11 de enero de 2023

Reseñas de mi libro "Dos aristócratas republicanos: Constancia de la Mora e Ignacio Hidalgo de Cisneros"


Ignacio Hidalgo de Cisneros

Foto del libro autobiográfico de Ignacio Hidalgo de Cisneros

 

Por Arturo del Villar

El pacto de no intervención

Es cierto que la Unión Soviética se adhirió al vergonzoso pacto de no intervención en la guerra de España, consumado el 9 de setiembre de 1936, cuando se celebró en Londres la primera reunión del Comité de No Intervención, integrado por 22 países: para entonces se hallaba más que probada la intervención de Alemania e Italia con hombres y equipamiento militar.  

   El 8 de octubre el delegado soviético, Iván Maisk, denunció la descarada injerencia nazifascista, y anunció que la Unión Soviética no podía permanecer impasible ante esa continuada agresión extranjera al pueblo español. Naturalmente, sabían muy bien todos los firmantes del pacto de no intervención quiénes estaban interviniendo, pero se mantuvieron las apariencias. La política internacional la marca el más fuerte.

  Connie explica en sus memorias la actitud de la Unión Soviética con relación al pacto, y sus razonamientos son tan lógicos que no pueden ser discutidos:

    "El Pacto de No-Intervención, aquel invento de León Blum, salido de los laboratorios británicos, había sido creado para "impedir" y "detener" la invasión armada de España por Hitler y Mussolini. Todo el mundo sabía ya, que habían llegado tropas italianas a la península; que los nazis habían formado con personal escogido su famosa Legión Cóndor, para combatir en España; que aviones alemanes e italianos bombardeaban los pueblos, antes de que entrasen en ellos los rebeldes; pero, ¿y si la  URSS se hubiese negado a firmar el Pacto de No-Intervención? ¡Qué más hubiera querido el Gobierno Británico para acabar de pintar nuestra guerra como una lucha entre dos ideologías, entre fascismo y comunismo!

   No; la Unión Soviética no tenía ninguna ambición de dominar España, ni ninguna necesidad de intervenir, como lo estaban haciendo Italia y Alemania […] y al adherirse al Comité de No-Intervención esperaba todavía poder obligar a los demás firmantes a que cumpliesen las condiciones del Pacto". (P. 339.)

   Es una valoración exacta de lo sucedido: Stalin no abandonó a la República Española, porque mientras se adhería al pacto de no intervención encargaba a sus ayudantes que reclutaran unas Brigadas Internacionales para combatir en España, y que organizasen el envío cauteloso de material bélico a puertos españoles. Ningún historiador demócrata será capaz de censurar ese doble juego político, encaminado a mantener la democracia en España y por derivación en Europa.

   La astucia política de Stalin le permitió ir armando a su patria y colaborando con la República Española, al mismo tiempo, en tanto entretenía a su inquietante vecino alemán. Esa sutileza quedó demostrada una vez más el 23 de agosto de 1939, vencida ya la República Española, cuando consiguió firmar un pacto de no agresión con Alemania, en vísperas del comienzo de la guerra europea.

   De ese modo logró unos meses de respiro, para continuar la fabricación de material bélico estajanovistamente, con el que armar a su ejército y organizar la defensa de su país, antes de que se produjera la invasión nazi: sabía que era inevitable, porque Hitler la había anunciado sin tapujos, y su locura, secundada por la mayoría del pueblo alemán, le hacía soñar con el dominio de todo el mundo.

                                                    La URSS y la República Española

   De manera que la Unión Soviética expedía material de guerra al Ejército leal, aunque el Frente Popular de la República Francesa detenía en la frontera el que pasaba por su territorio, y muchos mercantes fueron hundidos por los submarinos nazis y fascistas con absoluta impunidad.

   Además, la Unión Soviética mandaba a los puertos leales barcos cargados de alimentos y de medicamentos, que se repartían entre los milicianos y la población civil, venciendo las dificultades de abastecimiento en una economía de guerra.

   Además, la Unión Soviética encargó a la Komintern la organización de las Brigadas Internacionales, que permitieron venir a España a hombres y mujeres de cincuenta y tres países, para combatir junto al Ejército leal por la libertad en el mundo.

   Además, la Unión Soviética envió a España asesores militares, que transformaron a las milicias desorganizadas y desabastecidas en el Ejército Popular de la República.

   Además, la Unión Soviética aceptó que unos cientos de jóvenes españoles se trasladaran a sus propias escuelas de aviación, para que se formaran, mediante cursillos acelerados de seis meses, como pilotos de los aviones que proporcionaba al Gobierno legítimo.

