
Por Nestor Guadaño
En esta conmemoración del Aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, tras los escenarios tétricos de guerra insinuados cotidianamente por la dictadura imperialista, es nuestra magnífica obra realizada por la clase obrera soviética, el día más adecuado para proyectar su energía constructora frente al sistema de opresión actual.
Así hoy, durante generaciones, es nuestro faro de luz, del porqué es posible el socialismo, y esta revolución es el comienzo del futuro de la mayoría de la humanidad.
Porque tras esta emancipación del proletariado en la Unión Soviética, acabado el siglo XX ha demostrado sin lugar a dudas, la ineficiencia económica del mercado capitalista frente al socialismo.
El ocaso del régimen imperialista
Viviendo en este sistema imperialista, no nos damos cuenta del profundo hoyo mental que supone aceptar sus reglas e imposiciones. Toda la economía en escala de esta servidumbre, se carga sobre los hombros de la clase obrera. Una larga procesión de explotadores e intermediarios, (bancos, fondos de inversión, distribuidores, cadenas de acumulación de hipermercados) extraen las ganancias generadas por los jornaleros y campesinos que trabajan en el campo.
En cualquier fábrica, centro de trabajo, el proletario puede encontrar multitud de ejemplos de cómo el caos competitivo, frena y obstaculiza el aporte social de la producción realizada. Existe una total falta de comprensión sobre la innecesaria explotación que sufrimos, por sectores enteros de la economía, tales como el mercado de valores y las instituciones financieras, que por definición, no producen nada, sino que fijan y canalizan las inversiones porque sean más rentables, para una caterva de parásitos sociales llamados oligarcas.
El trabajador actual, gracias al control electoral y de las redes sociales por las llamadas izquierdistas por un lado y oportunistas por otro, se dedican a parlotear en nombre de una «revolución» abstracta, que no se plantea la caducidad de este sistema imperialista, bebe de sus limosnas, a pesar de comprobar que todo el proceso social acumulado en unas pocas manos, es el tremedal que terminará engullendo.
El imperialismo ya no puede ofrecer al «joven proletario creativo que se adentra en la vida adulta», nada más que un puesto de trabajo ocasional, por el que tendrá que luchar por mantenerlo durante toda su vida, con el fin de «llevarse el pan a la boca».
La división en clases de esta sociedad, derivada de las relaciones de propiedad, condena siempre al obrero al puesto subordinado estrictamente determinado. Por muy inteligente que sea, y por mucho que trabaje, y sea más productivo, las relaciones de propiedad le han fijado un techo que la mayoría de los trabajadores no puede superar. Las excepciones no hacen más que confirmar la regla, por ello se llaman excepciones. En otras palabras, «si naciste esclavo, morirás esclavo»…
El sólido y pujante sistema hacia el comunismo
Explicar la eficiencia económica de la planificación socialista basada en la propiedad pública es sencillo, porque elimina los eslabones superfluos, y los gastos derivados de una organización productiva de mercado donde «el pillaje es la ley de la selva».
Pero lo fundamental de la planificación, es que permite desarrollar y aprovechar al máximo el potencial humano: el activo social de los trabajadores se selecciona, y se forma de manera sistemática, es el desarrollo de cada miembro de la sociedad en el puesto adecuado, generando un efecto económico directo. Por su parte, el ser humano va innovando sus máximas capacidades, y así se aprovecha toda la sociedad, en la forma más eficaz.
Esta evidencia lo ha demostrado la URSS, tras la Revolución de Octubre con la construcción del socialismo, al tener en sus manos una herramienta tan poderosa como la economía planificada y organizada científicamente, capaz de obrar milagros, logrando tales hazañas que resolvieron prácticamente cualquier problema económico, y aún más conseguiremos, con el nivel actual alcanzado por las fuerzas productivas.
Tenemos que convocar a los trabajadores actuales a aprovechar la experiencia de la Gran Revolución Socialista de Octubre, para demostrar que su victoria fue el resultado del enfoque científico de la sociedad.
No fue simplemente «el pueblo» quien derrocó el capitalismo, sino que se alió con el pensamiento científico de la ideología marxista leninista, venciendo a los bergantes propietarios privados.
La revolución socialista no es simplemente la victoria de «los pobres sobre los ricos», «de los explotados sobre los explotadores» o «del trabajo sobre el capital»: es la victoria de la conciencia científica de la emancipación de la clase obrera sobre la sima de la dictadura aniquiladora impuesta por un puñado de explotadores.
La mejor organización social que ha existido, la más progresista nunca vista, venció, no lo dudemos. Fue una creación de la clase obrera mundial, a partir de la vanguardia bolchevique en 1917.
Tenemos que decir claramente que aunque la burguesía nos tilde de izquierdistas, no es así. Seguimos la estela bolchevique, somos comunistas, que luchamos contra los intereses de la propiedad privada, y creemos firmemente que este siglo será la época del paso del Imperialismo al Comunismo, si actuamos basándonos en el materialismo científico.
Pues podemos entre todos elaborar ya, un plan científico para esta nueva Revolución de la Sociedad.
Es totalmente viable con la acumulación social lograda, es necesario eliminar pues a los parásitos.
Necesitamos nuestra vanguardia, nuestro partido bolchevique, ningún otro partido es capaz de hacerlo, pues en ellos prevalecen los intereses de unos u otros propietarios.
Hoy es aún más relevante esta tarea, la más importante misión de los trabajadores que quieren emanciparse, la Reconstitución del Partido Comunista Revolucionario.
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