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| Camarada, 1954. Marat Samsonov. |
Por Yuri Stoliarov. Redacción y traducción de Nestor Guadaño.
La clase burguesa que ostenta el poder en Rusia, representada por sus miembros y defensores —funcionarios de los más diversos rangos, diputados, oligarcas y simples burgueses adinerados—, aprovecha cualquier oportunidad para lanzar reproches contra el poder bolchevique, a Lenin y a Stalin por todo lo que se les pueda achacar y por lo que, con un mínimo de sensatez, no se les puede achacar en absoluto. En concreto, inventivas tales como «la preservación de la vida humana no era, por decirlo suavemente, una prioridad para el Estado en aquellos años».
Los bolcheviques, desde su llegada al poder hasta la muerte de Stalin, se enfrentaron en tres ocasiones a catástrofes demográficas. Y, a diferencia de los gobernantes actuales, cada vez las superaron en un plazo sorprendentemente breve.
A finales de la primera década del siglo XX, la Rusia soviética sufrió pérdidas demográficas muy graves, provocadas por la Guerra Civil, la emigración masiva, la hambruna y las epidemias. A principio de los años veinte, la mortalidad superaba a la natalidad, según las estimaciones, en 9-10 por mil. Sin embargo, ya en esta década de 1920, comenzó el crecimiento natural de la población, gracias al cual el país salió del «bache demográfico» en menos de cinco años: en 1926, la población de la RSFSR, según datos del Anuario de Rosstat de 2001, ya superaba ligeramente el nivel de la Rusia prerrevolucionaria (dentro de fronteras comparables, 92,7 millones de personas en 1926 frente a 91,0 millones a principios de 1917). El crecimiento natural de la población de la RSFSR continuó durante otros seis años y superó en total los 10 millones de personas.
En 1932 y 1933, la URSS (sobre todo la RSFSR y la República Socialista Soviética de Ucrania) se vio afectada por una grave mala cosecha: si en 1930 la cosecha de cereales ascendió a 83,5 millones de toneladas, en 1931 fue de 69,5 millones de toneladas y en 1932, de 69,9 millones de toneladas. Esta catástrofe tuvo como consecuencia una crisis demográfica: en 1933, la disminución de la población en la RSFSR ascendió a casi 2 millones de personas. Gracias a las eficaces medidas adoptadas por las autoridades, ya en 1934 se reanudó el crecimiento natural de la población en la república, que ascendió a 264.000 personas. En 1935 superó el millón de personas y no volvió a descender por debajo de ese nivel hasta 1941.
Los antisoviéticos intentan convencernos, de que la catástrofe demográfica más grave que ha sufrido el país fue provocada por unas "represiones" a gran escala. Sin embargo, los indicadores objetivos demuestran de forma inequívoca que se trata de una mentira descarada.
En 1936, la tasa de mortalidad en la RSFSR era de 26,2 por mil (número de fallecidos por cada mil habitantes).
En el tan controvertido 1937, la cifra se mantuvo en 26,2.
En 1938, fue de 25,6.
En 1939, de 23,9.
En 1940, de 23,2.
Durante todos esos años, el crecimiento natural de la población de la RSFSR superó el millón de personas y ascendió en total a más de 5 millones.
Estos datos demuestran de forma convincente que en la Rusia soviética, al igual que en la Unión Soviética en su conjunto, no se llevaron a cabo ese tipo de "represiones" a una escala tal, que pudieran afectar de manera significativa a los indicadores demográficos. Esta conclusión queda respaldada también por la siguiente comparación.
En 1926, la población de la RSFSR ascendía, redondeando, a 93 millones de personas.
En 1939, tras la "hambruna" de 1933 y las denominadas "represiones", la población ascendió a 109 millones (según los datos de los censos de población de toda la Unión de los años correspondientes). El incremento fue de 16 millones, es decir, un 17 %. En el caso de la República Socialista Soviética de Ucrania, estas cifras son las siguientes: en 1926, 29 millones, en 1939, 40 millones. Sin embargo, esa cifra de 40 millones corresponde al periodo posterior a la reunificación de Ucrania con sus territorios occidentales. Sin ellos, la población era de unos 34 millones. El incremento es el mismo: un 17 %. Ya en la época postsoviética, los medios de comunicación publicaron datos según los cuales, en los territorios que se incorporaron a la URSS solo en 1939-1940 y que estaban libres de los «horrores del bolchevismo», el crecimiento demográfico fue de tan solo un 9 %.
El genocidio provocado por los nazis
La invasión de Hitler, puso de manifiesto las consecuencias que tuvo en la demografía soviética, unas pérdidas humanas realmente significativas.
Además, la mayor parte de las pérdidas se produjeron entre la población en edad fértil. Salir de ese «bache demográfico» resultó difícil, sobre todo porque, tras la guerra, la URSS se vio azotada además por una catástrofe natural: una sequía que provocó una mala cosecha de cereales.
Sin embargo, ya en 1946 el crecimiento natural de la población superó el millón de personas y, a pesar de las numerosas dificultades de los primeros años de la posguerra, no volvió a descender por debajo de ese nivel. En tan solo una década, y sin una afluencia migratoria significativa, se recuperó la población de Rusia de 1940. A partir de entonces, el crecimiento natural de la población continuó... hasta la llamada «victoria demócrata» burguesa de finales de los años ochenta del siglo pasado, cuyas consecuencias devastadoras resultaron ser casi más terribles que la agresión hitleriana.
