19 de julio de 2016

Raza, género, clase, prisión: siete décadas de lucha y teoría de Ángela Davis

Por El Desconcierto

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La necesidad de entender las historias en forma colectiva y global han marcado la trayectoria teórica y política de Angela Davis, quien este lunes dictará una clase magistral sobre los movimientos sociales y la lucha por justicia en todo el planeta.

“Queremos el fin inmediato de la brutalidad policial y el asesinato de negros, otra gente de color y todos los oprimidos al interior de los Estados Unidos” decía el Programa de los 10 Puntos del Partido Panteras Negras en octubre de 1966. El documento incluía también la redistribución de la propiedad reconociendo la explotación a los esclavos, el pleno empleo; vivienda, salud y educación dignas y más. A cincuenta años del Programa, la académica, miembro del Partido Comunista, públicamente lesbiana desde 1997, activista y exmiembro de las Panteras Negras Angela Yvonne Davis visita Chile.

Davis viene en el marco del “10° Encuentro del Instituto Hemisférico de Performance y Política “eX-céntrico: Disidencias, soberanías, performance” que organizan la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones y el Departamento de Teatro de la Universidad de Chile y la Universidad de Nueva York. Davis también se encuentra promocionando sus últimos libros, “La libertad es una lucha constante: Ferguson, Palestina y las bases de un movimiento”(Haymarket Books, 2016); “¿Están obsoletas las prisiones?” y “Democracia de la abolición” (2003 y 2005, editados en español por Trotta). Además del encuentro, su estadía incluirá una visita a la población Angela Davis –“La Angela en la Angela”, organizado por el Grupo de Estudios Feministas El Poder de la Mujer y la Subversión de la Comunidad- bautizada en su honor en 1972, manteniendo el nombre pese a los intentos de la dictadura este domingo 17.

Su charla magistral se titula “De la abolición carcelaria a #BlackLivesMatter: Movimientos sociales y la lucha global por la justicia” y la mención a la plataforma Black Lives Matter (Las vidas negras importan) llega en un momento álgido. El 7 de julio pasado Alicia Garza, co fundadora del movimiento, declaró a la televisión “estamos en contra de que nuestra gente sea asesinada en las calles (…) Black Lives Matter no está sólo preocupada por la policía. La indiferencia, la falta de respeto y de dignidad de las vidas negras atraviesan la estructura de la sociedad”. Sus declaraciones se dieron en medio de un estado de conmoción nacional por el asesinato de cinco policías en medio de una marcha de Black Lives Matter en Dallas, convocada en repudio por las muertes de Alton Sterling y Philando Castile a manos de la policía en la ciudad. A su vez, quien disparó fue Micah Xavier Johnson, un afroamericano de 25 años y veterano de la guerra en Afganistán, que murió acorralado en un departamento luego de que la policía enviara un robot-bomba, para no arriesgar a más oficiales.

“La mejor manera de recordar el 50º aniversario de los Panteras Negras este año es reconociendo que hoy necesitamos movimientos que reflejen los cambios sucedidos en esos 50 años, especialmente el auge de nuevas tecnologías de comunicación, la vasta influencia de las redes sociales y la agudización de las contradicciones de riqueza y pobreza”, ha declarado Ángela Davis, elogiando al movimiento Black Lives Matter.

Sobre el legado de las Panteras Negras, que fue una de sus militancias más visibles junto con el Partido Comunista estadounidense -del que fue dos veces candidata a la presidencia en los años ‘80- Davis ha reivindicado la potencia histórica. “Tendemos a mirar atrás hacia los ‘60 y mirar las luchas y objetivos de una forma relativamente estática. El hecho es que logramos triunfos importantes y esos triunfos son visibles hasta el día de hoy. Por ejemplo, el número de programas de estudios afroamericanos que hay en las universidades hoy. Esos cambios institucionales son inconcebibles fuera del desarrollo del que fueron parte las Panteras Negras y otras organizaciones”, analizó hace unos años.

La presencia en la academia marcó la vida de la doctora Davis. Luego de regresar a Estados Unidos enseñó en la Universidad de California, haciendo su tesis al alero del marxista Herbert Marcuse. Allí formó parte de la efervescencia estudiantil de esos años, y fue acusada en 1970 de ingresar una pistola a la cárcel de San Quintín para el Pantera Negra George Jackson. Fue parte del listado de los diez más buscados del FBI en 1970 y pasó dos años presa, hasta 1972. En la época, el gobernador republicano de California declaró que “ella nunca más enseñaría en una universidad”. Era Ronald Reagan y se equivocó. No sólo volvió a la UCLA, sino que en los últimos veinte años ha enseñado en los cincuenta estados de EE.UU, África, Europa, el caribe y la Unión Soviética. Es como académica que vuelve hoy a Chile, luego de su último viaje en 1972, cuando vino invitada por la Central Unitaria de Trabajadores luego de ser liberada de la prisión.

“Si se observan los 10 puntos del programa de las Panteras Negras, notas que los mismos asuntos que eran levantados luego del fin de la esclavitud están en el centro de un programa que fue formulado en 1966”, señaló Angela Davis a Ebony.com en enero. “En 2008, cuando Barack Obama fue electo, esos asuntos no se habían conversado y ciertamente no se habían resuelto, por lo que la elección de una persona para este cargo no iba a revertir automáticamente una historia de opresión económica inspirada en el racismo. Esto no significa que la elección de Obama no es importante, pero esas luchas continúan”, agregó. Y, precisamente, serían luchas como la anticarcelaria, por la dignidad de los migrantes, contra el racismo de Estados Unidos, las que han surgido dentro de la era Obama: “han emergido en el espacio contradictorio creado por el hecho de una presidencia negra y la aparente incapacidad de esa presidencia para llevar a cabo ningún gran cambio respecto a la persistencia del racismo”, opinó Davis en El País.

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El feminismo y Angela Davis: miradas específicas para una lectura colectiva

En su último libro se insiste en una premisa: nuestras historias no se desarrollan individualmente. Es una idea que la ha acompañado por años, la misma que la llevó, por ejemplo, a constatar las tensiones entre el movimiento de liberación negro y el feminismo en el contexto de la lucha por los derechos civiles en los 70 y 80. En su libro “Mujeres, raza, clase” de 1980 enunció que “el punto de partida para cualquier exploración sobre las vidas de las mujeres negras bajo la esclavitud sería una valoración de su papel como trabajadoras”, respondiendo al ideal delicado de la dueña de casa blanca de clase media.

“Durante un período importante en el movimiento de liberación de la mujer, uno de los problemas principales era la tendencia a asumir que las mujeres blancas de clase media eran el modelo más típico de mujer y ello excluía a las de clase trabajadora, a las mujeres negras, a las nativas americanas y a las latinas. Pero por supuesto ha cambiado. Fue una crítica a un movimiento emergente a finales de los 60 y principios de los 70. Algunos de estos problemas continuaron durante mucho tiempo, pero las activistas feministas y las estudiantes conocen estas críticas e intentan afrontarlas, con más o menos éxito”, declaró en 2005 con una mirada retrospectiva.

Efectivamente, la necesidad de pensar las distintas problemáticas articulando vectores de las matrices de dominación como raza, género, clase fue retomada. Uno de los conceptos más populares hoy entre los distintos feminismos (comunitarios, queer, trans, latinoamericanos, autónomos del estado, lésbicos, chicanos y más) es el de interseccionalidad, entendiendo que distintos vectores de opresión y de privilegio crean variaciones tanto en las formas como en la intensidad en la que las personas experimentan la opresión. Así, el diálogo se da hoy más desde una diversidad de miradas parciales y no en una pretensión de universalidad que por años invisibilizó a aquellas que no eran mujeres heterosexuales, educadas y blancas de la teoría y acción feminista.

