninista de que en la época del imperialismo la acción de la ley del desarrollo económico y político desigual del capitalismo podía ejercer una influencia decisiva en la posi­bilidad de la victoria de la revolución socialista en varios países o en un solo país y en las perspectivas de dicha revo­lución. Negaba la acción de la ley de la desigualdad del desarrollo del capitalismo, declarando que la tendencia fun­damental del imperialismo era la necesidad de “construir una economía mundial unificada, independientemente de los marcos nacionales y de las barreras estatales aduaneras”[10]. Por ello —afirmaba Trotski—, la tarea del proletariado consistía en aprovechar las tendencias centralistas del imperialismo, y no sus desigualdades.

En opinión de Trotski, la clase obrera de cada país debía renunciar a las llamadas obligaciones nacionales y centrar sus esfuerzos en la lucha por la conquista del poder estatal en la única forma real preparada por toda la época del imperialismo, “en la forma de la dictadura política en todos los países civilizados del mundo capitalista”. Trotski afir­maba que el movimiento revolucionario de masas podía desa­rrollarse con éxito y alcanzar la victoria sólo como movi­miento general europeo y que, aislado en los marcos nacio­nales, estaba condenado a un fracaso inevitable. En vista de ello, luchar por la dictadura del proletariado en un solo país carecía por completo de sentido; el proletariado única­mente podía establecer su dictadura en Europa entera, es decir, en la forma de Estados Unidos de Europa[11].

Lenin, criticando la idea del estallido simultáneo de la revolución en todos los países, decía: “Esperar a que las clases trabajadoras hagan la revolución a escala internacional significa que todos deben quedar inmóviles, esperando. Eso no tiene sentido”[12].

Ya en agosto de 1915, Lenin se pronunciaba contra la “falsa idea de la imposibilidad de la victoria del socialismo en un solo país”, así como contra la “interpretación errónea de las relaciones de este país con los demás. La desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible que el socialismo triunfe primeramente en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo país en forma aislada. El proletariado triunfante de este país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar dentro de él la producción socialista, se alzaría contra el resto del mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados”[13].

Un año más tarde, en septiembre de 1916, ya no habla de la posibilidad, sino de la inevitabilidad de que la revolución socialista triunfe en unos países antes que en otros: “El desarrollo del capitalismo sigue un curso extraordinariamente desigual en los diversos países. De otro modo no puede ser bajo el régimen de producción de mercancías. De aquí la conclusión indiscutible de que el socialismo no puede triunfar simultáneamente en todos los países. Triunfará en uno o en varios países, mientras los demás seguirán siendo, durante algún tiempo, países burgueses o preburgueses”[14].

Aun después del triunfo de la revolución en Rusia y de haber sido uno de sus gobernantes, Trotski seguía empeñado en fundamentar teóricamente su tesis sobre la revolución internacional simultánea: “… la ley del desarrollo desigual no es una ley del imperialismo; es ley de toda la historia humana. El desarrollo capitalista acrecentó extraordinariamente en su primera época la desigualdad entre los niveles de desarrollo económico y cultural de las diversas naciones; el desarrollo imperialista, es decir, la novísima fase del capitalismo, no ha aumentado esta desigualdad, sino que, por el contrario, ha contribuido en grado considerable a su nivelación”[15].

La historia de un siglo largo de imperialismo demuestra, en realidad, la existencia de las dos tendencias contrapuestas en el desarrollo de los diferentes países: no solamente la tendencia a la nivelación que el trotskismo considera definitiva, sino también la tendencia al incremento de la desigualdad. La explicación tiene su raíz en la misma contradicción fundamental del capitalismo[16] que determina la acción recíproca de ambas tendencias opuestas: “la nivelación de los países capitalistas, lejos de disminuir la acción de la ley del desarrollo desigual bajo el imperialismo la acentúa. Precisamente el inusitado progreso de la técnica y la nivelación cada vez mayor en el nivel de desarrollo de los países capitalistas en el período del imperialismo hacían aparecer la posibilidad del adelanto a saltos de unos países sobre otros”[17].

