5 de noviembre de 2013

Camilo Cienfuegos, héroe eterno de la Patria de Cuba

Enviado por La Mancha Obrera

El 28 de Octubre, ha hecho 54 años de la muerte en un accidente aéreo de Camilo Cienfuegos, héroe de la Revolución Cubana.


Lo que más uno ve en las fotos de Camilo Cienfuegos que han recorrido el mundo se resume en su sombrero alón, su barba legendaria y su sonrisa sincera y limpia. Pero el Héroe de Yaguajay y de la Invasión, obviamente, es mucho más que eso y se comprende mejor en las mil anécdotas que lo recuerdan.
No vamos a evocar al niño que atacaba imaginarios gigantes con su escopeta de palo en su Lawton natal. Preferimos reproducir algunas de sus más interesantes vivencias, porque, como escribiera el Indio Naborí —Jesús Orta Ruiz— en el soneto que le dedicara: «(…) los pueblos, ay Camilo, te dan rosas,/ poemas y canciones más por cosas/ de cumplesueños que de cumpleaños,/ pues la edad de los héroes y los genios/ no se miden por días ni por años,/ sino por largos siglos y milenios».
Cuando Camilo trabajaba en una tienda habanera, le aseguró a su hermano Humberto que allí era solo un simple mozo de limpieza, pero que iba a llegar a ser su primer dependiente. Mandó a hacer unas tarjetas que decían: Sastrería El Arte, Reina No. 61, entre Ángeles y Águila. La Habana, Camilo Cienfuegos Gorriarán. Dependiente.
Sus amigos preguntaban por «el dependiente Camilo», pero les decían que él era el mozo de limpieza y que no estaba. «¡Ah, si no se encuentra, entonces me voy; no me interesa comprar nada aquí». Y los dueños, al darse cuenta de su popularidad y de que estaban así perdiendo clientes, lo pasaron a ocupar esa plaza y llegó a ser el primer dependiente.
Por cierto, la última vez que Camilo trabajó allí —contó también hace años su hermano Humberto— habló con el mozo de limpieza, y le pidió que ese día lo dejara hacer la labor suya. Se vistió con la ropa apropiada y comenzó a hacerlo. Lo vio uno de los dueños y le preguntó por qué lo hacía. «Aquí entré como mozo de limpieza y, como ya me voy, quiero salir como empecé».
EL BROMISTA QUE ERA
Efigenio Ameijeiras evocó que un ex oficial de la Policía que se unió a la guerrilla, tenía cansado a Camilo preguntándole qué grado militar le correspondía como guerrillero. Camilo cogió en la cocina una cabeza de ajo, en el arroyo recogió dos piedras (chinas pelonas) y, harto ya de su insistencia, le contestó: «¡Chico, toma, estás nombrado “cabo machacador de ajo”; y si te portas bien, como esperamos, podrás llegar a “sargento machacador de tostones”».
Camilo y Che llegaron a ser grandes amigos, pero tuvo que pasar un tiempo. Camilo, por ejemplo, le comentó a William Gálvez en El Hombrito, campamento de Guevara, lo que consideró la primera jarana que le oía: «Me preocupa sacarme una muela con el Che»… «Él es médico y no vas a sentir dolor», le dijo William… «No, no es por el dolor, es que este “matasano” me puede sacar una muela buena y dejarme la mala», le aclaró Camilo.
Según contara el combatiente Manuel Bravo Yánez, en Juan Francisco, Yaguajay, Camilo dijo a un grupo de sus hombres de origen campesino que Fidel desde la Sierra Maestra le mandaba un «submarino» y no sabía para qué podía servir eso allí en las lomas de Yaguajay.
Uno de ellos abrió los ojos… «Sí, hay que traerlo, si Fidel lo manda, para algo tiene que servir», dijo Camilo y, dirigiéndose al asombrado, le encomendó: «Usted tiene que subirlo hasta aquí y ya veremos en qué lo utilizamos. Pero, usted lo trae, ¿no es así?» y aquel hombre afirmaba con la cabeza, disciplinadamente, sin saber qué rayos era un «submarino».
El 27 de septiembre de 1958, a las tres de la tarde, la tropa de Camilo detiene a tres hombres vestidos de civil que en realidad eran integrantes del ejército batistiano. El jefe rebelde pidió al médico Sergio del Valle el aparato para medir la presión arterial, se lo puso a uno de ellos, y le dijo que era un detector de mentiras… «¿Son ustedes guardias?»… «No». «Ustedes mienten, lo dice este detector de mentiras», le dijo Camilo y enseguida el guardia confesó: «Sí, somos del ejército, yo soy el cabo Trujillo». A partir de ese momento ese cabo se unió a la guerrilla, fue uno de los mejores prácticos y se sumó a la Columna de Camilo. Se jubiló en 1973.
El 30 de diciembre de 1958, en la tercera visita que Guevara hiciera a Yaguajay, el diálogo entre el Che y Camilo mostró mutua jocosidad y su amistad profunda. «Te voy a prestar mi boina, vas para el cuartel y cuando el chino (capitán Alfredo Abón Lee) te vea, comprobarás que se rinde enseguida»… «Eso mismo voy a hacer yo. Te presto mi sombrero, te presentas en el Regimiento Leoncio Vidal, y cuando ellos te vean, seguro se rinden de inmediato». Los dos se rieron de lo lindo.
Ambos conversaron entonces allí en Yaguajay para acordar los pasos a seguir. La presencia del legendario guerrillero argentino asombró al pueblo, que se aglomeraba para verlo de cerca y tratar de saludarlo. Camilo interrumpió al Che y bromeó con él: «¡Ah, ya sé a lo que me voy a dedicar cuando triunfemos: te voy a meter en una jaulita y recorreré el país cobrando cinco pesos la entrada para verte… ¡y me haré rico!». Ambos volvieron a reírse.
LA CONSTITUCIÓN QUE HABÍA QUE DEFENDER
Pero su jovialidad no le restaba seriedad alguna. Cuando Camilo se entrevistaba con el capitán Abón Lee en Yaguajay, uno de los oficiales batistianos, el teniente Mantilla, dijo que ellos «defendían la Constitución y las Leyes». Inmediatamente, sin pensarlo apenas, Camilo le contestó: «Esa Constitución debieron defenderla ustedes el 10 de marzo de 1952, cuando la violaron».
El coronel retirado Orestes Guerra González refirió a un periodista que Delfín Moreno le llevó a Camilo el mensaje de Fidel de que regresara a las montañas. De nuevo en la Sierra, en la zona de Casa de Piedra, el ejército los atacó duro. Allí fue herido el soldado José Pérez. Por un agujero trasero de su casco le salía la sangre. Camilo le dio el alimento que tenía destinado para sí mismo y para el propio Orestes. Este se puso muy bravo «La lata de leche se la di a ese soldado», le comunicó Camilo… «¿Cómo vas a hacer eso con un tipo como ese?», protestó Orestes Guerra… «Al menos nosotros podemos darle algo a él. Él no puede ya darnos nada a nosotros», repuso Camilo.
En su campamento del Escambray, Camilo le comentó al Che: «Vas a tener que tomarte un descanso. No te preocupes, te voy a regalar algunas armas (…)»… «Déjate de estar haciendo alarde delante de tu maestro. Y si por casualidad no tienes que seguir para Occidente, ¡vamos a ver quién llega primero a Santa Clara!».
Camilo quiso tener entre sus hombres a Manuel Espinosa Díaz, de la tropa de Guevara. Entonces, cuando ese compañero estaba cerca del argentino, apareció él, le dio un papel y le dijo en voz alta para que lo oyera el jefe guerrillero: «Espinosa, ve rápido adonde está Orestes Guerra y entrégale este mensaje mío. No regreses pronto, espérame allá, que yo voy enseguida». Y en voz baja le aclaró: «Oye, que el Che no vea el papel, está en blanco, quédate allá y no vires para atrás, que yo después hablo con él, no vas a tener ningún problema». Espinosa fue y después vino en la Invasión con Camilo.
EL ÁRBOL QUE FLORECE EN OCTUBRE
De ese gran combatiente que fue Camilo asombra conocer que su primer cheque como Jefe de las Fuerzas de Aire, Mar y Tierra de la provincia de La Habana —nombrado por Fidel el 3 de enero cuando fue a Bayamo en avión desde la capital a ver al Comandante en Jefe— fue de 113 pesos y 61 centavos, cobrado por su secretaria Olga Llera, «Cuquita», el 30 de abril de 1959.
Su novia, Paquita, de San Francisco de Paula, al verlo llegar de la Sierra, el 2 de enero, le dijo: «¡Qué bueno, Camilo, que ya esto se terminó!», a lo que el héroe le dijo: «No, la Revolución empieza ahora». Y la última vez que conversó con ella fue la noche correspondiente al 26 de octubre, día en que habló al pueblo desde una terraza del antiguo Palacio Presidencial.
Precisamente en la casa de Paquita, según contara ella, Camilo sembró un árbol que, curiosamente, solo florece en octubre, el mes fatal en que desapareció en el mar.