Migraciones, conflictos y el complejo industrial-carcelario

La prisión es una experiencia que marcó a Angela Davis junto a toda la generación de activistas para la que el FBI creó una unidad especial (la COINTELPRO). Y si bien sigue activa en la lucha por la liberación de los presos políticos (en enero estuvo en España intentando visitar a Arnaldo Otegui en el País Vasco y es una de las voceras de la BDS, la iniciativa de Boicot, Desinversiones y Sanciones al estado de Israel) su producción del último tiempo se enfoca en lo que denomina como el complejo industrial carcelario y sus efectos globales.

La conferencia de Davis llega a un momento especial en Chile en el que se discuten reformas a las leyes de seguridad como la Agenda Corta Antidelincuencia, mientras que los organismos privativos de libertad como el SENAME hacen crisis. Así, mientras hace poco días la ministra Blanco reveló que 185 niños a cargo de la institución han muerto desde 2005, la cifra en las cárceles de adultos permanece invisible: 558 personas privadas de libertad han muerto sólo entre 2011 y 2014. En el análisis de los abolicionistas de la prisión, no hay reforma posible: se debe desmantelar el sistema y reconstruir la justicia penal y los sistemas policiales.

Así, la abolición de la prisión representa un movimiento más complejo que el cierre de las cárceles. Para Angela Davis “el complejo industrial carcelario consiste en una serie de relaciones entre cárceles, policía, empresas, medios y el Gobierno”, que tendría una presencia global. En sus últimos tres libros la académica establece una línea de continuidad entre la esclavitud y la situación penitenciaria actual, citando los estudios de la también académica y activista Michelle Alexander, cuyas cifras dicen que hay más hombres negros en prisión bajo control de la justicia criminal de los que había esclavizados en 1850. La mayor parte de esa explosión se dio entre los años 70 y hoy, en medio de la “guerra contra las drogas”: la población en manos del sistema penal en EE.UU pasó de 300 mil a fines de los 70 a 2.3 millones de personas hoy.

Para Davis, además, el complejo industrial carcelario da elementos para el análisis de la llamada “crisis migratoria” en Europa. “Debería reconocerse que los refugiados de África siguen las mismas rutas del comercio de esclavos. Ciertamente, Europa está experimentando ahora los resultados de una larga historia de esclavitud y colonización”, declaró en enero.

Su charla del martes a las 15:30, que será transmitida vía streaming por la Universidad de Chile, tratará de eso: la lucha global por justicia. En febrero, consultada por revista Ebony sobre cuál es el nervio central de su libro “Ferguson, Palestina y las bases de un movimiento”, respondió señalando que “estoy muy interesada en que los militantes por la liberación de los negros tomen en cuenta que nuestras luchas nunca habrían logrado la universalidad que tienen hoy sin la solidaridad que existió en África, Asia, Latinoamérica, Europa y Oceanía. Nuestras luchas son globales: es importante incorporar una visión global dentro de nosotros y en los espacios de disputa.

Sicarios económicos y chacales políticos

Por José Gregorio Linares

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Un sicario es un asesino que ejecuta a sangre fría la orden de matar. Generalmente es pagado por bandas criminales vinculadas al narcotráfico y el paramilitarismo o por partidos políticos en estado de putrefacción. Ahora bien, un sicario económico es un delincuente de cuello blanco que no lleva armas de fuego sino computadoras; pero las consecuencias de sus actos son letales para cualquier nación o pueblo que acate sus recomendaciones. 

 Es un consultor financiero de alto nivel al servicio de la “corporatocracia” y de las grandes potencias. Su propósito es garantizar el sometimiento de los Estados soberanos a las trasnacionales, y arrebatarles sutilmente los recursos. En el libro “Confesiones de un sicario económico” John Perkins describe el modus operandi de estos esbirros de la economía.

El primer paso consiste en crear una matriz de opinión que haga creer a los gobernantes que los graves problemas económicos que padece el país se resuelven mediante créditos de la banca internacional. Luego, el FMI o el Banco Mundial otorgan los préstamos, pero cuidan que los intereses sean lo suficientemente elevados como para que se haga imposible el pago de la deuda contraída. De este modo la nación deudora se convierte en morosa y queda a expensas de los prestamistas. Es allí donde intervienen directamente los sicarios económicos…canjean deuda por soberanía. Utilizan la astucia, el soborno y la corrupción. 

Se convierten en interlocutores autorizados de las corporaciones y en silenciosos verdugos de las naciones morosas: le proponen la reducción de los precios de sus materias primas, una mayor cuota de ganancia para las trasnacionales que negocian con el Estado, restricciones en la legislación ecológica y laboral para maximizar la utilidad, privatización de las empresas públicas, una política de puertas abiertas a las empresas extranjeras y la disminución de los gastos sociales dirigidos a beneficiar al pueblo. Al mismo tiempo se aseguran una alineación incondicional, en los organismos internacionales, del Estado deudor con la política exterior de la potencia acreedora.

En el caso de que los gobiernos deudores se nieguen a aceptar las “peticiones” de los sicarios económicos, aparecen los chacales políticos. Su labor consiste en fomentar un clima de inestabilidad mediante alianzas con la oposición interna para provocar golpes de Estado, y sustituir los gobiernos díscolos por regímenes dóciles y entreguistas. Generalmente recurren al magnicidio abierto o velado para lograr sus fines.

Esto fue lo que sucedió en 1981 en Ecuador donde murió en “accidente” aéreo el presidente Jaime Roldós quien se enfrentaba a los consorcios yanquis; y en Panamá donde Omar Torrijos reclamaba el canal para los panameños y también se mató en otro “accidente”. Es probablemente lo que ocurrió en Venezuela con el presidente Chávez.

Ahora John Perkins escribe un nuevo libro donde contará una experiencia inédita en la historia: la alianza de los sicarios narco paramilitares con los sicarios económicos y los chacales políticos para derrocar el gobierno democrático de Venezuela. 

Nunca se habían coaligado tantas fuerzas del mal para acabar con una nación. Pero las hienas y sus jaurías no podrán derrotar al irreverente pueblo de Bolívar.

¡En este difícil trance, venceremos!

Fuente:

Barómetro Internacional
 

18 de julio de 2016

En Moscú se revelan documentos inéditos sobre la guerra civil española

Por RBTH (Russian Beyon the Heatlines)

Con motivo del 80º aniversario del comienzo de la guerra civil española, el Archivo Estatal Ruso de Historia Político-Social (RGASPI, por sus siglas en ruso) prepara una serie de actos para presentar la colección digitalizada de documentos históricos que fueron trasladados clandestinamente de España a Moscú en camiones y barcos. Se trata de un gran archivo de las Brigadas Internacionales que los especialistas rusos esperan presentar a historiadores e investigadores españoles.

 
1/4 Foto: Aleksandr Korolkov / RG

“La digitalización del archivo de las Brigadas Internacionales prácticamente ha terminado y estamos listos para presentarlo al público. Se puede decir, que es un regalo que hemos preparado a nuestros colegas de España y otros países europeos”, comenta a RBTH el director del RGASPI, Andréi Sorokin.

El proceso de digitalización ha durado varios años y para celebrar la finalización de este trabajo el director del RGASPI planea organizar una conferencia internacional dedicada a la Guerra Civil y una exposición que tendrán lugar a principios de noviembre.

En los fondos del RGASPI se han conservado documentos militares del ejército republicano que llevan el sello “secreto” y revelan las posiciones de las tropas republicanas y las del enemigo. El archivo contiene también los decretos firmados por Stalin, los telegramas secretos que se enviaban a Moscú desde el extranjero y una gran colección de cartas, periódicos, dibujos, caricaturas, álbumes y diarios personales de los voluntarios de más de 50 países que lucharon en España junto a las tropas republicanas.

Entre los documentos firmados por el líder soviético, está el decreto de agosto de 1936 sobre el suministro de petróleo a España:

“Considero necesario suministrar petróleo urgentemente a los españoles en condiciones preferenciales y, si hace falta, rebajar el precio. Si los españoles necesitan pan y otro tipo de alimentos hay que venderlos todo esto en condiciones preferenciales”, insistió Stalin.


