11 de junio de 2019

Estreno de la 7ª Sinfonía de Shostakóvich: el mayor acontecimiento musical de la 2ª Guerra Mundial

Por Federico Rubio Herrero 

El 9 de agosto de 1975 murió en Moscu el célebre compositor soviético, Dmitri Shostakovich. 
Había nacido en San Petersburgo en 1906. Estudio con Kolazunov, en el Conservatorio de Leningrado y fue discípulo de Rimski-Korsakov y Sokolov. Posteriormente fue profesor, de dicho  Conservatorio en los años 1940, 1941 y 1942. Estaba en posesión del premio Stalin y de la Orden de Lenin desde 1946.

Shostakovich vivía en Leningrado, cuando el 22 de junio de 1941 los alemanes y sus aliados atacaron sorpresivamente la URSS, y llegaron a los aledaños de la ciudad. Fue entonces cuando comenzó a trabajar en su séptima sinfonía coincidiendo con el primer mes del salvaje asedio a la misma. Posteriormente, Stalin ordenó su evacuación a Kúibyshev (1), pero cuando terminó de componer su sinfonía, Shostakovich la dedicó a su ciudad natal.

El estreno en Leningrado de la séptima sinfonía fue el 9 de agosto de 1942. Los alemanes  habían pactado para la captura de la ciudad ese día, y que celebrarían la Victoria en el hotel Astoria (el más lujoso de la ciudad). La fecha para el estreno fue, por tanto, escogida deliberadamente.

Emoción y certidumbre

El director de orquesta, de la Radio de Leningrado, Karl Eliasberg solo había podido celebrar el primer ensayo completo tres días antes (2). Pero a las seis de la tarde hablo por la radio.

"Camaradas, esta a punto de tener lugar un gran acontecimiento en la historia cultural de nuestra ciudad. Dentro de unos minutos oiréis, por primera vez, la séptima sinfonía de nuestro compositor Dmitri Shostakovich. Comenzó a crear esta soberbia composición en Leningrado, cuando el enemigo loco de odio intentó entrar en nuestra ciudad por primera vez. Cuando los cerdos fascistas nos bombardean con cañones y aviones, todos creyeron que los tiempos de Leningrado tocaban a su fin. Pero su composición es una prueba de nuestro espíritu, nuestra valentía y nuestra determinación por continuar existiendo".

Veamos cómo describe Michael Jones, en su libro "El sitio de Leningrado" (3) (pag. 290) el concierto.

"Cuando Eliasberg salió al escenario y se volvió hacia la orquesta se hizo un extraño y profundo silencio  en la sala. El director levantó la batuta y la sinfonía comenzó. En los apartamentos de la ciudad y en las trincheras (donde se habían instalado gigantescos altavoces), civiles y soldados se reunieron para oír la retransmisión del concierto. Un artillero recordó que en el momento en que el primer movimiento entraba en un poderoso crescendo "mi unidad estaba escuchando con los ojos cerrados". Parecía que el cielo sin nubes se hubiera convertido en una tormenta de música que estallaba ante nosotros".

Distintas oleadas de emoción recorrieron la sala de conciertos. Durante el primer movimiento fue furia, durante el segundo tristeza. Al final hubo una ovación atronadora. Subió al escenario una niña que le entregó un ramo de flores a Eliasberg. 
"La gente estaba de pie llorando", recordó el director. "Sabian que aquello no era un episodio más, sino el principio de algo. Lo oímos en la música los presentes en la sala, la gente en sus casas y los soldados en el frente (4). Toda la ciudad reencontró su humanidad. Y en aquel momento triunfamos sobre la desalmada máquina de guerra nazi".

Otras composiciones de Shostakóvich son: "La nariz", óperas como "La joven guardia", ballet como "La edad de oro". Además, sinfonías, música de escena, de jazz, de cine, cuartetos y conciertos para piano y orquesta.

Notas:
1.-  En Kúibyshev tuvo lugar el estreno mundial, el 5 de Marzo, bajo la dirección de Samuil Somosud, dirigiendo a la Orquesta de Bolshói allí trasladada.
2.- Andréi Zhdánov era en ese momento el Responsable Político de la Defensa de Leningrado. Comprendió que no podía realizarse esa ejecución de cualquier forma, tenían que ensayar y preparar concienzudamente su emisión por la ciudad y el frente. Cientos de altavoces se instalaron especialmente hacia las líneas alemanas. Fue un increíble acontecimiento, que supuso un triunfo moral y militar sobre la propaganda alemana, y un estímulo hondamente percibido por la población leningradense. Todos las fuentes consultadas así lo atestiguan, fue una gran victoria psicológica y política.
3.- Jones, Michael (2008). Leningrad: State of Siege.
4.- El concierto contó con el apoyo de una ofensiva militar soviética, cuyo nombre en clave era «Borrasca», con el objetivo de silenciar las fuerzas alemanas durante la interpretación. 

 



Fuente original:

* Cronologia mundial durante el tardofranquismo y la transicion 1973-1979, pags. 125 y 126.

9 de junio de 2019

La esencia del trotskismo y sus manifestaciones en el comunismo de hoy (VIII)


11º) El debate sobre si era posible edificar el socialismo en la URSS

En sus Enseñanzas de la Revolución de Octubre, Trotski presentaba a ésta como el resultado de la victoria del ala izquierda contra el ala derecha del partido bolchevique. Por supuesto que se reivindicaba a sí mismo como una de las figuras representativas de la izquierda, junto a Lenin, y mencionaba a Zinóviev y Kámenev como miembros de la derecha. Tal vez fuera esta acusación la que llevó a éstos a hacer causa común con la mayoría de la dirección del Partido frente a las pretensiones de Trotski (cuya expulsión de las filas del PC (b) de Rusia llegaron a pedir, aunque sin éxito por la oposición del resto de los dirigentes). Zinóviev, presidente entonces de la Internacional Comunista, escribió un artículo[1] titulado El leninismo que, en parte, iba dirigido contra la revisión trotskista de la historia de la revolución y contra la desconfianza trotskista hacia el campesinado. Sin embargo, en él también se sostenía que era imposible construir el socialismo en un país atrasado como la URSS de aquellos años.

Por consiguiente, los trotskistas y zinovievistas discrepaban sobre cuestiones del pasado pero coincidían en la principal cuestión de futuro. Quizás esas discrepancias fueron suficientes como para que Trotski se mantuviera inicialmente al margen de este debate, que era el fundamental aunque sólo emergiera a partir del año 1925. O quizás le desconcertó que fuera la dirección del Partido la que tomara la iniciativa de plantearlo. O quizás se apartara tácticamente para no perjudicar a los zinovievistas, ya que la mayoría del partido lo consideraba un enemigo del leninismo. Es difícil saberlo y tampoco afecta a los hechos. El caso es que Kámenev y Zinóviev no tuvieron el apoyo de los trotskistas durante el primer año de la discusión. Junto a otros pocos dirigentes, formaron una “nueva oposición” a la línea política de la mayoría del Comité Central.

