30 de abril de 2026

«¡DE TODO SON CULPABLES LOS COMUNISTAS!»


Por Yuri Storialov. Publicado en ВКП(б) - Всесоюзная Коммунистическая партия большевиков. (Partido Comunista de la Unión Soviética-bolchevique). Traducción y notas, Nestor Guadaño.

La ironía de esta vieja caricatura radica en que, aún hoy en día, en distintos rincones del planeta se oye con frecuencia: «¡De todo son culpables los comunistas!»

Parecería que ya quedaron muy atrás los tiempos en que el movimiento comunista se encontraba en la cima de su influencia en el mundo. Tras la derrota del imperialismo alemán y del fascismo europeo en la Segunda Guerra Mundial, las posiciones de los comunistas eran más fuertes que nunca, incluso en los países de Europa Occidental. Los comunistas gozaban entonces de un enorme prestigio, y la Unión Soviética, que año tras año ganaba poderío económico y político, se convirtió en un auténtico faro para los trabajadores oprimidos de todo el mundo.

La retórica anticomunista de la época de la Guerra Fría, en teoría, debería haber desaparecido en los años noventa del siglo pasado. ¡Pero nada de eso! Y ahora los burgueses suelen culpar de los males del capitalismo… a los comunistas.

En los antiguos países socialistas de Europa es bastante habitual señalar como principal causa de los problemas actuales el «pesado legado del comunismo». Los «socios occidentales» compraron a bajo precio en esos países las empresas que funcionaban, integrándolas en la medida de lo posible en el sistema de sus grupos empresariales, holdings y corporaciones, y destruyeron lo que no les servía, deshaciéndose así de posibles competidores y obteniendo mano de obra barata. Eso no podía afectar negativamente al desarrollo de los países del bloque socialista destruido, ¿verdad? ¡La santa e inmaculada «mano invisible del mercado» no podía hacer daño a nadie! En cambio, los monumentos de la época del socialismo siguen molestando a todo el mundo y frenando el progreso. ¡Hay que derribarlos!

Lo mismo ocurre con la Federación Rusa y otras antiguas repúblicas soviéticas. La famosa expresión sobre la «bomba de Lenin», colocada bajo los «cimientos de Rusia», se ha convertido desde hace tiempo en un meme. Al mismo tiempo, muchos liberales rusos creen sinceramente que la Rusia oligárquica actual es la «URSS 2.0» y que «los comunistas siguen gobernándonos».

¿Quizás se deba a la crisis del capitalismo y al agravamiento de las contradicciones de clase? No, qué va... ¿Qué es eso que dice? ¿Qué tiene que ver aquí nuestra querida y gloriosa «economía de mercado»? ¿Acaso el afán del propietario privado, por obtener el máximo beneficio a cualquier precio ha llevado alguna vez a algo malo?

¡De todo esto son culpables los malditos comunistas! Si no fuera por ellos, los burgueses (perdón, los empresarios con talento y las empresas "socialmente" responsables) habrían construido hace tiempo el paraíso en la Tierra.

Ilustración «De mal en peor».

Autor: *Henrik Oskarovich Valk (1918-1998), diseñador gráfico, cartelista y caricaturista soviético (Enlace).

Y ahora en Rusia, ¿Qué tiene que hacer la clase trabajadora?

Por Ekaterina Fatiánova

De cualquier guerra imperialista, sea como se llame, es la clase trabajadora la que primero sufre. Los hijos del pueblo trabajador, reclutados en los ejércitos de los países beligerantes, sacrifican sus vidas, su salud física y mental, por los beneficios y ambiciones de la clase burguesa. Los propios trabajadores, como resultado del paro de la producción, y la destrucción de infraestructuras, se quedan sin trabajo ni medios de subsistencia.