Según Andréi Sorokin, los documentos conservados por el RGASPI, confirman el hecho de que durante los primeros meses de la Guerra Civil, la URSS intentaba distanciarse de este conflicto al máximo. “La URSS dosificaba su participación en la guerra limitándose, en un principio, a enviar ayuda humanitaria a España. Pero cuando las posturas de otros estados europeos se aclararon, la URSS no solo prestaba ayuda y concedía préstamos, sino también enviaba la técnica militar y a los militares”, comenta Andréi Sorokin. 

 
1/5 Foto: Aleksandr Korolkov / RG

Otro de los documentos que llama la atención es un telegrama enviado desde México el 31 de diciembre de 1936, en el que se le comunica al dirigente soviético que el Embajador de España en México tiene la intención de condecorar al presidente Lázaro Cárdenas del Río y a otros mexicanos con el Orden de la República Española.

Sin embargo, se dice en el telegrama, el Embajador de España “considera incómodo galardonar a los mexicanos ignorando la URSS” y , por lo tanto, pide la opinión de Stalin al respecto. La respuesta del dirigente soviético fue breve y rotunda: “Estoy en contra de que los españoles condecoren a la gente de la URSS”

Con entusiasmo y romanticismo

El archivo contiene multitud de cartas, dibujos y fotos de los voluntarios de Italia, Alemania, Francia, Checoslovaquia y otros países que muestran el entusiasmo e incluso romanticismo con el que ellos percibían la guerra. Entre los documentos se encuentran también los que recogen la vida diaria de los voluntarios en los campos de trabajo en Francia y África, a donde fueron enviados tras la derrota del ejército republicano.

“El archivo contiene miles de documentos e información personal de las Brigadas Internacionales. Es imposible que esta cantidad de documentación no nos lleve a ningún descubrimiento histórico”, afirma el director del RGASPI.

14 de julio de 2016

El eterno racismo en la tierra del ku klux klan

Por Ilka Oliva Corado

Surge la pregunta urgente, ¿qué hace Obama hablando de derechos humanos en Venezuela y firmando acciones ejecutivas injerencistas, cuando en su país la policía caucásica, asesina afro descendientes todos los días en crímenes de odio racial?


Partiendo de ahí es imposible hablar de  democracia en el país, una falacia más de las tantas que ha inventado este sistema injerencista  que no se ocupa de su política interna.

Sin lugar a dudas la peor  vergüenza para la comunidad afro descendiente  es haber tenido un presidente negro afín al capital, que no los representara con integridad  y que con cada acción denigrara a sus ancentros e irrespetara a las generaciones futuras.

Más cruel aún, que vea asesinar afro descendientes en manos de la policía caucásica, en evidentes casos de odio racial y no haga nada al respecto, más que utilizar su oratoria y su excelente dramatización teatral para dar el pésame entre lágrimas y poesía. Una deshonra total para los mártires afro descendientes que dieron sus vidas en la lucha por los Derechos Civiles.

Más latente que nunca el  ku klux klan, y más libre y más impune pues viene desde las entrañas del sistema de justicia de todo el país. La policía es solamente la acción evidente, hay mucho más en las sombras de la  mediatización.  ¿Derechos humanos en Estados Unidos? Jamás. 

Esa segregación racial que no puede esconder Estados Unidos aunque quiera, es el elefante dentro de la habitación. Está en el sistema de salud, en el sistema de educación, está en las fibras más íntimas de la sociedad,  en los patrones de crianza; en lo más banal ahí también está inmerso el racismo y el odio. Y lo evidente, en el sistema de justicia que no es imparcial cuando se trata de negros o latinos indocumentados. De unos años para acá, también con los musulmanes que son acusados así por así de terroristas.

Los actos  terroristas en Estados Unidos los realiza todos los días la policía y esos torturadores, esos violadores, esos asesinos vestidos de uniforme, que son fieles al ku klux klan nunca van a la cárcel, a ellos nunca se les imponen cargos, a ellos siempre el sistema y la doble moral de la sociedad blanca caucásica los excusa y les avala el odio racial, porque también ellos se sienten  superiores por el color de piel. 

¿Por qué Obama no firma una Acción Ejecutiva  de emergencia para tratar el odio racial de la policía hacia la comunidad latina indocumentada y afro descendiente? Así como las firma de inmediato para invadir países en  democracia. 

Y el papel de la sociedad, ¿Porqué no han salido las masas blancas caucásicas a exigir un alto a los crímenes raciales y a denunciar el sistema impune que deja libre a los culpables? ¿Todas las vidas importan en Estados Unidos? No, importan las blancas caucásicas nada más.  ¿En dónde está la comunidad europea, la musulmana, la asiática y la latinoamericana uniéndose  a las manifestaciones masivas de afros exigiendo justicia? La comunidad LGBTI que lloraba de alegría cuando legislaron la ley del Matrimonio Igualitario, ¿en dónde está ahora uniéndose a los afros exigiendo el respeto a la vida y a los derechos humanos? ¿Doble moral? ¿En dónde están la iglesias, los feligreses que toman las calles cuando del aborto se trata, en dónde están manifestando por el respeto a la vida de los negros? ¿Doble moral? ¿En dónde están los millones de indocumentados uniéndose a las manifestaciones? ¿Doble moral? ¿De qué estamos hechos? De porquería…

El sesgo con el que la mediatización de los medios de comunicación nacionales e internacionales han manejado la información es la evidencia de un racismo que se vive a nivel mundial. Pregunto, ¿en dónde están los presidentes del mundo que piden una invasión en Venezuela,  exigiendo justicia por los crímenes de odio en Estados Unidos, cuestionando a Obama así como cuestionan a Maduro? ¿Por qué no piden la renuncia de Obama así como piden  la de Maduro? Así como fueron Orlando, Francia, Charlie Hebdo, Bruselas y tantos ataques terroristas más, ¿por qué no son las vidas de los afro descendientes en Estados Unidos y el mundo? 

¿Con qué cara  Hillary Clinton, Biden y Obama le piden a Maduro que “respete” los derechos humanos de venezolanos cuando aquí en su país la policía asesina afros y latinos indocumentados todos los días y los culpables nunca van a la cárcel? ¿Doble moral?  

Esto no se trata de negros y blancos.   Se trata de un sistema impune, de una sociedad que solapa, de líderes que manipulan, de medios de comunicación que ocultan y tergiversan.  Se trata de nuestra doble moral. Se trata del silencio de todos los que vivimos en Estados Unidos, nacidos aquí o no. Se trata de dejar a otros la responsabilidad que nos corresponde a nosotros desde nuestro lugar en la sociedad. Se trata de nuestra indolencia cuando la violencia la sufre otro que no habla nuestro idioma, que desconoce nuestra cultura,  que no vive cerca de nuestra casa, que nació en otro país, que tiene distinto color de piel. 

Se trata de lo inhumano que nos corroe y que nos convierte en lacayos idénticos a quienes ejercen la discriminación racial en los crímenes de odio, somos más culpables aún, por avalar la segregación  racial y la injusticia con nuestro silencio y nuestra pasividad. 

Esto también  nos incumbe a todos dentro y fuera de Estados Unidos, porque el odio racial existe en todo el planeta. Esto debe llamarnos a una auto evaluación de nuestro papel en la sociedad.  Y preguntarnos las veces que sean necesarias, ¿de qué manera ejerzo yo el racismo? ¿En qué forma solapo la segregación racial? Y la más importante, ¿qué puedo hacer yo desde mi lugar en la sociedad para crear un cambio? ¿De qué manera me puedo involucrar?  