El Che dijo un día: «Aun cuando después hiciera una serie de hazañas que han dejado su nombre en la leyenda, me cabe el orgullo de haberlo descubierto como guerrillero (…). No sé si Camilo conocía la máxima de Dantón sobre los movimientos revolucionarios: “Audacia, audacia y más audacia”. De todas maneras la practicó con su acción, dándole además el condimento de otras condiciones necesarias al guerrillero: análisis preciso y rápido de la situación y meditación anticipada sobre los problemas a resolver en el futuro».

Jiuquan, una "presa de las Tres Gargantas"* aérea

Por Tom de Meester. Extraído del artículo: El Timonel de la Sociedad. Publicado en Ètudes Marxistes. Traducción DT.


En zona de marea baja, los pescadores de la aldea de Rudong, la perla de la costa orienta china, situada en la desembocadura del río Yangtze,  caminan descalzos sobre la playa para recoger crustáceos y conchas. Las marismas salinas y los cenagales están secando a marea baja. De su caminar rítmico, los pescadores descalzos hacen salir las almejas del lodo salado y esponjoso. Un manjar delicado, ya muy apreciado por el emperador Qianlong a finales del siglo XVIII, cuando la dinastía Qing aún estaba en su apogeo. "No hay fiesta popular sin almejas", dice un proverbio en Rudong. Preferentemente cocidas al wok, con chile picante y cebolla, en una salsa de habas negras, o estofadas con jenjibre y un poco sherry de Shao-Hsing.

Excursionistas de Shanghai y Nanjing llaman a eso "el baile disco sobre el agua". Con carros de bueyes, se pasea a los turistas a través de este no man's land salino. Pero, allí, en la playa, los pescadores que bailan ya no son la única atracción. A la extremidad de la playa, donde la marea ascendente inunda el banco de arena, se elevan desde el año 2012 31 turbinas eólicas de alta tecnología. El parque eólico es propiedad de la China Longyuan Power, una empresa estatal especializada en energía verde; este parque alimenta a 190.000 familias.

En ninguna otra parte se construyen tantas turbinas eólicas como en China. Cada año se instalan 6.000. De todas las turbinas que se ponen en pie sobre la superficie de la tierra, la mitad son instaladas en China. El mayor parque eólico fuera de la Unión Europea se encuentra en Shanghai, a lo largo del gran puente de Dhonghai que une la megalópolis con el puerto insular de Yangshan, a 30 kilómetros a lo largo de la costa. Y en la bahía de Bohai, no muy lejos de Beijing, una empresa estatal construye un parque eólico de 1.000 MW que aspira a convertirse en el mayor del mundo.[1]

Es lógico que China invierta masivamente en energía eólica. China es un gigantesco agujero de aire. En 2009, un equipo de la universidad de Harvard dirigido por el especialista climático, el profesor Michael McElroy, examinaba el potencial de la energía eólica en China. El estudio, que tenía que conseguir la portada de la revista Science, establecía que hay suficientemente viento en China como para cubrir el consumo entero de electricidad en el año 2030, es decir dos veces el consumo actual. Es más, en lugares de fácil acceso, se pueden instalar turbinas que cubrirán "siete veces el consumo nacional actual".[2]

"De esta forma, en un plazo razonable, sería posible eliminar, si no la totalidad, al menos una buena parte de las emisiones de CO2 del sector energético", escribe el equipo de Harvard.

Esto es  una buena noticia, porque si bien China puede ser la campeona del mundo de las turbinas eólicas, esta medalla de oro tiene su reverso de la moneda. China es el país más poblado del planeta, construye en Qingdao el mayor puerto del mundo, tiene la mayor línea ferroviaria de alta velocidad del mundo, y según la OCDE, de aquí a 2016 será también la economía más fuerte del mundo. Pero también hay disciplinas en las que sería preferible no competir por una medalla. Así, China es también el primer consumidor de carbón del mundo. Y ello no es motivo de orgullo. La mitad del carbón mundial es quemado en las centrales eléctricas chinas y nuevas centrales se suman en tiempo récord a fin de seguir haciendo girar una industria en perpetuo desarrollo.


