14 de agosto de 2026

Con motivo del 90.º aniversario del inicio de la lucha por la libertad en España



Recogido por Cilly Keller y Reinhardt Silbermann. Hamburg – Moscú. Julio 2026. Traducción de Wolf Hoffmann.

El apoyo de la Unión Soviética a la República Española, 1936-1939.

En 1939, Dolores Ibarruri —«La Pasionaria»—, a quien todos conocemos, pronunció las siguientes palabras sobre la ayuda soviética a la República Española:

«¡No estamos solos!»

«Hay un gran pueblo al que adulan los sapos más repugnantes con su saliva pegajosa. Esa escoria intenta menospreciar la generosa ayuda de este pueblo. Esa escoria intenta menospreciar la generosa ayuda de este pueblo, intenta hacer creer que no nos ayuda o que esa ayuda nos sale muy cara, esa generosa ayuda que recibimos de los pueblos soviéticos en los trágicos días de noviembre de 1936 en Madrid... Demos las gracias como es debido a esfuerzos de los obreros y campesinos de la Unión Soviética, que, de manera noble y generosa, desafían todos los peligros del mar y las trampas de los barcos piratas, y no vacilan en dirigir hacia nuestros puertos sus buques de suministros cargados de mantequilla y azúcar, y de todo aquello que es vital para el triunfo».

El 18 de julio de 1936 comenzó el golpe militar fascista en España. Los amotinados contaron con el apoyo manifiesto de los Estados fascistas.

Tan solo nueve días después, el 27 de julio de 1936, se había creado, bajo el mando de Hermann Göring, un grupo de trabajo especial para organizar la ayuda militar a Franco. El 16 de noviembre de 1936, los alemanes habían creado la «Legión Cóndor», especialmente destinada a la lucha en la península, con 100 aviones y hasta 5.000 efectivos.

El 26 de noviembre de 1936 se sumaron 7.000 hombres más. Además, IG Farben suministró a la Legión Cóndor la bomba incendiaria de varilla de termita «Elektron» B1E, que se utilizó en el ataque aéreo contra Guernica (el 26 de abril de 1937) y otras ciudades vascas. 

La Legión Cóndor intervino en todas las batallas importantes a partir de 1937, como en Bilbao, Brunete, Teruel, y en el frente del Ebro. También participó en la masacre de Málaga, en la que perdieron la vida unas 10 000 personas.

Durante la Guerra Civil Española, la Legión Cóndor no tuvo ningún problema de abastecimiento de productos petrolíferos: Royal Dutch Shell, Texas Oil Company y Standard Oil Company se encargaban de los suministros.

Sin esta intervención, el golpe militar habría fracasado ya en los primeros días.

Cuando estalló el motín, el Gobierno de la República Española estaba convencido de que las «democracias occidentales», Inglaterra, Estados Unidos y, sobre todo, Francia, le prestarían la ayuda necesaria para restablecer la legalidad y el orden republicanos.

Pero no fue así. El Gobierno francés, bajo la presión del Gobierno conservador de Inglaterra y de los círculos reaccionarios franceses, se negó a vender aviones y otras armas a la República Española, e incluso prohibió la exportación del material bélico que ya había sido pagado, y estaba listo para su envío a España.

En los primeros cuatro meses, sólo se pudieron adquirir en Francia 12 cazas «Devoitine» y 6 bombarderos «Potez» —todos ellos sin armamento—. Ambos modelos estaban muy obsoletos. Sin embargo, el «socialista» y primer ministro francés León Blum, se negó a enviar equipamiento militar para estos tipos de aviones.

Al mismo tiempo, Blum ofreció a los gobiernos de los Estados europeos, incluida la Unión Soviética, la firma de un acuerdo que les obligaría a abstenerse de prestar cualquier tipo de ayuda militar a ambas partes.

Veintisiete Estados europeos, entre ellos la Unión Soviética, se adhirieron a este acuerdo. Sin embargo, al adherirse a este Acuerdo de No Intervención, la Unión Soviética planteó dos condiciones categóricas:

1º. Portugal también debía adherirse a este acuerdo.

2º. Debía cesarse de inmediato, la ayuda que algunos Estados prestaban a los amotinados.

Estas condiciones siguieron marcando la línea de lucha de la diplomacia soviética en favor de la causa de la República Española, incluso cuando se constituyó en Londres el Comité de No Intervención, con la participación de todos los países signatarios. 

