8 de enero de 2019

La esencia del trotskismo y sus manifestaciones en el comunismo de hoy (IV)


5º) El imperialismo y las perspectivas de la revolución proletaria mundial.

Sin embargo, este acercamiento no significó en absoluto una renuncia a la teoría de la “revolución permanente”, la cual no sufrió cambios esenciales en los años de la primera guerra mundial. Seguía ignorando la etapa democrático-burguesa en que se hallaba todavía la revolución rusa, negando la necesidad de la hegemonía del proletariado sobre el campesinado y subestimando el papel revolucionario de los movimientos democráticos y de liberación nacional.

Trotski no veía en Rusia fuerzas capaces de hacer la revolución. Afirmaba que la “revolución rusa no podía ser ‘llevada hasta el fin’ ni mediante la colaboración del proletariado con la burguesía liberal ni mediante su alianza con el campesinado revolucionario”. Sus coincidencias con Kautsky no se limitan al centrismo en el movimiento socialista internacional, sino que incluyen también la opinión sobre los campesinos: para el oportunista alemán “constituyen un factor económicamente reaccionario, que es un obstáculo en el camino hacia el socialismo”[1]. Según Trotski, la revolución en Rusia no podía ser más que un impulso exterior para la revolución socialista en Occidente, que des­pués debería asegurar la victoria del socialismo en Rusia.

Trotski afirmaba explícitamente, en los años de la primera guerra mundial, que seguía sosteniendo las mismas opiniones y desarrollándolas y no veía “razón alguna para renunciar a tales pronósticos, de los que la parte leonina correspondía a Parvus”[2].

Así, pues, en los años de la primera guerra mundial, Trotski confesaba que, en cuanto a las cuestiones fundamen­tales de la revolución, sus perspectivas y fuerzas motrices, se solidarizaba con Parvus, y no con Lenin.

Éste afirma que Trotski propone una solución errónea a la correlación de clases en la próxima revolución, “repitiendo su ‘original’ teoría de 1905 y negándose a reflexionar sobre las causas por las cuales, durante diez años, la vida ha pasado de largo ante esa magnífica teoría.(…)

Trotski no ha pensado que si el proletariado arrastra a las masas no proletarias del campo a la confiscación de las tierras de los terratenientes [como el propio Trotski repetía en 1915] y derroca la monarquía, ¡eso será precisamente la culminación de la ‘revolución burguesa nacional’ en Rusia! ¡Eso será justamente la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado! (…)

¡Trotski ayuda en la práctica a los políticos obreros liberales de Rusia quienes entienden por ‘negación’ del papel del campesinado una negativa a incorporar a los campesinos a la revolución!

Tal es hoy la clave de la cuestión. El pro­letariado lucha y seguirá luchando abnegadamente por la conquista del poder, por la república, por la confiscación de las tierras, es decir, por la conquista del campesinado, por la utilización exhaustiva de sus fuerzas revolucionarias, por la participación de las ‘masas populares no proletarias’ en la obra de liberar a la Rusia burguesa del ‘imperialismomilitar-feudal (es decir, el zarismo). Y el proletariado aprovechará inmediatamente esta liberación de la Rusia burguesa del zarismo y del poder de los terratenientes, no para ayudar a los campesinos ricos en su lucha contra los obreros rurales, sino para realizar la revolución socialista en alianza con los proletarios de Europa”[3].

Es en este último aspecto -el de la relación entre la revolución socialista en Rusia y el proletariado internacional- en el que Trotski va a modificar a peor su teoría de la “revolución permanente” a partir de la guerra imperialista y debido a su comprensión defectuosa de lo que es el imperialismo. En el artículo que acabamos de citar, Lenin le acusa de “jugar con la palabra” imperialismo, pero esta nueva etapa del capitalismo provocará peligrosas vacilaciones también en algunos dirigentes bolcheviques como Piatakov y Bujarin, que convergerán más tarde con Trotski en su lucha contra el Partido leninista.

Como resume muy bien Harpal Brar, “estos dos males gemelos -la aceptación de la teoría de la “revolución permanente” y la no aceptación de las tesis de Lenin sobre el imperialismo- constituyen la base teórica del trotskismo…”[4]

Contrariamente a Lenin, que en su apreciación del im­perialismo ponía en primer plano sus contradicciones, Trot­ski admiraba como Kautsky la tendencia de esta nueva etapa del capitalismo hacia un “ultraimperialismo”, hacia la formación de un único trust mundial[5]. Consideraba que “la tendencia centralizadora de la eco­nomía contemporánea es la principal…”[6] para el imperia­lismo. Según Trotski, la “tendencia centralizadora” es una tendencia progresista del desarrollo económico del imperia­lismo y se expresa en el desarrollo de las fuerzas produc­tivas, que se libran de las trabas de las naciones y Estados y llevan a que, “en sustitución de la gran potencia nacional”, llegue la “Weltmach imperialista”[7], es decir, la poten­cia mundial.

Trotski simplificaba la comprensión de la época del im­perialismo, considerándola el advenimiento de un “capitalismo puro”, sin resabios de atraso feudal. Menospreciaba la complejidad y la diversidad de sus fenómenos y contradicciones en beneficio de la idea abstracta del centra­lismo. Trotski rechazaba la continuidad y la ligazón de la época del imperialismo con las épocas precedentes e igno­raba el papel activo de los fenómenos transitorios y de los antagonismos heredados del pasado. Afirmaba que las ten­dencias del capitalismo, que penetraban en todo, liquidaban los tipos de economía precapitalistas y que los elementos y fenómenos de épocas pasadas sucumbían ante la fuerza del capital. Llegó a decir que la base económica que sustentaba a la pequeña burguesía había desaparecido y que el capita­lismo “acababa con las clases intermedias…”[8].

Esa afirmación gratuita, hecha sin apoyarse en un análisis económico, no sólo es falsa, sino también nociva. Al trotskismo le sirvió de base para despreciar el papel revolucionario del campesinado y de los movimientos antiimperialis­tas, democráticos, de los pueblos de las colonias y los países dependientes, ayudando al imperialismo a debilitar la solidaridad proletaria con ellos.

Lo cierto, sin embargo es que la agudización de las contradicciones del capitalismo en virtud de su desarrollo desigual obliga a la clase obrera y a los pueblos oprimidos de un determinado grupo de países o de un país a buscar la salida en la revolución. Esos nudos de contradicciones se convierten en eslabones débiles del sis­tema del imperialismo. “…La revolución proletaria —dice Lenin— crece en todos los países de modo desigual, por cuanto todos los países se hallan en diferentes condiciones de vida política, y en unos países el proletariado es dema­siado débil y en otros es más fuerte”[9].

La desigualdad del desarrollo del capitalismo agudiza también las contradicciones entre los Estados imperialistas y dificulta su acción conjunta contra el proletariado que ha iniciado la revolución. 

