
Sobre
el artículo de Yuri Stoliarov, y añadidos de Nestor Guadaño.
En pocas palabras, el materialismo histórico es aplicado a la historia y a la sociedad humana.
¿Qué es el materialismo dialéctico? El propio nombre sugiere que se trata de la unión del materialismo y la dialéctica. ¿Y qué es el materialismo?
El ciudadano de a pie atribuye un sentido erróneo al concepto de «materialismo». Pronuncia la palabra «materialista» con desdén, como si fuera un insulto. En cambio, la palabra «idealista» le suena, por el contrario, como un elogio.
En la concepción del ciudadano de a pie, un «materialista» es una persona mezquina y vulgar, para quien siempre prima algún tipo de cálculo interesado, con consideraciones de beneficio personal, que vive de placeres sensuales burdos y a quien le son ajenos los sentimientos elevados. En cambio, para el ciudadano de a pie, un «idealista» es, por el contrario, una persona elevada, refinada, noble, capaz de todo tipo de sentimientos elevados y de actos hermosos.
En realidad, esa interpretación de estos conceptos no tiene nada que ver con la realidad. De hecho, en el sentido científico —y no en el coloquial—, el materialismo y el idealismo son dos corrientes fundamentales (y totalmente opuestas) de la filosofía, de la concepción del mundo.
Desde
dónde se proyecta esta visión de la historia
Tiene su origen desde las más antiguas civilizaciones como la egipcia, babilónica y de la India. En una inscripción del Nilo Medio se lee: «el agua fría creadora de todos los seres y de la que proceden todas las cosas, así como el aire que llena el espacio y se halla en todas partes», y un astrónomo babilónico como Seleuco (siglo II a. C.) conjeturó la teoría heliocéntrica.
Posteriormente desde el siglo VI antes de nuestra era se desarrollaron múltiples escuelas y filósofos materialistas, como Tales de Mileto (siglo segundo antes de esta era: "todo procede del agua y todo se convierte en agua"), como Anaxímenes y Anaximandro.
A partir de los textos de Aristóteles, filósofo idealista, conocemos las ideas de Heráclito, uno de los primeros inductores del pensamiento dialéctico ("Como el fuego todo está en movimiento y cambio constante del mundo, es la contradicción como fuente de movimiento, de la posibilidad de transformación recíproca de los contrapuestos").
Posteriormente, Demócrito realiza su formulación atomista: de los átomos de la materia, nace y muere la vida.
Mas tarde se desarrolló entre los atomistas la escuela de Epicuro y en Roma Lucrecio con su obra que recoge todos los avances del pensamiento materialista “De Rerum natura”.
Solamente quedó en pie el racionalismo árabe representado por Al Ma´arri, ibn Sina e Ibn Rushd. De ellos el que más influyó fue Al Ma´arri, quien dedujo, “El mundo se divide entre quienes llevan a Alá y no tienen cerebro, y quienes no tienen a Alá, y tienen cerebro”.
Tras la etapa oscura de las proyecciones ideológicas idealistas en todo el planeta, surge en el siglo XVI, un pensador materialista del universo como Giordano Bruno, perseguido por los gobiernos eclesiales, atrapado en Italia por la Inquisición, fue llevado a la hoguera. Sus obras da fe de su pensamiento:
El Sol no es el centro del universo sino tan solo el centro de nuestro sistema planetario.
No solo el Sol tiene planetas sino también las otras estrellas.
Todo el universo es homogéneo, es decir, tiene las mismas sustancias quede la Tierra.
Todos los otros planetas no conocidos también están poblados.
La materia es madre y alumbradora de todas las cosas y capaz de producir infinitamente nuevas y nuevas formas.
El hombre es parte inseparable de la naturaleza, es el microcosmos que refleja el macrocosmos.
Admite los grados del conocimiento: los sentidos, el entendimiento y la razón.
El entender el universo como infinitud conduce al filósofo italiano a la «dialéctica de la coincidencia de los opuestos, tanto en lo infinitamente grande como en lo infinitamente pequeño».
Toda una serie de filósofos en los siglos siguientes (Galileo, Bacon, Hobbes, Gassendi, etc), plantean diversas ideas a partir de la observación de la naturaleza que ayudaron al avance del pensamiento dialéctico Para entender más concretamente como se instala el materialismo histórico en el curso de la humanidad, tenemos que examinar la relación dialéctica de la filosofía hegeliana. Georg Wilhelm Friedrich Hegel había desarrollado una visión idealista de la historia, como el despliegue progresivo del Espíritu Absoluto, a través de contradicciones que se resuelven en síntesis superiores. Su método dialéctico, constituyó una innovación fundamental para comprender los procesos de cambio y desarrollo.
