12 de abril de 2026

14 de Abril, Día de la República. "EL EMPECINADO", UN MAGNÍFICO COMBATIENTE AL SERVICIO DE LA CAUSA IDEAL DE LA INDEPENDENCIA DE ESPAÑA.

Por Esteban Zúñiga. Con un escrito realizado por ANTONIO MACHADO.
"El carácter y contenido de la guerra impuesta al pueblo español son de tal naturaleza, que de una guerra de defensa de nuestro pueblo, de sus derechos y libertades democráticas, de sus conquistas economicosociales y culturales, contra la rebelión militar de los oficiales terrestres y traidores a su patria, se ha transformado en una guerra de independencia nacional contra la invasión militar colonizadora del imperialismo fascista de Alemania e Italia, ayudadas por otros países fascistas."
(Resolución del Pleno ampliado del Comité Central del Partido Comunista de España, sobre el informe realizado por el camarada José Díaz, el 5 de marzo de 1937. Ediciones del Partido Comunista de España. Comisión Nacional de Agit-Prop. 1937).
Tanto la memoria del 2 de mayo de 1808 como la Guerra de la Independencia serían aprovechadas por el Partido Comunista de España para legitimar y acrecentar la lucha antifranquista, emulando la defensa de la soberanía y la independencia de España con la sublevación contra la invasión de Napoleón. Era un significado importante, pues la guerra de 1936-1939 adquiría una nueva lucha por la libertad y la independencia, contra el fascismo internacional de los nazis alemanes y de los fascistas italianos, conectando la resistencia y la represión francesa con la destrucción y ataque sobre Madrid durante la guerra de 1936-1939.

Pudiendo asumir esta guerra como un nuevo levantamiento popular -aludiendo al ejemplar antecedente de 1808-, y así deslegitimar tanto los ejércitos invasores participantes, como denunciar la errónea política internacional de "No Intervención". Pudiendo, en resumen, identificar a Hitler y Mussolini con Napoleón.

Un ejemplo de estas tesis, sería el representado por ANTONIO MACHADO, quien en una de sus publicaciones dedicada a la defensa de Madrid, aludiría a JUAN MARTÍN "EL EMPECINADO", aparecido en el mes de abril de 1938, en el primer número de la revista militar "NUESTRO EJÉRCITO".

"El Empecinado" había combatido fieramente a las tropas napoleónicas, pasando a convertirse en un símbolo patrio de la resistencia popular. A quién Antonio Machado rememoraría como uno de los héroes liberales más populares, conectándole con la tradición de la lucha por la libertad que era enfrentada a la España absolutista.

Un texto que compartimos a continuación, y en el que se sirve de un dibujo de Goya para ilustrar la figura histórica de un símbolo del arrojo de los guerrilleros contra la invasión francesa. Convirtiéndose en es un héroe guerrillero importantísimo, en la primera guerra de la independencia de España del invasor francés, mártir contra la invasión de Napoleón.

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"NUESTRO EJÉRCITO".
Los héroes de la primera Guerra de la Independencia.
JUAN MARTÍN. "EL EMPECINADO".
Por ANTONIO MACHADO.
(Fuente: "Nuestro Ejército". Revista Militar. Año I - Núm. 1 - Página 15. Barcelona, abril de 1938).
"Al pincel de don Francisco Goya debemos un retrato insuperable de Juan Martín Díez, a quien llamaron en su tiempo el "Empecinado", con mote alusivo acaso a la "pecina" de su pueblo -según algunos autores, el mote de Empecinado, alude al oficio de zapatero que profesaron muchos de sus familiares- y a quien hoy, más de un siglo después de su muerte, recuerdan con el mismo apodo muchos que ignoran la existencia de Castrillo del Duero y del arroyo de aguas cenagosas y negruzcas que cruza la triste villa, cuna del guerrillero inmortal. Tuvo Juan Martín un alias bien "pizmiento" -hubiese dicho Cervantes-, que el tiempo se ha encargado de convertir en nombre claro y significativo.

La figura goyesca del Empecinado, que muchos admiramos en una ya remota Exposición madrileña, coincide en muchos de sus rasgos, pero no en todos, con la epopeya galdosiana. Acaso don Benito no consultó, para sus "Episodios Nacionales" con el retrato de Juan Martín, que había pintado el maestro de Fuendetodos.

Aquel "moreno amarillento" del semblante a que alude Galdós, dista mucho -si la memoria no me traiciona- de la color un tanto aborrachada, hacia el rojo sanguíneo, que domina en la pintura. En lo demás, parecen de acuerdo pintor y novelista. Para ambos era Juan Martín "un cuerpo de bronce que encerraba la energía, la resistencia, la terquedad, el arrojo frenético del meridional junto a la paciencia de la gente del Norte". Para ambos eran "vivos" los ojos de Juan Martín, su pelo aplastado sobre la frente junto a las cejas bien pobladas. Y su "afeite a la rusa", que unía el "bigote a las patillas", dejando "la barba limpia de todo pelo". Sobre este último detalle -tan sugestivo en nuestros días- insiste Galdós, recordándonos que era propio de los guerrilleros, antes que Zumalacárregui y otros jefes carlistas que lo pusieran de moda entre sus gentes.