Los representantes soviéticos en el Comité de Londres, desenmascararon incansablemente el verdadero carácter, y los motivos ocultos de la hipócrita «política de no intervención», cuyos organizadores defendían de palabra la neutralidad, pero que, en realidad, ayudaban a los intervencionistas fascistas.

Tres de los Estados signatarios, no hicieron ningún esfuerzo por cumplir los principios acordados. Se trataba de Portugal, Alemania (que ya a finales de julio de 1936, había suministrado dieciocho aviones de transporte) e Italia (que hasta finales de julio de 1936, había suministrado veintiún bombarderos, que posteriormente atacaron Madrid).

En las reuniones del Comité de Londres de octubre de 1936, la delegación soviética declaró, tras múltiples intentos infructuosos de este órgano por impulsar alguna medida contra la creciente intervención italo-alemana, que la Unión Soviética sólo veía una salida a la situación creada, a saber, devolver al Gobierno de España el derecho a adquirir armas fuera del país.

Cuando la intervención militar abierta de los Estados fascistas llevó a la República al borde del abismo, y el Gobierno español se vio obligado a solicitar ayuda militar a la Unión Soviética, la URSS prestó ese apoyo al pueblo español.


La ayuda humanitaria de la Unión Soviética a la España republicana.

Ya el 2 de agosto de 1936, se celebraron en numerosas ciudades de la Unión Soviética manifestaciones de solidaridad con el pueblo español.

Los trabajadores decidieron por unanimidad recaudar dinero, ropa y alimentos para un fondo de ayuda en beneficio de la República Española.

El 18 de septiembre, el barco «Nevá», capitaneado por el comandante Kore-Nevski, zarpó del puerto de Odesa. Llevaba una carga de alimentos. Ocho días después, el barco llegó al puerto de Alicante. Cuando se izó en el mástil de trinquete, la bandera de la República Española, resonaron a lo largo de todo el paseo marítimo gritos de bienvenida de «¡Viva Rusia!». Los trabajadores portuarios españoles, descargaron rápidamente el barco para que los productos llegaran cuanto antes a las zonas donde se necesitaban con urgencia.

El 26 de septiembre de 1936, el presidente del Consejo de Ministros de la República Española, Largo Caballero, recibió al embajador plenipotenciario de la URSS en España, Marcel Rosenberg, y le pidió que transmitiera su más sincero agradecimiento a los trabajadores de la URSS, por la ayuda desinteresada que habían prestado a las mujeres y los niños de España.

Otra faceta de la ayuda humanitaria de la Unión Soviética, consistió en acoger con gran solicitud, a niños españoles para ponerlos a salvo de los peligros que acechaban en su país.

El comandante de la Fuerza Aérea de la República Española, Ignacio Hidalgo Cisneros, escribió: 

«En aquellos días nos enteramos de la oferta de la Unión Soviética, de acoger a un número ilimitado de niños españoles. Conny (la esposa de Cisneros, nota del autor) y yo, decidimos aprovechar esta oferta y enviar a Luli (su hija, nota del autor) a la Unión Soviética.

La gran distancia nos asustaba un poco, pero estábamos seguros de que allí la cuidarían muy bien, y de que podría continuar su educación en condiciones totalmente normales.

Poco después, Luli y Charito, una niña de su misma edad —hija del teniente de aviación Bruno, a quien los fascistas habían asesinado en los primeros días de la guerra—, embarcaron en el puerto de Alicante en un barco soviético que se dirigía a Odesa».

En la primavera de 1937 llegó el primer barco de vapor, con jóvenes españoles de entre 3 y 16 años procedentes de Asturias. Se construyeron para ellos hogares infantiles, entre otros lugares, en la localidad de Ivanovo. En noviembre de 1938 había 2.848 niños españoles en la Unión Soviética. En internados especiales se les impartía clase en su lengua materna. Todos los niños españoles recibieron educación escolar y formación profesional, y una gran parte de ellos completó estudios universitarios.

Entre los niños de Ivanovo se encontraba también la hija de Dolores Ibarruri: Amaya. Permaneció en este hogar infantil desde septiembre de 1935 hasta diciembre de 1936. En 1941 se encontraba en Moscú y participó en la defensa de la capital soviética.


La ayuda militar de la Unión Soviética a la España republicana

Inmediatamente después de la reunión del Comité de No Intervención celebrada el 9 de septiembre de 1936 en Londres, la URSS comenzó a planificar la ayuda militar a la República, ya que el Gobierno soviético no se hacía ilusiones alguna respecto al golpe fascista, y a la injerencia de los fascistas alemanes e italianos, lo que se confirmó posteriormente.