Esta conclusión de Lenin iba enfilada contra los socialchovinistas y los centristas como Kautsky, que afirmaban que en la época del imperialismo disminuía la desigualdad del desa­rrollo del capitalismo y perdían agudeza sus contradic­ciones.

Siguiendo a los kautskianos, Trotski trató de refutar la tesis leninista de que en la época del imperialismo la acción de la ley del desarrollo económico y político desigual del capitalismo podía ejercer una influencia decisiva en la posi­bilidad de la victoria de la revolución socialista en varios países o en un solo país y en las perspectivas de dicha revo­lución. Negaba la acción de la ley de la desigualdad del desarrollo del capitalismo, declarando que la tendencia fun­damental del imperialismo era la necesidad de “construir una economía mundial unificada, independientemente de los marcos nacionales y de las barreras estatales aduaneras”[10]. Por ello —afirmaba Trotski—, la tarea del proletariado consistía en aprovechar las tendencias centralistas del imperialismo, y no sus desigualdades.

En opinión de Trotski, la clase obrera de cada país debía renunciar a las llamadas obligaciones nacionales y centrar sus esfuerzos en la lucha por la conquista del poder estatal en la única forma real preparada por toda la época del imperialismo, “en la forma de la dictadura política en todos los países civilizados del mundo capitalista”. Trotski afir­maba que el movimiento revolucionario de masas podía desa­rrollarse con éxito y alcanzar la victoria sólo como movi­miento general europeo y que, aislado en los marcos nacio­nales, estaba condenado a un fracaso inevitable. En vista de ello, luchar por la dictadura del proletariado en un solo país carecía por completo de sentido; el proletariado única­mente podía establecer su dictadura en Europa entera, es decir, en la forma de Estados Unidos de Europa[11].

Lenin, criticando la idea del estallido simultáneo de la revolución en todos los países, decía: “Esperar a que las clases trabajadoras hagan la revolución a escala internacional significa que todos deben quedar inmóviles, esperando. Eso no tiene sentido”[12].

Ya en agosto de 1915, Lenin se pronunciaba contra la “falsa idea de la imposibilidad de la victoria del socialismo en un solo país”, así como contra la “interpretación errónea de las relaciones de este país con los demás. La desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible que el socialismo triunfe primeramente en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo país en forma aislada. El proletariado triunfante de este país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar dentro de él la producción socialista, se alzaría contra el resto del mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados”[13].

Un año más tarde, en septiembre de 1916, ya no habla de la posibilidad, sino de la inevitabilidad de que la revolución socialista triunfe en unos países antes que en otros: “El desarrollo del capitalismo sigue un curso extraordinariamente desigual en los diversos países. De otro modo no puede ser bajo el régimen de producción de mercancías. De aquí la conclusión indiscutible de que el socialismo no puede triunfar simultáneamente en todos los países. Triunfará en uno o en varios países, mientras los demás seguirán siendo, durante algún tiempo, países burgueses o preburgueses”[14].

Aun después del triunfo de la revolución en Rusia y de haber sido uno de sus gobernantes, Trotski seguía empeñado en fundamentar teóricamente su tesis sobre la revolución internacional simultánea: “… la ley del desarrollo desigual no es una ley del imperialismo; es ley de toda la historia humana. El desarrollo capitalista acrecentó extraordinariamente en su primera época la desigualdad entre los niveles de desarrollo económico y cultural de las diversas naciones; el desarrollo imperialista, es decir, la novísima fase del capitalismo, no ha aumentado esta desigualdad, sino que, por el contrario, ha contribuido en grado considerable a su nivelación”[15].

La historia de un siglo largo de imperialismo demuestra, en realidad, la existencia de las dos tendencias contrapuestas en el desarrollo de los diferentes países: no solamente la tendencia a la nivelación que el trotskismo considera definitiva, sino también la tendencia al incremento de la desigualdad. La explicación tiene su raíz en la misma contradicción fundamental del capitalismo[16] que determina la acción recíproca de ambas tendencias opuestas: “la nivelación de los países capitalistas, lejos de disminuir la acción de la ley del desarrollo desigual bajo el imperialismo la acentúa. Precisamente el inusitado progreso de la técnica y la nivelación cada vez mayor en el nivel de desarrollo de los países capitalistas en el período del imperialismo hacían aparecer la posibilidad del adelanto a saltos de unos países sobre otros”[17].

Donde más evidente se hace el desarrollo desigual a pesar de la tendencia a la nivelación es al comparar a las potencias capitalistas dominantes con los países oprimidos por ellas. La desigualdad entre ambos tipos de naciones ha aumentado enormemente, sobre todo en su aspecto esencial: la soberanía económica de las naciones oprimidas, cada vez menor por la creciente brecha tecnológica con las naciones más poderosas. Salvo algunos países que conquistaron su independencia y realizaron revoluciones socialistas, el resto de las antiguas colonias y semicolonias no ha dejado de incrementar su nivel de atraso y de dependencia respecto de sus antiguas metrópolis (unos pocos enclaves privilegiados por las necesidades económicas o políticas de éstas -como, por ejemplo, los llamados “tigres asiáticos”- han experimentado un notable crecimiento económico, pero enormemente dependiente de las grandes potencias imperialistas).

“El trotskismo -explica Harpal Brar- no acepta la tesis de Lenin según la cual el desarrollo económico desigual es una ley absoluta del capitalismo. Según Trotski, el imperialismo suprime todas las desigualdades en el desarrollo económico de los diferentes países. La explotación imperialista, pretende Trotski, conduce a la eliminación de las desigualdades en las condiciones económicas de los países explotadores y explotados. En 1928, por ejemplo, Trotski hablaba de ‘la brecha decreciente entre India y Gran Bretaña’. A partir de esta posición de rechazo de la ley del desarrollo desigual del capitalismo, Trotski deduce, en oposición directa al leninismo, la conclusión errónea, incluso contrarrevolucionaria, de que una revolución nacional no es posible puesto que, dice el trotskismo, el imperialismo ha suprimido las economías nacionales y creado una sola economía mundial. Al igual que no puede haber revolución socialista en una parte de un país (es decir, en una parte de una economía nacional integrada), por lo mismo, dice el trotskismo, no puede haber revolución nacional, ya que la economía nacional es una parte de una única economía mundial integrada. Luego, según Trotski, la revolución mundial -una revolución en todos los países del mundo- debe producirse en todas partes simultáneamente o en ningún lugar particular. Los diferentes países deben acometer la revolución socialista uno tras otro en una sucesión rápida, como las diferentes regiones de un país durante una revolución nacional. Si el punto de vista de Trotski hubiera sido correcto, no habría habido construcción del socialismo en la URSS. Pero la construcción del socialismo en la URSS ha proporcionado una prueba viviente del abismo que separa al trotskismo de la realidad, de la naturaleza oportunista profunda e incorregible del trotskismo, de su contenido contrarrevolucionario”[18]


Notas.