Marx, inicialmente adherido al círculo de los hegelianos de izquierda, efectuó una transformación radical: «puso a Hegel sobre sus pies», según su propia expresión. Mientras Hegel consideraba que las ideas determinaban la realidad material, Marx invirtió esta relación, argumentando que las condiciones materiales de existencia determinan las ideas y la conciencia. Esta inversión materialista de la dialéctica hegeliana, constituyó el fundamento metodológico del materialismo histórico.
La influencia del materialismo filosófico de Ludwig Feuerbach, también resultó decisiva. Feuerbach había criticado la religión, como una representación de los poderosos de las aspiraciones humanas, sentando las bases para una crítica materialista de la ideología. Marx profundizó esta crítica, extendiéndola al conjunto de las representaciones sociales y políticas.
En obras como «La ideología alemana» (1846), escrita junto a Engels, Marx articuló por primera vez los principios fundamentales del materialismo histórico, distanciándose definitivamente tanto del idealismo hegeliano como del materialismo contemplativo de Feuerbach. Este nuevo enfoque no se limitaba a interpretar el mundo, sino que aspiraba a transformarlo, mediante la comprensión científica de las leyes que rigen el desarrollo histórico.
Marx identificó principalmente cinco etapas fundamentales: el comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y el comunismo.
La transición entre estos modos no ocurre arbitrariamente, sino cuando las fuerzas productivas entran en contradicción con las relaciones de producción existentes. Esta contradicción genera crisis, que solo pueden resolverse mediante transformaciones revolucionarias, dando lugar a nuevas formaciones socioeconómicas.
El análisis marxista del capitalismo ejemplifica esta dinámica: el desarrollo de las fuerzas productivas industriales entra en conflicto con las relaciones de producción capitalistas, generando crisis recurrentes y sentando las bases materiales para su eventual superación.
«La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases», afirmaron Marx y Engels en el «Manifiesto Comunista» (1848).
Esta formulación sintetiza la concepción materialista, los conflictos entre clases sociales con intereses antagónicos constituyen la fuerza motriz de los cambios históricos.
Pero también, parten de la base de la conciencia filosófica de la relaciones humanas
Si somos materialistas, sabemos que la materia es lo primario y la conciencia, derivada, secundaria. Sabemos que la materia existe independientemente de la conciencia, mientras que la conciencia es un derivado de la materia y no puede existir sin ella, al margen de ella ni fuera de ella.
Los idealistas, por el contrario, consideran que la conciencia es primaria y la materia, secundaria. Sostienen que la conciencia dio origen a la materia, y no al revés, que la conciencia puede existir antes que la materia. Lo pregonan... antes de la materia, sin materia, fuera de la materia y al margen de la materia.
Aquí radica la diferencia entre el materialismo y el idealismo.
En cuanto a la idea de que los materialistas son personas groseras y egoístas, mientras que los idealistas son caballeros desinteresados y puros, la historia lo desmiente a cada paso.
Por ejemplo, los revolucionarios bolcheviques son una prueba clara, que refuta la falsa propaganda que los materialistas son personas egoístas y viles. Los bolcheviques provenían de la aplicación del marxismo en la práctica, eran materialistas convencidos y coherentes, pero, al mismo tiempo, a lo largo de toda su vida dieron ejemplos de la mayor abnegación, sacrificio y heroísmo en nombre de la clase obrera.
Y, por el contrario, vemos una y otra vez cómo los idealistas, los defensores de la primacía de su conciencia opresora, dan muestras de egoísmo, mercantilismo, cálculos repugnantes de acaparamiento y disposición a llegar incluso al delito en aras del beneficio.
Por ejemplo, nuestros popes ortodoxos —idealistas convencidos, orgullosos de su profesión— son conocidos por todos por su insaciabilidad, su codicia, su avaricia y su mercantilismo.
Así pues, el desarrollo actual y futuro de la conciencia nos dicta, que el materialismo enseña que el mundo es materia, que la materia es primaria, que ella engendra la conciencia y no al revés. Y la dialéctica es una forma de ver el mundo, considerando los hechos y conceptos, evalúa que todos los fenómenos de la realidad, en su desarrollo y en su interrelación, tienen una íntima influencia mutua.