   Además, la Unión Soviética acogió a 2.895 niños españoles evacuados a consecuencia de la guerra, y llevó a 300 maestros españoles para que los educaran en su idioma, creando unos albergues para ellos, adornados con recuerdos de España. Con el tiempo, estos niños ingresaron en universidades soviéticas y se graduaron en las especialidades de su preferencia.  

   Además, los trabajadores soviéticos destinaron un día de su salario, en agosto de 1936, para ayudar a los trabajadores españoles enfrentados al nazifascismo. Gracias a este gesto de solidaridad se recaudaron catorce millones de rublos, invertidos en armamento que se envió a la zona leal.

   Por todas estas razones se comprende la determinación tomada por Connie e Ignacio de afiliarse al Partido Comunista, la misma que inspiró a otros muchos españoles sensatos. Fue también el motivo de que adoptaran la decisión de enviar a su hija Luli a la Unión Soviética, en un barco que partió de Alicante rumbo a Odessa. Querían librarla de los riesgos inevitables en una guerra, y asegurarse de que tendría una educación completa en todos los órdenes. El tiempo les demostró que estuvieron acertados, porque Luli se lo agradeció cuando llegó a ser una mujer con excelente formación intelectual y moral. 

 

Breves biografías de Connie e Ignacio

Sobre Ignacio Hidalgo de Cisneros. 

Ignacio Hidalgo de Cisneros participó en la sublevación militar de Cuatro Vientos en favor de la II República y contra Alfonso XIII.

General de la aviación y héroe del pueblo español”. Así reza en la lápida colocada en 1994 en el cementerio de Santa Isabel con motivo del traslado de sus restos. La placa es una copia de la que se colocó en Bucarest cuando fue allí sepultado. Un caballero en el mejor sentido de la palabra, un hombre honesto, con conciencia, fiel a la palabra dada, capaz de arriesgarlo todo, hasta la vida, por lo que consideraba justo.

En “Cambio de rumbo”, su autobiografía, repite varias veces que no es escritor, incluso se disculpa por no poder transmitir adecuadamente la emoción y el respeto que siente por aquellos que dieron tantas muestras de heroísmo y sacrificio, por no encontrar las palabras oportunas para expresar la frustración ante la indecisión o la repugnancia hacia la traición.

Con la República.

Entre sus compañeros republicanos se encontraban Antoine de Saint-Exupéry, Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí, Rafael Albertí, Teresa León, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Ernest Hemingway, Eleanor Roosevelt, Martha Gellhorn, Robert Cappa, John Dos Pasos, André Malraux,…, Indalecio Prieto, el doctor Juan Negrin, Dolores Ibarruri, Enrique Lister, el jefe Bucharaya hermano del sultán azul...  

Conoció personalmente a Mussolini, Stalin, Molotov, Unamuno,... le tocó vivir una época convulsa y estuvo allí, en el ojo del huracán, aunque nunca pretendiera tal protagonismo e incluso quisiera rechazarlo en muchas ocasiones. Pero su sentido del deber le obligó a dar un paso al frente.

Los que lo conocieron hablan de él en términos elogiosos: siempre educado, fino sentido del humor, inteligente, caballeroso, humano, caritativo, nunca remiso a cumplir con lo que consideraba su deber, fiel a la palabra dada… en sus memorias enfatiza sus defectos, dice que no era un intelectual, que era incapaz de no aceptar un reto, se acusa de inconsciencia,… lo que no dice y sin embargo se intuye al “escucharle” es que se exigía demasiado.

ignacio hidalgo de cisneros

Foto del Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

Hijo de Ignacio Hidalgo de Cisneros Unzueta y de Maria López Montenegro González de Castejón, cuñados, casados en segundas nupcias, miembros de la nobleza y carlistas. Se educó en los Marianistas, pasaba largas temporadas en las fincas propiedad de sus familiares. Misas y tertulias, meriendas con la alta sociedad y escapadas con sus compañeros. En especial con sus mejores amigos Heraclio Alfaro Fournier, Ramón Ciria y José Martinez de Aragón, con quienes le unía una pasión desbocada por la recién nacida aviación. Los cuatro construyeron el ACHA I y II, cuyos sucesivos fracasos se saldaron con un brazo roto de Ramón.

La pasión por volar fue una constante en sus vidas. Y la única forma de entrar entonces en la aviación era a través del ejército, de paso así satisfacía las expectativas familiares sumándose a la tradición militar. No fue un buen estudiante hasta que inició los cursos específicos para pilotar. En cambio se convirtió en un experto en la noche madrileña, cartaginesa, melillana, sevillana….

