2 de marzo de 2017

Hacia una necesaria política de acumulación capitalista en Venezuela

Por Charles Romeo.

Dijo Marx que el capital, como forma de acrecentar incesantemente su valor, de ser ello posible, esta “condenado” a expandirse para no fracasar en su empeño. Crecer o morir, ese es su dilema. Y el “arte” de un capitalista, es encontrar en donde sea y a como sea, un espacio en el cual él pueda incrementar su patrimonio. Consideraciones ética y morales son siempre adecuadas a ese objetivo toda vez que la verdadera significación de esos principios establecidos por los hombres para su convivencia, siempre se ajustan al objetivo supremo que rige en el capitalismo.

Es en ese contexto, o mejor dicho, es a partir de la naturaleza del capital que hay que pensar cómo se puede luchar en contra del capital en el transcurso de un proceso revolucionario, cuando debido a que así y todo, su expresión concreta, las empresas bajo las cuales se manifiesta, son socialmente necesarias a los efectos de satisfacer las necesidades de bienes y servicios de una población.

acumulación capitalista

Es una actividad deportiva de origen japonesa, el yudo, la que mejor expresa la dialéctica de la lucha de dos contrarios por imponerse sobre el rival. Consiste en utilizar la propia fuerza del contrario para neutralizarlo y vencerlo. Concretamente y aplicando ese principio de lucha a una coyuntura revolucionaria, consiste en utilizar el capital para luchar en contra del capital.

Si bien todo capitalista debe ante todo saber medir el riesgo en que incurre cuando decide invertirlo en una actividad concreta, no todos ellos evalúan el riesgo, siempre implícito, de la misma manera, particularmente cuando los beneficios posibles son atractivos, tanto por su probable magnitud como por su seguridad. Digamos entonces que las principales motivaciones son la seguridad de una posible ganancia, el nivel de esa ganancia y la seguridad de no perder el capital invertido por una estatización forzada y sin compensación.

Apliquemos estos criterios a los capitalistas en general, diferenciando a los ya instalados en Venezuela, de los extranjeros que no tienen aún inversiones en el país.

La situación que caracteriza a los primeros es que, aun limitados en su actividad por la disponibilidad de importaciones necesarias debido al derrumbe del precio de los hidrocarburos venezolanos, están vendiendo todo lo que producen y casi seguramente ganando más dinero que nunca antes, los que se dedican a bienes y servicios de amplia demanda popular. No obstante, y por encima de su posición política contraria al Gobierno Bolivariano, no invierten sus ganancias en ampliaciones productivas bajo una política gubernamental que persigue el fantasma del socialismo como objetivo estratégico y cuya expresión concreta de ese objetivo es la cercana Cuba. Simplemente convierten los bolívares en dólares en el mercado paralelo para trasladarlos al extranjero.

Ese es el sentido concreto y general de la acumulación capitalista hoy por hoy en Venezuela. El capital nacionalizado ya no cumple una de sus funciones fundamentales: la acumulación de capital productivo. Si esa es la situación, entonces de lo que se trata es de configurar un conjunto de condiciones que atraigan capital para ser invertido en las actividades productivas deficitarias.

¿Cuál es el contexto general en el cual se sitúa la problemática de la acumulación de capital productivo en Venezuela?

Si algo caracteriza al proceso revolucionario venezolano es que la sentencia de Marx sobre la finalidad de una revolución social en el plano económico, la incapacidad del sistema económico capitalista para conjugar la capacidad productiva con la satisfacción de las necesidades de todos los que integran una sociedad, que teóricamente se resuelve mediante la expropiación de los capitalistas y la apropiación de los medios de producción por los trabajadores a los efectos de que produzcan para ellos mismos, ha sido el poder cumplir ese propósito sin necesidad de expropiar a los capitalistas gracias al control por parte de la fuerzas políticas revolucionarias de la renta petrolera del país, que ha permitido una enorme reasignación de los recursos económicos del país a favor de los sectores más desfavorecidos de la población venezolana.

A partir de esta realidad, propia de Venezuela, el proceso revolucionario de reasignación de recursos se llevó a cabo sin necesidad de “expropiar a los expropiadores” ni de que haya que hacerlo en el futuro mediato. Reasignación de los recursos económicos de la sociedad venezolana en favor de los sectores más desfavorecidos y coexistencia con una economía 70% privada que todo tiene que ganar con los aumentos de la demanda de la población, es un hecho que ya ha sido demostrado por 17 años de Revolución Bolivariana.

Lo que sucede es que esta solución revolucionaria propia de Venezuela no opera con la misma eficiencia con los hidrocarburos a USD 100 el barril ¡que cuando su precio es de 20! En esas condiciones las contradicciones se agudizan, el nivel de la actividad económica se contrae, aparece la escasez y la inflación, se debilitan aparentemente las fuerzas revolucionarias, la oposición política pasa a dominar la Asamblea Popular y su objetivo es agrupar a fuerzas económicas, mediáticas y políticas, para acabar con el proceso revolucionario. Pero esta situación coyuntural no altera el carácter particular del proceso revolucionario venezolano.

Hagamos un alto en este análisis más bien teórico económico, para examinar la coyuntura política venezolana, recordando lo que preconizaba Lenin, que en una revolución lo fundamental es tener el poder político en esa sociedad.

Los agoreros pronostican el descalabro del proceso revolucionario venezolano comparando sus aparentes semejanzas con el que vivió Chile cuando gobernaba Allende. Pero realmente, en nada se parece la Venezuela de hoy al Chile de 1973.

