3 de septiembre de 2026

La situación de obreros españoles en Noviembre de 1917


Compartimos la imagen que ilustra el texto original aparecido en “España Revolucionaria”, que corresponde a la parada de la guardia roja de Petrogrado en el mes de mayo de 1917.


Por Esteban Zúñiga


DISTINTAS EXPERENCIAS EN ESPAÑA, DURANTE LOS DÍAS DE LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE DE OCTUBRE DE 1917 EN RUSIA.


“Esta primera victoria NO ES AÚN LA VICTORIA DEFINITIVA, y nuestra Revolución de Octubre la ha conseguido con dolores y dificultades sin precedentes, con inauditos sufrimientos, con una serie de graves desaciertos y errores nuestros.

¡Hubiera sido demasiado desear que un pueblo atrasado triunfase sin desaciertos y sin errores, sobre las guerras imperialistas de los países más poderosos y avanzados del globo! No tememos reconocer nuestros errores y los examinaremos serenamente para aprender a corregirlos.

Pero los hechos son elocuentes: por primera vez en siglos y milenios, la promesa de “responder” a la guerra entre esclavistas con la revolución de los esclavos, CONTRA todo género de esclavistas SE HA CUMPLIDO HASTA EL FIN... y se cumple contra viento y marea.

Nosotros hemos empezado la obra.

Poco importa saber cuándo, en qué plazo y en qué nación culminarán los proletarios esta obra. Lo esencial es que se ha roto el hielo, que se ha abierto el camino, que se ha indicado la dirección.”

(V. I. Lenin. “Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre”, 14 de octubre de 1921. Fuente: V. I. Lenin. Obras Completas. Tomo 44 (Junio de 1921 – marzo de 1922). Página 156. Editorial Progreso. Moscú, 1987).


En el periódico quincenal “ESPAÑA REPUBLICANA” -del 15 de agosto de 1967- editado en México por exiliados comunistas españoles, dedicaría algunas de sus páginas para festejar el 50º Aniversario de la Revolución de Octubre de 1917, liderada por Lenin y por los bolcheviques. En concreto bajo el prisma de recordar lo que estaba ocurriendo, durante aquellos días, en distintas poblaciones españoles.

Así compartiría las experiencias de tres residentes en la Unión Soviética, ya entrados en años, y militantes comunistas y del movimiento obrero que residían en, Asturias, Fernando Rodríguez, en Reinosa, José Prieto, y en Buñol, Julio Tarín.

Recuerdos publicados originalmente en el “Noticiero”, editado, en Moscú, por la Organización del Partido Comunista de España en la URSS, y el histórico Centro Español de Moscú.


ESPAÑA REPUBLICANA”.

EN AQUELLOS DÍAS DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE.
(Fuente: “España Republicana”. Portavoz del movimiento antifranquista. Año XXIX, Núm. 639 – Páginas 11 y 12. La Habana, 15 de agosto de 1967).

EN ASTURIAS.
Por FERNANDO RODRÍGUEZ.

El año 1917 trabajaba yo en una de las empresas mineras más importantes de Asturias, la Duro-Felguera. Recuerdo que todos los días, en las lampisterías y en las “chabolas” donde nos cambiábamos de ropa para entrar en la mina, cientos de mineros comentábamos alborozados las victorias de la revolución rusa, reflejadas en los despachos que transmitían las agencias extranjeras y publicaban los periódicos matutinos de Asturias.

En los años que siguieron hasta el 21, el entusiasmo era indescriptible en España, sobre todo entre los medios obreros e intelectuales progresivos. Las masas trabajadoras, acogían con ardor desbordante, y en sus organizaciones de clase. Por doquier se creaban nuevos sindicatos y se ponían en pie los que habían sido quebrantados, como consecuencia de la huelga revolucionaria de agosto de 1917. A este despertar del proletariado, contribuyó sobremanera el triunfo de la revolución de Rusia.

Todos los que recuerdan aquella época, convendrán conmigo, en que las elecciones a concejales que tuvieron lugar en los primeros meses del año 1919 en toda España, como las de diputados del mismo año, si lograron llevar a muchos ayuntamientos, sobre todo en las provincias industriales, una mayor representación de los trabajadores, eso tenía por origen la influencia que ejercía en nuestro país la Gran Revolución de Octubre.