Si cuando era un niño ya se sentía incómodo mientras disfrutaba de sus privilegios delante de los más desfavorecidos, esa desazón se vuelve cada vez más patente hasta llegar a la indignación. Sus amigos pertenecen a todas las capas sociales y con algunos “señoritos” tiene algún encontronazo por el modo en que tratan a los que ellos consideran inferiores.

Uno de sus primeros destinos le llevó a Marruecos, allí hubo de lanzar gas mostaza (iperita) sobre la población, algo de lo que se avergonzó toda su vida. También con el tiempo fue comprendiendo lo injusto de aquella guerra. Pero a pesar de su juventud y la educación recibida ya empezaba a mostrar un comportamiento diferente al esperado.

Exigía un trato honorable para con los prisioneros “moros”. La esclavitud le parecía inaceptable, por eso él y algunos compañeros acogían a los negros fugados y llegaron a comprar a todos los servidores del fuerte para liberarlos de sus amos

Su naturalidad, el trato igualitario que daba a compañeros y subalternos le hicieron ser una persona muy apreciada. No hacia distingos por extracción social o color de piel. Su gesto de acoger con las mayores muestras de hospitalidad a una tribu que había sido atacada por bandidos, fue compensada con la amistad del jefe Bucharaya, hermano del Sultán azul y una invitación para visitarle en el desierto que él aceptó.

Ignacio Hidalgo de Cisneros

Ignacio Hidalgo de Cisneros, foto tomada de su libro "Cambio de Rumbo"


Participó en la sublevación de 1930 contra Allfonso XIII en Cuatro Vientos.Tras aquel fracaso hubo de partir al exilio por primera vez. En París coincidió con políticos e intelectuales, escuchaba más que hablaba pues, insiste en su ignorancia sobre política. Allí hizo amistad con Don Inda (Indalecio Prieto) al que más tarde, en el bienio radical-cedista, salvaría ayudándole a huir.

Con la IIª República

Volvió con el triunfo de la República y se encontró metido de lleno en labores que no creía poder llevar a buen término, pero lo hizo. Su sentido del deber le obligó a darlo todo. Llegó a ser agregado militar en las embajadas de Roma y Berlín, constatando el peligro del fascismo. A Mussolini lo describe como un hombre obsesionado por parecer joven y atlético, pose de galán maduro entrado en carnes.

En Alemania le pasó algo que parece más propio de una comedia. A pesar de que en el estado había triunfado la derecha más radical se olvidaron de él y los nazis lo trataron como si fuera “uno de los suyos”, mostrándole todas sus fábricas e ingenios militares, hasta que se dieron cuenta de su error y fue llamado rápidamente a Madrid. Fue destinado a Tablada, un nido de derechistas, monárquicos y fascistas, que intentaron hacerle la vida imposible. Estaba amenazado de muerte. Muchos amigos fueron asesinados por bandas de mercenarios, él estaba en la lista. Los mecánicos, sargentos y soldados de clase cuidaron de él, vigilando su avión para evitar sabotajes y escoltándole por la ciudad.

Con el triunfo del Frente Popular intentó por todos los medios descabezar la reacción. La miopía de los dirigentes, su excesivo cuidado por no ofender a nadie y muchas veces su excesiva ingenuidad precipitaron el desastre. Podría haber sido peor si Ignacio no hubiera estado ahí, consiguió que la mayoría de la aviación permanecería fiel a la república. Se destila su indignación cuando recuerda el absoluto cinismo con el que Yagüe asegura a Casares que ha jurado lealtad a la república y es un hombre de honor.

O la traición de Ramón Franco (héroe de la aviación y hermano del dictador), cuando después de sus públicas denuncias contra el fascismo, su participación en la intentona de cuatro vientos, su posición a favor de la república, contra su hermano, previendo el triunfo de la sublevación le dice: “Mira Ignacio, entre que me den ricino o darlo yo, prefiero lo último”. Ignacio nunca había esperado nada bueno de su hermano Francisco, que siempre se había mostrado hosco, desagradable y prepotente, pero Ramón…

No fueron los únicos. Las “naciones democráticas” les abandonaron, una supuesta política de No-Intervención mientras facilitaban el triunfo de los sublevados con materiales y entorpeciendo o evitando de cualquier forma, incluso por la fuerza, la llegada de materiales y víveres al bando del gobierno legítimo. Francia, Inglaterra y EE.UU. parecían impacientes por reconocer el régimen de Franco. Portugal, y sobre todo Italia y Alemania apoyan con decisión a los fascistas. Armas, material de guerra, tropas, víveres…

El final de la Guerra

Aun así la República resiste tenazmente, el pueblo y los leales luchan hasta la extenuación. Unícamente la URSS, y parcialmente México ayudaron. La Unión Soviética enviando comida, expertos, provisiones, aviones, armas… pero el bloqueo les impidió en muchos casos la llegada de este balón de oxígeno. Las Brigadas Internacionales demostraron un arrojo y compromiso conmovedor.