Aparentemente las situaciones son semejantes. En ambos casos el Poder Ejecutivo tiene en contra al Poder Legislativo y el Poder Judicial debe limitarse en sus acciones a lo que expresa la Constitución vigente, favorable en Chile en aquella época para maniatar al Poder Ejecutivo, pero no en Venezuela gracias a la visión de Chávez que logro una nueva Constitución. En ese contexto institucional las dos grandes fuerzas políticas en pugna hoy en Venezuela son, por una parte, el chavismo con el Poder Ejecutivo y algo más de la mayoría de los electores y por la otra, el resto, conformando la oposición dominando numéricamente en la Asamblea nacional.

Fruto de una persistente política de redistribuir el ingreso nacional a favor de los más necesitados a la par que la indiferencia del sector económico privado ante los aumentos de lo demandado por el pueblo, a la escasez relativa de productos de primera necesidad se agrega una inflación galopante. Coyuntura económica-política que recuerda por su parecido a la que se confronto en Chile durante el Gobierno de Salvador Allende. Pero a pesar de su parecido, la realidad subyacente es totalmente diferente.

Ante todo, está la nueva Constitución que Chávez logro que se aprobara mayoritariamente al inicio de su gobierno y que protege los cambios establecidos por el chavismo de eventuales propuestas legislativas de la Asamblea Nacional para derogarlos. Ante cada intento, el Poder Judicial lo rechaza por anticonstitucional.! Que frustrante para la oposición. ¡No tienen poder!

En segundo lugar, y no por su importancia, el comportamiento político de las fuerzas armadas venezolanas que, a diferencia de las chilenas, provienen de sectores humildes de la población y no de quienes buscan por esa vía integrarse en la medida de lo posible a las clases tradicionalmente dominantes, lo que conlleva su disposición a que siempre se cumplan sus expectativas políticas y económicas. En este caso, las Fuerzas Armadas Bolivarianas, reorganizadas e ideologizadas por Chávez, se identifican ideológicamente con el Poder Ejecutivo y hasta lo integran ocupando cargos ministeriales y ejecutivos.

En estas condiciones descritas, la presencia política de una mayoría popular no puede ser ignorada o reprimida hasta su desarticulación como sucedió en Chile en 1973, con lo cual constituye otro elemento fundamental del perímetro defensivo del proceso revolucionario bolivariano, ralentizado y quizás hasta detenido circunstancialmente por el derrumbe del precio de sus exportaciones de hidrocarburos, aun la variable fundamental de su actividad económica.

El proceso revolucionario bolivariano está en una situación de defensa estratégica, es decir, detenido, pero conservando las posiciones logradas, y madurando y depurándose internamente en esta etapa de “vacas flacas”.

No obstante, la cesta petrolera venezolana esta ya rondando los USD 40 el barril, ¡precisamente en valor sobre cuya base se calculó el presupuesto estatal en el 2010! Y en los años anteriores el precio fue más bajo, lo cual no impidió la política económica revolucionaria de Chávez en esos tiempos.

Está claro que la inflación galopante que padece el país está en buena medida motivada por la falta de inversiones del sector privado para satisfacer las mayores demandas, que traslada sus ganancias al exterior por la vía de la compra de dólares en el mercado paralelo.

Ante esa política empresarial hay que contraproponerle otra.

En Venezuela, como ya hemos visto, no rigen literalmente las palabras de Marx al finalizar su explicación del nacimiento, desarrollo y tendencias del capitalino, “¨ El monopolio del capital se convierte en grillete del régimen de producción que ha crecido con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista. Esta salta hecha añicos. Ha sonado la hora final de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados. ¨  (Ver pag.699 de ¨El Capital¨, Primer Tomo, Editora Nacional de Cuba.

Siempre he pensado que dialogar con el MUD es perder el tiempo cuando con quien hay que sentarse “a hablar de negocios” es con FEDECAMARA que es donde radica de verdad el poder económico y político de la derecha venezolana. Que ello sea posible no lo es más que Cuba y los Estados Unidos se hayan puesto de acuerdo para convivir pacíficamente, sin esconder por parte de los segundos y con total comprensión por los primeros, de que el objetivo final de la política norteamericana hacia Cuba es acabar con su revolución socialista. En el caso venezolano el mensaje es claro: señores capitalistas, los necesitamos y no van a ser expropiados. ¿Qué pasara en el futuro? En buena medida, dependerá de vuestro comportamiento. ¿Para qué expropiar una actividad que cumple satisfactoriamente una función social? Aquí no se acaba la historia. Puede ser que el futuro les brinde nuevas oportunidades: hemos convenido coexistir solamente, no el fin de la “guerra”.

El tema a presentar ante los capitalistas que han invertido en Venezuela es una invitación a cualquier empresario nacional o extranjero a invertir precisamente en las áreas deficitarias y con las más atrayentes condiciones tributarias, cambiarias y sobre todo comerciales, concretamente en este aspecto la compra asegurada de toda futura producción por parte de las instituciones gubernamentales encargadas de abastecer a la población. Si de la sacrosanta ecuación que dice que Ventas menos Costos es igual a Ganancia, tengo asegurada las ventas, es casi equivalente a decir que también tengo asegurada mi ganancia.

Para eventuales inversionistas extranjeros, en adición a lo dicho, trataría de inventar una especie de “seguro a la inversión extranjera” basado en concesiones para la explotación petrolera en Venezuela, circunscrita como “un seguro” a una eventual expropiación por el Estado. Un neutralizador del “riesgo país Venezuela”.

Política e institucionalmente el proceso revolucionario bolivariano esta “blindado”. De lo que se trata es de renovarse y de retomar la ofensiva recordando a Danton que clamaba por “Audacia, audacia y más audacia”. Y me atrevo a agregar también, imaginación.


Fuente:
Barómetro Internacional