
Por Evgueni Ivánov. Traducción y redacción Nestor Guadaño. Publicado en
"Pravda Soviética. La Era del Socialismo"
Vamos a divulgar, metódicamente, el plan de actuación previsto en la obra «Los problemas económicos del socialismo».
El filósofo burgués inglés Thomas Carlyle, escribió en una ocasión:
«¡Un mundo lleno de héroes en lugar de un mundo lleno de necios, en el que ningún rey valiente pueda reinar, eso es lo que buscamos!...
Deshagámonos de todo lo vil y falso. Entonces tendremos la esperanza de que nos gobiernen la nobleza y la verdad…»
No sabía él, que el camarada bolchevique Stalin, se guiaría en esencia, por esas mismas aspiraciones. Carlyle se limitaba a reflexionar y soñar con un mundo de héroes liberados. Mas Stalin actuó prácticamente, marcando el rumbo hacia el «hombre nuevo», transformando el país.
En 1950, el artista estadounidense Rockwell Kent, que había viajado a París para asistir a una nueva reunión de partidarios del movimiento por la paz, recibió, para su sorpresa, una invitación para ir a Moscú. En su libro autobiográfico «¡Soy yo, Señor!», escribe lo siguiente al respecto:
«…¡Moscú! ¡Esta capital de cuento de hadas, dónde ir se nos prohíbe! … Y si queremos la paz, ¿Dónde más podemos defenderla, si no es en la principal fortaleza de los llamados enemigos, como parece ser esta ciudad? Así pues, volamos a Moscú…
Moscú se me presentó como una gran ciudad, llena de gente, gente bien vestida y que participaba activamente en la lucha popular por la paz. Vi la ciudad más limpia del mundo, incluso más limpia que Estocolmo y Copenhague…
Cada noche nos llevaban a la ópera, al ballet, al teatro o al cine. Las salas estaban abarrotadas. Nadie entre el público destacaba lo suficiente, como para que se le pudiera calificar de rico o pobre…»
Un «demócrata» de «papel», fruncirá el ceño con desdén: «¡Pintura de escaparate! Los agentes de la NKVD no se le quitaban de encima». Pero tengo que decepcionarlo, porque a continuación Kent escribió lo siguiente:
«Una noche, al volver a casa, me perdí. En busca de un policía que me indicara el camino, recorrí innumerables barrios de Moscú. Al no encontrar a ningún policía, me vi obligado a dirigirme a un transeúnte, que resultó ser muy amable…»
Este es un testimonio sobre la Rusia de principios de los años 50 desde la perspectiva occidental, procedente de un hombre que llegó a la Rusia de la posguerra considerándola su enemiga, pero que se marchó de Rusia siendo su amiga.
Y he aquí un testimonio procedente de Occidente, el de un hombre que llegó a Rusia en tanque durante la guerra y que siguió siendo su enemigo. Me refiero al general de división de la Wehrmacht, Friedrich Wilhelm Von Mellentin, cuyo libro «Panzer battles 1939–1945» («Batallas de tanques 1939-1945») se publicó en Londres en 1956 y en 1957 se editó en nuestro país:
«…El trabajo hábil y tenaz de los comunistas ha llevado a que, desde 1917, Rusia haya cambiado de la manera más sorprendente. No cabe duda de que el ruso desarrolla cada vez más, la capacidad de actuar por sí mismo, y su nivel de educación no deja de crecer…»
Von Mellentin sabía analizar, y por eso captó una característica clave de la nueva Rusia: el nivel de educación cada vez mayor de la población, cada vez más extensa.
Este nivel ya sorprendió a los nazis alemanes en los soviéticos durante la guerra, y ya en aquel entonces era tan bueno que, al encontrarse en los territorios ocupados o en la propia Alemania con los trabajadores soviéticos, los alemanes no podían sino admirar su capacidad —a diferencia de los propios alemanes— para pensar con amplitud de miras.