Ignacio se emociona recordando a la Brigada Garibaldi, (una de las Brigadas Internacionales, formada mayoritariamente por comunistas italianos) quer derrotaron a una fuerza que los triplicaba formada por fascistas italianos en la defensa de Madrid.

Menciona a muchos otros héroes. Al sargento Urtubi, otro vitoriano, cuyo valor en innumerables hazañas le costó la vida, a todos los militares que se negaron a traicionar la palabra dada y fueron asesinados,…. tantos héroes, tanta sangre… Ignacio era un militar que odiaba la guerra (decía que solo a un loco, un malvado o aun tonto le podía gustar), pero admiraba el heroísmo y el compromiso.

Se quedó hasta el último momento, resistiendo, esperando una ayuda que nunca llegó y que hubiera podido contener el avance de los sublevados hasta que estallara la IIª Guerra Mundial (era obvio que era inminente). La traición de Casado impidió esa posibilidad y acabó con toda esperanza.

Salió con los últimos miembros del gobierno, Rafael Alberti, Teresa León y Dolores Ibarruri. Naturalmente le acompañaba Connie, quien durante toda la guerra se ocupó de organizar la protección de niños y heridos, y de las relaciones con la prensa internacional (hablaba con fluidez 4 idiomas).

Un exilio largo: París, URSS, EE.UU, Méjico, Polonia, Rumania,… reuniéndose con exiliados, peleando por la república, participando con Radio Pirenaica.

Murió en Bucarest donde fue enterrado con honores de General con mando en plaza. Hasta 1994 no pudieron volver sus restos su tierra natal. Hoy reposa en el cementerio de Santa Isabel, calle San Ignacio número 70.

“Pero aunque se haya ido,
nadie piensa que ha partido
quien tan alto ejemplo diera”


Rafael Alberti

tumba ignacio hidalgo de cisneros

 

Sobre Constancia de la Mora.

CONNIE, CONSTANCIA DE LA MORA.


Sus padres eran Constancia Maura Gamazo y Germán de la Mora Abarca. Su abuelo, el político Antonio Maura. Su hermana, Marichu de la Mora y Maura, decana de la prensa de moda en España (primera mujer con carné de periodista) y, antes, secretaria general de la Sección Femenina. Su segundo marido, Ignacio Hidalgo de Cisneros, un héroe de la aviación y jefe de la Fuerza Aérea Republicana.

DOBLE ESPLENDOR (en inglés, In Place of Splendor)


En la portada de su versión inglesa, subtitulada “La autobiografía de una mujer española”, palabras de Ernest Hemingway (“Fue una leyenda y este libro muestra por qué”) y de Vincent Sheean, periodista y novelista estadounidense (“Nunca me he adentrado en un relato mejor sobre la naturaleza de la mujer en la guerra”).

Sus memorias fueron uno de los primeros relatos publicados sobre la guerra civil. Aparecieron en 1939 en inglés en Nueva York y en México escribe la versión española en 1944.


La traducción literal del título en inglés, “En lugar del esplendor”, queda explicado por las palabras de Lini de Vries en su entierro:En lugar del esplendor, optó por formar parte de la República de España…”.



De Connie a Constancia

En 1924, con 18 años, fue a estudiar a St Mary´s en Cambridge (quizá ahí Constancia/Constance se convirtiera en Connie…).

El 17 de mayo de 1926, con 20 años,  se casa en Los Jerónimos de Madrid con Manuel Bolín Bidwell, un señorito andaluz. “Estaba harta de fiestas y harta de “obras caritativas”. Mi madre y yo cada vez discutíamos más…casi desesperada, conocí al joven con quien me iba a casar”, cuenta en sus memorias.

Un año después, el 26 de febrero de 1927, nace en Málaga su única hija Lourdes/Luli Bolín de la Mora.

Al poco, se trasladan a Madrid y Constancia decide ponerse a trabajar. Zenobia Camprubí, mujer de Juan Ramón Jiménez, le da la oportunidad de hacerlo en su tienda de artesanía “Arte Popular Español”. En enero de 1931, la pareja se separa legalmente.