La dirección bolchevique consideraba que el restablecimiento de la economía nacional casi completado no era suficiente para desbaratar una futura agresión de las potencias imperialistas y que la tregua pacífica conquistada permitía avanzar hacia la edificación del socialismo. El XIV Congreso del PC (b) de Rusia de diciembre de 1925 tenía en el orden del día el diseño de una política de industrialización que ponía el acento en la creación de la industria pesada, en el desarrollo de los medios de producción, en la creación de una industria de maquinaria, para superar el atraso y la dependencia de la URSS.

La “nueva oposición” criticó esta política de industrialización por centrarse en la industria pesada y en la independencia nacional, así como la política de alianza con los campesinos medios que interpretaban como conciliación los kulaks. Tomaron como blanco de sus críticas la manera conservadora y derechista en que Bujarin interpretaba la política campesina del Partido (su consigna “¡enriqueceos!” destinada a integrar pacíficamente a los kulaks en el socialismo y su concepción de la NEP que se transforma en socialismo “a paso de tortuga”). Y rechazaron la perspectiva de completar la edificación del socialismo en una URSS cercada por las potencias capitalistas, como una manifestación de estrechez nacional pequeñoburguesa. Para apoyar su posición, rebuscaron en la sociedad soviética y en citas de Marx, Engels y Lenin toda clase de inconvenientes a la construcción del socialismo en el país soviético. Algunos de ellos eran reales, pero el error de los zinovievistas era considerarlos superiores al potencial socialista de los obreros y campesinos trabajadores, equivocar el peligro principal que era el derrotismo “izquierdista” de Trotski y compartir con él su concepción invertida, idealista, del internacionalismo proletario.

Uno de sus argumentos está entre los favoritos de todos los que critican “por la izquierda” al bolchevismo: las empresas estatales de la URSS (y, por extensión, de cualquier país dirigido por la clase obrera) no serían socialismo sino “capitalismo de Estado”. 

Ciertamente, puede ocurrir que el Estado proletario recurra al capitalismo de Estado, es decir, a acuerdos con los capitalistas nacionales o extranjeros para la explotación de determinadas empresas. Pero eso no tiene nada que ver con las empresas que dicho Estado administra en exclusiva. Estas son empresas socialistas que forman el sector socialista de la economía nacional. Los críticos “de izquierda” cuestionan su carácter socialista porque, en ellas, se pueden utilizar métodos inventados por los capitalistas, como el taylorismo, el fordismo, etc.; porque, en ellas, hay una división más o menos permanente del trabajo, una “clase” de dirigentes y una “clase” de dirigidos; porque la retribución de los empleados sigue teniendo el nombre de “salario” y todavía lo es parcialmente; etc. 

Sin embargo, estos críticos pasan por alto que estas empresas tienen como fin directo la producción de valores de uso con arreglo a un plan nacional y no la producción de plusvalía para sus propietarios; que ese plan es discutido y aprobado colectivamente por los obreros de esas empresas que participan también en la dirección de su ejecución; que la retribución de todos, desde el peón hasta el directivo, se calcula según la cantidad y calidad del trabajo y no según el “capital” aportado (que es enteramente propiedad del Estado). 

A fin de cuentas, lo que les sucede a estos críticos es que confunden el socialismo con el comunismo pleno, cuando ya no haya división de la sociedad en clases, cuando la producción ya no sea mercantil-monetaria, cuando la vieja división social del trabajo y el propio Estado se hayan extinguido. No comprender la necesidad del período de transición llamado socialismo no es marxismo sino anarquismo: impaciencia propia del pequeñoburgués arrollado por el desarrollo de las fuerzas productivas sociales y, por lo mismo, incapacitado para resolver la contradicción entre capitalismo y socialismo. 

Los errores teóricos de los trotskistas y zinovievistas tenían relevancia porque, aun contra la voluntad de ellos, servían dentro del partido comunista a los intereses de la parte de la pequeña burguesía que combatía al capitalismo sin asumir la posición de la clase obrera; en definitiva, que combatía tanto a los capitalistas como a los proletarios que actuaban consecuentemente con sus intereses de clase al organizar la edificación de la sociedad socialista.

Stalin respondió teóricamente a ésta y a las demás objeciones durante las sesiones del Congreso[2] y en su obra de 1926 titulada “Cuestiones del leninismo”[3]. En particular, destacó el significado internacionalista de la edificación del socialismo en la URSS:

“¿Qué hace falta para que los proletarios venzan en el Occidente? Ante todo, fe en las propias fuerzas, la conciencia de que la clase obrera puede valerse sin la burguesía, de que la clase obrera no sólo es capaz de destruir lo viejo, sino también de construir lo nuevo, de edificar el socialismo. Toda la labor de la socialdemocracia consiste en inculcar a los obreros el escepticismo y la falta de fe en sus fuerzas, la falta de fe en la posibilidad de lograr por la fuerza la victoria sobre la burguesía. El sentido de todo nuestro trabajo, de toda nuestra edificación, consiste en que este trabajo y esta edificación convencen a la clase obrera de los países capitalistas de que la clase obrera puede valerse sin la burguesía y edificar con sus propias fuerzas la nueva sociedad. (…) Y cuando los obreros de los países capitalistas se contagien de la fe en sus propias fuerzas, podéis estar seguros de que eso será el principio del fin del capitalismo y el más fiel indicio de la victoria de la revolución proletaria. Por eso creo que no trabajamos en vano al edificar el socialismo. Por eso creo que en ese trabajo hemos de vencer en escala internacional”.[4]

Y, más allá, a la vuelta de diez años, la Unión Soviética fue la prueba viviente de que un solo país puede edificar una base económica socialista, es decir, donde la gran mayoría de los medios de producción son propiedad social (estatal o cooperativa) y han sido liquidadas las clases explotadoras, perviviendo únicamente unos residuos de las mismas que, en unión con el capital internacional, continúan luchando contra el proletariado.

Al comprobar Zinóviev la debilidad de su posición en el Congreso, propuso al final del mismo incorporar al CC a representantes de todos los grupos de oposición derrotados anteriormente, en lo que fue el primer paso visible del ensamblaje que llegaría a ser la “oposición de izquierda unificada” formalizada en el verano de 1926.