Sin embargo, en la Unión Soviética hubo un hombre que mejor que muchos otros, comprendió lo importante que era, no sólo garantizar una educación decente para las nuevas generaciones de la URSS, sino también inculcarles el espíritu de esa libertad única y duradera, que sólo puede alcanzar una personalidad plenamente desarrollada.
Este agudo ser humano, que comprendió la esencia de la época y captó su principal «nervio motor», fue especialmente, Stalin. Y expuso estas ideas al respecto de manera muy clara, precisa y pública. Y sucedió así…
En vísperas de la inauguración del primer congreso de posguerra del PCUS (b) —el XIXº, de él más adelante abundaremos—, en el n.º 278 de «Pravda», del 4 de octubre de 1952, en dos páginas y media, a partir de la segunda, se publicaron por primera vez los famosos «Problemas económicos del socialismo» de Stalin. Y en ese mismo número de «Pravda», en la portada, en el editorial «¡Por nuevas victorias del comunismo!», se hablaba de la «nueva obra clásica del camarada I. V. Stalin».
Esta obra, un artículo corto, resultó ser verdaderamente clásica en muchos aspectos, entre otras lecturas, porque en la URSS, fue «deliberadamente» ignorada, casi inmediatamente tras el fallecimiento de Stalin.
Y, sin embargo, en esta obra proyectaba el desarrollo triunfal del socialismo, como su posible colapso.
El triunfo de las ideas de Stalin, se hubieran convertido en ideas operativas y vigentes para el país. El colapso, si el potencial de esas ideas se hubiera «frenado», poco a poco. Ocurrió lo segundo, por lo que el colapso del socialismo se hizo posible y luego se materializó.
Inicialmente el artículo comenzó a elaborarse, al contestar a las preguntas de los participantes en un debate sobre cuestiones económicas, iniciado en abril de 1950, en relación con la elaboración del proyecto de un libro de texto de economía política.
El auténtico hecho que se celebrara este debate, así como su alto nivel de análisis, desmienten el mito que en la URSS era un desierto intelectual, en el que existía solo una voz, la de Stalin. Los participantes en el debate —que fue a puerta cerrada—, expresaron su desacuerdo con Stalin en muchas cuestiones de principio, aunque la historia posterior del país demostró que estaban equivocados. Sin embargo, la importancia de «Los problemas económicos del socialismo» traspasó con creces los límites del debate que suscitó. En esencia, por las respuestas, se convirtió en el testamento político de Stalin a sus camaradas.
Por desgracia, las soluciones no fueron llevadas a la práctica…
No voy a realizar un análisis completo y detallado de esta última obra de Stalin, no entra es mis actividades actuales. Pero por su trascendencia me detendré en ella…
La tarea de redactar un manual de economía política, para su divulgación popular, lo planteó el propio Stalin, y así explicaba de su necesidad:
«El caso es que cada año se acercan a nosotros, como núcleo dirigente al frente del país, miles de jóvenes cuadros, que arden en deseos de ayudarnos, arden en deseos de demostrar su valía, pero carecen de una formación marxista suficiente y… se ven obligados a vagar en la oscuridad.
Están aturdidos por los colosales logros del poder soviético, se les va la cabeza con los extraordinarios éxitos del sistema soviético, y empiezan a imaginarse que el poder soviético «puede con todo», que «nada le es imposible», que… puede crear nuevas leyes (se refería a las leyes económicas. E. I.)… Creo que la repetición sistemática de las llamadas verdades que son «de dominio público», requieren de una paciente explicación, y son uno de los mejores medios de la educación marxista…
<…>
Se necesita de un manual, que pueda servir de libro de referencia para la juventud revolucionaria, no solo dentro del país, sino también en el extranjero».
Así pues, la labor del líder de la URSS se dirigía directamente, ante todo, a los jóvenes. Y si hablamos de su idea principal, su eje central, consistía en que los principales problemas económicos del socialismo no son puramente económicos, ya que no residen tanto en el ámbito de la producción como en el ámbito moral y de la cosmovisión.