Y este acontecimiento histórico, que repercutió de Norte a Sur en toda España, coadyuvó asimismo a que los miembros del Comité de la Huelga Revolucionaria de agosto de 1917, salieran libertados del Penal de Cartagena, donde estaban cumpliendo condena, para ocupar los escaños del Parlamento como diputados elegidos por el pueblo.

Presionada por los trabajadores, que luchaban en toda España, la monarquía se vio obligadas a decretar, el 3 de abril de 1919, la jornada de ocho horas.

Ese mismo año, se constituyó el Comité Nacional de Partidarios de la III.ª Internacional integrado por prestigiosas personalidades del movimiento obrero. Y el 15 de abril de 1920, se fundó el Partido Comunista marcando un período nuevo en la historia del movimiento obrero español.

Los años 19 y 20 fueron durísimos para Rusia. El hambre y la sequía hacían estragos en todo el país. En Asturias fueron muy pocos los que no contribuyeran con todo entusiasmo, a las subscripciones astures para aminorar en lo posible, la tragedia que atormentaba entonces a nuestros hermanos rusos.

Recuerdo que por esta época apareció en los cines de España una película asquerosa antisoviética, “La cartilla infamante”, financiada por la Entente y cuya protagonista era Pola Negri.

Cuando apareció en los cines de La Felguera (Asturias) tuvieron que retirarla de las pantallas, porque el público no estaba dispuesto a tolerar que se injuriara a un pueblo que estaba haciendo la más grande revolución de la historia. Aunque en La Felguera eran en esa época, fuertes, las influencias anarquistas, el pueblo entero se sumó a la protesta de los obreros, pese a que algunos textos de la cinta habían sido extraídos del libro “Setenta días en Rusia, lo que yo pienso”, del anarcosindicalista Ángel Pestaña.

Ayer y hoy los obreros, campesinos y todas las fuerzas progresivas de España, fueron y siguen siendo amigos leales del pueblo ruso.

Comprendieron muy pronto que la Gran Revolución Socialista de Octubre era el primer eslabón, que saltaba hecha añicos, la cadena que aún oprime a una parte considerable de la humanidad. Nuestro pueblo se solidarizó enseguida con esta revolución, con el batallar de los trabajadores soviéticos por el socialismo.

EN REINOSA.
Por JOSÉ PRIETO.

“Tierra y Libertad”, “Solidaridad Obrera” y otros periódicos anarquistas, registraron en sus columnas, como un gran acontecimiento social, el triunfo de los obreros y campesinos rusos. “El Socialista” saludaba con entusiasmo la victoria de la clase obrera rusa. Algunos periódicos liberales insertaban también en sus páginas el triunfo de la Revolución de Octubre.

A mediados de 1917 llegué yo a Reinosa, que en esta época era una pequeña ciudad. La mayoría de la población era campesina. Había una fábrica de harinas y diversos talleres artesanos. No existían organizaciones obreras.

Y llegó el 7 de Noviembre. El triunfo de la revolución rusa, imantó la atención de los obreros y campesinos españoles, fue también para mí una revelación. Y aunque abrazaba ideas anarco-sindicalistas, consideraba el triunfo de la Revolución de Octubre de gran importancia para todos los trabajadores del mundo.

Así fue por entonces comprendido por la gran masa de los militantes de la CNT, que vio en la Revolución de Octubre su propia revolución, como quedó patentizado en el Congreso de la Comedia, celebrado en Madrid en 1919.

La Sociedad Española de Construcción Naval, comenzó por entonces a construir una gran fábrica de industria pesada en Reinosa. Una avalancha de trabajadores irrumpió en la ciudad. A comienzos de 1918, un grupo de entusiastas de la revolución rusa nos propusimos organizar a los centenares y centenares de obreros que habían penetrado en la vida de la ciudad.

Se nombró una comisión organizadora de la que fui designado presidente, recogimos algún dinero, redactamos una especie de manifiesto convocando a todos los trabajadores a una reunión para constituir el Sindicato Obrero de Reinosa.