Iván Mijaílovich Maiski (embajador soviético en Inglaterra entre 1932 y 1943, y representante ante la Sociedad de Naciones entre 1937 y 1939) entregó, en nombre de Moscú, al «Comité para la No Intervención» la declaración del Gobierno soviético, en la que se afirma:

«El acuerdo se ha convertido en una hoja de papel vacía y hecha trizas. Ha dejado de existir. Dado que el Gobierno de la Unión Soviética no desea dejar a las personas en una situación que, por la fuerza de las circunstancias, sirva a una causa injusta, sólo ve una salida a la situación surgida: devolver al Gobierno de España el derecho y la posibilidad de adquirir armas fuera de España, con los mismos derechos y posibilidades de los que actualmente disfrutan todos los gobiernos del mundo. Y que los participantes en el acuerdo tengan libertad para decidir si compran armas para España o no venden nada».

El 29 de septiembre, se presentó al comisario del Pueblo para Asuntos Militares y Navales, Kliment Efrémovich Voroshilov, un plan, así como la decisión sobre la prestación de ayuda militar activa a la España republicana.

Por el momento, por motivos de seguridad, solo se enviaron armas de fabricación extranjera. Aquellas que aún se encontraban en los almacenes del Ejército Rojo de Trabajadores y Campesinos.

A finales de septiembre de 1936, zarpó de Feodósia el primer buque cargado de armas, en el buque cisterna español «Campeche». Su carga consistía en seis obuses ingleses y 6.000 cartuchos correspondientes, 240 lanzagranadas alemanes con 100.000 granadas, 550 ametralladoras de gran calibre, 21.347 fusiles y 16,5 millones de cartuchos.

La carga de los buques que le seguían, el «Komsomol» y el «Viejo Bolchevique», resultó más complicada, ya que transportaban armamento de grandes dimensiones. 

El «Komsomol» llevaba a bordo 50 tanques T-26, y el «Viejo Bolchevique», diez cazabombarderos, desmontados en 120 cajas. Asimismo, se enviaron los primeros dieciséis cazas, desmontados en piezas sueltas y embalados en cajas. El segundo lote, compuesto por catorce bombarderos, estuvo listo el 6 de octubre.

Junto con los aviones, también embarcaron los pilotos. En total se enviaron a España quince pilotos, quince copilotos, diez operadores de radio, cinco mecánicos de motores, quince técnicos aeronáuticos, un maestro de armamento, un técnico de armamento, un plegador de paracaídas, y treinta y uno de personal para el montaje.

Los envíos de material técnico de combate y armas desde la Unión Soviética, se realizaron de acuerdo con las peticiones del Gobierno republicano, que se dirigieron al Gobierno soviético a lo largo de todo el período bélico.

A principios de 1937, se registraron numerosas solicitudes. Por ejemplo, en la carta del presidente del Consejo de Ministros español y ministro de Defensa, Francisco Largo Caballero, dirigida al presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS, Viacheslav Mijaílovich Mólotov, de diciembre de 1936, se entrega una «lista de pedidos prioritarios»:

I.º 60 cazas I-15, con todo el equipamiento y todas las piezas de recambio necesarias, 20 motores de repuesto M 25, y 30 motores de arranque más cinco millones de cartuchos. 

Solicitamos asimismo 60 pilotos, 60 técnicos, 25 especialistas en equipamiento, dos ingenieros aeronáuticos, dos ingenieros de armamento, 15 técnicos para reparaciones, con el equipamiento necesario, y cinco conductores experimentados.

II.º 40 cazabombarderos, con todas las piezas de recambio y el equipamiento, 20 motores de repuesto M 100 y 30 motores de arranque, 1.500 bombas de 100 kilos, 500 bombas de 50 kilos y 1,5 millones de cartuchos. 

Para el funcionamiento de estos aviones, solicitamos 40 pilotos, 40 artilleros, 40 navegantes, 40 técnicos, 20 mecánicos, 15 especialistas en radiocomunicaciones, un ingeniero aeronáutico y un ingeniero especialista en armamento.

III.º 30 aviones de caza DE-6, con todas las piezas de recambio y equipamiento, 10 motores de repuesto y 15 motores de arranque, 2 millones de cartuchos, 10.000 bombas de 10 kilos, 2.500 bombas de 25 kilos, 2.000 bombas incendiarias de 50 kilos. 