La clase dominante de Rusia lanzó la llamada operación especial, obligados por el imperialismo que apoya a los nazis ucranianos, sin base material y sin poder prever las consecuencias para la economía. Ahora, los propagandistas del Kremlin se sorprenden al "descubrir" que: la industria rusa depende completamente del suministro de materias primas y componentes extranjeros. Gran parte de los bienes cotidianos más ordinarios, se produce en empresas dominadas por el capital extranjero. Las cadenas minoristas inflan especulativamente los precios, y crean escaseces artificiales. Los bancos, ninguno de los cuales está libre de la participación de capital extranjero, suben los intereses sobre los préstamos, llevando finalmente a la población a una rueda esclavizadora de deudas. 

Esta guerra de liberación del este de Ucrania, es necesaria, para prevenir una guerra aún peor del imperialismo de la OTAN contra Rusia. Pero, ni siquiera la moral del ejército y del pueblo ruso, es tan alta como desearía el régimen actual burgués. Sólo apuesta toda la propaganda, en declarar habitualmente, que la maquinaria imperialista occidental, supuestamente, está organizando "disturbios" en el país. 

Pero este escenario es el que buscaban: el mercado. Este capitalismo ideológico de control invisible, que estos mismos caballeros han estado "cultivando", y creando durante las últimas décadas. De principio al fin de todo, la intelectualidad decadente y depravada, los grandes matones asesinos, convertidos en oligarcas, destruyeron la Unión Soviética. 

Esos mismos ideólogos del capitalismo, de las reformas para imponer un estado dominado por el mercado, siguen sentados en silencio, en el gobierno.

Ridiculizando a la sociedad consumista, los propagandistas a tiempo completo de la burguesía, no recuerdan que ellos mismos crearon esta sociedad (empezando por el culto soviético tardío a los vaqueros, chicle y "cuarenta variedades de salchichas"), amparando el poder de clase de aquellos, en cuyas manos están concentradas grandes propiedades. Y gran parte, de la dictadura de clase que mantiene por el mercado, reside precisamente en los negocios e imposiciones al pueblo, que ejercieron gracias a la acelerada venta de las propiedades estatales soviéticas populares, a "socios" extranjeros.

Lo primero que perdió la clase trabajadora rusa con el inicio de la llamada operación especial (que ahora, está legalmente prohibida llamarse de otra manera), son los restos de las libertades burguesas: la libertad de expresión y la libertad de reunión, que han sido tan duramente golpeadas durante los dos años de la "pandemia" del coronavirus, así como la libertad de recibir y difundir información. Todo ello, no ha estado exenta de pérdidas materiales, y no se trata de comprar o no comprar un "gadget" moderno, sino de simplemente de sobrevivir.

Con la fuerte subida del tipo de cambio del dólar y del euro, los salarios de los trabajadores se están depreciando rápidamente, y el paulatino aumento de los precios de alimentos y bienes, esta minando el poder adquisitivo. Las fábricas no dedicadas completamente a la guerra, tienen cierres parciales, debido a la escasez de piezas previamente importadas (por ejemplo, AvtoVAZ), o por embargo directo político de los capitalistas extranjeros, que poseían empresas en el territorio de la Federación Rusa. 

La "retirada" de los mercados rusos, por ejemplo, de Coca-Cola y McDonald's o Unilever Corporation, no significa tanto la ausencia de los habituales "objetos de consumo referentes" en las estanterías, sino principalmente del cierre de fábricas de producción, donde se empleaba a miles de trabajadores rusos. Detener la importación de piezas y coches automovilísticos al país, (algo que ya ha hecho, por ejemplo, MAN y Scania) en el futuro pondrá en peligro el transporte doméstico de carga, ya que la mayoría de los coches son importados, son extranjeros. El tiempo de inactividad anunciado durante un par de meses, ya se está convirtiendo en un aumento explosivo del desempleo.


La nacionalización de las compañías "exiliadas", que el gobierno burgués propone en la forma que expone, es un simulacro, un engaño, otro intento de dulcificar y sobornar la cabeza de la población. En lugar de tomar el control de la producción y convertirla en beneficio del pueblo trabajador, como hacen los países socialistas durante la nacionalización, la Federación Burguesa Rusa propone reorganizar las empresas abandonadas, entre "sus" capitalistas, sin ninguna garantía de beneficio para la clase trabajadora. 