12º) El error común del trotskismo y de la socialdemocracia

En el fondo, la oposición de 1923, la de 1925 y la unificada de 1926-27 partían de la misma concepción fundamental que Kautsky ya había expresado en la temprana fecha de 1918, de la manera siguiente:

“La revolución bolchevique se basaba en la hipótesis de que sería el punto de partida de una revolución europea general… Según esta teoría, la revolución europea que trajera el socialismo a Europa permitiría también eliminar los obstáculos al desarrollo del socialismo en Rusia, obstáculos creados por el atraso económico de este país. Todo esto estaba muy lógicamente y bastante bien fundamentado, a condición de que la hipótesis de base se realizara, a saber, que la revolución rusa debía abrir inevitablemente la vía a la revolución europea. Pero, ¿qué hacer si esta hipótesis no se realiza? Nuestros camaradas bolcheviques han apostado todo a la carta de la revolución europea general. Como esta carta no ha aparecido, se han visto forzados a emprender una vía que los ha conducido a enfrentar problemas imposibles de resolver.”[5]

A quienes critica aquí Kautsky no es realmente a los bolcheviques, sino a los semi-bolcheviques: es decir a quienes, a diferencia de él, todavía aceptaban la revolución; pero, lo hacían sólo hasta cierto punto, de manera inconsecuente, porque parten, como él, de la misma concepción vulgarmente evolucionista, mecanicista, según la cual el imperialismo es sólo un desarrollo cuantitativo del capitalismo y no su negación como resultado de un salto cualitativo en dicho desarrollo. Los derechistas de la socialdemocracia (incluidos Bujarin y Jruschov) y los “izquierdistas” como Trotski, Zinóviev y otros coinciden en la misma premisa falsa. Unos y otros comparten que el socialismo debe esperar a que el capitalismo madure más de lo que lo había hecho ya a principios del siglo XX.

En esta idea, hay algo cierto, pero es secundario y, si se toma aisladamente, si no se tiene en cuenta otro aspecto opuesto que es principal, se acaba basculando en el campo de la burguesía, contra el proletariado. En abstracto, a escala histórica, es cierto que, cuanto más desarrolle el capitalismo el carácter social de sus fuerzas productivas, mejores condiciones brindará al proletariado para construir el socialismo una vez conquiste éste el poder político. Pero, al mismo tiempo, estas nuevas fuerzas productivas más desarrolladas están en poder de los capitalistas y les proporcionan una mayor capacidad para prevenir y descomponer la revolución proletaria[6].

Ya en el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels observaban que, a lo largo de la historia, la lucha de clases entre explotadores y explotados “conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”. En el futuro, tampoco podemos considerarnos a salvo de este desenlace regresivo de la lucha entre la burguesía y el proletariado (tal vez por el uso de las armas nucleares y otras de destrucción masiva, por el impacto del desarrollo capitalista de la sociedad sobre la naturaleza, etc.). El materialismo consecuente no se conforma con observar las grandes tendencias abstractas, sino que investiga cuáles son las acciones revolucionarias que pueden inclinar la balanza a favor de las tendencias progresivas y las pone en práctica. Esto es lo que distingue al marxismo genuino de Lenin, cuando se enfrenta al fenómeno del imperialismo, del socialismo semi-marxista de derecha (Kautsky) y de “izquierda” (Trotski), de ese “hay que ser socialistas antes que marxistas” que pronunció Felipe González para ser aceptado por la burguesía como su jefe de gobierno.

El leninismo comprende que el fruto del socialismo ya está maduro en el árbol del capitalismo imperialista y este árbol amenaza con descomponerlo. Por esta razón, los destacamentos nacionales de la clase obrera, una vez cumplidas las tareas democrático-burguesas básicas, deben emprender la construcción del socialismo, aprendiendo con su propia experiencia a extirpar lo viejo y a multiplicar los frutos socialistas sobre las nuevas bases de la dictadura del proletariado y de la propiedad social sobre los principales medios de producción. Así es como han de mostrar con su ejemplo práctico que los explotados pueden organizar la producción de una manera más satisfactoria para sus intereses que la manera capitalista de hacerlo y así es como han de adquirir un poderío material con el que ayudar a sus hermanos de clase del resto del mundo.

El miope determinismo económico de los oposicionistas, que concebía mecánicamente la primacía de las fuerzas productivas sobre las relaciones sociales, necesariamente conducía a negar la posibilidad de construir el socialismo en un país más atrasado si no se conseguía antes en los más adelantados. Es más, Trotski llegaría a empujar este razonamiento viciado hasta sus consecuencias más extremas y contrarrevolucionarias, pero no adelantemos acontecimientos.

En consecuencia, los trotskistas y zinovievistas consideraban que la revolución rusa no debía pretender construir el socialismo en su propio país, sino extender la revolución a los países más desarrollados. Había pues que rechazar y combatir toda idea y toda medida que fuera dirigida a avanzar hacia el socialismo en la URSS. Había que tomar unilateralmente y exagerar todo rasgo atrasado, todo lo que dificultara ese avance y negar o menospreciar todo progreso.

Para sostener su posición contraria a la perspectiva de edificar el socialismo en la URSS, Zinóviev llegó a invocar el texto escrito por Engels en 1847, con anterioridad al Manifiesto del Partido Comunista, en el que decía que la revolución comunista se produciría y desarrollaría más o menos simultáneamente en todas las naciones civilizadas[7]. Además de que Engels se refiere a la revolución comunista completa y contempla diferentes ritmos nacionales en su realización, la base de sus afirmaciones es el capitalismo progresivo que se extiende por el mundo destruyendo los viejos modos de producción, y no el imperialismo que se basa en la explotación de los países dominados. Lo que sí resulta evidente de este texto y de toda la labor teórica y práctica de Marx y Engels, es que ellos empujaban la revolución proletaria todo lo lejos que ésta pudiera llegar en cada lugar, a pesar de que el capitalismo todavía se hallaba en su etapa juvenil: nada que ver con el espíritu derrotista de los oportunistas como Kautsky con sus “problemas imposibles de resolver” o como los oposicionistas rusos con su “imposibilidad de edificar el socialismo en la URSS”.

Ciertamente, no es posible alcanzar el comunismo pleno en un solo país, porque el cerco capitalista al que está sometido le obliga a mantener una fuerte organización estatal dirigida a responder eficazmente a las agresiones bélicas y a la influencia corruptora foránea. A su vez, esta organización estatal equivale a conservar en parte la vieja división social del trabajo que ancla a cierto número de individuos a unas mismas funciones y a una posición particular con respecto a los demás. Y esta vieja división del trabajo es una base embrionaria para el surgimiento continuo de nuevos elementos de burguesía, contra el cual es necesario mantener y ejercer la dictadura del proletariado.