Si bien el régimen soviético logró compensar en una década, las pérdidas demográficas causadas por la guerra, el régimen antisoviético no ha podido compensar hasta la fecha, las pérdidas de población de Rusia provocadas por la «restauración capitalista». En 1991, la población de Rusia ascendía a 148,4 millones de personas. A principios del siglo XXI, la cifra se había reducido a 146,6 millones. Y en las décadas siguientes, a pesar del enorme flujo migratorio (teniendo en cuenta la «migración» de toda Crimea, unos 7 millones de personas), no se ha logrado recuperar la cifra de población de 1991.
En general, lo que ocurrió en la Unión Soviética, incluida la Rusia soviética, en los años de la posguerra, merece el nombre del «milagro demográfico de la era de construcción del socialismo». La tasa de mortalidad no solo descendió, sino que lo hizo de forma vertiginosa, y en el año 1953 tras el fallecimiento de Stalin se situó en el 9,0 por mil en la URSS y en el 9,2 por mil en la RSFSR.
¿Se tratará quizá de un «mito propagandístico comunista»? Pues no.
En primer lugar, en aquellos años la estadística no era un instrumento de propaganda. Hace unos años se publicó en Internet, el documento original que contiene los principales datos estadísticos sobre la demografía de la URSS desde 1926 hasta 1955, y en él figura la calificación «secreto soviético».
En segundo lugar, durante la «creación del mito del culto a la personalidad» realizado por de Jruschov, se intentó sacar a relucir cualquier «detalle» que comprometiera el régimen de Stalin, y estos datos no se pusieron en duda. Es más, la tendencia a la disminución de la mortalidad continuó tras la muerte de Stalin, y en 1960 la tasa de mortalidad en la RSFSR alcanzó el nivel de 7,4 por mil.
A primera vista, la explicación de este fenómeno parece estar en la revolución médica que supuso la llegada de los antibióticos y otros medicamentos, que se incorporaron a la práctica clínica en la década de 1940.
Pero esta es, precisamente, una explicación superficial del milagro demográfico soviético.
Porque esos remedios milagrosos, también comenzaron a utilizarse ampliamente en los países capitalistas desarrollados. No obstante, ya a mediados de la década de 2010, cuando en los últimos decenios han surgido en la medicina nuevos avances, que en la década de 1950 habrían parecido como de ciencia ficción.
Por todo ello, resulta revelador el dato que muchos países de la «vieja» Europa capitalista, mucho más "prósperos y acomodados en lo material" que la Unión Soviética de las décadas de 1940-1950, la tasa de mortalidad, según datos de la ONU, era superior a la RSFSR en 1953:
Alemania — 10,7 por mil, Portugal — 10,6, Italia — 10,5, Dinamarca — 10,3, Suecia — 10,1, Bélgica— 10,0, Reino Unido — 9,9, Grecia — 9,9, Finlandia — 9,7, Austria — 9,4.
Así pues, no se trata aquí únicamente de los avances científicos y técnicos de la medicina.
Sin duda, fue de enorme importancia el hecho de que, en la Unión Soviética, la atención sanitaria de la población fuera siempre, incluso en las condiciones económicas más difíciles, una de las prioridades del Gobierno.
En la URSS, en 1940, el número de médicos se había multiplicado por siete en comparación con el de la República de Rusia en 1913, el número de hospitales casi se había triplicado, y el número de camas hospitalarias se había más que triplicado. Durante la década siguiente, estas cifras se duplicaron aún más. El crecimiento no fue solo cuantitativo, sino también cualitativo, y se prestó especial atención a la prevención de enfermedades.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud reconoció que el sistema de salud preventiva creado en la URSS era el mejor del mundo.
Así pues, la reducción de la tasa de mortalidad en la Unión Soviética hasta un nivel que, aún hoy, resulta inalcanzable para muchos Estados capitalistas desarrollados, es la prueba más convincente de que los cambios que se produjeron en las esferas económica, social y espiritual de nuestra sociedad, durante la puesta en práctica del proyecto de Construcción del Socialismo fueron, en su conjunto, un enorme beneficio para el pueblo.
Gracias a estos cambios, en nuestro país se alcanzó una calidad de vida impensable incluso para los Estados capitalistas más ricos. La razón es profundamente práctica y política. Y no viene determinada por el número de filetes por habitante, o los productos exhibidos en los mostradores de las tiendas, sino fundamentalmente, por la creación de las condiciones que favorezcan el desarrollo del verdadero potencial humano en cada trabajador.
Durante la puesta en práctica de la Construcción del Socialismo, en la sociedad soviética se crearon para ello unas condiciones sin precedentes en la historia de la humanidad, y por ello, estos índices ejemplares, son tan actuales para el futuro del ser humano.
El heroico trabajo de los médicos soviéticos, durante la Gran Guerra Patria (Segunda Guerra Mundial).
Por Russia Today.
Fotos, Agencia de Prensa Sputnik.
Una de las tareas principales de los médicos, era llevarse a los soldados heridos del lugar de las acciones militares, y atenderlos con la mayor rapidez posible, así como prevenir infecciones.
Más de 700.000 miembros del personal médico de la Unión Soviética, lucharon por la vida de los soldados del frente. Durante la contienda unos 85.000 de ellos perdieron la vida, y desaparecieron. Se estimaba que la esperanza de vida media, de los instructores médicos en la vanguardia en 1941 era de unos 40 segundos.
En muchos casos se vieron obligados a llevar a cabo operaciones quirúrgicas complejas, sin los medicamentos ni el instrumental necesarios, con el peligro añadido de tener que trabajar muy cerca de donde se desarrollaban las acciones militares, arriesgando su vida para salvar la de los demás.