"El nuevo propietario se compromete a asegurar el trabajo, de al menos dos tercios del personal durante el año", los medios burgueses aplauden y se ven abrumados de alegría. Esto debe entenderse de la siguiente manera: en un año, el nuevo "propietario" tiene derecho a despedir a un tercio de todos los empleados y, un año después, a hacer lo que quiera con la empresa, sin asumir ninguna responsabilidad por ella. Recordamos bien cómo los "propietarios efectivos", destrozaron las prósperas empresas soviéticas, vendiendo el equipo más moderno al precio de metal con el que se fabricaba. ¿Qué ha quedado para la clase trabajadora?

Sí, la nacionalización es necesaria, pero no esta propuesta elaborada por un gobierno hostil a nuestra clase, decorativa y que no garantiza nada al pueblo. La nacionalización debe estar en interés de la clase trabajadora, y tiene que enfilarse como el objetivo principal, preservar los empleos y salarios, mejorar las condiciones laborales, y las verdaderas libertades políticas que permitan luchar por una vida mejor. Por ello, ahora es especialmente importante que los trabajadores se organicen en su lugar de trabajo, formen grupos de iniciativa (incluidos sindicatos de clase en los centros de trabajo, y células del partido bolchevique), para que tomen la producción bajo su control. 

Y esto ya no será el control obrero, al que estuvimos alienados en tiempos de Brézhnev —la limpieza de los talleres o sobre la distribución de vales—, sino el verdadero control del colectivo laboral sobre todas las acciones para el poder económico político en las empresas. 

De los camaradas más fiables y probados, se elegirán comisarios para la gestión general y la interacción externa, y apoyarlos bajo el principio de "uno para todos y todos para uno". En las empresas con participación de capital extranjero, especialmente si ya han anunciado futuras inactivaciones o reducciones, es necesario crear nuestros propios órganos de gestión, para evitar la suspensión de trabajos, la retirada o destrucción de equipos. Si fuera necesario, también habrá que expulsar a la administración hostil, a la clase trabajadora e instalar el propio poder obrero, estableciendo inmediatamente lazos con otras empresas para apoyo y protecciones mutuas. 

Por ahora es evidente, que tenemos que desarrollar estas ideas en las empresas en peligro de cese de actividad, pero a larga las medidas propuesta se expandirán a todo el país.


Como he comentado, es interés de la clase trabajadora preservar no solo el empleo, sino también el salario, frente a los apetitos empresariales. Por lo tanto, necesitamos una consecuente propaganda para los empleados, las familias de los trabajadores, exigiendo las siguientes demandas a las autoridades y a la dirección de las empresas: 

Seguridad en el empleo, aumentos salariales en relación con el tipo de cambio del dólar, rechazo de todas las multas, incluidas las ya impuestas, negativa a despedir trabajadores y reducir salarios. 

La forma en que esto se hará, debe ser indiferente a los trabajadores. Los capitalistas tienen el poder en sus manos, y han declarado que son capaces de controlar la producción, lo que significa que deben ser capaces de moderar sus apetitos y resolver los problemas que ellos mismos van creando. Mas en el caso de que al menos una demanda no se cumpla o se ignore, la clase obrera tiene todo el derecho a no trabajar, pues los capitalistas con obtener beneficios, haya producción o no, se pagan al menos, con asientos cálidos en los organismos estatales y municipales burgueses propios. 

También tenemos presente la herramienta más contundente para luchar eficazmente contra la arbitrariedad de las autoridades o explotadores: La Huelga. Una huelga con demandas políticas se llama, Huelga de clase, y es fundamental su desarrollo cuando está bien organizada. 

La "Huelga de Clase", no puede sucumbir a trucos como "estamos en momentos difíciles", "el enemigo está en las puertas", " no hay que confundirse en los gritos". Los propagandistas burgueses bien pagan a voceros que insisten sobre la "traición nacional" de los trabajadores que se manifiestan. Cualquier guerra imperialista no la inician los trabajadores. Los capitalistas se benefician. La actual "operación especial" tampoco fue iniciada por la clase trabajadora, así como tampoco fue la clase trabajadora quien organizó el golpe fascista en Ucrania en 2014, ni en la Federación Rusa en 1993.