Con asistencia numerosa se celebró la reunión constituyente del sindicato, del que fui nombrado presidente. Al principio de 1919, el sindicato era una importante fuerza social. Reunía en sus filas a cerca de 3.000 trabajadores.

Llegó el Primero de Mayo de 1918.

En la vida de este pequeño medio montañés, nunca se había celebrado la fiesta de los trabajadores. Por primera vez en Reinosa, desfilaron por la ciudad, en manifestación y bajo las banderas del Sindicato Obrero, millares de trabajadores.

El paro en las empresas industriales fue absoluto. Se celebró un gran mitin en el paseo de Cupido, en el que se tomaron las resoluciones siguientes:

¡Reconocimiento del sindicato, jornada de ocho horas!
¡Fuera las manos de la Rusia Soviética!

La imponente manifestación desfiló por las principales calles de Reinosa con pancartas que decían: “¡Vivan los Soviets!”, “Fuera las manos de la Rusia Soviética!”. Recuerdo un detalle ocurrido durante el desfile. Iba yo a la cabeza de la manifestación y se me acercó un obrero para decirme que habiendo leído en una pancarta ”¡Viva los Soviets!” quería saber qué eran realmente los soviets. Yo que tenía una idea vaga y confusa de lo que significaban, quedé sin saber qué contestar. Y como no decirle nada hubiera sido peor, contesté:
- Los Soviets son la revolución…
Y mi interlocutor contestó:
- Pues, ¡Vivan los Soviets!

El sindicato editaba un semanario titulado: “Democracia Social”, en cuyo primer número, el célebre poeta Luis de Tapia, que se hallaba pasando una temporada en Reinosa, escribió unas copias alusivas a la Revolución Rusa, glosando el histórico acontecimiento.

Las autoridades locales y la dirección de la Constructor Naval, que se daban cuenta de lo que significaba la organización sindical, presionaron sobre el jefe de los laboratorios donde yo trabajaba y éste me despidió del trabajo alegando “que con mis ideas estaba comprometiendo sus intereses”. Mi pensamiento fue dirigir mis pasos hacia otros lugares en busca de trabajo, pero la mayoría de los obreros, indignados, se oponían a que yo abandonase Reinosa. Les disuadí, haciéndoles ver que eso era precisamente lo que buscaba la patronal: provocar una huelga para machacar la joven organización.

Los obreros no estaban dispuestos a que yo saliera de Reinosa y surgió entre algunos la idea de que abriese un cafetín económico, que ellos me ayudarían a salir adelante. Todo menos someterse a la decisión arbitraria del patrón y de las autoridades, que pretendían eliminar al presidente del Sindicato Obrero. No me seducía mucho esta perspectiva, pero como tampoco quería abandonar Reinosa, acepté.

Se encontró una planta baja que no tendría ocho metros cuadrados y comenzaron albañiles, carpinteros y pintores a preparar el local, y el establecimiento quedó listo en una semana.

Empezamos a barajar nombres para el cafetín y por último decidimos que se llamase “El Soviets”. Y así apareció en la fachada de la planta baja un gran rótulo en pintura roja: “El Soviets, café económico”.

Aquello desencadenó aún más la rabia de los enemigos.
- Es una provocación -decían.
Pero “El Soviets” permaneció intocable hasta últimos de 1920, en que por haberse perdido la huelga general fui expulsado de Reinosa por las autoridades.

EN BUÑOL.
Por JULIO TARIN.

Al saber por la prensa que en Rusia habían triunfado los bolcheviques, nosotros, los jóvenes de Buñol, desplegamos una gran labor de defensa de la Revolución y, aunque en aquel tiempo no sabíamos concretamente quiénes eran los bolcheviques, para identificarnos con ella bastaba que hubiesen derrocado al poder de la burguesía, de los terratenientes.

“Las Provincias” y “El Diario de Valencia”, que eran rabiosamente monárquicos, daban la noticia muy escueta. “El Mercantil Valenciano”, más amplia, porque era de tendencia mercantilista, como dice su título. “El Pueblo”, periódico republicano fundado por Blasco Ibáñez y dirigido por Félix Azzati, informaba en primera plana y con grandes titulares sobre la revolución en Rusia y decía quiénes eran los bolcheviques: los comunistas del partido de Lenin. “La Traca, un semanario gráfico, arremetía contra el poder de los curas y la autocracia zarista.