Y aún así. Un nuevo orden mundial se prepara, escribe Ernst & Young, con China "como número uno mundial evidente en el plano de la energías renovables". Ningún país apuesta tanto por la energía verde.[3] En Europa, el número de turbinas se ha duplicado desde 2005, y en Estados Unidos se ha multiplicado por cuatro. Pero China ha asombrado literalmente a los observadores. En el mismo lapso de tiempo, su capacidad eólica ha pasado de 1.250 MW a más de 62.000 MW. Es decir 50 veces más.[4]

Esto es notable, cuanto menos. Mientras que un campeón como Vestas sufre un pinchazo, China inicia un sprint. ¿Cómo es eso posible? China no es precisamente una sociedad modelo. Es un país complejo donde Beijing tiene las riendas con mano firme y autoritaria, donde el capitalismo privado prospera y donde fuertes empresas estatales participan en el juego del libre mercado. Y todo ello sin hablar de la corrupción de lado de los oficiales, la ausencia de democracia y las contradicciones sociales crecientes que ejercen fuertes presiones sobre la sociedad.

En este reino del Dragón, hay aún así una lección que sacar. El viento en China es un negocio en pleno boom, y ello se debe menos a las leyes salvadoras del libre mercado que a las autoridades, que establecen ellas mismas las líneas directrices con tinta negra. Beijing mantiene aún el 86% del sector energético en manos del Estado y el gobierno no abandona así como así el desarrollo de la energía verde al caos del libre mercado. No son "los mercados" quienes, en marzo de 2011, decidieron seguir empujando la capacidad eólica hasta los 200.000 MW en 2020, sino el XII plan quinquenal. En diez años, los chinos quieren instalar 100.000 turbinas, y para ello están creando todo un nuevo sector industrial, completado con centros de investigación, oficinas de ingeniería especializada y fabricantes de turbinas. "Una revolución verde", escribe The Guardian, "con la que China está en camino de convertirse en la primera superpotencia verde del planeta".[5]

No son los hombres de negocios min ying, los capitalistas de las millones de empresas privadas chinas quienes han puesto 350 billones de euros sobre la mesa para que la producción energética china sea más verde, y menos aún los 113 chinos multimillonarios en dólares, sino el gobierno de Beijing quien, con este plan, espera crear otros 15 millones de empleos verdes. Es una cuestión de prioridad. "El nivel de utilización de la energía eólica por China demuestra lo que se puede conseguir con una política energética e industrial cuidadosamente planificada y que considera la energía verde como una prioridad estratégica nacional", declara Ben Warren, el especialista en energía de Ernst & Young.[6]

Greenpeace también percibe "objetivos y planes de desarrollo claros" como un "dato clave que explica por qué el desarrollo del sector conoce tal éxito".[7]

Apoyándose en bases científicas, las autoridades chinas han seleccionado siete regiones con mucho viento en los cuatro puntos cardinales para instalar allí al menos 80.000 turbinas en una década, de una capacidad mínima de 116.000 MW. Parques de turbinas gigantes, como los que ya han sido instalados en Jiuquan, en la provincia de Gansu.

Jiuquan se sitúa en el extremo norte de China, en el corredor de Gansu, una estrecha franja de tierra rodeada por las cumbres nevadas de los montes Nanshan al sur, y al norte, las dunas y las inmensidades saladas del áspero desierto de Gobi. Cuando el viento sopla en Jiuquan, siempre es con fuerza. Y en tiempo normal, hay viento.

Hace tiempo, Jiuquan era un modesto puesto comercial a lo largo de la ruta de la seda, una etapa para los monjes, los bandoleros y las caravanas de camellos. Un oasis de yuans. Los mercaderes vendían allí brocado de China, azafrán de Persia y madera de sándalo indio. Allí donde se detenían las caravanas para comprar oro y peletería a los nómadas de las estepas en sus yurtas, se puede ver hoy veinte parques eólicos, con un total de 3.500 turbinas. Una "presa de las Tres Gargantas" en el viento, de alguna forma. Y aún estamos en la primera fase. Más de 10.000 turbinas están previstas aún, en el inhóspito desierto de Jiuquan.

[1] Ernst & Young, Renewable energy attractiviness country indices, novembre 2010, p. 16.
[2] Michael B. McElroy, Xi Lu, Chris P. Nielsen, Yuxuan Wang, « Potential for Wind-Generated Electricity in China », dans Science 325, 1378-1380 (2009).

*La presa de las Tres Gargantas, construida en 1994, está situada en el curso del río Yangtsé en China. Es la planta hidroeléctrica más grande del mundo, superando holgadamente a la de Itaipú sobre el río Paraná.

Extraído del artículo El timonel de la sociedad, escrito por Tom de Meester y publicado en la revista Études Marxistes nº102.


Aprovechando la publicación de este artículo, añadimos a continuación este artículo relacionado con la misma temática, publicado en febrero de 2011 en la página web www.socialismocientifico.com

China, líder mundial de energía eólica


La energía eólica mundial creció en 2010 un 22,5 %, incremento que equivale a 35,8 GW, impulsada por el fuerte desarrollo en China, donde se instalaron cerca de la mitad de las nuevas turbinas que se instalaron en el mundo, ha informado el Consejo Internacional de la Energía Eólica (GWEC, por sus siglas en inglés).

Este incremento eleva la cifra global a los 194,4 GW, desde los 158,7 GW registrados un año antes. La plataforma GWEC, que representa a las empresas del sector a escala mundial, calcula que las turbinas instaladas en 2010 representan una inversión de 47.300 millones de euros.

Por primera vez en 2010, más de la mitad de toda la energía eólica se ha añadido fuera de los mercados tradicionales en Europa y América del Norte. Esto fue impulsado principalmente por el auge continuo en China, que representaron casi la mitad de las nuevas instalaciones eólicas (16,5 GW).

"China posee 42,3 GW de energía eólica y ha superado a EEUU en términos de capacidad total instalada", ha indicado en un comunicado la secretaria general de la Asociación China de Energía Renovable (CREIA), Li Junfeng, quien ha asegurado que el país, que ya se ha convertido en el mayor productor mundial de instalaciones, va camino de alcanzar los 200 GW en 2020.

El secretario general de la organización, Steve Sawyer, explica que esta tecnología se está expandiendo más allá de los tradicionales mercados de los países ricos y admitió que se espera que su desarrollo continúe no sólo en Asia sino también en América Latina, especialmente en Brasil y México, además de en el norte de África y en la África subsahariana.

Pero a pesar del gigantesco crecimiento en China de la energía eólica -y de todas sus energías renovables en general- y del incremento absoluto del mercado eólico mundial, el porcentaje de aumento anual del mismo se redujo por primera vez en 20 años en un 7%, debido a la drástica reducción en EEUU y Europa y a sus crisis financieras imperialistas, a la fuerte caída en las órdenes de trabajo para nuevas turbinas, la depresión de la demanda de electricidad en la OCDE, y la incertidumbre política y económica en EEUU.