Stalin repetía una y otra vez la idea de que, para resolver los principales problemas económicos del socialismo y construir una sociedad socialista desarrollada, y posteriormente pasar a la senda comunista, la juventud soviética tenía, utilizando la ya potente base material del socialismo real, que construirse a sí misma, como una nueva comunidad de personas desarrolladas y cultas. Y esta poderosa fuerza joven, para la que no habrá obstáculos ni en el mar ni en la tierra, convertirse en un ejemplo para la juventud de todo el mundo.
Ilustraré lo dicho con ejemplos de la obra de Stalin, pero por ahora diré que constaba de cuatro partes, fechadas el 1 de febrero, el 21 de abril, el 22 de mayo y el 28 de septiembre de 1952:
«Observaciones sobre cuestiones económicas relacionadas con el debate de noviembre de 1951», «Respuesta al camarada Notkin, Alexander Ilich», «Sobre los errores del camarada Yaroshenko, L. D.» y «Respuesta a los camaradas Sanina, A. V. y Venzher, V. G.».
Cabe suponer que, hacia el otoño de 1952, Stalin se había convencido definitivamente de lo que había escrito en «Problemas económicos», lo cual se ve confirmado por la fecha de su publicación, justo antes del XIX Congreso. Difícilmente habría retrasado la publicación de esta obra si hubiera estado lista mucho antes. La datación de la primera parte permite pensar que Stalin comenzó a estudiar los resultados del debate de noviembre aún durante sus «vacaciones», que en 1951 se prolongaron desde el 10 de agosto hasta el 22 de diciembre.
Tras las vacaciones aparecieron primero las «Observaciones…», y luego, cuando los participantes en el debate se familiarizaron con ellas, y expresaron sus (¡) reservas sobre las «Observaciones…» de Stalin, este escribió las tres partes restantes. Al mismo tiempo, el hecho de que formalmente estuvieran dirigidas a personas concretas no significaba nada. Difícilmente las preguntas de Notkin, las quejas de Yaroshenko de que lo «silenciaban», los artículos de Sanina y Venzher fueron para Stalin un verdadero punto de partida para sus reflexiones. Simplemente se sirvió de una forma conveniente en todos los sentidos. Además, una forma y una táctica: no arremetía, sino que mantenía una conversación al estilo de un debate científico público, invitando así a todos los demás a participar en él.
Quizás una de las ideas principales de Stalin, que los políticos marxistas inteligentes —es decir, los bolcheviques— debían tomar como base para su labor práctica posterior en la construcción del Estado, era la comprensión de que las leyes económicas y sociales, mientras están vigentes, son tan inquebrantables como las leyes de la naturaleza.
Y son inquebrantables, porque reflejan procesos objetivos que tienen lugar independientemente de la voluntad de las personas en la sociedad, del mismo modo que las leyes de la naturaleza reflejan procesos objetivos que tienen lugar independientemente de la voluntad de las personas en la naturaleza. La particularidad de las leyes de la economía política consiste, escribía Stalin, en que «sus leyes, a diferencia de las leyes de las ciencias naturales, son efímeras», que «actúan durante un determinado período histórico, tras lo cual… dan paso a nuevas leyes».
Pero mientras estén vigentes, no se pueden eludir ni derogar —como se puede hacer con las leyes jurídicas—, advertía Stalin.
Stalin, por cierto, formuló (¡con absoluta precisión!) la ley económica fundamental tanto del capitalismo como del socialismo:
«Las principales características y exigencias de la ley económica fundamental del capitalismo moderno podrían formularse más o menos de la siguiente manera (observemos la precisión con la que Stalin formula el pensamiento, algo propio solo de los verdaderos científicos. E. I.): garantizar el máximo beneficio capitalista (el énfasis aquí y en adelante es mío. E. I.) mediante la explotación, la ruina y el empobrecimiento de la mayoría de la población de un país determinado, mediante la esclavización y el saqueo sistemático de los pueblos de otros países, especialmente los atrasados, y, por último, mediante las guerras y la militarización de la economía nacional, utilizadas para garantizar las mayores ganancias.
