8 de diciembre de 2020

La Argentinita, la bailarina española número uno de la República, desconocida en democracia

 

Encarnación López Júlvez (La Argentinita) - Universo Lorca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Nestor Guadaño, informaciones extraídas de El Salto y El Correo.

Entre memoria y jaleos, una nueva biografía destapa y reconstruye la historia de Encarnación López, amiga íntima de Lorca, quien llevó al flamenco hasta su máxima expresión; desde los tablaos hasta las tablas de los más destacados teatros.

Una activista cultural que supo colocar los bailes del pueblo en el centro artístico de la vanguardia de la generación del 27. Una revolucionaria que elevó los tablaos flamencos desde los cafés hasta las tablas de un teatro. Una intelectual que aderezaba sus montajes artísticos con letras de Federico García Lorca y escenografía de Salvador Dalí. Así era la Argentinita, aunque los medios en el pasado y en el presente (aquellos que la recuerdan, que no son muchos) la siguen encasillando en el rincón de las tonadilleras emparejadas con toreros. Con el gran objetivo de deconstruir esta biografía y construirla con los pocos retazos que el franquismo dejó vivos sobre la investigación en las danzas, la escritora y actriz teatral Paulina Fariza Guttman dibuja su historia en el libro La vida encontrada de Encarnación López, la Argentinita (Bala Perdida, 2020).

Un texto que mezcla la documentación con la literatura, que recrea ambientes y escenarios de la cultura española de primeros de siglo y de la República.

Buscando la raíz de la danza

Se llamaba Encarnación López Júlvez y vio la primera luz realmente en Buenos Aires porque sus padres habían emigrado hasta allí y abrieron un negocio textil, en busca de un futuro mejor en plena crisis española de fin de siglo. Sin embargo, aunque ella nació en la ciudad porteña en pleno Desastre del 98, la familia no tardó en volver después de perder a dos hijos por una epidemia de escarlatina. La niña Encarnita bailaba ya con solo cuatro años, espoleada por unos padres apasionados por el flamenco. Con ocho, después de actuar en algunos teatros importantes, adoptó el sobrenombre de La Argentinita para diferenciarse de otra artista de la época, Antonia Mercé, que era conocida ya como La Argentina

Recorrió toda España como la niña prodigio que era, sin sospechar que su historia de éxito internacional iba a estar atravesada por demasiadas guerras -las mundiales y la civil española- y demasiadas cornadas, no solo las de los dos toros que habrían de matar a los dos amores de su vida, Joselito el Gallo primero, e Ignacio Sánchez Mejías después, sino las de sus propios desengaños y la del tumor que se la terminó llevando en un hospital neoyorquino porque no quiso operarse para no tener que dejar de bailar.

Su vida creadora. La renovación de la danza española

Con tan solo ocho años, Encarnación debutaba moviendo sus ágiles y pequeñas manos sobre las tablas del Teatro Circo de San Sebastián. Pronto su replique de palillos —era una virtuosa de las castañuelas— comenzó a escalar y a escalar, impulsándola de bolo en bolo recorriendo España y esparciendo flamenco, tango, bulerías, boleros, copla y parodia. Hasta que recién asomada su mayoría de edad, su mundo se cruzó con el del toro y sus amoríos relegaron su creación artística ante la opinión pública.

75 años sin La Argentinita


 

Pero ella, ajena a las habladurías, siguió experimentando y experimentando hasta que montó su propia compañía junto a su hermana, la bailarina y coreógrafa Pilar López, para elaborar sus propios espectáculos que buscaban la raíz de la danza popular española. 

Sus inquietudes por acercar el flamenco a los trabajadores, le hacen cambiar el panorama artístico español del momento, así se apoya en los compositores Manuel de Falla, Granados y Albeniz entre otros, reorientando su proyección artística. Partiendo del folclore tradicional, con claro predominio de lo andaluz y el flamenco, acomete una adaptación moderna y elegante, orientadas al público internacional.