Por consiguiente, el materialismo dialéctico enseña que el mundo es materia y, al mismo tiempo, considera que esta materia en su movimiento es constante, y que en sus interrelaciones, en su desarrollo continuo, van creando contradicciones principales y secundarias.
Es decir, si somos materialistas, sabemos que el mundo es materia. Y si conocemos además la dialéctica, entonces comprendemos que esta materia está en un proceso eterno y constante de desarrollo, y que avanza gracias a sus contradicciones, gracias a la lucha de los principios opuestos que actúan en ella.
Y si seguimos este punto de vista, de este método de cognición consciente y constante, realmente aprenderemos durante toda nuestra vida que el mundo es materia, que se desarrolla a través de contradicciones, esto significa ser materialistas dialécticos, es decir, marxistas, es decir leninistas.
Si aplicamos el mismo método de aprendizaje de las sociedades humanas, en cada etapa histórica, vamos entendiendo lo que significa el materialismo histórico.
El materialismo histórico consiste, en comprender que la sociedad humana es también materia, su forma más elevada (materia socialmente organizada). Y, al igual que cualquier otra materia, la sociedad se encuentra en constante desarrollo. Y, al igual que cualquier sociedad, se desarrolla a través de la lucha de los opuestos.
Por ello, en todas las sociedades, hubo primero una muy incipiente, después una emergente y desde hace dos siglos una brutal lucha entre clases, socioeconómicas, opuestas, que llevan a la extinción de los sistemas sociales atrasados.
Pero desde aquí, después de afianzamiento del socialismo, seguirá avanzando. En una sociedad sin clases, el ser humano mejorará la naturaleza, con todas sus contradicciones, e inclusive contra las ideas heredades por sus ejecutantes, contra aquellas cualidades internas que puedan contradecir la ética de la sociedad sin clases: el egoísmo, la pereza y la desorganización.
Hasta la aparición del comunismo científico, las clases dominantes —esclavistas, feudales, capitalistas, imperialistas— imponían a las sociedades el idealismo histórico. Los procesos históricos se explicaban de forma idealista. Se afirmaba que su causa era la voluntad de fuerzas sobrenaturales o bien la voluntad de personalidades concretas: gobernantes y héroes.
El materialismo histórico ha puesto de manifiesto la verdadera fuerza motriz de la historia:
Los intereses económicos de la mayoría de la población oprimida. Los pueblos, las naciones, las clases, impulsadas por sus propios intereses de emancipación políticos y económicos, construyen la historia.
Y todas las justificaciones políticas e ideológicas, derivados de estos motivos son secundarias. Las clases opresoras, a menudo se las inventan precisamente para ocultar los auténticos motivos de su dictadura de clase: el afán por conservar su posición económica privilegiada y la posibilidad de vivir a costa del saqueo de la clase oprimida.
Hasta la aparición del comunismo científico, las clases dominantes también imponían con ahínco a la sociedad una visión metafísica de la historia. La historia no se consideraba un proceso de desarrollo social, ni la sociedad como algo en constante evolución. Los historiadores metafísicos consideraban la sociedad de su época, no como algo que tuviera un principio y un final, ni como una etapa del desarrollo histórico, sino como algo eterno e inmutable, establecido de una vez por todas.
El materialismo histórico, por el contrario, demuestra que cualquier situación social, cualquier orden social, no es más que una etapa del desarrollo social, y tiene un principio... y un final.
La visión metafísica de la historia, la negación del desarrollo histórico, es siempre un as en la manga de la clase explotadora para impedir que los oprimidos luchen por una reorganización social, por su liberación. Y es que, si el orden social existente es eterno, para qué luchar por su extinción, por una revolución social, si el orden social es perenne, y niega la posibilidad de cualquier cambio.
Esto es precisamente lo que los explotadores han inculcado hasta el presente a los oprimidos para perpetuar su sistema. Los esclavistas inculcaban a los esclavos que el sistema esclavista estaba establecido de una vez por todas, que no tendría fin. Lo mismo imponían los señores feudales a los siervos. Y hoy en día los capitalistas imperialistas inculcan lo mismo a nosotros, a los proletarios.
Intentan convencernos de que el capitalismo no tendrá fin, de que nada más vendrá a sustituirlo. De este modo, la burguesía desmoraliza a los trabajadores y les impone la idea de que no se puede luchar contra el imperialismo.