Durante poco más de cinco meses desde el inicio de la guerra, en el país se crearon 291 divisiones con batallones sanitarios, 38 compañías de fortalecimiento médico, 380 hospitales de campaña móviles, 12 hospitales para tratar a pacientes con heridas leves, y otras formaciones sanitarias avanzadas en las vanguardias de choque.

Una de las tareas principales de los médicos era llevarse a los soldados heridos del lugar de las acciones militares, y atenderlos con la mayor rapidez posible, así como prevenir infecciones.

Debido al gran número de heridos, médicos y enfermeros, se vieron obligados a trabajar sin descanso durante varios días. Muchos de ellos y ellas, ni siquiera tenían tiempo para comer, y llegaban a desmayarse de hambre mientras cumplían con su deber.

Su trabajo requería también mucha fuerza física, ya que también se encargaban de transportar a los heridos hasta un lugar donde pudieran ser atendidos. De esta manera, una enfermera podía tener que transportar a cinco o seis soldados durante una hora, después de lo cual comenzaba su trabajo.

También era habitual, que las enfermeras donaran su propia sangre para salvar a los pacientes.

El mariscal de la Unión Soviética Gueorgui Zhúkov, considerado uno de los mandos más destacados de la Segunda Guerra Mundial, escribió que «en una gran guerra, lograr la victoria sobre el enemigo, depende en no poca medida, del éxito del trabajo de los servicios médicos militares, especialmente los cirujanos militares en el campo de batalla».

«Lo que hizo la medicina militar soviética, durante los años de la pasada guerra con toda justicia, puede ser descrito como una hazaña», afirmó, por su parte, otro mando soviético, el mariscal Iván Bagramián.
«Para nosotros, veteranos de la Gran Guerra Patria, la imagen de un médico militar será siempre la de la personificación de un alto humanismo, valor y dedicación», pronunció en una ocasión Bagramián.

Por la inmensa importancia de su trabajo, unos 116.000 médicos fueron condecorados con órdenes y medallas estatales.


Enlace original:
- ВКП(б) - Всесоюзная Коммунистическая партия большевиков. PCU(b) - Partido Comunista de toda la Unión, Bolchevique.

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