Pero, entre la conquista del poder político por la clase obrera y la completa transformación comunista de la sociedad, hay mucho que hacer en cada país -como lo han demostrado los progresos de la URSS y de otros países socialistas-, a condición de que se quiera, a condición de que no se impongan los agoreros trotskistas y zinovievistas vaticinando la imposibilidad de edificar el socialismo en un solo país. Y esta era la encrucijada en la que se encontraba la Unión Soviética en los años veinte.

Para sostener su punto de vista insostenible, los oposicionistas tenían que mentir y ocultar que Lenin ya había resuelto lo fundamental de esta polémica en sus obras El imperialismo, fase superior del capitalismoSobre la consigna de los Estados Unidos de Europa, El programa militar de la revolución proletaria y en las posteriores a Octubre de 1917. Esto es lo que hacía Trotski cuando preguntaba en la XV Conferencia del PC (b) de la URSS: “¿Por qué se exige el reconocimiento teórico de la construcción del socialismo en un solo país? ¿De dónde se ha sacado esta perspectiva? ¿Por qué hasta 1925 nadie planteó esta cuestión?”[8]. Zinóviev, por su parte, interpretaba como negativa a construir el socialismo en la URSS la idea de Lenin de que a los rusos les sería más difícil continuar la revolución proletaria que a los comunistas de Occidente. En cuanto a Kámenev, sostenía que Lenin no se refería a Rusia cuando hablaba sobre la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país.

La mayoría partidaria de la línea bolchevique-leninista no negaba ni menospreciaba las dificultades en el camino de la edificación del socialismo, pero no se rendía ante ellas, como hacían los oposicionistas que rebuscaban en lo dicho por Lenin algún resquicio (o lo tergiversaban) para “justificar” su claudicación ante las fuerzas del capitalismo. Tampoco la mayoría se desentendía de la revolución socialista en otros países, sino que la consideraba la garantía para la victoria definitiva del socialismo, es decir, para evitar que éste fuera destruido desde el exterior. Además, consideraba la solidaridad del proletariado de los países capitalistas con la URSS como una de las palancas que hacía posible la edificación del socialismo en este país y a éste como una base y un ejemplo práctico para potenciar el movimiento obrero revolucionario en aquéllos. En cambio, los oposicionistas menospreciaban el valor de esta solidaridad mientras el proletariado del mundo capitalista no conquistara el poder del Estado. Para ellos, la revolución rusa no podría dar más de sí y debía dedicar sus fuerzas a espolear la revolución en Occidente donde sí sería posible edificar el socialismo (o tampoco, como veremos enseguida).

La mayoría bolchevique perseguía hacer “el máximo de lo realizable en un solo país para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países“[9]; consideraba que el proletariado de cada país debe actuar ante todo sobre el terreno nacional, pero, al hacerlo, resuelve tareas de significación internacional que dimanan de la naturaleza de la clase obrera y de su situación en la sociedad. Así es como, diez años después, la Unión Soviética se convirtió en una gran potencia industrial, la segunda del mundo, con plena independencia económica de los países capitalistas. Gracias a ello, fue capaz de derrotar al desafío fascista del imperialismo, ayudar a extender el campo socialista a un tercio de la humanidad y animar un pujante movimiento obrero en Occidente que arrancó concesiones sin precedentes a los capitalistas.

Profundizando en su concepción equivocada del desarrollo de las fuerzas productivas sociales y de la revolución internacional, Trotski teorizó sobre la “continuidad histórica” de la economía de la URSS como parte de la economía capitalista mundial y su subordinación a ella, como si la revolución no hubiera destruido esa dependencia. El posterior desarrollo de una industria soviética independiente refutó estas especulaciones. Esa supuesta subordinación de las economías nacionales respecto del mercado mundial llevaría a Trotski a negar la posibilidad de edificar el socialismo incluso en los países más desarrollados mientras no triunfara la revolución a escala internacional:

“No sólo la China atrasada, sino, en general, ninguno de los países del mundo podría edificar el socialismo en su marco nacional: el elevado desarrollo de las fuerzas productivas, que sobrepasan las fronteras nacionales, se opone a ello, así como el insuficiente desarrollo de la nacionalización. La dictadura del proletariado en Inglaterra, por ejemplo, chocaría con contradicciones y dificultades de otro carácter, pero acaso no menores de las que se plantearían a la dictadura del proletariado en China. En ambos casos, las contradicciones pueden ser superadas únicamente en el terreno de la revolución mundial”.[10]

Notas:

[5] Kautsky, La dictadura del proletariado.
[6] En uno de sus últimos artículo, Lenin advertía de que tenemos “el inconveniente de que los imperialistas han logrado dividir al mundo en dos campos” (Más vale poco y bueno). En su polémica con Trotski, Bujarin observaba con razón que la mayor parte de la población de Francia está en África y que la mayor parte de la población de Gran Bretaña está en Asia. Y esto proporciona a los capitalistas de las potencias imperialistas una riqueza colosal con la que pueden someter por mucho tiempo a sus propios obreros, dependiendo, claro está, de cuánto se desarrolle la lucha de liberación nacional de los pueblos oprimidos y la solidaridad con ella por parte de aquellos obreros.
[7] Principios del comunismo, Engels. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm
[8] Actas taquigráficas, pág. 533; citado en La lucha del partido bolchevique contra el trotskismo, t. 2, pág. 186.
[9] Acerca del infantilismo “izquierdista” y del espíritu pequeñoburgués, Lenin.
[10] La revolución permanente, Trotski, http://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/trotsky_revolucion_permanente.pdf, pág. 129.

Los verdaderos datos de la II Guerra Mundial: Los soviéticos aplastaron 607 divisiones fascistas, 176 todo el resto del ejército aliado

Durante diez años, la Asociación de Amistad Hispano Soviética ha ido consultando, investigando y publicando muy diferentes artículos sobre la Gran Guerra Patria y la II Guerra Mundial. 

Tras el golpe de estado de Jruschov la lucha de clases fue disminuyendo en la URSS hasta su desaparición. Minimizar el aporte soviético al desarrollo de la Humanidad ha sido el principal objetivo del imperialismo tanto europeo como norteamericano. También en los libros de textos escolares y universitarios son tergiversados los hechos. Se pondera que  el desembarco en Normandía fue el hecho principal para la victoria aliada en la II Guerra Mundial.  