<…>
Las características esenciales y los requisitos de la ley económica fundamental del socialismo podrían formularse aproximadamente de la siguiente manera: garantizar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante crecimiento de toda la sociedad, mediante el crecimiento y el perfeccionamiento continuos de la producción socialista sobre la base de la tecnología más avanzada».
Y aquí es donde voy a pedir al lector, que se esfuerce un poco más de lo que lo ha hecho hasta ahora, porque durante un tiempo tendrá que lidiar principalmente no con los hechos que expone el autor, sino con sus argumentos —espero que, en mayor o menor medida, sean convincentes—. Y el estimado lector tendrá que reflexionar junto con el autor…
Por todo lo expuesto…
Stalin fue genialmente preciso en las ideas fundamentales de su última obra, y yo, personalmente, sólo lo comprendí plenamente al trabajar en este apartado de mi análisis. Lo repetiré una vez más: afirmó claramente que las leyes de la sociedad son tan inquebrantables —mientras están vigentes— como las leyes de la naturaleza. Pero, ¿Qué se deduce de ello?
Y es que, cuando se ignoran, las leyes económicas sociales se vengan de quienes las infringen con la misma crueldad que las leyes de la naturaleza. Se puede ignorar la ley de la gravedad y dar un paso imprudente hacia el abismo. Pero el resultado será inequívoco.
Bueno, veamos las leyes fundamentales del capitalismo y del socialismo, según Stalin…
¿En qué se basa, según Stalin, la ley fundamental del capitalismo?
El objetivo absoluto de obtener beneficios. Y nada más. En otras palabras, el capitalismo se basa en la codicia, en el principio: «¡Ojos envidiosos, manos avariciosas!». Los capitalistas parásitos devoradores, siempre han admitido más de una vez, en momentos de franqueza, que ellos mismos no saben para qué multiplican el capital, y explican su comportamiento diciendo que el capital no puede dejar de producir capital.
Es decir, no la producción de felicidad para la población del planeta, sino la producción de nuevos capitales incrementando las ganancias: Esa es la ley económica fundamental del capitalismo. Esto, por cierto, lo confirmó en una ocasión uno de los presidentes de la empresa «General Motors», al afirmar que es un error pensar que su empresa fabrica automóviles: ella es la generadora de beneficios.
Esto se dijo ya tras la muerte de Stalin. Del mismo modo que, cuando falleció, el presidente de los Estados Unidos Eisenhower, advirtió públicamente sobre el peligro de una economía militarizada en los Estados Unidos, y popularizó el concepto de «complejo militar-industrial». Sin embargo, como vemos, ¡fue Stalin quien habló por primera vez del complejo militar-industrial como una amenaza para la humanidad!
Mientras exista el capitalismo, seguirá vigente su ley económica fundamental. No se puede derogar, al igual que no se puede derogar la ley de la gravedad universal o las leyes de Ohm. Y mientras esté vigente, ¡el motor de la economía capitalista es la codicia! Se puede afirmar también lo contrario: mientras la codicia gobierne la sociedad, ¡esa sociedad solo puede ser capitalista ergo imperialista!
¿Es la codicia inherente al ser humano desde el principio?
Hasta cierto punto, sí. ¿En qué sentido? Pues en el sentido en que dentro de él, en todo el ser humano hay una bestia. Y la sociedad de la propiedad privada, ya en la época de la Antigua Roma proclamó: «Homo homini lupus est» —«El hombre es un lobo para el hombre». Es cierto, que estas palabras pertenecían al famoso poeta y comediógrafo romano Tito Maccio Plauto, pero la sociedad de entonces en un mundo controlado por la codicia como norma, elevó este principio propio de explotación, como su motor principal.