Donde más evidente se hace el desarrollo desigual a pesar de la tendencia a la nivelación es al comparar a las potencias capitalistas dominantes con los países oprimidos por ellas. La desigualdad entre ambos tipos de naciones ha aumentado enormemente, sobre todo en su aspecto esencial: la soberanía económica de las naciones oprimidas, cada vez menor por la creciente brecha tecnológica con las naciones más poderosas. Salvo algunos países que conquistaron su independencia y realizaron revoluciones socialistas, el resto de las antiguas colonias y semicolonias no ha dejado de incrementar su nivel de atraso y de dependencia respecto de sus antiguas metrópolis (unos pocos enclaves privilegiados por las necesidades económicas o políticas de éstas -como, por ejemplo, los llamados “tigres asiáticos”- han experimentado un notable crecimiento económico, pero enormemente dependiente de las grandes potencias imperialistas).

“El trotskismo -explica Harpal Brar- no acepta la tesis de Lenin según la cual el desarrollo económico desigual es una ley absoluta del capitalismo. Según Trotski, el imperialismo suprime todas las desigualdades en el desarrollo económico de los diferentes países. La explotación imperialista, pretende Trotski, conduce a la eliminación de las desigualdades en las condiciones económicas de los países explotadores y explotados. En 1928, por ejemplo, Trotski hablaba de ‘la brecha decreciente entre India y Gran Bretaña’. A partir de esta posición de rechazo de la ley del desarrollo desigual del capitalismo, Trotski deduce, en oposición directa al leninismo, la conclusión errónea, incluso contrarrevolucionaria, de que una revolución nacional no es posible puesto que, dice el trotskismo, el imperialismo ha suprimido las economías nacionales y creado una sola economía mundial. Al igual que no puede haber revolución socialista en una parte de un país (es decir, en una parte de una economía nacional integrada), por lo mismo, dice el trotskismo, no puede haber revolución nacional, ya que la economía nacional es una parte de una única economía mundial integrada. Luego, según Trotski, la revolución mundial -una revolución en todos los países del mundo- debe producirse en todas partes simultáneamente o en ningún lugar particular. Los diferentes países deben acometer la revolución socialista uno tras otro en una sucesión rápida, como las diferentes regiones de un país durante una revolución nacional. Si el punto de vista de Trotski hubiera sido correcto, no habría habido construcción del socialismo en la URSS. Pero la construcción del socialismo en la URSS ha proporcionado una prueba viviente del abismo que separa al trotskismo de la realidad, de la naturaleza oportunista profunda e incorregible del trotskismo, de su contenido contrarrevolucionario”[18]


Notas.

[1] Demokratia oder Diktatur, Kautsky, pág. 4, Berlín 1920.
[2] Nashe Slovo, 14 de febrero de 1915.
[3] Sobre las dos líneas de la revolución, Obras Completas, t. XXIII, págs. 51 y 52, Ed. Akal.
[4] Trotskisme ou léninisme, pág. 147.
[5] Al pintar al imperialismo de color de rosa, Kautsky concluía que la clase obrera debía aplicar una política orientada “a estimular el capitalismo” (El Estado nacional, el Estado imperialista y la alianza de Estados, pág. 90).
[6] Nashe Slovo, 3 de febrero de 1916.
[7] Golos, 20 de noviembre de 1914.
[8] Nashe Slovo, 17 de octubre de 1915.
[9] Obras Completas, t. 37, pág. 117.
[10] Nashe Slovo, 3 de febrero de 1916.
[11] Nashe Slovo, 4 de febrero de 1916.
[12] Obras Completas, t. 36, pág. 335
[13] La consigna de los Estados Unidos de Europa: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/8-1915eu.htm
[14] El programa militar de la revolución proletaria: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1916mil.htm
[15] Trotski, Las vías de la revolución mundial, VII Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Actas taquigráficas, t. II, pág. 99, Moscú-Leningrado 1927. Citado en “La lucha del partido bolchevique contra el trotskismo”, t. 2, págs. 188-189.
[16] “La contradicción entre la producción social y la apropiación capitalista se manifiesta ahora como antagonismo entre la organización de la producción dentro de cada fábrica y la anarquía de la producción en el seno de toda la sociedad… Es la fuerza propulsora de la anarquía social de la producción la que convierte a la inmensa mayoría de los hombres, cada vez más marcadamente, en proletarios, y estas masas proletarias serán, a su vez, las que, por último, pondrán fin a la anarquía de la producción.” (Del socialismo utópico al socialismo científico, F. Engels: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/3.htm)
[17] La lucha del partido bolchevique contra el trotskismo, t. 2, pág. 189.
[18] Trotskisme ou léninisme, pág. 589, nota 15.