Por entonces, conoce al matrimonio Allen, Ruth y Jay (este, corresponsal estadounidense que le ayudará en muchos momentos). También al que será su segundo marido el 16 de enero de 1933 -tras conseguir el divorcio-, Ignacio Hidalgo de Cisneros, aviador y, posteriormente, jefe de la Fuerza Aérea Republicana. En sus círculos, los llamaban “los bolcheviques”.

Al comienzo de la Guerra Civil, Ignacio y Constancia se afilian al Partido Comunista. Su primer trabajo (de Connie) es dirigir las colonias infantiles de Madrid y Alicante. En diciembre de 1936 manda a su hija Luli a Odessa, a orillas del mar Negro.

Durante la guerra, su conocimiento de idiomas la convierte en imprescindible en la Oficina de Prensa Extranjera.

En febrero de 1939 vuela a Nueva York en misión diplomática, en busca de ayuda, pero ya hay “problemas mucho más amenazadores” en la agenda estadounidense. El corresponsal Jay Allen le propone que escriba su historia. Y así, en noviembre, se publica en Nueva York In Place of Splendor.

Con el paso de los años, ha quedado claro que el libro (su primer y único libro, de 426 páginas, escrito en tiempo récord) no lo escribió ella, sino una escritora profesional: Ruth McKenney, autora por aquella época de sus memorias Mi hermana Elena (luego convertidas en famosa película y musical) y Valle Industrial, sobre la huelga en la fábrica de caucho de Akron, Ohio, entre 1932 y 1936.


Olvidos intencionados en sus memorias

“El comunismo no se menciona…y omitió cuidadosamente los nombres de muchos de sus amigos y colaboradores…para evitar que su nombre se asociara al partido comunista”. “No menciona que los Alberti eran comunistas…”. "Ni lo dice sobre la fotógrafa italiana Tina Modotti".

"No habla de sus viajes a Moscú en 1938, donde conoce a Stalin y otros políticos/militares rusos".

También quedan puntos oscuros como la desaparición del traductor José Robles o el asesinato de Andreu Nin (no se menciona ni su nombre ni su muerte).

Han dicho de ella y sus memorias

Milton Wolff (1915-2008), último comandante de la Brigada Lincoln (autor de la novela autobiográfica Another Hill/Otra colina, en 1994): “…eran muy pocos los de su clase social…que permanecieron leales al gobierno elegido…Doble esplendor  es uno de los mejores libros sobre la guerra y esa época…”.



Louis Fischer (1896-1970), periodista, autor de la autobiografía Men and Politics, en 1941: “…era brillante. Conocía idiomas y la psicología de los extranjeros, y a los corresponsales les gustaba”.



Kate Mangan y Jan Kurzke, en sus memorias inéditas The Good Comrade/El buen camarada:…"una joven aristocrática, inteligente y encantadora…la segunda al mando [en la Oficina de Prensa Extranjera]”.

Arturo Barea (1897-1957), censor, en La forja de un rebelde (1941-1944), su trilogía autobiográfica: “…era una organizadora eficiente y una aristócrata que se había unido a la izquierda por voluntad propia…tenía la actitud imperiosa de una matriarca, la mente simple de una niña de colegio de monjas y la arrogancia de ser la nieta de Antonio Maura”.


En la actualidad

“La lápida  diseñada por  Rodolfo Ayala bajo un gran laurel indio en el cementerio de Acapantzingo (en Cuernavaca) que señalaba su tumba en México, ha desaparecido…”.

En 1946, Richard Collins realizó la adaptación cinematográfica del libro, pero la película nunca llegó a producirse. Los informes de análisis del FBI la catalogan como “Propaganda comunista”.

Sobre la autora de la biografía

Soledad Fox Maura (Nueva York, 1968), nieta de Manuel Maura Salas,  es catedrática en el Williams College  de Massachusetts, en Estados Unidos. Está especializada en la historia y la literatura de la Guerra Civil Española. “…Se reconstruye la historia de su exilio [en México]”, aporta entrevistas, materiales de archivo, correspondencia (cartas en la Fundación Antonio Maura) y memorias inéditas recogidas en México, Estados Unidos, España y Rusia.

https://www.youtube.com/watch?v=ytrc99oCUTo&t=340s 

Documental The Spanish Earth, 1937, subtitulada en español.

 

Enlaces:

https://www.gasteizhoy.com/ignacio-hidalgo-de-cisneros-aviador-ii-republica/ 

http://www.elindependientedegranada.es/blog/cambio-rumbo-i-parte-memorias-ignacio-hidalgo-cisneros-jefe-aviacion-republicana-durante-guerra

http://quefluyalainformacion.blogspot.com/2019/07/constancia-de-la-mora-fantasma-de-la.html

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