Nuestra labor desde el principio estuvo enfocada a demostrar mediante hechos, con datos lo más documentados posibles, la trascendental importancia de la existencia de la Unión Soviética en la derrota de el engendro fascista nazi creado y sostenido por el imperialismo, para destruir a la URSS.

Tras la desaparición de la sociedad soviética, la propaganda imperialista ha venido atacando sistemáticamente durante estos 28 años las conquistas sociales y la edificación de la clase obrera de otra sociedad distinta al capitalismo.

Ampliamos pues abundando sobre este tema, en un reciente artículo aparecido en estos días.

Por presos.org, recogido por Tercera Información. Nueva redacción y añadidos por Nestor Guadaño, para la AAHS.

Museo Memorial de La Gran Guerra Patria. Volgogrado. Antigua Stalingrado 
Museo Memorial de La Gran Guerra Patria. Volgogrado. Antigua Stalingrado

Los verdaderos datos de la II Guerra Mundial

Los soviéticos aplastaron 607 divisiones fascistas, todo el resto del ejército aliado, 176. La Alemania nazi aguantó, gracias a todo lo robado a la URSS. ¿Sabías que en los mismos días que EE.UU mató civiles con la bomba atómica, la URSS aniquiló 677.000 militares nipones?

Partimos de un dato ya editado. Los franceses, en mayo de 1945 ya valoraban mayoritariamente que el gran peso de la victoria contra los nazis lo había desarrollado la URSS. Sin embargo la encuesta nos decía además que ningún francés había visto en su vida un soldado soviético, en su territorio o cercanos, pues solo habían conocido personalmente tropas inglesas, yanquis y de otros países. Pero sabían que el enorme peso de la guerra, se desarrolló en el Este de Europa soportado por la URSS (1). Desconocían sus consecuencias. Y en Francia, aún así se valoraba con un 57%. Aunque en el conflicto participasen 61 Estados.




Pero vamos a los datos mucho más concretos, pues al fin y al cabo las guerras en el campo de batalla se realizan con soldados, batallones, armas, muertos, lisiados de por vida, sometimiento de ciudades, etc. Y estos fueron los datos 1941-1945 de quién ganó o no la guerra contra el nazifascismo.

Desde el 22 de junio de 1941, hasta enero de 1945, donde el declive nazi se convirtió en puro repliegue, la  distribución de las divisiones de Alemania fueron:

1941: 223,5 Divisiones militares en total.
56,5 ocupan la URSS.
3 Divisiones en otros frentes.
64 Divisiones en Alemania o en territorio ocupado.

1942 (noviembre): 268,5 Divisiones en total
193,5 ocupan la URSS.
4,5 Divisiones en otros frentes.
70,5 en Alemania o en otros territorios ocupados.

1943 (julio): 297 Divisiones en total
196 en territorio soviético.
7,5 en otros frentes.
93,5 en Alemania o países ocupados.

1944 (enero): 317 Divisiones en total.
201 contra los soviéticos.
21 en otros frentres.
95 en Alemania o países ocupados.

1945 (enero): 313,5 Divisiones en total.
179 contra los soviéticos. Más 16 Divisiones de los fascistas húngaros.
106 en otros frentes.
12 contra el EPL de Yugoslavia.
16,5 en Alemania y países ocupados.
(Nota aclaratoria:  Cada División, equivale a dos Brigadas. La División es la formación militar máxima, y estaba formada por entre 6.000 a 10.000 soldados, mandos, intendencia…)


La canción fue escrita tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial por el poeta soviético Konstantín Símonov, quien la dedicó a su pareja la actriz Valentina Serova.
Durante el servicio militar en el frente, Símonov compartió sus versos con varios compañeros y a partir de aquel momento, la canción se hizo muy popular.
 

Las Divisiones en la Italia fascista fueron: 86 contra las tropas de EE.UU. y G.B. y otros países.

La URSS tuvo que destacar: 72,5 Divisiones en la lucha contra los satélites de Alemania.

La URSS destruyó o aniquiló durante toda la guerra a 506,5 Divisiones alemanas y 101 Divisiones de sus satélites fascistas.

Todo el resto de aliados de la URSS (G.B., EE.UU,…), destruyeron en Europa, Norte de Africa, Italia y territorio ocupado por el Japón fascista, 176 divisiones.

Por si queda alguna duda, en mayo del 1945 y rendidos los nazis por los soviéticos, EE.UU. decide bombardear atómicamente Japón, ya que los yanquis ocupaban -a nivel militar- algunas islas de su territorio, insignificantes. El 6 y el 9 de agosto de 1945 realiza la masacre de civiles más cruel de la guerra. Lo que nunca cuentan los medios de comunicación en manos del imperialismo, es que esos mismos días a inicios de agosto, el Ejército Rojo causó la gran derrota del militarismo japones al diezmar al ejército fascista japonés de Kwantung, eliminando a 677.000 soldados y oficiales nipones.

Que a nadie se le olvide...

La mayoría de las fuerzas de la alemania nazi fueron desechas en todos esos años, y por ello no tenía capacidad en Junio del 44 para utilizarlas contra los otros aliados: Cientos de miles de aviones, tanques, lanzamisiles, millones de armas, explosivos, tanquetas, camiones… que los soviéticos destrozaron a los nazis y sus satélites. Pero además, hubo otro acontecimiento, también silenciado por la mayoría de los medios de comunicación este año, que en aquel mes de Junio del 44, ocurrió la derrota más importante del Ejército Nazi, la Operación Bragatión (2), que hizo posible el avance del ejército anglo-nortemericano en Francia.

Pero hay otro dato aún más relevante, y es que la gran mayoría de las tropas alemanas fueron eliminadas entre febrero y mayo de 1945 por el Ejército Rojo, hasta Berlín.

Pero las consecuencias estremecedoras, por la falta de apertura de un segundo frente hasta el 44, las vivió el pueblo soviético...

Los hechos fascistas:

*Asesinaron 24 millones de soldados y civiles de las distintas repúblicas que formaban la URSS.
*Destruyeron en su totalidad o parcialmente 15 grandes ciudades de la URSS, 1.710 ciudades y 7.089 pueblos. Incendiaron o destruyeron 6 millones de edificios y dejaron sin hogar al menos a 25 millones de personas.
*Saquearon y destruyeron 40.000 hospitales y centros médicos, 83.900 escuelas y facultades. 43.000 bibliotecas públicas, 44.427 teatros, museos, salas exposición. 31.852 fábricas, 4.100 estaciones de tren, 35.990 oficinas de correos, teléfonos y telégrafos, 90.000 puentes, 10.100 centrales eléctricas, 65.000 km de vía férrea, 56.000 millas de carreteras principales. Inutilizaron 1.135 minas de carbón y más de 3.000 pozos de petróleo.
*Saquearon 98.000 granjas colectivas, 1.876 sovjoses y 2.890 estaciones de maquinaria y tractores.
*Sacrificaron o se llevaron a Alemania, 7 millones de caballos, 17 millones de vacas, 20 millones de cerdos, 27 millones de ovejas y cabras, 110 millones de aves de corral… 110 millones de libros fueron quemados o saqueados. Se llevaron a Alemania más de 14.000 calderas de vapor, 1.400 turbinas y 11.300 generadores eléctricos. Inutilizaron o se llevaron 16.000 locomotoras y 428.000 vagones.

