9 de noviembre de 2022

¡Gloria al trabajo! Vladimir Mayakovski

Vladimir Vladimirovitch Mayakovski

Vladímir Vladímirovitch Mayakovski

 

Por Nestor Guadaño

El 19 de julio de 1893 se encendió la llama de Vladímir Mayakovski, posiblemente el más importante genio poético del siglo XX de la Unión Soviética, y uno de los referentes culturales de la Revolución Socialista.
 
Volodia siempre quiso romper los moldes de lo recibido, y fue descubriendo nuevas formas de comunicación en el arte. Con la llegada del poder obrero todo su genio se hizo realidad: alentó el teatro del arte, apoyó las nuevas formas de conjunción del pueblo con la ópera, se identificó con la renovación cinematográfica, decantó en la experimentación literaria a nuevos géneros, y encontró en la pintura una nueva forma de alocución.
 
Su poesía
 
Poeta que cantó a la revolución. Con un gran ingenio y fuerza contenida en sus versos. Influenció a generaciones de escritores y artistas de todos los países del mundo, que soñaron con desarrollar la civilización socialista.  
 
Oda a Lenin
 
Mayakovski escribió este famoso poema en 1924. Leído públicamente, por él mismo el día 21 de Octubre, en la Sala Roja del Comité Local del Partido en Moscú. Os encomiendo su lectura, de gran hondura y sensibilidad. Atrae su crudeza y originalidad. Su cáracter de clase y confianza en un futuro nunca visto.

Pensamiento revolucionario

Mayakovski fue uno de los primeros hombres soviéticos en viajar a Occidente, no para escapar del régimen soviético, sino, por el contrario, para llevar el mensaje de la revolución a otros países y para ver con los ojos de la revolución lo que sucedía en el resto del mundo.
 
Cuba y México fueron dos de los países donde estuvo el poeta. En ellos vio y habló con sus habitantes, se sorprendió de la belleza y limpieza de sus ciudades, con tristeza observó "los primeros signos palpables del dominio de Estados Unidos sobre las tres Américas: del Norte, Central y del Sur".
 
El poema titulado 'Trópicos' —traducido por Carlo Antonio Castro y Raymundo Aguas Franco— es un recuerdo palpable de lo que pudo sentir el poeta en su paso por las tierras latinoamericanas.
 
Me asomo:
He ahí
los trópicos.
 
Mi vida entera
suspiré una y otra vez por ellos.
 
Y el tren
avanza de prisa
entre palmares
entre platanales.
Sus abanicantes siluetas
adoptan figuras que marean:
Otra me parecen sacerdotes,
ora pintores.
 
¡Ay, ni uno mismo
da crédito a sus ojos!:
Entre el alboroto y el hervor
se yerguen los cactos
cual tiros de samovar.
 
Y en esas chimeneas las avecillas
lucen más lindas que de ordinario.
En tal sentido
— gorrioncillos
parecen—
cantan claramente. No acabo
de compenetrarme del bosque, el delirio,
el calor
el día,
cuando día
y bosque desaparecen
sin crepúsculo
ni
transición.
 
¿Dónde está el horizonte?
Toda línea
se ha desvanecido.
Aclárame
¿cuál es la estrella
y dónde
están los ojos del jaguar?
 
Ni el más hábil
recaudador contaría
las estrellas
del trópico nocturno,
a tal punto
en las noches de agosto
colmadas de luceros
son infinitas.
 
Me asomo:
No se distingue nada.
Mi vida entera
suspiré por los trópicos.
El tren sigue su marcha
entre el paisaje,
entre el aroma
de los plátanos.
 
 y fue testigo de una corrida de toros, un espectáculo que le pareció abominable.
 
Pero es en la lírica donde se descubre al otro Mayakovski, aquel que amó a Lilia Brik —su musa— a pesar del dolor que le causaba verla en manos de su amigo, Ósip Brik.
 
¡Escuchen!
¡Escuchen!
 
¿Si las estrellas se encienden,
quiere decir que a alguien les hace falta,
quiere decir que alguien quiere que existan,
quiere decir que alguien escupe esas perlas?
 
Alguien, esforzándose,
entre nubes de polvo cotidiano,
temiendo llegar tarde,
corre hasta llegar hasta Dios,
y llora,
le besa la mano nudosa,
implora,
exige una estrella,
jura,
no soportará un cielo sin estrellas,
luego anda inquieto,
pero tranquilo en apariencia,
le dice a alguien:
"¿Ahora estás mejor, verdad?
¿Dime, tienes miedo?"
 
¡Escuchen!
 
¿Si las estrellas se encienden,
quiere decir que a alguien les hace falta,
quiere decir que son necesarias,
quiere decir que es indispensable,
que todas las noches,
sobre cada techo,
se encienda aunque más no sea una estrella?
 
(Traducción de Lila Guerrero)
 
Tal fue la fuerza poética de Mayakovski, que solo una persona pudo detener: él mismo. La mañana del 14 de abril de 1930 el poeta se dispara al corazón y muere inmediatamente. 
 
Dos días antes, escribe una carta en la que se despide, pide perdón a su madre, sus hermanas y sus camaradas y asegura que no tiene otra salida.
 
Como se dice,
el "incidente" ha terminado",
 
"la barca del amor,
se estrelló contra la vida cotidiana".
 
Estoy a mano con la vida,
y es inútil recordar,
dolores,
desgracias,
y ofensas recíprocas.
 
Sigan felices.
 
"Su canto grave rompía los credos, y cantaba canciones duras, cantaba golpes, cantaba el fuego", son las palabras con las que Silvio Rodríguez, en su 'Canción a Mayakovski', se refiere a la poesía del gran poeta.
 
Fue un obrero de la cultura que se hermanaba con sus compañeros y camaradas:

A ti, maquinista cubierto de hollín.
A ti, minero que cavas las moles,
primigenias de la tierra.
¡Bendito seas!
 
¡Bendito seas
 bienforjado!
 
¡Gloria al trabajo!
 
 
Obras consultadas:

* "Yo mismo. Cómo hacer versos". Vladímir Mayakovski. Madrid. Visor 1973.
* "Mayakovski. Poemas 1917-30". Vladímir Mayakovski. Madrid. Visor 1973.
* "Vladimir Ilich Lenin". Vladímir Mayakovski. Madrid. Akal 1978.

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