Concretamente, las nuevas instalaciones eólicas en 2010 de EEUU, líder hasta el año pasado, cayeron en un 50%, pasando de 10 GW en 2009 a 5 GW en 2010.

Aunque no en tan gran medida, los países europeos también redujeron las nuevas instalaciones en un 7,5%, pasando de 10,7 GW en 2009 a 9,9 GW en 2010.

China instaló en 2010 16,5 GW, seguida de EEUU 5,1 GW, India 2,1 GW, España 1,5 GW, Alemania 1,49 GW, Francia 1,0 GW, Italia 0,9 GW.

China prevé que el consumo eléctrico se duplique de aquí al año 2020, de momento, en el año 2010 el aumento fue del 14,56% impulsado principalmente por el consumo del sector industrial. El año pasado las fábricas chinas aumentaron su consumo eléctrico en un 15,44%. En agudo contraste con la prolongada recesión de los países capitalistas e imperiales, China creció en 2010 un 10,3% del PIB

Sistema de levitación magnética


China utiliza turbinas eólicas que funcionan con un sistema de levitación magnética (maglev), capaz de alimentar a 750 mil hogares, con un GW de potencia. Posee la base de producción más grande del mundo para generadores de energía eólica por levitación magnética de diferentes cantidad de potencia, incluidos de pequeño tamaño con potencias que van desde 400 a 5 mil vatios.

Este sistema de turbinas eólicas es mucho más eficiente que el común, un 20% más, ya que al usar magnetos/imanes para reducir la fricción, las turbinas eólicas pueden girar con vientos débiles. También implica que los costos operativos se reduzcan en un 50%.

Esto hace que la energía eólica sea más asequible en los hogares, y que sea mucho más barata de crear a nivel industrial también. Este sistema maglev se utiliza también para proveer de energía a la iluminación en autopistas, al utilizar el flujo de aire de los automóviles.

Lo bueno es que este sistema de magnetos aplicados por China no es como otros que se venían promocionando que utilizaban electromagnetos, o sea que necesitaban una fuente de energía alternativa, sino que son magnetos permanentes, sin necesidad de electricidad.

4 de noviembre de 2013

Guarida del Fascismo

Por S. V. Golik. General Soviético (en la reserva). Enviado desde ¡Por el bolchevismo!. Traducción Igor T.


Papel importante en la financiación de Hitler y sus asociados, jugó desde los años 20 los Estados Unidos y el Reino Unido, que consideraban al aliado Adolf  como una herramienta para el aplastamiento de la URSS.
El importe total de la inversión extranjera en la industria alemana de los años 1924 a 1929,ascendió a casi 63 mil millones de marcos oro. El 70% de los ingresos financieros proporcionados por los banqueros de Estados Unidos, la mayoría a través del banco JP Morgan. Como resultado, en 1929, la industria alemana ocupó el segundo lugar en el mundo, pero en su mayor parte estaba en manos de los principales grupos financieros e industriales de Estados Unidos.
Por lo tanto, el conglomerado industrial "Farben", era el principal proveedor de la máquina de guerra alemana, financiando el 45% de la campaña electoral de Hitler en 1930. Este complejo industrial estaba bajo el control de la Rockefeller  a través de "Standard Oil". J. P. Morgan lo hacía a su vez, a través de la "General Electric", controlando la industria alemana en la tecnología de la  radio. Además de esto, eran dueños del 30% de las acciones de la compañía aérea "Focke-Wulf". La compañía "Opel" estaba controlada por la "General Motors", propiedad de la familia de Dupont. Henry Ford controlaba el 100% de las acciones de la recuperación de la empresa "Volkswagen". En 1926, con la participación de la banca Rockefeller crearon el holding "Dillon Reed y Kº» que era la más grande empresa metalúrgica de Alemania.
La cooperación norteamericana en el complejo militar-industrial alemán era tan intensa y penetrante que en 1933, bajo el control del capital financiero de EE.UU., estaban todos los sectores clave de la industria alemana y los grandes bancos. Wall Street tenía el control completo sobre cada truts, y cada sector estratégico alemán.
En agosto de 1934, la estadounidense "Standard Oil" en Alemania adquirió 730.000 acres de terreno y construyó las mayores refinerías de petróleo que suministraban combustible a los aviones y los tanques nazis. Luego, en Alemania desde los Estados Unidos se entregó el equipamiento más moderno para las fábricas de aviones, que iniciaron la producción de innovadores aviones alemanes. Desde las empresas estadounidenses "Pratt y Whitney", "Douglas", "Bendix Avmeyshn" Alemania recibió un gran número de patentes militares, y así basados en la tecnología estadounidense, crearon los "Ju-87." En los últimos modelos de aviones de combate y bombarderos antes de la guerra, estaban montados con motores británicos. En 1941, en plena II Guerra Mundial, la inversión de EE.UU. en la economía de Alemania ascendía a 475 millones de dólares.
En comparación, Hitler recibió hasta 1933 la financiación Anglo-Americana, a la escala de precios actuales de 66.300.000 dólares, y la Unión Soviética bajo el acuerdo de "Préstamo y Arriendo de Guerra", sólo 12 millones de dólares, o sea más de cinco veces menos.
En los años 38-39, la Unión Soviética trató de crear alianza político-militar anglo-estadounidense contra Hitler, pero todos los intentos soviéticos para contener a Hitler en una fuerza unida no tuvieron éxito, pues la "piadosa" democracia de EE.UU., junto con la "noble" democracia británica rechazaban el frente antifascista impulsado por la URSS .
Hoy, cuando la élite financiera mundial de Gran Bretaña y los Estados Unidos ponen en marcha el próximo plan para la transición a un "nuevo orden mundial", la identificación de su papel clave en la organización de los crímenes contra la humanidad se convierte en fundamental.
A través de la subversión activa contra el acercamiento de Ucrania con Rusia, los Estados Unidos tienden por todas las posibles formas, fortalecer los movimientos nacionalistas anti-rusos en Ucrania. El presupuesto de las organizaciones nacionalistas ucranianas "Rukh" y "UNA-ONURS" esta en sus casi tres cuartas partes financiadas por la CIA, y la mayoría de los dirigentes de estas organizaciones están al servicio del gobierno de EE.UU..
Recientemente, ha viajado el jefe de "Svoboda" Oleg Tyagnibok y su adjunto de Asuntos Políticos Andrew Mohnika a los EE.UU. El planeado propósito de su viaje, es una reunión con la diáspora ucraniana en los Estados Unidos. Todos los costos financieros fueron pagados en el país de acogida. Los parientes de Tyagnibok viajaron a los EE.UU., por invitación de la familia de su esposa, que vive en los Estados Unidos.
En Ucrania, en su Congreso, esta bajo el liderazgo canadiense en la persona de Ed Baldy y Orestes Varnitsa, intermediarios entre el V. O. "Svoboda" y sus clientes en el extranjero. El apoyo financiero de "Svoboda" las recibe de manos de la inteligencia canadiense, y va a parar a los líderes del Congreso, y luego migra a las cuentas del partido de Tyagnibok no sólo en Ucrania, sino también en el extranjero. Se ha producido de hecho que muchos de estos ingresos de los canadienses son destinados a  las necesidades de la célula "libertad" en Austria (Viena).
Dada la existencia del fuerte apoyo financiero a Tyagnibok procedentes de Canadá y Estados Unidos, en un futuro próximo podemos esperar la intensificación de la política de información en la "libertad".
El objetivo de nuestros "amigos" en el extranjero sigue siendo el mismo, ¡evitar el acercamiento de Ucrania a Rusia! Va a ser un servicio muy útil para "libertad", que funcionará como un carnero delante de estos"nacionales-patriotas" ¡contra pueblos hermanos más cercanos!
Así ¡la hydra coaligada del fascismo anglo-americano sigue vivo! Una vez  ella se rompió en 1945, ¡pero los jefes ha crecido una docena nuevos! Y hoy son blancos, ¡no menos peligrosos que traidores a su pueblo!