Londres, París o Berlín se arrodillaban bajo sus pies, siendo considerada una de las mejores bailarinas españolas fuera de nuestra tierra. Creaba coreografías y cantaba con una versatilidad inaudita hasta entonces para conjugar el propio flamenco todavía naciente, el tango y hasta los boleros.

Y, aunque no se significó políticamente de manera explícita, su amor por la República estaba impreso es su objetivo de reivindicar el baile para el pueblo. “Encarnación investigaba, recorría España y Estados Unidos buscando danzas populares, como Lorca hacía con la música popular, eso hacía Encarnación con la danza”, remarca Paulina Fariza. Para la posteridad queda la Colección de Canciones Populares Españolas, cinco discos gramofónicos que grabaron en 1931, ella al cante y Lorca al piano, recogiendo piezas como “El Café de Chinitas”, “Los cuatro muleros” o “Anda Jaleo”.

“Ellos eran muy amigos y participaban de un ideario parecido. Ella, durante la República, colaboró con la Barraca, actuó con Alberti y Lorca en la Residencia de Estudiantes. Entre sus coreografías tiene dos espectáculos en los que Lorca estaba totalmente implicado. Lorca y Sánchez Megías participaron en el montaje de El Amor Brujo acercándolo hacia las raíces españolas. Ella se significó políticamente en tanto en cuanto todo su trabajo se desarrolló en esa época. Con la guerra civil se tuvo que marchar por su supervivencia. En el exilio decía que su danza tenía que ver con el pueblo”, relata la autora de la biografía.

No obstante, la palabra exilio no aparece como tal en las crónicas sobre su legado. En un intento de supervivencia intentó camuflar su huida. Una huida que hizo pasar por una gira internacional, empezando por Marruecos. Una huida que, tras el fin de la guerra civil y el triunfo del bando franquista, la condujo hasta Nueva York, ciudad en la que pasaría sus últimos días. 

En 1943 presentó en el Metropolitan Opera House de Nueva York el cuadro flamenco El Café de Chinitas, con una coreografía que había inventado ella y unos decorados de Salvador Dalí. La letra de aquel poema lorquiano parecía tan profética, que en la misma metrópoli donde Federico había escrito su obra más vanguardista más de una década antes debió de producir más de un escalofrío.

En el café de Chinitas
dijo Paquiro a su hermano:
"Soy más valiente que tú,
más torero y más gitano".

En el café de Chinitas
dijo Paquiro a Frascuelo
"soy más valiente que tú,
más gitano y más torero".

Sacó Paquiro el reló
y dijo de esta manera:
"Este toro ha de morir
antes de las cuatro y media".

Al dar las cuatro y media
se salieron del café
y era Paquiro en la calle
un torero de cartel.

Con pequeños trazos biográficos rescatados de entrevistas, artículos y bibliografías de otros —ni un solo libro, ni una sola publicación de cinco páginas hay sobre esta bailarina— se destapa a una Encarnación López que, poco antes de fallecer en 1945 tras su última función en Nueva York, era reconocida como la bailarina española número uno por la revista Time Magazine.

“Este libro entra dentro de la reivindicación de esa zona del relato histórico que no tenemos las mujeres, ir destapando a las referencias artísticas tan necesarias de la República que luego no se han recuperado durante el franquismo” explica Fariza y añade más, ya que la obra pretende saldar una deuda histórica con la danza, que en su día fue una disciplina cultural a la altura de la literatura o la pintura. “La Argentinita trabajó codo con codo con la generación del 27 desde la danza, antes era un arte vertebrador muy importante, la percha donde se colgaban otras disciplinas como la pintura o la dramaturgia. A partir del franquismo, el régimen englobó esta disciplina en los coros y danzas de la Sección Femenina, deja de haber investigación. Todo el trabajo de la Argentinita se corta de un hachazo”.

 


 

Enlace original:

https://www.elsaltodiario.com/flamenco/la-argentinita-la-bailarina-espanola-numero-uno-de-la-republica-desconocida-en-democracia

https://elcorreoweb.es/cultura/75-anos-sin-la-argentinita-LA6828915

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