La clase obrera de Valencia, en general, se felicitaba por el gran triunfo de los trabajadores de Rusia. La UGT y nosotros, los jóvenes, pegábamos pasquines en los sitios visibles, hecho a multicopista, que decían: “¡Ayudemos y defendamos la Revolución Rusa!”. En la prensa de izquierda decíamos: “Si la burguesía reaccionaria pretende ayudar al zarismo, la clase obrera de Valencia contestará con la huelga general indefinida”.

Nadie en Valencia y su región movió un dedo para ayudar a la contrarrevolución. La CNT también se puso de parte de la revolución en principio, pero no tardó mucho tiempo en criticar la dictadura del proletariado, pues para esta corriente lo mismo daba la dictadura de la clase obrera que la tiranía de la burguesía.

Después del triunfo de la Revolución de Octubre, empezamos por nuestra parte la propaganda, que a partir de 1919 estuvo facilitada por la Internacional Comunista.

Las organizaciones de jóvenes socialistas de Madrid, Valencia, Vizcaya y Andalucía, ante un acontecimiento de tal magnitud, consideramos llegada ya la hora de crear Las Juventudes Comunistas, y en este sentido, por encima de todos los obstáculos y trabas, muchos rompimos con el tradicional reformismo de la II.ª Internacional. No sin antes discutir cuál debía ser el nuevo derrotero a seguir, y al no poder conseguir por unanimidad transformar la Juventud Socialista en comunista, optamos por separarnos, por crear las Juventudes comunistas.

En Buñol, ya a principios de 1919, un grupo de unos diez o doce jóvenes rompimos con la Juventud Socialista, y constituimos la Juventud Comunista. Entonces lanzamos un manifiesto escrito a mano (pues no teníamos multicopista) llamando a los obreros a seguir el ejemplo del proletariado ruso.

Por habernos separado de la Juventud Socialista no fuimos invitados a su V.º Congreso, que se celebró en diciembre de 1919. Pero nuestra influencia por aquel entonces crecía rápidamente. Cuando se creó la Internacional Comunista, en Buñol ya teníamos unos setenta militantes. Una gran actividad desarrolló en Buñol, Joaquín Masmano, quien luego, en 1936, fue fusilado por los fascistas en Canarias. Con él colaboraron Ramírez, Pérez, Manzano y otros, entre ellos yo.

Buñol, para aquel entonces, tenía ya una tradición revolucionaria. En 1917 comenzó a construirse en Buñol una gran fábrica de cemento, en la cual, al empezar su explotación, trabajaban unos dos mil obreros. Ya por el año 1918, el Sindicato de esta empresa estaba dirigido por hombres decididos, con Joaquín Masmano a la cabeza. La primera reivindicación que se consigue es la jornada de 8 horas, que en España no se logró hasta el decreto del rey de 1919, y un aumento de sueldo de 2 pesetas a 2,25 los peones.

Este sindicato de Buñol no estaba dirigido ni por socialistas ni por anarquistas (en Buñol no había de estos últimos). Se llamaba Sindicatos de Oficios Varios y lo dirigíamos nosotros.

Cuando en 1919, al crearse la Internacional Comunista, se funda en España las Juventudes Comunistas, los primeros comunistas estábamos dotados de gran combatividad, aunque padecíamos de sectarismo, por la falta de preparación teórica, lo que nos lleva a distanciarnos de las masas obreras.

Nuestra inexperiencia y falta de preparación teórica, frenaban el crecimiento de nuestra influencia dentro de los sindicatos nacionalmente constituidos, la UGT y la CNT.

Más tarde ya, formamos un centro de cultura, donde teníamos obras de Lenin: “Qué hacer”, “Dos tácticas de la socialdemocracia”, “Un paso adelante, dos atrás”, “El imperialismo, fase superior del capitalismo” y muchos más. También contribuyeron a esclarecer las lagunas que teníamos sobre la Revolución de Octubre los libros “Diez días que estremecieron al mundo” de John Reed, “La Senda Roja” de Álvarez del Vayo, “Un notario español en Rusia” de Diego Hidalgo, y otros.”

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