Datos: David Horowitz. 1965. Edición castellano en 1968. La gran guerra patria de la URSS. Progreso 1970. Edición castellano en 1975. El Estado Mayor soviético en la guerra patria. S. Shtemenko. 1985. Datos y actualización web Gobierno ruso y otros países. 2015.

Publicado en el 2019: http://www.presos.org.es/index.php/2019/05/25/verdaderos-datos-2a-g-m-lo... 



Notas:

1.- Enviado por Almudena Alba: 

"Durante todo el transcurso de la contienda, las fabricas soviéticas produjeron un total de 98,300 vehículos blindados, mientras que solo 12,161 (12% del total) fueron fabricadas por plantas estadounidenses, británicas o canadienses. Vemos una imagen similar en lo que se refiere a aviones de combate: 122,100 producidos en la URSS frente a 18,303 (15%) enviados de fuera.

Los porcentajes parecen ser similares si analizamos otros tipos de armamento: 525,200 cañones y morteros fabricados en suelo soviético frente a 9,600 (2%) enviados del extranjero. En lo que se refiere a motores de aviones, 222,418 producidos en la URSS frente a 14,902 (6,7%) enviados de fuera.

De los casi 46$ billones que se gastaron en envío de material y asistencia bélica, los Estados Unidos asignaron solo un 20% del total a la Unión Soviética (9 billones). En comparación, la Gran Bretaña recibió más de 30$ billones (tres veces más que la URSS), Francia 1.4$, China 630$ e incluso América Latina llegó a recibir cerca de 420 millones. En otras palabras, la Unión Soviética, que derrotó a la mayoría de las divisiones alemanas, hizo frente a su amenaza con muy poca ayuda extranjera".

Fuente.- 

https://archivoshistoria.com/fue-decisivo-el-envio-de-material-belico-a-la-urss-durante-la-segunda-guerra-mundial/

2.- 
Operación Bagratión, el Día D soviético que verdaderamente destruyó a Hitler y que ha sido silenciado.

"Stalin decidió sorprender a Hitler atacando en Bielorrusia a través de ríos, pantanos y bosques, algo muy difícil de realizar por el terreno y por las posibilidades de ser detectado. Allí estaba el Grupo de Ejército Centro Alemán, si este caía se acorralaba el Grupo Ejército Norte en las Repúblicas bálticas y se amenazaba seriamente al Grupo Ejército Sur en Ucrania. En resumen, un golpe decisivo en la guerra que significaría poner a las tropas soviéticas en la frontera alemana.

El alto mando soviético destinó 2,3 millones de soldados, 5.800 tanques y 7.000 aviones para el combate, agrupados en 200 divisiones. Los nazis tenían 400.000 soldados así como centenares de tanques y aviones.

Toda esa masa fue ocultada, en la mayor operación de camuflaje y desinformación de la historia. Se usaron enormes movimientos de tropas y tanques para despistar, convoyes nocturnos que viajan sin luces y órdenes dadas verbalmente o por escrito con mucho tiempo de antelación para que no fueran detectadas por los espías enemigos.

El 23 de junio se lanza la ofensiva avanzando en profundidad tras tremendos bombardeos que provocan la desbandada nazi y la captura de miles de soldados alemanes que quedan aislados.

Un ataque soviético hacia Lituania consigue reconquistar los países bálticos y gracias a los partisanos polacos conquistan además Varsovia en agosto.

El 29 de este mes, finaliza la operación ante el riesgo de sobreextender las líneas de batallas y de suministro.

Bagratión supuso el hundimiento del III Reich consiguiendo causar al Ejército alemán 350.000 bajas entre muertos, heridos y capturados, más que Stalingrado y Normandía juntas. Esta operación militar supuso la total destrucción de un total de 17 divisiones del Grupo de Ejércitos Centro y más de 50 quedaron gravemente dañadas. Fue la más calamitosa derrota de las fuerzas alemanas de tierra de toda la II Guerra Mundial. Algunas fuentes alemanas apuntan a más de medio millón de bajas en la Wehrmacht en esos dos meses con lo cual el descalabro pudo ser incluso mayor". (...)

Fuente.-
https://digitalsevilla.com/2019/06/06/operacion-bagration-el-dia-d-sovietico-que-verdaderamente-destruyo-a-hitler-y-que-ha-sido-silenciado/
  

7 de junio de 2019

“El Cristianismo es una religión inventada, y Jesucristo un personaje de ficción tan real como Superman, Don Quijote o Skywalker”

Por Fernando Conde Torrens

Ingeniero de profesión, Fernando Conde ha dedicado los últimos 20 años de su vida a investigar los Evangelios y ahora afirma con rotundidad que son ‘falsos’.


“Se necesita imaginación para suponer que el Emperador Constantino, en el año 303, reuniera un pequeño equipo redactor y les encargara escribir los cuatro Evangelios y varios textos más, todos ellos falsificados, con el fin de implantar en el Imperio su nueva religión, el Cristianismo”.

Esta idea que parece de locos es la que Fernando Conde trata de demostrar en su libro Año 303

Inventando el Cristianismo.

-¿Es el Cristianismo una religión inventada, o al menos algunos de los principales textos que la sostienen?

Sí, las dos cosas, los textos y, por lo tanto, la religión... El Cristianismo es obra de una persona del año 300 que se llamaba Lactancio, un personaje histórico, que de hecho fue el pedagogo de Crispo, el hijo mayor de Constantino. Este hombre era un visionario, una persona de pocas luces, que cometió varios errores, entre ellos creer que al encontrar una moral elemental en los textos egipcios había descubierto el universo. Pero fue capaz de convencer a alguien con mucho poder, Constantino, y de ahí nos viene todo... Lactancio contactó con Constantino cuando era un tribuno, el protegido de Diocleciano, pero no tenía poder todavía sobre el Imperio. Pero a los tres años se hizo con autoridad sobre las Galias, y a partir de ahí fue sumando partes hasta hacerse con todo el Imperio y así pudo instalar el Cristianismo en Nicea.