Celebrando el 95º Aniversario del Komsomol




En diferentes ciudades de la antigua Unión Soviética, en Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Kazajstán, Turkmenistán, Tayikistán, Armenia, Uzbekistán, Georgia, Letonia y Lituania, han habido reuniones de comunistas, celebrando este 95º Aniversario de la Unión de Jòvenes Comunistas, el Komsomol Leninista. Diferentes organizaciones han renovado su compromiso de forjar nuevos baluartes juveniles en la lucha contra el imperialismo.

Saludos a todos ellos, camaradas, desde la distancia celebramos este importante día de la Clase Obrera.

3 de noviembre de 2013

Médicos Españoles en la URSS (IV): Carlos Díez Fernández

Por F. Sierra



Nació en Madrid en 1902. Su familia se trasladó a Valladolid cuando él contaba con pocos meses de vida, al ser nombrado su padre Inspector de Sanidad Veterinaria de la citada provincia. En esta ciudad estudió el bachillerato y más tarde la carrera de Medicina. Durante su juventud militó en la masonería y en organizaciones republicanas, en el seno de las cuales destacó en manifestaciones y enfrentamientos contra los grupos de estudiantes católicos. Se licenció en la Universidad de Valladolid en 1927, obteniendo el Premio extraordinario de Licenciatura. Al cabo de poco tiempo se trasladó a Madrid y se integró en el equipo de Gregorio Marañón y, más tarde, en el de Manuel Tapia, del Hospital del Rey, que después se llamaría Hospital Nacional de Enfermedades Infecciosas. Se doctoró en la Universidad Central de Madrid en 1929 con una tesis sobre la tuberculosis.

En 1931 marchó pensionado por la JAE a Stettin (Alemania) para completar su especialización, residiendo también en Francia e Italia. A su regreso a España fue director del Dispensario Central Antituberculoso de Madrid y secretario del Comité Nacional de Lucha Antituberculosa de España. El Dispensario de la calle Andrés Mellado que dirigía Carlos, pronto tuvo gran popularidad, tanto por la labor clínica que en él se hacía con los enfermos que a él acudían, como por la de profilaxis de la tuberculosis en el medio familiar y ambiental y la sistemática en grupos y colectividades, y, sobre todo, por su labor docente. Al Dispensario asistía un grupo numeroso de licenciados, ansiosos de aprender la especialidad, muchos de los cuales después, en sucesivas oposiciones, ocuparon las plazas de Director en provincias: Almansa, Calero, Rapado, etc. y otros que luego ejercieron brillantemente la Especialidad en distintas capitales. Su vocación para la docencia era evidente – por algo, inicialmente, apuntaba a la cátedra – y, más tarde, cuando se pensó en la posibilidad de crear una cátedra de Tisiología, ya como asignatura del Doctorado, ya adscrita al Servicio de Patología Médica, como defendía con ardor el Profesor Dr. Agustín del Cañizo, del que era gran amigo, Carlos se preparaba intensamente para conseguirla.

Su vida, en aquel tiempo de preparación, era ésta: labor en el Dispensario de nueve a una de la mañana y de cuatro a siete de la tarde, y a continuación hasta las doce de la noche, hora en que se acostaba para levantarse a las cinco de la mañana y reanudar el estudio hasta las ocho. Así era su capacidad de trabajo y su ilusión por una cátedra. Cuando el Profesor Dr. José Casas, compañero y amigo suyo de los tiempos de la Facultad, ganó la cátedra de Patología General de Madrid, enseguida se puso al habla con él para que le nombrara Ayudante Interino de Cátedra para tener más facilidades de preparación y de acceder un día a las oposiciones. Desgraciadamente, uno y otro proyecto fracasaron por causas ajenas a su voluntad. En cambio no parecía tener interés por el ejercicio privado de la Medicina, por ganar dinero con la carrera, no tenía prisas para ello.

Una vez, en 1934, con motivo de un Congreso Nacional de Sanidad, su amigo Cándido Barruelo y él pasaron unos días juntos en Madrid. Le invitó a su casa para enseñarle el trabajo que tenía, éste se quedó sorprendido porque el trabajo no se refería a enfermos, sino a libros, revistas y demás publicaciones que tenía en su mesa de estudio. Cuando le preguntó por el otro trabajo, por el de las consultas, él le contestó: “¡Ah!, no tengo prisa, yo sé que conquistar Madrid me costará diez años, pero lo conseguiré”.
- “Sí, pero para vivir se necesita dinero, y más para hacer esos viajes a Alemania e Italia que me acabas de contar”.
- Cierto, pero el dinero nunca me ha preocupado ni me preocupará. Si no lo tengo, lo pido”.

Podía presumir de dirigir un Dispensario modelo en el que, a las funciones propias del mismo, clínicas y de profilaxis, unía la no menos importante de la docencia y de sus publicaciones y de sus intervenciones en Asambleas y Congresos. Precisamente, en el que se celebraba esos días en Madrid había tenido una actuación destacada que culminó con la anulación de las conclusiones de una ponencia, tras una intervención brillantísima que arrancó aplausos de la concurrencia. Sentado en la sala entre Barruelo y Olmedo escuchaba, aparentemente distraído. Cuando terminaron de leer las conclusiones, saltó de su asiento diciéndoles: “Voy a echar abajo esas conclusiones”, a la vez que salía a la tribuna de oradores.

