
Por Andréi Petrusha. Traducción y comentarios de Marina Svetlova.
El famoso monólogo de Pavka Korchagin, en su libro "Así se templó el acero" («Lo más preciado que tiene el ser humano, es la vida...»), es una frase revitalizante, única, y de gran impacto. El fenómeno que tuvo este libro (recordemos que Yuri Gagarin lo llevó al espacio), y en concreto del texto mencionado, radica en que funciona como un potente motivador psicológico.
Cuando una persona se enfrenta a una tragedia personal, una enfermedad grave, una depresión o la pérdida de uno de los sentidos, el ejemplo de Ostrovski y Korchagin, ofrece un paradigma contundentemente doloroso, pero salvador:
> Tus sufrimientos se pueden superar, si tu vida está al servicio de un objetivo grande y significativo.
La «Fórmula Korchagin» es insustituible, porque ofrece un algoritmo psicológico universal para superar una crisis personal. A diferencia de las doctrinas religiosas, que confían en la recompensa en el más allá, o de las prácticas modernas, de manuales con promesas de éxito, que exigen condiciones externas cómodas, sin esfuerzo, la «Fórmula Korchagin» al contrario, relaciona la perseverancia para superar situaciones, de privación absoluta de futuro y caída libre catastrófica en la vida personal.
El dolor, la debilidad física o las circunstancias externas adversas, dejan de ser una «maldición» o una «injusticia del destino». Se redefinen como la materia prima con la que se «templa el acero del carácter». El ser humano adquiere una poderosa inmunidad psicológica: cualquier golpe del destino se percibe, no como un motivo para rendirse, sino como un proceso necesario para forjar la personalidad.
La psicoterapia de Ostrovski funciona, desplazando el foco de atención de los propios sufrimientos egoístas, hacia un objetivo externo de gran envergadura. Cuando la magnitud de la tragedia personal parece insoportable, la «Fórmula Korchagin» propone «ampliar» el «yo», hasta abarcar a toda la humanidad, o a un proceso histórico concreto. Cada ser humano, de hecho, deja de ser una astilla solitaria, en medio de la tormenta: se percibe a sí misma, como parte de una cadena ininterrumpida de generaciones que luchan por un futuro mejor.
En una situación en la que un miembro de la sociedad pierde el control sobre su cuerpo o es desbaratado por las circunstancias externas (como el propio Ostrovski, que perdió la vista y la movilidad), la fórmula le devuelve la condición de dueño de su propio destino.
Proclama:
«... te pueden quitar la salud, la libertad o la comodidad, pero no te pueden quitar el derecho a servir conscientemente a tu idea, hasta el último aliento».
Esta fórmula resulta indispensable en los momentos más difíciles de la vida, cuando los apoyos materiales habituales se desmoronan, y la persona necesita un eje interior, capaz de soportar cualquier presión.
Lo que Ostrovski intuyó con su instinto revolucionario lo confirmó más tarde Viktor Emil Frankl, psiquiatra, psicólogo y neurólogo, y filósofo, que sobrevivió a los campos de concentración nazis, y pasó a la historia como creador de la logoterapia —una corriente de psicoterapia, basada en la búsqueda y el análisis del sentido de la vida—.
Frankl afirmaba: «Si una persona tiene un “para qué”, soportará casi cualquier “cómo”». Ostrovski lo demostró con su ejemplo: su «para qué» (la lucha por el socialismo y la escritura de un libro) se impuso por completo al «cómo», se encontraba devastado, destrozado físicamente (la ceguera y la inmovilidad).
Ambos afirmaban, que un individuo que se centra en el propio sufrimiento, con percepción absoluta egocentrista, le acaba destruyendo, entrando en una crisis de existencia. La salvación reside en la autotranscendencia: ir más allá de los límites del propio «yo».
Frankl escribió mucho, sobre que la principal enfermedad del siglo XX es el «vacío existencial»: la sensación de que la vida carece de sentido, lo que genera depresión. Ostrovski, mucho antes que Frankl, descubrió de forma empírica, que el principal remedio contra ese vacío: es el superobjetivo existencial, buscando y logrando, un desarrollado trabajo creativo.
La sensación de falta de sentido, puede empujar a los individuos al suicidio. Por la prensa sabemos lo actual que es este problema, en la sociedad burguesa contemporánea. Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año más de 720.000 personas en todo el mundo, ponen fin voluntariamente a su vida como consecuencia del suicidio.