-Por ende, ¿deducimos de su investigación que Jesucristo no existió?

Efectivamente. Es duro decirlo pero Jesucristo es un invento literario de Lactancio. Es tan real como Don Quijote, Superman o Skywalker, es un personaje de ficción. Se le dio la figura de hijo de Dios porque Lactancio estaba obsesionado con que todo el Imperio adorase al Dios único, porque si no ese Dios único iba a mandar el fin del mundo. El nacimiento del Cristianismo está motivado por la convicción de que si no se adoraba al Dios único, en muy poco tiempo iba a llegar el fin del mundo.

-Sin ser experto en Historia, nada más lejos, el historiador Flavio Josefo sí cita a Jesucristo en sus escritos...

Flavio Josefo escribió sus Antigüedades judaicas sin citar para nada a Jesucristo, lo que sucede es que Constantino formó un equipo integrado por Lactancio y Eusebio de Cesarea, que era historiador. Y a este último le tocó interpolar a Flavio Josefo y a Plinio para meter una cuña en la que citase a Jesucristo. Pero los historiadores con cabeza ya encuentran que esa cita de Jesucristo no pega en el sitio, ya que corta dos pasajes que tienen una perfecta unión entre sí. Es decir, que ya hay sospechas de que el testimonio flaviano es una falsificación y, además, han aparecido pruebas de que es una interpolación.

-¿Por qué Constantino decidió adoptar el Cristianismo como religión del Imperio, qué ventajas le ofrecía?

Lactancio, en el año 303 fue a hablar con Diocleciano, y de eso hay indicios muy ciertos. Diocleciano le rechazó pero Constantino, que vivía con Diocleciano en Nicomedia, le oyó y no puedo decir si eso le dio pie para basar su ambición de tener todo el Imperio bajo su mando o primero tuvo el Imperio y luego inventó el Cristianismo. Pero lo que sí es Historia es que ansiaba dominar todo el Imperio, no solo la cuarta parte que le correspondió, y que implantó el Cristianismo primero en la parte occidental y luego en todo el Imperio a través del Concilio de Nicea.

-Apunta que Lactancio tomó como base la moral de los textos egipcios pero la realidad dicta que la religión cristiana bebe de muchas otras religiones, ya que por ejemplo adopta las Saturnales y las convierte en la actual Navidad.

Efectivamente. Una cosa es la obra de Lactancio y otra el amejoramiento del fuero que hicieron los Santos Padres, pero eso ya fue en época de Teodosio. Estos Santo Padres hicieron una especie de popurrí incorporando misterios que eran muy del gusto de la época, como eran los misterios de Mitra, que tenían mucho predicamento entre las legiones. Pero ha habido otros investigadores independientes que han demostrado que gran parte de los milagros, correrías y andanzas de Jesucristo y de su doctrina son egipcios, y están en los textos sagrados egipcios.

-Supongo que es consciente de que al editar un libro como este le van a tachar casi de loco...

De loco, no. Anteriormente, sin poner sobre la mesa las pruebas que aporto en este libro, recibí múltiples críticas y grandes rechazos, especialmente del sector más conservador ideológicamente hablando. Pero es que en este libro aporto pruebas diferentes y que, además, están los Evangelios, de forma que todo el que quiera puede leerlas.

-Antes de meternos de lleno en las citadas pruebas, ¿cree que la Iglesia como institución es consciente de lo que usted afirma, de que el Cristianismo es una religión inventada?

Estoy convencido de que sí porque ha habido modificaciones de los textos del Nuevo Testamento para ocultar las pruebas. Por lo tanto, tiene que saberlo, por lo menos desde hace 150 años.

-¿Ha tenido alguna respuesta oficial por parte de la Iglesia a sus tesis?

No, y hacen bien en guardar silencio y esperar a que pase el chaparrón. Lo contrario sería darle valor.

-Las pruebas a las que usted hace referencia se basan principalmente en las firmas ‘escondidas’ que los autores colocaban en los textos para que los lectores pudieran discernir si los textos eran originales o auténticos. Entre estas firmas destaca principalmente una muy curiosa, Simon.

Simon no es nadie y digamos que he tenido mi propia evolución con esta firma, que es la prueba definitiva o concluyente. Al principio, no sabía si el acróstico era por pronunciación o escrito. Finalmente, he llegado a la convicción de que es por texto. Simon, el nombre, se escribe con omega, en cambio, tal y como aparecen en las firmas es con ómicron, y por lo tanto significa cuento, patraña o bulo. Es decir, mentira pero con cierto aire de ironía o sorna. Eusebio puso esa firma en los textos que eran patraña. Mientras que Lactancio estaba convencido de que debía defender y promocionar la nueva religión. Lo que sucede es que Lactancio murió antes y Eusebio de Cesarea, en los evangelios que había escrito Lactancio, añadió varios capítulos en los que coló la firma maléfica de Simon.

-Por centrar la trama, ¿quién escribió los cuatro evangelios oficiales?

Cronológicamente, Eusebio escribió Marcos, y puso firmas de Simon, acrósticos, en todos los capítulos. Después, Lactancio copió de este primero los de Lucas y Mateo, que son los evangelios sinópticos, porque son muy parecidos. Y, finalmente, Eusebio se inventó el de Juan haciéndolo completamente distinto de los tres anteriores.

-Y, ¿qué sucede por lo tanto los evangelios apócrifos?

Los evangelios apócrifos son claramente posteriores, sobre el año 350-390, y lo que hacen es rellenar los huecos en los que los evangelios oficiales no decían nada. Además, son evangelios que no contienen doctrina auténtica, son más bien milagritos y discursos del gusto de la gente.

-Si todo lo que dice en el libro es cierto, se carga literalmente siglos de doctrina y filosofía en Occidente.

Lo que es falso es falso. Y si se puede demostrar, ya no es cuestión de teorías o hipótesis, son realidades. Lo que sucede es que, para mí, la civilización occidental se basa en el Helenismo no en el Cristianismo, que es anterior y mucho más profundo. Por lo tanto, lo que tenemos que hacer es recuperar las raíces de nuestra civilización y no girarla a una fanática.

-Lo complicado de explicar es que todas estas pruebas que cita, y que le han costado 20 años de investigación conseguir, se basan en la forma de escribir los Evangelios, en su estructura y en las citadas firmas. ¿Qué es lo que hacía reconocible esa forma de escribir los textos como para discernir entre unos falsos y otros auténticos? ¿Cómo sabemos que esas firmas fueron colocadas a posta para evidenciar la falsedad y no son mero resultado del azar?