Y al contrario.
La visión dialéctico-materialista de la historia, estimula que es continua la línea del desarrollo social, y es un poderoso acicate para la lucha de clases revolucionaria del proletariado. El imperialismo no es eterno, sino finito, no es más que una etapa en el desarrollo de la humanidad y le sucederá inevitablemente la siguiente etapa —el comunismo—, entonces tiene sentido luchar por su destrucción. Así, la clase obrera estará segura de su victoria, y hará de la lucha por el socialismo la causa de su vida, y llevará esa lucha hasta el final.
El materialismo histórico nos enseña a considerar las diferentes clases y estratos socioeconómicos (y, ante todo, las clases y estratos de la sociedad burguesa) de forma realista, teniendo en cuenta su situación económica y política real, su psicología real y su forma real de actuar. Esto es necesario para la clase obrera en su lucha. Para luchar correctamente contra la burguesía, hay que saber qué se puede esperar de ella, cómo actuará en tal o cual caso, cómo se comportarán otros estratos de la sociedad, si se pondrán del lado de la burguesía o del proletariado, y así sucesivamente.
En este sentido, nosotros, los materialistas históricos-dialécticos, nos guiamos tanto por la comprensión de la esencia de clase tanto de nuestros enemigos como de nuestros aliados, así como por la experiencia de la historia.
Por ejemplo, sabemos que no es posible llegar a un acuerdo pacífico y democrático con la burguesía (por ejemplo, a través de las mismas elecciones). Sabemos que el socialismo no puede resurgir sin lucha de clases, sin revolución socialista y sin la dictadura del proletariado. Porque comprendemos qué es la burguesía en realidad, y cómo se comporta en los hechos. La etapa terminal burguesa es de las más depredadoras que nunca antes en toda la historia de la humanidad. Que no renunciará a lo que ha saqueado, sin una lucha encarnizada. Luchará por mantener sus privilegios y sus propiedades, y no se detendrá ante nada.
La experiencia de su historia criminal más reciente es testigo de su terrorismo.
La burguesía ha demostrado miles de veces su determinación de derramar ríos de sangre proletaria con tal de mantener su orden. Así actuó en las revoluciones europeas de 1848, durante la Comuna de París, en 1905 en Rusia, en 1917 y en la Guerra Civil. Así actuó también en la Segunda Guerra Mundial, cuando la burguesía más anticomunista y fascista de la Alemania hitleriana desató una guerra mundial y aniquiló a cientos de millones de personas para aplastar a la Unión Soviética, y preservar el capitalismo en el planeta.
Aquí actuó así, contra el Frente Popular y la clase obrera española en 1936, de la forma más salvaje posible representada por los militares bajo Franco. En Grecia en 1967, representada por los «coroneles negros». En toda América con los sucesivos golpes de estados impuestos por los EE. UU. Y en Chile en 1973, destrozada la Unidad Popular de Salvador Allende, cayó por los fusiles de sátrapa Pinochet.
Estos son hechos, esta es la experiencia histórica, y nosotros la tenemos en cuenta.
En cambio, el KPRF (Partido Comunista de la Federación Rusa) aborda esta cuestión desde un punto de vista puramente idealista. No tienen en cuenta la realidad, no quieren considerar ni la esencia de clase de la burguesía ni la experiencia histórica. Se imaginan, (o peor fingen imaginarse) que, si obtienen la victoria en las elecciones, la burguesía se someterá de inmediato, y cederá el poder y la propiedad privada de los medios de producción, sin oponer resistencia.
Con este enfoque idealista de la historia y de los procesos sociales, el KPRF señala a los trabajadores un camino erróneo y condena a la clase obrera al fracaso. De hecho, comete una traición.
De aquí se desprende lo importante que es para nosotros el enfoque dialéctico-materialista de la historia, y lo necesario que es para el éxito de nuestra lucha.
Por eso, nuestra tarea consiste en ayudar a los trabajadores a liberarse de toda forma de idealismo histórico, y dotarlos de una comprensión correcta y dialéctico-materialista de la historia.
Y, por supuesto, enseñarles a utilizar esa comprensión en la lucha de clases. Continuando las enseñanzas de los grandes científicos y revolucionarios: Marx y Engels.
Enlace original.
- СТАЛИН - НАШЕ ЗНАМЯ! / Stalin - our Banner! (¡STALIN - NUESTRO ESTANDARTE!)