22 de julio de 2026

La hazaña cantada por Okudzhava "Solo necesitamos una victoria": seis contra mil


Por Koba. Traducción y notas Nestor Guadaño.

En mayo de 1943, en pleno apogeo de la Gran Guerra Patria, seis zapadores minadores del 10.º Batallón Independiente de Zapadores de la Guardia, del 43.º Ejército del Frente de Kalinin, bajo el mando del teniente primero Nikolái Kolósov, recibieron la misión de destruir un gran depósito de municiones del enemigo en la retaguardia de las tropas alemanas.

Este depósito era un objetivo de importancia estratégica, preparado por los nazis para la ofensiva de verano. El grupo de Kolósov, formado por jóvenes de entre 19 y 22 años, fue lanzado en paracaídas en la zona del bosque de Rudnián, en la región de Smolensk.

Consiguieron establecer contacto con los guerrilleros locales, y juntos comenzaron con su actividad de sabotaje: volar trenes de municiones, almacenes de combustible y municiones, así como recabar información para la inteligencia del cuartel general del Frente de Kalinin.

El 8 de mayo de 1943, el grupo localizó el gran almacén de municiones cerca de la aldea de Savostie.

Esperaron tres días a que llegara el momento oportuno para llevar a cabo la operación. La explosión se produjo de forma instantánea, pero la retirada del grupo vino acompañada de potentes detonaciones que llamaron la atención del enemigo. Los minadores sabían que los perseguirían, pero cumplieron su misión a pesar del peligro mortal.

El mando alemán, al considerar que una gran unidad militar operaba en la retaguardia, envió en su búsqueda un destacamento de castigo, un "sonderkomando" de las SS, una brigada compuesta por más de 1.000 nazis. Los minadores conscientes de que no tenían posibilidades de salvarse, se atrincheraron en una colina cerca del pueblo de Kniazhino.

En la noche del 11 al 12 de mayo, se parapetaron en la posición escudándose con todas las reglas del arte militar: cavaron completamente trincheras, minaron los accesos, prepararon una posición de reserva e instalaron potentes minas antipersonales.

Por la mañana del 12 de mayo comenzó el ataque. Los alemanes avanzaban en formaciones de línea, desde tres flancos, pero los zapadores, aprovechando hábilmente el relieve del terreno y su armamento, contuvieron el empuje enemigo. Dejaron que el enemigo se acercara a corta distancia, y abrieron fuego intenso con sus fusiles automáticos. Los dos primeros ataques fueron repelidos con grandes bajas para el enemigo.

Sin embargo, los alemanes, sin tener en cuenta las bajas, continuaban avanzando. Los combatientes aprovecharon hábilmente el relieve natural del terreno, y las posiciones preparadas de antemano.

Cuando los nazis trajeron la artillería y atacaron la colina, Kolosov se adelantó al enemigo: el grupo se desplazó cien metros hacia el interior de su posición, dejando las trincheras en sus posiciones anteriores, totalmente minadas. El resultado fue fulminante: el siguiente ataque del enemigo se topó con una potente explosión.

La batalla duró más de dos horas. Los combatientes cayeron uno tras otro: primero Bazílev, luego Miagki, Efímov, Goriáchev y Bezrukov. El último en perecer fue Nikolái Kolósov.
Cuando los granaderos nazis vieron que sólo les habían detenido seis hombres, se enfurecieron y comenzaron a destrozar los cuerpos de los héroes.

Sin embargo, al poco rato llegó el comandante de las tropas de represión, quien, tras inspeccionar el campo de batalla, ordenó que cesaran los atropellos. Ordenó que se enterrara a los paracaidistas con honores militares, permitiendo que los vecinos asistieran a la ceremonia.

Los alemanes se recompusieron, formaron filas y el coronel se dirigió a sus soldados instándoles a luchar con la misma valentía que aquellos seis soviéticos. Para concluir, se realizó una salva de tres disparos con armas de fuego.

Tras la liberación de la región de Smolensk en diciembre de 1943, el mando del Frente de Kalinin tuvo conocimiento de la hazaña de los seis minadores. A partir de las huellas recientes, se reconstruyó el desarrollo de la batalla. Los seis fueron propuestos póstumamente para la máxima condecoración de la Patria.

Sus restos fueron enterrados inicialmente cerca del pueblo de Kniazhino y, en 1975, con motivo del 30.º aniversario de la Victoria, fueron trasladados al pueblo de Mikulino, donde se erigió un complejo conmemorativo con un monumento de 12 metros y una llama eterna.
Los nombres de los héroes han quedado inmortalizados no solo en la piedra, sino también en los corazones de la gente. En su honor se han bautizado calles y colegios, y se organizan competiciones deportivas. Por ejemplo, en Omsk, el instituto n.º 12 lleva el nombre de Vladimir Goriáchev, uno de los mineros. En Izhevsk se ha creado un museo escolar dedicado a la hazaña de los héroes.

El coronel de las tropas de ingeniería Vladímir Tishchenko, desempeñó un papel especial en la preservación de la memoria de esta hazaña. Durante décadas recopiló material sobre los zapadores minadores, y escribió el libro «Nuestro décimo batallón de paracaidistas y sus héroes», en el que describió detalladamente su trayectoria bélica.

Tishchenko destacó que la hazaña de los seis minadores fue increíble: se trata del único caso en la historia, en el que todos los combatientes de una misma unidad quedaron inscritos para siempre en las condecoraciónes de la unidad.

En su opinión, fue precisamente el 10.º batallón independiente de minadores de la Guardia, el que inspiró a Bulat Okudzhava a componer la canción «Solo necesitamos una victoria».
La hazaña de los seis paracaidistas minadores, se convirtió en un símbolo de resistencia, valentía y abnegación. Sus acciones no solo infligieron un daño considerable al enemigo, sino que también permitieron salvar a un grupo de guerrilleros de más de 350 personas.

Gracias a su hazaña, se interrumpió la logística de las tropas alemanas, que desempeñó un papel importante en los preparativos para la batalla de Kursk.

Este episodio de la Gran Guerra Patria, nos recuerda que la victoria se logró gracias al heroísmo de soldados corrientes, como Nikolái Kolósov, Vladímir Goriáchov, Slava Efímov, Iván Bazílev, Mijaíl Miagki y Fílip Bezrukov.

Sus nombres han quedado grabados para siempre en la historia de nuestro país, como ejemplo de amor incondicional a la madre patria, y su disposición a dar la vida por su libertad.

La hazaña de los seis minadores no es solo una página de la historia militar, sino también una lección para las generaciones futuras.

Nos enseña a valorar la paz, a recordar quienes la conquistaron, y a ser dignos continuadores de su memoria.

Subimos la canción en su honor.

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