En la antigüedad, los escritos se copiaban, y eso implicaba que en las copias se dieran equivocaciones o que incluso se colocaran interpolaciones intencionadas para desvirtuar el escrito original. Para evitar esto, los primeros escritores de los que se tiene constancia, como Hesiodo y Herodoto, se inventaron una forma de escribir que asegurara al lector que aquello que leía era el texto original. Y para ello convirtieron sus textos, sumando las palabras de cada frase, en una sucesión de números. Es decir, todos los escritores, incluso Virgilio y Horacio, tienen también esta sucesión de palabras convertidas en números. Sin embargo, Lactancio, que era profesor de retórica, formaba estructuras complicadísimas, que yo no he encontrado en nadie más, por eso le llamaban el Cicerone español, pero como era bastante ingenuo, cometió el error de que su fabulosa estructura la colocó en todos los escritos de todos los autores que inventó. De esa forma, la misma estructura está en Mateo, en Lucas o en las cartas de Pedro o de Judas, que son las cuatro obras de Lactancio además de las cartas de Pablo.

-¿Cómo podemos saber que Lactancio inventó esas historias y no fue un historiador que simplemente relataba unos hechos?

Constantino es el emperador que favoreció el Cristianismo. Lactancio fue el preceptor de su hijo y Eusebio fue el que escribía los discursos. Basta también con leer la obra de Lactancio, Instituciones divinas, para saber su mentalidad, que está reflejada idénticamente en estos evangelios. Sin embargo, Eusebio era un maestro del conocimiento, capaz de escribir doctrina auténtica, que está en los Evangelios, aunque luego fuera interpolada y deformada, es decir, oculta. Hay que tener capacidad de distinguir la verdad de la falsedad para poder enjuiciar los Evangelios, que son libros ideológicos.

-Pero, repito, ¿cómo sabemos que es un relato inventado y no unos hechos referentes a Jesucristo que a él le contaron y posteriormente los transcribió?

Por ejemplo, cuando uno en el año 400 escribe de personas que sufrieron martirio en Mérida en el año 300, está comprobado que es falso por los datos intrínsecos del relato. Por poner otro ejemplo, un relato en el que se hace referencia a un personaje que existió y que no dejó huella en ningún otro sitio que no sea la memoria de Lactancio, y digo memoria entre comillas. Es un relato inventado. Los argumentos están en el libro, y me han hecho falta 800 páginas para plasmarlos, por lo que difícilmente puedo resumirlos en unas líneas de conversación.

-¿Qué le llevó a un ingeniero industrial a meterse en este ‘fregao’ de investigar los evangelios?

Porque al margen de ser ingeniero industrial, yo era un ser humano, que tenía sus inquietudes. Y en un momento determinado, a mis 40 años, a raíz de una conversación, me di cuenta de que podía estar engañado y no me quería morir engañado. Yo quiero saber realmente cómo son las cosas, qué hay después de la muerte, a qué nos enfrentamos, el sentido de la vida y quiero comprobar si lo que me contaron mis padres, cuando era pequeñito y no tenía defensas mentales, era cierto. Y como ahora las tengo, pues las voy a emplear, y eso es lo que me llevó primero a leer los textos en castellano. En esa primera lectura noté que había muchos absurdos, por ejemplo, el Evangelio de Juan tiene pasajes muy profundos y bonitos y, sin embargo, el Apocalipsis, que son una sarta de barbaridades una detrás de otra enlazadas con hilo de plata, también se decía que era de Juan, ¡y eso no puede ser! ¡Eso repele a cualquiera que tenga dos dedos de frente! Y sin embargo todo el mundo lo aceptaba.

-Por lo tanto, ¿llevamos casi 2.000 años viviendo y rigiéndonos por una colección de mentiras?

Sí. Lo malo es que en los evangelios cristianos hay moral elemental, que es la que obnubiló a Lactancio, porque él no practicaba nada de eso y es la que está en las epístolas de Pablo. Pero luego hay un 80% de barbaridades y un 10%, oculto y mal traducido del conocimiento de Eusebio. Lo malo de la doctrina falsa que hemos seguido durante 17 siglos es que tapa el conocimiento con mayúsculas de los griegos, que es la doctrina que permitiría a Occidente evolucionar y no ser un niño en ideología.

-¿Esto quiere decir que los milagros de Lourdes, San Fermín o San Saturnino también son falsos o inventados?

Depende de que sean anteriores o posteriores a Nicea. Si son anteriores, como San Fermín o San Saturnino, no existieron. San Saturnino dicen que era discípulo de San Pablo, y si San Pablo no existió... Como tampoco existió Santiago Apóstol. Si son posteriores, sí existieron... Eso sí, que sean santos... Es la Iglesia la que decide quién es santo, y por lo tanto lo que hace es premiar o favorecer la falsificación y el montaje. Luego hay santos que realmente han hecho cosas en favor de sus congéneres, como San Francisco de Asís, que era un buen monje que hizo mucho por la gente de su entorno, en este sentido digamos que no me molesta que lo nombren santo y lo pongan en un altar.

-¿La Iglesia está condenada a sucumbir finalmente ante esta ‘mentira’ que usted relata?

Creo que la Iglesia tiene una oportunidad de pervivir, pero para eso debe desechar todo lo que es Lactancio y coger el conocimiento de Eusebio. Pero no es un conocimiento divino, no es algo que Dios haya dicho, que no me vengan con cuentos.



Fuente original:

https://m.noticiasdenavarra.com/2016/07/26/ocio-y-cultura/cultura/el-cristianismo-es-una-religion-inventada-y-jesucristo-un-personaje-de-ficcion-tan-real-como-superman-don-quijote-o-skywalker?fbclid=IwAR3pc0Y1pX583sFmhcs0bz2r2QHYiHUoTeE9q3bGtBhv0rd7OezX292a1q4

6 de junio de 2019

La vida de Karl Marx en dibujos animados, realizada en China Popular

Interesante serie de dibujos animados realizada en la República Popular de China, que nos relata la biografía de Karl Marx  y de Federic Engels.

Una forma amena y entretenida de aproximar a las masas las vidas de los primeros grandes maestros del socialismo científico, desde su juventud hasta su vejez. Conociendo el contexto en que se encontraban, sus principales artículos, obras y discursos así como sus dificultades.

Está bien desarrollada la historia, combinando el carácter romántico y aventurero con el relato de los avances en el conocimiento del socialismo científico, atrayendo al público en general.

Publicamos los cuatro primeros capítulos:

Capítulo 1.

 

Capítulo 2.


Capítulo 3.


Capitulo 4.


Fuente original: 

https://diario-octubre.com/2019/06/06/biografia-de-karl-marx-en-version-anime/