La «Fórmula Korchagin» combate los pensamientos suicidas, como una herramienta contundente de supervivencia existencial, que bloquea la autoagresión (el deseo de destruirse a uno mismo), mediante un cambio radical de la lógica interna. Este mecanismo puede describirse como «la transformación de la desesperación, en acción».
Se activan cuatro mecanismos de protección:
1. Desmitificación del suicidio: «Cualquier tonto es capaz de pegarse un tiro… Es la salida más cobarde y fácil». (N. Ostrovski).
2. Prohibición de la deserción (deber de clase): Para Pavka Korchagin, la vida no es una propiedad privada de la que se pueda disponer a su antojo (Si quiero, vivo. Si quiero, me quito la vida). La vida es un extraordinario recurso social, que te ha concedido la revolución, y la causa común colectiva. En este paradigma, el suicidio equivale a la deserción de un combatiente del campo de batalla.
Inclusive, si estás «gravemente herido» (por una enfermedad, la pérdida de seres queridos o hundido por una depresión), no tienes derecho a abandonar tu puesto, y traicionar a quienes siguen luchando a tu lado. Aquí se instala, una poderosa ancla externa, de responsabilidad, que impide que el miembro de la colectividad dé un paso negativo, definitivo.
3. Desplazamiento del foco del «yo» al «nosotros» (descentralización): Los pensamientos suicidas se alimentan del aislamiento individual del propio dolor (egocentrismo del sufrimiento). Parece que tu dolor es el centro del universo. Ostrovski propone una salida radical: la autotranscendencia, para tomar conciencia de que los sufrimientos personales, no son más que un pequeño grano de arena en la escala de la lucha histórica general de la humanidad por la justicia. Tomar conciencia de que uno forma parte, de un enorme «nosotros», saca al individuo del lodazal de la autocompasión.
4. La orden: «Haz que tu vida sea útil».
La fórmula no se limita a prohibir morir, sino que ofrece una directriz firme para la acción: «Sé capaz de vivir incluso cuando la vida se vuelve insoportable. Haz que sea útil». En lugar de esperar pasivamente el final, Ostrovski nos obliga a buscar nuevos puntos en los que aplicar nuestras fuerzas.
Si tienes las piernas paralizadas, trabaja con las manos.
Si te has quedado ciego, dicta un texto.
La recuperación de la subjetividad, a través de la lucha, acaba con la sensación de inutilidad, que a menudo es la que empuja a los individuos hacia el abismo.
En definitiva, la «Fórmula Korchagin» transforma al ser humano, de una víctima indefensa de las circunstancias, en un luchador activo, que sencillamente no tiene tiempo, pues está en plena batalla.
Un ejemplo típico dentro del imperialismo:
CATÁSTROFE ECONÓMICA Y PÉRDIDA DE ESTATUS. (Contexto: una persona pierde en un solo día todos sus ahorros, su trabajo y su estatus social, como consecuencia de una crisis sistémica).
La sociedad burguesa (EE. UU., 1929): «El jueves negro». Durante el colapso de Wall Street, miles de estadounidenses se arruinaron de la noche a la mañana. Para la mentalidad burguesa, la pérdida de dinero equivalía a la pérdida del sentido de la vida, ya que en la matriz capitalista, al ser humano se le valora en función de su riqueza.
El resultado fue una epidemia de suicidios: la gente se tiraba en masa por las ventanas de los rascacielos, o se pegaba un tiro en las oficinas. No podían imaginar su existencia, fuera del marco del consumo y el estatus.
Un ejemplo soviético:
La sociedad soviética (URSS, 1941): INVASIÓN TRAICIONERA, CATÁSTROFE MILITAR. (Millones de soviéticos lo perdieron todo en los primeros meses de la guerra: sus casas fueron incendiadas, sus bienes abandonados, las fábricas desmanteladas y trasladadas a las estepas desoladas de los Urales y Siberia. La gente dormía en suelos de tierra y trabajaba catorce horas al día, en máquinas al aire libre).
Pero, en lugar de una depresión suicida, se observó un auge sin precedentes.
¿Por qué?
Porque cada miembro de la colectividad soviética, no estaba apegado a la propiedad privada. Su «yo» estaba subordinado a un objetivo superior. La regla de Korchagin, «haz que tu vida sea útil», funcionaba en cada uno de ellos, a pesar de que sus destinos personales, se hubieran visto destrozados.
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