Además de grandes conocimientos poseía una dialéctica formidable que desorientaba al oponente. No se conformaba con la enseñanza que impartía en el Dispensario; había que llevar los conocimientos actuales sobre tuberculosis a los médicos generales y a los especialistas que no podían asistir a los centros de estudio, y, así, publicó un tratado que tituló Tuberculosis pulmonar del niño y del adulto, en el que pone al día los conocimientos sobre patogenia, anatomopatología, clínica y tratamiento de la enfermedad, que tuvo gran éxito en toda España, con prólogo del Dr. Jiménez Díaz, como garantía de su contenido.

Carlos Díez fue cuñado de María Zambrano, al haberse casado con su hermana Araceli, pero el matrimonio duró pocos años y durante la Guerra Civil ya se habían separado.
Diagnosticó de tuberculosis a María en 1928, a raíz de que ésta sufriera un desfallecimiento mientras pronunciaba una conferencia en el Ateneo de Valladolid, a la cual le había acompañado Carlos.

María Zambrano

No sólo la Medicina es objeto de su atención, y aunque en ella invierta, como acabamos de ver, la mayor parte de su tiempo, aún le queda para sus excursiones al campo de la literatura y el ensayo. Era frecuente que el ejemplo dado por Ramón y Cajal y Gregorio Marañón de espigar fuera del campo de su profesión médica fuera imitado por otras figuras de la élite médica y así como éste último publicara sendos libritos de ensayo, amenos, como Sexo, trabajo y deporte y Amor, conveniencia y eugenesia, el gran parasitólogo, Dr. Gustavo Pittaluga, el de Voluntad, destino y carácter, nuestro biografiado publicó otro titulado Impulso, castidad y deseo, con un prólogo del profesor de Derecho Luís Jiménez Asúa, en el que el autor expone una serie de ideas y conceptos sobre los temas del título, impregnados de sus ideas freudianas con gran agudeza, gracia e ironía, mereciendo buena crítica cuando fue publicado.

Frecuentaba tertulias de intelectuales formadas por periodistas, escritores, profesores, etc., tales como Wenceslao Roces, Julio Álvarez del Vayo, Ramón J. Sénder, Camilo José Cela – que fue su paciente -, la escritora y discípula predilecta de Ortega y Gasset, María Zambrano, con cuya hermana menor, Araceli, contrajo matrimonio por entonces. Tenía numerosas relaciones en el mundo intelectual, profesional, artístico y político de aquella época de la República.

Se casó con Araceli Zambrano, muchacha bellísima y culta; pero demasiado femenina, demasiado bonita y frívola para un encaje recíproco con un temperamento dinámico, luchador, lleno de inquietudes y preocupaciones. La unión duró pocos años. Al terminar la guerra, se separaron.

A pesar de su vida activa de trabajo, asistía a espectáculos, al teatro, a los toros, al fútbol, siendo ya, en aquellos tiempos, un ‘hincha’ del Real Madrid. Una vez que este equipo jugaba la final del campeonato con el Sevilla, se trasladó a aquella capital andaluza en un tren especial de los llamados ‘botijos’, que circulaban entre las dos capitales con motivo de fiestas y en los días de Semana Santa y Feria de Abril.
Aquella primavera de 1934 llegó a Sevilla y en la estación le esperaban sus compañeros y amigos, Andreu, Olmedo y Cándido. Los cuatro pasaron el día juntos y fueron al fútbol, aunque en realidad, sólo dos, él y Andreu contemplaron el juego, porque los otros dos, menos deportistas y más comodones, se pasaron la hora y media del partido tumbados en la hierba del palco, contemplando las pasadas, por encima del estadio, de un autogiro La Cierva.

Al salir del campo, la pareja de no aficionados preguntó a Carlos: ¿Quién ha ganado?. La ira de éste – que se había desplazado de Madrid sólo para presenciar el partido – ante la pregunta de los que no se habían enterado, fue inenarrable.

Lo mismo que se desplazaba a Sevilla para ver un partido de fútbol, esperaba una hora en la cola de un teatro o cine para adquirir la entrada, o estaba cinco horas para preparar una conferencia para el día siguiente, o aguantaba dos en el P.E.N. Club oyendo a escritores extranjeros expresándose en un castellano ininteligible. Sentía inquietud y avidez por todo, con una capacidad de trabajo extraordinaria, con espíritu abierto y optimista que le hacían granjearse la simpatía de cuantos le trataban en sus abundantes relaciones sociales.


Al comenzar la Guerra Civil, tomó por asalto la sede del Colegio Oficial de Médicos de Madrid junto con otros dos compañeros. En esa época se afilió al PCE. Dispuso las primeras medidas sanitarias para atender a los movilizados que combatían en el Alto de Somosierra y organizó el primer “Hospital Especial de las Brigadas Internacionales”. En diferentes periodos de la contienda fue jefe de Sanidad del Quinto Regimiento, inspector de Hospitales, director general de Luchas Sanitarias, jefe de Sanidad del Ejército del Este y, ya en los últimos días de la guerra, jefe de la Sanidad Militar del Ejército Republicano40.