Una bestia depredadora que puede mostrarse, en ciertos momentos, cariñosa, afable y casi generosa. Sin embargo, en última instancia, no puede evitar matar. De lo contrario, no sobrevive. El capitalismo puede tener, en algunos de sus rasgos, un rostro benigno. Sin embargo, en última instancia, no puede dejar de basarse en la codicia, pues de lo contrario, desaparece, dejando de existir.
Es decir, el capitalismo no puede evitar de rebajar la capacidad de ser humano —en última instancia— al nivel de una bestia. El capitalismo no puede ofrecer nada más a la humanidad, de acuerdo con su ley económica fundamental, pues mientras exista su poder, es tan inquebrantable la sociedad capitalista como lo son las leyes de Newton en el mundo.
Unas palabras sobre el empobrecimiento…
Uno de los ideólogos de la globalización, el premio Nobel de Economía de 2001 Joseph Stiglitz, reconoció hace tiempo que, a medida que avanza la globalización, la mayoría de la población mundial no se enriquece, sino que se empobrece cada vez más, y vive con menos de dos dólares al día. Y esta proporción de personas que se empobrecen aumenta, a medida que se intensifica la globalización.
Como «honesto» defensor del sistema burgués clásico, Stiglitz, exvicepresidente del Banco Mundial, intenta en su libro «Globalización. Tendencias preocupantes» encontrar una variante aceptada como «humana» de la globalización, pero el marxista leninista Stalin ya en 1952, explicó claramente que esto es imposible de principio, porque contradice la ley económica fundamental del capitalismo, que no se puede derogar ni modificar mientras exista el capitalismo.
Pero, ¿existen en el ser humano fuerzas más poderosas que la codicia?
Existen. Cuando crece la voluntad de cambiar su esencia retrógrada recibida, en la medida en que el ser humano ha vencido al animal que lleva dentro, y ha cultivado en sí mismo el ser colectivo.
Sin embargo, el capitalismo no puede educar a las personas. En última instancia, las conduce al matadero como a animales con apariencia humana.
¿Y qué hay del socialismo, de su ley económica fundamental?
Recuerden que, según Stalin, consiste en garantizar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante crecimiento, de toda la sociedad, mediante la creación colectiva constante, y el perfeccionamiento continuo de la producción socialista, sobre la base de la tecnología más avanzada.
Al fin y al cabo, tampoco se trata de un deseo o capricho de nadie: es una ley objetiva que no se puede eludir mientras exista el socialismo. Y mientras esta ley esté en vigor, la sociedad socialista —en plena conformidad con ella— se desarrolle como sociedad socialista. En ella aumenta la prosperidad para toda la sociedad —quizá no para todos a la vez en gran medida, pero de forma continua y para todos los que trabajan—.
Y aumenta no a partir de robar a nadie (por ejemplo, a base de saquear las materias primas de nuestros propios nietos y bisnietos, como ocurre ahora en «Rusia»), sino por el crecimiento colectivo para lograr otro tipo de sociedad, más igualitaria y libre, perfeccionando continuamente la producción. Y en una sociedad actual, aumenta poco a poco el número de sus miembros conscientes que comprenden que no puede transformarse este sistema social corrupto, sino destruirlo, para utilizar con criterio la «técnica más avanzada».
Al menos desde la segunda mitad de los años treinta hasta finales de los cincuenta, así fue en la URSS. Así fue durante algún tiempo y más tarde se mantuvo por inercia, por los beneficios acumulados para toda la población, conseguidos por el sistema socialista.
Los logros del Poder Soviético.
Seguridad Social
Enlace consultado original:
- ВКП(б) - Всесоюзная Коммунистическая партия большевиков. vk.ru/wall-57478050_61395
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-http://www.taringa.net/posts/info/17806634/Lo-que-no-te-dicen-de-la-union-sovitica.html
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