¿Qué tal va nuestra doble moral? ¿Es nuestro país también tierra del ku klux klan? ¿De qué magnitud es el racismo en nuestra casa, colonia, pueblo, comunidad, país? ¿Qué tan patriarcales, misóginos,  machistas, clasistas, racistas, xenófobos  y mente colonizada somos? 


Nuestra mayor irresponsabilidad como ciudadanos del mundo es dejar en manos de otros lo que nos corresponde como seres individuales, que somos parte de un todo, porque al final de cuentas todo en este mundo va de la mano. ¿Todas las vidas importan? Depende: el género, el color, la  étnia, la nacionalidad, la clase social y grado de escolaridad,  es nuestra consigna en el mundo entero. Vaya nivel de deshumanización el nuestro.

Venezuela: Con respaldo del Gobierno trabajadores activan producción de Kimberly Clark

Por Resumen Latinoamericano 

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El ministro para el Proceso Social del Trabajo, Oswaldo Vera, aprobó este lunes una Resolución que prevé la ocupación temporal de la planta de Kimberly Clark Venezuela por parte de la clase obrera, y el reinicio de sus actividades ante la parada indefinida de la producción ordenada por sus propietarios.
“El viernes pasado, esta empresa cerró sus puertas echando a miles de trabajadores, sin preocuparse por sus familias y las grandes riquezas que se les dio. La orden que tenemos del Gobierno revolucionario es que vamos a proteger a los trabajadores y las trabajadoras”, mencionó Vera en declaraciones a Venezolana de Televisión.

El Ministro detalló que la medida plantea la ocupación inmediata de la sede de Kimberly Clark por parte de los trabajadores y también el reinicio de las actividades productivas para proteger el proceso social de los trabajadores.

“Una vez que firmamos esta resolución invitamos a los trabajadores a que prendan las máquinas porque a partir de hoy vuelve a abrir sus puertas”, indicó.

El jefe de la cartera ministerial reiteró el llamado al sector empresarial a acompañar al Gobierno Bolivariano, no obstante, ratificó que “empresa que sea cerrada, empresa que será abierta a los trabajadores”.

El fascismo cotidiano

Nestor Guadaño

El imperialismo creó la criatura del fascismo.

Es la barbarie que destruye las ideas de progreso y humanidad. Es una vuelta a las lóbregas ideas del crimen organizado.

Volvemos a hacer hincapié que el imperialismo quiere imponer un orden de terror. Los millones de refugiados se agolpan a las alambradas de la Europa de los mercaderes. La explotación humana está alcanzando niveles de toxicidad.

Como los pueblos luchan, recurren al control mental de los medios de comunicación, apelan a la Justicia que defiende la minoría de los explotadores, y recurren con terrible contundencia las manifestaciones obreras.

En la Unión Soviética, se alertó de este hecatombe, que nubla la razón y acorta la libertad de los pueblos. 

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Por eso durante cien años trataron de destruir la idea del socialismo, de la libertad de los trabajadores, por eso hoy es tan importante defender este legado principal: Si quieres un mundo mejor, más equitativo y justo, lucha por el, no te quedes en la orilla, júntate con otros compañero y difunde defendiendo la construcción del socialismo.

Enlazo la película "El fascismo cotidiano", una obra maestra del cine soviético, desconocida ampliamente en Europa.

6 de julio de 2016

¡Maldito socialismo, cómo te echamos de menos!

Por Higinio Polo.

Este artículo fue escrito hace cinco años en el blog "El viejo topo", que no tiene que ver nada con la revista.

Un estado del bienestar que en su momento fue levantado como respuesta al Socialismo, y que vino acompañado de una sociedad consumista que sedujo y cautivó a los trabajadores. Una vez que desaparece el bloque socialista, la oligarquía capitalista no encuentra razones para mantenerlo; al contrario, su desguace supone un vergel de beneficios económicos y la mejor estrategia para avanzar en el proceso de acumulación capitalista.

En este contexto, la clase trabajadora -tan castigada por la rapiña y el instinto depredador de la oligarquía- debiera plantearse seriamente la pregunta: ¿era tan malo el Socialismo para los trabajadores? O si queréis, la misma pregunta en modo inverso: ¿es tan bueno el capitalismo para los trabajadores? El artículo de Higinio Polo nos ayuda a realizar esta reflexión. Te invitamos a leer el artículo con calma, ya que es una lectura que todo el mundo debiera realizar.
 

Una reflexión indispensable: Maldito socialismo, ¡cómo te echamos de menos!



Hace unas semanas, en Berlín, mientras los beneficiarios del cambio político en la Europa del Este celebraban la desaparición del muro (y, sobre todo, del “socialismo real”) hace veinte años, como prueba manifiesta de la superioridad social del capitalismo, la prensa internacional conservadora lanzó una de sus habituales campañas propagandísticas para vender de nuevo la mentira del supuesto éxito conseguido por el cambio político y económico en los antiguos países socialistas europeos.

La escenificación de una alegría impostada en ceremonias de auto alabanza (con evidentes concesiones al nacionalismo alemán) y la presencia, y, después, las imágenes difundidas por el mundo de Gorbachov, George Bush, Kohl, Merkel, Wałesa y otros (incluso Medveded) celebrando la “victoria sobre el comunismo”, escondían el sufrimiento social causado por el retroceso hacia el capitalismo en toda la Europa oriental, y se revelaban como la gran mentira de los festejos de Berlín.

Hace un año, en enero de 2009, haciéndose eco de un estudio de la Universidad de Oxford, el diario italiano Il Manifesto publicaba un artículo sobre las consecuencias de las privatizaciones y de las reformas de la llamada terapia de choque de Yeltsin y Gaidar en Rusia. El trabajo que citaba el diario italiano había sido publicado en la revista médica Lancet y llevado a cabo por David Stuckler, de la Universidad de Oxford, Lawrence King, de la Universidad de Cambridge, y Martin McKee, de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, utilizando datos de organismos de la ONU, como la UNICEF, después de una investigación de cuatro años. Un millón de muertos. Ese era el resultado de la investigación que concretaba el aumento de la mortalidad (casi un trece por ciento, durante los años noventa) a consecuencia del desempleo, las privatizaciones y la aplicación de las recetas liberales que extendieron el hambre, la miseria y causaron la destrucción de la economía rusa. Debe hacerse la precisión de que el estudio abarcó la mayor y más poblada república soviética, pero que, de hecho, Rusia representa sólo la mitad de la población que componían las quince repúblicas soviéticas, y tampoco abordaba lo sucedido en el resto de países socialistas, que, juntos, sumaban otros cien millones de habitantes. Ese estudio publicado en Lancet, por tanto, sólo habla de la mortandad causada entre ciento cincuenta millones de habitantes, mientras que el conjunto de la población de la Europa socialista alcanzaba los cuatrocientos millones. No debe olvidarse, además, que esas cifras son estimaciones, puesto que otros estudios elevan mucho más el número de víctimas: piénsese en el aumento de la mortalidad infantil, en el retroceso de la natalidad, en el descenso de la población (a veces, por la emigración; en otras, por causas distintas, que no siempre es fácil clasificar). Ucrania, por ejemplo, ha descendido desde los 52 millones de habitantes que tenía en el socialismo, en 1991, a los actuales 46 millones, dieciocho años después. 
 