A medida que la guerra avanza los campos se delimitan, y los frentes se estabilizan más o menos. Han perdido los republicanos la zona Norte y los efectivos humanos y de material vuelven a Cataluña a través de Francia y desde allí son reorganizados en nuevas unidades que se envían a los frentes del Centro y del Sur y se acumula una gran reserva con el nombre de Ejército de Operaciones de Levante que es preciso reorganizar y dotar con pertrechos para el futuro. Carlos es nombrado Jefe de Sanidad Militar de dicho Ejército de Operaciones y a él le toca reorganizar la Sanidad Militar en el amplio frente que abarca ahora desde los Pirineos hasta Almería y desde la costa mediterránea hasta los frentes del Centro y del Sur.
Reside en Valencia, pero viaja continuamente por toda la zona, creando unidades de sanitarios, habilitando locales para hospitales, inspeccionando servicios de guerra y suministro de aguas potables, sistemas de evacuación de heridos, vacunaciones, ambulancias, etc. etc.
Allí quedaron demostrados su talento, sus dotes de organizador y su habilidad para las relaciones públicas, tanto con autoridades militares como civiles, y su energía para mandar.
Las dotes de organizador y los éxitos con ellas conseguidos como Jefe de Sanidad del Ejército de Operaciones de Levante, le iban a servir poco después para que le encargasen la nueva reorganización de la Sanidad Civil en toda la zona republicana, que estaba un poco relegada al olvido por la atención a la guerra y sus necesidades. Fue entonces nombrado Director General de Sanidad, adscrito al Ministerio de la Gobernación, como en tiempos de paz, a excepción de la temporada que funcionó como Ministerio autónomo de Sanidad, teniendo como titular a la conocida escritora anarquista Federica Montseny, en un Gobierno presidido por Largo Caballero. Si su permanencia en Levante le había proporcionado éxitos y triunfos profesionales, en su vida íntima, familiar, le había ocasionado el alejamiento de su esposa, que vivía más cómoda, aunque quizá con más riesgo, en Madrid. Desde aquel tiempo las relaciones conyugales fueron de mal en peor y, al terminar la Guerra, cada uno salió por una frontera, pero no solos, sino formando nuevas parejas.
La Dirección General de Sanidad había sido ocupada anteriormente, ya en período de guerra – cuando el Gobierno de concentración de Largo Caballero, en el que tomó parte la C.N.T. con sus líderes anarquistas Juan López y Federica Montseny, ésta como Ministro de Sanidad – por el joven e inteligente Dr. Félix Martí Ibáñez, anarquista, lleno de imaginación, brillante escritor, que tuvo que dedicar su tiempo, más que a crear, a restaurar el funcionamiento de la Sanidad Nacional, paralizada por la Guerra y cuya reorganización debía de hacerse en función de las necesidades de la guerra misma; por eso la propaganda sanitaria a través de todos los medios de comunicación: radio, prensa, folletos, carteles, etc., a las masas combatientes, a los evacuados y refugiados, y a los movimientos migratorios, fueron sus principales tareas. De la valía de Martí Ibáñez, da buena prueba el hecho de que, exiliado en U.S.A. fuese el director de la primera Revista de Antibióticos publicada en aquel país, editada en Nueva York con dicho nombre.
Al Dr. Martí Ibáñez sucedió el Dr. Planelles, bacteriólogo y analista de Madrid, afiliado al P.C.E., Jefe de Sanidad Militar hasta entonces de la División de ‘El Campesino’. Sus esfuerzos se encaminaron, fundamentalmente, a la prevención de enfermedades infecciosas, el tifus sobre todo, y las parasitarias y venéreas en la población hacinada e hipoalimentada de la retaguardia.
Cuando el Dr. Carlos Díez Fernández accedió a la Dirección General de Sanidad, su formación de tisiólogo le hizo percibir inmediatamente el problema que la guerra estaba planteado. El hacinamiento y el hambre estaban causando un gran incremento de la mortalidad y de la morbilidad por tuberculosis, y a combatirla dedicó sus primeros esfuerzos, habilitando hospitales y sanatorios, intensificando las exploraciones radiológicas en toda la población, especialmente en los movilizados, haciendo obligatoria la vacunación con B.C.G. del recién nacido, aumentado la acción dispensarial en los grandes núcleos de población, y colaborando estrechamente con la Sanidad Militar y con la Intendencia para el abastecimiento de desplazados y hospitalizados.
No se limitó su labor al sector de la lucha antituberculosa. Sus planes abarcaban toda la Sanidad. El Dr. Martín Yumar, Inspector de Sanidad en una provincia de Levante, que se pasó a la zona nacional para ser luego Jefe Provincial de Sanidad en Las Palmas, contaba así sus actuaciones: “Apenas tomó posesión de su cargo nos reunió a los Inspectores Provinciales de Sanidad y nos recibió en su despacho, vestido con un mono azul y una gran pistola al cinto, comenzando su discurso de bienvenida con la frase: ‘Cuando yo era tisiólogo…’. No sabíamos si quería excusarse ante nosotros por no ser procedente de la Escuela Nacional de Sanidad o reforzar su autoridad ante el Plan de Lucha contra la Tuberculosis que, enseguida, planteó.
En esta primera intervención nos dejó asombrados. Nos expuso la situación de la Sanidad en la zona republicana y su plan de acción para remediarla, la cual en tiempos de paz hubiera sido un modelo, pero que en aquellos tiempos de guerra resultaba utópica. Sin embargo, lo que más llamó nuestra atención fueron los conceptos modernos de Sanidad que exponía, muchos de los cuales, nosotros, profesionales de la Sanidad, desconocíamos. ¿Dónde los había leído?. Es posible que, por su cargo, recibiera publicaciones extranjeras que a los demás, en tiempos de guerra, nos estaban vedadas. Jamás habíamos oído una conferencia sobre programas sanitarios tan bien razonada y expuesta, con tal riqueza bibliográfica. Al terminar nos invitó a pasar a un saloncito contiguo, de uno en uno, para que le informásemos del estado sanitario de nuestras provincias respectivas, encargándonos la elaboración de un plan de acción provincial que debíamos entregarle personalmente, en un plazo de diez días.
Nunca antes se había realizado en España una movilización tan a fondo de la clase sanitaria. Lástima que las circunstancias bélicas malograran sus frutos. No obstante conseguimos reducir y, a veces, anular los efectos negativos de la guerra en el aspecto sanitario, sobre los núcleos de población”.
De su comportamiento nos hablan otros testigos. El Dr. Novillo, Inspector Provincial de Sanidad en Jaén, recibió una visita de inspección del Director General de Sanidad en su Instituto de Higiene y Sanidad de dicha capital andaluza. El Dr. Díez Fernández, sencillo y cordial, le preguntó por los problemas sanitarios de su demarcación, habilitando sobre la marcha las soluciones posibles y, al despedirse, quiso enterarse de la cuestión laboral del personal a sus órdenes en el Servicio. Preguntó:
- “Y la gente ¿trabaja?”.
- “Sí”, contestó el doctor Novillo.
- “¿Todos?”, volvió a preguntar Carlos.
- “Todos”, contestó el Inspector de Jaén con tono poco convincente.
- “Dígame, dígame los que no trabajan”.
- “No, no se lo digo porque los que no trabajan son los más adictos a la República, porque se creen más seguros; y los que más se afanan son los tibios y los sospechosos porque tienen más miedo, y si Vd. sanciona a los primeros voy a tener yo que salir pitando de Jaén cuando V se vaya”.
- “Tiene Vd. razón – respondió el Director General de Sanidad con una sonrisa de amargura – Procure Vd. que trabajen y rindan todos”.
Otra vez, en Madrid, ya en los últimos tiempos de la guerra, una comisión de compañeros tisiólogos fue a pedirle que les subiera el sueldo, porque apenas les alcanzaba para cubrir gastos. Carlos les escuchó en silencio, con una sonrisa en el rostro entre burlona y despectiva, y cuando concluyeron sus peticiones les contestó: “Es un insulto al sufrimiento del pueblo venir ahora con peticiones de aumento de sueldo. Sois unos fascistas y estáis deseando que entren en Madrid las tropas de Franco. ¡Fuera!. Que os aumente el sueldo Franco”.
Al día siguiente, el Dr. Jimeno, Director del Sanatorio Victoria Eugenia, acudía a su despacho para exponer al Director General la precaria situación alimentaria del Sanatorio. Veinticuatro horas después recibía dos camiones militares llenos de subsistencias para los enfermos allí internados.
En los últimos meses de la contienda, ya en Barcelona, sus actividades se fueron reduciendo a lo meramente burocrático-administrativo. Con la pérdida de la esperanza en la victoria había perdido también la ilusión de trabajar.