El afeite a la rusa -añadimos nosotros- era una caracterización popular, algo anterior a nuestros guerrilleros, a nuestras guerras civiles y a nuestros bandidos generosos.

¡El Empecinado!... Con este nombre evocamos hoy las páginas heroicas de nuestra primer guerra de la independencia, la guerra de España, la España de entonces contra los ejércitos de Bonaparte, y contra el "fascio" de los comienzos de aquella centuria, contra los invasores de fuerza y los traidores de nuestra propia casa.

Sí, "mutatis mutandis", el trance de España de entonces era el de la España actual. Entonces como hoy, se luchaba por la integridad de nuestra patria y por el derecho de los españoles a perdurar en la historia. Si, no lo dudéis, el guerrillero de ayer, el más ilustre sin duda de todos los guerrilleros de su tiempo, abrazaría hoy fraternamente, con viril efusión a muchos capitanes no menos egregios de nuestros días.

El que salió de Aranda con un "ejército de dos hombres en 1808, a las primeras noticias de la invasión francesa, y llegaría a tres mil soldados en 1811", el que mereció de las Cortes de Cádiz el mando en jefe de la Quinta división el segundo Ejército, era "pueblo", profundamente pueblo, y había nacido capitán en el más alto y noble sentido de la palabra. Yo no sé si la ciencia bélica, en su capítulo de guerra de guerrillas, habrá estudiado tanto en las acciones que ordenó Juan Martín como en las batallas, asaltos y emboscadas que dirigieron otros adalides de su tiempo.

Muchos fueron entonces los buenos guerrilleros, y sin duda los hubo más sabios, más hábiles y de mayor capacidad militar. Hablen los técnicos. Desde un punto de vista ético, que es a fin de cuentas el de la historia y el de la leyenda, ninguno de ellos pudo superar al Empecinado. El sentido frívolamente objetivo de nuestra crítica y torpemente realista, es nuestra novela. Hábil para calumniar con la verdad anecdótica, para enturbiar con detalles aprendidos o averiguados la claridad de una visión de lo esencial. El mismo Galdós -tan poeta a su modo y profundo vidente de lo español-, insiste demasiado sobre la mala prosodia y pésima ortografía del héroe. "¡Oh, aquellos despachos y oficios que tan mal redactaba, y tanto peor hubiera manuscrito Juan Martín!"...

Sin duda. Pero aquellos mismos partes de guerra eran frecuentemente, ¿por no decirlo?, verdaderamente modelos de modestia, de veracidad y de disciplina. Porque Juan Martín fue muchos más que un simple guerrillero, más que un ilustre salteador de la guerra. La hombría integral de aquel analfabeto, podía estar supeditada a misiones más amplias, a poderes más altos. Con hombres del temple moral de Juan Martín -lo estamos viendo en nuestros días-, se hubiera podido hacer un ejército, un magnífico instrumental de combate al servicio de una causa ideal.

Algo de esto debieron sospechar los enemigos de Juan Martín, los viles aduladores del rey canalla, que tan mala suerte le dieron, después de haberlo escarnecido tanto. ¿Qué otra cosa puede significar la pasión y muerte del Empecinado? Fue víctima Juan Martín, como todos sabemos, de la abominable reacción fernandina. Era Juan Martín lo más peligroso, y lo que más podían temer y abominar, los reaccionarios y absolutistas de aquellos días.

Porque Juan Martín era el pueblo contaminado de liberalismos, el "ethos" popular, que mira hacia el futuro, y que pretende vivir en el sentido esencial de la historia. No era Juan Martín un simple aventurero, maestro en la arte de la sorpresa y la encrucijada, que hubiera servido a todas las causas, por amor a la guerra y a la aventura. Juan Martín no podía obedecer a un rey felón que adulaba la fuerza, felicitando a Bonaparte por sus victorias en España. Ni a aquellos que, para ahogar el ímpetu progresivo de su raza, abrieron las fronteras a los ejércitos de Angulema, a los cien mil hijos de San Luis.

Los de ayer, el 19 de agosto de 1825, que acribillaron con sus bayonetas serviles el noble pecho de Juan Martín (murió Juan Martín forcejeando con el verdugo y la escolta que le conducía al suplicio), era muy semejantes a los que gritan hoy "¡arriba España!" después de haber abierto todas sus puertas a los mal contados "cien mil hijos de Hitler y de Mussolini", los mismos que no se atreven a gritar: "¡abajo el pueblo"... cuando éste quiere ser próspero y libre, cuando aspira a la dignidad y a la cultura.

Os envío este escrito:

No lo dudéis, egregios capitanes, amigos queridos del Ejército Popular, la sombra de Juan Martín, os acompaña.

Con vosotros estuvo, combatiendo al "fascio", a las puertas de Madrid.

Estará con vosotros allí donde os encontréis.

Con vosotros, y al lado de nuestra gloriosa República, incorporada al gran ejército de la victoria."

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