Por supuesto, nada de eso se vio reflejado en los festejos de Berlín, ni el gobierno pronorteamericano de Yushenko y Timoshenko, ni los países capitalistas occidentales se han preguntado hasta ahora por la causa de un desastre demográfico de tal magnitud. Y es sólo un ejemplo, aunque sea de los más dramáticos. La antigua RDA, que contaba con dieciséis millones de habitantes, ha perdido dos, sobre todo por la emigración, y muchas ciudades se están despoblando. Incluso el International Herald Tribune (en su edición del 15 de enero de 2009) se hacía eco de la muerte prematura de unos tres millones de personas en el conjunto de los antiguos países socialistas europeos, según datos de los organismos de la ONU, y de la pérdida de unos diez millones de personas en esos territorios. Ante el horror y la contundencia de las cifras, Jeffrey Sachs (uno de los principales asesores de la terapia de choque capitalista en Rusia y otros países) intentó descalificar esas estimaciones y, en una carta a The Financial Times, consideró un éxito la reforma en Polonia, Chequia y Eslovenia, al tiempo que achacaba la mortandad en la antigua URSS a una evolución que se inició en la década de los sesenta del siglo XX, y a “la pobre dieta alimenticia soviética” (afirmaciones que la excelente investigación de Serguei Anatolevich Batchikov, Serguei Iurevich Glasev y Serguei Georguevich Kara-Murza, en El libro blanco de Rusia. Las reformas neoliberales (1991-2004), deja por completo en evidencia). Refutando a Sachs en esas mismas fechas, en una entrevista en The Times, el premio Nobel Joseph Stiglitz afirmó que la terapia de choque fue “una política económica desastrosa”. El capitalismo ha llevado a la muerte a millones de personas, y no sólo en anteriores etapas históricas, sino en estos últimos años. La desaparición del socialismo europeo no fue un éxito, sino una catástrofe, y centenares de miles de personas vivirían aún de no haber mediado ese desastre que celebraban en Berlín.

* * *

Bajo el socialismo, con el trabajo, asegurado para toda la vida para cualquier ciudadano, se disponía de casa, de asistencia médica, vacaciones y jubilación. Nadie pensaba en el desempleo, ni en los desahucios y la falta de techo, ni en las abusivas hipotecas de por vida, ni esperaba con temor una vejez desamparada y pobre. La privatización trajo consigo la pérdida de millones de puestos de trabajo, el desmantelamiento de buena parte de la industria, creó una espantosa corrupción, y. además, desató la miseria, la desesperación, el aumento del alcoholismo, de los suicidios, el abandono de niños, las pensiones de miseria, la introducción de ciegos criterios de mercado por encima del interés social, mientras se enriquecía una minoría.

El desastre en las instituciones científicas, el retroceso en la investigación, la ruina de la cultura, la introducción desde el Occidente capitalista de los más banales y zafios recursos de entretenimiento y alienamiento popular, la planificada destrucción de las costumbres sociales de ayuda mutua y solidaridad, fue acompañada por la exaltación del egoísmo personal y la búsqueda del bien privado, porque lo común pasó a ser considerado sospechoso por el nuevo poder capitalista. El desmantelamiento de la sanidad pública, el aumento de los precios de las medicinas, la reducción de la esperanza de vida, afectaron de manera determinante a la población. Todavía desconocemos las cifras de suicidios, las muertes causadas por el alcoholismo de quienes habían caído en la desesperación; la mortalidad debida a la proliferación de enfermedades como la tuberculosis, que afectan ahora a millones de personas, el destino de muchos de los centenares de miles de vagabundos y de niños abandonados que llenaron toda la geografía de la Europa oriental, y que siguen viéndose hoy, que fueron consecuencia directa de la salvaje implantación del capitalismo. Si hace dos décadas el hambre era desconocido en toda la Europa oriental, hoy afecta a millones de personas. Se dispone de algunas estadísticas parciales: en Ucrania, hoy, por ejemplo, un millón y medio de personas pasa hambre.

Esa política, impulsada en Rusia por el sanguinario Yeltsin, y por personajes como Gaidar y Chubais, tenía detrás a académicos norteamericanos neoliberales como el citado Jeffrey Sachs, y suecos como Anders Åslund (ayer, asesor económico en Rusia y Ucrania, y hoy responsable del programa ruso y euroasiático de Carnegie Endowment for International Peace de Washington), y sus ideas recibieron el apoyo entusiasta de Estados Unidos, con Clinton al frente (el presidente a quien tanta risa daban las ocurrencias del alcoholizado Yeltsin); tenían el sostén de Alemania, con Helmut Kohl; de Gran Bretaña, bajo John Major; y de Francia, con Mitterrand, y, después, Chirac.
 
Con apoyo occidental se produjo el mayor robo de la historia de la humanidad, en la Unión Soviética y en el resto de países socialistas europeos. No hubo frenos al latrocinio. Incluso, como ocurrió en Bulgaria, llegaron a devolver al rey Simeón ¡más tierras de las que poseía antes de la nacionalización decretada al finalizar la Segunda Guerra Mundial! Solamente en la RDA, aunque suele alegarse el gran volumen de las “ayudas” desde la RFA a las nuevas regiones del Este, se oculta que Bonn se apoderó de todo el patrimonio nacional de la RDA, que tenía un valor calculado en el doble de los desembolsos realizados por Bonn: la deliberada destrucción de la industria del Este alemán, exigida por los empresarios y aplicada por el gobierno occidental, forzó a la emigración de centenares de miles de ciudadanos y aceleró el envejecimiento de todo el territorio oriental. También las mujeres perdieron: en la RDA, trabajaban el 92 % de ellas; hoy, apenas el 69 %. Libertad… para emigrar, y para morir.

Esa realidad es conocida por los investigadores y por los gobiernos, pero no por ello se sienten aludidos los liberales: algunos, aunque no pueden dejar de reconocer el desastre, insisten en las ventajas a largo plazo de la implantación del capitalismo en la Europa del Este. Veinte años después de la desaparición de los sistemas socialistas que gobernaban la Europa del Este, la bien engrasada maquinaria propagandística de los medios de comunicación sigue remachando el clavo de la interpretación sobre aquellos hechos: manejando ideas simples para asuntos complejos, liquidan el expediente evocando la supuesta “rebelión popular contra el socialismo”, para terminar felicitándose, interesadamente, por la “muerte del comunismo” y el “triunfo de la libertad”. Además del recurso a la deshonesta y falsa equivalencia entre nazismo y comunismo, los defensores del capitalismo utilizan otros argumentos. La equiparación entre democracia y capitalismo fue sólo una de las muchas astucias de tramposos que los laboratorios ideológicos del liberalismo desarrollaron con éxito en la Europa del Este, pese a la evidencia de que el capitalismo no trae consigo la democracia: de hecho, ha convivido y convive con regímenes dictatoriales, monarquías autoritarias, estados expansionistas y belicistas, democracias tuteladas, y, también, con el nazismo y el fascismo. Porque la actual democracia liberal (corrompida por el poder del dinero) es sólo una de las formas políticas que ha adoptado el capitalismo. Otra de las trampas que utilizan los liberales es la condena universal del socialismo por los excesos y crímenes del pasado, mientras que el capitalismo es presentado como carente de historia: parecería que ni el colonialismo, el imperialismo, las matanzas y la represión en todos los países, existieron nunca, y, si se recuerdan, son para considerarlos fenómenos históricos que no tienen nada que ver con el capitalismo actual, pese a las guerras que mantiene. Para la propaganda liberal, ese capitalismo está representado apenas por los países más desarrollados, no por los más pobres: es Francia, no Egipto; es Alemania, pero no Indonesia; es Estados Unidos, pero no Haití. El entusiasmo liberal por la revisión de la historia llega al extremo de querer equiparar comunismo y nazismo por el procedimiento de negar la evidente filiación del fascismo con el capitalismo, y con la abusiva utilización del término “totalitario” que permite crear el espejismo de un capitalismo “democrático” que se habría opuesto al totalitarismo de nazis y comunistas, idea que no resiste la menor comprobación empírica, porque el nazismo y el fascismo no fueron derrotados por las potencias capitalistas sino por el socialismo soviético.
 


