1 de mayo de 2024

La hazaña de Alexandr Mamkin, el piloto coraje soviético.

Alexandr P. Mamkin.
   

Por Nestor Guadaño

Dentro de las celebraciones por el 9 de Mayo, recuerdo las gestas de los combatientes soviéticos, que hicieron posible la Victoria sobre el nazismo. En estos tiempos convulsos, con una facistización evidente de las sociedades donde impera la explotación obrera, es importante resaltar para los trabajadores, en una época concreta, de dictadura del capital, que hubo un tiempo también de supervivencia del único estado, que entonces había socialmente diferente, como era la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que hizo frente a las hordas fascistas.

El 17 de abril se cumplen 80 años del fallecimiento del piloto soviético Alexandr Mamkin. Tenía 28 años. Nacido de la aldea de Krestyanskoe, región de Voronezh, se graduó en la Escuela Técnica Financiera y Económica Oryol y la Escuela Balashov. En el momento de los eventos en cuestión, Mamkin ya era un piloto experimentado.

Por estas fechas, en 1944, durante la Gran Guerra Patria, participó en la operación Zvezdochka, una acción titánica conjunta del Ejército Rojo con los Partisanos soviéticos por rescatar y evacuar a 200 niños de un orfanato situado en Bielorrusia, en Pólotsk, tomado por las fuerzas nazis. 

La situación era crítica, pues los niños no recibían alimentos, los carniceros fascistas habían cercado la aldea donde estaban. Sus órdenes eran muy crueles, extraer sangre para hacer transfusiones a los militares alemanes. La operación coordinada por los guerrilleros y aviadores del Ejército Rojo era muy dificil, pero conjuntamente se decidió rescatar a los niños de los fascistas y llevarlos a la libre tierra madre...

En la noche de 18 en 19 en febrero, 1944, abandonaron la aldea de Belchitsy, 154 niños de 3 a 14 años y 38 educadores. Con ellos iban los miembros del grupo guerrillero clandestino "Los intrépidos", junto con sus familias, y los guerrilleros de la brigada clandestina "Chapaev"

De forma silenciosa, los mayores llevaban a los más jóvenes. Quien no tenía ropa de abrigo, iban envueltos en bufandas y mantas. Durante el viaje, la columna se sentó varias veces. Todos alcanzaron la retaguardia guerrillera ... 

Se propuso evacuar a los niños traspasando la línea del frente. Se requirió hacer esto lo más rápido posible, porque los alemanes descubrirían inmediatamente tal "pérdida". Estar con los partisanos, cada día se hacía más y más peligroso.

El comandante del 105º Regimiento Aéreo de la Guardia, Klusson, ordenó a sus pilotos este salvamento. Los pilotos comenzaron a sacar a los niños y a los heridos, mientras entregaban municiones a los partisanos. Se asignaron dos aviones, debajo de sus alas se colocaron cápsulas especiales, cunas, en las que se podían colocar varias personas adicionales. Además, los pilotos volaban sin navegadores, porque en este lugar llevaban todos los pasajeros posibles, bien protegidos de las inclemencias.  

Iban a bordo de aviones Polikarpov R5, de vuelos nocturnos, casi todo de madera, eran impensable estos vuelos, con aquel avión de dos alas. Mas tenían la ventaja, que con este apa­rato po­dían volar bajito, muy bajito, y así eran casi indetectables. Se logró llevar a más de quinientas personas.

El lago Vechele fue utilizado como un campo de aviación de la retaguardia soviética más cercana. Era necesario apurarse también, porque el hielo se estaba volviendo cada vez más poco confiable cada día.

 

Niños salvados por Alexandr Mamkin 

(Cuadro de un documental filmado en abril 1944 "La guerra desconocida", realizado apoyándose en la imágenes tomadas por el destacamento guerrillero bielorruso).


 La operación de salvamento marchaba bien. Alexandr había hecho ocho vuelos y sólamente con el noveno terminaba el salvamento. El avión tenía dos plazas, pero Mamkin se las arre­gló para cargar en él diez niños, dos heridos partisanos y a la educadora Valentina Latko. Así, en las cápsulas de lona, debajo de las alas, embutió literalmente a tres personas en cada una.