[1] Demokratia oder Diktatur, Kautsky, pág. 4, Berlín 1920.
[2] Nashe Slovo, 14 de febrero de 1915.
[3] Sobre las dos líneas de la revolución, Obras Completas, t. XXIII, págs. 51 y 52, Ed. Akal.
[4] Trotskisme ou léninisme, pág. 147.
[5] Al pintar al imperialismo de color de rosa, Kautsky concluía que la clase obrera debía aplicar una política orientada “a estimular el capitalismo” (El Estado nacional, el Estado imperialista y la alianza de Estados, pág. 90).
[6] Nashe Slovo, 3 de febrero de 1916.
[7] Golos, 20 de noviembre de 1914.
[8] Nashe Slovo, 17 de octubre de 1915.
[9] Obras Completas, t. 37, pág. 117.
[10] Nashe Slovo, 3 de febrero de 1916.
[11] Nashe Slovo, 4 de febrero de 1916.
[12] Obras Completas, t. 36, pág. 335
[13] La consigna de los Estados Unidos de Europa: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/8-1915eu.htm
[14] El programa militar de la revolución proletaria: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1916mil.htm
[15] Trotski, Las vías de la revolución mundial, VII Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Actas taquigráficas, t. II, pág. 99, Moscú-Leningrado 1927. Citado en “La lucha del partido bolchevique contra el trotskismo”, t. 2, págs. 188-189.
[16] “La contradicción entre la producción social y la apropiación capitalista se manifiesta ahora como antagonismo entre la organización de la producción dentro de cada fábrica y la anarquía de la producción en el seno de toda la sociedad… Es la fuerza propulsora de la anarquía social de la producción la que convierte a la inmensa mayoría de los hombres, cada vez más marcadamente, en proletarios, y estas masas proletarias serán, a su vez, las que, por último, pondrán fin a la anarquía de la producción.” (Del socialismo utópico al socialismo científico, F. Engels: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/3.htm)
[17] La lucha del partido bolchevique contra el trotskismo, t. 2, pág. 189.
[18] Trotskisme ou léninisme, pág. 589, nota 15.

7 de enero de 2019

"LA ENTRADA DE CARRILLO EN ESPAÑA FUE PACTADA CON MARTÍN VILLA, POR ENTONCES MINISTRO DEL INTERIOR"

http://canarias-semanal.org/upload/images/12_2018/2230_trasicion1.jpg?23

Por Cristóbal García Vera, para Canarias-Semanal.org

Gómez Parra es un veterano periodista y escritor con una larguísima trayectoria profesional. Afiliado al PCE durante la clandestinidad, participó en los primeros encuentros de la Junta Democrática, como responsable del comité de Prensa, Artes Gráficas y Editoriales del Partido. Fue detenido dos veces por la Policía Política que dirigía, entre otros, Billy el Niño. Trabajó en numerosas publicaciones como "Gaceta Ilustrada", "Actual" o "Interviú". Fue corresponsal de guerra y es autor de libros como "Jomeini el profeta de la guerra" o "La guerrilla antifranquista". En esta entrevista en exclusiva concedida a Canarias-semanal, Gómez Parra ofrece las claves para entender la Transición. Una operación política fraudulenta sobre la que se construyó el Régimen político del 78, aún vigente en el Estado español (...).

Canarias-semanal: Como periodista del rotativo "Informaciones",  que dirigió Juan Luis Cebrián, y también como representante en el PCE de los periodistas en Madrid, conociste de primera mano cómo tuvo lugar la creación de "El País", el periódico que se ha considerado como el "mascarón de proa" de la llamada "Transición española". ¿Qué nos puedes contar sobre los orígenes de este diario?


   - Rafael Gómez Parra: Hacia el final del franquismo la pequeña apertura que significó la Ley de Prensa e Imprenta, también conocida como "Ley Fraga", permitió la proliferación de pequeñas revistas y algún periódico, en los cuales, aprovechando los pequeños resquicios de esa ley, se fue abriendo camino un periodismo crítico. Un periodismo en el que la información había que "leerla entre líneas", como se decía en aquella época. Ese tipo de periodismo sirvió para  prestigiar a esas publicaciones frente a la prensa del "Movimiento" . De ello se apercibieron  personajes como Juan Luis Cebrián, que rápidamente se propusieron instrumentalizar el prestigio de ese nuevo periodismo para la justificación de la llamada "Transición" .
  
     Cronológicamente, aquellos momentos coincidieron con los intentos  de los “reformistas” del franquismo que   trataban de impulsar "cambios controlados"  que, al chocar  con  la fuerza y el empuje del movimiento obrero, provocaban a su vez una reacción de  “bunkerización” en el propio franquismo. En ese contexto, los reformistas se vieron obligados a recurrir a las grandes potencias internacionales, particularmente a  Alemania y a Estados Unidos, para que les ayudasen a  poner en marcha la operación  de "apertura del franquismo".  Pero ni aún así lo consiguieron. Esa fue la razón por la que  tuvieron que recurrir primero al PSOE y luego al PCE, para convencerles de que se integraran en aquel proceso.
    
 "El País" fue un periódico ideado por Cebrián y Fraga para construir una visión edulcorada y positiva de la Transición"

      En toda esta operación, los medios de comunicación iban a jugar un papel fundamental. Juan Luis Cebrián, que efectivamente dirigía entonces el periódico de la Banca, "Informaciones", y Fraga, se dieron cuenta de que no podían utilizar los medios  controlados por la dictadura porque estos carecían de la más mínima credibilidad ante la sociedad.  Y ese fue el momento en el que decidieron montar "El País", que fue fundado por ellos y otros “reformistas” del franquismo. Lo que hicieron fue, de acuerdo con la Banca, cerrar el periodico  Informaciones, y abrir un rotativo nuevo, "El País", que  carecía del  "pecado original" de ser franquista. Los medios de comunicación, pero fundamentalmente este nuevo diario, pudieron cumplir  entonces un papel esencial para construir una visión edulcorada y positiva de la  "Transición" .

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JUAN LUIS CEBRIAN

-CS: ¿De qué manera cumplió "El País" esta función?

   - Rafael Gómez Parra: Lo primero que hicieron fue "fichar" a casi todos los periodistas progresistas o izquierdistas pertenecientes a distintas corrientes, para así aumentar la credibilidad del mensaje  que intentaban transmitir. El mensaje de que cada paso  que se daba era un paso “antifranquista”. La idea de que se produjo  una "ruptura" con el franquismo proviene justamente del citado Juan Luis  Cebrián.

    En realidad, lo que se produjo fue tan solo una "reforma controlada", en la que la  llamada “izquierda” se integró en unas instituciones que siguieron siendo esencialmente franquistas. Pero en cada uno de los pasos que se iban dando en esa dirección, la maquinaria de "El País" se puso también en marcha para intentar convencer  a la gente de lo contrario. Un objetivo hay que reconocer que consiguieron en gran medida. Los periodistas que no aceptamos desempeñar ese papel, porque estábamos en contra de lo que se estaba haciendo, fuimos los que no pasamos a formar parte del nuevo periódico de Cebrián.