Para los aviones, 30 pilotos, 30 artilleros, 30 técnicos, 30 especialistas en armamento, un ingeniero de armamento, un técnico aeronáutico y diez mecánicos.

IV.º 16 bombarderos pesados, con motores y todas las piezas de recambio, así como una tripulación completa de pilotos y artilleros para vuelos nocturnos, además de especialistas en armamento».

En total, se realizaron seis envíos de armas, junto con la tecnología y el personal correspondiente.

La bibliografía recoge un total de 71 viajes marítimos.

La última, la sexta serie, tuvo lugar entre el 15 de diciembre de 1938 y el 15 de febrero de 1939.

Este envío se preparó y se despachó desde el puerto de Murmansk con destino a Francia. Sin embargo, debido a la evolución de la situación política, ya no pudo llegar a la República Española. El 13 de junio de 1938, de forma inesperada, a raíz de las tenaces objeciones de Chamberlain, se suspendieron los transportes ferroviarios y por carretera desde Francia hacia España. 

La frontera permaneció cerrada durante unos seis meses. En dos ocasiones, el ministro de Asuntos Exteriores, Julio Álvarez del Vayo, viajó a París e instó al primer ministro y ministro de Defensa, Édouard Daladier, a que abriera la frontera de los Pirineos.

El 11 de noviembre de 1938, antes de la batalla de Cataluña, el jefe del Gobierno español, Juan Negrín, escribió a Stalin una carta en la que le rogaba encarecidamente que enviara armas a gran escala, lo antes posible, para poder terminar la guerra con victoria. 

A finales de noviembre, Ignacio Hidalgo Cisneros fue enviado urgentemente a Moscú con una carta de Negrín. Cisneros recuerda: 

«... al llegar a Moscú, ese mismo día visité al ministro de Defensa soviético, el mariscal Voroshilov, y le entregué la carta de Negrín... Me sentí muy avergonzado cuando empezaron a examinar las cifras de nuestro pedido.

Me parecieron astronómicas e irreales. Sin embargo, observé con asombro y alegría que Stalin se mostró muy favorable ante esas cifras. Solo Voroshilov bromeó: «¿El camarada Cisneros quiere dejarnos sin armas?». 

Y, al mismo tiempo, su rostro expresaba benevolencia. El debate sobre las listas concluyó con su pleno respaldo. Apenas podía creer lo que estaba pasando, no podía creer que todo se hubiera resuelto con tanta facilidad».

Y todo esto teniendo en cuenta que estas entregas se hicieron a expensas de la URSS, que en diciembre de 1938 concedió a España otro préstamo de unos 100 millones de dólares.

Cisneros recuerda: 

«Las armas iban cargadas en siete barcos soviéticos que habían atracado en puertos franceses. Los dos primeros barcos llegaron a Burdeos cuando nuestro ejército aún tenía tiempo suficiente para utilizar el material suministrado. Pero el Gobierno francés ideó diversos pretextos para retrasar su transporte a través de Francia. Cuando las armas llegaron por fin a Cataluña, ya era demasiado tarde. No teníamos aeródromos donde se pudiera llevar a cabo el montaje de los aviones, ni territorios para defendernos.

Si el Gobierno de Francia hubiera permitido, inmediatamente tras la llegada de los buques soviéticos, el traslado de las armas a la República, el destino de Cataluña podría haber sido otro. Si hubiéramos podido disponer de ese armamento, habríamos tenido la posibilidad de resistir unos meses más. Y, teniendo en cuenta la situación que se estaba desarrollando en Europa, ello habría supuesto el fracaso de la funesta materialización de los planes fascistas».

Tras la Conferencia de Múnich, todos los analistas militares de París pronosticaron la victoria de Franco. El 6 de diciembre de 1938, Alemania y Francia firmaron una declaración de amistad.

El representante temporal de la URSS en España, S. G. Martschenkov, comunicó en un telegrama del 3 de febrero de 1939 al Comisariado del Pueblo para Asuntos Exteriores de la URSS, que una parte significativa de las armas suministradas, había caído en manos de los franquistas, y que no recomendaba realizar más envíos.

El 27 de febrero de 1939, los dirigentes británicos reconocieron al régimen de Franco como el único y legítimo Gobierno nacional de España. A los británicos les siguieron otros países del mundo.

La URSS y México constituyeron una excepción.