     Con el avión así cargado, tomó toda la altura que podía, y voló hacia la retaguardia soviética. Sobre la línea del frente fue atacado por un caza enemigo, que disparó prendiendo fuego al R5. El aparato de Mam­kin parecía una antorcha en el ai­re. Pero Alexandr seguía pilotando con seguridad, el cuerpo le ardía, pero su voluntad por salvar a los niños era más fuerte...

     Tenía paracaídas, podía haber saltado, pero llevaba a trece personas. Él podía salvarse, pero todos los niños sucumbirían.

Sofocó en sí el temor a la muerte y, envuelto en llamas, condujo el avión hasta el aeródromo soviético.  Alexander Petrovich casi a ciegas, superando un dolor infernal, quemadas sus piernas, se mantuvo firme  a los mandos, entre los niños y la muerte.

Lleno de quemaduras, mortalmente herido, logró aterrizar. La educadora que iba junto a los niños, comprendió el peligro en que estaban. Saltó a tierra, ayudó a los demás a bajar y entre todos sacaron al piloto. Entre los terribles dolores, Alexandr se las arregló para preguntar: “¿Están vivos los niños?” Y escuchó la voz del pequeño Volodia Shishkov: “¡Camarada piloto, no se preocupe! Abrí la puerta, todos estamos vivos, salimos ... ”. Y Mamkin perdió el conocimiento. Apenas tuvie­ron tiempo de alejarse, cuando el aparato explotó. 

Todos los niños quedaron con vida, pero Sasha (diminutivo de Alexandr), murió en el hospital. Sólo  le quedaban huesos de sus piernas. ¿Cómo pudo vencer el dolor, shock inaguantable humano, con qué esfuerzos mantuvo su mente despierta?

Serguéi Motiliov, recopiló las memorias de Vladímir Forinko, uno de los niños salvados por el piloto, comentó la hazaña de Alexandr Mamkin. Entonces tenía cuatro años, pero se acordaba de las impresiones infantiles fuertemente impactantes. Yo copié en mi cuaderno lo que él recordaba: 

« . . . En el avión íbamos muy apretados y el piloto nos sentó él mismo a todos. En mi memoria emerge un crujido, el avión ardiendo, la cara llorosa de la educadora. . . Recuerdo que en la casamata me pusieron en las tarimas, donde tendieron al piloto. Todo su rostro estaba lleno de quemaduras, deli­raba y tendía los brazos hacia adelante. Más tarde supe que las correas del paracaídas ardieron sobre su cuerpo y que las gafas se le fundieron en la cara …»

«Después de leer estas memo­rias vi otra vez el documental bielorruso. Todo el tiempo miraba a Mamkin, con qué esmero instalaba a los niños en el aparato y sonreía. No sabía aún lo que le esperaba. Sin embargo, comprendí que aunque lo hubiera sabido los habría salvado de todas maneras. Y sentí gran­des deseos de que todos los hom­bres de la Tierra fueran como Mamkin».

Svetlana Shebashko, completa la narración:

«El avión de Mamkin despegó del campamento guerrillero por la noche, llevándose a los últimos niños. Los fascistas comenzaron al día siguiente la ofensiva contra los guerrilleros. Los combates fueron crueles y despiadados. Los niños no los vieron, porque ya estaban lejos. Aquellos niños viven todavía y tienen sus ale­grías, pero el piloto no está entre los vivos.

     Vamos a llamarlos hijos suyos. Mamkin era muy joven y no tenía aún mujer ni hijos propios …».

Así eran los pilotos soviéticos. Hoy traigo este relato, como homenaje a su increíble heroísmo.


 

Fuentes consultadas:

https://sputnik87.wordpress.com/2010/12/08/en-la-urss-cada-ano-es-el-ano-del-nino/ 

https://es.topwar.ru/93959-sgoret-no-spasti-v-pamyat-o-letchike-mamkine.html

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