     -CS: ¿Y cuáles fueron esos “pasos” de la Transición que "El País" se encargaba de justificar?

     - Rafael Gómez Parra: Como ya te indiqué, todos  ellos, pero a título de ejemplo se puede recordar el 23F. Todo el mundo sabe que el Rey, efectivamente, intervino en el golpe militar, así como en su gestación. Los  historiadores lo saben igualmente, pero fue el periódico "El País" el que se encargó de construir la  versión de que había sido el Rey quien lo paró. Esa versión continúa figurando aún hoy, pese a las evidencias que la desmienten, en la  "historia oficial". Pero la verdad es que  como ese episodio se podrían apuntar  otros muchos.
 
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SUÁREZ Y JUAN CARLOS BORBÓN, MIDIENDO FUERZAS

     Vale la pena recordar también la mal llamada “reconversión industrial” del Gobierno de Felipe González,  que supuso acabar con la mayor parte de la industria española para cumplir de esa forma con la división internacional del trabajo impuesta por la entonces Comunidad Económica Europea. Bueno, pues "El País" cumplió la misión de decir y propagar que todo aquello se hacía para lograr la “modernización” de España. Paralelamente,  la misma cabecera periodística se esforzó  denodadamente  en demonizar la resistencia obrera a aquella operación,  transmitiendo tambiénn falsamente que cada vez que se cerrara una industria  se abriría otra. Ni que decir tiene que eso nunca sucedió. 

 
     -CS: A partir de esa época "El País" se convierte en el periódico de referencia para la "progresía y la “izquierda” institucional e incluso en la actualidad hay muchas personas de izquierdas que  mantienen que  "El País" de hoy  es esencialmente diferente  al que hubo entonces.
 
  - Rafael Gómez Parra: La realidad es que en toda aquella historia de engaño, "El País" también fue fundamental para dar una justificación a la falsa izquierda, el PSOE y gran parte de Izquierda Unida, en su pretensión  de que realmente se había realizado una ruptura con el franquismo

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LOS TRES PRINCIPALES ARTÍFICES POLITÍCOS DE LA "TRANSICIÓN"

      A estos sectores políticos no les interesaba que hubiese ningún otro medio crítico, algo que te puedo ilustrar con una anécdota. En un momento determinado un grupo de periodistas intentamos hacer un periódico más a la izquierda de "El País", y fuimos a hablar con una serie de personajes políticos de la llamada “izquierda”  para ver si podían echarnos  una mano en nuestro intento.

 "Manuela Carmena  nos echó un pedazo de bronca cuando le comunicamos que queríamos sacar un medio situado a la izquierda de El País"


      Entre otros, hablamos con Manuela Carmena, que lo que nos echó fue un pedazo de bronca, porque –según nos dijo – “pretendíamos sacar un periódico para hacer la competencia al periódico de izquierdas”. Y es que, como te digo, a ellos "El País" les ofrecía la cobertura para su propia justificación ideológica, de que lo que estaban haciendo era correcto cuando, en realidad, no habían hecho otra cosa más que integrarse en  el franquismo remozado que se impuso tras la muerte de Franco.


  - CS: A pesar del peso de todo el aparato mediático, hoy esa versión oficial sobre la Transición ya está muy cuestionada, pero no son pocos los que insisten en que, pese a todo, fue lo que se pudo hacer en aquel momento. Incluso los dirigentes de Podemos afirman hoy que se puede considerar un “éxito” para la época, aunque hoy aquella experiencia  "habría que renovarla". Tú, que como representante de los periodistas  del PCE participaste en las primeras reuniones de la Junta Democrática, ¿qué opinas de esto?

    - Rafael Gómez Parra: En las primeras reuniones de la Junta, el propio Santiago Carrillo explicaba que no se podía aceptar la Monarquía porque era una Monarquía franquista. Esto lo tenía claro todo el mundo y hasta lo mantenían muchos dirigentes del propio PSOE. ¿Por qué luego el PCE aceptó la Monarquía? Bueno, la explicación que ellos dieron es que si no lo hacían la dictadura franquista iba a continuar e incluso podían matarlos. Carrillo  irrumpió en una reunión del Comité Central  del PCE con el mensaje de que si  no se aceptaba la bandera monárquica, el himno y todo lo que les exigían, llegaría el Ejército, y que este podía proceder a realizar ejecuciones sumarias.  Se utilizó ese argumento, así como   la idea de que si no hubieran aceptado no se habría hecho la reforma del franquismo. 

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FRAGA Y CARRILLO EN PLENA "RECONCILIACIÓN"

       Por el contrario, yo creo, y como yo muchos historiadores, que el franquismo se hubiera reformado de todas formas, porque no tenía más opción que hacerlo. Había  una situación internacional que imperativamente así lo exigía. Para mí, lo que hizo la llamada “izquierda” fue romper el movimiento obrero para que no se enfrentase al proyecto de reforma pactada que se planeó desde dentro del propio franquismo.


"Si hoy el franquismo continúa existiendo es porque una llamada 'izquierda' se hizo franquista en la Transición"


      ¿Qué podría haber pasado si los acontecimientos no hubieran sido esos? En mi opinión, la fuerza del movimiento obrero y del antifranquismo habría obligado, como mínimo, a no aceptar la Monarquía y también se podrían haber puesto sobre la mesa otras reivindicaciones sociales y económicas, como sucedió en el proceso político de la  revolución portuguesa, que aunque finalmente también fue derrotado, abrió muchas más posibilidades que el proceso político español.

     Y, sobre todo, en las instituciones del Estado, la Judicatura, la Policía, etc., que han seguido siendo franquistas, se podría  haber procedido a su  depuración. Igualmente se podría haber producido una limpieza ideológica de los restos de la dictadura, evitando  el espectáculo que hoy estamos contemplando. Al no haberse hecho nada de esto, aquellos franquistas formaron a sus sucesores, y hoy éstos se manifiestan más abiertamente, con más descaro,  de lo que se atrevían a hacer, incluso, durante la propia  "Transición". Si hoy el franquismo  continúa existiendo  se debe a que la llamada “izquierda” terminó haciéndose también, en alguna forma, franquista.


    - CS: Como tú has  recordado, todo lo que no se hizo entonces se justificó por el miedo a la involución y a los militares.  Por lo que tú conoces, ¿crees que, por ejemplo, cuando Santiago Carrillo aludía al “ruido de sables”, creía realmente en la posibilidad de que el Ejército pudiera intervenir?