La grave derrota que había sufrido la República Española, se reflejó de forma inmediata en el ámbito diplomático, en el equilibrio de fuerzas y otorgó al bando franquista una ventaja significativa, tanto en el ámbito militar como en el político.

De hecho, esto supuso el fin de la República. 176 voluntarios soviéticos descansan para siempre en suelo español


Más información en: 

www.spanishsky.dk/sowjetische-hilfe-spanische-republik


La descarga de un barco, los estibadores con sus cabezas cubiertas con una gorra de alquitrán, apilan las mercancías en los muelles del puerto de Amberes. Grabado de X.Mellery, para ilustrar la historia de Bélgica, por Camille Lemonnier, publicado en el To de Xavier Mellery

El Puerto de Hamburgo pasó a llamarse Puerto de Franco

Por Reinhardt Silbermann, traducido del ruso por Marina Svetlova. (31.7.2026)

En el periodo entre las dos guerras mundiales, Hamburgo fue el centro del comercio internacional armas.

Uno de los periódicos de los emigrados alemanes, publicado en París, llamaba al puerto de Hamburgo "el principal puerto de Franco".

Durante la Guerra Civil Española se enviaron desde Hamburgo los siguientes cargamentos:

- más de 124.000 (124.749) toneladas de material militar, entre ellas aviones, tanques, combustible y municiones.

- 1.078 vehículos.

- 16.746 soldados.

El 31 de julio de 1936, los pilotos de la legión «Condor» llegaron a la estación central de Hamburgo, haciéndose pasar por empleados de la agencia de viajes «Union», para partir hacia España.

Al frente de este grupo, se encontraba un hombre que más tarde se convertiría en el asesino de refugiados indefensos y de civiles de las ciudades de Madrid, Barcelona y Guernica: el primer teniente de las Fuerzas Aéreas, Hannes Trautloff.

(Posteriormente, este asesino hizo carrera en las fuerzas armadas de Alemania Occidental, y llegó a alcanzar el rango de teniente general.)

A última hora de la tarde, aquellos que más tarde se convertirían en verdugos en Guernica, llegaron al transatlántico de la línea marítima alemana con destino a África, llamado «Usaramo».

A través del Sindicato Internacional de Estibadores, el Gobierno republicano de Madrid fue informado de que el barco «Usaramo» estaba en ruta, dirigiéndose hacia allí con armamento y personal a bordo para prestar apoyo a Franco.

El crucero «Jaime I» recibió desde Madrid la orden de interceptar al «Usaramo». Sin embargo, llegó una hora más tarde y, para entonces, el buque alemán ya había entrado en la bahía de Cádiz, que estaba protegida por baterías costeras fascistas.

Bajo el título «El puerto de Franco en Hamburgo: honor y gloria para los marineros de Hamburgo», el 11 de julio de 1937 se publicó en el periódico de la diáspora «Deutsche Volkszeitung» un artículo sobre este transporte de armas.

Las empresas y compañías navieras de Hamburgo mencionadas en este artículo, que obtenían beneficios del transporte de armas, siguen operando en parte hasta la fecha y se consideran «respetados empresarios» de esta ciudad.

Entre ellas se encontraban la compañía naviera «Sloman», la OPDR (Oldenburg-Portugiesische Dampfschiffs-Reederei), «Lloyd» (hoy «Hapag-Lloyd»), «Wörmann», «Rode», «Norderwerft» (en este astillero se equipaban con cañones los barcos pesqueros de vapor), etc.

El artículo periodístico explica además que, además de los buques alemanes, también se fletaban buques extranjeros, por ejemplo, de Suecia y Dinamarca. En otros casos, navegaban bajo pabellón extranjero, por ejemplo, de Perú o Panamá.

Los marineros alemanes se negaron en parte, a hacerse a la mar en estos buques y dimitieron de su servicio.

Por la noche, la Gestapo detuvo por la fuerza a los marineros en sus hogares, y los llevó a bordo de un buque cargado de armas de la compañía naviera OPDR.

El Comité Proletario de Estibadores, supervisó las actividades de los nazis y descubrió que, entre enero y marzo de 1937, se habían cargado al menos 80 millones de cartuchos para fusiles y ametralladoras.

Dio la casualidad de que se oyó un estruendo de cajas en el muelle. Los estibadores dejaron caer «por accidente», al parecer, una caja apilable inofensiva. La caja se rompió, y su contenido quedó a la vista: en el muelle yacían... bombas y munición.