¡No a la guerra entre las naciones, ni a la paz entre clases!

¡Viva la próxima revolución socialista!


Enlace consultado.-

* Heinrich Oskarovich Valk: 

Diseñador gráfico, cartelista, caricaturista y maestro de la ilustración de libros infantiles.

Miembro de la Unión de Artistas de la URSS.

De nacionalidad estonia. Su padre era subdirector de una empresa ferroviaria. En 1936, Valk se graduó en una escuela de Moscú y se matriculó en la facultad de medicina. Al dedicarse en serio a la caricatura, abandonó la medicina. Desde 1938 trabajó en «Krokodil». Firmaba las caricaturas para «Krokodil» con el monograma «GV» y siempre indicaba el año.

Autor no solo de dibujos fantásticos, como «Una mirada al futuro cósmico» (1955), sino también del ensayo de ciencia ficción «En un cohete personal» (1959).

También fue ilustrador de literatura infantil de los años 50 a 70. Realizó ilustraciones para libros de muchos escritores soviéticos, como N. Nosov, V. Korzhikov, Agnia Barto, Viktor Dragunsky, Boris Zakhoder, Serguéi Mijalkov y muchos otros. Sus obras son principalmente en blanco y negro, aunque algunas ilustraciones son en color. Ilustró alrededor de cien libros. Algunos de ellos se publicaron en tiradas de millones de ejemplares en la URSS y se reeditaron en varias ocasiones. Por ejemplo, el libro de N. N. Nosov «Vitia Maléev en la escuela y en casa» contiene 12 ilustraciones, mientras que «Neznaika en la Luna» cuenta con unas 217 ilustraciones.

Un estilo gráfico muy preciso y limpio, con una estética de la línea llevada al máximo. Uso activo de rellenos y tramas texturizadas, en gran medida similar a las técnicas de grabado. Escenas ricas en detalles. El mejor dibujante, que combina con éxito la máxima precisión y corrección de las construcciones con la vivacidad y la acertada transmisión de los personajes. Se aprecian tendencias hacia la caricatura y el diseño futurista (industrial) de su época dorada: mediados del siglo XX.

Un maestro de primer orden, con un nivel de ejecución insuperable.

Heinrich Oskarovich ilustró la tercera y última parte de la trilogía de Nosov sobre Neznaika. Valk es uno de los primeros ilustradores de N. N. Nosov. El primer libro del escritor —la recopilación «Tuk-tuk-tuk»— se publicó en 1945 con dibujos de Heinrich Valk, ligeros, desenfadados y con un matiz apenas perceptible de humor de revista. Para el entonces joven dibujante y caricaturista, esta recopilación se convirtió en el primer libro infantil de su carrera profesional. «Así comenzó —escribió el propio G. O. Valk— nuestra larga colaboración con Nikolái Nikoláievich». Y continuó: «Tuve la suerte de ilustrar casi todos sus relatos, la novela Vitia Maléev en la escuela y en casa, y su famoso «Neznaika en la Luna».

Heinrich Valk conservó la imagen de Neznaika creada por Laptev y la canonizó definitivamente. A los demás personajes, según la narración (bastante satírica) de Nosov, «el artista les dotó de rasgos grotescos y, a veces, caricaturescos» (L. Kudryavtseva).

Ninguno de los ilustradores posteriores de la trilogía de cuentos de hadas, puede competir por el momento con estos maestros reconocidos. Aunque los admiradores de Neznaika, ven con buenos ojos las ediciones modernas con dibujos de Evg. Kozlov (estilizados al estilo de Laptev) y A. Borisenko (estilizados al estilo de Valk).

Heinrich Oskarovich falleció en 1998. La urna con sus cenizas se encuentra en el columbario cerrado del cementerio de Donskoi.


Páginas consultadas:

http://bolshevick.org/chto-delat-rabochemu-klassu Qué debe hacer la clase trabajadora, Partido Comunista de toda la Unión (Bolcheviques)

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