 - Rafael Gómez Parra:  Saber lo que alguien piensa es imposible, porque es una cuestión muy personal, y uno no puede entrar en la mente de los otros. Aunque, claro, a nivel personal, se puede tener miedo. Te contaré. Hay un episodio relacionado con la famosa entrada de Santiago Carrillo en España con “la peluca”, que quizá pueda  ilustrar lo que digo. Aquella vuelta de Carrillo había sido pactada  previamente con Martín Villa. Le permitieron entrar e incluso estaban al tanto de la rueda de prensa que iba dar. Sin embargo, la operación coincidió con el secuestro del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, por los GRAPO,  en diciembre de 1977, y eso generó una situación en la que cuando Carrillo dio la rueda de prensa no tuvieron más remedio que proceder a su detención.

    Pues bien, según informaciones directas que entonces nos llegaron, Carrillo cuando lo detienen se echa a llorar  y pide, todo compungido, que llamen a Martín Villa. Con esto quiero  poner de manifiesto que cuando alguien piensa que los acuerdos a los que ha  llegado  con otros  se rompen, el miedo puede apoderarse  perfectamente de él.   Y, del mismo modo,  es  posible que los miembros del Comité Central del PCE de aquella famosísima sesión, en la que el propio Carrillo les dice que o aceptan la Monarquía y la bandera o viene el Ejército, también pudieron llegar a sentir miedo. Pero la cuestión esencial es que si perteneces a un Partido que pretende ser revolucionariono no puedes actuar atenazado por el miedo. Sea lo que fuere que haya sucedido, de lo que no hay ninguna duda es de que la "Transición" fue totalmente dirigida por los franquistas.


    -CS: Fruto de esa "Transición" fue el  llamado "Régimen del 78", sobre el que recientemente diste una charla en Madrid. ¿Cómo caracterizarías este Régimen si tuvieras que explicárselo  a un joven perteneciente a  las nuevas generaciones?

- Rafael Gómez Parra: Yo diría que es una reforma del Franquismo, en la cual integran a todos aquellos sectores que aceptan que la dirección siga siendo franquista. El franquismo impuso las cuestiones fundamentales, como la Monarquía, de la que ya he hablado, la pervivencia de las instituciones de la dictadura o el hecho de que no se tocasen los bienes personales de los franquistas, aunque hubieran sido conseguidos mediante el robo, como ha pasado con la fortuna de la propia familia Franco. Todo lo demás fue una reforma de aspectos necesarios para adaptarse a Europa, para la cual lo fundamental era que España siguiera siendo un país capitalista y se mantuviese en sus instituciones fundamentales. La llegada de Felipe González al gobierno, al que previamente le hacen algunas pruebas como su aceptación de la OTAN, también es clave. González lleva a cabo toda la desindustrialización, con la que también se rompe  el movimiento obrero, dejándolo sin los colectivos más luchadores, que fueron machacados y enviados a casa. Eso, cuando no fueron directamente asesinados, como en la Matanza de Vitoria del 3 de marzo de 1976, con  Fraga como ministro responsable de la policía.


  - CS: En cualquier caso, nada de eso se produjo sin resistencia…

 - Rafael Gómez Parra: Sí, por supuesto hubo importantes luchas de los trabajadores, y en ellas una vez más "El País" fue el encargado de denigrar  la resistencia de la clase obrera. En esta labor se aplicó a fondo durante la Huelga General que CC.OO. y UGT hicieron en 1988, en la que incluso denostaron al secretario general de UGT, Nicolás Redondo, hasta obligarlo a marcharse del PSOE. Fíjate la dureza de ese neofranquismo liderado por Felipe González, incluso contra el secretario general  de un sindicato que nada tenía de revolucionario, que era puramente reformista. Al mismo tiempo, mandaron al trastero a Marcelino Camacho que, por otro lado, y en honor a la verdad, también fue en los primeros momentos uno de los más activos patrocinadores de la Transición y de detener la acción del movimiento obrero. Otra cosa es que luego se diera cuenta y que cuando intentara reaccionar ya no pudiera  hacer nada, aunque tampoco creo que lo intentase todo. En cualquier caso, la realidad es que Marcelino Camacho, o incluso figuras como la propia Pasionaria, que entonces también era ya muy mayor y quizá no se dio cuenta, no lo sé,  jugaron un papel muy negativo durante la Transición, en la última época de sus vidas. Fue muy distinto al de otros, como algunos dirigentes  vascos de la República que cuando volvieron a España no aceptaron la Transición.

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NICOLÁS REDONDO Y MARCELINO CAMACHO

    El resultado de aquello es que aún hoy éste sigue siendo un país franquista, porque las instituciones no cambiaron y hoy los franquistas que están en ellas - en la Justicia, el ejército o la policía- son más abiertamente franquistas que los de la Transición. Y todo fue posible porque la llamada “izquierda” que se integró en el Régimen favoreció la ruptura del movimiento obrero, del movimiento vecinal, etc., y con ello la configuración de la sociedad en la que ahora vivimos, donde la gente se ve abocada a actuar siguiendo el “sálvese quien pueda”. No creen en la política, ni en los políticos, porque constatan que no tienen nada que ver con ellos.

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DOLORES IBÁRRURI CON CARRILLO


     -CS: A propósito de esa situación que describes, y dando un salto de décadas, en el año 2008  el estallido de la crisis capitalista hace tambalear al "Régimen del 78", porque la gente comienza no solo a protestar y autoorganizarse, sino también a cuestionar la legitimidad de sus instituciones. En este contexto surgen nuevos partidos como  Podemos, cuyo líder adquiere popularidad justamente cuestionando el "Régimen del 78", pero que muy rápidamente asume un discurso plenamente socialdemócrata y se acerca vertiginosamente cada vez más al PSOE. Sobre este partido tú has escrito al menos un par de artículos, uno de ellos con el llamativo  título de “Podemos, matar al padre, matar al PSOE”. ¿En base a la  evolución que ya ha tenido  esa formación política, qué te parece que se puede esperar de un partido como el de Pablo Iglesias?

  - Rafael Gómez Parra: Bueno, lo que provoca  la crisis es, efectivamente, la aparición de gente joven que enlaza esa  crisis con el fracaso de la Transición, con el hecho de que la Transición como se la han contado es falsa. Liga la crisis y la falta de trabajo, de medios y la represión contra los jóvenes con la historia oficial de la Transición y la ponen en cuestión. Con ese caldo de cultivo nace Podemos. Pero yo recuerdo haber tenido  alguna discusión con Pablo Iglesias cuando aún no había creado su partido y lo cierto es que, aunque él era  crítico con la Transición  no estaba en absoluto en contra. De manera que en este sentido su cambio ha sido relativo. Ha sido importante, desde luego, pero jamás los dirigentes de Podemos han estado en contra de la Transición, a la que siempre le reconocieron las virtudes de las que hoy hablan.  