Carlos Díez ejerció la jefatura de Sanidad del Ejército del Este desde la primavera de 1938 con el grado de comandante. Su sede estaba ubicada en Manresa y consiguió imprimirle una estructura organizativa que fue elogiada, aunque también tuvo sus sombras. Así, el 16 de enero de 1939 ordenó al doctor Josep Riu Porta, director del Hospital Militar instalado en el monasterio de Montserrat, que evacuara inmediatamente a los pacientes del centro y dinamitara las edificaciones de la montaña, ya que las tropas franquistas se encontraban a 30 km de distancia. El doctor Riu y su comisario político desobedecieron la orden de su superior y evitaron la destrucción del monasterio.

En febrero de 1939, tras la caída de Cataluña, Díez regresó a territorio español, del que ya no se ausentó hasta el final de la guerra, ostentando el cargo de jefe de la Sanidad Militar del Ejército Republicano con el grado de teniente coronel médico. Carlos Díez se exilió a la Unión Soviética en la primavera de 1939 y nada más llegar al país le ofrecieron, aprovechando que dominaba varios idiomas, un puesto como médico general de una Casa para Inválidos Internacionales hasta que dominara el ruso y pudiera ejercer su especialidad en un centro de la red sanitaria soviética. Declinó la oferta y permaneció seis meses como colaborador técnico del Instituto Central de Investigaciones Científicas de Tuberculosis de la URSS, con la única obligación de aprender el idioma con una profesora particular que le pagaba el Instituto.

Durante la II Guerra Mundial alcanzó el grado de coronel médico del Ejército Rojo y actuó de manera destacada en 1941 cuando se produjo la retirada de los soviéticos ante el avance de las tropas alemanas. Servía de enlace entre el frente sanitario y la retaguardia, hasta que sufrió un infarto de miocardio que le obligó a abandonar las zonas de combate. Fue condecorado con la Orden de la Estrella Roja. No dejó de trabajar a pesar de su delicado estado de salud y según él mismo refiere, el Día de la Victoria voló durante nueve horas en avión para prestar una consulta en una capital muy distante de Moscú. Carlos Díez obtuvo el Doctorado en Medicina por la Universidad de Moscú y llegó a ser jefe del Despacho de Consultas del Instituto Central de Investigaciones Científicas de Tuberculosis de la URSS.

El médico y diplomático Lauro Cruz Goyenola, agregado de la Legación del Uruguay en Moscú entre mayo y octubre de 1944, quiso conocer a su colega Carlos Díez que gozaba de gran prestigio en Latinoamérica. En su libro de recuerdos refiere que éste vivía en una vieja casa de madera, que era compartida por varias familias en un ambiente de pobreza. Carlos Díez era bajo, delgado, nervioso, calvo, con una piel de color amarillo pálido y fumaba continuamente.

Era una persona culta, que no se quejaba de su situación. En aquellos días atendía una sala de tuberculosos próxima a su domicilio. Cruz le veía fatigado, envejecido, con aspecto de sufrimiento y se sorprendió al enterarse de que apenas contaba con 40 años de edad.
Carlos Díez mantuvo en la Unión Soviética una actitud independiente y ayudó a muchos
españoles enfermos sin importarle quedar mal con la dirección del PCE, con la que no mantenía buenas relaciones, la cual llegó a veces a negar la existencia de tuberculosis entre la emigración española. Había una orden tajante del Partido para que no cundiera el pánico entre la población, de que sólo se reconocieran los casos de tuberculosis más graves y que los demás pasaran como “griposos” o “catarrosos”.

Díez era, junto con Juan Planelles, el médico al que consultaban la mayor parte de los integrantes de la colonia española de Moscú. Entre las personas tuberculosas a las que atendió, se encontraba Elena “Lena” Imbert, compañera de Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky. Residía en Moscú en casa de su suegra Caridad Mercader y falleció en abril de 1944 en el sanatorio donde trabajaba el doctor Díez, en presencia de éste.
Díez tenía relaciones profesionales con las legaciones latinoamericanas, especialmente las de Uruguay y México. Por ejemplo, era médico personal del embajador mexicano Narciso Bassols. Cuando en 1946 se le concedió el visado de salida de la Unión Soviética, dispuso de un tiempo muy breve para poder abandonar el país, que estuvo a punto de expirar. Estaba marginado por la dirección del PCE y cuando quiso despedirse de sus compatriotas no halló a nadie que le brindara un saludo. El embajador uruguayo Emilio Frugoni le ayudó personalmente a conseguir el visado de entrada en los EEUU y otros documentos necesarios para emigrar.


Carlos Díez sufría en aquella época “alarmantes ataques cardiacos”, que posiblemente eran manifestaciones de una angina de pecho. Díez fue uno de los primeros españoles que logró salir del país en 1946, acompañado por su esposa y sus hijas, con rumbo a México. En 1948 abandonó el país azteca, donde no había logrado integrarse en el seno de la comunidad de exiliados, para trasladarse a Venezuela y reunirse con dos hermanas suyas, que residían allí. Al llegar a este país se hizo cargo de la dirección del Sanatorio Antituberculoso de Oriente, en Cumaná. En 1952, mientras era huésped del Dr. I. Montes de Oca en la capital de Isla Margarita, se suicidó o le suicidaron, como especula Tagüeña, tomando barbitúricos. Sus anfitriones le encontraron muerto, envuelto en un sudario. Carlos Díez fue una gran figura médica. Dejó numerosas publicaciones dedicadas a diversos temas, especialmente a la tuberculosis. Su tratado La tuberculosis pulmonar: en el niño y en el adulto, editado en 1935, fue utilizado como libro de texto en España y Latinoamérica. En su libro Análisis de una Medicina Socializada, publicado en 1946, a su llegada a México, demostró un conocimiento riguroso de la organización sanitaria de la Unión Soviética, que sorprende por su tono elogioso, en flagrante contradicción con la dura realidad que le correspondió vivir.

Fuente:
Textos e imágenes:
* «Medicina e Historia», nº 1, Año 2009
Blog http://blogs.elnortedecastilla.es/anastasiorojo/

* Carlos Díaz y la Sanidad de la República. Blog. de Anastasio Rojo