Nikolái Rizhkov, que fue, desde 1985 hasta 1990, presidente del gobierno soviético con Gorbachov, y que hoy, como senador, defiende la política de Putin, considera que “la desaparición de la URSS fue una tragedia”, y todos los indicadores sociales y económicos lo confirman. No sólo en lo económico: Rizkhov cree que Gorbachov negoció mal el “asunto alemán” y que nunca debió aceptar que la Alemania unificada permaneciese en la OTAN. Esa imposición estimuló la voracidad y la ampliación posterior de esa alianza, que ha llegado a engullir incluso a tres antiguas repúblicas soviéticas, y a establecer cuarteles norteamericanos en las puertas de Rusia. El Pacto de Varsovia fue desmantelado; la OTAN sigue planificando guerras. Se seguirá discutiendo durante mucho tiempo sobre esa catástrofe. Hoy, las diversas explicaciones llegan desde la indigencia intelectual y la deshonestidad política de los medios liberales, pasando por la severidad de un sector de la izquierda (socialdemócrata, trotskista, anarquista) que condena, a veces sin matices, la experiencia del socialismo real , y terminando con la hagiografía de otro sector de la izquierda (comunista) que rechaza cualquier análisis crítico de la realidad de los antiguos países socialistas europeos. También, figuran las de quienes intentan ser equilibrados y honestos a la hora de juzgar lo que fue el “socialismo real” y, sobre todo, lo que ha supuesto para la población el retorno al capitalismo.

 
 
Desde la Polonia que acaba de prohibir la bandera roja y los símbolos comunistas (igual que hicieron Hitler, o Franco, o Mussolini), desde la Chequia que intenta prohibir ahora el partido comunista; desde los países bálticos, que con su feroz falsificación histórica relegan a los comunistas a la clandestinidad y absuelven a los nazis locales de su complicidad con el Reich hitleriano; desde la Alemania unida que persigue el recuerdo de la RDA, o desde la Rusia que quiere destruir al partido comunista, todos esos países, unidos al gran altavoz de la propaganda liberal que tiene su centro en Estados Unidos, se agrupan tras Washington en una poderosa coalición que sigue saludando como una gran victoria de la libertad el vendaval que se inició en 1989 y culminó, primero, en 1991, con la desaparición de la URSS, y finalmente, en 1993, con el golpe de Estado de Yeltsin en Rusia, que consolidó la vía golpista al capitalismo.

 
 
La política de Gorbachov segó la hierba bajo los pies de los dirigentes comunistas europeos, porque estimuló las protestas y anunció tácitamente que Moscú no movería un dedo para sostener a la Europa oriental. Incluso se estimularon las protestas: los gobiernos se vieron abocados a iniciar improvisadamente reformas, a entablar procesos de negociación con la oposición y, en última instancia, a ceder el poder. No obstante, pese al análisis predominante que hoy se hace en Occidente (sostenido con entusiasmo por los beneficiarios del cambio de régimen: una mezcla, según los países, de antiguos disidentes, viejos “comunistas” reconvertidos al capitalismo y nuevos burgueses surgidos de la rapiña y el caos), que puede resumirse en la falsa foto fija de una “rebelión contra el socialismo”, lo cierto es que las manifestaciones de 1989 en la Europa del Este no reclamaban nunca el capitalismo: querían reformar el socialismo, acabar con el autoritarismo y los abusos del poder comunista, conquistar la libertad y acabar con el temor reverencial al poder, conservando las estructuras económicas del socialismo. Sin embargo, las explicaciones no son sencillas, y aunque desconocemos todavía buena parte de las complicidades y de la acción que desarrollaron las grandes potencias, no se sostiene la interpretación liberal de un hartazgo popular, porque buena parte de la población permaneció a la expectativa. La supuesta rebelión popular en Rumania contra Ceaucescu, por ejemplo, nunca existió: hubo importantes y nutridas manifestaciones, sí, pero el general Stanculescu ha revelado recientemente que el golpe de 1989 que terminó con la sentencia a muerte del presidente del país contó con la complicidad soviética y norteamericana. Al margen del turbio carácter del personaje, y de su afán por justificar su papel, lo cierto es que seguimos desconociendo muchos aspectos de los acontecimientos de ese año, y no sólo en Rumania, aunque no todos obedecen a causas conspiratorias. Es cierto que las maniobras y operaciones planificadas operaron sobre un descontento popular que se manifestaba en la población católica polaca, en la insatisfacción por la limitación de movimientos en la RDA, Hungría o Checoslovaquia, en la escasez de abastecimientos en Rumania, Bulgaria o la URSS, y en la aspiración a la libertad, pero la clave está en la pasividad del Moscú de Gorbachov y en la incapacidad de los gobiernos comunistas para afrontar y canalizar unas protestas pacíficas que, en su origen, no iban masivamente contra el socialismo: ni siquiera tras el hundimiento de la Europa socialista en 1989, en la URSS que veía crecer la demagogia de Yeltsin y que le llevó a ganar las elecciones rusas y a disolver la Unión Soviética en 1991, nunca su gobierno se atrevió a explicar a la población que su propósito era implantar el capitalismo.
 
Uno de los mecanismos de robo impuestos a la población fueron las altas tasas de inflación en toda la zona (¡que llegaron a superar los tres dígitos!) a causa de la decretada liberalización de precios, lo que supuso una brutal devaluación de los ahorros de la población. Junto a ello, la masiva desindustrialización, que llevó a caídas de la producción superiores al 50 % en muchos países, y la consiguiente introducción de capital, tecnología y empresas occidentales que se apoderaron de la estructura productiva en Checoslovaquia, Hungría, Polonia y otros países. El aumento de los precios no fue equilibrado con un aumento de los salarios, y esa fue una de las vías para favorecer la acumulación de los nuevos capitalistas y para desarmar cualquier conato de protesta, porque la población debía emplear toda su energía en asegurarse el sustento diario, siempre por debajo de la dieta alimenticia habitual que tenía en el socialismo. Los salarios continúan siendo hoy mucho más bajos que en el occidente europeo, y eso explica la instalación de empresas occidentales para explotar una mano de obra barata, pero educada y con gran capacidad técnica. La privatización de los bienes del Estado (a través de ventas amañadas, subastas falseadas o “reparto” de participaciones que, inevitablemente, acabaron en manos de los nuevos capitalistas) trajo consigo un cambio total de propiedad, de la que se aprovechó la gran empresa occidental. Los nuevos bancos que operan en la Europa oriental, por ejemplo, son controlados casi en su totalidad por capital extranjero, y la introducción de las empresas capitalistas europeas buscó desde el principio apoderarse de buena parte de los sectores económicos de cada país, junto a la explotación de mano de obra y la especulación financiera y urbanística, y, en ocasiones, a la creación de “industrias” tan repulsivas como la que se dedica a la pornografía en Budapest, convertida en el mayor centro europeo de ese negocio.
 

La deuda externa combinada de los países europeos orientales en 2008, excluida Rusia, superaba con mucho (en casi 200.000 millones de euros) el monto total de las inversiones extranjeras (que han sido de unos 450.000 millones) acumuladas en los casi veinte años anteriores: un mal negocio, desde cualquier punto de vista. La emigración ha supuesto un golpe demoledor para la mayoría de los países, y, al tiempo, un recurso inevitable para la subsistencia de muchas familias. Aunque las estadísticas son precarias e incompletas, sabemos que más de un millón de polacos han emigrado a Gran Bretaña, y contingentes numerosos a otros países, y el gobierno de Bucarest considera que tres millones de rumanos han abandonado el país. También, sabemos que casi cuatrocientos mil moldavos han emigrado, casi el diez por ciento de la población. Centenares de miles de niños han sido abandonados por sus padres, o han quedado al cuidado de otros familiares. En Polonia, unos quince mil niños han terminado en orfanatos. El fenómeno es particularmente grave en Ucrania, Moldavia, Rumania y Bulgaria. Solamente en Rumania, según la Fundación Soros (que no es sospechosa, precisamente, de tener simpatías por el viejo socialismo real), hay trescientos cincuenta mil niños abandonados. El corolario de todo ello es el aumento de la delincuencia, de la explotación sexual de muchos de esos niños, del tráfico de personas. La caída de la esperanza de vida ha sido también constante y documentada por entidades locales e internacionales. Agrupando a todos los antiguos países socialistas europeos y las dos mayores repúblicas soviéticas, Rusia y Ucrania, en 1993 hubo casi 700.000 muertes más que en 1989. En un solo año. El fenómeno, aunque con altibajos, fue constante durante toda la década final del siglo XX. Esa terrible mortandad debe tenerse en cuenta al hablar del supuesto “éxito” de la transición del socialismo al capitalismo.