"Podemos solamente puede ir ya hacia atrás. Su credibilidad no ha dejado de bajar y en los próximos años veremos cómo gran parte de sus dirigentes desfilan hacia el PSOE"


      Lo que sucede con Podemos es que para la pretendida reforma que planteaba inicialmente,  como una Segunda Transición, su capacidad de acción es muchísimo más pequeña que la que tuvo Felipe González cuando hizo la primera. Entonces era fácil hacer cosas como generalizar la Seguridad Social, que lógicamente eran muy bienvenidas. Sin embargo, hoy aunque Podemos llegara a gobernar no podría poner en marcha ninguna medida importante que la gente pudiera identificar con una ruptura con el actual Régimen o con  la primera Transición. Por eso, en mi opinión el partido de Pablo Iglesias solamente puede ir ya hacia atrás. Desde su promesa inicial de “conquistar los cielos” su credibilidad no ha dejado de bajar y seguirá haciéndolo. Ahora sus dirigentes ya se permiten incluso criticar a Venezuela y renuncian a plantear cualquier tipo de solución fuera del capitalismo. Y, claro, se ha visto en las elecciones andaluzas como han comenzado a perder todos los votos de la gente más luchadora y situada a la izquierda.

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PABLO IGLESIAS CON SANTIAGO CARRILLO

     En el artículo que escribí sobre Podemos,  y que has mencionado, el título es una referencia al hecho de que, desde el primer momento,  Pablo Iglesias entendió que su único camino era  el griego: sustituir al PSOE. Lo que sucede es que también en eso ha fracasado y por esa razón se encuentran en una situación dramática. Porque ahora los pasos que pueden dar son solamente acompañando al PSOE, por lo que en los próximos meses o años veremos  como gran parte de los dirigentes del Podemos se pasarán al PSOE, como ya le sucedió  a Izquierda Unida.  Los concejales que están con Carmena en “Ahora Madrid”, por ejemplo, en cuanto vean la posibilidad pasarán primero al grupo de Carmena, que es un punto intermedio entre el PSOE  y Podemos, y luego acabarán en el PSOE,  que es el partido con posibilidades de gobernar. Podemos está congelado, como le pasó a IU en los primeros años, y estoy convencido de acabarán todos en el PSOE.


      -CS: Para concluir, Rafael. Quizá alguien pueda leer el análisis que haces y decir, "muy bien,  me parece muy lúcido, pero entonces, si la alternativa para cambiar las cosas tampoco es Podemos, ¿cuál es?".

 - Rafael Gómez Parra: Mira, lo pinten como lo pinten, no hay ninguna posibilidad de cambio real que no implique superar el capitalismo.  El capitalismo, por supuesto, se va a defender con uñas y dientes y no permitirá ninguna transición sencilla hacia el socialismo y esta resistencia  la va a sufrir toda la humanidad.

     A la caída del Imperio romano le siguieron los bárbaros, y si los países y pueblos no encuentran alternativas al capitalismo los que pueden venir otra vez son los bárbaros. Para que esto no suceda todos tenemos que poner nuestro granito de arena en la lucha para lograr un sistema en el que no se dé la explotación del hombre por el hombre.

    Lógicamente, no es una tarea fácil, pero hay pueblos que también demuestran con su práctica que están dispuestos a aceptar sacrificios para conseguirlo. Yo, desde luego,  sigo convencido de que el socialismo es la única salida. Hay que socializar las cosas, ir a prácticas y formas de producción que no exploten al hombre. Sin pensar que ese proyecto vaya a ser  "el paraíso", porque eso no existe, pero desde luego un sistema socialista tiene lo básico para conseguir que haya una forma de vida más humana.



SOBRE EL ENTREVISTADO

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  Rafael Gómez Parra es un veterano periodista y escritor de izquierdas con unaa larguísima trayectoria profesional. Entró en la Universidad en el curso 1964-65, en plena revuelta estudiantil y participó en el primer Congreso de universitarios celebrado en Valencia frente al sindicato franquista de Martín Villa, el SEU, publicando  sus conclusiones en la revista de la Escuela de Ingenieros de Telecomunicaciones, donde era delegado de curso.

   De allí pasó a la Escuela de Periodismo, que estaba en los sótanos del Ministerio de Información  y Turismo que había fundado Manuel Fraga. Allí se afilió al PCE y fue delegado de la Escuela durante los mandatos de Emilio Romero (Pueblo) y Luis María Ansón (ABC).
   
  Al terminar la carrera entró a trabajar en el periódico Informaciones, que dirigía Juan Luis Cebrián, siendo ya responsable del comité de Prensa, Artes Gráficas y  Editoriales del PCE. Como tal, participó en la dirección madrileña del Partido y en los primeros encuentros de la Junta Democrática fundada por Santiago Carillo en París, que les aseguró que "jamás aceptarían al rey nombrado por Franco".
  
  Entre 1976 y 1979, al comienzo de la Transición, fue detenido dos veces por la Policía Política, que dirigía entre otros Billy el Niño, por haber sacado una revista política, “Crash”, y pasó quince días en la DGS. Al salir la primera vez contó lo que le había hecho en la revista “Interviú” y en la segunda detención le decían: “mira aquí es donde te dice que te sacudimos”. "Te amenazaban -cuenta el periodista - con ponerte una piedra colgada del cuello y tirarte a un pantano y cosas así".

     Abandonó el PCE poco después de la revolución de los claveles de Portugal, cuando la enviada por Carrillo, Pilar Bravo (luego gobernadora de Castellón con el PSOE) les comunicó que el PCE estaba en contra de la vía portuguesa. "Le escribí una carta -recuerda Rafael-  y ella me contestó: “ya volverás”.
  
   Entre 1979 y 1982 trabajó en "Gaceta Ilustrada" y "Actual", además de ser corresponsal político de varios periódicos de Barcelona.
  
    En 1984 fue cofundador del periódico "Liberación", que duró menos de un año por la falta de medios, aunque llegó a tener más de 30.000 lectores diarios.
  
    En 1985 entró a trabajar en "Interviú",  en plena crisis de los Gobiernos de Felipe González por la "guerra sucia" de los GAL o la liquidación de la industria española y el acoso a los sindicatos obreros.
 
  También fue  corresponsal en los ataques de Estados Unidos a Libia y en la guerra Irán-Irak, escribiendo en base a sus experiencias  el libro  "Jomeini el profeta de la guerra".

    Entre 1990 y 1992 viajó por toda América para escribir el libro "Los indios a la reconquista de América", para "conmemorar" los 500 años de la conquista de América.
 
    Es autor de otros libros como  "La guerrilla antifranquista", en el que rebate la  idea de Santiago Carrillo de que las guerrillas no habían servido para nada, y "Grapo, los hijos de Mao".


Fuente original:


3 de enero de 2019

Stalin ante el tribunal de la historia



Por Geoffrey Roberts.

En estos últimos años, de todos los libros publicados sobre Stalin y la URSS en la Segunda Guerra Mundial y en la “guerra fría”, destaca por su exhaustividad y su rigor históricos la obra de Geoffrey Roberts “Las guerras de Stalin”. Lamentablemente, no ha sido traducida al castellano, probablemente porque no interesa a los ideólogos anticomunistas que dominan opresivamente la ciencia de la historia en Occidente.