A menudo, los estibadores arrojaban por la borda cajas con armas, gritando «para Teddy» («Teddy» era el nombre en clave de Ernst Thälmann, participante en el levantamiento de Hamburgo).

Los transportistas y marineros de Hamburgo, así como la Federación Internacional de Transportistas, mantuvieron estrechos vínculos durante la Guerra Civil Española, que se fortalecieron, gracias a la participación de miembros de la antigua Unión Internacional Comunista de Marineros y Transportistas (ISH).

Ya a finales del verano de 1936, los estibadores de Hamburgo organizaron una acción de contrapropaganda, cuando desde el puerto de Hamburgo se cargaban envíos militares, camuflados como mercancías comerciales, para su envío a la España franquista.

Mediante pequeños folletos con lemas como: 

«¡No a las armas para Franco!»

«¡Viva la lucha por la libertad del pueblo español!»

«¡Abajo Hitler y Franco!», 

los estibadores hacían un llamamiento a la solidaridad con el pueblo español en los astilleros y los barcos, en los almacenes y en las empresas.

Las consignas con el mismo contenido, pintadas durante la noche en los talleres, y en los muelles del puerto, pudieron ser leídas por miles de estibadores al cambiar de turno.

Por todo el puerto había informantes de la Gestapo.

Pero los estibadores tenían su propio lenguaje secreto, que utilizaban cuando veían a los informantes en los muelles:

Se trataba del «Kesselkloppersprache» («Kesselkloppersprache» (bajo alemán), en alemán coloquial significaba «Kesselklopfersprache» (lengua de los caldereros), se trata de un dialecto alemán propio. Y una lengua jocosa, surgida a mediados del siglo XIX, y ampliamente utilizada por los estibadores en el puerto de Hamburgo, y en el barrio de San Pauli.

De los documentos de la Resistencia de Hamburgo:

«En los lugares de trabajo, crece constantemente la solidaridad con la lucha española por la libertad. En varias fábricas del norte de Alemania, se están recaudando fondos mediante donativos. Por ejemplo, tras la boda de uno de los trabajadores de la fábrica, se recauda una cantidad equivalente a la ayuda semanal para la alimentación. Sin embargo, en realidad estos fondos se destinan al fondo «Ayuda a la España republicana».

La cuestión no se limita a la recaudación de fondos. A medida que los envíos de armas desde Hamburgo a España adquieren un carácter cada vez más masivo, se crea en el puerto un comité secreto de seguimiento y rendición de cuentas, formado por estibadores de Hamburgo, que organiza un «servicio de alerta» en el que participan diversas unidades del puerto. La información precisa sobre los buques que zarpan, cargados de armas y municiones, se da a conocer en repetidas ocasiones a la opinión pública...

En el transcurso de esta campaña, los marineros alemanes se niegan a transportar cargamentos de armas y municiones. Afirman que, en esta ruta, sus vidas corren un peligro constante . En el vapor «Henrika» y en otros buques, los marineros dimitieron por iniciativa propia, pues no deseaban transportar soldados, aviones y armas de Franco...»

A medida que llegaba la información, —por ejemplo, sobre los envíos secretos de armas en el puerto de Hamburgo— se transmitía rápidamente a España, a través de la emisora de radio libre alemana 29.8.

La señal de la emisora se captaba con claridad en Alemania, lo que queda confirmado por la correspondencia de los grupos sindicales clandestinos en Alemania, a través de las representaciones sindicales en el extranjero.

El sindicato comunista francés CGT, abrió en París una representación para la transmisión de noticias. A los mensajeros, se les encargaba entregar la información recopilada por activistas clandestinos, —por ejemplo, sobre el transporte de armas y tropas desde los aeródromos alemanes y desde el puerto de Hamburgo—, a través de la «frontera verde» hasta París.

Era de vital importancia que la información fuera actualizada, para que pudiera difundirse de inmediato en Alemania a través de emisoras de radio de onda corta.

A pesar de la amenaza de una pena de cinco años de prisión por sintonizar esta emisora, tenía una gran audiencia en Alemania.

Incluso tras el fin de la Guerra Civil española, la lucha antifascista continuó en el puerto de Hamburgo. Inmediatamente tras la liberación, en 1945, se fundó un sindicato socialista, cuyo número de afiliados creció rápidamente hasta alcanzar los 50.000 obreros.

Poco después, la administración militar británica lo prohibió. Más de 130 estibadores y marineros de Hamburgo fueron asesinados por los nazis.

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