Cóctel Molotov. Alexandre Kosolapov.

Ahora, tras veinte años de capitalismo, las recetas que gobiernos, e instituciones como el FMI, aplican contra la crisis en que se encuentran los países del Este europeo son las tradicionales del más feroz liberalismo: nuevas reducciones salariales, aumento de impuestos a la población, recortes sociales, reducción de pensiones, desmantelamiento de servicios, con el aumento consiguiente de la pobreza. La omnipresente corrupción, con raíces propias pero también instigada por la actuación de los empresarios occidentales; la degradación cultural, con dramáticas caídas de los índices de lectura y la desaparición o emigración de buena parte de los científicos y de las instituciones dedicadas a la investigación y la cultura; la destrucción de los valores de solidaridad, que ha sido constante y sistemática, sustituyéndolos por la noción del éxito y del enriquecimiento rápido, definen un amenazador futuro inmediato.
 

 
Junto a ello, los rasgos populistas, nacionalistas e incluso racistas (cuando no directamente fascistas, como se ha visto en la rehabilitación de los nazis locales en los países bálticos) han impregnado el discurso político de las nuevas élites, que, además, juzgan razonable acompañar en aventuras militares exteriores a Washington, como ha ocurrido en Iraq y Afganistán. La sumisión de las nuevas élites gobernantes de los países de la Europa del Este a los Estados Unidos se constata en la humillante carta suscrita, con ocasión de la agresión de Georgia a Osetia del Sur en el verano de 2008, por antiguos presidentes de algunos países, como el polaco Lech Wałesa, el checo Vaclav Havel, la letona Vaira Vike-Freiberga, el lituano Valdas Adamkus, entre otros (todos, anteriores cómplices de las sanguinarias aventuras bélicas de Bush), donde se alarmaban por el descenso del atractivo de Estados Unidos entre la población de sus países, se declaraban decididos “atlantistas”, y llamaban a “defender a Georgia” y a incluir a este país y a Ucrania en la OTAN, además de a evitar la influencia de Rusia en la Europa oriental y a limitar la capacidad de exportación de hidrocarburos rusos hacia el resto del continente: sin percatarse, esos aplicados discípulos de Washington, definían un completo programa de expansión para Washington en la zona… firmado por quienes ayer se proclamaban celosos defensores de la libertad y la independencia de sus países.

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La agencia Reuters informaba recientemente de la nostalgia del socialismo entre la población de la Europa del Este: apenas el treinta por ciento de los ucranianos es partidario del cambio producido (en 1991, un 72 % llegó a creer que la conversión sería positiva), en Lituania y Bulgaria ya son mayoría quienes rechazan el cambio; y en Hungría, el 70 % de quienes eran adultos en 1989, confiesa su decepción por el capitalismo y por el abandono del socialismo. Algo similar ocurre en los países que formaron la antigua Yugoslavia. En Alemania del Este apenas una cuarta parte de la población se siente ciudadana plena de la nueva Alemania. Y en Rusia todas las encuestas siguen recogiendo que la mayoría de la población considera una tragedia la desaparición de la URSS. Lo mismo ocurre en las otras repúblicas soviéticas.

Es cierto que muchos aspectos negativos del socialismo real han sido olvidados por la población, sin duda porque el hecho incontestable es que la libertad no existe con la precariedad, el desempleo, la incertidumbre, la corrupción, el miedo al futuro. No obstante, aunque no sea el objeto de estas líneas, la aspiración a la libertad y a formas de participación reales en la antigua Europa socialista eran cuestiones de máxima relevancia que fueron ignoradas en los países del socialismo real, como los serios desajustes de su economía que se pusieron de manifiesto a lo largo de la década de los años ochenta. La constatación del desastre social de la restauración capitalista hace aumentar la nostalgia en toda la antigua Europa socialista, pero no resuelve los problemas actuales de la población, porque la reconstrucción de los instrumentos de oposición capaces de proponer opciones socialistas viables no será sencilla: la mayoría de los partidos comunistas fueron destruidos, sus miembros, perseguidos, la ideología comunista sistemáticamente difamada, y los gobiernos y partidos liberales mantienen un control absoluto de los medios de comunicación. Los comunistas rusos hablan de la naturaleza criminal del actual régimen ruso, pero la clase obrera soviética ha sido en gran parte destruida por el proceso de desmantelamiento industrial, y eso limita su capacidad de lucha. Pese a ello, subsisten importantes partidos comunistas en Rusia, República Checa y Ucrania, y se ha creado un nuevo referente en Alemania.

A la vista del sufrimiento social causado en estas dos décadas, debemos concluir que no había nada que celebrar en Berlín, aunque los muros nunca sean una apuesta por el futuro. La terapia de choque fue un experimento social, del cual el capitalismo no se hace ahora responsable, que se convirtió en una verdadera matanza de dimensiones aterradoras. En toda la Europa oriental, la muerte cabalgó sobre la privatización y el capitalismo. Veinte años después, los ciudadanos de esos países recuerdan las insuficiencias del socialismo real, el autoritarismo, la represión de toda disidencia, el obsesivo control, pero cultivan también la nostalgia de un pasado cercano donde, a pesar de todo, la vida era más humana que ahora, y, por eso, parecen decirnos: Maldito socialismo, cómo te echamos de menos.
 

5 de julio de 2016

1 de julio de 1936: Mussolini vendió armas a los monárquicos españoles para el golpe fascista

Por la Agencia Sirius

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El golpe de Estado del 18 de julio contó con la connivencia y el apoyo de la Italia de Mussolini. Los monárquicos de Calvo Sotelo contrataron 17 días antes del golpe el suministro de una cantidad ingente de material bélico, entre los que se incluyen más de 40 aviones y miles de bombas, para una campaña bélica rápida y mortal, tal y como había escrito el general Mola. De hecho, la fecha de inicio del golpe de Estado, el 18 de julio, tiene más relación con la adquisición de este armamento de primer nivel y la seguridad del apoyo fascista de Italia que, tal y como se ha difundido históricamente, con el asesinato de Calvo Sotelo (14 de julio), que, precisamente, a mitad de junio y el 1 de julio elogió públicamente al fascismo en el Congreso de los Diputados.

Esta revelación no es nueva. La publicó el prestigioso historiador Ángel Viñas en la obra colectiva Los mitos del 18 de julio (Editorial Crítica) en el año 2013, pero ahora, cuando se van a cumplir 80 años del golpe de Estado militar que provocó la Guerra Civil española conviene recordar este descubrimiento reciente para tener claro quién provocó la Guerra Civil saltándose las normas de la democracia y el veredicto de las urnas. "Los monárquicos calvosotelistas empezaron a preparar la sublevación meses antes del asesinato de su líder. Dado que Juan March (importante banquero español que financió el golpe de Estado militar) les envió medió millón de libras en marzo de 1936, por lo que entiendo que es entonces cuando se plantearon los contactos que ya habían comenzado en 1932 y reeditado en 1934", señala a Público Ángel Viñas que apunta que "las armas se necesitaban para una guerra que se presumía corta".

La aportación de Ángel Viñas a la historiografía permite conocer que los civiles que secundaron el golpe de Estado tuvieron una gran incidencia en el éxito del mismo ya que consiguieron el apoyo de Italia y de Alemania transformando aquel golpe de Estado que prácticamente había fracasado en una guerra civil que habría sido inviable si no hubiesen contado con su apoyo. Por tanto, el "Glorioso Movimiento Nacional" tuvo menos de Nacional de lo predicado por los militares que perpetraron el golpe.