En la Asociación de Amistad Hispano-Soviética, hemos estudiado la traducción francesa de este trabajo, editada por las “Editions Delga” y nos parece muy pertinente ofrecer a nuestros lectores el capítulo de conclusión. En él, se describe cómo ha cambiado con el tiempo la valoración de la figura política de Stalin, hasta llegar en nuestros días a una abundancia de conocimientos contrastados que prueban su genialidad como estadista defensor de la paz y del respeto entre las naciones.

Por supuesto que, en otro orden de cosas, el profesor Roberts juzga la historia desde una concepción democrático-burguesa y, por tanto, considera injustificadas las ideas y acciones revolucionarias necesarias para que la clase obrera se libere de la esclavitud capitalista. Es así cuando, en su libro, da por buena la versión dominante sobre los hechos que sólo menciona de pasada. Sin embargo, en aquellos otros hechos que centran su atención, toma en consideración todos los datos ciertos disponibles. Entonces, la resultante hace resplandecer la justeza del poder proletario y de la política soviética encabezada por Stalin.

En la Unión Soviética, la reevaluación de las cualidades de dirigente de Stalin comenzó tan pronto como su cuerpo fue depositado en el mausoleo de Lenin, en marzo de 1953. En mayo de 1954, el mariscal V.D. Sokolovski, jefe del Estado Mayor soviético, publicó un artículo en Pravda conmemorando el 9º aniversario de la victoria en la Gran Guerra Patria. Ni siquiera mencionó a Stalin salvo por una breve referencia a la “bandera de Lenin y Stalin[1]”. En diciembre de 1954, Novoie Vremia, el periódico soviético que trataba de las cuestiones internacionales, publicó un artículo por el 75º aniversario del nacimiento de Stalin insistiendo en qué medida había sido un alumno de Lenin. El año siguiente, un artículo en el mismo periódico por el 76º aniversario del nacimiento de Stalin estaba esencialmente dedicado a Lenin. Stalin no era criticado abiertamente pero su importancia fue fuertemente minimizada, mientras que se reafirmaba el lugar central que ocupaba Lenin en la identidad del partido comunista. Luego llegó el momento del informe secreto de Jruschov en el XX congreso del partido en febrero de 1956, y las válvulas de las críticas contra Stalin fueron abiertas de par en par, conduciendo finalmente a un torrente de condenas durante los años 1980 y 1990.

En lo que respectaba a la guerra [Segunda Guerra Mundial], la gran idea de Jruschov era que la victoria fue asegurada por los esfuerzos colectivos del partido comunista y de su dirección, y no por Stalin que había jugado un papel esencialmente negativo. Según los relatos de los historiadores y de los memorialistas militares que hicieron uso del arma de la crítica de Jruschov, la guerra fue ganada a pesar de Stalin por las fuerzas armadas soviéticas y sus generales. Más tarde, bajo el impacto de los juicios más positivos sobre Stalin como comandante supremo emitidos por Zhukov, Vassilievski y Shtemenko, la Gran Guerra Patria pasó a ser una victoria de Stalin y de sus generales. Pero para un elevado número de intelectuales, la Gran Guerra Patria era una victoria del pueblo soviético cuyos sacrificios fueron traicionados por Stalin después de la guerra cuando impuso de nuevo su dictadura así como la del partido.

En Occidente, la revisión de la reputación de Stalin durante la guerra ya se estaba produciendo cuando aún estaba vivo. En primer lugar, algunos polemistas de la Guerra Fría lo describían, a él y a su régimen, como poco mejor que el de Hitler y los nazis, y equivalente en el plano moral. Para estos últimos, la victoria de Stalin sobre Hitler debía ser considerada más bien como una derrota para la mitad de Europa que acababa de ser integrada a esta dominación totalitaria. Luego asistimos a la minimización más sutil del papel de Stalin por Winston Churchill y otros memorialistas e historiadores occidentales que dejaban a un lado la importancia estratégica del conflicto germano-soviético y reducían su papel en el gran relato de la Segunda Guerra Mundial[2]. Finalmente, hubo las Memorias escritas por los generales de Hitler, que contaban la historia de una victoria segura echada a perder por el dictador alemán. La Segunda Guerra Mundial había sido perdida por Hitler pero no ganada por Stalin, decían[3].

Durante las décadas que siguieron, un juicio más equilibrado y completo de la actuación bélica de Stalin fue avanzado por algunos historiadores en la Unión Soviética y en Occidente. En cierta medida, estos trabajos representaban una vuelta al relato de la época, marcados por el sentido común, sobre las cualidades de dirigente de Stalin durante la guerra. En aquella época, parecía evidente para la mayoría de la gente que Stalin, como dirigente soviético, fue de una importancia crucial para el esfuerzo de guerra soviético. Sin él, los esfuerzos del partido, del pueblo, de las fuerzas armadas y de los generales hubiesen sido considerablemente menos eficaces. Se convirtió en un gran comandante militar no porque hubiese ganado sino porque había hecho mucho por conseguir la victoria. Incluso Hitler apreciaba la importancia de Stalin en el desenlace de la guerra: “Comparado con Churchill, Stalin es un gigante”, le dijo a Goebbels en vísperas de la batalla de Stalingrado. “Churchill no ha hecho nada en su vida, aparte de unos pocos libros y algunos discursos magistrales en el parlamento. Stalin en cambio, sin la menor duda –si ponemos de lado la cuestión del principio que servía– ha reorganizado un Estado de 170 millones de habitantes y lo ha preparado para un conflicto armado masivo. Si Stalin cayese un día entre mis manos, lo perdonaría probablemente y lo enviaría al exilio en una ciudad termal; Churchill y Roosevelt, en cambio, serían ahorcados[4].” 

La visión que tenía Stalin de Hitler era menos indulgente y expresó en repetidas ocasiones su deseo de ver abatidos al Führer y todos los demás dirigentes nazis. En cuanto a Churchill y Roosevelt, Stalin guardaba un gran afecto personal por ellos y un respeto de sus virtudes de dirigentes durante la guerra. Lloró la muerte de Roosevelt y siguió guardando a Churchill en alta estima incluso cuando su relación política fue rota después de la guerra. En enero de 1947 le dijo al mariscal Montgomery, que le hizo una visita en Moscú, que “guardaría siempre recuerdos muy bonitos de su colaboración con Churchill, el mayor de los dirigentes británicos” y que “tenía el mayor respeto y la mayor admiración por lo que Churchill había hecho durante estos años de guerra”. Churchill era igual de expresivo, devolviéndole el cumplido a Stalin: “Su vida no solamente es preciosa para vuestro país, que usted ha salvado, sino también para la amistad entre la Rusia soviética y el mundo anglófono[5].”