"Esta tesis desbarata completamente la idea apocalíptica que nos ha acompañado durante décadas de las dos Españas destinadas a enfrentarse (más o menos de forma inevitable), del guerracivilismo como una realidad endémica del país y en particular de que hubiera una guerra civil no declarada dentro de la sociedad española en los años 30. También desmiente que media España se levantase rebelada contra la otra media, que es lo que sugería la palabra "alzamiento", que tanto gustaba a los sublevados", el historiador Francisco Sánchez, de la Universidad Carlos III de Madrid, en la obra Los Mitos del 18 de julio. El "Glorioso Movimiento Nacional" tuvo menos de Nacional de lo predicado por los militares que perpetraron el golpe. Concretamente, los monárquicos cercanos a Calvo Sotelo, bajo la firma del diputado de Renovación Española Pedro Sainz Rodríguez compraron más de 40 aviones, más de 10.000 bombas de 2 kilos, más de 2.000 de 50 kilos o más, carburantes, gasolina etilada, ametralladoras, proyectiles perforantes, etc. por valor de más de 39 millones de liras, 339 millones de euros en la actualidad, que fueron aportados por el banquero Juan March.

Los contratos dejan negro sobre blanco que las armas debían entregarse durante el mes de julio. “Es decir, eran la punta de lanza que había de asegurar el éxito de la sublevación en el curso de las siguientes semanas", dice Ángel Viñas. La misión exitosa de Sainz Rodríguez, remachada junto a Antonio Goicoechea, fue, en opinión del historiador Francisco Sánchez Pérez, "difícilmente desconocida por Calvo Sotelo, líder natural de los monárquicos", y por el "exrey y su hijo, don Juan, pues vivían en Roma". "Con la muerte de Sanjurjo los monárquicos perdieron a su mejor baza, después del asesinato de Calvo Sotelo. Éste tenía preparada la salida de Madrid pero no le dio tiempo. De un documento que tengo que contextualizar adecuadamente se desprende la idea de que Calvo Sotelo jugaba a ser presidente del Gobierno, bajo Sanjurjo", explica a Público el historiador Ángel Viñas.

La adquisición del material de guerra permite al historiador Viñas afirmar que los monárquicos pensaban en "una guerra corta". Pero no nos engañemos. Para perpetrar el golpe y que éste tuviera éxito sabían que necesitarían de más apoyos internacionales. En este sentido, el profesor Viñas ha demostrado también que los gobiernos conservadores británicos ayudaron en la medida de los posible a los franquistas y perjudicaron al Gobierno de la II República. La adquisición del material de guerra permite al historiador Viñas afirmar que los monárquicos pensaban en "una guerra corta" "Fueron muy importantes los contactos con los diplomáticos ingleses para tenerlos al corriente de lo que pasaba y alejar la sospecha de que la sublevación iba a hacerse bajo un signo pro-italiano. Lo que ocurre es que el Gobierno republicano no se desplomó como probablemente pensaban", añade Viñas.

De esta manera, Viñas ha acreditado que la participación de los civiles monárquicos fue fundamental para garantizar el apoyo de Mussolini y la inhibición británica. No así en la participación de Hitler, que fue un éxito del propio Francisco Franco y que ayudó a su encumbramiento como Generalísimo. Los monárquicos también fueron clave para trasladar a Franco desde Canarias, para terminar con la vida de Amado Balmes, gobernador militar de Las Palmas, y para crear el "ambiente" propicio para un golpe de Estado a través de discursos incendiarios en las Cortes.

La venta de material bélico de primer orden a la República para perpetrar el golpe de Estado, además allá de la ayuda prestada desde el 18 de julio al bando franquista, no fue la única ayuda que la Italia del agente fascista de las monarquías europeas Mussolini dio a los golpistas. El historiador Ángel Viñas ya documentó hace más de 40 años cómo el dictador italiano financió a la Falange. "La cosa fue muy simple. José Antonio Primo de Rivera acudía en persona a la embajada italiana en París donde el agregado del ministerio de Información le daba la subvención. No sé si en liras o en pesetas", apunta Viñas. De esta manera, ya está más que documentado que el golpe de Estado del 18 de julio no se hubiese podido realizar, al menos con la fortaleza con la que se ejecutó, sin la ayuda de Mussolini. "En mi opinión [el Duce] jugó sobre todas las teclas: Falange, monárquicos y elementos fascistizables. Mussolini tuvo inquina a la República desde el primer momento", sentencia el historiador.

Mussolini, agente secreto británico del MI5

El MI5 contrató al dictador Mussolini, en 1917 cuando era periodista para hacer propaganda a favor de la guerra. Los servicios de Inteligencia británicos fueron el primer paso del dictador italiano Benito Mussolini en la política. Unos documentos del MI5 hechos públicos revelan que el Reino Unido le pagaba a Mussolini en 1917 cuando era periodista, 100 libras a la semana por hacer campaña a favor de la guerra en Europa. La cifra parece pequeña, pero adaptada a nuestros tiempos supone que Mussolini cobraba 6.000 libras (7.500 euros) a la semana por supuestamente sólo hacer propaganda.

El trabajo de Mussolini no se basaba solo en convencer a la opinión pública de que Italia debía permanecer en la Primera Guerra Mundial luchando con el bando aliado, sino que además debía utilizar las técnicas necesarias para evitar las manifestaciones pacifistas, según un artículo publicado este miércoles por el diario The Guardian. El jefe de Mussolini en su colaboración con el espionaje británico era el diputado Sir Samuel Hoare, que representaba al MI5 en Roma y había contratado a 100 agentes en todo el país. Mussolini dirigía entonces el periódico Il Poppolo d'Italia, pero además de su labor como propagandista, tenía barra libre para frenar a los manifestantes contra la guerra. Entonces ya controlaba a los camisas negras fascistas que hicieron su labor amenazando a los trabajadores de Milán para que no fueran a la huelga en plena guerra.

El descubridor de estos documentos ha sido el historiador de Cambridge, Peter Martland. Según él, Reino Unido debía hacer todo lo posible para que Italia siguiera luchando después de la retirada de Rusia. Hoare citaba su contratación en varios informes en 1954 pero los detalles del salario de Mussolini los encontró analizando varios papeles del diputado. Lo que Londres pagaba a Mussolini era calderilla en comparación con lo que gastaba en la guerra

Para Martland, "lo último que le interesaba al Reino Unido era una huelga pacifista en las fábricas de Milán en plena guerra. Se puede pensar que lo que ganaba Mussolini era mucho dinero, pero si se compara con los cuatro millones de libras que se gastaba al día el país en la guerra era solo calderilla". La relación entre Mussolini y Hoare no terminó en Roma. En 1935 Hoare era ministro de Exteriores y firmó el pacto Hoare-Laval para el reparto de Abisinia, cuyo control quedó en manos italianas y sirvió de base de operaciones de los fascistas de Mussolini en la Segunda Guerra Mundial.

“Los muertos no cuentan la historia", Benito Mussolini


Ya quedó claro hace años, para los historiadores, que la II Guerra Mundial comenzó con los planes italogermanos de invasión y dominio de Libia, Sudán y Etiopía (Abisinia), por sus recursos petrolíferos, agrícolas y mineros. Y que sólo fue posible, para Alemania e Italia, lanzarse a aquella aventura criminal, tras la victoria del eje fascista en España, cuyo rey era huésped del italiano. Porque, sin la estratégica y rica, en productos agrícolas y ganaderos, España, bajo control fascista, Hitler no podría mantener una larga guerra, alimentar a sus tropas y a las naciones sometidas y arrasadas. Los datos de Hugh Thomas sobre las ventas de alimentos de Franco a Hitler –mientras el hambre asolaba España- las concesiones de los recursos minerales y la producción de hierro y acero en una España destrozada, son asaz elocuentes para quien quiera verlos.