Este libro ha querido demostrar que la percepción de la época de las cualidades de dirigente durante la guerra era más cercana a la verdad que muchas de las capas de interpretación histórica que le siguieron. El problema, a la luz de la perspectiva histórica, es que puede, a partir de un prisma ideológico, tanto iluminar como cegar. En el caso de las cualidades de comandante de Stalin, para demostrar la verdad es necesario superar las polémicas de la Guerra Fría en Occidente y las contingencias de la desestalinización en la URSS. El libro también ha intentado demostrar que toda la profundidad de la capacidad de Stalin a la hora de hacerle frente a una urgencia inédita, la de 1941-1942, fue en realidad ocultada por el culto a la personalidad que veía en Stalin a un genio militar infalible. Hacer tantos errores y levantarse de las profundidades de tal derrota para finalmente obtener la mayor victoria militar de la historia, era un triunfo sin parangón.

La derrota de Stalin a la hora de sacar un mejor partido de esta victoria en el plano democrático era incontestablemente debido a los límites políticos de su régimen dictatorial. Pero fue así porque políticos occidentales como Churchill y Truman eran incapaces de ver que, más allá del desafío comunista, también había la oportunidad de llegar a una solución después de la guerra que podría haber evitado la Guerra Fría y la guerra ideológica que disimulaba esta verdad paradójica: Stalin fue el dictador que venció a Hitler y salvó la democracia mundial.

La historia es una especie de tribunal. La parte de la acusación quiere que condenemos puramente y simplemente a Stalin por sus crímenes o sus errores de mando. Pero en tanto que jurado, es nuestro deber recoger todas las pruebas a nuestra disposición, incluso las de la parte de la defensa, y ver el conjunto general. Puede ser difícil para nosotros llegar a un veredicto pero ello reforzará nuestra comprensión histórica y nos armará de conocimientos que nos permitirán hacerlo mejor en el futuro. La historia puede hacernos más sabios, si le dejamos esta oportunidad.

Geoffrey Roberts.


[1] V. Sokolovskii, ‘Velikii Podvig Sovetskogo Naroda’, Pravda 9/5/54
[2] Ver D. Reynolds, In Command of HIstory: Churchill Fighting and Writing the Second World War, Penguin Books: Londres 2005. Después: D. Reynolds, ‘How the Cold War Froze the History of World War Two’, Annual Liddell Hart Centre for military Archives Lecture 2005.
[3] D.M. Glantz, ‘The Failures of Historiography: Forgotten Battles of the German-Soviet War’, Journal of Slavic Military Studies 8, 1995.
[4] Citado por S. Berthon y J. Potts, Warlords, Politico’s Publishing, Londre 2005, pág. 166-7.
[5] Churchill and Stalin: Documents from British Archives, FCO: Londres 2002, doc. 77-78. Se puede encontrar la version rusa de la carta de Churchill en Rossiiskii Gosudarstvennyi Arkhiv Sotsial’no-Politichevski Istorii, F. 82, Opis 2, D.110, L.820.

1 de enero de 2019

Hace 100 Años se fundó el Partido Comunista de Alemania KPD.

Por Marxist.org, traducción Otto Luengo para AAHS.


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El 30 de diciembre de 1918, la conferencia de la Liga Espartaquista se convirtió en el Congreso de Constitución del KPD, reuniéndose el 1º de enero de 1919 en el salón de baile del landstag prusiano. Los miembros de la Liga, los llamados Radicales de Bremer y otros grupos de comunistas internacionales en Alemania.

En el primera conferencia se decidió la creación del partido bajo el nombre KPD "Partido Comunista de Alemania".

El martes 31 de diciembre de 1918, Rosa Luxemburgo presentó el programa, que fue aprobado por unanimidad.

En el congreso de fundación se eligió un grupo de camaradas, para su dirección: Hermann Duncker, Hugo Eberlein, Paul Frölich, Leo Jogiches, Paul Lange, Paul Levi, Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Ernst Meyer, Wilhelm Pieck, August Thalheimer, Johann Knief y Otto Rühle.

¡Cuánto fue conquistado y perdido desde entonces!

Hoy, 100 años después de la creación del KPD, sigue siendo cierto lo que el camarada
Genosse Schöwitz ha dicho recientemente:

"...sólo hay una solución para los problemas de esta humanidad. Es el socialismo. Sin explotación. El futuro pertenece a la sociedad socialista. Esto puede parecer contradictorio hoy. Pero la dialéctica está clara. Es imprescindible. La fuerza revolucionaria sigue siendo el proletariado. En el socialismo, el proletariado tiene que tomar el poder y el centro gravitatorio de la economía que se encuentra en forma de propiedad social en medios de producción (propiedad, y cooperativa). El objetivo sigue siendo la satisfacción de las necesidades materiales y culturales de los trabajadores ..."

Como hace 100 años, también necesitamos un partido comunista fuerte sobre la base de las convicciones científicas materialistas, es decir, un partido que a diferencia de todos los partidos civiles existentes, se enfrente a la propiedad privada de los medios de producción.

Es el punto central del debate. Es nuestra experiencia de los 100 años, desde la Revolución que tuvo lugar en Noviembre.

Ésta, muestra claramente que la clase obrera tiene como objetivo principal la lucha constante por el socialismo. La clase trabajadora necesita de un partido consecuente que desarrolle la lucha de clases como su vanguardia, para conseguir la revolución social. 

¿Tenemos hoy, este partido comunista en el país? 
¡No! Pues esta es la tarea primordial de los comunistas para reconstruir el KPD, y hacer que este partido sea el referente de la lucha de clases.

¿Necesitamos cualquier partido que se llame Comunista? 
¡No! Necesitamos el Partido para esta principal tarea, que se coherente con los principios y objetivos de la clase obrera. 

Vídeo:

 


A pesar de la situación actual:
¡Si nosotros mismos somos valientes, nos hacemos cargo de las tareas, y seguimos luchando por el partido marxista-Leninista!

Palabras de Bertolt:

A los vacilantes.

Dices que todo está mal.


Por nuestra causa. 

La oscuridad esta llegando.
Las fuerzas se están rearmando.
Ahora, después de tantos años de trabajo 

son más que nosotros.

Al principio.
El enemigo era más fuerte
Porque nunca, sus poderes
como ahora, parecen que han crecido. 

Él tiene una apariencia de fuerza,
comunmente aceptada.

Nosotros, sin embargo,
dices que por nuestros errores,
no lo niegues, 

nuestro número, 
se desvanece.

Las consignas desordenadas, 

por nuestras palabras, 
el enemigo utilizándolas, 
las ha deformado, 
son irreconocibles.

¿Qué hay de malo en eso?
¿Por lo que dijimos? -
¿Por algo, o todo?
¿A quién estamos esperando?
¿Somos los restos abandonados, 

del Río Vivo?
 

¿Vamos a quedarnos atrás? 
Ninguno sobra.
¿Lo entiendo y 

nadie más,
lo entiende?
 

¿Esperamos a tener suerte?
Así es como lo preguntas. 

Espera, 
no hay otra respuesta,
como la tuya.



Fuente original:
https://www.marxists.org/deutsch/geschichte/deutsch/kpd/1918/programm.htm